Capítulo 26: Reencuentros (1)
James Potter bajaba las escaleras de la casa de Grimmauld Place. Desde la cocina, Kreacher escuchaba sus pasos. El andar de Potter padre no era muy parecido al del amo Harry, sino al de su anterior amo… Sirius Black.
Kreacher no sabía cómo tratar a James Potter. Sentía sentimientos encontrados hacia él. Si bien era el padre del amo que mejor lo había tratado y que más quería, también había sido el mejor amigo (como un hermano) de un amo que lo odiaba y que no tenía ningún problema en demostrárselo. Como amo, Potter hijo era lo opuesto a Sirius Black. El amo Harry era el ahijado de Sirius Black, pero su personalidad era bastante diferente… Y James Potter se parecía a los dos: era (físicamente) la versión adulta del amo Harry y su personalidad era casi como la de Sirius Black. Otra cosa que inquietaba a Kreacher era que el amo Harry lo trataba casi como a un igual, mientras que su padre sí lo trataba como sirviente. Kreacher entendía que Potter padre era tan aristócrata como lo era el amo Black, pero eso no quitaba el que al elfo le preocupara que algún día lo tratara igual que como lo hacía el padrino de su actual amo. Por eso, Kreacher era distante. Se protegía.
La convivencia con James Potter no era muy fácil para Kreacher.
En esos momentos, Kreacher estaba poniendo la mesa con ilusión y preocupación.
Le preocupaba estar solo con el que había sido el mejor amigo del difunto amo Black. Y le ilusionaba el que el mejor amigo del amo Harry, Ronald Weasley, los visitara y se quedara con ellos algún tiempo. El joven Weasley tenía una forma de ser parecida al amo Harry, aunque también era más enérgico y bromista. A Kreacher le gustaba mucho el sentido del humor de Ron.
Eso sí, Kreacher lo pasaba mejor cuando el Trío de Oro estaba entero. La señorita Hermione le había empezado a gustar durante la Segunda Guerra Mágica. Ya no le importaba que fuese hija de muggles. Kreacher lamentaba que el amo Harry no la invitara a ella también.
El señor Potter apareció en el umbral de la puerta de la cocina.
Kreacher notó que el hombre se había cambiado para recibir y darse a conocer ante el mejor amigo de su hijo, Ronald Weasley.
El señor Potter se había puesto zapatos negros de cuero, pantalón de vestir azul marino, camisa de manga larga celeste y chaleco gris liso. Elegante, maduro y sencillo. Su pelo negro azabache estaba alborotado (inevitable y predeciblemente) y húmedo.
Kreacher vio que el padre de su amo miraba un rollo de pergamino atado con una cinta roja. El hombre tenía el ceño fruncido. El elfo se preguntó a qué se debía esto.
Como si hubiera escuchado su pensamiento, Potter padre levantó la vista hacia él y le tendió el rollo. Dudoso, lo aceptó.
- Necesito que le entregues esto a Arthur Weasley. Mi hijo pudo haberle dado instrucciones a su amigo Ron, pero no creo que sus padres aprecien que su hijo se escape sin avisar –le dijo con el ceño fruncido y ojos avellana serios.
- ¿Por qué no una carta a ambos padres entonces? –preguntó el elfo, confundido.
- Porque entre padres nos entenderemos. Por lo que Harry me ha contado de él, ese pobre hombre no es muy diferente a mí en cuanto a hijos se trata –respondió con una sonrisa torcida para luego soltar una carcajada y regresar por donde vino.
Kreacher no dijo ni expresó nada, pero sabía que el padre del amo Harry tenía razón. Arthur Weasley era tan cómplice con sus hijos como James Potter lo era con el suyo. Si Kreacher había aprendido algo de los Gryffindor en sus años de servicio, era que estos tipos eran una fuerza a tener en cuenta. Tanto los padres como los hijos. Mujeres y hombres.
Se estremeció.
La siguiente generación Potter sería totalmente Gryffindor. La abuela del amo Harry había sido una Slytherin, pero ni su madre ni su futura esposa lo eran. Tanto Lily Evans como Ginny Weasley eran mujeres formidables.
Volvió a estremecerse.
Se preguntó qué pasaría si Lily y la señorita Weasley se encontraran.
El amo Harry tenía un fuerte carácter que había heredado de su madre (Lily) y la señorita Weasley (Ginny) estaba a su altura. Ginebra Weasley había demostrado ser una adversaria formidable cuando se enfrentó a duelo con la mismísima Bellatrix Lestrange. Era una bruja muy poderosa de mucho temperamento.
Sonrió.
Sin duda, la señorita Weasley era perfecta para el amo Harry.
Harry estaba apoyado contra la columna frente a la entrada de la plataforma 9 ¾, esperando a Ron.
A diferencia de su padre, él no se vistió con formalidad para recibir a su amigo.
Llevaba puesto un pantalón de jean azul; camisa de cuadros y de manga larga; suéter polo negro y liso; en los pies tenía mocasines marrones. Sin duda, el estilo americano se le había pegado un poco porque antes no se ponía ni mocasines ni camisas de cuadros. Los Dursley no lo criaron así.
Sabía que debían de creerlo un tonto por quedarse mirando la columna del andén, pero mucho no le importaba. No sería ni la primera ni la última vez que hacía algo extraño.
El reloj de la estación sonó, dando la hora que él esperaba.
Sonrió.
Ron ya había llegado a Londres.
Y ya nada ni nadie podría detener el curso del plan que su padre y él elaboraron.
Arthur Weasley estaba revisando los papeles que tenía desparramados en su escritorio cuando una de sus manos palpó un rollo de pergamino que se suponía que no estaba entre sus cosas. Él no tenía ningún rollo de pergamino en su escritorio y de eso estaba del todo seguro… por lo que esa aparición le hizo levantar sus defensas.
Ni él ni Molly se habían podido recuperar de verdad de la guerra. Tampoco lo hizo el ministerio de magia.
La guerra había terminado, pero seguía habiendo novedades.
Una de ellas era la aparición de Lily.
Con mucho cuidado, sacó el rollo y le hizo una revisión para detectar cosas ocultas. Y encontró algo que le extrañó. El rollo de pergamino estaba protegido por un hechizo de sangre que pertenecía a una clase de magia que jamás creyó encontrarse.
Magia ancestral… pero no sólo una magia ancestral que cualquiera que tuviera ancestros magos. No. Era magia ancestral aristocrática. Una magia ancestral que sólo magos pertenecientes a la aristocracia podían utilizar.
Esto alertó a Arthur.
Él conocía algunos apellidos de la aristocracia, pero lo inquietante era que habían más tenebrosos que benignos. Malfoy, Lestrange, Black (aunque éste ya no podía contarse porque el último murió años atrás), Longbottom, Potter.
No podía ser ningún Black el autor. Draco Malfoy no necesitaba enviarle cartas y si lo hiciera, el destinatario no sería él. Neville Longbottom tampoco lo necesitaba. De los Lestrange no se sabía si había herederos, pero se creía que no. Harry Potter no tenía acceso a esa información estando donde estaba y rodeado de muggles.
A Arthur no se le ocurría quién podía haberle enviado el rollo.
Decidió abrirlo y leer lo que pudiera tener escrito. Buscó en los cajones de su escritorio alguna cosa cortante y encontró un alfiler. Se pinchó el dedo hasta que le salieron unas gotitas de sangre y las dejó caer sobre el papel. Éste resplandeció con un brillo color dorado que se extendió hasta el dedo herido y Arthur vio que el dedo se le curaba hasta que no quedó ni huella del pinchazo. Luego de eso, procedió a desatar y desenrollar el pergamino.
Sin leer, analizó la letra y concluyó en que no podía ser la letra de un mago joven. El autor no podía ser ni Harry ni los herederos aristócratas. Tenía que haber sido un adulto, un patriarca. El problema era que el único patriarca que se le venía a la cabeza era Lucius Malfoy, su némesis, un hombre que no le escribiría nunca. Harry era el representante del linaje Black (por su padrino, Sirius Black) y del linaje Potter, pero no era un patriarca porque no sólo seguía soltero, sino que todavía no tenía hijos.
Con dudas, se puso a leer.
Arthur:
Seguramente no tienes ni idea de quién pudo enviarte semejante rollo de pergamino. Quizá sí hayas descubierto qué tipo de magia protege a este pergamino, pero no quién lo puso. Sí, es magia ancestral aristocrática. Si eres el mago que creo que eres, ya descubriste el tipo de magia. Me alegra saber que no me equivoqué contigo. Con respecto al autor, no te preocupes, no soy tu enemigo, tampoco nada en contra de tu familia ni tuya.
Te escribo para avisarte de algo y tranquilizarte.
Si mis cálculos son correctos, tu hijo Ronald se escapó de Hogwarts hace una unas horas. Su destino es Londres. Alguien le ha dado instrucciones porque lo necesita y Ronald se encontrará con esa persona en la estación de King's Cross. No te preocupes, estará bien. Si tu hija Ginny supiera, le tendría envidia y habría intentado irse con él. Y estoy seguro de que la persona que necesita a tu hijo estaría encantada de que esa pelirroja lo hiciera. ¿Qué le podemos hacer? Las pelirrojas son una de nuestras mayores debilidades.
No te preocupes por tu hijo, lo pasará muy bien. Nos aseguraremos de eso. Es Ronald Weasley después de todo. Sé lo que debes estar sintiendo y pensando, créeme que sí. Los muchachos de la generación de Ronald tienen más agallas que nuestra generación. Tu hijo va a revivir los viejos y buenos tiempos que vivió junto a Harry Potter, lo pasará genial.
Otra que va a estar envidiosa es Hermione Granger.
No voy a darte más pistas. Conjeturar quién es la persona a la que tu hijo va a ver debería serte tarea fácil. La conoces desde hace años.
Hasta más pronto que tarde,
X
Arthur se quedó entre desconcertado y frustrado.
Otra vez uno de sus hijos se iba a escapar. Primero, los gemelos, luego Ginny y ahora Ron. ¿Qué rayos pasaba con sus hijos? ¿Es que la escuela les daba alergia? Los gemelos se escapar para abrir un negocio de bromas, Ginny se fue a buscar al novio y ahora Ron iba en busca de aventuras.
