Y hablando de excusas, aquí la excusa de la excusa(?)
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Por como entraste en mi vida
– ¡Tomioka-saaaan! ¿Podrías ayudarme con esto, por favor?
– ¡Nee-san! ¡No le pidas ayuda a Tomioka-san con tanta confianza, por favor!
Giyuu ni siquiera se molestó en repetir que no le importaba ayudar, simplemente fue al auto y empezó a descargar las compras de Kanae.
– Está bien ¿no? Tomioka-san necesita algo que hacer, ya que debe aburrirse contigo.
– ¿¡Ah!? ¿Qué quieres decir con eso, nee-san?
Pese a su sorpresiva llegada una semana atrás, Giyuu ya parecía un integrante más de la casa. Seguía teniendo el rango de un trabajador, y como tal ayudaba en lo que le pidieran, siempre que no implicara alejarse demasiado de Shinobu, pero Kanae lo trataba de manera tan cariñosa que un par de veces tuvo que morderse la lengua para no llamarla "hermana", pues le recordaba mucho a la suya. Kanao era muy tímida y hablaba tan bajo que, más que escucharla, adivinaba lo que quería decirle, por suerte con una tasa de éxito incluso más alta que la de la mayor de las hermanas.
Los tíos visitaban la casa a diario, así no se quedaran mucho tiempo. Giyuu no estaba seguro si era un comportamiento normal en ellos o si se debía a su presencia, aunque cuando llegaban no hacían mucho esfuerzo por interactuar con él. Aun así, notaba que el señor Kochou en particular, parecía tener sentimientos encontrados por el hecho de que hubiera un hombre compartiendo el techo con sus sobrinas.
Sin embargo, en cuanto a las residentes, la única que no parecía aceptarlo del todo era, precisamente, el motivo de su presencia ahí. Shinobu se mostró muy cortés el tiempo que tardó en concluirse la entrevista el primer día, pero al comprender que, al ser asignado como su guardaespaldas, también deberían vivir en la misma casa y seguirla a todas partes, palideció tanto que creyó que caería desmayada. En cambio, se recompuso y salió de la habitación a sabiendas de que tendría que ir tras ella, en cuanto estuvieron solos lo jaló de la corbata para obligarlo a estar a la misma altura que ella para hablarle.
– Tomioka-san ¿verdad? – Giyuu pudo notar que hacía un considerable esfuerzo para no gritarle con furia, sin embargo, al momento en que la chica pronunció su nombre, sintió algo extraño – creo que estas al tanto del hecho de que este matrimonio es arreglado ¿no? – Giyuu mantuvo su rostro inexpresivo y asintió – entonces, tú y yo tendremos que llevarnos bien a partir de ahora, para eso, tienes que colaborar conmigo – Giyuu parpadeó.
– ¿Qué clase de colaboración?
– Aún no lo sé – la respuesta estaba teñida de exasperación – pero si vivirás en mi casa significa que conocerás a mis hermanas, ellas no tienen la menor idea de este trato, y quiero que así se mantenga – una vez más jaló su corbata, haciéndole notar la mirada dura que le dirigía en ese momento – ¿entiendes? Debes ayudarme a que ellas no se enteren de que esto es arreglado, cualquier farsa que yo invente para que ellas crean que tengo una relación normal con tu maestro, tú la sigues ¿entiendes? ¿Lo harás? – Giyuu observó los ojos purpuras de la chica un momento, pensó que su situación no era nada fácil y de repente sintió una necesidad autentica y absurda de protegerla. En ese momento supuso que se debía aque, de algún modo le hizo pensar en lo terrible que sería si su hermana Tsutako pasara por lo mismo.
– No tengo problema con eso – Asintió.
Pero, aunque ella misma había dicho que debían llevarse bien, lo trataba de manera extraña, como si no se decidiera a ser cortés o brusca con él. Claramente quería mantenerlo lejos de sus asuntos o de los de su familia, por lo que protestaba abiertamente cuando prestaba ayuda en algo. Y, si por casualidad lo encontraba a solas con Kanae, directamente se mostraba hostil.
Giyuu suponía que debía estar bajo una gran cantidad de estrés debido a todas las mentiras que debía decirles a sus hermanas respecto a Douma (por ahora, les había anunciado que le interesaba un chico, aclarando rápidamente que no se trataba de nadie que ellas conocieran debido a la sonrisa pícara que Kanae le dirigió a él), y al terror de ser expuesta. Así que todos los días meditaba para armarse de paciencia, aunque estaba relativamente acostumbrado a ese tipo de trato, y cada vez que estaba a punto de perder la compostura, pensaba en su hermana y recordaba a Sabito diciéndole que debía aguantar como un hombre. Además…
– Es que, Shinobu, eres tan linda y tan fuerte que, si no aturdes a los rufianes con una cosa, lo haces con la otra, así que Tomioka-san no debe tener mucho trabajo que hacer.
– Nee-san, por favor no digas cosas sin sentido – las mejillas de Shinobu se habían enrojecido e inflado en un mohín de lo más adorable ante el halago de su hermana, luego suspiró y bajó la mirada – si eso fuera cierto, Tomioka-san no tendría que estar aquí en primer lugar.
Por lo que sabía, los tíos habían llamado aparte a las hermanas de Shinobu para explicarles que había sufrido un asalto bastante desagradable la última vez que había llegado tarde a casa. Lo suficiente como para hacerla pedir y aceptar protección, pese a lo mucho que, claramente, la frustraba y avergonzaba. Aunque a nadie le parecía bien utilizar semejante excusa, en realidad era una idea brillante, pues no solo justificaba la presencia de un guardaespaldas en la casa, también cualquier comportamiento extraño que el estrés desencadenara en la chica y además evitaba que indagaran demasiado.
Sin mencionar el apoyo emocional que Shinobu podía recibir sin tener que explicarse demasiado.
– Ya, no te deprimas, Shinobu – Kanae le acarició la cabeza mientras la envolvía en un abrazo – piensa que a veces es lindo que te protejan.
– Tienes razón – Shinobu cerró los ojos y se dejó mimar por su hermana. Giyuu se quedó en la cocina para no entrometerse.
Si era honesto, tendría que admitir que en realidad le gustaba ver a Shinobu interactuar con sus hermanas. Mientras no tuviera que hacer alusión alguna a "el chico" o a "el incidente", era el momento en el que se veía más relajada y feliz, tanto que a él mismo a veces le daban ganas de sonreír. Además, le ayudaba a comprender por qué la chica estaba, básicamente vendiéndose y la mirada que le había dirigido el primer día. Ella tenía algo que proteger y estaba totalmente determinada a hacerlo.
Giyuu suponía que esa era la razón por la que aún sentía ese genuino deseo de protegerla, de ayudarla en lo que fuera posible. Sin embargo, algo que aún no comprendía, era el sentimiento extraño que lo embargaba cada vez que esa chica pronunciaba su nombre.
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Según yo, aquí ya había introducido todo lo básico y ya podía seguir con lo que quería, pero no, me di cuenta de que me faltaba algo :'v
