Hay verdades que no son para todos… Señorita.
Obi se había desvanecido en una exhalación como hacia siempre, y había dejado a Shirayuki con una sensación cálida en el vientre que aumentaba cada vez que las palabras de su amigo se repetían en su mente… No… Obi era más que su amigo, era su guardián, su confidente. Obi era algo que aún no descubría como concebir.
- ¿Entonces me estás ocultando algo, Obi? – susurró al viento mientras este jugueteaba con su cabello.
El cielo nublado le impedía ver el sol, sin embargo cierta oscuridad comenzó poco a poco a llenar el ambiente, como advirtiendo el atardecer, la temperatura también estaba bajando de manera acelerada de modo que Shirayuki tras un leve escalofrío juntó las cosas que había llevado a su paseo y dirigió sus pasos a la calle principal.
Obi la observaba a una distancia prudente, en su mente había muchas voces a la vez, algunas conteniéndolo y otras instándolo a cazar. Quería y respetaba al amo Zen, sin embargo su conexión con Shirayuki era algo que el príncipe jamás entendería, él siempre estaba allí en aquellos momentos caballerosos en que se lucía en todo su esplendor, y si bien no era algo planeado, el papel de príncipe de Shirayuki le salía a la perfección… Sin embargo… Ayudarla con el peso de las cajas, cargarla dormida hasta la habitación, reír con ella por la floración de una semilla, cabalgar con ella… No, esas eran cosas que solo él era capaz de hacer. Sólo él podía entender el lado más casual de la señorita, sólo él podía adivinar su próxima jugada, el amo se había expresado bien… El único que podría seguirla a donde ella fuera era él.
- ¿Uh? ¿Shirayuki…? – Ryuu se detuvo al ver a la joven caminando distraída hacia adelante.
Estaba tan ensimismada que no se dio cuenta del pequeño Ryuu y siguió su camino por la calle sin un destino en particular, Obi suspiró y bajó a la calle para hablar con el chico.
- ¿Qué le sucede? Parece que su mente está muy lejos de aquí – cuestionó el chico.
- Aún no lo sé – Obi sonrió radiantemente – pero voy a averiguarlo.
Dicho eso avanzó hacia la chica que ya estaba llegando a la pared lateral de un puesto de panadería, Obi le tomó la mano justo antes de que pudiera estrellarse y la empujó hacia él. Sorprendida, Shirayuki apoyó su mano libre en el pecho de Obi en busca de su recién perdido equilibrio, él sonrió ante el contacto y no pudo evitar que su estómago sintiera cientos de emociones a la vez.
- Debería tener más cuidado… Señorita – susurró mirándola a los ojos provocando un tono manzana en las mejillas de la chica.
- Obi… Lo siento, no estaba prestando atención… Y yo…
El chico posó un dedo sobre su boca haciéndola callar, la soltó con cuidado y dio la vuelta para comprobar las mercancías del panadero, mientras elegía algunos dulces y los iba poniendo en una bolsa de papel las palabras fluyeron libres por su garganta.
- Señorita, ¿puedo pedirle que dé una vuelta conmigo esta noche?
- ¿Esta noche? – Shirayuki se sorprendió pero asintió de todas maneras.
- Gracias, le prometo que no se arrepentirá – esta vez Obi no la había mirado en forma jovial como usualmente lo hacía, su mirada se encontraba suavizada entre los dulces y una pequeña sonrisa de felicidad contenida bailaba en sus labios.
Veinte noches – se repitió a si mismo mentalmente – si no lo logro en veinte noches… yo daré un paso atrás. Su mirada se fijó de reojo en la de la pelirroja y pudo notar que lo estaba observando de manera un tanto avergonzada, Obi pagó por los dulces y le ofreció la bolsa abierta para que cogiera uno, esta vez con su habitual aura de joven despreocupado y su sonrisa gatuna.
- Puede tomar el que guste – le ofreció con su sonrisa radiante.
- Muchas gracias, Obi.
Pero sabía que aunque diera un paso al costado, siempre estaría vigilando que el amo Zen fuera lo bastante bueno para ella, se armaría de valor cambiando sus sentimientos poco a poco y cuando ya estuviera seguro de no sentir nada, guardaría la última esperanza escondida en lo más profundo de su interior, la esperanza de que al final el cabello rojo de la señorita se convirtiera en su hilo rojo del destino.
- Está delicioso – declaró entonces ella probando un bocado de uno de los dulces.
- No podría arriesgarme a decepcionarla.
- No lo lograrías ni aunque lo intentaras – su voz parecía absolutamente convencida de ese hecho y Obi sonrió… si la señorita supiera lo que él estaba pensando en esos momentos…
- Tiene que volver al trabajo mañana, ¿no es así?
- No exactamente – la chica negó con la cabeza – en realidad solo tengo que preparar un poco de jarabe para los soldados que fueron a la consulta ayer.