Con respecto a la persona a la que Ron iba a ver… Tenía que ser a quien Ginny quisiera mucho ver y quien quisiera verla a ella también. Y alguien que había vivido aventuras con Ron. Debía ser alguien a quien él conocía desde hace años… Sólo se le ocurría alguien y rezaba porque fuera esa persona que tenía en mente.
Harry Potter.
Él era el novio de Ginny, el compañero de aventuras de Ron y los Weasley lo conocían desde hace años. No podía ser otra persona.
¿Qué se traería entre manos ese muchacho ahora?
James estaba en la habitación que habían destinado para Ron. Con su varita, decoraba, desarreglaba y volvía a arreglar. Trataba de cambiar todo lo que pareciera tétrico para que el cuarto se viera acogedor. Eso significaba cambiar los colores del empapelado de las paredes, reemplazar cortinas, ropa de cama y remodelar muebles. El gusto de la familia de Sirius era espantoso y deprimente. Hizo nota mental de redecorar la casa.
Sin pretenderlo, perdió la noción del tiempo.
Sonó un crac en la habitación, lo que lo sobresaltó.
Era Kreacher.
- Ya es hora de que esté listo para recibir al joven Weasley, señor. El amo Harry y su amigo ya deben de estar por llegar –dijo el elfo y se desapareció cuando James asintió.
Se miró a sí mismo y luego a su trabajo. El resultado fue satisfactorio.
Cinco minutos después, escuchó los sonidos que anunciaban la llegada de los muchachos.
Se encaminó hacia las escaleras.
- ¿Estás seguro? –preguntó Minerva McGonagall.
- Sí, era su voz. Y también lo vi. ¡Estaba ahí, hablando con el elfo del chico Potter! ¡Hablaba como si estuviera con el muchacho y el muchacho no tuviera problemas con él! ¿Por qué dudas de mi palabra, McGonagall?
- Porque James Potter fue asesinado hace más de diez años, Phineas. Y si estuviera vivo, Harry no estaría contento. Él se sentiría traicionado –respondió la actual directora de Hogwarts con paciencia.
- Bueno, a juzgar por las palabras del sujeto, el chico no se siente así –dijo ofendido el retrato de Phineas Nigellus, cruzando los brazos sobre su pecho.
Severus Snape no sólo parecía interesado, sino que también satisfecho. Albus Dumbledore tenía el ceño fruncido y parecía tanto pensativo como atento.
- ¿Albus? –pidió la profesora McGonagall.
- No sé… Minerva, no sé. El linaje Potter es el más extraño de todos los linajes de nuestra aristocracia. James siempre fue un chico brillante y creció rodeado de información útil en la mansión Potter, donde nació y vivió hasta que los mandé a esconderse. Sus padres nunca le negaron nada. Quizá encontró algo que lo mantuviera vivo.
- Pero Harry… Él no podría convivir con su padre sin sentirse traicionado. Sigue sin dejar que lo contactemos. Les envié una lechuza a los Dursley y se negaron a dejarme tener contacto con él. Si no nos habla a nosotros… ¿cómo podría estar con su padre en caso de que éste sí estuviera vivo? Ni el ministerio tiene la más mínima pista de donde está.
- No la tiene porque no lo quiere buscar –dijo Albus con una sonrisita cortés-. Si James se mantuvo con vida, pudo haberse escondido y esperar para reencontrarse con su hijo. Harry aún no hace uso de toda su herencia Potter. Nosotros tampoco la hemos tocado. Molly sólo ha sacado dinero de la bóveda reservada exclusivamente para Harry. Las bóvedas principales siguen sin tocarse. Quizá James sobrevivió y las utilizó, era lo suficientemente inteligente como para tratar con los duendes a su conveniencia. No olvides que tuvo secretos desde que era estudiante, secretos que sólo conocían Remus, Peter y Sirius.
Aunque no lo crean, James podía ser más inteligente que Lily. Ella se limitaba a los libros del Callejón Diagon y a los de nuestra biblioteca, mientras que James era uno de los herederos aristócratas. Él también contaba con las bibliotecas a las que su linaje le daba acceso, que son muchas. Harry, cuando quiera, también podrá acceder a ellas. Por no mencionar que también podrá utilizar las de los Black gracias a la herencia que le dejó Sirius. Cuando Harry lo decida, tendrá alcance a un gran conocimiento y poder que ningún otro mago ni bruja puede tener. Lo que significa que Sirius pudo participar en algún plan que James decidiera elaborar. Estaríamos hablando de dos linajes, Minerva.
- Eso no habría sido posible estando vivos los padres y el hermano de Black, Dumbledore –objetó Snape con suficiencia.
- No creas, Snape –dijo Dippet con malicia-. Black también era brillante, por no hablar de que era un merodeador. Canuto y Cornamenta son leyendas hasta el día de hoy –le sonrió ampliamente-. No olvides que Sirius fue el primero que se fugó de Azkaban y el único que lo hizo sin ayuda. Tus colegas mortífagos necesitaron de su amo para salir, cuando Sirius no.
La sonrisa de suficiencia de Snape se borró con eso.
Un mago de pelo rubio y ojos verdes, vestido con una túnica azul marino, observaba y escuchaba todo con una ceja arqueada y las manos juntas en el regazo. Su expresión era serena, atenta e interesada. Su nombre era Bernard Hamilton. Un director de Hogwarts que había sido alumno y jefe de la casa Ravenclaw. Él siempre había sido un hombre tranquilo e inteligente, en vida y en muerte. Siempre escuchaba todo con atención, pero sólo le interesaban aquellos temas cuyas soluciones tendían ser fáciles, pero imperceptibles. Sólo entonces decidía participar, lo cual era muy raro.
En vida, había sido el segundo hijo de un marqués muggle, pero también había sido el único mago que dio ese linaje. La magia lo había deslumbrado lo suficiente como para renunciar a su lugar como segundo en la línea de sucesión de un noble británico. Como el aristócrata que había sido, esta clase social siempre captaba su interés. En su época de estudiante, en la de profesor y en la de director, él había investigado a la aristocracia mágica tanto como pudo.
En ese momento, Bernard no podía creer que no se dieran cuenta de que el linaje Potter escondía un secreto desde su surgimiento. Un secreto que él conocía, pero que prefería callar. Él sabía de quién descendía este linaje, sabía quién había traído al mundo al primer Potter de la historia. Si bien era egoísta guardarse esta información, sabía que era lo mejor. Si el fundador involucrado seguía ocultándose, era por algo.
En su tiempo de estudiante, Bernard se había codeado con ciertas familias aristócratas en su afán de querer saber cuánto pudiera de los aristócratas mágicos. Bernard era el único que conocía los orígenes del linaje de James Potter. Se felicitaba a sí mismo por haber tenido la presencia de mente, en su momento, de pedirle a cierto Potter que le hiciera un retrato en secreto.
En ese instante, se estaban acercando a uno de los grandes secretos del linaje Potter y él no podía callarse.
Godric Gryffindor tendría que actuar.
Era lamentable que la gente de Slytherin hiciera sufrir a Hogwarts.
Godric no había estado nada contento con esa casa ni con los que salían de allí siguiendo la mala senda. Lo único que lo había detenido de sacar una parte de su furia fue detectar vida en su linaje, la certeza de que todavía vivían dos de sus descendientes. El fundador había enfurecido casi todos los años que Harry Potter había estado en Hogwarts y sólo se detenía cuando veía que el chico no sólo lograba salir con vida, sino que también cobraba fuerza contra el heredero de Salazar Slytherin. Si no fuera por ese chico, seguramente la casa de Slytherin habría sufrido mucho por el daño causado por Tom Riddle hijo.
Otra de las muchas cosas que Bernard sabía y que los demás no, era que Godric Gryffindor guardaba más secretos de los que se creía. La gente no tenía manera de saber nada. Bernard sí sabía, pero sólo porque el fundador necesitaba un informante en Hogwarts.
Albus Dumbledore no era el único que vigilaba a Harry Potter. Godric vigilaba a su descendiente más joven a través de Bernard y de algo más.
La sangre de James Potter que corría por las venas del niño.
Cuando James Potter hizo el ritual bajo la influencia del fundador, una pizca del poder, que Godric Gryffindor había puesto en el anillo patriarcal, se vertió sobre la vena que James tuvo que abrir en una de las muñecas de su bebé. Godric le hizo derramar más poder del que el ritual requería. De esa manera, el fundador tendría vigilado a Harry durante toda su vida.
Su atención fue llamada cuando el retrato de un director que había sido jefe de Hufflepuff habló:
- ¿Por qué no enviamos a alguien para ver si es cierto? –preguntó.
Bernard no podía creer que ese tipo sea tan estúpido, así que intervino.
- Por la sencilla razón de que el guardián de esa casa el mismísimo Harry Potter. Ronald Weasley y Hermione Granger renunciaron a ser guardianes después de la guerra. Y el joven Potter no va a querer que alguien se presente en esa casa. Si oculta a su padre desde hace un tiempo y se niega a tener contacto con Hogwarts, ¿realmente esperas que va a dejar entrar a alguien? –cuestionó Bernard burlonamente-. Ese muchacho no quiere ver ni hablar con nadie de aquí, no sé qué te hace pensar que dejaría saber algo.
Honestamente, Bernard no tenía idea de cómo ese mago había acabado siendo director de Hogwarts.
- Yo confío en el joven Potter. Él ha demostrado ser un héroe auténtico –dijo Bernard con confianza y tranquilidad-. Siempre ha hecho lo correcto. Si James Potter está vivo y el muchacho lo esconde, será por algo. Yo me inclinaría a pensar que ni el padre ni el hijo quieren que Lily dé con ellos. Una de las razones por las que el muchacho se niega a comunicarse es que sabe que esa mujer lo está buscando. Si James Potter se esconde tras su hijo, es porque tampoco quiere que ella lo encuentre. Ya dejen de darle vueltas a este asunto. Dejen de meterse en la vida de Harry Potter, él ya es mayor y puede hacer con su vida lo que se le antoje. ¡Por Merlín, ya se ha decidido mucho sobre su vida sin consultarle! Ñ-esta última oración la gritó.
