* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 4

Entre caprichos y desacuerdos

Tercer mes

Hyakkimaru despertó a media noche al sentir como su pequeña se revolvía de un lado a otro en el futón. Se hizo para un lado algunos de sus largos mechones de cabello que tapaban su rostro, entornó los ojos para poder apreciarla mejor a pesar de la oscuridad que invadía su habitación.

La hermosa muchacha tenía un semblante de sufrimiento, sus ojos estaban fuertemente cerrados al tiempo que sus rosados labios se percibían trémulos, tal parecía que estaba teniendo un mal sueño. Hyakkimaru sintió a su corazón partirse en dos cuando unas pequeñas y tímidas lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas.

— Dororo…

Le susurró al tiempo que colocaba con sumo cuidado su mano en su cabeza y comenzaba a acariciarla suavemente en un intento por despertarla. Al sentir el tacto Dororo abrió los ojos de golpe con temor, su respiración se percibía agitada.

— Ah… ¿Hyakkimaru?

Dijo débilmente mientras sus ojos se movían de un lado a otro observando cada rincón de la habitación con miedo. Hyakkimaru se acercó a ella con delicadeza para atraparla en un suave y reconfortante abrazo protector.

— Tranquila, todo está bien. —Le habló con voz apacible en su oído—. Tal parece que tenías una pesadilla.

— Fue horrible…—Confesó Dororo hundiendo su cara en su firme pecho—Soñé que comenzaba a sangrar y yo…—Su voz se quebró, se tomó unos cuantos segundos para tranquilizarse y continuar—Perdía a nuestro bebé, todo parecía tan real, fue algo espantoso.

Aunque deseó no verse contagiado por el temor de su esposa, no pudo evitar que un desagradable nudo se formara en su garganta al imaginar esa terrible escena. Movió su cabeza lentamente de un lado a otro en un intento por desaparecer esas espantosas imaginaciones de su cabeza, debía mantenerse sereno para tranquilizar a su pequeña.

— Solo fue un mal sueño, nada de lo que viste fue real. —Continuó esforzándose por hablarle con la voz más serena que le fue posible. Le dedicó una tierna sonrisa cuando la preocupada muchacha alzó sus ojos inseguros hacia él—. Aun así… ¿te ayudaría a tranquilizarte si te reviso?

Dororo le mostró una apagada sonrisa mientras afirmaba lentamente con la cabeza. Como si estuviera tomando un plato de porcelana sumamente delicado Hyakkimaru desató la parte baja de la yukata para examinarla.

— No hay sangre ni nada que se vea fuera de lo normal. —Afirmó el médico colocando toda su ropa con cuidado de nuevo—. Tampoco te duele el vientre ni se siente nada extraño al palparlo, todo está bien.

Escuchó a Dororo soltar un bajo suspiro de alivio tras oír sus palabras, por desgracia cuando observó su rostro se percató que aún había algo de temor en su mirada. Podía entenderla, aunque él se sentía inquieto por ese mal sueño podía imaginar que para ella fue peor pues sabía lo vividas que podían ser las pesadillas a veces.

— No hay nada de que preocuparse. —Siguió hablándole a su adorada esposa atrapándola en un dulce abrazo otra vez—. Dororo es una mujer muy fuerte y valiente, por eso estoy seguro que todo irá bien con el embarazo.

— Hyakkimaru…—Lo llamó conmovida, observándolo aún un tanto nerviosa.

— Además, recuerda que me tienes a mí. —Continuó repartiendo delicados besos por todo su bello rostro. Siguió hablando con sus labios sobre su suave piel—. Yo siempre protegeré a Dororo. Me encargaré de siempre darte todos los cuidados necesarios para que seas una mamá muy sana. Estoy seguro que darás a luz sin ningún contratiempo, y que el hijo que esperamos será un bebé muy sano. No tengo ninguna duda de eso, Dororo.

