Capítulo 17: Linaje y misterio

Cumplidas las veinticuatro horas del ataque frustrado de Mike Newton, Harry llevó a Bella a su casa. Llovía y estaba oscuro. Ese día, Harry le había aconsejado faltar al instituto y él mismo había avisado tanto a Charlie como a Edward de la ausencia de Bella. Harry se hizo cargo de la situación mejor que nadie y de esa forma, ganó puntos con el señor Swan y la familia Cullen.

Harry se encontraba acostado en la cama leyendo un libro y escuchando música clásica (lo relajaba y creaba un buen ambiente para sus lecturas) cuando Kreacher apareció junto a él, parado en la cama. Harry no se sobresaltó, se limitó a mirarlo.

- Ya he vuelto, amo Harry –se anunció el elfo.

Harry vio que llevaba en los brazos los libros que le había pedido a su tía por carta. Eran cuatro libros. En la posdata, el joven mago había añadido un cuarto libro. Cerró el libro que estaba leyendo con el señalador donde había dejado de leer en su otro costado y extendió los brazos para recibir los libros que pidió.

El de licantropía era un libro pequeño y delgado con encuadernación de tela marrón; el de familias de sangre pura era grueso encuadernado en cuero verde; el de leyendas era más grueso y pesado que el segundo, encuadernado en terciopelo azul con letras de bronce (colores de Ravenclaw, pensó Harry divertido); y el cuarto libro era de vampiros, estaba encuadernado en cuero negro con letras rojas (qué adecuado, pensó Harry burlonamente). Se suponía que Harry no tenía ninguno de esos libros en su poder, pero así era. Harry había pagado por el silencio del duende que sabía que los había sacado, así que era imposible que se supiera que el gran héroe Harry Potter había sacado tales libros. Se consideraban de magia negra porque los vampiros no eran criaturas que deban ser estudiados. Harry creía que eso era una gran tontería porque se suponía que esas criaturas tenebrosas sí existían… de no ser así, no existirían libros que trataran de ellos. Él había visto un vampiro, así que sí, esas criaturas merecían ser estudiadas.

Uy, sí. Claro, llama tenebroso a aquello que suene muy peligroso. Qué estupidez. Uno tenía que aprender a defenderse si quería seguir con vida y se empezaba por leer.

Despidió a Kreacher, puso los libros sobre la cama y se puso a escoger por cuál empezar. Como no se decidía, cerró los ojos y se puso a sacudir frenéticamente la mano hasta frenar de súbito. Abrió los ojos para ver cuál le había tocado, rodó los ojos y sonrió por su propio infantilismo.

Tocaron los vampiros.

Bella entraba a su habitación. La ventana de su cuarto estaba cerrada, por supuesto. Ella se sentía relajada, algo liviana y distinta.

Hablar con Harry y escucharlo a él le había abierto la cabeza y la hizo entrar en razón, además de que la realidad vino a ella como nunca.

Harry le había hablado de su novia, una conversación que había sido muy interesante para Bella y que ella no podía sacarse de la cabeza. Ginevra "Ginny" Weasley no era la novia de Harry, era su prometida.

Eso era lo que llamó la atención de Bella.

Esa chica debía tener casi su edad y ya estaba comprometida con un chico un año mayor que ella. Ginevra tenía diecisiete y Harry dieciocho… y ya estaban comprometidos.

Harry le había dicho que se casarían cuando Ginny terminara la escuela o empezara su carrera. Harry ya tenía una carrera, era el enfermero de doctor Carlisle Cullen y no necesitaba estabilizarse económicamente porque ya tenía dinero.

Harry no era muy diferente a Edward. Ambos eran ricos y ambos querían casarse con sus novias (ella y Ginny) estando jóvenes (puede que Edward tuviese 110, pero Bella no llegaba a los diecinueve años).

Lo que más le hacía pensar era que Harry realmente estaba listo para casarse. Él era muy parecido a ella y ya estaba listo para el matrimonio.

Bella se quitó las zapatillas y se tiró en la cama, con los brazos bajo la cabeza y con la mirada fija en el techo.

¿Es que era ella que le estaba dando muchas vueltas al matrimonio o era Harry el que se apuraba?

Se puso de costado y abrazó la almohada, mirando la ventana cerrada.

Sólo duró así dos minutos.

Fue hacia la ventana y la abrió, luego se fue a sentar a la cama para esperar a Edward.

Sin embargo, su mente siguió trabajando y ella empezó a darle forma a una decisión que alguna vez debía tomar.

Tenía que hacer algo con Jacob. Harry podría haberle despejado la mente, pero las decisiones tenía que tomarlas ella. Harry tenía razón: tenía que cortar su amistad con Jacob antes de que sea demasiado tarde y enfocarse en su relación con Edward. Entre Jacob y Edward, la prioridad la tenía Edward. Tenía que ser sincera consigo misma. Se había aferrado a una amistad que lastimaba a muchos y ahora debía remediar sus errores. Bella era consciente que ya era una adulta, por lo que debía empezar a comportarse como tal.