Después de eso, el debate se dio por finalizado.
Por dentro, Bernard se aliviaba al ver que había logrado ganar tiempo. Cuando la sala se vaciara a la hora de la comida, iría a la mansión Potter y hablaría con Godric Gryffindor. Debía hacerse algo, ¡ya!
Sentía que su corazón latía como loco, las manos le empezaron a transpirar y se sintió pálido. Sus ojos no podían creer lo que veían, pero sabía que era real porque sentía la mano de Harry posada en uno de sus brazos. En su cerebro resonaban sus palabras:
"Él es mi padre, Ron. Nunca murió, como todos creíamos. Es él realmente. James Potter en persona."
"En efecto, soy James Potter en carne y hueso. O Cornamenta, como prefieras llamarme. Si quieres, también me puedes llamar James."
Ron no sabía qué sentir ni cómo reaccionar ante padre e hijo Potter.
Sin embargo, la comprensión se abrió paso. Entendía cómo Harry sabía las cosas que ahora sabía. ¿Cómo no hacerlo teniendo a su padre a su lado? Él podía decirle cosas útiles. Como Ron, ahora Harry también tenía una fuente de información de confianza… sólo que de temas relacionados a la aristocracia mágica.
Otra cosa que también podía entender ahora, era el origen del patronus con forma de ciervo que vieron en el cementerio del Valle de Godric. Había sido James. James Potter había ido al cementerio, luego mandó a su patronus con un mensaje con su voz. Al estilo de la Orden del Fénix. Recordó que el padre de Harry había sido miembro de la primera Orden del Fénix.
Era tan obvio todo. Ya lo tenía todo claro.
Sorprendentemente, no se sentía traicionado ni estafado ni nada de eso. De hecho, ahora estaba contento de saber que Harry había recuperado a su padre.
Cuando había visto a su amigo esperándolo en la estación, Ron lo vio distinto para bien. Harry tenía cierto brillo en sus ojos verde esmeralda que nunca había visto. Su sonrisa, al recibirlo, era alegre y un poco tensa, pero ahora que sabía el por qué, no le extrañaba que Harry se viera tenso. No era para menos.
Harry deseaba su aprobación.
Y él se la daba… Por esa razón, decidió darle cabida al señor Potter.
- Señor Potter –le saludó con una pequeña reverencia. El hombre era un aristócrata, sin importar que fuera el padre de su mejor amigo y el futuro suegro de su hermana Ginny. El hombre era una autoridad para él.
Potter padre agitó una mano, restándole importancia.
- Soy James para ti, o Cornamenta. ¿Vamos a la cocina, chicos? –dijo James con una sonrisa amistosa y paternal.
Ron y Harry intercambiaron una sonrisa. Sin que lo vieran, James los miró de reojo por sobre su hombro (él los encabezaba) y sonrió contento.
Las cosas empezaban a su favor.
Carlisle, Edward y Bella seguían en Inglaterra.
Carlisle estaba parado junto a una de las ventanas de su habitación del hotel. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y miraba hacia afuera con nostalgia y una leve sonrisa.
Era de noche y llovía mucho en Londres. Afuera, el agua lamía los vidrios de las ventanas cayendo como cortina y los relámpagos eran frecuentes.
- Había olvidado cuan lluviosa podía ser Londres. Desde hacía años que no venía a mi ciudad natal –dijo Carlisle serenamente.
- No es muy diferente a Forks –dijo Edward algo distraído.
- Lo sé y por eso me gusta ese pueblo. Ojalá pudiéramos vivir aquí o allí indefinidamente –coincidió, luego se dirigió a Edward-. Y podríamos si permitieras que las predicciones de Alice se cumplieran –esta vez fue un poquito severo.
Edward frunció el ceño.
- No quiero, no es lo correcto. Ella todavía está a tiempo.
- ¿Realmente lo crees? Edward, Bella estuvo cerca de la muerte varias veces. Yo no creo que tenga mala suerte por nada. Muchas señales son las que dicen que su destino es la transformación. Puedes negarte y rechazarlo todo lo que quieras, pero sabes que es cierto. Bella se enamoró de un vampiro y arriesgó su vida por ese vampiro más de una vez. Si bien dije que aceptaba su transformación, no dije mis verdaderas razones. Bella tiene que convertirse en una vampireza y lo hará tarde o temprano.
- ¿Y si no quiero? –espetó Edward tercamente.
- No puedes detener lo que tiene que pasar. Ya lo intentaste y mira lo que ocurrió. Los Vulturis la tienen en la mira. Si Bella no se transforma, morirá. ¡Ya entiéndelo!
Se quedaron en tenso silencio por un buen rato, hasta que Edward no pudo más y fue a ver a su novia humana.
Se la encontró removiéndose en la cama, despierta a pesar de ser de madrugada. Con el ceño fruncido de la preocupación, Edward fue a sentarse a su lado. Con una mano le acarició el cabello.
- ¿Qué ocurre?
- No puedo dormir.
- Ya me di cuenta, pero lo que me pregunto es por qué.
Bella se quedó quieta en la cama de doble plaza y lo miró. Edward vio que estaba preocupada.
- Siento que no sabemos lo suficiente, sé que falta algo. Lo intuyo. Si Harry es un veterano de guerra, por algo debe ser. Alguien lo tuvo que hacer así.
- Sabemos que es un veterano de guerra y no necesitamos más. Por favor, Bella, no te arriesgues de nuevo. Me preocupé mucho cuando te fuiste sola a Valle de Godric –le pidió Edward mientras le tomaba una mano y se la apretaba apenas-. Si vas a volver a irte, llévame contigo. Voy a estar más tranquilo si estoy contigo. Además, podría ayudarte con mi don.
Bella le devolvió el apretón.
Su relación con Edward había mejorado y eso la alegraba tanto como le aliviaba. Cada vez que estaba sola con él se daba cuenta de que había tomado la decisión correcta. No creía haber podido esclarecer su mente ella sola. Agradecía que Harry le hubiera dicho lo que pensaba.
Entonces sintió culpa, culpa por hurgar en la vida de Harry. Él la había ayudado a ver las cosas con claridad y ella le pagaba investigándolo. Por un momento, se pudo poner en su lugar y no supo cómo reaccionaría ella si fuera él. La incertidumbre se unió a la culpa. Culpa por pagarle de mala manera a alguien que la ayudó e incertidumbre por no saber cómo se tomaría esa persona lo que recibió a cambio de su ayuda.
Edward pudo ver sus sentimientos en su rostro y creyó tener una idea de la línea de sus pensamientos.
- Crees que hacemos mal investigándolo, ¿verdad? Yo también, Bella. Harry es un buen muchacho. Misterioso, pero bueno. No se merece esto, pero ya no podemos parar. Ya lo hemos empezado –dijo Edward con pesar. A él le gustaría ser amigo de ese humano peculiar.
- ¿Seguiremos entonces? –preguntó Bella cerrando los ojos y refugiándose en el hueco entre el cuello y el hombro de Edward.
- Sí.
- Pero no tiene sentido. Sabemos que los padres de Harry fueron atacados. Sabemos por qué Harry fue a Estados Unidos. Sabemos por qué no parece un enfermero de verdad, es un veterano de guerra. ¿Qué más necesitamos saber?
- Carlisle quiere investigar también a los Dumbledore.
- Pero no puede. Albus y Ariadna están muertos. Aberforth está en Escocia.
- Y el internado al que Harry fue también, Bella. Carlisle sigue ese hilo. Quiere llegar a Hogwarts a través de Aberforth.
- ¿Por qué? ¿De qué nos sirve llegar a Hogwarts? –preguntó Bella confundida.
- Para saber cuántos magos y brujas se ocultan de los Vulturis.
- Edward, vámonos. Volvamos a Forks. ¿Acaso no oyeron a Sanguini? Si los Vulturis se enteran de la existencia del mundo mágico, querrán tomar medidas. Podrían alimentarse de la sangre mágica o convertirlos para incorporarlos a su guardia. Además, si Harry es un veterano de guerra en su juventud, habrán más. Los Vulturis ganarían guerreros. Serían más fuertes.
Edward sentía la angustia y el miedo de Bella. Sabía que su novia tenía razón, pero no sabía qué hacer. Ya estaban metidos en esto.
- ¿Qué propones entonces? –le pidió, procurando ocultar la incertidumbre que sentía ante la situación.
-¿Estás seguro, Bernard? –preguntó Godric Gryffindor con el ceño fruncido.
- Sí, señor –contestó el mago rubio con serenidad y seguridad.
William miraba y escuchaba todo estando sentado en el sofá. Tenía el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre el pecho. Se veía claramente molesto.
- Mmm –se limitó a emitir Godric.
Eso fue suficiente para William.
Se levantó del sofá y encaró al retrato del fundador.
- Creo que lo mejor sería que me fuera a buscar a mi descendiente más joven y hable con él. Si James está con él, entonces ya debe de saber algo de mí. No será un problema –dijo con seguridad.
- No aún, William –dijo Godric tranquilamente.
- ¿Disculpa? –el temperamento de William se empezaba a abrir paso, lo que hizo que Godric y Bernard se volvieran cuidadosos- He esperado muchos años para conocer a Harry. He deseado con mi alma hacerme cargo de él, criarlo para convertirlo en el aristócrata que debe ser. Pero no, no pude, no me dejaron. Dumbledore decidió sobre su vida, planeó la vida de MI descendiente, cuando no tenía derecho… Y ustedes lo permitieron. Lo dejaron hacer las cosas a su manera…
- Era lo mejor… -interrumpió Gryffindor, intentando calmarlo… en vano.
- ¡No me vegas con que era lo mejor cuando no es cierto! Ya vieron lo mal que el joven lo pasó. Sí, acabó con el asqueroso heredero de Salazar Slytherin, pero para eso tuvo que sufrir terrible e innecesariamente. De haberlo criado yo, Harry habría sido un niño feliz, con una buena infancia, más conocimientos y no habría perdido a su padrino porque yo lo habría protegido a él también. Sirius era el mejor amigo de James y el padrino de Harry, por lo que era alguien que valía mucho para esta… ¿familia?
