Capítulo 25: Preludio

- No puedo creer que me convencieras para hacer esto –dijo Harry, enojado.

James miró a su hijo y no pudo evitar sacudir la cabeza con una sonrisa. Harry podía ladrar todo lo que quisiera, pero no le iba a hacer nada. Algo que James sabía y de lo que se aprovechaba. Había sido el marido de una Evans y seguía siendo el padre de otro. Su hijo era un temperamental y orgulloso Evans, pero tenía un corazón tierno y de oro. Tendría ya diecinueve años, pero seguía siendo su bebé.

Harry sería su cervatillo siempre.

En esos momentos, el bebé estaba al volante, apretándolo tan fuerte que tenía los nudillos blancos. Miraba fijo al frente con los ojos entrecerrados y la mandíbula afeitada tensa. Estaba derecho en su asiento, tenso.

El interior del auto era agradablemente cálido y olía a nuevo. Era un auto nuevo. James lo había comprado durante su escapada a Inglaterra. Era un Ford focus negro. James lo había comprado, sí, pero más para que Harry lo condujera. Él no sabía manejar y prefería disfrutar de ser acompañante.

James estaba muy agradecido de cómo Vernon Dursley le había enseñado a su hijo unas cuantas cosas… conducir era una de ellas. Harry le había contado que su tío le había enseñado a manejar antes de que volviera a Hogwarts a empezar su último año. Harry se lo había pedido porque se había ido a vivir solo a Grimmauld Place y no podría trasladarse como mago en Londres. Además, lo muggle era muy fuerte en él y no se le iría nunca. Harry quería ser independiente. Su hijo también le había contado que el auto que se había comprado era un Jaguar xe rojo y que lo guardaba en un garaje cerca de la casa donde vivía (la que Sirius le heredó).

Aunque también, a ese auto no lo usaba sólo Harry. Ron también manejaba. De hecho, esos dos habían elegido el color del auto. Como los Gryffindor que eran, les gustaba mucho el color rojo. James estaba seguro de que Remus, Sirius y él habrían escogido del mismo color: rojo. ¿Qué se le podía hacer? ¡Eran orgullosos Gryffindors hasta la médula!

Bueno, ese auto era negro por una razón. Era un auto Potter y los hombres Potter tenían pelo negro. Era estúpido, pero inevitable.

En el asiento trasero estaban sus abrigos y habían metido sus maletas en el baúl. La idea era quedarse unos pocos días. Tenían que hacer algunas cosas y necesitaban (como querían) hacer otras. Este no iba a ser un viaje fácil ni pacífico.

Harry necesitaba ver al ministro y a otras personas más, como también debía hacer algunas visitas al banco y algunos negocios.

James quería reencontrarse con la tía de su hijo y conocer a algunas personas muy importantes para su hijo. Quería conocer a los Weasley y a Hermione Granger. Si bien ya conocía a los Weasley, sólo los conocía como colegas de la Orden del Fénix. No, James quería verlos bajo otra luz. Quería establecer lazos duraderos y familiares con aquellos que adoptaron emocionalmente a su hijo. Sentía que les debía muchísimo a Arthur y Molly Weasley por tratar a su Harry como si fuese su propio hijo, también quería ser algo así como un tío para los hijos Weasley. Sobretodo, quería ayudarle al gemelo que seguía vivo a superar la pérdida del otro. James era tan hijo único como su propio hijo, pero Sirius era como su hermano. Él sabía lo que era perder a alguien tan querido y tan cercano, por lo que entendía el dolor del gemelo Weasley.

George Weasley.

James sonrió.

Muy pronto ese muchacho conocería a uno de sus grandes ídolos: Cornamenta. Y lo mejor, se enteraría de lo cerca que estuvo de otro: Canuto.

Harry se veía enojado y lo sabía, pero no se sentía sólo así. Estaba preocupado, asustado, inseguro, molesto y cauteloso.

Él no quería volver a Inglaterra, pero su padre no paró de insistir y señalar tantos los pros como los contras hasta que acabó aceptando el viaje de lo mucho que su padre lo hartó. A regañadientes tenía que admitir que había heredado la terquedad de su padre y que él también podía ser así de obsesivo. Ron y Hermione podían confirmárselo sin ningún problema porque lo conocían muchísimo desde los once años. De tal padre, tal hijo.