Se acabó el tonteo de Jacob hacia ella. Ahora se sentía despierta y más segura, además de un poco más sabia. Harry tenía razón: esa locura debía terminar.

Su lugar estaba junto a Edward. Entre vampiros se sentía mejor (increíble e irónicamente), más segura de sí misma. Las cosas entre Edward y ella habían sido naturales y fáciles antes de empezar su amistad con Jacob. Además, Edward no la hacía sentirse incómoda como Jacob sí podía. Bella estaba segura de sus sentimientos hacia Edward y de lo que Edward sentía por ella (y su vampiro adoraba decirle cuánto la amaba). Con Edward no se sentía incómoda, no solía enojarse (no mucho, por lo menos), ni tampoco obligada. Ella podía hacer aquello que estaba dentro de lo seguro. Se sentía también más libre porque disfrutaba de las carreras de Edward con ella en su espalda.

Con Edward se sentía… libre y feliz.

Suspiró lenta y profundamente, luego sonrió de alegría y alivio.

Puede que afuera esté oscuro y lluvioso, pero ella tenía la imagen de un cielo celeste y casi sin nubes. Quizá sea porque empezaba a ver una salida a tantas discusiones y problemas.

Antes no tenía quién la comprendiera y la escuchara, pero parecía que ahora sí. Harry había sido imparcial y no había formado un vínculo con Edward o Jacob, él se había limitado a dar su opinión de lo que había visto desde afuera y eso le servía mucho a Bella.

Otra cosa que debía tener muy en cuenta, según Harry, era la magnitud de su amor por Edward. Harry, en un momento, le había hecho dos preguntas que, según él, debía contestarse ella.

¿Qué te dolería más: perder a Jacob o perder a Edward? ¿Serías capaz de dejar a Edward por Jacob?

Las respuestas eran fáciles e inmediatas: no podía vivir sin Edward y nunca lo dejaría por otro.

Bella había visto las cosas claramente hasta que empezó a juntarse con Jacob estando Edward de regreso a su lado y debía admitir que las cosas se habían liado desde entonces. Jacob era su amigo, pero a ella le molestaba la actitud de su amigo hacia quienes amaba. ¿Es que Jacob no entendía que los Cullen eran como su familia y que Edward era el compañero que ella había escogido?

Y ahora que lo pensaba un poco más, Harry no había sido el único en darse cuenta el fuerte lazo que la unía con Edward… Los Vulturis también. Marco Vulturis había sentido la intensidad del lazo que los unía a Edward y a ella.

Todo estaba tan claro.

Y ahí venía otro punto que tratar. Si iba a ponerle un límite a Jacob, también debía ponérselo a Charlie. Era tan claro como el agua que Charlie prefería a Jacob y que intentaría lo que podía para ayudar a Jacob a conseguir tener una relación de noviazgo con ella. Jacob quería a Bella y Charlie prefería a Jacob.

Era hora de ponerle un límite a estar revolución.

Bella Swan eligió a Edward Cullen y los demás debían respetar su decisión. Eran SU vida, SUS sentimientos y SU futuro.

Bella se enderezó en su sitio, a la espera de Edward y con decisiones ya tomadas.

- ¿Ya puedo? –preguntó un muy ansioso vampiro cobrizo con los ojos dorados fijos en cierta ventana. Sostenía un paraguas en una mano y el celular en otra. Temblaba ahí sentado en una rama del árbol de su novia, pero no de frío… temblaba de ansiedad.

La que estaba hablando con él era su hermana Alice… que se divertía mucho aunque él no se diera cuenta, estando tan ansioso como estaba.

- ¡Ya! –respondió Alice sin poder contener ya su risa.

El vampiro saltó y trepó hasta la ventana de Bella, su novia. Una vez llegado al alfeizar, la miró embobado.

La chica le sonrió dulcemente y le abrió los brazos.

Al abrazarla, Edward la sintió distinta… para bien.

Bella olía a manzana y vainilla, pero también a otras cosas. Su cabello olía a coco y vainilla, y su piel olía a floral. El joven Potter debió tener artículos de limpieza para mujer. ¿Quizá estaba preparado para tener invitadas en su casa? Podía ser. Carlisle decía que era un muchacho cuidadoso.

Los novios se pasaron parte de la noche hablando. Edward se sentía muy agradecido con Harry por manejar la situación tan bien. Su Bella estaba a su lado, contenta y serena, además de más amorosa y centrada en él más que en las semanas pasadas. Era como si el tiempo hubiese retrocedido a aquella época en la que Bella y él empezaban a ser novios… a aquella noche que pasaron juntos antes de que Edward llevara a Bella a su casa para presentarla a su familia y así hacer oficial su noviazgo. Esa noche habían estado tan felices y relajadas como la noche que estaban pasando ahora.

Edward agradecía al cielo porque Harry decidiera venir a Forks.

El vampiro fijó la mirada en Bella y se dio cuenta de que su humana empezaría a hablar en sueños. Prestó atención.