- William…
- WILLIAM NADA, GRYFFINDOR. LLEVO AÑOS GUARDÁNDOME ESTO Y AHORA NO ME VAS A IMPEDIR QUE TE DIGA TODO LO QUE LLEVO DENTRO.
ESTOY HARTO DE VER SUFRIR A MI MUCHACHO. VAYA A SABER MERLÍN CUÁNTA SANGRE TUVO QUE PERDER PARA LLEGAR A DONDE ESTÁ AHORA. CUÁNTAS LÁGRIMAS DERRAMÓ. CUÁNTO SUFRIÓ. LOS DOS SABEMOS QUE JAMES PUDO HABER LOGRADO QUE SU PLAN FUERA UN ÉXITO SI HUBIERAS LIBERADO UN POCO DE PODER PARA QUE SIRIUS SE LLEVARA A HARRY, PODRÍAS HABER DETENIDO AL SEMIGIGANTE, PODRÍAS HABER ESCONDIDO A HARRY… PERO NO HICISTE NADA DE ESO. ¿Y QUÉ PASÓ DESPUÉS? HARRY FUE MALTRATADO DURANTE DIEZ AÑOS. PETUNIA SE DESQUITÓ CON ÉL LO QUE LE GUARDABA A LILY. HARRY SUFRIÓ SIN MERECERLO NI NECESITARLO. JAMES LO PASÓ AÚN PEOR. DUMBLEDORE Y TÚ LO PLANEARON TODO SIN PENSAR EN CÓMO SE SENTIRÍAN PADRE E HIJO.
Respiró profundo para calmarse, pero mientras lo hacía, veía que tanto Bernard como Gryffindor se daba cuenta de que él tenía razón. Godric se veía claramente avergonzado y Bernard estaba inseguro.
- Creo que es hora de que yo actúe. Harry debe estar advertido para atajar lo que les lancen a él y a su padre –dijo agitadamente y sin dejar lugar a refutaciones.
Se volvió a las escaleras y subió a prepararse.
William sabía que no podría entrar a la casa de Grimmauld Place sin el permiso de Harry, pero no pasaría nada si se quedaba afuera a la espera de que saliera y así interceptarlo. Lo interceptaría, se presentaría y le hablaría.
Sería fácil.
En la sala, Godric y Bernard intercambiaron una mirada de inquietud.
-¿Qué haremos ahora? –preguntó Bernard.
Godric se tardó cinco minutos en hablar.
- Necesitamos a Harry, Bernard –dijo con un poco de pesar y remordimiento.
- ¿Por qué?
- Necesitamos un poco de su sangre, más específicamente.
Bernard abrió los ojos como platos al entender lo que eso significaba.
- ¿Vamos a usar una de las cámaras?
- Sí, necesitamos un poco de poder Gryffindor para distraer. Hay que provocar una buena distracción en Hogwarts para que desvíen su atención de Harry y James.
- Pero no podemos. El joven Potter no sabe ni que desciende de ti. ¿Cómo va a saber qué hacer? No sabe nada.
- Entonces lo mejor será que, por el momento, William se salga con la suya –dijo Godric con pesar y arrepentimiento. Bernard se dio cuenta de esto.
- Le dejarás el asunto en sus manos.
- No, se lo dejaré al joven Harry. William hablará con él, pero las decisiones las tomará el muchacho.
- No, no será tan así. Su padre debe de compartirlo todo con él. James también tiene voz y voto, y su hijo se lo permite. Son decisiones tomadas por padre e hijo –objetó sabiamente Bernard.
- Pero es el hijo el que tiene libertad de movimientos, no lo olvides, Bernard. James sabe que no puede mostrarse ante nadie. Su hijo es el único que puede saber de él.
- Ya no. En Hogwarts se están acercando.
- Pero podemos frustrarlos.
- ¿Cómo?
Mientras todo esto pasaba, Lily se encontraba sentada en un sillón, viendo por una ventana.
Desde que supo que Severus los engañó a todos por años (a ella y a los demás), decidió irse de su casa. Mientras buscaba a su hijo, buscaba una casa en el mundo muggle. Sabía que en el mundo mágico no le darían ningún lugar para vivir. Se contentó con una casa en el mismo suburbio donde vivía Petunia. Sabía que no lograría nada viviendo ahí, pero estaba decidida a encontrar a su hijo y recuperarlo. Después de todo, él había vivido ahí desde 1981 hasta 1998. Sabía que después de eso se había ido a establecer a Londres, pero no sabía a qué parte porque esa era información confidencial.
Para ella, el presente de su hijo era hermético. No le dejaban saber nada de él.
Lily no iba a admitirlo en voz alta, pero tenía miedo. Si no iba a reconocer que tenía miedo, menos iba a reconocer que tenía miedo… de su propio y único hijo.
A escondidas lo había estado buscando y tratando de dar con información que le diera una idea de cómo era su hijo. Sabía que Harry era, físicamente, idéntico a James, salvo que con sus ojos verdes y una cicatriz en forma de rayo en la frente. Lo había visto en fotos. En Hogwarts, Harry era uno de los alumnos más destacados por más de una cosa. Era el mejor buscador de Quidditch, el mejor duelista, uno de los líderes del alumnado (si es que no era el líder por mayoría porque Gryffindor no era la única casa que lo seguía, también Ravenclaw y Hufflepuff), el mejor en Defensa Contra las Artes Oscuras, un compañero muy querido y el favorito del director Dumbledore. Todo en su época.
Lily tenía sentimientos encontrados por esto. Estaba muy orgullosa de su hijo, pero también le dolía mucho saber que Harry se había formado una vida en la que ella no tenía lugar. Ahora entendía el odio de James hacia Severus Snape. El problema era que ella no podía sentirlo porque él la había escondido hasta de Voldemort. El haberlo hecho también significaba que ella ahora era libre de formar una familia de su hijo. Las decisiones de Severus seguían afectándole porque si lograba recuperar a Harry, entonces sí podría formar parte de su vida.
Y si tenía miedo de su hijo era porque éste parecía seguir algunas ideas de James.
Harry había odiado por años a Snape, como James… y Sirius. Y lo peor era que él tenía más motivos para odiarlo. Para rematarla, ese odio se extendía a ella por haber permitido que Severus Snape se saliera con la suya.
Por eso, sabía que el ciervo, que se le había aparecido en el cementerio, podía estar en lo correcto. Harry podía odiarla y, aunque se le rompiera el corazón en pedazos al reconocerlo, lo haría con toda razón.
Había quien decía que Harry Potter era una persona de carácter, pero no había oído decir que fuera travieso… Esto le hacía pensar que Harry se parecía a ella y Lily, aunque le costaba reconocerlo, sabía que su carácter era bastante fuerte. Al parecer, Harry se le parecía bastante. De ser así, Lily no sabía cómo enfrentar a su propio hijo.
Harry podía ser un enemigo formidable y Voldemort lo había demostrado… con su propia muerte.
Lily se estremeció.
Su hijo tenía corazón Gryffindor y cerebro Slytherin. Una combinación peligrosa. Por no mencionar el poder que tenía en la sangre que corría por sus venas. James era uno de los magos más poderosos y talentosos de su generación. Él mismo le había contado que se había vuelto animago a los quince años. Eso daba prueba de un gran poder y una gran habilidad. Y Lily estaba segura de que Harry era tan poderoso como su padre. Harry se parecía mucho a James.
Lily tenía miedo de su propio hijo.
- No entiendo por qué ir a eso lugares –dijo Edward confundido.
- Porque son importantes para Harry –dijo Bella paciente y alegremente-. Él me los mencionó, pero también me dijo por qué.
- Así que por eso no te importa visitarlos –entendió Edward con una sonrisa de alivio.
- Así es –le sonrió Bella contra la mejilla, Edward la sintió-. Harry me dio la información voluntariamente, no la habremos conseguido metiéndonos en sus cosas ni en las de su familia. Es información dada de buena gana por la propia persona.
Se quedaron en silencio unos momentos hasta aminorar la velocidad.
Esa vez, Edward decidió que irían a visitar lugares y ver personas corriendo. Llevaba cierto tiempo sin él poder correr despreocupadamente y Bella también extrañaba la sensación del viento contra su cara, la libertad y la diversión que sentía cuando Edward corría con ella en su espalda.
- Llegamos –dijo Edward con cierta seriedad y cautela.
Habían llegado hasta una propiedad rodeada de vegetación, una propiedad escondida.
Silenciosamente, Edward sorteó los árboles hasta detenerse detrás de uno medio grueso.
Desde donde estaban escondidos, podían ver una casa algo extraña rodeada por terreno verde. La casa les parecía extraña porque su manera de mantenerse en pie era extraña. Parecía que tenía habitaciones añadidas, se veía algo envejecida, pero cuidada. El terreno verde que la rodeaba estaba cuidado, había un gallinero con gallinas, un escobero, unos cacharros contra las paredes de la casa y unas criaturas peculiares andando por ahí.
- La Madriguera –dijo Bella con una pequeña sonrisa de reconocimiento.
- Parece que sí –dijo Edward desconcertado.
- Es, tiene que ser. Harry disfrutaría mucho de este lugar. Él vive en un lugar algo parecido a este en Forks. Su casa está en medio de un bosque, como esta casa. ¿Habrá alguien dentro? ¿Escuchas algo?
- Sí. Hay una mujer adulta dentro. Piensa en cosas extrañas, en Harry, en Lily y en su familia –respondió Edward-. Ella también es una bruja. Por sus pensamientos, eso me parece.
Bella bajó de su espalda con un salto y sacó de la mochila que llevaba colgada, un larga vistas. Lo enfocó en los cacharros.
- Son calderos eso que está contra las paredes.
Edward se quedó pensativo unos momentos para dar con alguna posible razón.
- Deben ser para elaborar pociones. Si Harry es hechicero, los Weasley también y esta es su casa. Deben ser los calderos donde hacen sus pociones. ¿Harry tiene alguno en su casa?
