Holis~ Esto tenía que publicarse el 10 de agosto pero, como siempre que estoy tomando ritmo, pasa algo que me rompe la rutina que estoy haciendo u.u Y para colmo llevo dos semanas sin escribir, así que la edición del próximo no estará tan bien creo, pero bueno... Como soy una lora comentaré que sucedió el domingo pasado, cuando me disponía a editar este capítulo después de terminar de ver al amo bonito decir que él no protege nada justo después de pensar en Rin y Jaken (XD) pues, llegaron a avisar a mi casa que mi papá había muerto en un accidente de lancha (o algo que intentaba ser una lancha) y uno de mis hermanos que andaba con él estaba desaparecido (ya lo encontraron, sin vida), así que imaginarán la semana que he tenido y porqué no he podido adelantar nada u.u pero decidí retomar la escritura y empezar por esto que solo estaba de editar como calentamiento, porque una de las últimas pláticas que tuve con mi papá fue acerca de mi sueño de ser escritora, le comenté de mis fanfics y él me alentó a seguir escribiendo aunque fuera por el simple placer de crear, así que, este capítulo y el one-shot (aunque puede que sea como el de Tanabata, que eran cinco capítulos pero los subí de una vez) que escribiré esta semana son en honor a él y a mi hermano. Y pido disculpas por comenzar con una nota tan deprimente n_nU
No tengo nada más que decir excepto que Kimetsu no yaiba le pertenece a la genial, pero malvada Gotouge-sensei~
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¿Todo está bien?
Había oscurecido por completo, Shinobu no tenía tiempo que perder, pero tuvo que detenerse cuando se encontraron al jovial vecino de Giyuu en las escaleras.
— ¡Oh! ¡Tomioka-san, estás de regreso! ¡Bienvenido! – lo saludó alegremente el pelirrojo. Una vez más, a Giyuu le tomó un par de segundos procesarlo.
— … Estoy en casa. – respondió al fin. Shinobu no pudo contener una risita, y sin pesar demasiado en lo que hacía, comenzó a pincharle la mejilla a su guardaespaldas.
— ¿Qué sucede, Tomioka-san? ¿Tan aturdido te dejó la cena? – bromeó, le parecía muy gracioso que el ser saludado lo sorprendiera tanto.
— Oh, lo siento, no pretendía ser maleducado, estas ocupado – empezó a disculparse el joven vecino, avergonzado al reparar en que Tomioka realmente iba acompañado. Dado que siempre lo había visto solo, había tomado a Shinobu como una traunseunte más que quizá visitaba a alguno de los otros vecinos.
— No es ninguna molestia – intervino rápidamente Shinobu, pasando a codear a Giyuu – Tomioka-san, eres el mayor aquí, deberías presentarnos.
El sutil respingo que percibió en él, le indicó que acababa de sacarlo de un trance.
— Pero es tarde… – señaló.
— Tomioka-san… – Shinobu utilizó el mismo tono que estuvo empleando durante la cena para dictar el comportamiento que según ella debía tener como amigo y supo que él había captado su mensaje cuando suspiró y le dirigió una mirada ligeramente ablandada a su apenado vecino.
— Está bien – la resignación en su voz era evidente – Kochou, él es Tanjirou Kamado, el vecino del que te hablé. Tanjirou, ella es Shinobu Kochou, mi…
Antes de que Giyuu pudiera terminar las presentaciones, un par de estridentes y enfurecidas voces los hicieron estremecer.
— ¡MONJIROOOOOOOU! ¡TENGO HAMBRE!
— ¡TANJIROOOOOOOOU! ¿¡QUE HACES DEJANDOME SOLO CON ESTE IDIOTA PARA HABLAR CON UNA CHICA LINDA TÚ SOLO!?
— ¡Inosuke! ¡Zenitsu! ¡No sean maleducados! – el pelirrojo reprendió a los dos chicos que venían corriendo hacia él.
— ¡IIGGHH! ¿Q-quien es este tipo tan intimidante, Tanjirou? N-no me digas que intentaste coquetear con su novia y ahora estás en problemas – el chico rubio se escondió detrás de Tanjirou apenas vio el rostro inexpresivo de Giyuu.
— ¿¡Estas metiéndote en una pelea!? ¿¡Porqué no lo dijiste antes!? ¡El gran Inosuke se hará cargo! – en cambio, el chico de rostro delicado avanzó con confianza hacia el guardaespaldas.
— ¡Inosuke!
Mientras el mayor de los Kamado intentaba calmar a los dos chicos, Shinobu no pudo evitar reír y secretear con Giyuu en voz baja.
— No imaginaba que fueras propenso a los malentendidos a este nivel, Tomioka-san.
— Por eso prefiero no hablar mucho – admitió a regañadientes.