- Entonces, ¿tal vez la señorita quisiera acompañarme?
- ¿Vas a salir? ¿Es algún tipo de misión?
- Misiones solo tengo dos – negó el chico antes de lanzarle una de sus miradas cautivantes – y la más importante de ellas es cuidar de la señorita.
- ¿Y cuál es la segunda? – de pronto se notaba muy interesada, el chocolate del dulce estaba manchando la comisura de su boca de un modo tierno.
- La segunda… Aún no puedo rebelársela – Obi le regaló una sonrisa y luego, dudando un poco acercó la mano para limpiar la mancha de su rostro sonrojado – Pero el resultado final de esa misión, lo decidirá usted.
- ¿Yo? – Shirayuki parecía sorprendida pero no dijo nada, aún sonrojada por el extraño calor que el toque de Obi había dejado como rastro en su boca, únicamente había sentido eso con Zen y el hecho de que alguien como Obi provocara en ella algo como eso la hacía avergonzarse más de lo normal.
- Será mejor que la deje ahora – evadió él una vez que llegaron a las puertas del edificio de investigación.
- ¿Aún nos veremos esta noche? – preguntó ella entonces, algo confundida.
- Por supuesto – Obi le guiñó un ojo – mantenga su ventana abierta.
- ¿Mi ventana…? – demasiado tarde el chico ya se había desvanecido dejándola sola frente a las puertas, Shirayuki tomó un tiempo antes de procesar la invitación que había aceptado y una vez que la procesó un extraño dolor de estómago se apoderó de ella.
- ¿Uh? ¿Shirayuki onee-san? ¿Te sientes bien? – Kirito venía caminando con Ryuu cuando la encontraron en la entrada sosteniendo su estómago con la cara roja aparentemente por fiebre.
- Kirito, Ryuu… Estoy bien, solo me ha venido una incomodidad de pronto – Ryuu la examinó con ojos calculadores en silencio.
- Kirito – habló - ¿te importa terminar nuestra charla después?
- ¿Eh? – El chico alzó una ceja pero la mirada de Ryuu bastó para que asintiera y se despidiera de la chica – claro, cuídate onee-san.
- Gracias, también tú Kirito.
- Shirayuki – el tono de Ryuu era serio pero estaba levemente (solo levemente sonrojado) – Acompáñame.
El chico herborista la llevó hasta la consulta más lejana que había para estar seguro de que nadie escucharía su conversación, instó a la pelirroja a sentarse y le tomó el pulso y la temperatura con delicadeza, pero de ambas cosas solo el pulso parecía ligeramente alterado.
- Tu pulso se alteró, ¿qué estuviste haciendo con Obi?
- ¿QUÉ? ¿A qué te refieres? – la chica se puso de color rojo como su cabello de un segundo para otro y Ryuu notó el cambio que eso provocó en su pulso otra vez.
- Antes te vi caminar por la calle principal, ibas perdida en tus pensamientos así que no me viste, pero Obi estaba siguiéndote.
- Oh… Lo siento.
- No importa. Shirayuki, ¿sientes malestar o incomodidad en el estómago?
- Sí.
- ¿Algún nudo en la garganta? ¿Amargor en la lengua? ¿Rubor atípico?
- ¿Qué clase de síntomas son esos? ¿Crees que puedo tener alguna enfermedad? – parecía realmente afectada por las preguntas.
- La culpabilidad. Shirayuki… ¿No crees que estás sintiéndote culpable por pasar tanto tiempo con Obi nee-san?
- ¿Por qué lo haría? – la chica desvió la mirada y luego la alzó al techo – Obi siempre ha sido mi guardia y mi amigo, hemos estado juntos un montón de tiempo no veo porque...
- Shirayuki.
- ¿Mmm?
- Sólo era una pregunta.
Solo entonces notó que había tomado la muñeca de Ryuu con la que este estaba comparando sus pulsos y había apretado tal vez un poco más de lo necesario.
- Lo siento, estoy algo errática hoy, tal vez solo sea el esfuerzo de estas dos semanas – se disculpó inmediatamente soltando su muñeca – tal vez debería quedarme en cama por hoy, no pensar en nada.
- Es una buena medida – asintió el chico frotándose la muñeca con cuidado para canalizar el dolor.
- Oh, te curaré eso.
- No hace falta – negó el chico tomando un trozo de venda – ve a descansar. Te necesito totalmente repuesta si vas a encargarte de los jarabes mañana.
- De acuerdo, lo siento, y gracias.
Una vez que Shirayuki se hubo alejado hacia su habitación, Ryuu terminó el vendaje y tomó sus libros para volver dentro, sin embargo tal y como había sospechado Obi ya estaba afuera de la puerta, esperando.
- ¿Qué te ocurrió en la mano, chico?
- Mm… Shirayuki no está del todo en control hoy.
- ¿La señorita está enferma? – Obi se incorporó de inmediato como si fuera a salir corriendo inmediatamente de allí.
