* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.
Hola a todos, aquí estoy otra vez publicando una nueva historia HyakkiDoro. Este fanfic es una continuación directa de "Atada a mi alma", si bien el fanfic antes mencionado tuvo un final más que concreto este fanfic contará los sucesos después del capítulo 18 del mismo, así que se considera un complemento del mismo donde veremos como fue para Hyakkimaru y Dororo convertirse en padres. Espero de corazón que les guste n.n
Parte de mi alma
Capítulo 1.
Sobreprotección
Al contrario de lo que muchas personas podrían pensar, Hyakkimaru se moría de ganas por ser padre.
Cualquiera que conociera el tormentoso pasado con el que tenía que cargar el ahora médico de veintitrés años, el cual era un triste pasado en el que nunca fue capaz de experimentar el verdadero amor paterno, lo normal era suponer que él no querría recordar todo ese dolor al traer una nueva vida a este mundo, o en el peor de los casos, que este tuviera tanto miedo que ni siquiera lo hubiera deseado.
Sin embargo, era todo lo contrario. Aunque era un pensamiento que siempre se había guardado para sí mismo, Hyakkimaru deseaba tener un hijo para poder brindarle todo el amor paterno que a él le había faltado durante gran parte de su niñez.
Gracias a sus estudios médicos se hizo a la idea del embarazo de Dororo unos cuantos días después de que los síntomas de la "extraña enfermedad" (en palabras de su pequeña) habían comenzado. Después de la fiesta de compromiso de Tahomaru y Natsumi, estuvo casi seguro de eso cuando su glotona esposa no fue capaz de probar ni un solo bocado a causa de las tan terribles nauseas que la aquejaban.
Cansancio, náuseas, mareos, vómitos, hinchazón en el cuerpo. Todas las pruebas estaban ahí, y para estar completamente seguro quiso preguntarle si esta tenía retrasos en su período, pero era un tema tan íntimo y privado que fue incapaz de preguntarlo. Además, de haberlo hecho estaba seguro que Dororo le hubiera soltado un buen golpe en su estómago por ser tan indiscreto.
Decidió darle algo de tiempo y seguir muy al pendiente de todos sus síntomas. Creyó prudente no adelantarse a los hechos para no asustarla en caso de que en realidad no fuera un embarazo. Él de igual manera se sentía algo ansioso y nervioso, tenía que esforzarse para que su esposa no lo notara de esta manera pues sabía que eso solo iba a preocuparla más.
"Hyakkimaru, creo que estoy embarazada". Cuando escuchó esas hermosas palabras su corazón dio un vuelco y un sentimiento realmente cálido y agradable comenzó a expandirse alrededor de su pecho. Solo ella era capaz de hacerlo experimentar tales hermosas sensaciones, desde que era esa pequeña y valerosa niña lo hizo, y eso fue algo que con los años no cambió en lo absoluto.
La dicha que lo embargó fue tanta que se lanzó a ella dándole un fuerte y amoroso abrazo, perdiéndose en ese menudo y agradable cuerpo de esa mujer a quien él tanto amaba. La vida fue lo suficientemente generoso con él como para haber puesto a Dororo en su camino. A pesar de los cinco años separados ella siguió creyendo en él, perdonó sus fallas, se casaron y ahora estaban por iniciar su propia familia.
Decir que estaba feliz era poco, podía asegurar que en ese momento en que estaba casi confirmado que su amada pequeña esperaba un hijo suyo se convirtió en el hombre más feliz sobre la faz del planeta.
"Dororo, te prometo que seré un excelente padre". Pronunció esas palabras con sinceridad y con todo el amor que sentía por ella. Eso no fue más que la verdad. Se había esforzado al máximo por ser el mejor esposo que pudiera por su amada Dororo. Y ahora, iba a hacer lo mismo por ella y esa pequeña nueva vida procreada por ambos que comenzaba a desarrollarse en su vientre. Se esforzaría al máximo por ser el mejor padre.