- No… o quizá sí. Harry finge no ser mago, pero lo es. Seguramente, tiene alguno escondido por alguna parte de su casa.
- ¿Y escobas? –preguntó Edward mientras, despacio y en silencio, se acercaba al escobero y vislumbraba unas figuras que fácilmente podían ser escobas.
Bella se quedó pensativa durante un largo momento. Frunció el ceño.
- Tampoco.
- ¿Alguna cosa que lo delate como mago, Bella? Tiene que haber algo que haya olvidado ocultar, algo que quiera ver siempre y sin miedo a que otros vean.
Bella volvió a sumergirse en sus recuerdos… hasta que recordó.
- ¡Sí! –exclamó en susurros, emocionada.
- ¿Sí? ¿Qué? –preguntó Edward sonriente y curioso.
- Tiene un cuadro en el comedor, de un león con una bufanda roja y dorada.
Edward asintió en la comprensión.
- El león es el animal simbólico de Gryffindor y los colores también representan eso.
- También tiene fotografías en la sala, en la repisa de la chimenea. En una está él de niño con otros dos chicos, los tres tienen puesto un uniforme de colegio, pero lo extraño son sus corbatas y el distintivo. Sus corbatas tienen rayas rojas y doradas, y su distintivo es el casco de una armadura plateada, una cinta con "Gryffindor" escrito y el fondo era entre rojo y dorado.
- El escudo de la casa Gryffindor –recordó Edward.
- Los otros dos chicos eran Ronald Weasley y Hermione Granger.
- Lo que significa que los tres estudiaban en la misma casa.
- Y que los tres son veteranos de guerra.
- Tiene sentido. La casa Gryffindor exige que sus estudiantes sean valientes y no cabe duda de que estos tres lo son, no serían veteranos de guerra si no fuesen así.
- También tiene una foto de él solo. En ella se ve como un adolescente de dieciséis años. Se ve muy guapo –dijo Bella sonrojada y con una risita, Edward arqueó una ceja celoso-. Tiene puesta una capa roja con broches dorados.
Edward trató de controlar sus celos irracionales mientras Bella recordaba más.
- Ahora también recuerdo que en la sala tiene un cuadro. Éste es de un hombre mayor que él e idéntico a él. Eso sí, tiene ojos avellana y no tiene ninguna cicatriz en la frente.
- Ese debía ser James Potter, su padre.
- Sí. En el cuadro, el hombre también tiene puesta una capa roja con broches dorados, como la de Harry en su foto.
Edward se quedó pensativo un breve momento.
- Esto significa que Harry y James Potter estudiaron en el mismo lugar… mismo colegio, misma casa… Y Sanguini dijo que el padre de Harry, James Potter, también había luchado en una guerra. Todo tiene sentido. Padre e hijo estudiaron en la casa que da mejores guerreros, los más fuertes y los más valientes. El padre murió, supuestamente. El hijo sobrevivió… pero a un alto precio personal. Harry se parece algo a Jasper.
Se quedaron en silencio un buen rato. Sin duda, Harry se relacionaba al mundo mágico. Ya estaban seguros.
- ¿Qué hacemos ahora? –preguntó Bella cuando vio a una señora salir de la casa para alimentar a las gallinas.
La mujer era bajita, regordeta, notablemente pelirroja, vestida como una mujer humilde.
Bella creía que la señora podía tener unos sesenta años. Si sus cálculos eran correctos, la novia de Harry era la menor de sus hijos y la chica tenía entre diecisiete y dieciocho años. Harry le había hablado de los hijos varones de los Weasley, el mayor ya estaba casado desde hace más de un año. Bill, Charlie, Percy, Fred (difunto), George, Ron y Ginny. En ese orden. Ron era meses mayor que Harry y Ginny era un año menor que Harry. Harry también le había contado que sólo Ron y Ginny vivían con los señores Weasley. Por todo esto, no la sorprendía encontrarse con que la casa fuera relativamente silenciosa.
Ron y Ginny estarían en el colegio.
Lo que Bella no sabía era que Ginny era la única que estaba en Hogwarts.
Ronald Weasley ya se había movido en su contra.
- Sigo sin entender qué hacemos aquí –dijo Ron Weasley.
Harry y Ron estaban dentro del auto comprado por James. El señor Potter no estaba con ellos. Era un viaje de los dos amigos.
- No quiero asustar a mis tíos, Ron –explicó Harry con paciencia-. Si nos aparecemos en la que era mi habitación y bajamos a la sala o a la cocina sin más, se van a asustar. Los Dursley nunca vieron a ningún mago aparecerse ni desaparecerse. En este vecindario todo es a lo muggle y los Dursley están muy acostumbrados a vivir así.
- Pero saben que eres un mago y que puedes aparecerte.
- Lo saben, pero nunca me vieron hacerlo. Además, de esta forma no llamamos la atención. Los vecinos me conocen, no les va a sorprender verme y el auto les parecerá de lo más normal. Y no queremos llamar la atención, Ron, si lo hacemos… -dijo Harry, dejando la última oración inconclusa y negando con la cabeza.
Ron lo entendía. Harry no quería llamar la atención… de Lily. Su amigo sabía que su madre estaría alerta a cualquier señal de la magia de su hijo y que la utilizaría para dar con él. Lo que Harry no quería no era que sus tíos se asustaran, sino que Harry no quería que su madre lo encontrara. En la casa de los Dursley, Harry podía aparecerse y desaparecerse sin problemas en la que fue su habitación. Los Dursley podían tolerarlo, pero si había algún mago curioso por ahí… Bueno, pasaría lo que no querían que pasara: visitas indeseables.
El padre de Harry había insistido e insistido hasta que lo dejaron solo. Lo cierto era que Harry desconfiaba de su padre. Si bien James había cambiado mucho desde su séptimo año en Hogwarts hasta ahora, Harry sabía que su padre seguía siendo Cornamenta. Era muy posible que decidiera hacer de las suyas estando sin supervisación. Por ejemplo, hacerles una visita de cortesía a los Weasley sin el más mínimo aviso previo o darse una vuelta por Hogwarts para recordar sus años dorados… es decir, presentarse en la dirección y quemar el retrato de Snape.
Harry adoraba a su padre, pero a veces tenía la sensación de ser él el padre y su padre su hijo. Se suponía que el hijo era él, no James; él era el joven, su padre ya casi tenía cuarenta años.
La razón por la que fueron a la casa de los Dursley era un mensaje de tía Petunia. Los Potter no tenían pensado hacer una visita a la mujer tan pronto, querían planearlo más. No obstante, un vociferador de Petunia había bastado para hacer un cambio de planes. Un cambio de planes que se hizo repentinamente la noche anterior… horas después de la llegada de Ron.
Inicio de flashback
Los Potter y Ron cenaban tranquila y alegremente. Ron le contaba a James sobre su familia durante los años que él estuvo fuera del mundo mágico, James se interesaba por las trastadas de los gemelos, y Harry observaba y escuchaba su intercambio tan aliviado como contento de que su mejor amigo recibiera bien a su padre. Kreacher, mientras tanto, estaba atento a los tres magos.
De pronto, un cofre de plata, que James había puesto junto a la puerta de la cocina, desprendió un notable brillo dorado. Era un cofre de plata que James había comprado en un anticuario de Seattle y que luego había hechizado para que enviara y recibiera correo. También había comprado uno de bronce y lo hechizó, pero para Petunia esta vez. La diferencia entre el cofre de plata y el de bronce era que el de plata destellaba y el de bronce emitía un sonido de repiqueteo, como si un pájaro aleteara furioso adentro. Así que si el cofre de plata estaba destellando era porque Petunia les había enviado algo.
James se levantó de la mesa y fue a buscar lo que recibieron de la tía de Harry.
Era una carta.
James se la dio a Harry, Harry la leyó. James y Ron veían que el rostro de Harry se volvía serio y que entrecerraba los ojos de enojo. No era difícil suponer que podía tratarse de Lily. Cuando terminó, Harry le devolvió la carta a su padre, visiblemente enojado, y éste la leyó en voz alta con seriedad y desconfianza.
Querido Harry:
Lily ha vuelto a nuestra casa. Supe manejarla, pero hay algo que me inquieta.
Ha estado muy cerca de descubrir a tu pequeño ahijado. Gracias a Dios, Duddley logró llevárselo a dar una vuelta lejos de ella y sin que se diera cuenta.
Tienes que llevártelo contigo, querido. Ella no puede saber de su existencia. Y no es todo. Duddley vio que se mudaba a nuestro vecindario. Lily va a estar cerca de nosotros y esto podría hacerla descubrir al pequeño Lupin. Ven por él lo antes posible y que no regrese a Inglaterra hasta que las aguas se calmen. Ya le avisaré yo a Andrómeda de la situación, estoy segura de que estará de acuerdo. Te espero mañana a la mañana, cuando Vernon se vaya a trabajar y Duddley a estudiar. Si me voy a enfrentar a Lily de nuevo, prefiero hacerlo sola.
Con cariño,
Tía Petunia
Fin del Flashback
Y ahí estaban.
Estacionando en el garaje vacío de los Dursley. Harry sabía que su tía les abriría el portón desde adentro para que Lily no viera al bebé y acertó. En cuanto llegaban a la casa, Ron se percató de un movimiento tras las cortinas de la sala y se lo hizo notar a Harry, que hizo un movimiento con el limpiaparabrisas. Momentos después, entraban el auto. Dejaron el auto en la cochera de la casa y entraron a la casa.
- ¡En la cocina! –exclamó tía Petunia.
En la casa se respiraba aroma a galletas y Harry supo que su tía pretendía más que entregarles al pequeño. Tía Petunia quería hablar con ellos, así que horneaba galletas para tomar té. Harry sabía que su tía siempre trataba de ser una muy buena anfitriona para dar una buena imagen tanto de su casa como de su familia, pero él no entendía por qué lo haría ahora y con ellos. Petunia había criado a Harry y conocía a Ron desde hacía años. No hacía falta.
Tía Petunia estaba confundiendo a Harry.