Por supuesto, Harry había tomado sus medidas. No pensaba ir a Inglaterra (arrastrado por su padre) sin algo trazado. Había redactado y enviado cartas a determinadas y pocas personas. Kingsley, Ron, los señores Weasley, Andrómeda y había llamado por teléfono con su tía. Intuía que su padre querría visitar a su tía y a los Weasley, pero Harry no permitiría que lo hiciera desprotegido. Los Dursley podrían hacerle daño y los Weasley habían sufrido una guerra… había perdido a uno de sus hijos y casi pierden a su única hija mujer (por no decir la más pequeña de sus hijos.

Definitivamente, no. Su padre no los vería sin que él (Harry) hubiese preparado el terreno. El riesgo era realmente grande. Ni hablar.

A su tía le había dicho que iría alguien que la conocía muy bien desde antes de que él naciera y le había rogado que no lastimaran de ninguna manera a la persona que los visitaría. También le prometió una buena explicación. Harry se alegraba tanto como se aliviaba el que su tía fuera tan intuitiva como él porque la mujer pareció presentir algo relacionado con James Potter y cuando Harry no la desvío, tía Petunia empezó a prepararse totalmente: psicológica, mental y físicamente.

Harry creía que ser su tía la hacía diferente porque, en cierta manera, ella formaba parte de su tortuosa historia.

Increíblemente, Harry agradecía lo de Lily porque eso le facilitaba lo de su padre y se aprovechaba de eso.

Eso sí, Harry tenía miedo de que Lily hiciera una visita a su tía cuando su padre estuviera en la casa de los Dursley. No podía imaginar el enfrentamiento entre Lily y James Potter. Sabía que si sucedía, algún hechizo o maleficio saldría de alguna de las dos varitas. Lo más posible era que fuera su padre el que ataque.

Con respecto a Andrómeda, Harry no pensaba hacerle una gran visita. Había recibido una carta de la mujer que dio lugar a una conversación entre padre e hijo que acabó en una decisión. Ni a Harry ni a James les había alegrado tomar esa decisión, pero sabían que era necesaria.

Lily estaba cerca de las cosas de Harry y, al parecer, no le temblaba mucho el pulso a la hora de meterse con cosas delicadas. Un ejemplo de eso era el que hiciera presencia en el cementerio del Valle de Godric, donde se suponía que estaba enterrado el padre de su hijo y marido. Otro ejemplo era el que apareciera en Privet Drive, donde Harry había crecido. Otro ejemplo: aparecerse en La Madriguera, donde Harry había pasado buenos veranos con la familia Weasley.

No, tenían que hacer algo antes de que fuera demasiado tarde.

Harry podía tolerar el que esa mujer visitara la casa de los Dursley y la de los Weasley porque sabía qué clase de personas conformaban esas familias. Tía Petunia odiaba a Lily y tío Vernon odiaba a casi todo el mundo mágico, ambos podían ser muy agresivos y Harry siempre supo que se lo dejarían bien claro a cualquiera… sobretodo a Lily. Por el lado de los Weasley… bueno, ellos habían quedado muy afectados con las dos guerras… la señora Weasley más que nadie: primeros sus hermanos y ahora uno de sus hijos. Y el señor Weasley podía ser muy amigable, pero podía ser tan temible como amigable. Harry lo había visto.

Tanto los Dursley como los Weasley podían solos contra esa mujer.

No, el miedo de Harry era Andrómeda.

Esa mujer había perdido casi toda su familia por culpa de la guerra y no era una mujer joven. Además, bajo su cargo tenía otro cachorro merodeador: el hijo de Lunático. Un bebé que llevaba el apellido Lupin. Y por si no era suficiente, estaba registrado como ahijado de Harry Potter.

Ni James ni Harry pensaban permitir que Lily descubriera la existencia de ese pequeño. Y si lo descubría, entonces tendría que vérselas con ambos hombres Potter… lo que podría costarle mucho. James contaba con el conocimiento ancestral Potter y ser experto de Transformaciones; Harry tenía los conocimientos de un niño que creció en la guerra, era experto en Defensa Contra las Artes Oscuras y el mejor duelista de su generación (según le dijeron). Con esos dos juntos, Lily no iba a poder. Además, tanto el padre como el hijo eran muy poderosos. Harry era uno de los magos más notables de su época y James tenía sus hazañas hechas.

Por no decir que ambos eran iguales de tercos y con tendencia a ser obsesivos.

La carta que Andrómeda le había escrito a Harry había preocupado tanto al padre como al hijo.

Estimado Harry:

Te escribo porque estoy preocupada, muy preocupada. Se trata de Teddy y Lily, aunque también de Remus.