Después del día en que su esposa le dio esa maravillosa noticia, Hyakkimaru decidió revisar algunos de los antiguos estudios médicos que tenía de la aldea de Tahomaru así como buscar otros nuevos para documentarse lo mejor posible acerca de los embarazos. Leyó de los cuidados que se tenían que tener con las mujeres que estaban encinta y se propuso cuidar lo mejor posible a Dororo y al bebé que venía en camino.
El resultado, sin embargo, resultó ser un tanto incómodo para la libre y activa futura mamá. Dororo no tenía idea de que Hyakkimaru pudiera convertirse en un esposo tan sobreprotector a causa del embarazo.
Primer mes
— Buenos días, Hyakkimaru.
— Buenos días, mi pequeña y hermosa Dororo.
Como era su costumbre desde que se habían casado empezaban el día dándose un corto pero dulce beso en sus labios a modo de saludo de buenos días. Dororo hizo sus acostumbrados estiramientos matutinos. Ni bien había dado unos cuantos pasos cuando unos pequeños mareos a causa del embarazo la atacaron. Se detuvo unos segundos sujetando su cabeza, tras moverla levemente de lado a lado y dar unas cuentas suaves y acompasadas respiraciones estas comenzaron a irse.
No podía mentir diciendo que el seguir con sus mareos y nauseas era agradable, a pesar de esto, eran malestares que ella decidió tomar de la mejor manera posible al pensar que en su vientre se estaba formando su bebé y el de su amado Hyakkimaru.
Apenas había puesto un pie en el primer escalón para ir a la planta baja cuando escuchó la inusual y fuerte voz de su esposo hablarle con preocupación:
— ¡Espera, Dororo! ¿Qué estás haciendo?
— Iba a la planta baja—le explicó volteándose a verlo cuando llegó a sus espaldas. La jovencita frunció una ceja extrañada al notarlo inusualmente preocupado—. Iba a lavarme un poco con el agua del pozo y a comenzar a preparar el desayuno.
— No puedes hacer eso, no puedes bajar tu sola. —Continuó su esposo moviendo sus ojos de un lado a otro nerviosamente, la sujetó fuertemente de los hombros.
— ¿Por qué no?
— En tu condición no debes hacerlo—le mostró una pequeña y tierna sonrisa—, las mujeres embarazadas no deben hacer ningún esfuerzo físico innecesario.
— No te preocupes por eso—respondió Dororo agitando su mano despreocupadamente—, son solo unos cuantos escalones, lo haré con cuidado y…
Le fue imposible terminar la frase pues con una gran agilidad Hyakkimaru se agachó, la tomó de sus piernas y la cargó al estilo princesa. La extrañada muchacha solo pudo abrir sus ojos con sorpresa y arreglárselas para sujetarse fuertemente de los hombros de su esposo para no caer.
— ¿Qué demonios? —Exclamó Dororo frunciendo el ceño y observándolo con desaprobación—¡No hagas eso tan de pronto, me asustaste!
Hyakkimaru le dio un corto beso en su frente, comenzó a bajar las escaleras con cuidado y le respondió suavemente:
— Lo siento, pero creo que es mejor que no bajes las escaleras tu sola.
— Pero Hyakkimaru, puedo hacerlo sin problemas…—Repuso entre avergonzada y un poco molesta.
— Debemos evitar correr cualquier riesgo si podemos.
El mayor no estaba dispuesto a dar su brazo a torcer tampoco. Una vez llegaron a la planta de abajo Hyakkimaru la dejó con cuidado en el suelo solo para encontrarse con los hermosos ojos chocolate de Dororo entrecerrados observándolo con enfado. Torció la boca y se cruzó de brazos para darle a entender que no estaba nada conforme con lo que acababa de pasar.
Sabía a la perfección que a su esposa le gustaba ser independiente en la medida de lo posible, de hecho, era uno de los aspectos que más amaba de ella, sin embargo, no estaba dispuesto a dejar nada al azar en el asunto de su seguridad y su futuro hijo.
Tomó esas grandes e infladas mejillas que él tanto adoraba y le habló dulcemente mientras comenzaba a frotar cariñosamente su frente con la de ella.