— Lo siento mucho, Tomioka-san, Kochou-san – se disculpó Tanjirou obligando a los otros dos a hacer una reverencia tras propinarles un suave cabezazo a cada uno – Por favor disculpen a mis amigos – luego dejó que levantaran la cabeza para aclarar en tono reprobatorio – ellos son, mi vecino y la persona que me contrató para cuidar de su casa, Giyuu Tomioka-san, y ella es Shinobu Kochou-san, la… eh… disculpa, Tomioka-san, no pude terminar de escuchar…
El joven Tanjirou preguntaba de manera tácita que clase de relación había entre ellos, y de repente su mente dio cabida a la posibilidad de que Zenitsu estuviera en lo correcto y él en ese momento estuviese interrumpiendo la cita de su vecino con su novia, por lo que empezó a ponerse nervioso.
Por su parte, Shinobu cruzó una mirada con su guardaespaldas. Estaba un poco dudosa, pero al ver que él también lo estaba se sintió mejor. Le sonrió para animarlo.
— Somos amigos – aclaró Giyuu. Shinobu agradeció que acabaran de establecerse en ese tipo de relación, en parte porque le avergonzaba y molestaba saber que despertaba curiosidad innecesaria cuando el pelinegro se presentaba como su guardaespaldas.
— Y hoy además vine a tomar prestada la ayuda de Tomioka-san – agregó al notar el nerviosismo del pelirrojo y la mirada suspicaz del rubio.
— Entiendo – sonrió Tanjirou ya tranquilo – estos son mis amigos Inosuke Hashibira y Zenitsu Agatsuma.
— Mucho gusto – Zenitsu también se relajó un poco, pero hizo una reverencia corta, aun algo atemorizado por Tomioka.
— Tch, yo quería tener la oportunidad de medirme con un tipo fuerte – refunfuñó Inosuke, haciendo que Shinobu se alegrara de omitir el trabajo de Giyuu.
— ¡Inosuke! – lo volvió a reprender Tanjirou.
— Lo siento, este idiota fue criado en las montañas y apenas se esta acostumbrando a la civilización – explicó Zenitsu, obligando a Inosuke a hacer otra reverencia.
— ¡Déjame, Monitsu! ¡Soy el jefe de esta banda! – protestó Inosuke.
— …
— No hay problema ¿verdad, Tomioka-san? – Shinobu lo codeó una vez más, pero él se limitó a asentir en silencio.
— Kochou-san es tan amable – lagrimeó Zenitsu, haciendola reír de nuevo.
Pero, al parecer Tanjirou le dio una interpretación a la actitud silenciosa de Giyuu.
— Chicos, no debemos molestar más, Tomioka-san mencionó que van tarde a algún lugar.
— Deben estar preocupados en casa de Kochou – volvió a asentir el guardaespaldas. Aunque se quedó viendo al pelirrojo, dudando – Pero… – luego miró a Shinobu – Kochou, lo siento, quiero hablar con Tanjirou, espérame un poco.
— Oh, no te preocupes, pueden hablar con calma, iré sola a casa. – las palabras no habían terminado de salir de su boca cuando Giyuu ya estaba frunciendo el ceño. Shinobu comparó este nuevo nivel de expresividad con el que había captado más temprano y se preguntó si se elevaría a medida que fuesen más amigos – Tus jefes finalmente te dieron una noche libre, deberías aprovecharla, tendrás más cosas que hacer ¿no?
— Eso no importa… – comenzó a replicar Giyuu.
— No quisiera entrometerme, Kochou-san, pero en verdad no importa. El deber de todo hombre es acompañar a una chica hasta su casa, aunque muera en el camino. Yo también puedo acompañarte. – Zenitsu intervino con decisión. Shinobu pensó que era adorable, pero en ese momento era una molestia para ella.
— ¡Y un demonio! ¡Tú y Tontarou tienen que hacer la comida ya! ¡Me muero de hambre! ¡Quiero tempura! – protestó Inosuke.
— Calmate, Inosuke… – intentó atajarlo Tanjirou, pero Shinobu, decidiendo que era la mejor opción que tenía, lo distrajo tomando sus manos y dirigiéndole la mirada de súplica que solía utilizar con kouhais y profesores.
— Por favor, Kamado-kun, convence a Tomioka-san de que se quede descansando. Él trabaja duro todos los días y hoy cuando finalmente tuvo tiempo libre, se vio obligado a ayudarme, todo lo que pudo comer hoy fueron gachas de arroz, comida de enfermo, y fue por mi culpa, encima quiere ir hasta mi casa. Me siento muy mal por causarle tantas molestias y me preocupa que no coma ni descanse apropiadamente. Por lo que veo, puedo decir que eres un buen chico, así que por favor, ayúdalo. Es un favor como vecino ¿si?
