Capítulo 20: Un pasado que duele
Harry perdió la noción del tiempo. Estaba sentado en su sofá, temblando, sudando frío, sintiéndose frío por fuera y en blanco por dentro. Empezó a mecerse de adelante hacia atrás mientras se abrazaba a sí mismo y también empezó a susurrar.
- No… No puede ser… Esto no puede estar pasando… Él también no…
No supo cuánto tiempo estuvo así, estaba como perdido con la mirada fija en el rostro inconsciente de su padre. Sólo recuperó algo de lucidez cuando una manta rodeó sus hombros.
- No…
- Venga con Kreacher, amo Harry –le dijo la voz de su elfo en el oído.
Harry se movió si ser consciente de lo que hacía y así siguió hasta aterrizar en su cama. Kreacher lo había arrastrado a su cuarto. El elfo lo empujó hasta acostarlo, le quitó las zapatillas, los calcetines y el abrigo para luego cubrirlo con una gruesa manta abrigada.
Aún así, Harry no recuperó el control de sí mismo.
Media hora después, Kreacher regresó con una mesita de cama con la cena de Harry. El elfo se encontró a su amo tal como lo había dejado.
- Kreacher entiende que esto debe ser muy difícil para el amo Harry, pero el amo Harry no puede quedarse así, señor. El hombre es real, señor. Kreacher lo ha vuelto a ver recién. Es él realmente, amo Harry. Kreacher sintió su pulso y su respiración –le dijo Kreacher mientras le frotaba un brazo a su amo. Esa era una caricia en la que el elfo intentaba traer de regreso a su amo.
Harry miró al elfo, con emociones encontradas en los ojos, pero un poco más centrado.
- E… ¿estás seguro? –preguntó vacilante y débilmente.
- Sí, amo Harry. No es otro que su padre, James Potter. Es como usted, señor, pero con veinte años más. Kreacher recuerda la edad que el padre del amo Harry tenía cuando el amo Harry nació, la misma edad del anterior amo de Kreacher… Sirius Black.
- Treinta y ocho.
- Sí, señor, así es.
- ¿Seguro que es él, le hiciste pruebas? –preguntó Harry, más tranquilo.
- Sí, Kreacher lo examinó.
Eso tranquilizó a Harry otro poco. Kreacher lo aprovechó y consiguió que su amo Harry comiera la cena que le cocinó. Después de la cena, Harry se dio cuenta de lo cansado que estaba… en realidad, agotado sería una palabra que lo describiera con más exactitud.
Kreacher le dio a beber una poción para dormir sin sueños. Su amo necesitaría descansar cuánto pudiera para enfrentar a su padre… pero también había otra razón. Kreacher necesitaba que su amo durmiera profundamente para poder analizar el pelo del ciervo con un poco del pelo del padre de su amo. James Potter estaba inconsciente y tirado en un sofá de la sala de su amo Harry y Kreacher no pensaba desaprovechar la oportunidad de poder quitarle unos pelos y compararlos con los pelos de ciervo que él tenía escondidos de su amo. Kreacher tenía un presentimiento que no dejaría pasar por alto.
Mientras su joven amo dormía en su cama, Kreacher bajó a la sala y fue a cortarle unos pelos al padre de su amo. El hombre seguía igual. El elfo se le quedó mirando y pensando hasta que decidió llevarlo a la cama que antes había ocupado Isabella Swan. El sofá le dejaría dolor de espalda al día siguiente, y si el amo estuviese en sus cinco sentidos, habría querido llevarlo a una cama cómoda. Kreacher sabía que el amo Harry querría darle comodidad a su huésped, su amo siempre procuraba ser un buen anfitrión y Kreacher lo ayudaba. Una vez acomodado, Kreacher observó largo rato a Potter padre y vio que el hombre temblaba ligeramente, por lo demás, estaba completamente inconsciente.
Kreacher no pudo evitar preguntarse por qué temblaría el padre del amo Harry. Quizá lo mejor sería preguntarle a su señor después, él podría tener la respuesta.
Le sacó los pelos y se fue a su desván a comparar. Padre e hijo estaban a salvo y dormidos en casa.
A la mañana siguiente, Harry se levantó completamente descansado y con la cabeza clara. Seguramente, Kreacher le habría dado una poción para dormir sin sueños y Harry pensaba agradecérselo ese mismo día. Después de despertarse, se había pasado una hora acostado en su cama mirando el techo y pensando en la noche que había pasado. Era consciente de que su padre estaba vivo. Lo sabía porque se había dormido vestido con la ropa que usó en Seattle, además, también porque tenía la gorra de su padre a su lado.
No se sentía dolido como se había sentido por Lily. Harry sabía que James no había estado escondido en el mundo mágico, la prueba de ello era la varita que tenía muy buen escondida entre sus cosas. Harry había encontrado la varita de su padre entre los escombros de la casa del Valle de Godric y sólo Harry sabía eso. Él se había negado a compartir esa información.
La verdad… Harry ocultaba muchos secretos a todos. Después de la caída definitiva de Voldemort, Harry había hecho cosas que decidió no contar a nadie. No por paranoia, sino por la necesidad de privacidad. Harry tenía necesidades comprensibles para alguien como él y una de ellas era la de guardar secretos. La varita de James Potter era uno de esos secretos que le ocultaba al mundo.
Giró la cabeza hacia el armario y se le quedó mirando por un rato.
Iba a tener que revelar uno de sus secretos… si quería que su padre siguiera vivo, tenía que sacar esa varita del escondite y dársela.
Cerró los ojos por un largo instante, los abrió y se levantó con un largo suspiro.
Sacó la varita y también una muda de ropa limpia. Algo cómodo: una camiseta roja, un pantalón de gimnasia azul, un suéter gris y ropa interior. Dejó la varita bajo su almohada y se fue a duchar. Luego fue a hacer desayuno, por las dudas, para dos.
Cuando fue a ver a su padre, vio que seguía inconsciente.
Frunció el ceño y se preguntó varias cosas.
¿La primera? ¿Cuánto habrá sufrido durante la tortura? Harry suponía que mucho porque se tiró al suelo y se retorció mucho durante un buen rato. Por esa razón, se iba a andar con cuidado.
Otra pregunta que se hizo fue: ¿qué tan sucia estaría su ropa?
Otra fue: ¿cuánto tardaría en recuperar el conocimiento?
El Dursley que llevaba dentro (tanto tiempo con los Dursley lo había afectado hasta ese punto) puso su atención sobre la limpieza y la apariencia de su inconsciente padre. Esa parte de él tomó el control de la situación.
Fue hacia su padre y se limitó a fijarse el talle de su ropa. Se dio cuenta, al verlo, de que su talla no superaba mucho a la suya propia. Parecía que James le había heredado también su cuerpo.
