DE IGUAL A IGUAL
N/A: Aquí va otro oneshot con la letra de un tango, este fic lleva el nombre de ese tango. Su autor falleció en 1973, por lo que en 3 años se cumplirá medio siglo de su fallecimiento y esta obra pasaría a ser patrimonio de la humanidad.
El sentimiento que transmite esta pieza musical, en mi humilde opinión, es maravilloso.
Hay muchísimas versiones que pueden escuchar en youtube y en spotify, ya que es una obra prestigiosa y que muchos grandes artistas la interpretan.
Les dejo algunas versiones que a mí me gustan tanto escucharlas, como bailarlas, con sus nombres tal como aparecen en youtube.
- De Igual A Igual · Angel D'Agostino Y Su Orquesta Típica · Angel Vargas
- Alfredo De Angelis - Carlos Aguirre - De Igual a Igual - Tango - 1971
- De igual a igual - Pablo Ramos & Los Herederos del Compás
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Y ahora sí, volviendo al contexto que nos trajo acá les dejo con el fic, espero que les guste.
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Disclaimer: Dragon Ball y sus personajes pertenecen a Akira Toriyama.
"De igual a igual", pertenece en letra y música a Rodolfo Sciammarella.
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~De tanto y tanto quererla
me ha entrado miedo,
miedo de perderla.~
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Nunca tuve miedo de perder algo, quizá tal vez porque nunca sentí que hubiera tenido algo. Había perdido todo, mi planeta, mi raza, mi pueblo, mi reino, e incluso mi dignidad.
Lo único que protegía con fiero ahínco era mi orgullo, era lo único que nadie, ni siquiera ese lagarto tirano que me esclavizó, iba a poder quitarme.
Mis posesiones, durante la primera parte de mi vida, fueron mi orgullo y mi sed de venganza; eran el motor que me daban fuerza cada día para sobrevivir. El esperar que llegara el momento de cobrarme lo que era mío, para lo que había nacido y sido criado: ser el Rey de todos los Saiyajin. Nada en mi vida importaba más que yo, y tampoco tenía miedo de perderme porque ya me había perdido hace mucho tiempo.
Pero la vida tuvo otros planes, y perdí lo único que me importaba: mi vendetta, en manos de un clase baja, y con ella mi única posesión: mi orgullo. Y aún así, seguí sin tener miedo a perder.
Y pese a todo pronóstico, fui devuelto a la vida, y enviado al planeta que acunó y suavizó el carácter de mi eterno rival, y fui obligado a aceptar la ayuda que esa atrevida mujer osó darme; un lugar donde permanecer y alimentarme, un espacio donde entrenar y superarme.
La circunstancia me obligó a convivir con esa humana, a tolerar su existencia, a no hacerla desaparecer por su irreverencia y vulgaridad.
Esa mujer, vulgar y ladina por un lado, y con una mente brillante y un espíritu que pese a su débil condición no dejaba nada que envidiarle a un guerrero, me hicieron por primera vez comenzar a desear algo que no fuera yo mismo.
Fue tan lento, tan progresivo, tan desapercibido el proceso en el que esa mujer se fue colando en cada uno de mis sentidos que nunca pude comprender del todo cuál fue el punto de inflexión en el que esa mujer me doblegó.
Se coló por mis ojos, con su llamativa apariencia y sus estrambóticos colores; por mi olfato con su aroma embriagador; por mi gusto, desde la primera vez que probamos el sabor de nuestras bocas; por mis oídos, cada vez que la escuchaba liberar sonidos de placer en contra de su voluntad al contacto de nuestros cuerpos; por mi tacto, en cada encuentro donde su sedosa y suave piel se entregaba a mis deseos.
Se coló de tal forma, volviéndose cada vez más vulnerable por sus emociones hacia mí, que cuando el goce que sentía al tenerla en mis brazos se volvió nauseabundo, no pude matarla. Yo, un otrora genocida, no podía deshacerme de una frágil mujer humana.