— Sé que esto es incómodo para ti, y no te agrada ser tratada como una mujer débil e incapaz, pero debes entender que las cosas van a cambiar a partir de ahora. Dororo, ahora estás embarazada y por eso no podemos tomarnos las cosas a la ligera ¿Qué iba a pasar si por tus mareos perdías el equilibrio y caías de las escaleras?
Dororo palideció y abrió sus ojos estupefacta al imaginar ese terrible acontecimiento. Por un momento esa espantosa imagen también llegó a su mente, pero decidió borrarlas para continuar hablándole con calma:
— Soy tu esposo, te amo y siempre te protegeré. Déjame apoyarte lo más posible con esto del embarazo. Ya que somos un matrimonio y somos un equipo debo ayudarte en la medida de lo posible.
Dororo lo observó con cierta inseguridad por algunos segundos, fue capaz de soltar la tensión que inconscientemente juntó en sus hombros cuando esta dio un bajo suspiro y le respondió con cierta timidez:
— Tienes razón Hyakkimaru, debo entender que ahora la vida de nuestro hijo crece en mi vientre, y como futura madre me toca ser más responsable y consciente. Gracias por ayudarme.
Se dieron un cálido y amoroso beso que de inmediato hizo que ese incomodo momento quedara atrás. Le alegró darse cuenta que Dororo parecía haber entendido las cosas, por desgracia no estaba del todo en lo correcto. Desde niña era una mujer testadura y necia, Hyakkimaru iba a entender que esas eran cosas que ni siquiera la maternidad podían desaparecer.
— Hyakkimaru ¿qué es todo esto?
Exclamó Dororo cierta tarde que Hyakkimaru llegó a casa cargando varios sacos en sus brazos y hombros. Supuso que en verdad eran pesados al ver el rostro de cansancio de su esposo y varias gotas de sudor resbalar por su frente. Se apresuró en sacar una tela de entre sus ropas y se acercó a él para limpiarle el sudor.
Al percibir los siempre cariñosos cuidados de su esposa tomó suavemente su mano para después depositarle un cálido beso en su dorso. Dororo se sonrojó y se observaron con cariño por algunos segundos, este hermoso momento por desgracia se vio interrumpido cuando uno de los sacos comenzó a moverse violentamente de un lado a otro.
— ¿¡Qué es lo que tienen esos sacos!?
Dororo tensó su cuerpo y retrocedió unos pasos con temor. Con toda la calma del mundo Hyakkimaru se agachó para desatar el mencionado saco que se agitaba y mostrar el contenido. Dororo ladeó su cabeza con confusión cuando el apuesto joven sacó unos enormes y vigorosos peces de ellos.
— ¿Y esos peces? —Preguntó observándolos extrañada.
— Son comida para ti.
Hyakkimaru siguió desatando los sacos mostrando que había mucha comida en ellos. Desde diversas frutas, verduras hasta dulces, más peces, arroz, huevos, cangrejos… era un montón de comida, lo suficiente como para poder comer por más de un mes.
— Vaya, eso en verdad es mucha comida. —Opinó Dororo observando todo lo que su esposo dejaba en la cocina—¿Pero por qué fuiste por tanta? Teníamos ya suficientes raciones en la cocina para comer cuando menos por esta semana.
— Dororo ahora debe comer por dos personas. —Respondió Hyakkimaru quedamente mientras ágilmente tomaba un cuchillo y cortaba de un solo tajo la cabeza de uno de los enormes pescados que había atrapado—. Quiero que comas mucho para que nuestro hijo crezca muy sano y fuerte.
El corazón de la futura mamá se agitó conmovido tras escuchar esto. Hyakkimaru había leído que era muy importante que una mujer embarazada comiera sanamente, él a su manera interpretaba que comer sanamente se refería a comer mucho. Fue por esta razón que desde temprano en la mañana había salido para comprar y conseguir tanta comida como pudiera para llevársela a su amada esposa.
— Muchas gracias, Hyakkimaru.