Volvió a su cuarto con la decisión tomada de comprarle ropa a su padre. Sacó dinero, una maleta vacía y se fue a aparecer a Port Ángels. Sabía de varios lugares donde podía aparecer/desaparecer y pensaba usarlos ese día. No podía perder tiempo conduciendo. Su padre podría despertar en cualquier momento y él quería estar allí cuando lo hiciera. Había mucho para hablar: más de dos vidas que contar (Harry, James, Sirius y Teddy Lupin).
En Port Ángels compró varias cosas. Ropa, colonia (Harry había oído que a su padre le gustaba usar colonia), utensilios de limpieza, un par de zapatos y un par de pantuflas. No era mucho, pero sí necesario.
Cuando regresó, dejó la maleta con las compras en su cama y fue a ver a su padre.
Inconsciente.
Fue y se sentó a su lado, quería contemplarlo.
Harry era consciente de varias cosas.
Sabía que debería sentirse en casi en estado de shock con sólo ver a su padre desmayado delante de él, pero lo cierto también era que él ya había estado en shock… anoche. Ese momento de conmoción ya había pasado.
La negación, también.
Ahora le tocaba la asimilación (porque sabía que detrás de todo esto había una historia) y luego la aceptación.
A esas dos no las podía hacer sin hablar con su padre y Harry era consciente de que lo que era necesario era una larga y seria conversación con su padre. Tenían que contarse muchas cosas. Harry necesitaba contarle toda su vida y seguro estaba que James tendría que contar una historia larga y quizá hasta dolorosa. No iba a ser fácil ni indoloro, pero era necesario.
Por eso, procuraría ser fuerte.
Observó bien la cara de su padre y vio las señales de la vida. No veía las marcas de la risa. Ese rostro estaba algo pálido y delgado (más de lo que, Harry suponía, debería ser). Tenía ojeras y bolsas bajo los ojos. Era como si el buen descanso no le fuese permitido y como si tanto la risa como la sonrisa se hubiesen evaporado para él.
Harry se preguntó si estaba ante otro Sirius Black.
Ese pensamiento le dolió.
Sirius obtenía sólo un poco de alegría de su ahijado adolescente… algo que no podía ser suficiente siendo el padrino de un chico como Harry Potter. Harry no se creía un chico alegre, travieso y relajado. Harry se creía un chico serio, preocupado, problemático y condenado a muerte. Harry no conoció la tranquilidad y la gran alegría hasta que Voldemort murió definitivamente… cuando estaba ya a poco más de dos meses de cumplir los dieciocho años. Él estaba cerca de los dieciocho, de la madurez, y Sirius ya llevaba casi dos años muerto.
¿Qué alegría podría darle Harry a su demacrado y amargado padrino con la vida a la fue lo condenaron?
Una lágrima se escapó de su ojo y rodó por su mejilla hasta caer sobre la mano de James que (Harry no se había dado cuenta) sujetaba. Otras lágrimas le siguieron a esa y así fue hasta que Harry se dio cuenta de que sollozaba… después de tanto tiempo.
Una pregunta vino a su mente… una pregunta que le quitó las ganas de seguir sollozando.
¿Qué iba a hacer James cuando se enterara lo de su esposa? ¿Qué pasaría cuando supiera lo que su amada Lily hizo?
Sinceramente, Harry no creía que pudiera perdonarla. Y sabía que era egoísta de su parte, pero no quería que su padre siguiera relacionándose con ella. Harry quería a Lily fuera de la vida de los dos y decidió que haría lo posible para que su padre la alejara de él. Harry quería formar una familia con su padre, pero no con esa mujer.
Harry tenía dos madres y ninguna de ellas eran Lily.
Si bien su tía lo había tratado horrible, Harry no quería que ella saliera de su vida. Harry quería que su tía permaneciera a su lado. Petunia lo había criado, le había dado comida, techa y compañía humana. Bien o mal, lo hizo. Además, ella lo ayudó a escapar y siguió en contacto con él… siguió presente. Por lo tanto, Petunia era una de esas dos madres que Harry tenía.
La otra era la gran Molly Weasley y por razones obvias.
Esas dos mujeres lo habían criado. Se hicieron cargo de él como Lily no.
Harry ya no pensaba en Lily como su madre. Harry ya tenía dos figuras maternas: la señora Dursley y la señora Weasley.
James sentía que el fuego lo quemaba por dentro. Quería gritar y suplicar que parara, pero también no quería. Tenía que resistir. Él era un valiente Gryffindor y como tal, tenía que aguantar. Quería gritar para parar el dolor, pero no quería demostrar debilidad. Tenía que ser fuerte. No pensaba darle el gusto a esa criatura rubia (porque no creía que sea humana) de verlo derrotado… También quería ser fuerte y resistir la tortura, por Harry. Si para regresar junto a su hijo tenía que soportar semejante tortura, lo haría porque su hijo valía la pena tanto su lucha como su resistencia. El espíritu Gryffindor y su instinto paternal lo mantenían fuerte y lúcido… lo ayudaban a ser fuerte.
La tortura duró mucho y aumentó de intensidad hasta resultar terrible, pero paró de golpe. Su mente se aferraba al deseo de recuperar a su Harry y era lo único que no cedió a la absoluta inconsciencia. Su cuerpo estaba vencido, todo el cuerpo le dolía muchísimo, sus fuerzas estaban agotadas y no le quedaba energía. Su corazón latía agitado. James se sintió desfallecido, pero no del todo. Sus sentidos seguían funcionando: tacto, oído y olfato.
En un momento, sintió un cierto calor distante en su piel. Oyó lo que debería ser el susurro del fuego. Olió un aroma dulzón. Sintió una mano sujetando fuerte uno de sus brazos. Tuvo la sensación de que lo metían en un tubo estrecho, luego que lo subían a algo, y que lo acomodaban sobre algo suave y aterciopelado. Lo siguiente que oyó fue un ronroneo y movimiento bajo de él.
James sabía que su cuerpo debía estar temblando por todo el dolor que tuvo que soportar.
Sintió que alguien lo llevaba a algún sitio cálido y con aroma a vainilla. Tuvo la sensación de que quien lo tenía a él, podía protegerlo y que no quería hacerle daño. Ese sujeto (quién sea) detuvo su tortura y lo llevó a un lugar, a salvo. No sabía quién era, pero sí que podía confiarle su vida porque lo más probable era que sí pretendían matarlo esa noche. La persona que se hizo cargo de él bien podría haberle salvado la vida.
A James le hubiera gustado poder agradecerle, pero sabía que no podía estando en esas condiciones. Lo único que salió intacto del ataque fue su mente, por lo que era incapaz de mover nada de su cuerpo para agradecer.
Sintió que lo ponían en otra superficie suave, aterciopelada y mullida. Así que decidió descargar su peso en ese lugar. Una mano le sacó la gorra cuidadosamente.
Entonces, James se dejó llevar por la absoluta inconsciencia.
James sentía que estaba en otra superficie suave y mullida, pero esta vez, era sedosa en lugar de aterciopelada. Escuchaba lo que parecía ser agua golpeando vidrio y luego oyó un trueno, lo que significaba que estaba lloviendo. Un suave aroma floral entraba por su nariz. Su cabeza estaba apoyaba sobre un bulto suave y mullido, también sedoso.
