La primera noche la había perdido, pero no iba a perder esa segunda oportunidad, Obi no sabía si cambiarse a una mejor ropa o si la señorita preferiría verlo como siempre, al final no cambió nada, pero cepilló un poco su cabello y decidió que no entraría por la ventana, él había sido invitado. Caminó por los pasillos hasta quedar frente a la puerta de Shirayuki, dio tres golpes que sonaron algo tímidos y la puerta se abrió.
- Si has venido – ella le sonrío cálidamente antes de abrirle para dejar que pasara.
- No podría fallarle a la señorita.
- Toma asiento, he hecho un poco de té, y me han traído algunas galletas.
- Algunas es poco decir, señorita, su mesa entera parece una panadería.
Y no exageraba, en varias partes de la habitación había bolsitas bellamente adornadas con galletas y dulces en el interior, la joven se sonrojó un poco y se dispuso a servir el té para ellos.
- Es cosa de los soldados, ahora que están mejor y se han recuperado del todo han estado trayendo regalos para agradecerme, aunque supongo que regalar todos más de lo mismo significa que se pusieron de acuerdo con antelación.
- Seguro no sabían que más darle, cualquier flor de aquí (a pesar de que son útiles y hermosas) no podrían hacerle justicia a la damita.
- Gracias, Obi.
Shirayuki se sentó al fin junto a él, tomando la taza para probar el té dulce, a menudo la ayudaba a calmar sus nervios, lamentablemente no estaba funcionando, o tal vez necesitaba terminar la taza antes de afirmarlo.
- Hoy he visto una cosa muy bella allá en el cielo – dijo Obi probando su té también.
- ¿En el cielo?
- Sí, ya sé que con este clima por aquí pasa nublado, pero verá, he cabalgado por esa montaña de allá, esa que no está tan lejos, y cuando se llega arriba y se sube uno al árbol puede verse por encima de toda esa neblina que se suele acumular, extrañaba ver el cielo.
- Supongo que al estar este lugar en una zona más baja es común que la neblina no esté tan arriba como se puede creer a primera vista.
- Funciona como un banco de niebla.
- Entiendo…
- Tal vez a la señorita le gustaría acompañarme la próxima vez – propuso Obi con buen humor, aunque por dentro algo le apretaba el estómago en temor a que dijera que no.
- No sé que tan buena estoy para cabalgar últimamente, lo cierto es que he estado tan llena de trabajo que… - dejo de hablar en cuanto se dio cuenta de que precisamente había estado ocupándose de más trabajo para evitarlo.
- La señorita no tiene que preocuparse por ese tipo de cosas, yo podría llevarla, así como también podría olvidar todo esto, es claro que aún tiene muchas cosas que hacer.
- ¡No!
Su exclamación los tomó a ambos por sorpresa, ella se aclaró un poco la voz.
- Quiero decir… que ya no estaré tomando trabajo extra, fue una idea infantil, y estoy arrepentida también de haberte hecho sentir ignorado, yo… Me comporté de manera egoísta Obi, y lo lamento.
- Ser egoísta es parte de ser humano, señorita – Obi le quitó importancia con un gesto y una sonrisa – pero por favor no vuelva a ignorarme de esa manera sin decírmelo, no saber si había hecho algo mal con usted me estaba carcomiendo por dentro.
- No volveré a hacerlo, lo prometo.
Se miraron un rato, Obi con esos ojos felinos intentaba fijarse en cada detalle del momento, en como el cabello rojo le caía de forma tan agraciada por los bordes del rostro, en cómo se avergonzaba levemente y el rubor avanzaba por sus mejillas, cuándo decidió que había grabado la imagen en su mente y ya había ocupado demasiado tiempo de la noche para alguien que trabajaba desde las primeras luces, se levantó.
- Me siento muy agradecido por su invitación – hizo una leve inclinación – pero debe levantarse temprano y creo que ya es hora de que me vaya.
- Oh… no me di cuenta de la hora – ella también se puso de pie de inmediato – muchas gracias por venir Obi.
- No podría rechazar su compañía.
- ¿Quieres llevarte algunas galletas? – Shirayuki le tendió tímidamente una de las bolsas.
- Mm… ¿Por qué no? – la aceptó él y la guardó en el morral atado a su cintura.
- Obi… - empezó a decir mientras lo acompañaba a la puerta y abría - ¿te importaría…?
- ¿Sí?
- Realmente me gustaría ver esas estrellas.
El joven ninja lo pensó durante un momento antes de responder.
- No estoy seguro de cómo estará el clima en estos días, pero si mañana no hay nieve tocaré su ventana a la misma hora que llegué hoy, esa será la señal.
Sin esperar una respuesta abandonó la habitación de Shirayuki y se alejó con pasos ligeros por el pasillo que llevaba a su propia habitación, él sabía de sobra que no nevaría la noche siguiente, pero la idea de que ella lo esperara le hacía mucha más ilusión que confesarlo.