Sintió el delicado y menudo cuerpo de su pequeña estremecer antes de volver a enterrar la cabeza en su pecho. Ella afirmó lentamente con su cabeza mientras le agradecía en voz baja. Sintió la humedad de sus lágrimas resbalar por su pecho, su esposa ocultó su rostro para que no la viera llorar.

Sabía que no le gustaba mostrarse débil ante nadie, él siempre respetó eso de ella. Por esta razón se decidió a no mencionar nada al respecto, la abrazó con aun más fuerza y dejó que siguiera llorando a escondidas. Finalmente, los dos se quedaron dormidos aun abrazándose con fuerza, dejando el recuerdo de esa espantosa pesadilla atrás.


Mientras Hyakkimaru estaba trabajando en un pedazo de madera para comenzar a hacer una prótesis escuchó a Dororo dar un fuerte y animoso grito desde el comedor. Enarcando una ceja con curiosidad se acercó hasta ella para descubrir porqué murmuraba para ella misma con una voz llena de felicidad.

— ¡Hyakkimaru, por fin puedo comer normalmente! —Le dijo con alegría cuando lo vio llegar a su lado. Hizo para un lado su cuenco vacío al continuar—Pude comerme todo este plato de fideos sin ningún problema, por fin las náuseas han disminuido.

— Eso es muy bueno. —Respondió Hyakkimaru observándola con ternura al ver como Dororo agarraba con muchos ánimos una bola de arroz—. Ahora podrás intentar comer un poco más, eso será bueno para el embarazo.

— ¡Si! Estoy segura que al pequeño Hyakkimaru le gustarán las bolas de arroz.

— ¿Al pequeño Hyakkimaru? —Preguntó el joven de cabello azabache ladeando su cabeza con confusión.

— Me refiero a nuestro bebé. —Aclaró Dororo con orgullo mientras acariciaba su vientre.

— ¿Y por qué llamarlo así? —Hyakkimaru bajó la vista apreciando el estómago de su esposa, para su desgracia el embarazo aun no era tan notorio.

— ¿No te gustaría que tu primogénito llevara tu nombre?

— ¿Qué tal si es una niña? ¿Si es niña la llamaremos Dororo?

La mencionada reflexionó sobre esta propuesta por varios segundos, cuando respondió hizo un puchero a modo de desaprobación:

— Mi nombre es único e irrepetible, me gustaría que si es niña le pusiéramos otro nombre.

Hyakkimaru pensaba igual que Dororo. Tu propio nombre era algo sumamente especial ya que te lo daban tus progenitores, o como era en su caso, se lo había dado su padre adoptivo. Ese amable y bondadoso hombre que lo cuidó y crío durante dieciséis años.

No quería que si su primer hijo era niño este compartiera su nombre, él quería esforzarse junto con su esposa por darle un hermoso nombre pensado por los dos. A pesar de esto, no se atrevió ir en contra del pensamiento de Dororo pues pensaba que de hacerlo tal vez podría lastimarla.

Por fortuna, esa mujer a quien él tanto amaba lo conocía a la perfección, era la única persona en el mundo que lo hacía, se dio cuenta tras apreciar que ella lo examinaba con sumo interés. Le volvió a hablar con una voz dulce y cariñosa:

— Tú también crees que los nombres son algo único ¿verdad? Puedo recordar que me lo platicaste en cierta ocasión. Tu padre adoptivo, a quien tú llamas "mamá" te dio el nombre de Hyakkimaru y te enseñó a escribirlo. Ya que es algo tan especial para ti, preferirías que tu hijo llevara otro nombre ¿no es así?

En un principio abrió sus ojos con sorpresa ante la acertada deducción para después relajar el rostro y afirmar con la cabeza con una leve sonrisa. Dororo le regresó una enorme sonrisa mientras continuaba:

— Tienes razón, los nombres son algo único y sumamente especial. Es por eso que cuando nuestro hijo nazca, nos esforzaremos por escogerle un nombre muy bonito… ¡Será el mejor nombre del mundo, Hyakkimaru!