Sentía que su cuerpo ya no temblaba, aunque seguía débil. Su mente trabajaba con algo de lentitud, buscando posibles respuestas que se aproximaran a este nuevo entorno. No lo creía conocido.
Su cueva era húmeda y de dura piedra; la casita que estuvo ocupando no olía bien y no tenía ventanas. Definitivamente, James no estaba en ninguno de esos lugares… ni mucho menos en el bosque.
Con esfuerzo, abrió los ojos despacio y con cuidado.
Estaba solo en una habitación. Y no una habitación cualquiera… sino que en una habitación bonita, ordenada, limpia y bien mantenida.
Estaba acostado en una cama matrimonial de roble; el colchón era muy cómodo; las almohadas eran grandes y mullidas; el juego de sábanas era de algodón color marfil liso; el acolchado era de microfibra celeste y lisa. El suelo era de cerámica marfil marmolada y estaba impecable. Las dos mesitas de luz junto a la cama tenían un velador de pie metálico. La habitación tenía un ventanal con vista a un bosque, el ventanal estaba cerrado y sus cortinas de encaje blanco estaban corridas para que aún se viera el paisaje. Había una mesita redonda junto a la puerta en la que estaban su gorra y su abrigo. Sus zapatillas estaban a un lado de la cama. Sus calcetines no estaban en ninguna parte.
Todo estaba limpio, ordenado y bien mantenido.
Entonces sintió que un delicioso aroma a comida entraba a la habitación. Su estómago gruñó exigiendo comida. James creía que era mediodía o de noche. La persona de abajo debía estar haciendo el almuerzo o la cena.
¿Cuánto tiempo habrá estado inconsciente?
Unos pasos suaves se escucharon en la escalera y luego cada vez más cerca de la habitación que él estaba ocupando.
James no se sentía capaz de incorporarse, así que se quedó donde y como estaba: acostado en la cama y de costado, mirando la puerta.
Una silueta se dibujó en la puerta y luego entró alguien a la habitación.
Era un muchacho de unos dieciocho años.
El corazón de James empezó a latir con agitación.
Era igual a él a los dieciocho.
El mismo cabello negro azabache indomable y corto; piel pálida; cuerpo esbelto; rostro delgado; anteojos; porte aristocrática. Era casi todo lo mismo, excepto dos cosas: una cicatriz en forma de rayo en la frente y ojos verde esmeralda. El muchacho tenía puesto un pantalón de jean azul, y camiseta negra, lisa y con escote en V. En sus pies tenía mocasines marrones.
Bien vestido, sencillo y elegante.
Ese joven no podía ser otro que su hijo.
Su Harry.
James estaba en la casa de Harry, con Harry y sin habérselo propuesto.
La persona que lo salvó en Seattle no pudo haber sido otra que su propio y joven hijo. Su hijo fue el que salvó su vida y ahora él se encontraba en su casa.
Se sintió avergonzado de haber sido descubierto en un momento de vulnerabilidad. Él no quería que su hijo lo viera débil.
- Despertaste –dijo el joven con una voz tranquila y suave, muy parecida a la suya.
Parecía aliviado. ¿Cuánto tiempo habrá estado inconsciente?
- Empezaba a preocuparme –dijo Harry con cuidado.
El estómago de James rugió y Harry sonrió levemente antes de levantarse.
- No te preocupes, ya te subiré el almuerzo –le dijo divertido.
James decidió hablarle… después de tantos años ya.
- ¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? –preguntó con una voz ronca y débil.
- Dos días. Tu cuerpo pasó por mucho dolor y necesitaba reponerse –contestó Harry ya serio y frunció el ceño antes de decir lo siguiente- Te salvaste de una grande, ¿sabes? Esa rubia no era humana. Tienes suerte de que tu hijo se haya obsesionado con su especie. Estaba dispuesta a torturarte antes de alimentarse de tu sangre.
James sintió que se estaba poniendo pálido del espanto. ¿Qué?
- Era una vampireza que se alimentaba de sangre humana. ¿Te haces una idea de lo que te habría hecho? ¿Ahora eres consciente del peligro que corriste? –le dijo Harry con severidad y James no lo juzgó.
James sabía que su hijo estaba en su derecho de ser duro con él. Por imprudente fue torturado y estuvo a punto de morir. Harry lo había salvado, pero también asesinó a esa… criatura. James entendía la dureza de su hijo, pero también notó algo en ella, en la voz y en los ojos de su hijo que le dio esperanza.
Harry era duro con él porque estaba preocupado, asustado. Harry estaba asustado de que algo le hubiera pasado. Harry lo había salvado, cuidado y ahora lo retaba porque quería que viviera y porque lo necesitaba.
Fue entonces que James lo supo. Harry seguía queriéndolo.
Mientras James se recuperaba, Harry había estado pensando, planeando y hablando con su jefe. No se había quedado a la espera del despertar de su padre porque tenía cosas que hacer y cosas que reflexionar.
El doctor Cullen lo había llamado para decirle que estaría fuera por más días: su viaje de tres días se había convertido en un viaje de diez. El doctor también le había dicho que en el hospital estaban avisados de que ni él ni su enfermero (Harry) trabajarían esos diez días. Algo que Harry agradecía porque el asunto de su padre iba a necesitar más tiempo que 48 horas.
Harry necesitaba ordenar sus ideas. Era consciente de que tendría que contarle toda su tormentosa y dolorosa vida a su padre, una vida larga, dolorosa y turbulenta. Una vida muy poco alegre, casi infeliz y carente de tranquilidad.
Era consciente también de que tendría que contarle sobre personas: Sirius, Remus, Dumbledore, Lily, Teddy, Snape, Colagusano y seguro de que le faltaba más en su lista mental. Vidas, traiciones, muertes, ahijados… Era mucho, casi demasiado. Demasiado dolor, odio y furia. Y todo tendría que contarlo Harry solo.
¿Lo peor? Harry debía contarle todo eso a un hombre que parecía haberlo pasado fácil ni bien.
Harry no era ciego ni tonto.
Había visto en su padre lo mismo que había visto en Sirius años atrás y odiaba ver esas cosas. No descartaba la posibilidad de que su padre había sufrido tanto o más que Sirius. Su padre y su padrino parecían haber sufrido un calvario inmerecido. Sirius había muerto siendo un hombre amargado e infeliz.
Harry tenía que hacer algo, no podía permitir que su padre muriera igual. Él quería que tuviera alegría en su vida. Trataría de ser un hijo que le hiciera sentir orgullo y alegría. Sabía que él era el único que podía poner luz, alegría y orgullo en los ojos de su padre. Tendría que esforzarse, pero lo haría.
Empezaría suave, le daría una serena bienvenida cuando despertara. Le sonreiría y sería suave con él.