Si lo hacía, algo dentro de mí podía morir. Y ahí, por primera vez, conocí la debilidad que siempre había sido mi arma letal ante un adversario, algo que supe en ese momento que podría ser usado en mi contra; se había vuelto una debilidad.
Por primera vez realmente tuve miedo. Miedo de perderla.
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~No puedo darme reposo,
estoy enamorado
y estoy celoso.~
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Y aunque al principio nuestro vínculo estaba basado en batallas verbales arrojándonos insultos, y guerras carnales en prácticamente cualquier en el que nos encontráramos, no había algo más profundo que eso.
Mi objetivo, en aquel momento, era muy claro: ser más fuerte para vencer a mi eterno rival y como desafío subyacente a las hojalatas humanoides que en un futuro alternativo iban a acabar con mi vida.
Pero de alguna manera esa vulgar mujer logró interponerse en mis metas, distraerme de mi objetivo. Sus constantes discusiones con aquella sabandija debilucha que ella llamaba 'novio' progresivamente comenzaron a alterarme a un punto que podría haberse salido de control si las cosas hubieran sido distintas.
Incluso llegó a pasar por mi mente, como un destello, retar a un duelo a ese insecto, sólo para tener una excusa para matarlo y que su asquerosa presencia dejara de pulular en mi territorio. Pero si lo hacía, iba a comenzar un ritual Saiyajin que en ese momento no tenía intenciones de empezar. Retar a duelo a otro guerrero implicaba que el victorioso tendría el permiso para comenzar la unión con la mujer en discordia.
Raras veces había habido uniones Saiyajin de ese estilo, porque implicaba que la energía vital de ambos quedaría ligada al otro. Además, retar a duelo a alguien tan insignificante, por más que mi cuerpo deseara la batalla, carecía de dignidad; una victoria así, más que orgullo hubiera sido una bajeza.
Hasta que eventualmente la mujer se deshizo por sí misma de esa excusa de guerrero y sin darse cuenta se enredó en mi vida.
Su presencia interrumpía tanto mi objetivo de ascender a Super Saiyajin que tuve que irme por un tiempo de ese maldito planeta, necesitaba superarme y superar a mi rival.
Cuando logré mi objetivo, cuando pude conectar las emociones que tenía debía, logré llegar al nivel legendario. Para mi desgracia, mucho tuvo que ver aquella mujer en mi mente para poder llegar a ese rasante. De hecho, todo lo que sentía por ella en ese momento, que no es ni un ápice de lo que hoy siento, fue el detonador de mi ascensión.
Regresé a ese maldito mundo dominado por humanos, que lentamente y a mi pesar me fue ablandando.
Para mi sorpresa, a mi retorno lo primero que encontré fue a la maldita mujer, acunando en sus brazos a un mocoso que al instante y por su energía reconocí como mi descendiente, junto a esa sabandija humana queriendo cubrir un rol que no le correspondía; ese insecto estaba intentando ocupar mi lugar, apañado por la estruendosa mujer que alegaba que él sí iba a estar presente en la vida del mocoso.
Escucharla declarar ese escenario con tanta simpleza y tanta racionalidad, despertó en mí sensaciones nuevas y desconocidas hasta el momento, y de no haber sido por sus súplicas, en ese mismo momento hubiera degollado a aquel gusano.
Nadie más que yo tenía el derecho a entrenar a ese mocoso, al fin y al cabo, era mi deber que recibiera el entrenamiento adecuado digno de la familia real.
Nunca había sentido furia que alguien intentara ocupar mi lugar, incluso en algo que había sido importante para mí.
Pero la peor cachetada que detuvo mi ira de aquel momento, lo que me hizo retroceder para preservar el poco orgullo que me quedaba, fueron las palabras que salieron de la boca de la mujer, con sus ojos escrutándome como intentando leer mi misma esencia, y con la comisura de sus labios torcidas ínfimamente en lo que, entiendo hoy, que fue el esbozo de una sonrisa: "¿qué te pasa Vegeta, estás celoso?"