El futuro padre sintió una agradable ola de calidez pasearse por todo su pecho al imaginar al pequeño bebé en brazos de su amada esposa. Para él era tan difícil expresarse con palabras, lo cierto era que, aunque no lo demostrara tras escuchar esa afirmación se sintió sumamente dichoso y afortunado. Hizo lo único que podía para expresar su alegría: se acercó a ella para estrecharla entre sus brazos y llenarla de besos.

— Me esforzaré para escoger el nombre apropiado para nuestro hijo.

Dijo con ternura, a lo cual Dororo lo apreció con un profundo amor.


Cuando las náuseas de Dororo desaparecieron, Hyakkimaru pensó que por fin el embarazo iba a ser algo más disfrutable para el amoroso matrimonio, sin embargo, estaba equivocado. Otros nuevos síntomas estaban por aparecer, los cuales esta vez iban a afectarlo directamente a él: los antojos y los cambios de humor.

Tras pasar gran parte de su niñez en carencia, no era de extrañar suponer que ahora que llevaba una vida mucho más tranquila y sin nada de escases Dororo se desquitara y disfrutara tanto de la comida, ella era glotona.

"Hyakkimaru, nuestro hijo tiene hambre". Era una frase que comenzó a repetirse mucho conforme los días pasaban y la futura mamá estaba acercándose cada vez más al cuarto mes de embarazo. Dororo no comía en grandes cantidades, pero si disfrutaba de hacerlo varias veces en el día, y el que se las debía arreglar para esto era su abnegado esposo.

Desde sushi, arroz, anguila, pez, deliciosos dulces, hasta incluso carne y pollo, los extraños antojos de Dororo de vez en cuando lo metía en aprietos para poder conseguirlos, sin embargo, Hyakkimaru ponía todo su esfuerzo para dárselos. Lo cierto era que conforme pasaban los días estos comenzaban a ser más demandantes, era inevitable que de vez en cuando él se sintiera cansado o fastidiado.

Estos antojos llegaron al límite cierta noche. Hyakkimaru fue sacado de su profundo sueño cuando sintió como alguien picaba su mejilla. Abrió sus ojos lentamente y con pereza, lo primero que pudo ver al hacerlo fue a unos brillantes orbes color chocolate observándolo con sumo interés en la oscuridad de la noche.

— Dororo… ¿qué pasa? —Preguntó Hyakkimaru con voz débil y rasposa, incorporándose y rascando su cabeza.

— Hyakkimaru, nuestro hijo tiene hambre. —Respondió la futura madre, cerrando sus manos en puño.

— ¿Qué? ¿Ahora? —Se volteó para observar la ventana aun sin despertar bien del todo. Entendió menos lo que pasaba al darse cuenta lo oscuro que estaba afuera, eso indicaba que aún era de noche— Pero Dororo, aun no amanece.

— El hambre no nos deja dormir. —Insistió su esposa inflando sus mejillas y colocando sus manos en su vientre— ¿Recuerdas esos deliciosos mochis que nos trajo Tahomaru la semana pasada?

— Si. —Respondió Hyakkimaru tras dar un largo bostezo—. Él dijo que Natsumi los había hecho especialmente para ti.

— ¡Exacto! Hyakkimaru, tu esposa y tu hijo quieren volver a comer esos deliciosos mochis.

— Bien… Iré a la aldea de Tahomaru apenas salga el sol.

— ¿No puedes ir ahora?

— ¿Ahora? Pero si es media noche. —Desaprobó Hyakkimaru haciendo una lucha titánica para que sus ojos no se cerraran, en verdad se moría de sueño.

— Hazlo ahora, por favor. —Insistió su esposa con algo de timidez—. Estoy segura que no podremos conciliar el sueño hasta comer esos mochis.

— Lo siento, estoy muy cansado ahora. Te prometo iré por ellos temprano en la mañana.