No obstante, eso no quitaba el hecho de que estaba muy enojado con él por andar vulnerable caminando por la noche en una ciudad asolada por una oleada de asesinatos. Harry se había asustado cuando terminó de acomodar las cosas de su padre, había caído en la cuenta del miedo que sentía ante la idea de volver a perder a su padre. Y se lo pensaba hacer saber. Su padre debía entender el miedo que un hijo tenía de perder a su padre.
Harry decidió que sería protector con su padre, si tenía que ser protector para mantenerlo a su lado sano y salvo, lo haría.
Con respecto a lo ocurrido en Seattle… bueno, ahí había otra decisión tomada. No haría nada más. Una vez estuvo bien, pero no creía capaz de poder con dos. La primera vez no sería nada perjudicial para él, pero dos sí lo serían. Esta vez, no podría ser el héroe. Era demasiado arriesgado.
Su padre lo necesitaba vivo, sano y fuerte. Su padre necesitaba protección y cuidado de todo tipo. Estaba delgado, pálido y demacrado. Por su padre, Harry estaba dispuesto a dejar de ser el héroe de la historia. En estos momentos, su padre era lo más importante. Su padre lo necesitaba y Harry estaría ahí para él. Estaba dispuesto a hacer ese sacrifico si con eso lograba tener a su padre vivo y a su lado, lo haría si su padre formaba parte de su vida y de su futuro.
Después de todo: ¿no se había convertido en héroe para vengar a su padre?
Cornamenta necesitaba a su cervatillo y su cervatillo lo ayudaría a volver a galopar.
James se encontraba sentado en el sofá donde antes había estado acostado. Harry lo había ayudado a bañarse y le había dado ropa nueva de su talle. Su hijo le había confesado espiar sus cosas para saber su talle de ropa y cuánto calzaba. Al verse, James no pudo negar que Petunia había hecho un buen trabajo con él.
Su Harry tenía buen gusto y sabía ajustarse a distintas situaciones.
James no podía sentirse más cómodo. Tenía puesto una camiseta blanca lisa con escote en V y de algodón, un pantalón de gimnasia azul marino, pantuflas y un jersey azul. Tenía el pelo húmedo y todo él olía delicioso.
Harry era un anfitrión excelente también. Otra cosa que sería obra de Petunia.
Por no hablar de la casa. Una sutil mezcla de clase media y clase alta. Todo estaba limpio, ordenado y bien mantenido. No había nada que reprochar.
Harry también cocinaba. Otra cosa de Petunia, eso seguro.
James había tomado una deliciosa sopa de cebolla y bebido jugo de naranja. En esos momentos, él se encontraba delante de una chimenea encendida, sentado en un sofá forrado con terciopelo frente a una mesita dispuesta. En las manos tenía una taza de té humeante.
En la mesita había un plato con galletas caseras, una tetera de porcelana, una azucarera, una jarra de vidrio con leche y otra taza con su platito.
Esa tarde, Harry le había dicho que tendrían que hablar y su hijo aún no se reunía con él a tomar el té.
James había sentido que su hijo estaba algo nervioso y pensativo. Él también lo estaba. Sentía que Harry guardaba mucho. No había respondido a sus preguntas, a ninguna. Eso le preocupaba.
¿Qué podía estarle ocultando su hijo?
James sabía que él también tenía una historia que contar y lo haría. No quería ocultarle nada a Harry, quería abrirse a él y que él lo aceptara.
Observaba las llamas ensimismado en sus preocupaciones cuando percibió movimiento muy cerca suyo. Se volvió y vio que era su hijo que se había sentado y se estaba sirviendo una taza de té. Una vez que terminó de servirse, Harry se enderezó y lo miró con sus ojos verde esmeralda. La expresión de su hijo era seria y James entendió que había llegado la hora de hablar.
- ¿Estás bien? –preguntó Harry con tranquilidad.
- Sí, estoy bien. Ya no siento dolores aunque sí estoy un poco débil.
- Eso supuse –dijo Harry con un asentimiento y sacando un frasquito transparente con un líquido celeste de uno de los bolsillos de su pantalón de jean-. Ten. Es poción revitalizante, debería ayudarte.
James recibió el frasquito con una sonrisa de agradecimiento.
- Seguro que la elaboraste tú y que heredaste el talento de tu madre en pociones –aventuró James antes de darle un trago a la poción.
Cuando volvió a mirar a su hijo, vio que sus ojos se ensombrecían. ¿Por qué?
- Sí la elaboré yo, pero no heredé su talento. Me formé yo solo mi propio talento estando aquí y practicando –dijo Harry con voz fría y contenida.
James se dio cuenta de que Harry heredó el carácter de Lily, aunque también parte del suyo. Lily hubiese gritado, pero Harry contestó en un tono normal y frío. Se veía que Harry estaba contenido porque dejó su tasa en la mesita para formar puños con sus manos.
- Mi materia favorita es Defensa Contra las Artes Oscuras y me gusta Cuidado de Criaturas Mágicas –le dijo Harry más calmado. Su postura también se relajó y James se dio cuenta de que Harry era sincero, pero también vio cierto cariño en sus ojos cuando nombró la segunda asignatura. ¿Algún profesor o profesora al que te tenga cariño? Era posible.
- ¿Quidditch? –preguntó James con curiosidad.
Harry lo miró y le sonrió de forma torcida. Esa sonrisa le dijo a James que ese chico sí tenía genes mereodadores.
- Fui buscador del equipo de Gryffindor… –James sonrió ampliamente y Harry soltó una risita- desde primer año.
Esta vez, James no pudo evitar que una risa saliera de su boca. Y se sorprendió a sí mismo sintiendo su propia risa. Aún podía sonreír y reír, algo que él consideraba un milagro.
Harry veía a su padre riendo y sorprendiéndose a sí mismo por ello. No era tonto y se daba cuenta de que James Potter llevaba mucho tiempo sin sonreír y sin reír. Eso sólo podía significar una cosa: su padre había tenido una vida mala como Sirius. Por suerte, Harry estaba en condiciones de darle alegría.
Ahora sí podía dar lo que Sirius no pudo recibir de él y se lo daría a su padre.
Sacudió la cabeza y volvió a enfocar su mente en lo importante. Tenían que hablar. Lo suyo merecía una larga y seria conversación, por eso, Harry había decidido que lo mejor era que debía ser tomando el té. Carraspeó y miró a James con seriedad, cuando éste lo miró, dejó de reír y se calmó.
- Tenemos que hablar. Lo nuestro será una larga, dolorosa y seria conversación. Te invité a tomar el té porque quiero alivianar algo el peso de todo esto –dijo Harry seriamente. Puso su tasa con su platito en la mesita y después puso sus manos sobre su regazo- ¿Estás listo?
James también estaba serio, pero también preocupado. Se le notaba.
- ¿Empiezas tú o empiezo yo? –preguntó Harry.
Pasaron unos minutos hasta que James respondió:
- Yo lo haré –declaró finalmente.