Lo primero, por supuesto, fue su nombre. Bella lo llamó varias veces y le dijo que lo amaba otras tantas.

Lo siguiente fue lo que más le llamó la atención.

- Harry… James Potter. James Potter… Black… Sirius Black –Bella frunció el ceño y Edward detectó sorpresa en el rostro de su novia-. Aristocracia. Harry James Potter.

Mentalmente, Edward tomó nota de las palabras de Bella. Estaba seguro de que Harry estaba relacionado con esos nombres y esa clase social. Era imposible que Bella lo estuviera, así que debía ser algo de Harry… dado que fue con él con quien Bella pasó el día. Además, ese muchacho era un misterio.

La familia Cullen no había encontrado nada de él en Inglaterra que pudiera revelarles algo importante. Sólo había encontrado pruebas suficientes para saber que Harry no mentía en ser huérfano y ser criado por una familia de clase media. Habían encontrado el expediente donde se veía que Harry sacaba buenas notas en la primaria, se notaba que había sido un chico inteligente siempre. Su tío era gerente de una fábrica de taladros, su tía materna era ama de casa y su primo estudió en un colegio privado. Sabían también que no era una familia pobre, no pasaban necesidades y eran civilizados.

Lo llamativo era que no habían encontrado más registros de la edad escolar de Harry. En ningún lado figuraba haber ido a un colegio de nivel secundario. No figuraba en ningún lugar un internado masculino.

Los vecinos del suburbio donde vivía la familia de Harry aseguraban que Harry Potter había vivido con la familia Dursley desde que era un bebé. Aseguraban que Harry creció y vivió allí hasta llegar a la edad adulta, donde se fue a vivir solo a Londres. Según se había oído, el sobrino de la señora Dursley se había ido a Londres a empezar su vida de adulto.

Lo llamativo de eso era que no habían encontrado ninguna propiedad a nombre de Harry o algún Dursley. Otra laguna más.

Ya iban dos lagunas: la escuela secundaria y la casa de Harry.

Los vecinos de los Dursley también aseguraban que Harry era un chico tranquilo y aislado. No era nada problemático, ni agresivo, ni maleducado. Eso sí, no tenía amigos. Las familias no tenían nada malo que decir de Harry.

Harry Potter era un buen chico, aunque misterioso.

Ahora, sin embargo, Edward tenía más información. Dos nombres, otra clase social y el que parecía ser el nombre completo de Harry.

James Potter

Sirius Black

Aristocracia

Harry James Potter

Por lo que sabía Edward, los Black de La Push no estaban emparentados con ningún hombre llamado Sirius. Este Sirius Black debía ser británico, como Harry.

James Potter bien podría ser el padre de Harry. Si lo que Bella decía era el nombre completo de Harry, bien podía serlo, ¿no? El apellido de Harry era Potter y Edward nunca había oído ese apellido. Quizá Carlisle supiera algo, él venía de Londres.

Aristocracia… Podría ser la verdadera clase social de Harry. Él había crecido en la clase media, pero podría pertenecer a la clase aristocrática inglesa. Estaba bien claro que a ese muchacho dinero era lo menos que le faltaba. Por no hablar de sus gestos y sus movimientos. Había elegancia en Harry. Tenía muy buenos modales, se movía con gracia y elegancia, tenía porte, y había en él cierto aire de poder y autoridad. Lo más sorprendente era que Harry tenía y hacía eso sin siquiera intentarlo. Lo que significaba que lo llevaba en la sangre.

Mientras Bella tomaba decisiones y Edward pensaba sobre las palabras de su novia y la información que habían conseguido los Cullen en Inglaterra, Harry leía con mucha, mucha atención el libro de vampiros.

Tenía el libro sobre el regazo y un cuaderno a un costado. En el cuaderno tomaba nota de todo lo que creía útil e importante. Ya tenía unas cuantas líneas escritas.

Cuanto más leía y apuntaba cosas, más su mente trabajaba y su pulso se aceleraba. Recordaba cosas y se preocupaba.

De pronto, cerró el libro y lo apartó de él para tomar el de licantropía. Buscó el índice y algún título que pudiera asociarse a lo que tenía en mente… Y lo encontró.

"Enemigos mortales de los licántropos y sus características"

Si bien Harry no conocía el libro, Kreacher sí. El elfo era de gran ayuda y Harry agradecía toda la ayuda que pudiera darle con este tema. El libro de licantropía, por ejemplo, Harry lo había pedido por recomendación de Kreacher.

Harry se puso a leer y prestó toda su atención a una página… o dos.

VAMPIROS

Son los peores enemigos de esta clase de licántropos por ser portadores de una sustancia capaz de matar a un licántropo en segundos.

Tanto su velocidad como su fuerza son semejantes a la fuerza y a la velocidad de los licántropos. Por su organismo no corre sangre, sino veneno. En los licántropos, este veneno es letal más que en otras criaturas.