Y sin agregar nada más Hyakkimaru se dejó caer en el futón para intentar dormir de nuevo. Segundos después de que cerró los ojos un ligero sollozo llegó a sus oídos. Abrió sus parpados nuevamente confirmando lo que se temía: Dororo lloraba en voz baja con la vista clavada en el suelo.

— Dororo…

Sintió como si alguien tomara su corazón y lo estrujara, no soportaba verla llorar. Se arrastró un poco por el futón hasta llegar a su lado y dejar sus manos apoyadas en sus piernas. Dororo secó rápidamente sus ojos y volteó el rostro con vergüenza.

— ¿Qué sucede? —Insistió Hyakkimaru tratando de no sonar preocupado.

— N-no es nada, no me prestes atención.

— Es imposible que haga eso si ahora Dororo está llorando… No me gusta verte llorar.

— Ni yo misma sé porqué lloro. —Confesó la hermosa muchacha tensando su cuerpo y observándolo insegura—. Últimamente lloro por las cosas más insignificantes y tontas. Es solo que… En verdad quiero comer esos mochis. —Hizo una pequeña pausa en la que más lágrimas salieron de sus ojos—. Al saber que tendría que esperar hasta mañana me hizo sentir decepcionada. Es tonto llorar por eso, lo sé, pero no puedo evitarlo.

Hyakkimaru bajó la mirada intentado juntar toda la paciencia que le era posible. Él también lo había notado, que últimamente Dororo estaba muy sensible y más llorona. Sabía perfectamente que su pequeña no era así, que probablemente esto también era a causa del embarazo. Dio un bajo suspiro para ignorar su cansancio y se levantó ágilmente. Dororo se volteó a observarlo con curiosidad al percibir el movimiento.

— Voy a la aldea de Tahomaru por los mochis. —Dijo el mayor mientras se quitaba la yukata para dormir y la sustituía por su kimono azul oscuro de uso diario.

— Hyakkimaru…—Murmuró Dororo conmovida para inevitablemente caer en llanto de nuevo.

— Dororo, por favor, no llores de esa forma. —Suplicó su esposo con tristeza.

— L-lo siento, no sé qué pasa, no puedo dejar de llorar. Me conmueve que siempre seas tan atento y servicial conmigo. Hyakkimaru tonto, estoy llorando por tu culpa por ser tan dulce.

Así que ahora además de llorar también le reclamaba por hacerla llorar. Debía ser paciente, lo sabía a la perfección, en circunstancias normales Dororo nunca actuaría de esa manera. Antes de partir se acercó a ella y le dio un profundo beso. La amaba con todo su corazón, estaba más que seguro que incluso iría hasta China por más comida si ella se lo pidiera.


Tahomaru nunca se imaginó lo hermoso que era dormir al lado de la persona que más amabas hasta que se casó con su adorada Natsumi. Nunca se lo había dicho pues le daba algo de vergüenza hacerlo, pero a veces cuando despertaba en medio de la noche le gustaba apreciarla en silencio mientras ella dormía.

Se podía perder minutos observando su hermoso y largo cabello café oscuro cayendo despreocupadamente por su espalda y futón, en sus largas y tupidas pestañas manteniendo sus hermosos ojos negros cerrados. Su esposa era hermosa y la amaba con locura, no tenía ninguna duda de eso.

Tahomaru río para sus adentros pues sucedió algo que pasaba a menudo, cuando Natsumi lo percibía lejos de ella se deslizaba aun dormida hacia adelante por mera inercia hasta percibir de nuevo que estaba cerca. Dejaba apoyada su cabeza contra su pecho u hombro, Tahomaru adoraba que hiciera eso.

— "Aun en sueños me buscas, mi hermoso gorrión".

Pensó Tahomaru mientras le depositaba un suave beso en su frente. Ese hermoso momento se vio interrumpido cuando los sentidos de antiguo guerrero de Tahomaru lo alertaron: al parecer alguien estaba entrando en su casa. Agudizó el oído, y en efecto pudo escuchar unos suaves pasos por el recibidor.