El quinceañero, pese a tener dos hermanas menores, no estaba acostumbrado a que las chicas se le acercaran a pedirle favores de esa manera, por lo que un tenue sonrojo se apoderó de sus mejillas y le tomó varios segundos procesar todo.
— Oye, Kochou… – Giyuu sabía perfectamente que se trataba de una actuación, por lo que no estaba dispuesto a darle gusto aunque luego lo acusara de mal amigo. Pero fue atacado antes de que pudiese protestar, desenmascararla o recordarle cual era su trabajo.
— ¡Tú! ¿¡Como te atreves a hacer preocupar a una chica tan linda!? ¡Debería darte vergüenza! – con su actuación Shinobu también se había ganado a Zenitsu, quien ya no le temía a Giyuu.
— ¡Que yo quiero comida! – Inosuke seguía refunfuñando.
— Pero Kochou-san tiene razón, Tomioka-san pasa mucho tiempo fuera de casa, así que debe estar cansado y tampoco es correcto que haga preocupar a su amiga de esa manera – reflexionó Tanjirou viendo a su vecino con preocupación.
— Yo estoy bien, ella es la que está enferma – sin saber muy bien porqué, Giyuu intentó convencer al muchacho para que estuviese de su lado en lugar de solo llevarse a la chica.
— ¿Lo ves? Ya está alucinando, como pueden ver, yo estoy perfectamente saludable – Shinobu no mentía. Gracias a los, algo bruscos, pero certeros cuidados de Giyuu, su salud estaba como nueva – eres tú el que me preocupa, Tomioka-san.
— Kochou… tú no conoces esta zona, podrías perderte de camino a la estación…
— ¡Hambre!
— ¡No la hagas preocupar!
— ¡Muy bien, está decidido!
Tanjirou podía ser un adolescente, pero también era el mayor de seis hermanos y sus dos mejores amigos eran las personas más escandalosas de la escuela, así que había aprendido a poner un poco de orden en medio del caos. Todos callaron para escucharlo.
— Yo comprendo muy bien la preocupación de Tomioka-san, ya es de noche y podría ser peligroso para una chica viajar sola, especialmente si no está familiarizada con la zona. – Giyuu y Zenitsu asintieron – Pero también comprendo la preocupación de Kochou-san, yo también me he preguntado si el trabajo de Tomioka-san le permite comer y descansar apropiadamente si tiene que pasar tanto tiempo fuera. – Shinobu asintió esta vez, luciendo una expresión preocupada, Zenitsu volvió a ver mal a Giyuu – Entonces, yo, Tanjirou Kamado, propongo lo siguiente: Tomioka-san y yo acompañaremos a Kochou-san hasta la estación, así al menos cubriremos el territorio que ella no conoce. Luego, regresaré a casa con Tomioka-san y cenará con nosotros, para asegurarnos de que se alimenta apropiadamente. Zenitsu e Inosuke se quedarán en mi casa preparando la cena ¿Qué tal? ¿Todos están de acuerdo?
— ¡Yo no! – Shinobu pensó que el único que protestaría sería Giyuu, pero en realidad fue Zenitsu – Aunque quiero ir a ver a Nezuko-chan lo más pronto posible, tampoco estaré tranquilo si no me aseguro de que una chica tan linda como Kochou-san al menos llega a salvo a la estación ¡Yo también voy!
— ¡Oe, oe, oe! ¿¡Porqué me están dejando fuera!? ¡Ustedes son mis subordinados! ¡Yo también voy! – Inosuke fue el segundo en expresar su inconformidad.
— ¿Qué dicen, Tomioka-san, Kochou-san? – volvió a preguntar Tanjirou, ignorando a los otros dos momentáneamente.
Giyuu miró a Shinobu con el ceño aun fruncido, pero ella no abandonó su papel de amiga preocupada. El guardaespaldas quizá comprendió que esta vez no lo dejaría salirse con la suya o tal vez razonó o recordó que si tenía más pendientes, porque al final cerró los ojos y suspiró resignado.
— Está bien.
— Gracias por ayudarme a convencerlo, Kamado-kun – el agradecimiento era sincero – ¿Nos vamos ya?
Llegó a casa muy pasada de la hora de la cena. Kanao le abrió la puerta, la miró un momento y luego se abalanzó a abrazarla con fuerza.
— ¿Qué sucede, Kanao? – preguntó sorprendida por la acción de su hermanita, temió que pasara algo malo o que hubiese descubierto algún vestigio de su malestar de la tarde.
— ¿Estas bien, Shinobu-nee-san? – murmuró la menor. Shinobu agradeció que tenerla tan cerca, de otro modo se le habría dificultado mucho entender sus palabras.
— Si, por supuesto ¿Qué pasa, Kanao? Me estas asustando.