Sé lo difícil que todo esto debe ser para ti, no por nada te fuiste a Estados Unidos y todos los que te conocemos lo entendemos. También sé que sabes lo que está pasando aquí. Tu tía dijo que seguían recibiendo El Profeta, como también dijo que te tenían al tanto de la situación. Por lo que sabemos que estás al tanto.

Como bien saben todos, Remus Lupin tuvo un hijo y te nombró su padrino. Mi nieto es tan hijo de merodeador como tú y estoy segura de que Lily vendrá por él en cuanto sepa de su existencia. Ahí está el problema.

No me creo capaz de batirme a duelo con esa mujer, varios años más joven que yo y mejor duelista. Necesito que intervengas. No lo hagas por ti ni por mí, hazlo por tu ahijado. Lo estuve pensando y creo que lo mejor es que vengas a llevártelo. Inglaterra no es lugar para él en estos momentos. Sé que me va a doler, pero también sé que es lo mejor para él. Si Lily encuentra sus papeles, verá que también es hijo de un merodeador y que es ahijado de su hijo fugitivo.

Ven por él y llévatelo.

Te estaré esperando.

Andrómeda

Harry siempre había tenido el presentimiento de que tendría que ir a buscar a su ahijado para esconderlo y cuidarlo él mismo. La diferencia era que no había querido aceptarlo porque significaría quitarle a Andrómeda la última familia que le quedaba. Ahora, tenía que hacerlo sí o sí… por el bien del pequeño Lupin y era Andrómeda la que lo impulsaba.

James había estado preocupado por distintas personas y razones y ahí había estado la conversación. El señor Potter estaba preocupado por su hijo, el pequeño Lupin, Andrómeda y los Cullen. James no sabía cómo haría su hijo para hacerse cargo de un niño tan pequeño, Harry no tenía ninguna experiencia con niños. Le preocupaba el niño por el simple hecho de ser hijo de su amigo licántropo y rogaba al cielo porque no hubiera heredado la licantropía, ya que recordaba lo mucho que sufría Lunático por esa condición. Le preocupaba Andrómeda porque sabía que Lily podría dañarla gravemente, sin importarle cuánto quería Sirius a su prima favorita. Los Cullen también eran motivo de preocupación porque podrían sentir cierta atracción por el ahijado de su ahijado.

La conversación había consistido en la exposición de las preocupaciones del padre y las posibles soluciones del hijo.

Harry había sabido muy bien calmar a su padre.

Le propuso a James participar en el cuidado de Teddy en todos los sentidos. Después de todo, James sí que había podido criar a su hijo bebé hasta ese fatídico Halloween. Su padre había aceptado la propuesta, con alivio y entendimiento.

A Andrómeda la llevarían con los Dursley para que no le pasara nada. Harry sabía que su tío aún tenía armas de fuego en la casa. A los Dursley también les había afectado la guerra, por lo que Harry no se extrañaba nada de que tuvieran defensas escondidas en caso de emergencia.

Teddy se iría a vivir con ellos temporalmente y su padre podría estar al pendiente del niño todo el tiempo.

Con respecto a los Cullen, fortalecerían las defensas.

No era tan difícil controlar la situación. Un poquito de esto, un poquito de lo otro y ya está.

Al final, James reconoció que su hijo tenía razón: su preocupación era excesiva.

Cuando James regresó la vista al frente, frunció el ceño por la confusión.

Se suponía que se iban a quedar en la mansión Potter, con William. Era lo más seguro para ambos y Harry aún tenía que conoce a William, su ancestro.

Harry había conducido a Grimmauld Place, a la mansión que su padrino le dejó.

¿Por qué?

James le había dado algunas instrucciones y prometió darle más después para llegar a la mansión Potter. ¿Por qué cambiaría su hijo de idea?

- ¿Qué hacemos aquí? Creí que iríamos a la mansión Potter, Harry. Ese era el plan –le preguntó con cuidado.

Harry no respondió por unos momentos, pero volteó hacia él para contestar.

- Y así era, papá, pero es mejor que sea aquí. He estado elaborando mis propios planes y es mejor que nos quedemos en este lugar. Discúlpame por no contarte antes, tenía la cabeza en otro lado.

James entendió.

Su hijo llevaba gran parte de su vida siendo independiente y su forma de moverse no era como la suya. Además (y pensándolo mejor), era lógico que Harry hiciera sus propios planes y James sabía que no serían cosas pequeñas y fáciles. Harry tenía su propio entorno y una comunidad al pendiente de él. Tenía que dar explicaciones y ahora James podía ver el camino difícil que iban a emprender.

La culpa vino a él.

James había deseado regresar e insistió para ello, pero no lo pensó bien antes.