El veneno de los vampiros puede transformar a humanos en vampiros. La transformación de humano a vampiro tarda tres días y es demasiado dolorosa. Puede curar cualquier herida si se cuenta con el suficiente tiempo, pero no existe antídoto para este veneno vampírico. Una vez que el humano se convierte en vampiro, no se puede revertir. Todo en el humano se detiene: el pulso, el envejecimiento y la capacidad de reproducirse biológicamente en el caso de las mujeres. Las vampirezas no pueden concebir hijos, pero sí los vampiros machos. Los vampiros pueden respirar y moverse si quieren, por lo que pueden fingir estar muertos.

Cabe destacar que sólo existe un compañero por vampiro. Los vampiros sólo pueden tener una única pareja y la pérdida de ésta es desastrosa. El vampiro "viudo" se obsesiona con la idea de vengarse del asesino de su pareja y sólo para cuando es asesinado este vampiro "viudo" o cuando éste mata a su presa (el asesino de su pareja).

Hay dos maneras de asesinar a un vampiro. La primera es despedazarlo y quemar por completo los pedazos, mientras que la segunda es prenderle fuego directamente y sin despedazar el cuerpo.

Los magos son capaces de matar vampiros si son magos con buena preparación. Teniendo en cuenta la velocidad vampírica, la aparición-desaparición es lo más rápido que el mago puede utilizar para escapar.

Al ser tanto los licántropos como los vampiros criaturas de gran olfato y oído, es recomendable que el mago lleve en su organismo las siguientes pociones:

1) Insigniora: poción que borra cualquier rastro del mago, imposibilitando su persecución. Actúa durante tres días y tiene antídoto.

2) Persinmatium: poción que aumenta el alcance del oído, olfato y vista del mago para poder igualar a estas criaturas. Actúa durante siete días y el mago puede regularlo mediante la concentración, es decir, el mago decide cuán alto o cuán bajo quiere escuchar los sonidos que lo rodean.

Harry leyó los ingredientes que aparecían a continuación y las anotó para elaborarlas después. También el libro daba las instrucciones y Harry también anotó.

Su intuición le decía que sería bueno que las elaborara a ambas y que llevara consigo una ampolla con cada una en los bolsillos. No entendía el por qué de esto, pero prefirió grabárselo en la cabeza. Su intuición lo había salvado varias veces, al igual que su instinto.

Y últimamente, tanto su intuición como su instinto se habían despertado. Al igual que su espíritu Gryffindor.

Al día siguiente, Bella fue a casa de los Cullen. Era sábado y pensaba pasarse todo el día allí, le guste a Charlie o no. Ya había tomado una decisión y no pensaba cambiar de opinión. Por eso, esa mañana hizo sordos a las quejas de Charlie y sus "sugerencias" de ir a casa de los Black, en lugar de ir a lo de los Cullen.

Al llegar a la casa de la familia de su novio, se sorprendió al ver que Edward no era el único que había ido a recibirla. Jasper también. Frunció el ceño por el desconcierto.

¿Qué hacía Jasper ahí?

No pudo evitar sonreír ampliamente cuando Edward fue casi a velocidad vampírica a buscarla. Se rió cuando su vampiro la sacó al estilo novia de su vehículo y fingió no darse cuenta de la sonrisita de Jasper. Seguro que ese vampiro en particular sentía su diversión.

Cuando se dirigían a la puerta, Rosalie apareció. Bella vio que estaba seria, aunque también pudo ver otra cosa: interés. A diferencia de las otras veces, la vampireza rubia no le lanzó miradas fulminantes, de odio, frías o rechazo. La miró con interés, como si Bella hubiese dicho o hecho algo que le importara.

¿Había dicho algo interesante estando dormida? Era muy posible. Después de todo, había pasado un día entero en compañía del humano más misterioso e interesante de Forks y La Push juntos. Bella estaba segura de que Harry nunca le había confiado a nadie más que a ella cosas acerca de su amado padre o su detestada madre. Harry no era de abrirse a los demás, era solitario y muy reservado. Su vida personal era un misterio y los Cullen estaban muy interesados en ella.

- Te estábamos esperando, Bella –dijo Rosalie tranquila y directamente-. Alice vio que venías aquí y te hemos estado esperando para tener nuestra reunión.

Con eso, hizo un gesto con la mano para que la siguieran adentro. Edward y Jasper intercambiaron una mirada sorprendida, pero obedecieron a la vampireza rubia. Efectivamente, sólo faltaban ellos en la mesa del comedor de los Cullen. Bella se preguntó qué estaba pasando. Todo era tan… fuera de lo habitual. Las expresiones eran casi iguales.

Alice la miraba con una sonrisa alegre, que Bella devolvió. Emmett la mirada con la risa en los ojos y los labios tensos por contener una risa… Bella estaba segura de eso. Esme le sonreía con calidez y Carlisle igual.

Rosalie estaba impaciente. No dejó que nadie la saludara, algo que llamó la atención de Bella. Sin duda, aquí pasaba algo.

- Ahora que ya estamos todos, ¿podemos empezar? –exigió.

Alice rodó los ojos y Edward iba a replicar, pero Bella le estampó la mano abierta en la boca… Lo que provocó una carcajada de Emmett y una burla de Jasper.

