Capítulo 18: William Potter

Edward, Bella y Carlisle se encontraban yendo por un largo sendero que atravesaba un bosque. Por el camino sólo encontraban algunos animales, no se oían pájaros. Era un lugar silencioso. Carlisle conducía un auto de alquiler, mientras Edward y Bella iban sentados en el asiento trasero tomados de la mano.

Extrañamente, para Carlisle, pudieron hacer el trayecto sin problemas.

- ¿No deberíamos anunciarnos? –preguntó Bella cautelosamente. Carlisle y Edward sabían que ella era consciente de que William podría estar escuchando cualquier cosa que dijeran.

Edward miró los ojos de Carlisle por el espejo y asintió. La única que podía hablar era Bella y los tres lo sabían, estaban en territorio peligroso. Casi parecía un campo de minas… aunque no tan peligroso como la guarida de los Vulturis. Carlisle sabía que William no querría dañar a una humana joven como Bella. William no se alimentaba de humanos.

No tardaron en llegar a unas rejas negras góticas. Carlisle paró el auto y salió para dirigirse a las rejas.

- ¿William? Soy Carlisle Cullen y te pido que nos permitas pasar. Necesitamos hablar contigo de algo importante y de forma civilizada –dijo Carlisle con seriedad y en voz alta.

Cinco minutos después, las rejas se abrieron.

William Potter estaba aceptando su visita.

Cuando entraron, pudieron ver que había un aire a abandono en el lugar. El césped estaba largo y del todo desprolijo, las flores estaban marchitas, la fuente estaba sucia y vacía. Frente a ellos se levantaba una mansión victoriana con las paredes con musgo, telarañas en algunos rincones, metal opaco y puro silencio.

Cuando Carlisle golpeó la puerta, el sonido resonó en el silencio. Dos minutos pasaron hasta que las altas puertas de madera se abrieron.

Por dentro, era otra historia.

Todo estaba limpio y ordenado. Había mármol blanco, oro, algarrobo, hierro, porcelana… Todos materiales que indicaban que allí vivía gente de mucho dinero.

- Carlisle –dijo una voz profunda y aterciopelada.

Edward y Carlisle se volvieron hacia una ancha escalera de mármol blanco alfombrada de rojo escarlata. Al principio de ella, había un hombre con una mano apoyada sobre el pasamano de bronce del lado izquierdo, la otra mano la tenía apoyada en la cadera. Bella no perdió los nervios, estaba acostumbrada a esta clase de sorpresas.

El hombre bajaba la escalera con seguridad y tranquilidad. Cuanto más se acercaba, más Bella podía ver el vampirismo en él.

Su cabello era negro y estaba despeinado, aunque no mucho; sus facciones eran angulosas; tenía labios carnosos y de color rosa oscuro; sus ojos eran dorados, por supuesto; tenía párpados caídos; su piel era tan blanca como la de los Cullen. Vestía como un típico caballero de la época victoriana: pantalón negro, zapatos de cuero negro, camisa blanca y chaleco negro.

La mirada del vampiro era seria, fría y evaluadora. Bella se dio cuenta de que evaluaba tanto a Carlisle como a Edward. Supuso que este vampiro no sabía de la existencia de Edward y eso significaría no saber de los otros.

Entonces, se fijó en ella. Lo analizó todo en ella: su pulso, su respiración, el calor de su cuerpo y lo demás que delatar su condición de humana. El vampiro abrió bien los ojos al ver que estaba tomada de la mano con Edward. Fijó sus ojos en Edward.

- ¿Tu creador? –le preguntó con interés a Edward y haciendo un gesto con la cabeza hacia Carlisle.

- Sí –respondió Edward seguro.

- ¿Tu compañera? –preguntó el vampiro haciendo un gesto con la cabeza hacia ella.

- Sí.

El vampiro asintió solemnemente y Bella vio un relámpago de aprobación en sus ojos dorados, antes de que se volviera a Carlisle.