Harry tuvo cuidado de no mostrar su curiosidad. Se moría por saber por qué su padre estuvo fuera de su vida tanto tiempo.
James tomó aire y empezó su historia.
- Cuando eras un bebé de un par de meses de vida, yo solía observarte dormir todas las noches, mientras Lily elaboraba sus pociones. Solíamos turnarnos para no dejarte solo. Te miraba dormir tan tranquilo y contento que olvidaba la guerra que había fuera de nuestra casa, olvidaba todos los problemas y la tristeza. Sólo existías tú.
Recuerdo que una noche llovía mucho y que tú te despertaste con un trueno y que te asustaste con unos relámpagos que iluminaron toda tu habitación. Fui corriendo a verte, te tomé en brazos y sólo te calmaste cuando tuviste una oreja pegada a mi corazón, le calmaste escuchando mis latidos. Sentirte tan asustado me asustó a mí también, la diferencia eran las razones. Tú estabas asustado sólo por el tiempo, pero yo tenía miedo de que algo nos separara definitivamente. No quería dejarte solo en el mundo y tuve una revelación: yo quería seguir con vida por ti. Tú me necesitabas y yo no quería separarme de ti. Sí, amaba a Lily, pero tú eras más importante en esos momentos.
Investigué como y cuánto pude formas de seguir vivo, encontré varias opciones, pero no pensaba llevarlas a cabo. Me enteré de la existencia de los Horrocruxes, pero me parecían muy oscuros y yo no pensaba arriesgar nada. Como último recurso recurrí a la información ancestral, libros, hechizos, pociones y rituales a la que sólo un Potter puede tener acceso. Cosas que pasaron de padres a hijos. Allí encontré lo que buscaba.
Se trataba de un ritual por el que se podía a unir a padre e hijo de una forma tal que no se pudiera sucumbir a la muerte. Se necesitaba mucho poder, una poción, sangre de los dos (tuya y mía) y debía hacerse en una situación específica. Era muy difícil y muy peligroso, pero yo estaba tan desesperado y decidido que lo hice. Afortunadamente, pude contar con Sirius…
- ¿Sirius? –preguntó Harry desconcertado y ahora molesto con su padrino.
Sirius bien pudo haber sabido que su padre estaba vivo y Harry estaba seguro de que habría estado dispuesto a lo que sea con tal de recuperar a su padre. ¿Por qué ocultarle algo así? Era cierto que él era muy joven cuando trató a Sirius, pero no era estúpido ni cobarde, era un adolescente capaz de soportar algo así y mucho más de proteger a su padre. Harry había guardado secretos casi siempre a los demás y guardar un par de secretos más no lo habría matado.
James asintió, ajeno al disgusto de su hijo.
- Él me conocía demasiado bien como para saber que algo serio me estaba pasando, yo se lo conté todo como siempre lo hacía y él se ofreció a ayudarme. Se encargó de distraer a Lily cada vez que yo lo necesitaba, porque yo no quería que nadie más supiera lo que pensaba hacer. Tu madre menos, ella se habría enfurecido e interpuesto en mis planes.
El ritual tenía como objetivo introducir en ti una parte de mi alma, de esa manera los dos seguiríamos con vida y sabríamos cuando uno moría, se establecería una conexión entre los dos que no podría romperse por otra cosa que no fuera la magia de los Potter, nuestro linaje.
Aún no logro entender cómo es que di con ese ritual y con semejante poder. El poder utilizado era muchísimo y yo nunca había encontrado nada de ese hechizo en la biblioteca de la mansión Potter, la casa familiar principal, mi hogar. Jamás creí que nuestro linaje contuviera tales secretos.
No te asustes con la parte de mi alma, hijo. Ese fragmento puede regresar a mí y tú serás libre si así lo deseas. No eres un horrocrux ni mi cuerpo sufrirá alteraciones. Es magia ancestral y benigna, no magia tenebrosa.
Harry asintió, pero unas preguntas acudieron a su mente.
- ¿Nunca moriste? –preguntó, James negó con la cabeza y Harry siguió- ¿Alguna vez íbamos a estar juntos, de nuevo?
- Sí.
- ¿Y…? –Harry quería preguntar por Lily, pero no sabía cómo referirse a ella ante su padre, él aún no sabía nada de su vida. Por fortuna, no fue necesario que terminara su pregunta porque su padre entendió a quién se refería él.
- No, Lily no sabía nada. Yo nunca encontré el valor de contárselo. La idea era tomarte en brazos y desaparecer, empezar una nueva vida lejos de tanta muerte. Mis padres ya estaban muertos, por lo que tú eras mi única familia de sangre. Yo quería desaparecer y escapar lejos para darte una vida libre de guerras, quería darte una buena vida, normal, tranquila y alegre, quería hacerte un niño feliz –dijo James cerrando los ojos por la tristeza y la derrota del pasado.
Harry escuchaba todo y veía que sí podría haberse logrado el plan de su padre. James sólo tenía que tomarlo en sus brazos y huir, pero no podía hacer nada sin hablar con su esposa y madre de su hijo.
Fue entonces que Harry sintió un leve tironcito en su corazón. Una intuición inquietante.
¿Y si, muy en el fondo, James no confiaba plenamente en Lily? Cabía la posibilidad de que James sintiera una cierta desconfianza hacia ella, en lugar de falta de valentía. ¿Y si la falta de valentía de James era desconfianza?
Harry había aprendido que las cosas pasaban por algo.
Y ahora que pensaba en eso, Harry tenía la corazonada de que Sirius se había callado porque quería ocultar a su mejor amigo de Voldemort. Harry consideraba propio de su padrino el que quisiera guardarse ese secreto con la esperanza de "redimirse" (Harry no lo culpaba a Sirius, pero Sirius ya se culpaba a sí mismo). Sirius ya le había "fallado" a su amigo y no habría querido hacerlo de nuevo. Además, Sirius también podría haber pensado en la posibilidad de que Harry descubriera el secreto de su padre tarde o temprano. Su padrino siempre supo que le gustaba hacer de detective y Harry estaba seguro de que su querido y difunto padrino había puesto esperanza y su confianza en que Harry utilizara su inteligencia y su curiosidad para llegar a su padre.
Sirius había confiado mucho en él. Sirius lo conoció bien en sólo dos años.
- Pero no fue así. Voldemort llegó, atacó y yo no pude reaccionar. Sirius intentó salvar mi plan tomándote en brazos y haciendo el intento de escapar contigo, yo entendí que él pretendía escapar y esperar a que yo me reuniera con ustedes. Te juro, hijo, que así iba a ser… Pero apareció Hagrid con órdenes de Dumbledore de llevarte con los Dursley. Sirius no pudo oponerse y yo aparentaba estar muerto, sólo podía saber lo que ocurría con mis sentidos. La única salida para ti que me quedó fue confiar en que tu tía Petunia te diera lo que yo ya no podía darte.
