* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 2

Debemos dar la noticia

Tras despedirse quedamente de los dos muchachos Hyakkimaru tragó saliva pesadamente y con pasos lentos comenzó a avanzar. Conocía a Dororo como la palma de su mano, sabía que había un solo lugar al cual la malhumorada futura madre podía dirigirse para desahogarse, ese era sin duda su amado campo de arrozal.

A pesar de conocer a donde había huido tomó la decisión de dirigirse hacia allá a pasos lentos, e incluso quedarse un buen rato sentado a la sombra de un frondoso árbol observando el hermoso cielo azul para darle a Dororo el tiempo suficiente para dejar salir todos sus sentimientos y que su pequeña se tranquilizara.

Tampoco podía mentirse a sí mismo, él también necesitaba un pequeño momento a solas para hacer a un lado todos esos sentimientos que se arremolinaban y oprimían su pecho de una forma desagradable.

Si hubiera tenido más tiempo optaría por practicar un rato con la katana o incluso aventurarse a salir un momento en búsqueda de algún monstruo o ser maligno para desquitar su estrés con él, sin embargo, no podía hacerlo, todo a su alrededor estaba cambiando, y él debía poner todo de su parte para adaptarse a esos grandes cambios. Eso incluía por supuesto, asumir su rol como futuro padre de familia, el ser egoísta y solo pensar en su bienestar había quedado atrás desde hacía mucho tiempo.

Dándose unos golpecitos en sus hombros a forma de relajación el apacible joven de ojos caramelo se mentalizó para llenarse de paciencia y dirigirse al encuentro de su esposa, supuso ya le había dado suficiente tiempo a solas. Lo único seguro de todo eso era que le esperaban unos buenos gritos y regaños.

— "Espero que no esté tan enojada al punto de que tenga que recurrir a intentar callarla con un beso".

Para desgracia de Hyakkimaru, eso podía funcionar con otras mujeres, pero no con Dororo. La única vez que lo había intentado (a lo cual después llegó a la conclusión que fue un pésimo consejo de Yahiko), se había llevado un buen rodillazo en su entrepierna.

"¡A la gran Dororo nunca podrán callarla ni siquiera con un beso!". Recordó como su pequeña le gritó en esa ocasión, sin embargo, él tampoco era como los demás hombres, pues en lugar de pensar en lo atemorizante que era tener una esposa tan libre y agresiva él pensó lo hermosa que se veía enojada y lo mucho que le gustaba que no se dejara intimidar por nadie, ni siquiera por su esposo.

La amaba con locura, y como estaba convencido de eso estaba más que dispuesto a intentar hablar tranquilamente con ella para arreglar sus diferencias acerca de su comportamiento con lo de su embarazo.

Como lo pensó, llegó al arrozal y Dororo se encontraba sentada a la orilla del puente enfrente de los tallos, caizbaja. Se acercó a su pequeña lentamente con pasos inseguros, cuando escuchó sus pasos detrás de ella la jovencita volteó con curiosidad, al percatarse de su presencia frunció sus cejas, molesta, infló sus enormes mejillas y volviendo la vista al frente le dijo con dureza:

— No te acerques, no quiero verte.

La observó con tristeza por varios segundos, pero al ver que seguía empeñada en darle la espalda soltó un bajo suspiro y se sentó en el piso unos metros detrás de ella. Dororo debió percibir este movimiento pues volvió a hablarle aun sin verlo, afortunadamente para el frustrado esposo su voz se escuchaba un poco más tranquila:

— ¿Qué haces sentándote atrás de mí?

— Dororo dijo que no quiere verme—respondió con voz baja y apagada—, por eso me siento detrás de ella… Para que no pueda verme.

Aunque intentó luchar en contra del sentimiento, el corazón de Dororo se agitó de ternura cuando escuchó esas inocentes palabras. Volvió la vista para apreciarlo apenas con el rabillo del ojo. Su esposo en efecto estaba sentado detrás de ella con una afligida mirada clavada en el piso, una mirada que bien podría tener un cachorro que acaba de ser regañado.

Era imposible, no podía durar enojada con él por mucho tiempo, Hyakkimaru siempre se las arreglaba para salirse con la suya al final. A pesar de que ahora fuera ya un joven adulto mucho más experimentado y maduro en todos los aspectos, muy en el fondo seguía siendo ese inocente ronin de dieciséis años que había atrapado su corazón cuando niña. No podía resistirse a él cuando actuaba de esa manera tan dulce e ingenua.