La encontraron sacando una bandeja de galletas hechas del horno, con un delantal puesto y una manopla en la mano izquierda.
Al sentirlos, ella se volvió hacia los muchachos.
- ¡Harry! –exclamó sonriente y fue a abrazar a su sobrino.
Harry se sorprendió, pero sólo un poco.
Su relación con los Dursley había cambiado mucho, sobretodo con su tía. Había mejorado de una manera que jamás creyó posible. Si a sus catorce años alguien le hubiera dicho que se llevaría muy bien con los Dursley, seguramente se habría creído que la persona le estaba intentando tomar el pelo de una forma patética. Si eso hubiera sido a sus quince, le habría lanzado un maleficio y luego gritado.
Las maravillas que el tiempo podía hacer en las vidas de las personas.
- Hola, Ron –saludó Petunia a un tranquilo Ron.
Ron sabía que la mujer había cambiado mucho con su sobrino. Cuando él fue a escribir la carta para Harry a esa casa, ella lo había recibido bien y hasta le había invitado té. En su momento, claro que le había sorprendido mucho, pero ahora ya sabía cuánto cambiaron las cosas y también qué podría esperarse de los Dursley.
Se saludaron y la mujer los dirigió a la mesa del comedor, para después llevar una tetera, tazas, azucarera y un plato con galletas. Y se sentó.
- ¿Y Teddy? –preguntó Ron. El niño no estaba en ningún lado.
- Está durmiendo en la cama de Duddley –respondió Petunia tranquilamente.
- Tía… -empezó Harry, pero ésta lo interrumpió levantando una mano.
- Sé lo que vas a preguntar: ¿por qué tal recibimiento?
Harry asintió. En su adolescencia, ya había momentos de entendimiento entre tía y sobrino.
- Quiero que hablemos de algo que me tiene inquieta y dudo que tu amigo no lo sepa a juzgar por el vínculo que los une desde hace años. Se cuentan todo –lo último no era una pregunta, ella ya lo había intuído años atrás. Cuando ninguno de los dos jóvenes lo negó, siguió:- Necesito que hablemos de la persona de la que me hablaste en tus cartas, Harry.
Harry recordó las cartas al momento.
Inicio de Flashback
Harry estaba sentado en la cocina, solo. Su padre estaba afuera viendo la lluvia caer, ajeno a lo que planeaba su hijo desde hacía horas.
Harry sabía que, en algún momento, su padre y su tía se verían las caras. También sabía que había dos pasados que siempre estarían presentes en su vida. En su vida no se aplicaba eso de "el pasado es pasado" porque siempre habría algo o alguien que lo invocaría, hasta podía ser él mismo. Así que decidió conciliar esas épocas para el bien de su futuro.
Había dos pasados, un presente y un futuro. ¿Qué pasados? El de sus padres y el suyo. Por eso, había dos pasados. Su pasado era la mala infancia que tuvo y el pasado de sus padres era ese en el que ciertas personas vivían aún. Severus Snape nunca había echo a un lado al pasado que compartía con su padre y su padrino; tía Petunia no hizo a un lado el que compartía con su hermana menor y madre de su único sobrino. Estos dos pasados influyeron en gran medida en la vida de la persona que todos ellos tenían en común: él, Harry. Harry había tenido que sufrir el odio Snape sentía por su padre y su padrino, como también sufrió el que tía Petunia sentía por su madre.
No podía seguir así, algo tenía que hacer.
Por eso, invocó pergamino, tinta y pluma. Luego, se puso a escribir una carta.
Querida tía Petunia:
Te escribo esta carta porque han estado pasando algunas cosas aquí y necesito que hablemos de eso. No te preocupes por mí, estoy bien. No se trata de mí de forma directa. Estaríamos hablando de mi padre, James Potter.
¿Lo recuerdas, verdad? Él me dio la vida y me legó el aspecto físico. Uno de los hombres más importantes de mi vida.
He descubierto cosas suyas en Estados Unidos. Esto me llevó a descubrir y plantearme más, más sobre mi linaje paterno y otras cosas. Sé que tu intención no era mandarme a Forks a investigar a mi padre, pero la verdad es que se dio solo. Ni siquiera lo busqué, simplemente ocurrió. Papá guardaba secretos, les ocultaba cosas a todos, hasta a su propia esposa. Él era más poderoso de lo que se conocía y la familia Potter ocultaba mucho más de lo que dejaba entrever. He descubierto uno de los grandes secretos de papá y necesito que sepas. Es importante para mí que lo hagas.
Te pido que te lo guardes. Nadie debe saber nada hasta que se tome la decisión de compartirlo. Se trata de algo grande.
Papá te quería, lo sé. Ayúdame con esto. Hazlo por él.
Te quiero,
Harry
Fin de flashback
Esa había sido la primera carta. Había otra más, pero viéndolo ahora, ésta ya auguraba que pasaba algo relacionado a James Potter. La segunda carta también había sido idea suya y la había escrito tres días antes de volar a Londres. Harry había querido prepararla para la "resurrección" de su padre.
Inicio de flashback
Harry estaba en su habitación, otra vez solo. Era de noche. Ya habían cenado e ido a dormir. Harry sabía que su padre ya dormía, pero él no podía. No tenía sueño ni estaba tranquilo. Estaba quieto en su cama y se lo podría tomar por dormido por su apariencia tranquila, pero sólo era eso: aparente serenidad. Su mente y su corazón estaban agitados. Harry parecía tranquilo porque estaba pensativo e intentando encontrar algo que le hiciera sentir calma y seguridad.
No era para menos teniendo en cuenta lo que él y su padre pensaban emprender.
Harry no sabía qué hacer.
Quería que su padre se sintiera en paz, pero sabía que eso implicaba mucho. Su padre necesitaría retomar su vida, aunque sea ésta diferente.
James le había dicho que el patriarca Potter sería él, Harry. Harry no había entendido por qué si el verdadero patriarca era su padre, pero James se lo había explicado.
"Yo ya tuve mi momento y fallé. Me dejé influenciar y con eso atraje el desastre para todos. Remus acabó solo y marginado, Sirius se volvió amargado y fue un repudiado, Lily te abandonó, a ti te marcaron la vida para siempre y yo sufrí un calvario por no poder ser el padre que necesitabas. No, demasiado daño por una imprudencia. Sé que tú no caerás en lo mismo. Eres fuerte. A diferencia de mí, eres un veterano de guerra honrado. Sé que el apellido Potter recuperará su brillo contigo a la cabeza… si es que no lo recuperó ya."
Harry aceptó, pero sólo para que las esperanzas de su padre se convirtieran en una realidad. Harry quería que su padre fuera feliz y sabía que devolverle el honor y el brillo a su apellido sería una manera de hacerlo feliz. Además, Harry también quería que su padre se sintiera orgulloso de él, pero no por la guerra.
Entonces se le ocurrió una idea.
Avisar de una visita sorpresa a algunas personas. Escribirles una carta con un aviso y pistas que pudieran asociarse con su padre. De esa manera, esas personas no tendrían ataques y su padre no caería confiado en un campo de minas.
Buscó pergaminos, tinta y pluma. Una vez que se sintió listo, comenzó a escribir. Eligió a tía Petunia para empezar.
Querida tía Petunia:
¿Cómo estás? ¿Cómo están las cosas allí? Espero que Lily no les esté dando problemas otra vez.
En muy poco tiempo volveré a Inglaterra. Sólo estaré unos días allí, tengo cosas que hacer. Por supuesto, me quedaré en Londres. Eso sí, no viajaré solo. Tengo un acompañante. Ya vive conmigo en Estados Unidos, se instaló en mi casa con mi autorización. Y es británico, pero entiende mi necesidad de bajo perfil.
Se trata de alguien que me dio la información sobre mi padre. Esta persona removió los cimientos de mi historia, de mi vida. Es muy importante para mí, tanto como mi padrino y tú sabes lo importante que era Sirius en mi vida. Esta persona es tan importante como él. Quiero que sepas quién es, que lo veas y hables con él.
Sabe de mi existencia desde siempre y habría formado parte de mi vida de haber podido. Se perdió casi toda mi vida y ahora estamos recuperando el tiempo perdido. Tú lo conoces desde antes de que mis padres se casaran. Se perdieron dieciocho años ya, es hora de recuperar. Creo que entenderás.
No te diré más hasta que nos veamos en persona. Prepárate.
Con cariño,
Harry James Potter
Al terminar de escribir esa carta, leyó y releyó hasta estar seguro de haber puesto lo correcto. Con esa carta, el margen de error era muy pequeño. Era como si ya le estuviera diciendo que su padre había reaparecido, como Lily. Y si el contenido de la carta no era suficiente, su firma sí debería serlo por sí misma.
Dobló la carta, la metió en un sobre, escribió lo que correspondía, y selló el sobre con una cera y un sello que su padre le había dado. La cera era roja escarlata y el sello era una P elegante. Luego procedió a escribir las otras cartas.
Fin de flashback
- Es él, ¿verdad? –dijo tía Petunia.
Harry la miró y no supo qué decir ante la imagen de ella.
Tenía las manos rodeando su taza de té, pero temblaban ligeramente. Se había puesto pálida y su respiración estaba contenida. Sus ojos eran los que más atrapaban a Harry: esperanzados, cautelosos y nerviosos. Su tía lo miraba tratando de encontrar algo en él que le diera una respuesta concreta sin necesidad de las palabras.
Decidió que lo mejor sería decirle la verdad ya de una vez. Harry sabía que su tía era fuerte y receptiva. Ya una vez le habían hablado de la muerte de su hermana, de una guerra y de la probable muerte de su único sobrino. Arriesgarse no sería peligroso teniendo en cuenta esto.
- Sí –respondió Harry. Su voz había sonado firme, tranquila y sus palabras salieron seguras y ligeras.
Petunia cerró los ojos y suspiró profundamente.
El silencio se apoderó de ellos por unos minutos hasta que ella lo rompió.