- Tu humana te tiene controlado, hermano.

Alice sonrió con satisfacción, Esme de orgullo y Rosalie le arqueó una ceja a Emmett… que se calló en segundos. Carlisle se palmeó la frente.

- Si ya se dejaron de tonterías, empecemos ¡ya!

- ¿Qué está pasando? –preguntó Bella con seriedad.

Carlisle respiró hondo y habló, al fin:

- Necesitamos hacerte preguntas, Bella –dijo Carlisle con suavidad y Bella le frunció el ceño en su confusión-. Tú estuviste con Harry ayer ¿verdad? Hablaste con él.

- Sí, cierto. Pero… ¿qué pasa con eso? –una idea la inquietó y volvió a hablar, pero con un poquito de prisa- No estarán pensando que Harry es una amenaza, ¿verdad? Él es un humano inofensivo. Ha estado frente a Jacob, Alice, Edward y tú, Carlisle. Saben que no es dañino.

- Pero sí muy misterioso, Bella –la atajó Jasper con tacto-. Ése es el problema. Harry será inofensivo, pero no transparente ni abierto. La única que realmente habla con él eres tú. Lo hemos estado investigando y nos encontramos no sólo con información insuficiente, sino que también con lagunas.

- No encontramos nada de sus estudios en un colegio secundario, ni una universidad y tampoco encontramos dónde vive. Sabemos que vive en Londres, pero no encontramos ninguna propiedad que lleve su nombre ni de su familia, los Dursley –dijo Rosalie con seriedad

Bella se sorprendió al escucharlos.

- Creemos que a ti podría haberte contado algo. Te tiene confianza –dijo Alice compresiva.

Ahora entendía por qué era tan importante el que ella llegara a la casa de los Cullen, para los Cullen. Necesitaban saber qué escondía Harry y por qué. Bella podía ayudarlos un poco con lo primero, pero no con lo segundo. Ella tampoco entendía por qué Harry era tan cerrado.

- ¿Sabes algo que podría ayudarnos? –preguntó Carlisle con cuidado.

Edward sabía que sí, pero no diría nada. Era leal a su familia, pero más lo era a su compañera… porque Bella era eso, su pareja. Vio que Bella se mordía el labio y se ponía pensativa. La entendía. Ella no quería traicionar la confianza de su nuevo amigo humano, Harry. Él haría lo mismo. Ese muchacho se había ganado su confianza por tratar a Bella correctamente y saber manejar la situación del otro día. Lo había hecho todo muy bien y nadie había salido perjudicado de ninguna manera.

Bella respiró profundo y decidió hablar. Si lo que quería era crear una amistad entre Edward y Harry, mejor empezar ahora. Era necesario que Harry entrara sin secretos, de esa forma Edward confiaría más en él.

- Sí.

Bella miró a Edward y él procuró darle una mirada de ánimo.

- Harry es huérfano –Carlisle asintió, coincidiendo-. Su padre se llamaba James Potter y fue asesinado cuando Harry era un bebé. La madre de Harry murió con él y se llamaba Lily. James era hijo único, pero no Lily. La hermana mayor, y la única hermana de Lily, se llama Petunia y es la que crió a Harry desde que él quedó huérfano.

- Me consta que Harry es huérfano, a mí también me lo dijo él –dijo Carlisle con un asentimiento y el ceño fruncido.

- ¿Petunia está casada, cierto? –preguntó Esme, interesada.

- Sí, su apellido de casada de Dursley. Está casada y tiene un hijo. Harry se mantiene en contacto con ellos, tiene una buena relación.

- Harry también me mencionó un padrino que tenía. ¿Te dijo su nombre? –preguntó Carlisle.

Bella asintió y respondió:

- Sirius Black.

Esto armó revuelo entre los vampiros.

- ¡¿Qué?! –exclamó Rosalie, espantada.

- ¡¿Estás diciendo que Harry Potter es el ahijado de ese asesino serial inglés que se fugó de prisión hace unos años?! –exclamó Emmett, perplejo.

- ¡No juzguen a Harry por él! –exclamó un enojado Edward- ¡Harry fue criado por su tía, no por ese… sujeto!

- ¿Cómo…? –no supo qué decir Jasper, que no podía controlar a Rosalie y Emmett.

- Harry es un buen chico, chicos. Los vecinos de los Dursley lo aseguran y nosotros podemos verlo por nosotros mismos. El que sea su ahijado podría no significar nada ahora –dijo Esme con la voz alzada.

Carlisle estaba pensativo. Esos apellidos… Potter… Black…

- ¿Bella, estás segura de que Harry es hijo de un Potter y que están relacionado con un Black… ambos ingleses como él? –preguntó él tentativamente.

- Sí –respondió ella, insegura por Carlisle.

- Mmm… ¿Qué más te dijo de su padre? –preguntó de nuevo, con cara de concentración y acariciándose es mentón.

- Que era aristócrata.

Edward fijó sus ojos entrecerrados en Carlisle, con una expresión escéptica en el rostro.