Rodando los ojos y negando con la cabeza con una sonrisa divertida Dororo se puso de pie y se acercó a él. Se sentó frente a suyo para posteriormente darle un pequeño golpe con la punta de sus dedos en su nariz, al sentir el tacto él simplemente levantó la vista y la siguió observando con culpa.

— Eres imposible, eres un tontito.

Le dijo entre risas para posteriormente acercar su rostro al suyo y frotar sus frentes. Hyakkimaru disfrutó de este tacto por algunos segundos hasta que le respondió mientras sujetaba dulcemente sus manos contra las de su esposa:

— Lo siento, no sabía que deseabas mantener lo de tu embarazo como un secreto.

— En realidad no era tanto como querer que fuera un secreto—se explicó la muchacha con tono reflexivo—, eventualmente se iban a dar cuenta cuando mi barriga comenzara a crecer.

Una tierna sonrisa se dibujó por si sola en los labios de Hyakkimaru al imaginar eso. Estaba seguro que su pequeña se vería realmente hermosa con su barriga un poco más grande a causa del embarazo, no podía esperar por verla ya de esa manera. Por desgracia se vio obligado a hacer esas encantadores imágenes a un lado y volver a la realidad cuando Dororo continuó:

— No quería mantenerlo en secreto, pero no quería decírselos aún. Hyakkimaru, es muy complicado ser mujer ¿sabes? —Subió las manos de su esposo para dejarlas apoyadas en sus mejillas—A veces me gustaría seguir pretendiendo que soy un varón…

«Cuando comencé a crecer y me fue imposible seguir fingiendo que era hombre muchos de los aldeanos se sorprendieron y aunque me apoyaron, yo sé que algunos no estuvieron de acuerdo en que yo fuera la líder de la aldea.

Afortunadamente Jiheita y Yahiko me apoyaron y me creyeron capaz siempre, lo hicieron a pesar de que era una niña en ese entonces. Ellos dijeron que debido a que les había dado el tesoro de papá y yo los había motivado a seguir luchando el puesto como líder solo podía ser mío, pero… estoy segura que si no hubiera sido por su intervención nunca lo hubieran aceptado.

Con el tiempo la mentalidad de esos aldeanos cambió, sin embargo, es un hecho que solo por ser mujer te creen débil e incapaz de hacer muchas cosas, y lo del embarazo lo demuestra. Hyakkimaru, por favor no creas que quería mantener lo del embarazo como un secreto porque me avergüenza esperar un hijo tuyo, eso por supuesto no es verdad. Me siento más que orgullosa de saber que nuestro hijo se forma en mi vientre, aun así, quería que fuera secreto hasta que fuera notorio, pues no soporto que me crean débil e incapaz.

Como no quería eso deseaba ocultarlo tanto como se pudiera. Mi condición como embarazada no me hace especial ni menos capacitada para hacer mis cosas normalmente como cualquier otra persona.»

Finalizó con unos ojos que centelleaban orgullo y seguridad por donde se viera. Hyakkimaru enmudeció de admiración ante las sorprendentes palabras que acababa de escuchar. Mientras su corazón latía a toda prisa, perdido en lo mucho que amaba a esa valiente mujer a quien por fortuna podía llamar esposa todo le comenzó a quedar más claro, se dio cuenta de lo injusto que había sido con ella.

Le dedicó una profunda mirada que era una mezcla de amor y orgullo, y tras unos segundos de reflexión le respondió hasta que sintió las palabras que iba a decirle eran las adecuadas, las escogió con sumo cuidado:

— Y yo también te subestimé por tu condición. Te traté como una persona débil cuando tú eres todo menos eso. Dejé que la preocupación se apoderara de mí y eso nubló mis pensamientos, lo lamento mucho, no era mi intención lastimarte de esta manera, no quería hacerte sentir mal.