Le susurró Dororo con ternura mientras se acercaba a él y lo abrazaba tímidamente por la cintura. El mencionado se volvió a mirarla con un infinito cariño para darle un rápido beso en su mejilla y continuar con su labor mientras le decía con determinación:
— Voy a prepárate algo muy delicioso para que comas y seas una futura mamá muy sana.
— ¡No!
Ante este extraño grito de negación Hyakkimaru la observó intrigado. Dororo se dio cuenta de su imprudencia y no pudo más que forzarle una enorme sonrisa para intestar justificarse:
— E-es decir, no quiero causarte tantas molestias. Debes tener mucho trabajo en la clínica ahora mismo ¿o no?
— No te preocupes, no tardaré en cocinar algo para ti.
— ¡Pero mientras estuviste fuera vinieron varios pacientes a buscarte! —Mintió Dororo esforzándose por sonar lo más segura posible—Aprecio el gesto Hyakkimaru, pero no puedes descuidar a tus pacientes por mí, sé que no te gusta hacerlo.
Hyakkimaru cambió su semblante para apreciarla con culpa, Dororo le dio unas palmaditas en la espalda a modo de consuelo mientras continuó:
— No te preocupes. Mientras comeré unas cuantas frutas, me haré algunos platillos y…
— No Dororo, eso no está bien. Debes guardar reposo y no sobre esforzarte. Antes de abrir la clínica iré con la Sra. Shibame de la posada y le pediré de favor que te prepare algo con toda esta comida. Estoy seguro que se sentirá feliz de poder apoyarte.
— Aunque aún puedo cocinar algo por mí misma…
Susurró un poco herida, sin embargo, Hyakkimaru estaba tan apurado con todo lo que tenía que hacer y el querer dejar lo menos posible sola a Dororo que salió a toda velocidad para dirigirse a la posada. No pudo escuchar ese bajo y tímido reclamo de su esposa.
Se sentó a esperarlo mientras masajeaba sus cienes con fastidio. Apreciaba y comprendía el motivo de la preocupación de Hyakkimaru, pero al mismo tiempo no podía evitar sentirse frustrada y molesta que no la dejara hacer prácticamente nada, comenzaba a sentirse inútil y eso no le agradaba en lo más mínimo.
— "Al menos pude evitar que me preparara algo de comer".
Pensó Dororo riendo resignada al recordar lo mal cocinero que era Hyakkimaru. Sus intenciones eran las mejores del mundo, aun así, ella sabía mejor que nadie que por más que Hyakkimaru lo intentaba simplemente la cocina y él no se llevaban bien, se esforzaba mucho por mejorar sus habilidades, pero era algo que sencillamente no era su fuerte. Si Hyakkimaru le hubiera preparado algo, en lugar de estar sana tal vez hubiera terminado intoxicada por esos malos alimentos.
Segundo mes
Hyakkimaru observó con pesar como Dororo corría a toda velocidad a la parte trasera de la casa. La siguió en silencio y una desagradable opresión se apoderó de su pecho cuando encontró a su pequeña inclinada vomitando nuevamente.
Aunque sus mareos y nauseas habían disminuido desde el primer mes estas se negaban a irse definitivamente. Dororo se volvió mientras se limpiaba su boca lentamente con una tela, sintió a su corazón encoger de dolor al apreciar el rostro cansado y hasta algo fastidiado de su esposa.
Nunca se arrepentiría de tener un hijo con ella, pero si debía ser totalmente honesto experimentaba una profunda tristeza al verla con todos sus malestares. Sabía que eran inevitables pues eran los síntomas del embarazo, sin embargo, estaba seguro que daría lo que fuera si pudiera traspasar una parte de esos malestares a él para que no sufriera tanto con ellos.
La tomó cariñosamente de sus hombros para ayudarla a entrar de nuevo en su casa. Ahí le preparó algo más de té medicinal para ayudarla a sobrellevar sus náuseas y la dejó recostada sobre un pequeño futón que habían colocado en una de las habitaciones de la planta baja.
Había pasado aproximadamente media hora, Hyakkimaru estaba concentrado terminando de hacer prótesis para uno de sus pacientes cuando escuchó algunos sonidos cerca de la puerta principal.