- ¿Continuaste con la dieta y creaste más vampiros como nosotros, Carlisle? –preguntó con interés.

- Sí.

- No sabes cuánto me alegro de saber y ver por mí mismo que Aro no te haya corrompido. Me alivia mucho saber que has podido crear más vampiros de nuestra clase. Los Vulturis jamás entendieron ni entenderán el por qué nuestra dieta. No pierdas el tiempo haciendo amistades con ellos, ya sabes cómo son.

- ¿Lo dice por experiencia, señor? –preguntó Bella con cuidado y educación.

William la miró con interés, antes de asentir con una muy leve sonrisa.

- Sí, querida –su mirada luego se endureció-. Intentaron reclutarme, pero me negué como nadie. No pienso dejarme controlar por esos malditos.

Edward entendió. Este vampiro debía ser realmente poderoso como para que intentaran reclutarlo. ¿Quizá pudiera hacer más que mover cosas con la mente?

- Ahora… Quiero saber sus nombres –dijo señalando a Edward y Bella.

- Él es Edward y ella es Isabella, pero prefiere que le digan Bella –los presentó Carlisle-. Y él, chicos, es William Potter.

William les asintió y luego se giró para caminar hacia la sala. Se sentó en un sofá con funda de terciopelo rojo y los esperó allí sentado. Ellos fueron y se sentaron en el sofá de enfrente.

- ¿Y bien? ¿A qué han venido? ¿De qué necesitabas hablar, Carlisle? –preguntó William muy serio.

Bella se dio cuenta de que William no pensaba andarse con más rodeos.

- Necesitamos saber a qué se debe tu cambio de actitud, William. Tú no eras así antes y yo no sé a qué se puede deber –dijo Carlisle teniendo cuidado con sus palabras.

William era un campo de minas.

William se veía algo enojado ahora.

- ¿Querías saber de mí, Carlisle? Te aviso que vayas con cuidado, no me hagas arrepentirme de haberlos dejado entrar a mi casa ¿te quedó claro? –le espetó.

- Te pudo que te calmes, William. Es importante para nosotros, ahora más que antes. Y cuando sepas por qué, entenderás por qué lo es –dijo Carlisle con un tono que pedía calma y civilización.

- ¿Estás seguro?

- Sí.

William respiró profundo para calmarse.

- ¡Está bien, se lo diré! –exclamó, levantándose y yendo hacia la chimenea apagada de la sala.

Se quedó allí, con las manos entrelazadas en la espalda por unos minutos.

- Llevo más de veinte años esperando descendientes que sé que existen. Llevo más años guardando odio, furia, rencor y dolor porque me los hayan quitado. Sé que están ahí afuera, pero no dónde ni por qué rayos no han venido a esta mansión que es su hogar. He sido niñero, partero, preceptor y he visto morir a mis descendientes desde que me casé con mi amada Elizabeth. Todos ellos parecidos a mí y llevando mi apellido. Todos hombres. He asistido los partos de sus esposas y sostuve sus manos cuando morían. Todos mis herederos eran hombres orgullosos de llevar mi apellido y me honraban al confiarme sus hijos.

- Pero, ¿qué pudo haber pasado para que estuvieras esperando tanto tiempo? –preguntó Carlisle.

- Me los quitaron, Carlisle, eso pasó. El último descendiente adulto que vivió aquí se marchó con su esposa embarazada. Una hermosa mujer pelirroja, como las demás esposas de mis descendientes. Todas las señoras Potter era pelirrojas y ésta no fue ninguna excepción. Mi descendiente se enamoró de ella siendo un niño, estuvo enamorado de ella desde los doce años y la consiguió a los diecisiete. Ella lo hizo muy feliz. Ambos lo eran aquí.

Entonces el rostro de William dejó de ser melancólico para enfurecerse.

- Entonces ellos me quitaron la alegría de ser parte de su familia. El director de la escuela de mi descendiente era Albus Dumbledore. Ese maldito vino un día y les dijo que debían irse de aquí a esconderse.