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~Mezcla de dulzura y de tormento
es este amor que en mi alma siento.~
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Cada momento en el que interactuábamos con aquella mujer vanidosa, era sentirme hechizado por sus encantos y lastimado en lo más profundo de mi orgullo.
Fueron años difíciles, al día de hoy no puedo sino admirar el carácter de esa mujer, bruja y hechicera, que lograba entenderme al punto tal de darme batalla en algunos momentos, y en otros el exquisito néctar de su calidez.
Los días se nos iban en escaramuzas verbales, con astutos insultos hiriendo nuestros egos; nadie se había atrevido a enfrentarme de la manera que lo hacía aquella mujer. Y las noches eran la reconciliación, su delicada figura y lo que su fogoso deseo despertaban, y aún despiertan, en mí, era la necesidad de hacerla llegar a las panaceas de placer, y mi placer más grande era devolverle físicamente la suavidad que ella le daba a mi alma.
En la intimidad era el único momento en el que me permitía agradecerle lo que me estaba enseñando, cosas que nunca hubiera conocido sin ella y cosas que había pensado perdidas. La sensación de un hogar, la calidez de su tacto, el saber que ahora pertenecía a algún lugar, la oportunidad de extender mi especie que había dado por disipada.
Supongo que ella también habrá tenido sus batallas internas con respecto a mí, y seguramente eran esas las que la convertían en una excelente contrincante de reyertas habladas. Y su maldita ternura el arma más filosa que la terminaba volviendo victoriosa en todos los conflictos.
Mi unión con ella fue redescubrir que poseo un alma, fue aborrecer la herida de mi orgullo, fue luchar con la tempestad de mis pensamientos y doblegarme ante su delicadeza.
Con esa maldita mujer, mi interior clamó dulzura, prestó tormento.
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~De tanto y tanto quererla
me ha entrado miedo
de no verla más.~
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En ese tormento que fue para mí aceptar lo que me estaba ocurriendo con esa mujer, hubo un momento donde perdí la batalla contra mí mismo. Me cegó el dolor de la herida y desesperadamente quise aferrarme a lo único que había conocido antes de que ella apareciera en mi vida: la maldad.
Fue así cómo por propia voluntad le entregué mi alma al brujo demonio que dominaba a Majin Boo.
Por breves momentos pude volver a sentir el agridulce sabor de la sensación de volver a ser un genocida, de volver a asesinar despiadadamente. Fueron instantes donde, falazmente, creí que había vuelto a ser el Príncipe que siempre había sido.
Pero de nuevo, la vida tenía otros planes para mí.
Mientras estaba sumergido en ese éxtasis otorgado por la lujuria del derramamiento de sangre, cuando la batalla con ese maldito insecto de clase baja había quedado opacada para enfrentarme a un oponente más fuerte, el demonio Majin Buu, la circunstancia me obligó a tomar una decisión.
Por primera vez, elegí luchar por otros.
La única estrategia que tenía en ese momento era utilizar toda mi energía para inmolarme, y hacer polvo a ese demonio, para llevármelo conmigo al mismo infierno. Era la única forma en la que podía dejarles un lugar seguro a esa mujer, mi mujer, y a mi hijo.
La última conversación que tuve antes de encaminarme al suicidio fue con el antiguo guardián de la Tierra, el Namekiano. Le vociferé mi última duda, "Si yo muero, ¿podré ver a Kakarotto en el otro mundo?", su respuesta fue que no, porque había asesinado demasiadas personas inocentes. Y me entregué al último recurso, inmolarme, para llevarme conmigo a ese maldito demonio.
Y en esos últimos instantes, cuando toda mi energía reventaba desde las fibras más internas de mi ser, cuando supe que ese grito y ese respiro iban a ser mi último pedazo de vida en este plano, sentí miedo; miedo de no verla más.