Lily había levantado mucho revuelo con su reaparición y Harry se había visto dentro del ojo de la tormenta de nuevo por eso. Ahora él, el supuestamente difunto James Potter también volvía… y Harry volvería a estar bajo el foco otra vez. Su hijo se había ido a otro continente para escapar y ahora tenía que volver… por él.

¿Por qué no pensó bien las cosas antes? Otra vez su impulsividad ponía en problemas a los demás. ¿Cuándo iba a aprender? Por eso, decidió que Harry cambiara los planes. Además, James había estado fuera casi veinte años.

Muchas cosas pudieron cambiar.

En un lago de Escocia, un joven pelirrojo se encontraba sentado sobre una roca.

Estaba vestido de negro y llevaba puesta una capa que lo protegía bien de la baja temperatura. Con sus enguantadas manos agarraba un pedazo de pergamino escrito con tinta verde oscuro.

Su nombre era Ronald Weasley.

Ron estaba leyendo una carta de su mejor amigo, Harry Potter. Había seguido las instrucciones que Harry le había escrito en un trozo de pergamino para leer el pergamino grande, la carta. Las instrucciones lo habían llevado a leer la carta solo junto al lago de Hogwarts… zona en la que no había nadie más que él. Conociendo a Harry, Ron estaba seguro de que su amigo sabía que no iba a haber nadie que pudiera curiosear para sonsacar algo de información. También, estaba seguro de que su fugitivo amigo no quería que nadie más que él supiera nada… no después de lo que hizo Hermione… Lo que a Ron le hacía pensar que su carta había llegado a Harry y que éste estaba tomando medidas para que no se volviera a repetir.

Ron se sentía orgulloso de sí mismo. Sabía que había hecho lo correcto. Harry no quería que nadie hablara de él, Ron lo entendió, pero Hermione no.

Y a juzgar por lo que decía la carta, Harry tenía cosas muy importantes que decir. Y sólo a él. La carta estaba dirigida sólo a él, Ron, y no daba señales de que el autor deseara que alguien más supiera algo.

Querido Ron:

Lo que me contaste en tu carta me ha preocupado mucho y te agradezco el que lo hicieras. Tomaré medidas.

No quiero que nadie más que tú sepa de esta carta y creo que te habrás dado cuenta de eso con las instrucciones que te mandé. No quiero que ni Ginny sepa de esto, pero no es por falta de confianza. Confiaría también en Hermione, pero no quiero arriesgarme.

Estoy en problemas, Ron, esa es la verdad. Necesito que me ayudes porque no creo poder hacerlo todo solo. Las cosas no resultaron como esperaba. En un principio creí encontrar la tranquilidad y normalidad que fui a buscar a Forks, pero sólo fue por dos meses como mucho.

Ni Seattle ni Forks son lugares pacíficos, Estados Unidos también tiene lo suyo. En Europa tenemos al mundo mágico, pero Estados Unidos oculta criaturas mitológicas que forman parte de la noche. Ya he tenido encuentros con ellas y también tuve que matar a una. He investigado y sé lo que son, pero ese no es mi principal problema y ahí es donde te necesito.

Lo que te voy a pedir es algo difícil de conseguir, lo sé. Necesito que te escapes y vayas a Grimmauld Place. Iré a Inglaterra en dos días y me quedaré unos pocos días para arreglar unos asuntos. Desde ya quiero que sepas que no iré solo y que mi acompañante es alguien que más o menos conocemos, es alguien de mi pasado tan importante como Lily y Sirius. Me lo encontré en Seattle y ahora está conmigo… Pero no es una de esas criaturas que ya te mencioné.

Seguramente te habrás dado cuenta de que me empecé a preocupar por mi linaje y que se supone que no tengo manera de saber ciertas cosas, pero ahora sí y tú sabrás por qué. No te diré más por aquí. Otra cosa que te pido es que seas comprensivo conmigo. No es fácil y necesito tu apoyo.

Mi primera petición, Ron, no se limita sólo a un par de horas o días. No, necesito que te quedes conmigo por un tiempo. No voy a anticiparte más. Necesito hablar contigo, en persona. Prepárate.

Si aceptas lo que te estoy proponiendo, dile tu respuesta a Kreacher. Él también sabe todo esto que quiero que sepas, será quien te deje mi carta y enviará tu respuesta. Sí, ya sé que me estoy pasando, pero ya verás lo necesario que es todo este revuelvo que estoy armando.