Con la agilidad digna de un felino se separó rápida y disimuladamente de su esposa, tomó su katana la cual reposaba en una de las esquinas de su habitación y se dirigió a donde percibía al intruso. Cuando llegó en efecto pudo apreciar en la oscuridad de la noche una alta figura que se movía con cuidado.

— ¿Quién anda ahí?

Susurró Tahomaru con una voz baja pero valiente al tiempo que desenfundaba su espada, la cual apuntó directamente hacia el desconocido.

— Tahomaru, soy yo…

— Esa voz…—El mencionado no perdió tiempo y tomó una vela que siempre dejaba en la mesa cerca de la puerta. La encendió y tal como lo suponía, pudo observar los orbes caramelo de su hermano mayor observándolo con cansancio. Tahomaru lo llamó lleno de asombro y confusión—: Aniue…


— Natsumi, lamento molestarlos en medio de la noche. —Se disculpó Hyakkimaru haciendo una ligera reverencia para acto seguido sentarse en el piso de la cocina.

— No se preocupe, Sr. Hyakkimaru. —Respondió Natsumi con amabilidad mientras sacaba unos cuantos cuencos y telas de la cocina—. Sabe que por usted y mi querida Dororo haría cualquier cosa. Afortunadamente esta mañana preparé muchos mochis para los niños de la aldea y nos sobraron algunos. Con todo gusto puede llevárselos a Dororo.

Tahomaru se sentó al lado de su hermano y lo observó con atención. Estaba cabeceando luchando por no quedarse dormido, unas ojeras prominentes asomaban por debajo de sus hermosos ojos caramelo, estaba pálido y su cabello suelto y desordenado, ni siquiera se había molestado en sujetarlo en su tan característica coleta alta.

— Aniue… ¿te encuentras bien? —Preguntó el menor con mucha preocupación.

— Si… ¿Por qué preguntas? —Respondió este con una voz baja y débil para después volver a dar otro bostezo.

— Te ves muy cansado ¿no has estado durmiendo bien? —Continuó Tahomaru frunciendo el ceño con actitud recriminatoria.

— No muy bien. —Hyakkimaru talló con desgano sus ojos—. Para ser sincero, esta no es la primera vez que Dororo tiene antojos en medio de la noche. Además, la semana pasada recibí varios pacientes y tuve que elaborar diversos medicamentos y prótesis. Como no quería que se me juntara el trabajo y descuidar a Dororo me vi forzado a trabajar en las noches también.

— Es cierto, había escuchado que a las mujeres embarazadas se les presentaban ciertos antojos conforme iban entrando a mitad del embarazo. —Se unió Natsumi a la conversación mientras colocaba los mochis en un gran cuenco y comenzaba a atarlos con una tela.

— Aun así, eso no está bien Aniue, tú también necesitas descansar. —Opinó Tahomaru mientras se cruzaba de brazos—. Creo que deberías hablar con Dororo y decirle que debe controlar sus antojos nocturnos. Estás muy cansado, no puedes seguir así sin dormir apropiadamente.

— Pero… ella lloraba. No soporto verla llorar. —Confesó Hyakkimaru casi en un susurro, bajando la vista.

— Señor Hyakkimaru, yo sé que usted la ama mucho y haría lo que fuera por ella—le dijo Natsumi acercándole el paquete envuelto en tela que contenía los famosos mochis—, pero aun así como futuro padre usted debe ver por el bienestar de toda su familia, y eso lo incluye también a usted. Estoy segura que si habla sinceramente con Dororo ella lo entenderá.

Hyakkimaru observó en silencio la mirada amable que su cuñada le dedicaba, su hermano menor por su parte lo seguía contemplando con preocupación. Sonrió levemente mientras tomaba el paquete y se ponía de pie, le respondió a Natsumi tratando de disimular el cansancio en su voz:

— Voy a pensarlo. De nuevo muchas gracias por el favor, nos vemos luego.

— Aniue, no se trata de que lo pienses, se trata de que lo hagas.