- Siempre supe que había algo que no cerraba en la muerte de tus padres –dijo petunia bajando la cabeza, aún con los ojos cerrados-. No fui al funeral que sé que habrán hecho los magos, así que no los vi en sus ataúdes. No fui porque tenía que hacerme cargo de ti, de tu primo y porque Vernon no habría permitido que me rodeara de "anormales". Quise ir, pero no pude. Aunque tampoco fue la única razón por la que no fui.
Algo dentro mío lo sentía incorrecto. Mi intuición me decía que no creyera en el contenido de la carta de Dumbledore. Mi intuición nunca se equivoca.
Todos decían que James era atolondrado y que Lily era honesta… que ella sólo le basaba en lo que le permitían… Pero yo no lo creía así, no de James. Lily sí era así, pero no James… Tu padre era una persona precavida y discreta, por no hablar de un padre devoto –abrió los ojos, le sonrió a Harry con dulzura y le acarició una mejilla con el dorso de una mano-. Tú te pareces en eso también a él… Siempre procuraste que Vernon, Duddley y yo supiéramos lo que pasaba en el mundo mágico para que pudiéramos estar en guardia, nos cuidaste de esa manera y yo me negué a verlo hasta que te fuiste a Estados Unidos. No lo vi porque seguía odiándote por ser hijo de Lily, pero cambié de opinión cuando supe lo mucho que sufrías por ella. Sin saber por qué, me desmayé estando sola en casa… Tu padre se presentó en mi cabeza en una especie de sueño, me explicó tu situación y lo que tenía que hacer por ti… Fue entonces cuando supe que sufrías por culpa de tu madre como yo lo hice una vez antes de que se casara con tu padre.
En cartas, James me contó de su familia, de su linaje y su herencia. Yo sólo aceptaba información mágica de él porque era el único del mundo mágico en el que confiaba. Tu padre pareció sentir que sus secretos estaban a salvo conmigo y me los confió. Me habló del poder y la información que se heredaba de Potter a Potter, herencia a la que él tenía acceso. Cosas grandiosas e increíbles la verdad.
Cuando te acercabas a tu nacimiento, James pareció tomar medidas para mantenerte vivo a toda costa. Tu vida era su máxima prioridad. Cuando naciste, me lo hizo saber en un correo secreto y diferente. Me envió unas botellas llenas de poción. En su carta decía que me las enviaba porque tenía la sensación de que en algún momento estarías conmigo, bajo mi techo. Me explicó qué contenían las botellas. Se trataba de una poción que te mantendría en perfectas condiciones. Me explicó que los niños magos eran débiles e inestables en su magia, que había cosas que podían alterarte toda tu vida. James quería que tus poderes permanecieran intactos y protegidos de cualquier cosa…
- Él sabía lo que le pasó a Ariadna Dumbledore y no quería que me pasara lo mismo –dedujo Harry. Teniendo en cuenta que su padre tenía acceso a distintas clases de información, no le sorprendía que supiera lo de la hermana de Albus Dumbledore.
- Sí. Su madre, tu abuela, lo sabía, se lo contó a su marido y James los escuchó a hurtadillas. Tu padre también quería que te diera esa poción para mantenerte perfectamente bien de salud. Era un padre devoto y sobreprotector contigo, Harry. Por eso nunca te enfermaste, a diferencia de muchos niños. Llevabas la poción que tu padre elaboró para ti en tu sistema. Eras inmune a todo. Yo sólo te llevaba al médico para cerciorarme de que la poción cumpliera su función. Una de las botellas tenía esa poción y la otra (eran dos) era una cura a todo. Como tú nunca necesitabas de la cura, probé con darle a Duddley cuando se engripó una vez, pero le hizo peor. Luego, de la nada, en el rótulo de la etiqueta de la botella, apareció una oración que me hizo desistir: "sólo un legítimo Potter puede beneficiarse de ella". Creo que tu padre lo tenía todo previsto para evitarte cualquier mal, pequeños y grandes. Tú siempre estabas bien. Te inyectaba esa poción mientras dormías por la noche, una vez por mes hasta casi los once años y luego una vez al año cuando empezaste Hogwarts. En su carta, tu padre decía que a partir de los once ya estarías estable, pero que no debías correr riesgos hasta convertirte en un mago adulto. Según tu padre, a esa edad ya podrías controlarte solo gracias al desarrollo logrado en la escuela. Por eso, tu magia sólo salía tan rara vez y cuando pasabas por una emoción fuerte. Estabas contenido con las defensas que tu padre te había dado. Eras su tesoro y su tesoro debía estar protegido. Los únicos que sabían esto éramos tu padrino, tu padre y yo. Sirius tenía que saber por si tomaba su lugar de tutor. Todo tenía que estar listo para que su hijo estuviera bien.
- Y logró lo que quería –dijo Ron pensativo.
- Tú qué crees –le dijo Petunia con una risita y una sonrisita-. Tu amigo está totalmente sano a tu lado, su magia está intacta y desarrollada.
Harry se quedó callado y pensativo. Su tía intuyó la línea de sus pensamientos y se enterneció. Le tomó las manos con las suyas.
- Le debes mucho a tu padre, querido. Le debes la vida, tu cordura y la salud de tu magia. Fue algo admirable lo que hizo por ti.
Harry sonrió. En su pecho sintió que el amor que sentía por su padre y su admiración hacia él aumentaban.
- Así que tu padre está vivo. Sinvergüenza –se rió Petunia-. Ese hombre me va a escuchar. Si hubiese creído a la carta, me estaría dando un ataque, suerte para él que no. Puede que le dé una bofetada si me agarra de mal humor. Se lo merece.
Harry sonrió aún más.
Esta visita había sido muy distinta de lo que creía que sería.
De repente, sonó el timbre. Pegaron los tres un respingo.
Sin que pudieran reaccionar más, el timbre sonó otras veces más.
Petunia se puso seria, Ron tomó su varita y Harry se puso tenso.
No hacía falta más para que supieran quién era.
- Es ella –dijo Petunia en un susurro siseante-. Lily ha venido, está aquí.
Lily miraba la puerta de su hermana. Ella nunca había sido una tonta, sabía que estaban pasando cosas dentro de la casa de su hermana y que ésta intentaría ocultarlo. Lily había visto un auto negro circular por ese vecindario y ella sabía que no podía tratarse de ningún vecino. El que iba en el coche venía de otro lado, de afuera. Lo había visto entrar en el suburbio desde la carretera, lo había seguido sin levantar la más mínima sospecha y se sorprendió, sólo a medias, cuando Petunia lo hizo entrar a su cochera. Lily también vio a los que iban dentro del auto.
Dos jóvenes. Uno pelirrojo y otro con cabello negro. El pelirrojo era el acompañante y el de pelo negro conducía. Ninguno de los dos aparentaba superar los veinte años.
Otra cosa curiosa fue que el de cabello negro sabía con exactitud su recorrido. Otra cosa curiosa también fue que los Dursley (la familia de su hermana) no recibían más visita que la hermana de Vernon, una mujer que no conducía ni tenía auto.
Por alguna razón, Lily no descartaba la idea de que su hijo estuviera asociado con alguno de los dos o con los dos. Estos jóvenes podían saber algo de Harry y ella iba a averiguarlo.
Tomó un chal que había dejado en uno de los sillones de la sala, se lo puso y fue a la casa de su hermana.
Convertido en ciervo y escondido entre vegetación, James observaba y escuchaba a una pareja. Su olfato de ciervo le decía que la chica era humana y de la edad de su propio hijo. El muchacho no era un ser humano… era un vampiro. Era un vampiro que, pensaba James, debió ser convertido a los diecisiete años. La humana estaba montada a la espalda del vampiro, sus brazos sujetaban el pecho del vampiro y sus piernas estaban en la cintura.
Gracias a Merlín, James podía ocultar sus señales (olor, pulso, circulación…) y sus pensamientos. Si él no quería, no se lo podía detectar… y él no quería ahora.
James no entendía cómo habían dado esos dos con la casa de los Weasley. Sus intenciones allí eran fáciles de descubrir para él y su hijo: querían información sobre su Harry. ¿Por qué otra cosa estarían allí?
Rodó sus ojos de ciervo. Se giró hacia la casa de los Weasley y la observó.
Su Harry había estado allí varias ocasiones y había sido feliz ahí. James lo sabía sin que su hijo se lo dijera. Harry era un aristócrata, pero seguía siendo el adolescente sufrido que había sido por años. Un chico huérfano que creció en la guerra. Harry se convirtió en hombre de esa manera. Los Weasley fueron lo más parecido a una familia que su pobre hijo tuvo en su vida turbulenta. La Madriguera era el segundo hogar de su bebé (Harry no sabía que él seguía viéndolo así, ni lo sabría nunca). Dentro del ciervo, James suspiró profundamente. Les debía mucho a los Weasley.
Lo que Harry no sabía y que él no pensaba revelarle, era que su instinto paternal le decía que Harry no había tenido la vida que le dijo. Harry le ocultaba mucho dolor, pero James no se sorprendería nada el que su hijo recibiera malos tratos de los Dursley. Tampoco iba a sufrir por eso, Harry había tenido una buena vida en el mundo mágico… dentro de lo que vivía por culpa de Voldemort. Petunia odiaba a Lily y su sobrino había heredado los ojos de su odiada hermana menor. Harry podía hacer que cualquiera recordara a esa pelirroja con sólo mirarlos con sus ojos verde esmeralda, no necesitaba más que una mirada. James lo sabía por experiencia propia. No podía culpar a Petunia conociendo sus razones. Además, no ganaba nada sufriendo por la suerte pasada de su hijo. Harry ya estaba lejos de eso. Ya no era un niño. ¡Por Merlín, estaba comprometido con una bruja!
Volvió a mirar a la pareja y se preguntó si podría volver a su forma humana y desaparecer para reaparecer dentro de la casa de los Weasley. Ron no tendría problemas en que el padre de su mejor amigo se apareciera en su habitación no estando él ahí, después de todo, lo que James querría sería conocer a sus padres y la casa donde su hijo había estado durante su adolescencia. James sabía que Ron no se molestaría. N que fuera Lucius Malfoy.