— Es que… al volver Kanae-nee-san lo primero que hizo fue preguntar por ti y ha estado preocupada desde entonces. Yo pensé que no había problema porque igual estabas con Tomioka-san, pero estas sola, así que me preocupé – explicó Kanao – ¿Dónde está Tomioka-san?
Shinobu suspiró, preparándose para lo que se le venía encima.
— Entremos primero, para evitar que nee-san siga preocupándose. Además, supongo que me preguntará lo mismo.
Kanao asintió, pero tuvo miedo de soltarla, por lo que entraron abrazadas. En cuanto las vio, Kanae se unió a ellas.
— ¡Shinobu! ¿Dónde estabas? ¡Me tenías muy preocupada! No sueles venir tan tarde ¿Y donde está Tomioka-san? ¿Acaso le pasó algo? ¿O tú estás herida? ¡No me ocultes nada! – la mayor no tardó nada en acribillarla con preguntas al tiempo que las abrazaba tan fuerte que a las menores se les empezaba a dificultar respirar.
— Nee-san… primero suéltanos, por favor – le pidió al tiempo que le correspondía el abrazo, ejerciendo una presión mucho menor en comparación.
Le tomó varios segundos que sus hermanas se decidieran a soltarla, tiempo que aprovechó para analizar la actitud de Kanae. Si bien era cierto que no solía llegar tan tarde, su hermana mayor no llegaba a alarmarse hasta ese punto o regañarla. Por lo general solo le preguntaba si había tenido algún problema o si había hecho algo interesante. Y en realidad lo normal habría sido que, si estaba tan preocupada, la llamara. Pero después del mensaje de Giyuu en la tarde, su teléfono no había recibido ni llamadas ni mensajes…
Ah, la cita…
Los dos cortos mensajes que había recibido de su guardaespaldas eran para informarle de la llegada y retirada de su hermana a la zona donde estaba teniendo su cita. No había querido empeorar o arruinar su estado de animo preguntando cuanto había visto Kanae, pero estaba claro que ya sabía quien era "el chico" y que no le resultaba nada tranquilizante.
Shinobu no pudo evitar sentirse apesarada. Pese a que no se consideraba muy romántica y hasta hace poco ni siquiera contemplaba la idea de tener un novio y mucho menos un matrimonio o formar su propia familia, siempre imaginó que cuando llegara ese momento Kanae la volvería loca comentándole los miles de escenarios excesivamente rosas que se crearía en su mente, insistiría en darle consejos para sus citas y trataría de espiarla con toda la emoción del mundo. A Kanao posiblemente le tomaría un poco de esfuerzo comprender tal alboroto, pero luego acabaría siguiéndola junto a su hermana mayor con una sonrisa discreta y bondadosa, secretamente Shinobu esperaba que terminara uniéndose a la sesión de consejos, no solo para ayudarla a inculcar algo de modestia y sentido común en la locura romántica de su hermana mayor, sino también como un paso más para su propio crecimiento.
Pero nada de eso podría ser ya. Estaba claro que si Kanae llegaba a espiarla, sería más por preocupación. Era probable que la aconsejara para sus citas si se lo pedía, pero lo haría sin entusiasmo y con recelo, deseando decirle que lo reconsiderara, tragándose sus opiniones para no herir sus supuestos sentimientos. Y nada de esto generaría un ambiente propicio para que Kanao se expresara más, todo lo contrario, estaría tan preocupada como lo estuvo al recibirla momentos atrás.
Además, Shinobu tenía muchas razones para querer evitar que la vieran o se enteraran demasiado sobre lo que pasara entre Douma y ella.
— Tranquilas, no me pasó nada malo – mintió en cuanto la soltaron – solo… me encontré con alguien y me entretuve demasiado, lo siento por venir tarde.
— ¿Qué estabas haciendo?
— ¿Dónde está Tomioka-san?
La hermana mediana reprimió un suspiro. Recordó que la forma más convincente de mentir era mezclando algo de verdad.
— Le dije a Tomioka-san que podía tomarse la tarde y la noche libres. – comenzó – Imagino que tendrá asuntos pendientes de atender en su casa, ya que ha estado ausente por tanto tiempo.
— ¿Pero… no tenías miedo de estar sola? – preguntó su hermana menor con temor, olvidándose de tener tacto. Shinobu recordó la ambigua explicación que había dado para la presencia repentina de un guardaespaldas y le dolió el corazón al comprobar que las estaba haciendo preocupar desde ahí.
— Es que…
La mirada ansiosa de Kanae le indicó que era el momento de la distracción, sus próximas palabras eclipsarían la ausencia de Giyuu. Pero debía darles una reacción auténtica si quería convencerlas cuando llegara el fatídico momento de hablar más a fondo de su relación con Douma, debía fabricar su mentira cuidadosamente.