- ¿Carlisle, qué…? –empezó, pero el patriarca Cullen lo interrumpió:

- Hay un vampiro apellidado Potter. Es solitario, muy misterioso y se mantiene aislado de todos los demás vampiros. Yo lo conozco –dijo Carlisle, dudoso.

- ¿Un vampiro apellidado Potter? –preguntó Emmett con los ojos como platos.

- Es inglés, como Harry. Se llama William Potter y vive en Inglaterra.

- ¿Por qué nunca escuchamos de él? –preguntó Edward.

- Porque se niega a tener un aquelarre y a estar bajo el control de lo Vulturis. Detesta a los vampiros que se alimentan de humanos y no quiere saber nada de relacionarse con los Vulturis. Prefiere quedarse solo en su mansión y recibir visitas con poca frecuencia. Aro ha intentado acercarse a él, pero William se negó y amenazó con asesinar a cualquiera que trabaje para él y se aparezca en su territorio. William es un vampiro vegetariano, hostil, poderoso y antiguo… aunque no tanto como los hermanos Vulturis.

De humano, era un caballero de la época victoriana, del siglo diecinueve. Era un aristócrata inglés muy adinerado.

- Pero si es un vampiro con tanto tiempo encima… ¿cómo podría tener descendencia? –preguntó Alice. Algo confundida.

- Porque tuvo un hijo antes de que lo convirtieran, lo transformaron a los treinta y dos si recuerdo bien. Su esposa era una bella muchacha pelirroja y más joven que él. Él la amaba profundamente y con locura. La costó conseguir que ella aceptara casarse con él. La joven se llamaba Elizabeth y no pertenecía a la clase alta, el padre de la joven era comerciante.

- Pero a él no le importó el que ella no tuviera clase, la amaba igual –dijo Rosalie con tristeza.

- Exacto, no le importó. Consiguió convertir a Elizabeth en su esposa, tuvieron un hijo y ella murió enferma cuando el niño seguía siendo un bebé. William amaba a su hijo tanto como a Elizabeth y se dedicó a él por completo, pero se negó a volver a enamorarse. El niño se llamaba Darrel. William fue transformado paseando solo en un bosque. Darrel tenía cinco años en aquél entonces.

Carlisle hizo una pausa para mirar a los demás y siguió con la historia:

- William ha sido el único vampiro que no abandonó su vida del todo por su naturaleza. Él vio nacer y morir a sus descendientes, incluso ha sido el que criaba a los niños de su linaje y sus descendientes también tenían la tendencia a pedirle que enseñara a sus hijos. Todos sus descendientes sabían lo que él era, lo aceptaban, lo ocultaban y lo protegían. De esta manera, William ha vivido reconfortado. Su descendencia le brindaba el amor y la humanidad que él necesitaba.

- Qué historia –dijo Bella, apretando la mano de Edward.

Edward sabía lo que pasaba por la mente de su compañera y ahora podía ver por qué Bella deseaba tanto transformarse a la edad que ya tenía. Edward no podía imaginarse tampoco lo que sería vivir como William Potter. No, era incapaz. No podría soportarlo… y Bella lo sabía… o lo intuía. La historia de William Potter le abría los ojos como Harry Potter le había hecho despertar a Bella.

- Ahora… Las cosas cambiaron –dijo Carlisle en una voz apenada. Su cara se veía muy triste… Era como si lamentara real y sinceramente lo que pudiera estarle pasando a este vampiro, William Potter.

- ¿Qué sucede? –preguntó Jasper, sospechando.

- William ha cambiado en estos casi veinte años. Algo debe haber ocurrido para hacerlo cambiar –dijo Carlisle con los ojos entrecerrados.

- ¿Algo como qué? –preguntó Edward.

- ¿Quizá algo de su descendencia? –aventuró Bella.

Carlisle la miró y pareció que el rostro y las palabras de Bella debieron de darle una idea sobre ese algo que hizo cambiar a su amigo.

- Podría ser… -dijo y se sumió en sus pensamientos.

- ¿Me parece a mí o ese vampiro que veo en tu mente es muy parecido a Harry? –aventuró Edward.

- ¿Cómo se ve? –le preguntó Jasper a Edward, expectante ante cualquier respuesta.

- Harry tiene un cabello negro azabache indomable y este vampiro también… por no hablar de las facciones. Es… como un Harry de treinta y pocos vampirizado y de una época distinta a ésta –dijo Edward con la frente arrugada.

- Ahora que lo pienso, sí tienen mucho parecido –dijo Carlisle lentamente.

- ¿Y si Harry es descendiente de ese vampiro? –preguntó Bella. Los demás la miraron extrañamente, pero no Edward y Carlisle. Ellos la miraron primero a ella y luego intercambiaron miradas… como si pensaran precisamente en eso.

- Eso es muy posible –dijo Carlisle.

- Cuando dices que William está distinto, ¿a qué te refieres? –preguntó Edward.