- ¿De quién? –preguntó Bella con el ceño fruncido.

- En aquél entonces, un sujeto llamado Lord Voldemort atacaba a gente inocente. Voldemort iba tras mi descendiente y su esposa embarazada. Dumbledore los mandó a esconderse y ellos me dejaron aquí. Nunca les guardé rencor. El abandono era culpa de Dumbledore, que no les dio opción.

Sé que ella dio a luz a un niño, un nuevo heredero. Yo siempre los esperé con la esperanza de volver a tenerlos a ellos en mi casa y de tener en mis brazos a un nuevo bebé con mi sangre y mi apellido… Pero nunca ocurrió. La pobre criatura quedó huérfana siendo aún bebé.

El rostro de William se volvió siniestro.

- Ese maldito de Dumbledore ordenó a alguien que llevara al bebé con la hermana de la esposa de mi descendiente. Recuerdo el dolor que sufrí por esos tres Potter y los deseos que tenía de hacerme cargo del bebé.

- Pero te lo quitaron y te negaron la oportunidad –dijo Bella con tristeza y sospecha.

William lo contempló unos momentos y su rostro se suavizó.

- Sí, así fue.

- ¿Por qué miras así a Bella? –preguntó Carlisle, con cautela.

- Porque mi heredero debería tener su edad. Su padrino vino a mí cuando nació y me dijo su nombre. Me dijo su nombre completo el buen muchacho –dijo William mirando a Carlisle.

El nombre de ese buen chico era Sirius. Recuerdo claramente lo feliz que estaba de haber sido nombrado padrino del hijo de su mejor amigo.

- ¿Dijiste Sirius? –preguntó Bella, perpleja.

- Sí, querida.

- ¿Cómo se llamaban los padres de ese bebé? –preguntó Edward. Por alguna razón, no podía leer la mente de William.

- James y Lily –respondió William con tranquilidad y seguridad.

- A ver si entendí bien –empezó Bella y siguió al ver un asentimiento de William-. ¿Tu último descendiente quedó huérfano siendo un bebé, fue llevado con su tía materna, su padre se llamaba James, su padrino se llamaba Sirius, tendría mi edad y debería apellidarse Potter? –hizo recuento concentrada.

- ¡Sí, exacto! –respondió William.

- ¿Nunca supiste de él, nunca más después de quedar huérfano? –preguntó Edward, con duda.

- Exacto, nunca más supe de él.

- Tiene que ser él, chicos, no puede haber tamaña coincidencia. Tiene que ser él –dijo Carlisle sacudiendo la cabeza de la sorpresa.

- ¿De qué están hablando…? O mejor, ¿de quién están hablando? –preguntó un desconfiado William.

Edward y Bella intercambiaron una larga mirada antes de asentir. William no se perdió eso y Carlisle puso más atención a William. Sabía lo que venía ahora. La razón por la que viajaron y hablaron tanto.

- Como Carlisle le habrá contado, nosotros estamos viviendo en Forks –dijo Edward, tanteando terreno.

- Sí, él me lo ha dicho –confirmó William, con desconfianza y atento a cualquier cosa, cualquier gesto… Lo que sea.

- Hace unas semanas, un humano llegó a Forks con la intención de quedarse y formarse una vida allí. Dijo que venía de Londres –empezó Bella, pero William la interrumpió.

- ¿Y? ¿Qué tiene que ver eso conmigo?

- Su nombre es Harry Potter y creemos que pueda ser descendiente suyo. He hablado con él y me dijo que su padre era un aristócrata llamado James Potter y que su padrino se llamaba Sirius Black. Su nombre completo es Harry James Potter Evans. Es humano, tiene mi edad y mucho dinero –dijo Bella con cuidado-. Harry me dijo que heredó una fortuna de su padre y que era hijo único.

- Y ustedes creen que es mi descendiente… ese bebé del que les hablé –conjeturó William-. ¿Dijo el apellido de casada de su tía?