Por fortuna había aprendido que, si por ejemplo, debía mostrar una reacción alegre, el evocar un recuerdo feliz ayudaba a que se viese más natural. En este caso debía empezar a parecer una chica enamorada, debía pensar en algo romántico… así que eligió su primer beso.
— No estaba sola… – la elección probó ser tan efectiva, que por si sola hizo que sus mejillas se calentaran. Desvió la mirada centrándose en el recuerdo de como Giyuu la había sorprendido al atraerla y tomar sus labios por iniciativa propia. Se aclaró la garganta antes de hablar de manera apenada y algo distraída – estaba en una c-cita…
— ¿C-cita? – preguntó Kanao contagiándose de su sonrojo.
— Shinobu… – Kanae simuló sorprenderse, o quizá lo estaba realmente, a causa de la expresión que mostraba su rostro en ese momento, pero la conocía muy bien para detectar un ápice de incomodidad en su voz. Decidió hacerle un favor a ambas y darse tiempo para prepararse.
— Ya se que querrán saber los detalles, pero se los contaré mañana, me voy a dormir – anunció encaminándose a su cuarto a toda velocidad.
— ¡Espera, Shinobu! – la llamó su hermana mayor. Shinobu volvió a aferrarse al recuerdo del beso cuando otra punzada dolorosa amenazó con aparecer al notar que, efectivamente, ella no sonaba emocionada.
— ¿¡No vas a cenar!? – preguntó Kanao, tratando de retenerla.
— ¡Comí fuera! – al menos pudo decir una última verdad antes de encerrarse en su habitación.
— ¿Pasa algo malo, Kanae-nee-san? Pensé que estarías más emocionada y la obligarías a quedarse para hablar – la menor de las Kochou no tardó en notar el semblante decaído de su hermana mayor.
— ¿Eh? ¡Ah! Si lo estoy… – Kanae en verdad quería estarlo y en verdad no quería mentirle, pero odiaba más la idea de hacer que Kanao se preocupara – es solo que me sorprende que siendo Shinobu como es, ya haya llegado a la etapa de las citas ¿No te parece curioso? – la menor asintió.
— Pero por la forma en que se sonrojó, es evidente que en verdad le interesa.
— Si… – Kanae esbozó una sonrisa reflexiva – como hermana mayor no puedo evitar preocuparme, pero debemos apoyar a Shinobu todo lo posible, Kanao – una vez más, su hermana menor asintió.
— Además parece que le ayudará a superar lo que le pasó – sonrió la menor con cierto alivio – aunque no me gustaría que Tomioka-san se fuera – admitió con su sonrisa decayendo un poco.
— En cualquier caso, dudo que Tomioka-san se vaya pronto – Kanae acarició su mejilla para confortarla. Luego, para animarla y distraerse de sus propias preocupaciones, decidió compartir con su hermanita la información de la que se había enterado casualmente esa tarde – Y creo que aunque lo haga, podrías encontrártelo si entras a la misma universidad que yo…
Pese al baño que había tomado y el tiempo que había dormido durante la tarde, Shinobu volvió a sentir el cansancio abatirse sobre ella al momento de acostarse. No era extraño, había tenido un día muy largo. Pero por lo mismo, también tenía mucho que asimilar. Y dado que algunas cosas tenían que ver con Giyuu, estaba contenta de haber logrado que se tomara la noche libre. Necesitaba su antigua privacidad para al menos serenarse.
Aunque dudaba poder conciliar el sueño fácilmente.
Pese a lo mucho que la agitaba recordar el beso que había recibido esa mañana, la voz preocupada de su hermana y el hecho de que no insistiera en saber más de su cita hicieron que su estado de ánimo se hundiera por debajo del suelo.
Cuando aceptó comprometerse en matrimonio con Douma lo único que tuvo en mente fue la incipiente felicidad romántica de Kanae y la seguridad que podría brindarle a Kanao. Pensó que, dada su naturaleza práctica, sería capaz de racionalizarlo todo y borrar cualquier sentimiento que le causara molestia. Pensó que su único problema sería aguantar a un tipo que se comportaba como un niño mimado.
Comprendió que tendría más cosas de que preocuparse solo al notar el carácter libertino de su "flamante" prometido, la dificultad de plantearle de manera convincente la relación a sus hermanas y sobre todo, la imposición de un guardaespaldas que salió de la nada. Pero incluso entonces, pensó que podría resolverlo todo utilizando una lógica fría y calculadora: solo debía tragarse su orgullo y su ira para soportar la condescendencia de Douma y encontrar una forma de mantenerlo a raya que le resultara interesante como un niño al que le plantean un reto, a sus hermanas podría ir contándoles pequeños detalles lo suficientemente adornados para que al llegar el momento de anunciar su matrimonio no les cupiera la menor duda de que lo hacía por voluntad propia, y para el guardaespaldas, eran pasos sencillos en teoría: comprobar que no se tratase de un aprovechado o pervertido, determinar si ejercía alguna otra función para Douma y dejarle claro que no le permitiría entrometerse con sus hermanas, o encontrar la forma de hacer que lo retiraran o lo cambiaran lo más pronto posible.