— ¡Dororo! ¿A dónde vas? —La llamó con cierto apuro acercándose a ella al ver que estaba saliendo de la casa.
— Iré a buscar a Jiheita y Yahiko, debo discutir con ellos algunos asuntos de los nuevos comerciantes que llegaron a la aldea ayer.
— No te preocupes, iré a buscarlos para que mejor vengan ellos a verte aquí en la casa.
Dororo torció su boca con enfado. Estaba llegando al límite de su paciencia con la aprensión de su esposo, ya se estaba hartando de que la sobreprotegiera de esa manera. Dando un bufido de descontento y ladeando su rostro con enfado la muchacha lo ignoró y comenzó a caminar para buscar a sus amigos.
Hyakkimaru negó con su cabeza con desaprobación, no pensaba dejarla andar a sus anchas si eso conllevaba que pudiera sufrir algún daño y eso perjudicara el embarazo, motivo por el cual se decidió a seguirla.
Al percibir su presencia Dororo volvió su cabeza extrañada, cuando se dio cuenta que su esposo la seguía infló sus mejillas y lo reprendió sin dejar de caminar:
— ¿Por qué me estas siguiendo?
— Soy tu esposo, debido a tu condición debo cuidarte y protegerte, no dejaré que te expongas a ningún peligro.
Dororo estuvo a punto de volverse para soltarle un golpe en la cara, pero se contuvo. Por muy desesperante que fuera esa actitud suya sabía que lo hacía buscando su propio bien, debido a esto se decidió a ignorarlo. Ya le había pedido que dejara de trabajar en el campo de cosechas y que no montara más a Chibi, si pensaba que iba a acceder a quedarse enclaustrada en su casa como una monja estaba muy equivocado.
Jiheita y Yahiko se mostraron asombrados cuando Dororo llegó con ellos y vieron a Hyakkimaru detrás suyo persiguiéndola como si fuera su sombra, pero lo más extraño sin duda era que Dororo hablara con ellos tranquilamente empeñándose lo más posible en ignorar a su esposo quien la observaba con enfado detrás de ella.
— Bueno, si es necesario yo puedo viajar a la aldea de Tahomaru para traer más materiales para abrir esa nueva tienda de kimonos. —Dijo Dororo mientras miraba a sus compañeros con entusiasmo.
— De ninguna manera Dororo va a salir de viaje en tales circunstancias. Yahiko o Jiheita pueden encargarse de eso.
Desaprobó Hyakkimaru con una extraña voz que sonaba más preocupada que enojada. Las mejillas de Dororo enrojecieron de enfado al responderle:
— Hyakkimaru, estoy tomando decisiones como líder de la aldea y tú no puedes simplemente…
— Dororo, estás embarazada. No puedes hacer viajes ahora, esto no siquiera está a discusión.
— ¿¡Embarazada!?
Exclamaron atónitos los dos muchachos. Hyakkimaru ladeó su cabeza con confusión ante sus gritos de asombro, la apenada mujer solo pudo cubrir su rostro con sus manos.
— ¿E-e-eso es verdad, Dororo? —Preguntó Jiheita entre balbuceos torpes y nerviosos—¿En verdad estás embarazada?
— Si, es lo más probable.
Respondió la aludida aun sin destapar el rostro. Sus compañeros de tantos años que habían ayudado a levantar la aldea junto con ella se quedaron boquiabiertos sin saber que responder. Hyakkimaru le preguntó suavemente a su esposa intrigado:
— ¿No les habías dicho de tu embarazo? ¿Por qué?
Dororo no fue capaz de responder nada. Era un cumulo de emociones, se sintió incapaz de hablar nuevamente, por lo cual simplemente continuó en silencio y con el rostro oculto.
Jiheita tras regresar a la realidad y esforzándose enormemente por dejar la envida a un lado al pensar en lo afortunado que era Hyakkimaru de poder hacer el amor con Dororo le volvió a hablar con una enorme felicidad:
— ¡Muchas felicidades Dororo, esa es una excelente noticia! Tú y Hyakkimaru acaban de recibir una enorme bendición de Buda.