Yo entendí que no podía hacerme cargo de ti en mi situación. Puse mi confianza en que Petunia te criara, te diera alimento, techo y te escondiera de mortífagos deseosos de venganza. Ella sabía de Voldemort y de los mortífagos, y yo confié en sus conocimientos tanto de nuestro mundo como de crianza de bebés.
Sirius fue tras de Peter, Hagrid te llevó con los Dursley y yo me quedé esperando a que me enterraran vivo dentro de un ataúd en una tumba del cementerio del Valle de Godric. No me quedaba más nada. Yo no podía hacerme cargo de mi hijo, no podía despedirme de mi esposa, no podía ayudar a Sirius contra Peter, ni tampoco podía ahorrarle a Sirius ir a prisión. Una declaración mía habría bastado, pero no podía. Ya me habían dado por muerto.
Mi vida se había derrumbado, mi familia se había destruido y yo no podía hacer nada –James decía todo esto llorando.
Harry le creía todo y veía una diferencia abismal entre la historia de su madre y la de su padre. La de su madre estaba plagada de falta de ética y la de su padre estaba llena de dolor. La de su madre era desconcertante y la de su padre era lógica.
- Me dolió horrores, pero dejé que te apartaran de mis brazos para que tuvieras una vida. Sabía que Petunia podía darte lo que yo ya no podía y no me equivoqué. Ahora que te veo ante mí puedo ver que mi sacrificio valió la pena, mi dolor tenía sentido y mi confianza no fue traicionada. Estás vivo, sano y fuerte –le dijo su padre con los ojos brillantes. James se acercó a él, le tomó el rostro con las manos y sonrió un poco-. Y ya no pienso separarme de ti. Sólo espero que me aceptes de nuevo en tu vida para que seamos una familia.
Por favor, Harry. Te suplico que no me alejes de ti. Será como tú quieras, donde tú quieras. Aquí o en Inglaterra. En esta casa o en la mansión Potter. Lo único que quiero es que seamos una familia.
Harry no supo que él también lloraba hasta que su padre le limpió las lágrimas con sus dedos. Todo lo que su padre le decía le despertaba emociones contradictorias.
Sentía amargura, dolor, furia y odio por no haber poder tenido la vida que su padre quería darle.
Sentía alivio porque su padre no lo había abandonado de la misma forma que Lily. Su padre lo abandonó para darle una vida, permitió que tía Petunia se hiciera cargo de él porque prefería que sobreviviera. Lo dejó para mantenerlo vivo y sano.
Sentía alegría al saber que su padre estaba vivo, frente a él y pidiéndole formar una familia.
Se sentía reconfortado al saber que aún podía mantener vivo a su padre.
No estaba enojado, ni dolido ni nada de eso por lo que su padre hizo con él. Al contrario, estaba aliviado y contento de saber que una parte de su padre estaba dentro de él.
De pronto, la realidad le golpeó en la cara.
Su padre no sabía su vida.
Agarró las muñecas de su padre y separó sus manos de su cara haciendo un esfuerzo enorme para no sucumbir a alguna muestra de cariño. Cerró los ojos con fuerza y volvió a abrirlos adoptando tanto una expresión como una postura seria.
Lo que tenía que contarle iba a ser muy doloroso, por no decir muy largo. No era necesario ver a su padre a la cara para saber que su gesto le había dolido mucho, pero no podía permitirse muestras de cariño ahora. Quizá después sí, pero ahora lo llamaba el deber.
- Aunque me hayas contado tu historia y me hayas pedido volver a mi vida, esto no ha terminado. Estamos lejos de cerrar la conversación –dijo Harry severamente.
James pareció entender a qué se refería porque se enderezó en su lugar y se puso serio. Harry se dio cuenta de que su padre había interpretado correctamente las señales. James comprendió que su hijo iba a contarle algo serio que podría romperle el corazón.
- Dijiste que saber de la traición de Colagusano, como también de que Sirius fue a prisión y yo con los Dursley –recordó Harry, aflojando su voz.
- Sí, así fue y así es.
Harry asintió con la cabeza y empezó a hablar:
- Colagusano explotó una calle de Londres asesinando una docena de muggles inocentes. Sirius lo había acorralado y esa rata improvisó. Se cortó un dedo, explotó la calle y desapareció, haciendo creer a todos que había sido Sirius el causante de todo. Colagusano gritó a los cuatro vientos que el traidor era Sirius y la gente le creyó… -Harry paró un poco para preparar a su padre para las siguientes tres palabras, James lo captó- incluido Remus Lupin.
James cerró los ojos como si le hubiera golpeado. Harry lo entendió, debía ser muy duro para él saber que sus amigos perdían la confianza entre ellos. Harry nunca había pasado por algo así, pero podía hacerse una idea.
- Sirius fue llevado a Azkaban a cumplir una condena de cadena perpetua sin juicio previo, le negaron la oportunidad de defenderse. Por lo que él me contó, fue Barty Crounch padre el que lo mandó a prisión. Estuvo allí hasta mi cumpleaños número trece. Fue el único recluso que dio con la manera de escapar y tuvo éxito.
Yo nunca supe de la existencia de Remus Lupin hasta ese año. Los conocí a los dos ese mismo año. Los Dursley no sabían que yo tenía un padrino ni tampoco sabían que esos dos amigos tuyos existían. De Sirius supimos por medio de una primicia de un telediario muggle y yo no supe de Lupin hasta que me lo encontré en el tren camino a mi tercer curso en Hogwarts.
Como ya sabes, fui criado por los Dursley. Aunque la razón por la que viví con ellos no fue la que tú deseabas –James lo miró muy confundido, así que Harry decidió ir directo-. Dumbledore utilizó el "sacrificio" –cabe decir que ahora Harry pensaba en otro motivo por el que seguía vivo, además de que parecía que el profesor Dumbledore se había equivocado mucho en esto- de mamá –fingió al decir "mamá"- y lanzó un hechizo sobre la casa de tía Petunia, de esa forma, yo estaría completamente protegido siempre que esa casa fuese mi hogar.
- Un hechizo de sangre, magia antigua muy poderosa –entendió James, al instante.
- Así es. Estuve con ellos, me criaron. Tengo un primo un mes mayor que yo…
- Dudley –asintió James al recordar la correspondencia entre Lily y Petunia-. Petunia le escribía a Lily sobre su hijo… en realidad, una le contaba a la otra sobre su hijo. Lily sabía también de Vernon y Dudley, como Petunia debía saber de mí y de ti.
- Estuve oculto del mundo mágico hasta los once años. Los Dursley no me contaron nada de la magia, nada del mundo mágico. Tampoco me contaron acerca del ataque de Voldemort, me dijeron que tú y mamá habían muerto en un accidente de coche.