Pero subestimó sus propias emociones.
No esperaba que alguien con voz y expresión tan monótonas como Giyuu tuviese una mirada tan impresionante que, si no era cuidadosa podría quedarse cautivada por ella demasiado tiempo, apenas fue capaz de disfrazar su turbación de hostilidad. Eso no ayudaba a combatir el estrés que le causaba el hecho de no poder confiar en él y encima tener que convivir con él durante tanto tiempo.
Era una situación que había logrado sobrellevar hasta que supo que estaría a solas con Douma en su cita. Analizándolo con la cabeza fría, comprendió que el pequeño estallido que tuvo de camino a la escuela era solo miedo disfrazado que se escapó por la fisura que Giyuu abrió sin querer en su máscara de seguridad, y que él mismo parchó sin ser consciente al distraerla.
Sin embargo, su fachada fue debilitada de nuevo cuando lo obligó a confesarle el motivo de su preocupación. La reacción de su cuerpo en ese momento fue un anticipo de lo que se avecinaba y su instinto la llevó a buscar estabilidad en su guardaespaldas de nuevo. Al principio estaba convencida de que lo había besado más por distraerse o por orgullo, pero a medida que avanzó el día fue dándose cuenta de que el beso sí había tenido importancia para ella. Una importancia de la que se había burlado muchas veces en el pasado y hacía más vergonzoso el hecho de que el recordarlo le acelerara el pulso tanto como si lo estuviera volviendo a experimentar.
— Pensándolo bien, para haber sido un impulso, resultó muy útil – murmuró al tiempo que rozaba sus labios con los dedos y sus mejillas volvían a teñirse de rojo a causa del latir acelerado de su corazón.
El beso logró distraerla, pero el terror empezó a apoderarse de ella desde el momento en que vio a Giyuu hacerle una reverencia a Douma y alejarse. Tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad y repasar en su mente de manera desesperada todo lo que había aprendido y planeado para su actuación cuando su prometido la tomó por la cintura para conducirla al interior del restaurante.
Cada vez que él encontraba una excusa para tocarla el miedo en su interior crecía y se veía forzada a actuar de manera más melosa para disimular su incomodidad. Lo triste era que estaba segura de que Douma lo había notado y ese era el motivo por el que había alargado tanto la comida, le divertía verla intentando esconder su nerviosismo y llamando la atención de los demás comensales con su actitud. Si tenía suerte, lo habría tomado como una especie de circulo vicioso en el que trataba de evitar avergonzarse, pero causaba lo contrario al atraer las miradas. En realidad, ella solo quería apartar sus manos, darle un par de puñetazos y salir corriendo.
Justo cuando estaba a punto de alcanzar su límite, recibió el primer mensaje de Giyuu. La sorpresa y el nerviosismo que le causó la noticia de que su hermana estaba en los alrededores, fueron opacados por el alivio de saber que él estaba cerca. No sabía porque o por cuanto tiempo estaría en la zona, y le había dicho que no podría protegerla si Douma decidía subir de nivel los roces aparentemente inocentes, pero el simple hecho de que cuidara de ella enviándole esa advertencia fue como un bálsamo que le ayudó a relajarse un poco y actuar de manera más natural con su prometido. Al punto de que estaba segura de que la había besado porque quería que retomara su actitud "avergonzada".
Había conseguido tomarla por sorpresa, sí, pero logró suprimir el miedo y el asco que le causó cuando otro mensaje entrante hizo vibrar su teléfono. No tenía ninguna garantía de que se tratara de su guardaespaldas, pero se aferró a la idea y se concentró en imaginar que era él quien la besaba. Quizá si no hubiese sido tan diferente, habría podido sumergirse por completo en esa ilusión -con Giyuu había terminado enfrascándose en una pequeña lucha por el poder, pero él la había atacado concentrándose en descubrir lo que le gustaba y dándole demasiado de ello. En cambio, Douma la había avasallado desde el primer momento, permitiéndole tomar la iniciativa justa para determinar su inexperiencia y luego guiándola para que hiciera lo que él quería-.