Escuchó extrañado unos bajos sollozos de pronto, cuando volteó su rostro a la derecha se asombró de ver que Yahiko estaba llorando en voz baja. Finalmente, este habló entre sinceros sollozos de felicidad:
— En verdad nuestra pequeña Dororo creció tan rápido. Ahora una nueva vida está creciendo en su vientre. La vi convertirse de esa inquieta niña en esta valiente mujer… ¡Felicidades Dororo, estoy seguro que serás una excelente madre!
Jiheita le dio unas palmadas a Yahiko a modo de tranquilizarlo, sabía que él apreciaba mucho a Dororo al punto de verla incluso como a su hermana menor, además de todo, Yahiko era más sentimental de lo que aparentaba en un principio. El robusto chico miró a Dororo con orgullo con algunas lágrimas escapando de su rostro.
— ¡Nuestra Dororo creció tan rápido, la líder de esta aldea va a ser madre!
Exclamó aun entre sollozos mientras se lanzaba a abrazarla, la mencionada aún en un extraño silencio ocultó su cabeza en el pecho de su amigo a causa de la vergüenza. Por su parte Jiheita, con una pequeña sonrisa de resignación se volvió para darle unas palmaditas en esta ocasión a Hyakkimaru al tiempo que le decía algunas palabras a modo de felicitación. El apacible joven de cabello azabache lo escuchó en silencio agradeciendo sus palabras con pequeñas inclinaciones de cabeza.
— Sin embargo, Dororo, tu esposo tiene razón. —Dijo Yahiko preocupado dejando de asfixiarla por fin con ese fuerte abrazo digno de un oso—. En tales condiciones lo mejor es que reposes en casa el mayor tiempo posible.
— Concuerdo con Yahiko—opinó Jiheita amablemente—. No te preocupes por lo de los viajes o el trabajado pesado, con todo gusto nosotros nos ocuparemos de eso y de todo lo necesario para aldea.
— Gracias por su apoyo. —Habló esta vez Hyakkimaru mostrando una pequeña sonrisa—. Aprovechando que ahora estamos todos reunidos, lo estuve pensando y creo que lo mejor será que mientras continua el embarazo de Dororo yo sea el que me encargue de todos los asuntos referente a la aldea para que ella repose lo mejor posible. Es nuestro primer bebé y por eso…
— ¡Ya basta!
Un agudo y potente grito interrumpió las palabras del médico. Abriendo sus ojos tan grandes como platos los tres hombres se voltearon a ver a la pequeña líder de la aldea. Era de baja estatura, de cuerpo delgado, se veía tan débil a la vista, pero su simple mirada de rabia les bastó a los tres para sentir un escalofrío recorrer su espalda. El fuerte carácter de Dororo languidecía el valor de cualquier hombre, eso era algo en el que todos los habitantes de la aldea concordaban.
— ¡Por eso no quería decirles, porque ustedes son unos idiotas que nunca entienden nada y jamás han podido dejar de verme como esa niña indefensa de años atrás! —Continuó gritando furiosa cerrando fuertemente sus ojos a la par que sus manos en puño—¡Y tu Hyakkimaru…! ¡Estoy harta de que me trates como si fuera una enferma convaleciente en cama! ¡Me tratas como si fuera una inútil cuando tú mejor que nadie sabes de lo que soy capaz! ¡Ya no lo soporto!
Sin agregar nada más, completamente hastiada en una de sus actitudes de varón que nunca fue capaz de dejar atrás escupió despreocupadamente a un lado para posteriormente darse la media vuelta y salir corriendo mientras unas pequeñas lágrimas rabiosas surcaban su rostro.
Los tres muchachos quedaron boquiabiertos y mudos de la impresión. Jiheita fue el que finalmente fue capaz de romper el silencio hablándole a Hyakkimaru con una voz débil y rasposa a causa de los nervios:
— Lo siento Hyakkimaru, ahora si estás en serios problemas.
Continuará