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~A Dios le pido
que perdone mi egoísmo
pero quisiera
que sienta ella lo mismo,
que cuando esté lejos de mí
sienta un vacío
y necesite estar cerquita mío.~
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Pero el momento en que mi alma iba a ser borrada de los recuerdos de mi vida nunca llegó. Otra vez la vida y su ironía tenían otros planes, para mí y para todos.
Ganamos esa terrible batalla, y la Tierra, aquel planeta que había sido mi primer verdadero hogar, volvía a la normalidad y los recuerdos de los últimos sucesos fueron borrados de las memorias de toda la humanidad, a excepción de nosotros los que participamos en esa batalla.
Se sucedieron los años, y con ellos mi temple se fue calmando. Pero nunca pude expresar mis sentimientos de la manera en que la mujer lo hacía.
No había forma para mí de rebajarme a ese nivel, por más que deseara profundamente hacerle entender todo lo que significaba para mí, todo lo que había crecido dentro de mí desde que la conocí.
Y aunque hubiera podido expresarme ante ella con palabras, como ella solía hacer conmigo, no hubiera encontrado en el universo palabras que expliquen apropiadamente el desasosiego que surge dentro mío cuando estoy lejos de ella.
¿Le ocurriría lo mismo a ella? ¿Sentiría ese vacío ante la idea de perderme?
Era un dolor oscuro y abrumador, pero necesitaba saber si ella sentía algo similar.
Fue una noche, durante esos años de paz, donde ella buscaba en mis ojos la razón de mi silencio. Le pedí que pusiera sus manos sobre mi pecho, e invoqué una habilidad que hasta ese momento suponía que sólo podía usarse entre Saiyajines. Entré en su mente, sentí su terror cuando invadí sus pensamientos, pero lentamente se relajó y me dejó introducirme en sus recuerdos, en su pensar; y al mismo tiempo abrí mente y le compartí mis recuerdos, mis pensamientos, mis sentimientos.
Sentí su angustia ante el entendimiento de todo lo que había vivido en mi vida antes de conocerla, sentí su dolor por mi, advertí su desconsuelo ante los recuerdos de sacrificio, padecí su aflicción, y me sentí culpable por haber generado esa conexión que dio lugar a tanto sufrimiento en su corazón.
Pero luego ella me mostró otras emociones que sentía conmigo, por mí. Me acarició en su dulzura, me acompañó en su comprensión.
Nos agradecimos por ese momento tan íntimo, que hasta ese momento nunca habíamos tenido con alguien, y descubrí que sí, ella sentía lo mismo.
Pedí perdón a los dioses, pedí perdón por mi egoísmo.
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~Que también sienta
en sus ansias de quererme
el mismo miedo,
el miedo de perderme;~
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Aunque se volvió una debilidad, sarcásticamente al mismo tiempo se volvió la fuente de mis fuerzas.
Aunque al principio ambos pensamos que éramos opuestos, el tiempo nos demostró que compartimos muchas similitudes.
Nos elegimos porque nos necesitamos, y nos necesitamos porque nos elegimos.
Lo veo en sus ojos cada vez que compartimos el lecho y nos conectamos físicamente. Me desea con igual fervor al que yo la deseo a ella.
Me necesita con igual tesón del que yo la necesito a ella.
Soy su debilidad, como ella es la mía. Y tiene, sin dudas, cada vez que hay una batalla crítica, el mismo miedo de perderme.
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~que tenga celos
de mi amor...~
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Saber que este nuevo tipo de lealtad que aprendí con ella, es cuidado como lo más preciado en su vida, ha cambiado mi orgullo.
Mi orgullo es ella.
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~Que no será para su mal,~
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Y si tuviera que volver a dar mi vida por ella, por mis hijos, lo haría las veces que fuera necesario.
Y sé que lo que esté a su alcance para proteger lo que hemos construido juntos, también excede cualquier límite racional.
En esa mujer, en Bulma, conocí por primera vez a alguien con quien ir a la par. Alguien con quien, a pesar de las diferencias, estar de igual a igual.
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~así estaremos
de igual a igual.~
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