Por suerte, el beso había terminado antes de que la diferencia agotara su imaginación. Se había cubierto el rostro inmediatamente, muerta de vergüenza. Estaba avergonzada con Giyuu, por haberlo usado de esa manera, aunque él no lo supiera nunca. Estaba avergonzada por las miradas de disgusto que estaba recibiendo, sabía que no solo los otros clientes del restaurante la habían visto, el ventanal junto al que estaban ubicados también le habría permitido a las personas que se encontraban afuera ser testigos de ese momento "pasional" -y ella prefería por mucho la discreción-. Y además, estaba avergonzada consigo misma, con sus hermanas y con sus difuntos padres, porque, por primera vez había tomado plena conciencia de la magnitud de lo que estaba haciendo. Estaba a merced de Douma, él podía hacer lo que quisiera con ella, porque su familia estaba salvando la compañía que sus padres y tíos habían construido con tanto esfuerzo. En otras palabras, estaba vendiéndose y en el momento en el que ese tipo quisiera, tomaría todo de ella y no sería diferente a las tantas chicas que ejercían ese oficio como medio de vida.
En ese momento se vio en la necesidad de aferrarse a la vergüenza, porque la mirada satisfecha que le dedicó Douma cuando se decidió a bajar las manos le indicaba que no podía darse el lujo de ceder al malestar que crecía en su interior.
Cuando le dijo que había sido llamado por su padre y que continuarían su cita otro día, el nuevo reto fue fingir que estaba decepcionada. Sus reverencias fueron de verdadero agradecimiento por su marcha. Tal vez lo había notado, o quizá en verdad el último beso que le dio en plena acera fue solo un capricho para avergonzarla de nuevo, pero alimentó tanto el asco, el miedo, la vergüenza, la tristeza y la desesperación que sentía, que ni siquiera supo cuánto tiempo se quedó ahí de pie, tratando de controlarse. Al final tuvo que darse por vencida y correr al primer callejón que encontró para tratar de aliviar al menos el malestar físico que sentía.
No le importó vaciar su estómago, no le habría importado si terminaba vomitando sus entrañas, todo lo que quería era dejar de sentirse tan mal, o de ser posible, dejar de sentir del todo. Pero por mucho que siguiera cediendo a las nauseas que la atacaban, no lo conseguía, apenas le parecía que podría terminar desmayándose a causa de la deshidratación. Justo cuando contemplaba esa posibilidad, la voz de Giyuu a su espalda la sorprendió y muy a su pesar la hizo recuperar la poca sensibilidad que había perdido, forzándola a tratar de controlarse para evitar que la viera en ese estado tan lamentable por mucho tiempo.
Había quedado tan debilitada que no tenía ni idea de lo que habían hablado. Era consciente de que le había dicho que irían a su apartamento porque recordaba haberse sorprendido y porque, en efecto, ahí fue donde la llevó. En el camino hizo todo lo que pudo por recobrar la compostura y le sorprendió percatarse por primera vez de que la presencia de Giyuu la reconfortaba. La parte suspicaz y desconfiada de su cerebro que aun funcionaba le decía que aun debía mantenerse alerta: Tomioka sabía de su trato con Douma y del hecho de que ella quería ocultarlo de sus hermanas, por lo tanto, también estaba a su merced, podía chantajearla en cualquier momento. Debía mostrarse fuerte, pero era imposible cuando él podía tirar de ella con tanta facilidad. Y pese a lo mucho que odiaba sentirse tan débil e indefensa, no sentía el mismo nivel de alarma que con su prometido.
Apenas había llegado a sentir vergüenza cuando, al sentir que empezaba a relajarse demasiado al tomar el baño y tararear para mantenerse despierta, lo había pillado demorándose al tomar su ropa. Pero no le había inspirado miedo para nada, pese a encontrarse en una situación demasiado vulnerable en ese momento.
— ¿Es posible que sea a causa de que ya estoy acostumbrada a su presencia? – murmuró mientras se daba la vuelta en la cama. Luego negó con la cabeza al tiempo soltaba una media risa – ¿Qué estoy pensando? Lo verdaderamente alarmante aquí es que me haga sentir reconfortada… aunque tal vez solo estaba demasiado aliviada. – agregó al tiempo que abrazaba su almohada.
Quitando los momentos vergonzosos como el del baño y el haber tomado la estúpida decisión de no utilizar los shorts que le había dejado -en el momento que Giyuu posó su mirada sobre ella, sintió como si la condenada camiseta empezara a encogerse para mostrar todo lo posible sus piernas, como si no fuese suficiente el haber tenido que usarla torcida para evitar que el cuello en "v" mostrara un escote demasiado generoso. Aun se preguntaba cómo había logrado mantenerse firme y porqué en ese preciso momento le había importado tanto verse ridícula frente a él-, el tiempo que pasó en el apartamento de Giyuu fue, por mucho, la mejor parte del día. Se sintió segura y relajada, incluso contenta. Estaba en la obligación de agradecerle, y en realidad, se sentía feliz de haberle pedido ser amigos. Y no solo por sus propias necesidades, sino porque, según lo que le había sonsacado esa noche, su guardaespaldas era una persona solitaria que no sabía cómo acercarse a los demás. Y dado que, no solo las atenciones que le había dado hablaban bien de él, sino que Shinobu tenía en alta estima a las personas que valoraban a sus familias, ella estaría feliz de retribuirle un poco al hacerle compañía, esta vez, de una manera positiva.