Tu amigo,

Harry

Ahora bien, Ron no estaba leyendo la carta de Harry… la estaba releyendo. Era una carta extrañamente larga para ser escrita por Harry Potter. Harry no era de escribir cartas, y si las escribía, eran relativamente breves. Esta vez, Harry había sobrepasado su propio límite… algo que alertaba a Ron.

Algo grande se traía entre manos y Ron no pensaba quedarse afuera.

De uno de los bolsillos de su pantalón, sacó otro pedazo de pergamino. Uno pequeño y con sólo un párrafo trazado con la letra de Harry.

Ron:

Gracias por aceptar. Te confieso que sabía que lo harías, compañero. Kreacher te debe haber dado una bolsita de terciopelo. Necesitarás su contenido: la capa de mi padre, un papel y una pluma rota. La pluma rota es un traslador que te llevará a la estación de Hogsmeade y el papel es tu boleto, sólo tienes que tocarlo con un "finite" y lo que tiene escrito aparecerá. Debes usarlo todo para ir a Londres. Cúbrete con la capa, toma el traslador y presenta tu boleto en el tren. Iré a recogerte a la estación y juntos iremos a Grimmauld Place. La capa lleva cierta protección encima que te hará absolutamente indetectable. Nadie sabrá de tu fuga hasta que estés conmigo. La protección forma parte del linaje Potter.

Harry

Sin duda, Harry sí había pensado bien esta vez… y Ron no podía evitar fijarse en que su amigo había encontrado algo de información sobre el linaje de su padre. Y también se fijó en que Harry estaba haciendo uso de una herencia que debería ignorar.

Lo que sea que pasara, Ron iba a saberlo como que era un Weasley.

Sacó la mochila que había escondido en el hueco de un árbol, se la puso y guardó los pergaminos en un bolsillo.

Dos minutos después, desapareció para reaparecer en la estación de Hogsmeade.

Mientras Ron empezaba su viaje, Harry y James se acomodaban en la casa que Harry había heredado de su padrino. Por supuesto, ninguno iba a ocupar la habitación del difunto. Kreacher les había preparado habitaciones y ahora hacía la comida. Todo iba bien.

Después de acomodar sus cosas, Harry se sentó en la cama y se quedó pensativo.

Siempre supo que lo que pensaban hacer no sería fácil, él sobretodo.

Iban a ver a personas importantes en las vidas de ambos y que habían sufrido lo suficiente como para intentar algo contra James. Para ser sincero consigo mismo, Harry no sabía qué hacer para que todo saliera bien… como él tanto deseaba. Sabía que su deseo era imposible de cumplir, pero no podía evitar hacerse ilusiones.

¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? ¿Por qué no podía tener una vida normal, tranquila y feliz con su padre? ¿Por qué tenía que dar explicaciones a tanta gente? ¿Por qué tenía que haber vivido la vida que vivió?

Hasta ahora, no se había dado cuenta de lo cansado que lo tenía todo el lío que había sido su vida desde antes de nacer. Muchas veces tenía ganas de desaparecer para siempre… pero no podía ni tampoco iba a poder nunca. Tampoco podía hacer nada para cambiar su situación. Otra frustración.

Se puso derecho en su lugar y se sorprendió del tono de sus pensamientos.

Sus diecinueve años ya tocaban la puerta y él ya pensaba como un hombre mayor que su padre.

Por Godric Gryffindor bendito.

James, a diferencia de su hijo, estaba de buen humor y contento.

Estaba tarareando una canción que había oído en la radio y se le había pegado. Mientras tanto, ordenaba un poco sus cosas.

Estaba poniendo su pijama bajo la almohada, cuando Kreacher apareció en la habitación. Acostumbrado a las apariciones repentinas, James no se sobresaltó ni lo más mínimo. Después de todo, él había crecido con elfos alrededor. Simplemente, se volvió hacia el elfo y preguntó tranquilamente:

- ¿Sí?

Kreacher le hizo una modesta reverencia.

- La comida está lista… -empezó, pero James lo interrumpió.

- Bien. En minutos bajo.

-… pero el amo Harry parece indispuesto y Kreacher se preguntaba si el padre del amo lo puede ir a ver –acabó el elfo sin importarle mucho lo que James dijera.

James frunció el ceño.

¿Harry estaba indispuesto?

Asintió con la cabeza y volvió a hablar:

- Sí, ya voy a ver a mi hijo –contestó con preocupación.

Kreacher hizo otra modesta reverencia y desapareció.

James recorrió el cuarto y sus cosas con la mirada, sacudió la cabeza y fue a ver a qué pasaba con Harry.

James no se percató en ningún momento de un lienzo cuyo ocupante lo había escuchado y visto todo.