Harry sabía que le estaba ocultando muchas cosas a su padre, pero lo cierto era que no quería que su padre supiera cuánto sufrió con los Dursley. Ya bastante tendría con lo otro: Voldemort, Lily, la guerra, los Longbottom, Dumbledore, Sirius, Remus… En fin, lo de los Dursley era nada comparado con eso. Por lo menos, James ya sabía de la traición de Colagusano y de la condena injusta de Sirius. Harry creía que ya había tenido mucho tiempo para asimilarlo y convivir con ello. Esas dos cosas eran pesadas y Harry se sentía mejor no contándole lo de los Dursley. Él quería ser sincero, pero también quería que su padre no sufriera. Además, no era necesario que supiera de los maltratos. Ese gran capítulo de su vida estaba cerrado, ya se habían otorgado los perdones y las cosas ahora eran diferentes. Las cosas ahora eran muy diferentes. Reabrir ese capítulo sólo haría daño y traería a la superficie malos recuerdos.
Su padre no merecía sufrir con eso. Harry ya había superado su mala infancia y los Dursley habían cambiado, como también su relación.
- Entiendo. Petunia no habría encontrado la forma de contarte eso. ¿Cuándo lo supiste y quién te lo contó? –dijo James. Harry se daba cuenta de que a su padre no le habría gustado que su hijo supiera de eso siendo muy pequeño. Petunia le había dicho lo del accidente a los tres años.
- Me lo dijo Hagrid a los once. Fue él el que me entregó la carta de Hogwarts y el que me introdujo al mundo mágico –James suspiró por más de una razón-. Él también me contó más cosas.
- Hasta ahora, no mencionaste a ningún ministro. ¿Quién fue el ministro de magia en aquél entonces, cuando tenías once años? ¿Hasta cuándo lo fue, qué edad tenías tú cuando dejó de serlo?
- El ministro era Cornelius Fudge y lo fue hasta casi mis dieciséis años –dijo Harry procurando no poner emociones que lo traicionaran en evidencia, trató de sonar casual, restarle importancia.
- ¿Qué? –exclamó James envarándose en su lugar y con una expresión mezcla de disgusto y desconcierto- ¿Él? –cuando Harry asintió, frunció el ceño enojado- Recuerdo a ese tipo y te puedo decir, hijo, que nunca me cayó bien. Nunca lo creí un hombre sincero, valiente y sensato. No puedo creer que haya sido ministro. Pobre de nuestra comunidad. Seguro que hizo de las suyas ese… idiota tramposo.
Harry escuchaba y veía a su padre despotricar contra Fudge y tuvo la certeza de que James Potter podría haberle ocasionado problemas a Fudge en su tiempo de ministro. Harry podría casi no conocer a su padre, pero no le cabía duda de que él también habría hecho de las suyas. Seguramente, su padre le hubiese tendido trampas y hecho bromas a Fudge hasta demostrar a la gente lo tramposo y tonto que era.
Harry no pudo evitar sonreír breve e imperceptiblemente al comprender de dónde había sacado su espíritu revolucionario. Por lo que había oído de sus padres, el más revolucionario había sido su padre… y Harry había heredado ese rasgo de él.
Si su padre lo hubiese criado y acompañado hasta la edad que tenía… bueno, la historia habría sido muy diferente y más interesante. Harry no dudaba en que James habría sido capaz de ir a Hogwarts personalmente a felicitar a su hijo y sus amigos por la creación del ED.
- ¿Qué sigue? –preguntó James con sequedad. Seguía disgustado con lo de Fudge, pero también quería saber de la vida de su hijo.
Harry respiró profundo y empezó a hablar, pero hablar de verdad.
Le contó de Gringotts, su varita, Draco Malfoy, su regreso a Privet Drive, su primer viaje a Hogwarts, Crabbe, Goyle, Ron, Hermione, Neville, su selección (lo de Slytherin incluido)… todo lo de su primer año (piedra filosofal incluida y lo que aquello implicó), siguió con el verano siguiente a eso, su segundo año, la cámara secreta de Slytherin y siguió hablando de todo hasta llegar a su tercer año. A esta parte de la historia la hizo más detallada sabiendo que era la parte que más le interesaba (hasta ahora) a su padre. Siguió con el verano y año siguiente (el Torneo de los Tres Magos y sus implicancias). El quinto año le costó mucho, pero intentó lo que pudo… sobre todo al final porque esa parte también era muy importante para James. El sexto año le siguió. Siguió con el tema "Ginny" (a pesar de todo lo descubierto, James puso especial atención a eso con la sensación de que ésa historia no tendría fin… su instinto paternal le decía que se trataba de LA pelirroja de su hijo… la futura señora Potter). Continuó con lo ocurrido en el verano y en la guerra total contra Voldemort. Le contó su misión. Le habló de Teddy Lupin. La contó lo que sabía de la batalla final… Y cortó ahí para darle tiempo a su padre.
James escuchaba y digería todo. Sufría, se alegraba y se interesaba. Todo era importante para él, aunque unas cosas más que otras. La vida de su hijo había sido tormentosa y dura, pero todo era importante porque no sólo se trataba de la vida de su hijo. James era consciente de que la vida de su hijo era la historia de la Segunda Guerra Mágica.
James asimilaba y pensaba en todo mientras Harry permanecía en silencio y atento. Lo siguiente era lo que descubrió de Lily, la esposa de James.
Harry era consciente de que lo siguiente podría despertar tanto la furia como el odio en su padre. Harry ya había decidido expulsar a Lily de su vida, verla con frialdad y ¿por qué no? altanería… Pero, ¿y James? Harry estaba seguro de que su padre desearía revivir a Snape para asesinarlo personal, lenta y dolorosamente… pero no sabía cómo reaccionaría con Lily.
De pronto, James levantó la cabeza y clavó sus ojos avellana en los ojos verdes de Harry… y él vio que había llegado el momento. James ya sentía de que faltaba una pieza en el rompecabezas, una pieza grande… una que era la gota que rebalsó el vaso, la que catapultó a Harry a irse a Estados Unidos.
- Si ya tenías una vida formada en Inglaterra, ¿por qué viniste aquí? ¿Qué pasó?
James había escuchado muchísimo y asimilado esa información. Fue muy difícil y realmente doloroso. Estaba sorprendido de sí mismo por la cantidad y clase de cosas que podía asimilar sin sufrir ningún ataque. La historia que Harry le había contado era larga y muy dura, por no decir muy dolorosa también. James creía que la razón por la que seguía lúcido y entero era el ver a Harry ante él, sano, salvo, lúcido, fuerte y tranquilo. Harry estaba bien y había sobrevivido a esa vida, era un chico fuerte que seguía dando guerra. Su hijo era todo un Gryffindor.
No obstante, James sentía que algo faltaba. Había algo que no cuadraba.
Harry le había dado a entender que en Inglaterra tenía una vida formada. Amigos, novia, estudios, una carrera elegida, un puesto de trabajo prometido, una casa, familias (una biológica y otra adoptiva), gente que lo quería, gente que él quería. Harry tenía todo allí. El mundo mágico lo honraba y adoraba.
¿Por qué dejarlo todo? ¿Por qué irse a otro continente y formar algo en el mundo muggle? ¿Qué podría haber pasado para que Harry deseara irse solo tan lejos?