- No, no exactamente. Esto… fue cuando le pregunté sobre el tiempo que estaba pasando contigo.
- ¿El tiempo… que la damita pasa conmigo?
- Así es.
- ¿Y qué fue lo que respondió?
- Nada claro, pero bueno, es Shirayuki, supongo que en cualquier momento irrumpirá en mi cuarto para darme una respuesta.
- Ese es su estilo.
Después de ese día, Shirayuki cambió, comenzó a comportarse un poco distante con Obi, e incluso rechazó todas sus invitaciones cargándose con más trabajo del que debía abarcar, fue un tira y afloja de muchos días, hasta que al fin, cuando el mes de su llegada se cumplía Obi perdió su tan preciada paciencia.
- Oh, Obi. Lo siento, tengo que ver a Ryuu ahora para…
La sala de trabajo estaba vacía, Shirayuki se excusaba sujetando varios libros en sus brazos y Obi estaba junto a la puerta tan serio que incluso Ryuu se había asustado al verlo entrar, y le había permitido estar a solas con la señorita.
- Ryuu no la necesita aún – la cortó entonces, su voz más grave de lo usual.
- ¿Ocurre algo? Luces enfadado.
- Oh, es que sucede, señorita que sí, estoy MUY enfadado.
- ¿Podemos hablar de eso tal vez? Después, cuando termine de entregar esto en…
- No. – la respuesta fue acompañada de la puerta cerrándose de un empujón – vamos a hablar de eso ahora.
- Es… Está bien – se rindió Shirayuki algo asustada por la expresión de Obi, no acostumbraba verlo de esa manera, él siempre se mantenía alegre cuando estaba a su alrededor.
- ¿Por qué está evitándome? – le preguntó cruzado de brazos.
- No estoy…
- ¡Señorita! ¿Por qué lo está haciendo? ¿Cómo cree que me he sentido estas semanas a su lado si ni siquiera me dirige la palabra?
Shirayuki se sentó, sus manos se aferraron a la silla y se mordió el labio inferior sintiendo culpa por sus decisiones egoístas, no había pensado en Obi, no realmente, había tenido tanto miedo a que los límites de sus sentimientos por Zen cambiaran que había olvidado lo importante que era protegerla para Obi.
- Creí que… - apretó los puños – yo…
- Ryuu me dijo que le había preguntado a usted por el tipo de relación que guardaba conmigo. No creí que fuera algo de lo que debería preocuparse, creí que solo le respondería que éramos amigos, creí que la señorita era capaz… de lidiar con ese tipo de emociones.
- Yo…
- Si mi actitud le molestaba solo podría habérmelo dicho – siguió protestando Obi - ¿Cree que intentaba engatusarla con mi invitación? ¿Qué planeaba aprovecharme?
- No… Yo creí que…
- Antes de venir aquí pedí una audiencia breve con el amo – Obi se recostó contra la pared pensando sobre lo que iba a decir a continuación – él me preguntó qué era lo que sentía por la señorita Shirayuki.
- ¿Y… cuál fue… cuál fue tu respuesta? – el corazón se salía del pecho de la pelirroja, sentía que le aire le faltaba y aun así, el dolor de la expectación le estaba formando un nudo en la garganta.
- Le dije, que la señorita me gustaba – cambió de postura escondiendo las manos en los bolsillos y mirando por la ventana hacia afuera – en el fondo… Creo que él también lo sospechaba, y usted. No me importaba dar un paso al costado por el amo, mientras la damita fuera feliz yo podría sentir que estaba en paz. Pero ahora, con usted ignorándome de esa manera, me arrepiento de no haberla arrastrado fuera de su habitación esa noche y haberle dicho todo esto. Me concentré tanto en no ocultarle mis sentimientos al amo que sentí que no debía confesárselos a usted.
- Obi…
- Si realmente está tan ocupada para no verme no voy a molestarla más – decretó entonces con una sonrisa falsa y muy vacía – seguiré mi misión de cuidarla desde la distancia. Pero tenía que sacarme esto de la garganta para poder hacerlo.
- Yo… Lo siento tanto – dos lágrimas cayeron del rostro de la chica, Obi se quitó las manos de los bolsillos y la observó llorar, luego se acercó y posó una de sus manos sobre sus cabellos.
- No se preocupe, señorita – ella alzó los ojos y ambos se miraron un instante – me retiraré.
- Obi… - llamó ella mientras él le daba la espalda caminando a la puerta.
- ¿Señorita?
- Uno. Sólo dame un favor más.
- ¿La señorita necesita algo de mí?
- No – la sonrisa fugaz de Obi apareció en su rostro – lo necesito todo.
El joven volvió sobre sus pasos e hincó su rodilla ante ella, esperando.
- ¿Te reunirías conmigo esta noche, Obi?
- ¿Con la señorita? – su mirada se alzó mostrando su sonrisa – Hasta el último día en que ella lo demande.