- A que William se ha vuelto amargado y más hostil. Ha estado atacando a todos los que se acercan a la casa. Ha hecho creer a todos que la mansión en la que vive, y que se supone que ha estado deshabitada desde más de diez años, está maldita. Utiliza su don para atacarlos.

- ¿Qué don tiene? –preguntó Alice, muy interesada.

- Telekinesis. Él mueve las cosas y golpea muy duramente a quien se atreva a entrar a su mansión.

- Está esperando a su descendiente… –empezó Bella, perpleja.

- … o tratando de atraer su atención –terminó Edward.

- Y Harry no creció allí ni con él. Harry creció con la hermana de su madre en un suburbio de gente de clase media –aportó Rosalie, perfectamente siguiendo la línea de pensamientos que Edward y Bella compartían.

- Esto podría significar que Harry sí es descendiente de él –dijo Esme, ligeramente emocionada.

- Harry me dijo que su padre era aristócrata y resulta que sí hay un vampiro apellidado Potter que es un aristócrata inglés -dijo Bella-. Y por lo que parece, hay similitudes entre este humano y ese vampiro. No puede ser mucha coincidencia.

- No, es cierto. No puede haber coincidencia –dijo Alice. Ambas amigas se sonrieron con cariño y complicidad.

Permanecieron unos largos minutos en silencio.

Carlisle estaba muy pensativo y por alguna extraña razón, había bloqueado su mente a Edward. Bella frotaba el brazo de Edward, consciente de que estaba molesto por algo. Alice había abandonado un poco sus visiones para que su don aflojara y se relajara, no quería forzar y causar daños. Jasper mantenía el ambiente tranquilo. Esme observaba el rostro de Carlisle. Rosalie observaba a Edward y Bella, mientras Emmett le frotaba los hombros.

El silencio se rompió a los diez minutos del silencio (si los cálculos de Bella no fallaban).

- Creo que voy a tomarme un descanso en el trabajo –anunció para sorpresa de todos.

- ¿Qué? –preguntó un Emmett desconcertado.

Carlisle asintió en su dirección.

- Creo que lo mejor será que viaje a Inglaterra a ver a William. Que él mismo me diga qué es lo que le pasa. Puede que sepa de la existencia de un descendiente suyo que aún no pise su mansión. De ser así, podría darnos un poco de luz.

- ¿Y Harry? –preguntó Bella, preocupada.

- Que descanse él también. Sinceramente dudo que haya podido ver a su familia desde que llegó aquí. Bien podría aprovechar.

- ¿Quieres que alguien te acompañe? –preguntó Esme, solícita.

- Creo que lo mejor es que sí. Lo mejor sería que Rosalie fuera la que me acompañe.

La aludida se sorprendió.

- ¿Yo?

- Sí, hija. Tú –respondió Carlisle, tranquilo y seguro de su decisión-. Emmett podría echarlo a perder porque William no va a estar dispuesto a ayudar habiendo un bromista presente. Jasper lo disgustaría con sus cicatrices. Y se me acabaron las opciones… No, Esme. Lo mejor es no dejar a los "menores" sin sus padres. Alice y Edward no pueden venir por esa razón… además de que Edward no querría separarse Bella para hacer este viaje.

- Yo podría acompañarlos –ofreció Bella, al ver que le discutirían, siguió-. Se supone que, de todos, soy la que más conoce a Harry. Si William Potter quiere hacerse una idea de la clase de persona que es Harry, podrá preguntármelo y yo le daré una idea. Quizá sí se atreva a salir de su mansión para ver a Harry aquí.

- No es mala idea. Además, Bella conoce el secreto. Y también así Edward podría ir contigo y ayudarte a manejar al vampiro –propuso Alice-. Si las cosas se ponen feas, Bella podría intervenir hablando sobre Harry.

- Es decir, dar una pista –dedujo Jasper.

- Exacto.

Después de una enérgica discusión, se acordó que Carlisle iría a Inglaterra con Edward y Bella.

Afuera seguía llovía mucho. El cristal de la ventana de la habitación de Harry estaba bajo y eso era una fortuna, dado que lo de afuera era un aguacero.

Harry dormía tranquilo y sin problemas en su habitación. El ruido de la lluvia no lo molestaba ni en lo más mínimo. En su casa reinaba el silencio y la serenidad absoluta. Hasta Kreacher dormía en el desván. Harry le había dado al elfo el desván de la casa para que se convirtiera en su habitación.

De pronto, el teléfono que Harry había instalado en su mesita de luz empezó a sonar.

Harry despertó de golpe y atendió al segundo timbre. Se llevó el tubo a la oreja con el ceño fruncido mientras se fijaba la hora en el reloj que tenía sobre el televisor.

Tres de la mañana.

- ¿Hola? –dijo desconcertado. ¿Quién llamaría a su casa a tales horas?

- ¿Harry? Soy el doctor Cullen –dijo la voz de su jefe del otro lado. Harry notó que no sonaba nada cansado. ¿Es que ese hombre no pensaba dormir?

- ¿Doctor Cullen? –preguntó notablemente sorprendido.