Por la forma en que Harry hablaba de su vida en Inglaterra, James se daba cuenta de que su hijo disfrutaba de ella.
¿Qué podría haberle pasado?
Cuando se lo preguntó, notó la reacción de su hijo. Se envaró en su lugar e inhaló.
James supo que algo grave había sucedido, algo muy grande.
Había llegado el momento.
James Potter sabría la verdad sobre Lily, anteriormente Potter.
- No fue por vacaciones, ¿verdad? –dijo James con cautela y seriedad- De serlo, no estarías trabajando ni tampoco te habrías quedado tanto tiempo aquí.
Harry estaba callado, escuchando cómo su padre empezaba a sospechar de que algo grande y grave había sucedido. El hombre parecía ser muy intuitivo porque ya había palpado que debajo de todo lo que había logrado en Forks, había algo. Todo tenía una razón de ser y James ya estaba cerca. James ya sentía que algo había pasado, una razón muy poderosa para que su hijo dejara todo lo que amaba. James ya se había percatado del cariño y la añoranza con la que había hablado y recordado su vida del otro lado del océano Atlántico.
La guerra había terminado, sus amigos estaban en contacto con él, al igual que su novia, sus familias y el ministro. Además, Kreacher se las había ingeniado para hacerle llegar El Profeta para que Harry estuviera al tanto de lo que pasaba en el mundo mágico británico.
Una pequeña idea inquietante apareció en la cabeza de Harry: James podría encontrarse con uno de esos periódicos.
Si él no le contaba lo de Lily ahora, James lo leería en uno de esos periódicos en cuanto encontrara uno.
Bueno, mejor que sea yo y ahora, pensó Harry.
Tomó aire y empezó a contar ese pedazo de historia.
- No eres viudo –dijo a modo de inicio.
James abrió los ojos como platos y entreabrió los labios.
- ¿Qué? Pero yo… -comenzó a decir, pero Harry lo interrumpió… sintiéndose más valiente y lanzado.
- Nunca lo fuiste. Lily nunca murió. Como tú, siempre estuvo con vida… Sólo que de distinta manera y por motivos diferentes.
- ¿Qué quieres decir? –preguntó un James inquieto.
- Recordarás que te conté la influencia que tuvo Snape en la profecía y en la formación de mi destino.
- Sí… -asintió James, mirando hacia la chimenea, pero luego se giró para mirarlo a los ojos de nuevo- Espera, no me digas que… él…
Harry asintió con un poco de pesar, por su padre.
- Sabes que Snape siempre estuvo enamorado de Lily y que a ti te odiaba –James asintió-. Bueno… Snape no quería arriesgarse a que Lily muriera y le inyectó algo para que todos la creyeran muerta. Nos hizo creer a todos que Lily estaba muerta. Todos creíamos que yo era huérfano y el único de la familia en seguir con vida.
- Cerdo infeliz –gruñó James con las manos en puños e ira.
Harry volvió a asentir.
- Snape también le hizo creer a Lily que nosotros dos estábamos muertos. La ocultó de todo y a ella le negó saber la verdad, de esa manera, la tenía para él solo.
James empezó a respirar rápido.
- ¿Y es que ella tampoco se preocupó en conocer otras versiones? Estoy seguro de que Dumbledore hubiese preferido que te criara ella, él te habría entregado a tu madre con más ganas. Eso hubiese sido mejor para todos –pero al ver la cara de su hijo, no necesito respuestas en voz alta-. Pero no fue así. Ella no se preocupó como debería haberlo hecho.
Harry prefirió quedarse callado, presintiendo un estallido.
Bueno, en algún momento debe explotar. Mejor ahora que después, pensó Harry. Sinceramente, tenía la esperanza de que su padre también decidiera expulsar a Lily de su vida. Harry quería que explotara contra ella y parecía que su deseo iba a cumplirse.
James culpaba más a Lily que a Snape y Harry lo entendía. James siempre supo qué tan malo era Snape, pero no que Lily prefiriera la versión de éste a la de otros. Seguramente, lo de Lily era peor que lo de Snape. Su padre siempre supo de la maldad en Snape, por lo que no era una sorpresa para él.
James se levantó y empezó a caminar de un lado a otro a causa de la adrenalina que le enojo ponía en él.
James sabía que algo no cuadraba y ahora que sabía de qué se trataba, la furia acudía en su ayuda. El sentimiento de la traición no lo dejaba sentir dolor, ni tampoco su orgullo. Él no sentía dolor por haber sido traicionado por la que era su esposa y la madre de su único hijo. Ya había sufrido suficiente con todos los rechazos de Lily en Hogwarts.
Fue entonces que entendió a su hijo.
Harry sí había sentido dolor al saberse abandonado por su madre. Él se habría sentido tan dolido, traicionado, furioso y lleno de odio que decidió largarse de allí. Harry dejó todo para huir de Lily. Harry quería alejarse del dolor y la traición y lo había logrado.
Ahora que entendía todo a su hijo, se sentía capaz de pensar un poco mejor.
Harry casi ni había llamado a Lily "mamá", la única vez que lo hizo fue con falsedad. Harry ya no la consideraría madre. Para él, ella ya podría no ser considerada familia.
James se percató de que Harry no veía en Lily un instinto maternal fuerte. Él sabía que su hijo sabía lo que era gracias a la imagen materna que Molly Weasley fue para él. Esa mujer fue la imagen materna que Harry tuvo durante años y fue la mujer que formó en la mente de Harry ciertos estereotipos, como por ejemplo, cómo debía comportarse una verdadera buena madre.
Molly Weasley había matado por sus hijos.
Pero, ¿y Lily?
Lily lo abandonó y no creía que Harry la perdonara alguna vez. James veía que su hijo también era orgulloso. Los Potter eran hombres orgullosos y ni Harry ni él eran excepciones.
Lily había herido el orgullo tanto del padre como del hijo y de eso no había vuelta atrás.
Harry también le contó las medidas adoptadas contra Lily y James estuvo de acuerdo.
Ella no se merecía conocer al ahijado de su hijo como tampoco a la que habría sido su nuera. Tampoco merecía conocer a los mejores amigos de Harry (Ron Weasley y Hermione Granger).
James iba a disfrutar de la familia que su hijo deseaba formar con su pelirroja. James conocería a los mejores amigos de su hijo y a la futura señora Potter, vería a sus nietos crecer y formaría parte de esa buena vida que su hijo ya tenía. James ya se veía siendo feliz, a pesar de todo. Podía imaginarse a sí mismo como ese abuelo que malcriaba a sus nietos y estaba seguro de que uno de ellos sería su sucesor… Cornamenta II.
Todo el dolor que tanto él como su hijo habían pasado había valido la pena.
Él sabía que juntos podrían enfrentar lo que viniera.
Lo que sea que estuviera por venir, ellos lo enfrentarían a lo Gryffindor y a lo Potter.