La sonrisa de su hermosa esposa aumentó frente a sus ojos, ocasionando que una dulce sensación cálida de alivio se paseara por su pecho. Dororo negó lentamente con la cabeza antes de responderle conmovida, mientras el aprovechó para depositarle un pequeño beso en sus manos:

— A pesar de todo, puedo entender también tu comportamiento, Hyakkimaru. —Opinó apacible—. Estoy segura que si no fuera por tu serenidad y previsión en algún u otro momento tal vez haría una imprudencia, así que debo agradecer también que me cuides tanto. —Hizo una pequeña pausa para separar sus manos delicadamente y bajarlas para dejarlas apoyadas tiernamente en su vientre—. Ya que somos padres primerizos es normal sentirnos nerviosos o confundidos.

—Dororo…—La mencionada volteó a verlo con interés, Hyakkimaru le regresó una pequeña y cariñosa sonrisa—Podemos llegar a un acuerdo: prometo ya no ser tan sobreprotector contigo si tú prometes ser más cuidadosa y no sobre esforzarte a partir de ahora.

Dororo meditó su propuesta por un breve momento. Su corazón por fin pudo sentirse completamente tranquilo cuando la vio mostrarle nuevamente esa enorme sonrisa y ojos brillosos de alegría que él tanto adoraba cuando le respondió:

— De acuerdo, es algo justo. Acepto tu propuesta, Hyakkimaru.

Dororo río con alegría al darse cuenta que ese malentendido había quedado atrás. Hyakkimaru se agachó un poco para besar dulcemente el vientre de su esposa, ante este acto ella lo observó con un infinito cariño y una dicha inmensa.

— Somos padres primerizos, pero estoy seguro que todo saldrá bien, por eso no debes preocuparte, Dororo.

Su esposa afirmó para en un acto que lo tomó por sorpresa lanzarse a él, atrapar sus labios y darle un amoroso y pasional beso. Por supuesto, Hyakkimaru no opuso resistencia alguna.


— ¡Hyakkimaru!

Escuchó ese alegre grito segundos antes de que Dororo se agachara detrás de él y rodeara su cuello con sus brazos. Hyakkimaru dio un bajo suspiro de tranquilidad al percibir el agradable cuerpo de su pequeña detrás suyo. Sin dejar de escribir sus manuscritos de investigación que le hacía a una aparente nueva planta con propiedades medicinales que habían encontrado hace poco le preguntó suavemente:

— ¿Qué tal te fue con Yahiko? ¿Todo va bien con los nuevos comerciantes?

— ¡Si! —Afirmó con entusiasmo, adoraba verla ya tan alegre—Las negociaciones con ellos van bien, gracias a eso podremos abrir tres nuevas tiendas en la aldea.

Dejó su trabajo por unos segundos para felicitarla y decirle lo orgulloso que estaba de ella. Después ambos se mantuvieron en silencio por un momento más. Cuando la observó de reojo ya al lado suyo Hyakkimaru captó cierto comportamiento raro en ella. La hermosa jovencita tenía la vista clavada en el escritorio y dibujaba círculos imaginarios con su dedo en el mueble, le parecía algo apenada.

— Hyakkimaru ¿recuerdas lo que hablamos ayer después de solucionar esa tonta discusión?

— ¿A qué te refieres? —Preguntó enarcando sus cejas con curiosidad, dejando con cuidado su pincel en el pequeño tintero.

— ¡Debemos dar la noticia! —Exclamó entre nerviosa y emocionada, sus mejillas se tiñeron de un leve carmín—Acordamos empezar a decirles a nuestros amigos del embarazo. Ahora tenemos la perfecta excusa para decirle a Tahomaru que va a ser tío. —Dororo esculcó su ropa con movimientos nerviosos y torpes. Sacó una pequeña nota y se la entregó a su esposo mientras continuaba su explicación—: Yahiko me dijo que cuando fue a la aldea de Tahomaru él le entregó esta nota para que nos la diera apenas volviera.

Hyakkimaru la leyó con interés, era una breve nota que solo decía: "A Natsumi y a mí nos gustaría consultar algunas cosas con ustedes acerca de nuestra futura boda. Por favor vengan a vernos en cuanto puedan".

— Es el momento perfecto para decirles que esperamos un bebé. —Afirmó Dororo con timidez, comenzó a jugar con las telas de las mangas de su kimono un tanto nerviosa—¿Verdad que podemos ir a verlos y aprovechar el viaje?

Hyakkimaru enterneció ante su tímido comportamiento. Solo le bastó verlo para adivinar que estaba avergonzada de admitir abiertamente que se sentía más que feliz de poder decirle a sus seres queridos que esperaban a su primer hijo.