- Qué tal, Harry. Lamento mucho haberte llamado a esta hora, pero casi olvido decirte una cosa. Estaré de viaje un par de días en Europa, viajaré acompañado de mi hijo Edward y su novia Bella. Ella se quedó a pasar la noche en casa porque saldremos en un par de horas.

- Con todo respeto, ¿a qué se debe su repentino viaje, señor? –preguntó Harry confundido, aunque algo más despierto.

- Un amigo mío de Italia necesita mi ayuda con unos asuntos. El pobre no sabe nada de medicina y es muy desconfiado. Te llamé para que supieras que tienes unos tres días libres, puedes aprovecharlos para visitar a tu familia si quieres. Tengo entendido que no los has visto desde que llegaste a Forks.

- Gracias, señor, pero no hace falta. No tendrán mucho tiempo para mí por sus obligaciones.

- Oh. Bueno, entonces… Nos veremos a mi regreso, ¿de acuerdo?

- Sí, señor. Tengan cuidado y dele a bella un saludo de mi parte.

- Así será. Adiós –dijo el doctor alegremente.

- Adiós.

Colgó y volvió a dormirse.

Lo cierto era que Harry estaba agotado. Toda la lectura lo había cansado emocional y mentalmente.

Demasiada información para asimilar en horas… pero no en días.

Mientras Harry dormía y en la casa de los Cullen se preparaban para un viaje, James estaba completamente despierto y a salvo de la lluvia en su cueva.

El Potter mayor estaba asustado.

En esos momentos, estaba en su forma humana por instinto de supervivencia.

Algo estaba atacando a los animales del bosque y se suponía que él era un ciervo que habitaba el bosque donde atacaban a los animales.

James había distinguido dos formas humanas. Una masculina y otra femenina.

La femenina parecía una mujer de larga cabellera rubia y un cuerpo que cualquier mujer desearía tener. La figura masculina era la de un hombre inmenso, de pelo negro y corto.

James los había visto matar ciervos y alces. Los vio acecharlos, asesinarlos y pegar sus bocas sobre sus cuellos.

Gracias al cielo que había sido en la tarde. Él pudo verlos sin problemas bajo su apariencia humana y había logrado desaparecerse en cuanto los vio matar un par de ciervos. Se había refugiado en la casa de los Swan, sabiendo que el padre estaría en la comisaría y la hija en casa de su propio hijo. Cuando regresaba a su cueva, vio los animales muertos y fue a revisarlos para ver si podía salvar a alguno de ellos, pero fue inútil. Estaba ya muertos.

Sin embargo, sí se dio cuenta de algo que lo alteró mucho (aunque nadie ni nada que no sea él pudo detectarlo).

Les drenaron la sangre. No tenían ni una gota de sangre en su cuerpo.

Desde entonces, James estuvo asustado y en estado de alerta.

Había algo ahí fuera que mataba a los animales del bosque donde él vivía.

James temía nunca regresar a la vida de Harry. Temía no volver a tener a su hijo a su lado. James no quería no formar parte de la vida de su hijo. Él quería regresar a su lado y darle todo el amor y la protección que tanto deseaba darle desde hacía años. La existencia de Harry fue lo que lo mantuvo de una pieza todos estos años y no quería renunciar a la posibilidad de recuperarlo.

Sabía que no podría huir a esconderse a la casa de los Swan de nuevo. Sabía que si no concebía un plan pronto, no podría permanecer fuerte mucho tiempo más.

Debía seguir resistiendo. Tenía que encontrar la manera es escapar las próximas veces. Quizá, encontrar un segundo refugio. El problema era que no podía ser cualquier sitio ni en cualquier ubicación. Tenía que prepararse ya un sitio donde pudiera ir a esconderse antes de que entren en el bosque a atacar nuevamente.

Debía ser en un lugar donde no pudieran encontrarlo en su forma humana. Y sí, tenía que ser en su forma humana porque en su forma animaga podrían rastrearlo… mientras que su forma humana no podría estar relacionada con el animal. Debía en un lugar donde pudiera mezclarse sin ser detectado. Forks desde luego que no. James ya vio la vida que Harry tuvo que adoptar para ocultar su magia: ser un solitario muy reservado. James no veía a Harry socializar con nadie más que la chica Swan, su hijo no tenía amigos y se había ido a vivir al bosque… un lugar donde nadie podría descubrir su condición de mago. Harry no dejaba entrar a casi nadie en su vida, sólo a su jefe y a esa muggle… y ni siquiera se abría. Forks era un pueblo pequeño donde se conocían todos.

Otra opción era Port Angels… pero tampoco era adecuada. Allí iban muchos de Forks a comprar cosas que no conseguían en su pueblo y también paseaban allí. No, tampoco podía ser una opción para él.

Lo que le dejaba como única opción la ciudad de Seattle. En esa ciudad nadie podría reconocerlo ni mucho menos asociarlo con uno de los muchos ciervos que vivían en el bosque.

Sí, definitivamente Seattle era su única opción de escape. Allí debía esconderse las próximas veces… y como James Potter.