Dentro del cuerpo de ciervo, James palideció. Ay, no… Ojalá que nunca le toque tomar poción multijugos con cabello de esa serpiente rubia oxigenada.
Sin bajar la guardia ni medio segundo, regresó a su forma humana. Cuando acababa de ponerse su sobretodo negro de paño, sintió vibraciones en uno de los bolsillos. Con una mano enguantada, sacó del bolsillo un celular que Harry le dio para poder contactarse. En la pantalla aparecía una llamada de Harry. Atendió sin más miramientos.
- ¿Hijo?
- Papá, ¿dónde estás?
James frunció el ceño. Harry sonaba preocupado y algo agitado. Algo le estaba pasando. También oyó a una mujer y a Ron del otro lado, nerviosos.
- En las afueras de La Madriguera. ¿Qué ocurre? ¿Me necesitas? –respondió a los tres segundos.
- Sí. Necesito que te aparezcas en mi habitación de la casa de los Dursley y te desaparezcas con Teddy. ¿Puedes, por favor?
Su hijo estaba en un apuro.
James sabía que Harry lo resolvería todo si no hubieran bebés en el medio, pero Teddy era un bebé. Harry era orgulloso (sin parecerlo) e independiente, no le gustaba depender de nadie, pero tenía límites.
Un pensamiento medio inquietante apareció en su cabeza.
Lily, hasta donde sabían, no tenía ni idea de que Harry tenía ahijado… mucho menos sabía que ese ahijado sea hijo de Remus Lupin. Esto significaba que Lily era quien puso a su hijo en apuros.
Lily estaba en Privet Drive… peligrosamente cerca de su hijo.
Con el ceño fruncido y visiblemente enojado, James se puso su boina (ayudaba a disimular la cara y su condición de mago) antes de ir a aparecer a la que fue la habitación de Harry en Privet Drive.
- Mi padre ya viene –dijo Harry visiblemente aliviado.
- ¿James? –preguntó su tía pálida y conmocionada.
- Sí, tía. Se aparecerá en mi ex habitación para llevarse a Teddy. Lily no puede ver al bebé. Sabrá que está relacionado conmigo en cuanto vea que es animago. Papá no hará nada más que eso: llevarse al niño. Una vez que lo haga, podremos hacer algo. Además, es mejor mantener al niño alejado de toda violencia.
- ¿Ron subió allí para entregarle a tu padre al niño, verdad? –preguntó Petunia más tranquila y entendiendo.
Harry asintió, seguro. Petunia se calmó al ver la seguridad en su sobrino.
En el piso superior de la casa, James recibía a Teddy de brazos de Ron. Ron, como su amigo, estaba alerta y atento a todo… lo que lo llevó a detectar el enojo en las facciones del padre de su mejor amigo. Potter padre tenía rostro severo y respiraba de manera contenida, como si procurara mantener la compostura y se controlara con esfuerzo para no salir a enfrentar a su todavía esposa. Ron sentía emociones encontradas en ese momento al ver al señor Potter.
Siempre había entendido que James Potter tenía una personalidad muy parecida a la de Sirius Black y Ron conoció al padrino de su amigo. Sirius era temperamental, muy enérgico, devoto a su ahijado (Harry, su mejor amigo), de armas tomar, un hombre de acción, muy valiente… alguien capaz de enfrentar a quien sea en una lucha. Así había muerto: en combate. Ron no creía que James Potter fuera diferente. Harry, además, era también bastante parecido a su padrino. Harry y él mismo eran veteranos de guerra sin haber acabado Hogwarts. Saber que el padre de Harry estaba conteniéndose lo sorprendía por todo esto. Sin embargo, le sorprendía sólo a medias. James Potter no quería que Lily supiera de la existencia de Teddy Lupin. El padre de Harry sabía que su hijo podía cuidarse solo, pero no estando ese bebé de por medio. Padre e hijo Potter se negaban a que el hijo de Remus Lupin acabara involucrado en todo ese lío ni por accidente. James se contenía sólo por el pequeño de su viejo y difunto amigo.
- ¿Qué piensa hacer mi hijo, Ron? –preguntó el señor Potter.
Si bien el rostro de James se veía enojado, su voz tenía preocupación. James estaba preocupado por la situación del momento y por lo que haría su hijo. Ron sabía que James estaba inquieto por el inevitable enfrentamiento entre madre e hijo. Tanto James como Ron sabían que Harry y Lily eran personas de fuerte carácter. Ron estaba seguro de que Harry era muy capaz de gritarle a su madre, tampoco descartaba la posibilidad de que su amigo perdiera los estribos. Uno de los mayores problemas era que Harry ya no era ese adolescente que necesitaba años de educación mágica escolar. Ahora, Harry era un mago adulto con más preparación y mayor madurez. Ahora podía ser más dañino que a los quince años.
Lily no conocía a su hijo, pero Harry sí sabía cosas de su madre… y sabría dónde atacar.
- Le está escribiendo una carta y después pondrá alguna defensa sobre su tía para que Lily no le pueda hacer daño. Harry no tiene intención de enfrentarse a ella, pero si tiene que hacerlo…
James asintió, entendiendo. Su hijo no quería pelear, pero lo haría si fuera necesario. Suspiró. Lily haría algo así. Si por las buenas no se podía, entonces se haría por las malas… si realmente se necesita. James tenía que admitir para sí mismo que ir al choque era más de él, por lo impulsivo que era.
El corazón de Harry latía rápido. Él estaba muy nervioso, aunque no lo aparentaba. No quería que su tía viera lo que lo afectaba el hecho de tener a su madre a unos pasos de distancia. Para verla, sólo tendría que atravesar el pasillo y salir fuera de la casa… Pero no quería. No, no quería verla.
Tía Petunia estaba afuera hablando con Lily, dándole tiempo para terminar la carta e irse de allí.
La situación en la que se encontraba le fue suficiente para saber que no estaba listo. Sí era cierto que la enfrentaría si era necesario, pero le pedía a Dios que no lo fuera. Harry no estaba preparado para estar cara a cara con su madre. Aparentaba seguridad, pero por dentro lo estaba pasando mal.
Ya terminaba la carta cuando las voces de afuera aumentaban de volumen.
Harry se alteró visiblemente. Se estaban acercando, estaba seguro. Sólo faltaba que Lily abriera la puerta de golpe, lo buscara, lo encontrara y entonces él ya no podría evitarla más.
Su corazón se alteró más y su pulso empezó a temblar… hasta que ya no pudo seguir escribiendo porque la letra le saldría mal.
De pronto, una mano se posó en su hombro izquierdo… Una mano muy fría.
- Tranquilo, yo me encargaré.
Era una voz masculina, muy hermosa y reconfortante.
De una manera extraña, Harry se fue tranquilizando. Sintió también que el desconocido era alguien en quien podía confiar.
Despacio y con cuidado, dejó la lapicera sobre la mesa de la cocina. Se enderezó sobre la silla y se giró hacia donde provenía la voz.
El dueño de la voz era un vampiro… pero no un vampiro cualquiera.
Tenía ojos dorados.
- Soy Jasper Hale.
- ¿Estás loca, Alice? –preguntó Edward con el celular en el oído.
Seguían parados en el mismo lugar, pero Bella se había bajado de la espalda de Edward para no quedarse dura. Edward hablaba por celular con Alice y parecía frustrado y enojado.
- Es peligroso. Harry es un veterano de guerra, Alice. ¿No se te ocurrió pensar que las cicatrices de Jasper harían que Harry levantara defensas? Además, Jasper no tiene tanto autocontrol. Si intenta atacar a Harry, Harry podría hacer algo para defenderse… como prenderle fuego. Este humano no es como Bella, Alice. Harry estuvo en una guerra y sabrá defenderse, tendrá sus trucos… no olvides que es mago. Si Jasper pierde los papeles, podrías quedarte viuda… ¿Y qué importa si ni su padre ni William lo criaron? Harry no es tonto, Alice… No… todavía no estuvimos en Hogwarts, pero lo haremos… ¡¿Qué?!
Bella fue poniéndose nerviosa a medida que iba escuchando lo que podía. Edward lo sabía, su pulso se lo decía. Edward sabía que su humana novia iba asociando según escuchaba.
Jasper estaba muy cerca de Harry… si es que no estaba ya con él. Y por lo que sabían, Harry era capaz de enfrentarse a un vampiro y asesinarlo. Existían hechizos para hacer fuego y estaban seguros de que Harry los sabía y aplicaba. Harry tenía con qué matar vampiros, su varita era todo lo que necesitaba… y él nunca se separaba de ella hasta donde sabían. Si Jasper lo atacaba, corría peligro de ser exterminado por un humano con poderes. Harry sólo era un ejemplar del mundo mágico en su totalidad. Carlisle había investigado y descubierto que los magos estaban en todo el mundo. El mundo mágico era inmenso y reaccionaba a los ataques. Los magos sabían defenderse de los ataques. En ese mundo de magos y brujas había habido guerras. Los abuelos paternos de Harry habían vivido una, los padres de Harry lucharon en otra y el mismo Harry creció y luchó en otra… saliendo vencedor. Con esos antecedentes tanto familiares como personales… el mal parado sería Jasper, no Harry.
- No puede ser. ¿Cómo…? –Edward cerró los ojos y gruñó- ¿Y ahora qué? –preguntó de mala gana-. Entonces, las cosas cambiaron, ¿cierto?... De acuerdo. Adiós y colgó.
Bella lo miró expectante. Edward la miró con los labios fruncidos.
- Harry se enteró que lo estamos investigando y no está contento. Su mejor amigo, Ronald Weasley, le contó su encuentro.
Desde ese momento, Bella y Edward supieron una cosa: Harry levantó defensas.
VOLVÍ!
MIL DISCULPAS POR LA TARDANZA!
Estuve con muchas cosas importantes y absorbentes. Desde distintos lados. Universidad, familia (desde problemas de convivencia hasta fallecimientos), hogar. Y también... falta de inspiración. En todas mis historias. Voy a hacer lo posible para avanzar más en esta historia, aprovechando que me reactivé en este fic. Ahora les subo este capítulo y enseguida me pongo a trabajar en el siguiente.
Saludos!