- No, pero lo hemos investigado y sabemos que es Dursley. Su tía es la hermana mayor de su madre, Petunia Dursley –respondió Carlisle.

- Sus padres fueron asesinados teniendo él un año y meses. Desde entonces estuvo con su tía viviendo en un suburbio de gente de clase media. Nuestro problema es que no encontramos un colegio secundario ni tampoco una propiedad a su nombre. Según lo que supimos, Harry se fue a vivir a Londres al cumplir la mayoría de edad.

Los ojos de William parecieron humedecerse y su rostro mostró tanto dolor como alegría. Emociones contradictorias, pero con sentido.

- Sí… Tiene que ser él… ¿Están seguros de que reúne las características que llamaron su atención… esas que les dije?

- Absolutamente –respondió Bella con una sonrisa que William devolvió.

- ¿Te das cuenta lo que esto significa para mí, Carlisle? ¿Realmente comprendes lo que me estás diciendo?

- Sí, viejo amigo. Significa que has recuperado tu linaje. Sabemos dónde podrás encontrarlo, pero hay un problema.

- ¿Cuál? –preguntó William con desconfianza.

- Harry no sabe nuestro secreto y dudamos mucho de que crea en la existencia de vampiros. Tú eres un vampiro y él podría no aceptarte –explicó Carlisle.

- Entiendo. Han hecho bien en venir y sepan que serán bien recibidos las próximas veces que quieran venir. Les agradezco mucho esto. De verdad.

- Entonces creo que deberíamos irnos… -empezó Carlisle-. Hemos terminado…

- No, Carlisle. No hemos terminado –dijo Edward de forma brusca.

Bella lo miró confundida y preocupada. Carlisle estaba vacilante. William se limitó a mirarlo con seriedad y una ceja arqueada.

- ¿Qué pasa, Edward? –le preguntó Bella poniéndola una mano en el brazo.

Edward estaba mirando fijo a William, quien sólo lo miraba sin expresión. Aunque la verdad era que el vampiro inglés estaba a la espera de lo que sea que Edward quisiera.

Bella tuvo una extraña y muy inquietante sensación. Podía ser humana, pero no tonta ni ciega. Ella sentía que algo estaba pasando entre Edward y William Potter. Ahora ambos estaban teniendo una competencia de miradas. La máxima preocupación de Bella era que Edward hiciera o dijera algo que disgustara a William en gran medida. Ese vampiro era intimidante, quizá sea peor que Cayo Vulturis.

El ganador de la competencia de miradas fue, sorprendentemente, William. Edward no pudo soportarlo más y desvió su mirada hacia la chimenea apagada. William levantó el mentón y entrecerró los ojos a Edward.

- Habla entonces, chico –ordenó con dureza William.

Edward se tomó dos minutos antes de volver a hablar.

- Usted sabe algo más de Harry que no nos quiere decir. Lo palpo –dijo Edward, con cautela y algo de insolencia también.

La mirada de William se volvió fría. Sus ojos dorados ahora eran duros y fríos, fijos en Edward.

- ¿Realmente crees que le mentiría a Carlisle? –dijo William en un tono suave, pero amenazante- Les permití entrar a mi casa, hacerme preguntas de mi vida, les dejé preguntar por mi familia y no les toqué ni un pelo. No arruines lo que se ha conseguido, chico. Ustedes tres han logrado más de lo que nadie ha logrado de mí –le dijo a Edward severamente y ya no con frialdad, sino con enojo… luego se dirigió a Carlisle-. Creo que lo mejor será que se vayan, Carlisle, antes de que tu muchacho haga o diga algo de lo que pueda arrepentirse.

- Así será, William. Vamos, chicos –dijo Carlisle.

Cuando Carlisle y Edward salieron de la casa, William agarró a Bella por el brazo antes de que ésta atravesara el umbral. La chica se volvió a él desconcertada.

- Quédate un momento conmigo, Bella. Quiero darte algo para que le entregues a Harry como un regalo de mi parte –le dijo amablemente y con mirada esperanzada.