Conteniendo una baja risa para no avergonzarla más se acercó a ella para acariciar dulcemente su cabeza y posteriormente hablarle con ternura:

— Por supuesto. Podemos hacer ese viaje con mucho cuidado para que no te canses, y así podremos decirle a Tahomaru que pronto será tío.


Dororo accedió a viajar a la aldea de Tahomaru montada en Chibi siempre y cuando su fiel caballo blanco cabalgara lentamente. Para tener mejor control de él, Hyakkimaru viajó a pie a su lado y de esa manera poder estar al pendiente tanto de Chibi como de ella. El viaje a la aldea tomó más tiempo que normalmente, y aunque era desesperante Dororo sabía que esto era necesario por bienestar suyo y del bebé.

Después de la fiesta de compromiso, Natsumi se asentó para vivir en la aldea de Tahomaru mientras este hacía construcciones en su casa para al igual que su hermano, construir un segundo piso pensando en su futura esposa y familia. La Sra. Hanami fue lo suficientemente bondadosa con ellos como para permitir que se quedara en su casa hasta que el día de la boda llegara, en verdad esa mujer era como una madre para ambos chicos.

Llegaron primero a casa de Hanami para saludarla a ella y a su agradable hija Yumi. Cuando encontraron a Natsumi hicieron un poco de tiempo con ella en lo que daba la hora de la cena para cenar en casa de Tahomaru.

Dororo aprovechó cierto momento para hablar a solas con la mujer y decirle todo lo que había pasado desde su última visita. Hanami río con dulzura ante sus relatos para después decirle:

— Siendo sincera, esperaba ese comportamiento aprensivo por parte de Hyakkimaru, pero no creía que lo iba a llevar a tales extremos.

— Los extremos nunca son suficientes cuando se trata de Hyakkimaru. —Afirmó Dororo girando los ojos con ironía escuchando de nuevo la agradable risa de Hanami.

— Nunca puede controlarse cuando se trata de ti, te ama demasiado. —Lo justificó la dulce mujer mirándola con ternura.

— Lo sé…—Respondió Dororo apacible sin poder evitar reír un poco con ternura—Como sea, hemos logrado hacer las paces y nos sentimos impacientes por ser padres. —Confesó dándose unos pequeños golpecitos en su barriga—. Ahora queremos darles la buena noticia a todos, aprovecharemos la cena para decirle a Tahomaru y a Natsumi.

— Estoy segura que ambos recibirán la noticia más que gustosos. —Hanami se acercó a la jovencita y la abrazó con un inmenso cariño—. Mi dulce niña, oraré mucho por ustedes para que el embarazo marche bien y tengan un hijo sumamente sano.

Dororo dejó escapar unas pequeñas lágrimas de felicidad, esa dulce mujer siempre sacaba su lado más sensible, la desarmaba por completo.

Mientras la cena transcurría Dororo tenía una lucha interna en su mente por definir cuál sería la mejor manera para darles la noticia a su cuñado y su amada amiga. Hasta el momento no se había presentado la oportunidad pues toda la plática durante la cena estaba girando en torno a su boda la cual iba a ser en un mes más.

De cierta manera no podía evitar sentirse un poco culpable, pensaba que la noticia de su embarazo tal vez y hasta podría opacar el asunto de su boda, pero se moría de ganas por decirles. Mientras reía a lo bajo al ver lo melosa que era la pareja pues incluso no se llamaban por sus nombres sino por amorosos apodos, Dororo seguía debatiendo la mejor forma de anunciar su embarazo.

— "Debo ser muy sutil".

Pensó Dororo, sin embargo, no recordó que Hyakkimaru y la sutileza eran enemigos naturales. Sin previo aviso su esposo soltó un comentario que hizo que los rostros de los tres muchachos enrojecieran:

— ¿Y cuántos hijos piensan tener?

Tahomaru incluso aunque trató de evitarlo escupió un poco del sake con el que estaba acompañando la cena. Le respondió entre tartamudeos nerviosos:

— ¡A-aniue! ¡No puedes ser tan imprudente!

— ¿Imprudente? —Preguntó el mayor con su rostro inexpresivo tan común—Si van a casarse lo normal es que tengan hijos… ¿verdad, Dororo? Por ejemplo, nosotros esperamos a nuestro primer hijo justo ahora.