— Solo espero no malacostubrarme… – fue lo último que murmuró antes de sumergirse en el mundo de los sueños.
Despertó por la madrugada, muy agitada a causa de una pesadilla. Aunque no la recordaba con claridad, sabía que Douma y sus hermanas aparecían en ella, por lo que un sentimiento de temor se instaló en su pecho y le impidió volver a dormir. Caminó por su habitación tratando de sosegarse o cansarse, pero no funcionó. Se asomó en las habitaciones de Kanae y Kanao, pensando que, tal vez si se aseguraba de que estaban bien, podría tranquilizarse. Pero no lo logró del todo, pese a contemplar sus rostros durmientes durante lo que le pareció un buen rato.
Finalmente, llegó a la conclusión de que necesitaba hablar con alguien. Pero no podía despertar a sus hermanas. Sabía que no se quejarían si lo hacía, pero no tenía caso, no podría decirles con exactitud lo que la atemorizaba y de hecho, no debía insinuar que Douma le causaba la menor incomodidad.
— Creo que en este momento el más indicado para hablar sería Tomioka-san – suspiró mientras observaba la hora en su teléfono.
Apenas se acercaba a las cinco de la mañana, era demasiado temprano para llamarlo. Ella suponía que se aparecería a tiempo para ir con ella a la escuela, así que lo esperaba sobre las siete y media. Estaba segura de que en ese momento estaría durmiendo.
Tras meditarlo por un buen rato, se decidió a enviarle un mensaje: "Buenos días, Tomioka-san. Disculpa si acaso te despierto, pero, en nombre de nuestra recién comenzada amistad ¿podrías llamarme en cuanto leas esto?". Luego se dispuso a buscar un libro que le ayudara a distraerse de la espera, pero para su sorpresa, su teléfono sonó pocos segundos después.
— Buenos días – saludó Giyuu, tan monótono como siempre, por lo que Shinobu pensó que tal vez estaba completamente despierto.
— ¿Tomioka-san? – aun así le costó un poco creerse que en verdad la hubiera llamado tan rápido.
— Si, ¿que pasa? ¿No querías que llamara?
— Si, si, es solo que me sorprende que estés despierto tan temprano – confesó.
— ¿Y?
— La verdad es… que tuve una pesadilla y quería hablarlo con alguien, así que puede que sea un poco largo – de repente se sintió como una tonta pidiéndole que la llamara por algo que sonaba tan infantil, al menos no le había dicho directamente sobre su miedo.
— Douma – adivinó él de inmediato. Shinobu reprimió un suspiro.
— Si… ¿tienes tiempo? No quiero sonar como si solo me preocupara por mí pero, no quisiera llegar tarde a la escuela – se reprendió mentalmente por no haber medido el tiempo que le tomó regresar a casa, así tendría una idea de cuanto tardaría él en llegar.
— No hay problema, estoy llegando a tu casa.
— ¿¡Eh!? Pero apenas son las cinco – señaló sin poder creer que él hubiera llegado tan temprano aun cuando podría haberse tomado con más calma el volver al trabajo.
— Pensé que alguna de ustedes podría necesitar que le ayude con algo antes de irnos.
Shinobu soltó una risita baja y pensó que, aun si él no se preocupaba específicamente por ella, era demasiado amable de su parte.
— Iré a abrirte la puerta ahora, pero quiero saber que pensabas hacer si ninguna hubiera estado despierta.
— Esperar – declaró con cierto tono de obviedad que le sacó otra risa.
Cuando se sentaron el comedor y Shinobu se dispuso a rememorar lo poco que aun podía de su pesadilla, se dio cuenta de que hacía un buen rato el miedo que la carcomía había desaparecido.
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Confieso que al volver a abrir este capítulo, la aparición de Inosuke y Zenitsu me sacó una risa XD La verdad iba a incluir a Tanjirito de forma diferente, pero luego me acordé de los otros dos y pues, salió así XD
Y bueno, ya hacía falta ver como realmente la pasó Shinobu :'v la verdad es que cuando empecé a escribir esto, no pensé llegar a tocar el tema de lo implica un contrato matrimonial(?) como el suyo y el impacto de que se de en esta época, cuando se supone que eso es cosa del pasado :'v pero bueno, al menos el hdp Douma le dio a nuestro Giyuu :'v
Siento que se me queda algún comentario, pero espero que a alguien le haya gustado el capítulo.
Nos leemos~
Pd. ¡Por fin terminé el día! XD