- Pero…

- Sí, ya sé… -dijo William haciendo un gesto con la mano de impaciencia-. Harry no sabe de mi especie ni de mi existencia… Pero también sé que algún día deberá enterarse. Los vampiros forman parte de él porque yo soy uno. Todos mis descendientes aprendieron tarde o temprano a defenderse de aquello que iban tras ellos y sé que Harry no será una excepción. Tarde o temprano deberá saber de nosotros porque forma parte de su herencia paterna. Todos los Potter somos guerreros. Nuestro linaje no empieza conmigo.

- ¿Qué quiere decir?

William le sonrió antes de llevarla de regreso a la sala, luego fue hacia la chimenea y puso su mano sobre un cuadro que Bella no había visto.

Era el cuadro de un hombre de melena negra con ojos verdes. Tenía puesta una armadura medieval dorada con capa roja; el hombre tenía el casco en la mano y éste tenía un penacho rojo; con la otra mano sostenía una espada con piedras rojas en la empuñadura; tenía un escudo plateado con un león dorado estampado, el león rugía y estaba rodeado por un anillo de fuego rojo, los bordes del escudo también eran rojos. Junto al caballero estaba un león sentado. Tanto el caballero medieval como el león desprendían energía.

- Este caballero medieval que ves en el cuadro es Godric Gryffindor. Su hijo fundó nuestra familia, fue el primero en llevar el apellido Potter. Por lo que sé, el muchacho se cambió el apellido para salir de la sombra de su padre –dijo William con orgullo y devoción.

- ¿Y eso?

- En la época de Godric, existían personas que tenían cierto poder sobre los elementos: agua, aire, tierra y fuego. Godric era un señor del fuego. Cuando su hijo se cambió el apellido, Godric enfureció y le lanzó una maldición. Emerick, el hijo de Godric, jamás iba a desligarse de su herencia. El fuego sería parte de él y él se lo heredaría a sus descendientes. Como recordatorio de la maldición, todo Potter se enamoraría de una pelirroja y tendría que superar obstáculos para conseguirla. Todos los Potter nos enamoramos de pelirrojas, luchamos para tenerlas a nuestro lado y llevamos fuego en las venas.

El fuego no nos puede dañar tan rápido como a los demás. También nos es fácil manejarlo… Y tenemos alma guerrera. Todos somos guerreros y sabemos qué hacer con el fuego, aunque no podamos dominarlo y crearlo como Godric lo hacía.

- ¿Eso significa que Harry podría matar a un vampiro? –preguntó Bella perpleja- ¿Harry es una amenaza real para los vampiros?

- Sí, pero sólo matará a aquellos que se metan con alguien que él quiera o con él mismo. Los Potter somos protectores con nuestros seres queridos y también vengativos. Si hay un humano que puede protegerte de un vampiro, es Harry.

William sacó de una vasija, que estaba sobre la chimenea, un anillo. El anillo estaba formado por una banda de oro y un rubí redondo con una P dorada grabada.

- Es el anillo que el patriarca Potter debe llevar. Mézclalo entre sus cosas y no se enterará de que fuiste tú quien se lo dio. El anillo lo atraerá y Harry no tendrá más remedio que ponérselo. La atracción que ejerce ese anillo es un misterio, pero nunca falla ni desaparece. Yo no puedo llevarlo, soy parte del linaje, pero no la cabeza de la familia. Ese papel le corresponde ahora a Harry.

Bella tomó el anillo y se lo guardó en un bolsillo.

- Y con respecto a ti, querida. No te preocupes por lo que tu compañero te diga, tú siempre serás bienvenida a esta casa y más si me ayudas a recuperar a Harry, ¿de acuerdo? –le dijo con amabilidad y serenidad.

Bella sonrió y asintió.

William la acompañó hasta afuera y cerró la puerta cuando ella se reunió con Carlisle y Edward. Se quedó ahí hasta que estuvo seguro de que no podían oírlo.