Decir que el rostro de Dororo estaba tan rojo como una manzana era poco. La apenada futura madre quedó boquiabierta de la sorpresa, sin ser capaz de responder. Su cuñado y amiga por su parte observaron a ambos con un semblante más allá de la sorpresa. La única que fue capaz de recobrar la compostura pasados unos segundos fue Natsumi. Reflexionó con una mirada pensativa:

— Entonces por eso tenías nauseas en la fiesta de compromiso. Dororo… ¡estás embarazada!

— Ah… Si…—Afirmó ésta bajando la mirada con vergüenza—Es casi un hecho que esperamos un bebé.

Natsumi dio un fuerte grito de sorpresa y emoción, sin importarle nada más se levantó rápidamente de la mesa para dirigirse a su querida amiga y atraparla en un amoroso abrazo.

— ¡Es una excelente noticia! ¡Dororo, me da mucho gusto por ustedes! ¡Muchas felicidades!

— Natsumi…

Ninguna de las dos amigas de ya por tantos años pudieron evitarlo, embargadas por la emoción del momento las dos comenzaron a llorar de alegría. Hyakkimaru simplemente las observó con ternura.

— Voy a ser tío…

Escuchó un leve susurro frente a él. Cuando dirigió la vista al frente se extrañó de ver como su hermano menor ladeaba la cabeza y al parecer secaba rápidamente una pequeña lágrima de felicidad que resbalaba por su mejilla.

— Tahomaru—le habló Hyakkimaru un tanto intrigado—¿estás llorando?

— ¡C-claro que no! —Mintió con las mejillas sonrojadas—Lo que pasa es que me entró una pequeña mota de polvo al ojo.

— Sabía que llorarías cuando te lo dijera.

— ¡Que no estoy llorando! Aniue ¿por qué siempre me molestas?

Tahomaru entrecerró sus ojos con enfado, por parte de su hermano mayor este lo siguió observando con su serenidad tan característica. Tahomaru se dio cuenta que ese no era el momento para discutir, soltó una baja risa para dejar pasar ese incomodo momento y le continuó hablando a su hermano al tiempo que le hacía una leve reverencia en señal de respeto:

— Aniue, Dororo, muchas felicidades por esperar su primer hijo. Pueden estar seguros que estaré muy al pendiente del embarazo y por supuesto del bebé en cuanto nazca, los ayudaré en todo lo que necesiten. Me esforzaré por ser un excelente tío.

Hyakkimaru río en voz baja con dulzura, una risa que solo él fue capaz de escuchar. Tahomaru a veces aún se comportaba como ese hijo de familia noble. Aun así, sabía que podía confiar ciegamente en sus palabras, nunca lo admitiría, pero lo conmovió enormemente verlo soltar esa pequeña lágrima de felicidad apenas supo iba a ser tío.

Dororo tras secar sus lágrimas y agitando su mano en un gesto despreocupado le respondió con voz divertida:

— Vamos, no debes ser tan formal con nosotros. De todas formas, agradecemos mucho tus buenos deseos. Estoy segura que serás un tío muy cariñoso, tú y Natsumi lo serán.

Al escuchar esto, mientras percibía a su corazón latiendo velozmente a causa de toda la dicha que lo llenaba, Tahomaru se acercó a su prometida y entrelazó sus dedos. Su hermosa Natsumi lo observó con un profundo amor, este le dijo con cariño en un tono suave:

— Es cierto. Nosotros seremos esposos dentro de poco, entonces tú también serás tía, amada mía.

Natsumi río dulcemente en voz baja para aferrarse más a la mano de Tahomaru y decirles a los futuros padres mientras los apreciaba con emoción:

— Dororo, Joven Hyakkimaru, muchas felicidades por el embarazo. Al igual que mi futuro y gallardo esposo, yo también me esforzaré para ser una excelente tía.

Los cuatro rieron ante esto y el matrimonio aceptó sus felicitaciones. Dororo se dio cuenta en ese momento que Tahomaru y Natsumi eran igual de tranquilos y educados, sin duda alguna estaban hechos tal para cual. Ese divertido momento se vio interrumpido de pronto cuando Hyakkiamaru preguntó nuevamente con sumo interés:

— Entonces… ¿Cuántos hijos piensan tener?

— ¡Aniue por favor, deja de ser tan imprudente!

Continuará