Entonces se dirigió a la sala y la chimenea se encendió en cuanto estuvo frente a frente con el cuadro.

El caballero movió la cabeza y lo miró con ojos alegres y satisfechos. El león bostezó, se estiró y se echó panza abajo junto al hombre, que se inclinó para rascarle la coronilla, ganándose un ronroneo del león. Se volvió sonriente a William.

- Lo hiciste todo bien, William. Ni por un momento te saliste de la línea –le dijo Godric con voz aprobadora. William sonrió.

- Espero que el anillo sea suficiente por ahora.

- Lo será, ten fé.

- Lo que nunca entendí es por qué ese anillo es lo que es. ¿Por qué tú, uno de los magos más honestos que existieron, hizo algo así?

Godric asintió, entendiendo lo que William quería decir.

- Tenía que hacerlo. Los Vulturis nunca me gustaron y Salazar podía sacarse otra sorpresita de la manga. Tanto los Vulturis como Salazar amaban el poder… y deseaban destruir el mío. Mi poder podía destruir a los Vulturis y Salazar haría renacer el fuego griego. Salazar Slytherin era un señor del agua, esa una gran suerte que sus descendientes no lo hayan heredado.

- Yo creo más en la posibilidad de que Slytherin haya deseado tener ese poder sólo para él. Era una persona egoísta y ambiciosa. Voldemort también era así. Si Voldemort hubiese sabido de la existencia de esos poderes de dominio, habría investigado e intentado hacerse de ellos –dijo William mientras se sentaba en un sofá.

- Y nuestro Harry lo habría pasado mucho peor de lo que lo pasó… y sigue pasando –dijo Godric bajando la mirada y con voz apenada.

- ¿Qué haremos con Harry, Godric? Sabemos que él es más poderoso que James. ¿Sigues creyendo que es tu heredero?

- Sí.

- Pero Longbottom también sacó la espada del sombrero –objetó un William confundido.

- Porque yo lo permití. Harry quería que fuera Neville el que matara a la serpiente y yo cumplí su deseo. Sólo por eso la pudo sacar, porque yo cumplí un capricho de mi heredero.

- Pero si Harry es tu heredero… ¿por qué nunca salieron sus poderes a flote?

- Porque no era posible. Harry no era libre. Un fragmento del heredero de Salazar Slytherin residía en él, eso era un gran incompatibilidad. Por eso, nadie detectó mi esencia en Harry.

- Te ataste a la vida.

- Y sin usar magia negra –dijo Godric, pagado de sí mismo-. Lo que es la magia ancestral. Qué ingenuo fue Salazar al creer que yo no haría algo parecido a lo que él hizo con su cámara. Mi plan dio frutos.

- ¿A qué te refieres? –preguntó un confundido y curioso William.

Godric le sonrió.

- Salazar escondió su cámara y su monstruo, pero yo escondí mi poder de fuego y mi alma. Nunca morí realmente, me refiero al todo. Mi cuerpo sí murió, pero mi alma siempre estuvo en ese anillo que le entregaste a Isabella Swan. Mi poder y mi alma han estado en contacto con todos los Potter, de generación a generación… han pasado de padre a hijo.

Cuando Salazar dijo lo de la cámara, ni Helga ni Rowena lograron nada y lo dejaron estar, pero yo sabía que no podía confiar y olvidar. Saqué la idea del Sombrero Seleccionador. Si el sombrero podía sobrevivir intacto tanto tiempo, entonces yo también. Mi cuerpo moriría, pero no mi alma porque el alma se supone que es inmortal. El alma es inmortal si no se divide. Mi alma siempre siguió entera conmigo, por lo que podía hacer algo con ella. Mantenerla a salvo… Y así fue.

Le robé el anillo a mi hijo y le lancé un hechizo de mi invención para que mi alma fuera a su interior junto a mi poder. Mi poder mantendría mi alma en estado puro, no corrupto. Lo mismo hice con mi espada, pero sólo por si acaso. Mi espada mantendría una pequeña parte de mi alma y mi poder por si llegaba a manos de un menor de edad de mi sangre. El anillo era para los patriarcas adultos y la espada sería la guía del heredero menor de edad.

Estando mi alma dentro del anillo y de la espada, puedo sentir y vivir. Sigo operando, pero sin que nadie sospeche nada, ni lo más mínimo. Actúo desde las sombras y sin que mis descendientes se enteren.

- ¿Eras tú el que nos hacía hacer cosas sin que nos enteráramos nosotros mismos? –preguntó William incrédulo.

- ¿Tú qué crees?

- Siempre supe que estabas loco, pero no creía que era para tanto.

El loco de la armadura lo miraba con una sonrisa traviesa y ojos chispeantes.

- No tienes ni idea de lo divertido que es.

- Siempre creímos que Dumbledore estaba loco, pero tú lo superas con creces.

Godric le frunció el ceño. Dumbledore no le gustaba. Su simple mención lo ponía serio y a veces de mal humor… algo muy raro en él.

- Volvamos al tema –dijo con seriedad y William se encogió, debió pensar mejor en lo que decía-. Siempre supe lo que mis descendientes necesitaban.

Cuando James y Lily supieron de la profecía, yo hice que James hiciera el ritual que lo uniría a Harry. Le pasé la información necesaria para depositar una parte de su alma en su hijito. Harry era el único que podía mantener con vida a James.

- Es verdad. Nosotros utilizamos nuestra sangre y ADN en lugar de magia negra. De esa forma…

- … no nos dañamos, ni nos deformamos. El parecido entre nosotros es parte de la maldición que le lancé a Emerick y me agradezco mucho a mí mismo por eso. Eso nos facilita las cosas en gran medida. Somos tan parecidos padres e hijos físicamente que el lazo que nos une es demasiado fuerte como para no sufrir por estar separados por largos períodos de tiempo. Los hijos tienden a amar más a sus padre que a sus madres porque los padres son capaces de amar más que las madres. Nuestras madres son adoradas y tal, pero no nos entienden tanto como los padres.

- Ellas nos ponen límites, a veces, demasiado duros y se niegan a escucharnos. Ser pelirrojas las vuelve muy temperamentales y se dejan llevar por su furia –dijo William. Su madre había sido así y él no lo había pasado bien.

- Y los padres entienden porque pasaron por eso. Las esposas Potter tienden a ser muy duras.

- Lily era muy orgullosa y en su furia se negaba a darse cuenta de las cosas. Lastimaba a la gente. Recuerdo sus gritos y cómo solía resentirse Sirius por sus limitaciones.

- Así es. La furia las ciegas y son muy fáciles de hacerlas enojar. Los padres, mientras tanto, prefieren sermonear para enderezar a sus hijos. Los castigos pueden crear resentimientos. Los hijos pueden tener miedo de sus madres, pero se sienten seguros y apoyados con sus padres.

Cuando Harry entró en contacto con mi espada, ésta lo reconoció como el heredero de nuestro linaje. Estando James fuera de juego, el heredero debía ser rastreado para que el anillo empezara a crear el puente con su futuro portador. Ahora que Harry ya es adulto, puede tomar posesión del anillo y cuando lo haga, yo empezaré a actuar con él.

Tengo que empujar a James hacia Harry. Harry ha vivido sin su padre perfectamente durante casi veinte años, pero James ha estado al borde todo ese tiempo y sólo se mantiene en una pieza gracias a los dictados de su instinto paternal. Si Harry y James no se reencuentran pronto, algo podría pasarle a James. Tienen que volver a reunirse y así, podrán hacer frente a lo que sea. Se necesitan el uno al otro. James necesita de la protección que Harry le puede brindar y Harry necesita el amor y la compañía de su padre.

- No entiendo cómo James quedó vivo. Se supone que sólo es posible con Horrocruxes, con magia muy tenebrosa. Tampoco entiendo cómo es que conservó su cuerpo sin sufrir alteraciones provocadas por la magia.

- Todo eso se debe a que tiene buen corazón, demasiado amor para dar. Lily pudo haberse puesto delante de Harry, pero fue James el que logró que Harry sobreviviera al ataque de Voldemort. James depositó una parte de su alma en el pequeño, por lo que Harry debía sobrevivir para que James siguiera vivo. Fue James el que aseguró la supervivencia de Harry. Mientras James siguiera vivo, Harry no podía morir. James no quería morir, él no quería abandonar a su familia, su instinto paternal ya era demasiado fuerte como para permitirse morir. La pureza de Harry y el amor paternal de James fueron los que aseguraron la supervivencia de padre e hijo. Mi poder se activó en James en cuanto Harry dijo su primera palabra: papá.

- Los padres tenemos la prioridad… ¡no las madres! –exclamó William, muy sorprendido.

- Exacto. La magia antigua favorece más a las madres, pero mi magia favorece a los padres. Siempre fue así –dijo Godric, volviéndose melancólico-. Las cosas cambiaron en la magia cuando Rowena renunció a ser la madre de Emerick para dedicarse a la hija que ya tenía. Emerick tenía tres años cuando Rowena empezó a rechazarlo y alejarlo de ella para darle todo su corazón y sus pensamientos a su hija Elena, Emerick sintió el rechazo y sufrió por él hasta que decidió olvidarse de que tenía una madre. Desde entonces, Rowena se convirtió en simplemente una conocida, el niño dejó de quererla y me dio todo su amor de hijo. Con los años, se volvió poderoso y muy buen guerrero, además de más inteligente que Elena. Era un guerrero valiente y muy inteligente.

- ¿Nuestro legado empezó con Rowena Ravenclaw? ¿Por ella es que preferimos a nuestros padres? –preguntó William, decepcionado y aturdido.

- Sí. Al rechazar al primer Potter, Rowena dio inicio a una gran tendencia en los hombres Potter: la predilección por los padres y el orgullo.

- Jamás creí que esa mujer sería capaz de rechazar a un niño de su carne y sangre. No entiendo por qué lo haría.

- Muchas veces, William, a sabiduría del cerebro no es compatible con la del corazón. Rowena estaba orgullosa de ser la bruja más inteligente de todas y creía que su inteligencia no dañaría a nadie… pero ya ves cuán equivocada estaba. Elena se sintió opacada por su madre y se fue de su lado, Emerick prefirió irse con quien le daba amor y estímulo. Al final, Rowena murió sola. Su amada hija la abandonó, y su hijo le dio la espalda.

- Y ahora Lily descuidó a su hijo….

- … y su hijo dejó de quererla para refugiarse en su padre, supuestamente, muerto. Rowena hirió a Emerick y Lily a Harry. Eso ya no tiene remedio.

- Me estás queriendo decir que…

- Que una vez que una madre daña a un hijo Potter, ya no hay vuelta atrás.

- Por eso Harry escribió esa carta… la que decía que quería que desligaran a Lily con el apellido Potter. Harry quiere que Lily deje de estar relacionada con él –dijo William lentamente.

- Exacto. El cambio en Harry ya ha ocurrido. Él seguirá siendo un Evans, pero lo será por la hermana mayor. Petunia es lo que mantiene a Harry como un Evans. Ella es la razón por la que Harry seguirá siendo también un Evans. Cuando James se entere de lo de Lily y de lo de Petunia, dejará de ver las cosas como las estuvo viendo hasta ahora. Padre e hijo cambiarán.

- ¿Eso significa que James también será afectado?

- Sí. Después de todo, Lily también lo dio por muerto a él. Ella no buscó ni a su hijo y se dio por viuda. No es algo que un Potter pueda olvidar.

- En pocas palabras, su descuido le hizo perder a su familia.

- Así es, William. Lily ha perdido a su familia cuando volvió a creer en Severus Snape. Lily se arrepentirá toda su vida de haberlo hecho.