Lo regañó Tahomaru mientras lo acompañaba a la puerta de su casa para despedirlo. Hyakkimaru se volteó para observarlo indescifrablemente tanto a él como su esposa que se encontraba detrás suyo. De nueva cuenta mostró una apenas perceptible cansada sonrisa para decirle antes de voltearse:

— Tahomaru, si algún día tú y Natsumi llegan a esperar su primer hijo, estoy seguro que podrás entenderme. Estoy bien, en serio, nos vemos luego.

— Es imposible, mi hermano mayor es y siempre será un necio.

Se quejó Tahomaru cuando Hyakkimaru se subió a su caballo y este comenzó a cabalgar para regresar a su aldea. Escuchando como su esposo soltaba un bufido de descontento Natsumi se acercó a él para abrazarlo por la cintura, le dio un pequeño beso en la mejilla y le dijo con seguridad:

— Tranquilo, no te preocupes. En cuanto pueda iré a visitar a Dororo para hablar con ella sobre esto. Si dejamos que las cosas continúen así, Hyakkimaru recibirá a su primer hijo dormido, no podemos permitir eso.


Cuarto mes

Aunque los antojos no disminuyeron en gran medida, Dororo hizo su mayor esfuerzo por controlarlos tras hablar con Natsumi de lo cansado que estaba su esposo. El sentimiento de culpa la atacó por varios días, a pesar de esto ella puso su mayor esfuerzo por no volver a darle tantas molestias. Sin embargo, la paciencia de Hyakkimaru aunque ni él mismo lo imaginaba si tenía un límite, y esta iba a llegar al cuarto mes de embarazo de su esposa.

Por fin su vientre comenzaba a verse más abultado, tal como Hyakkimaru se imaginó se veía realmente hermosa con su barriga de embarazada, apenas se las podía arreglar para quitarle los ojos de encima para vergüenza de la futura madre.

Debido a esto, las responsabilidades de Hyakkimaru aumentaron. Con su barriga aumentando en tamaño a Dororo se le dificultaba hacer cosas que normalmente podía, y esto la obligaba a pedirle su ayuda.

Entre la clínica, ayudar con la cosecha y el liderazgo de la aldea, así como el cuidar del embarazo de su pequeña apenas le quedaba tiempo libre, sin embargo, él hacía todo sin rechistar pues sabía que eran sus obligaciones como esposo y futuro padre. Se había propuesto esforzarse al máximo por ella, quería ayudarla en todo lo posible, pero incluso así él no podía ser un súper hombre, era difícil encargarse de todo eso a la vez.

Un día llegó sumamente agotado de la cosecha. Los arrozales ya estaban listos y pasó toda la tarde ayudando a Jiheita a desgranar los tallos y llenar los sacos. Tenía el cansancio acumulado de días anteriores, por lo cual olvidó en la mañana al salir guardar sus herramientas para hacer prótesis.

Sumado a esto, Dororo con sus cambios de humor y el acostumbrarse a su nueva y abultada barriga no ayudaba en nada. Justo en el momento en que Hyakkimaru por fin se había sentado para descansar un momento se escucharon unos objetos cayendo al piso seguido de los gritos de reproche de Dororo.

— ¡Hyakkimaru! —Gritó enojada mientras se acercaba a él—¡Te dije desde esta mañana que guardaras tus herramientas! ¿¡Por qué no lo hiciste!?

Últimamente cualquier pequeña cosa la molestaba. Hyakkimaru dejó escapar un pequeño suspiro de fastidio antes de responder sin ganas:

— Lo siento, se me hizo tarde y lo olvidé.

— ¡Pues deberías organizar mejor tu tiempo! —Se cruzó de brazos y volteó el rostro con enfado—Ves que no es nada fácil el moverme así como estoy ahora y tú todavía dejas en el camino cosas que me estorban ¡deja de ser tan desordenado!

¿Organizarse mejor? ¿Ser desordenado? ¿Dororo era consciente de las cosas que estaba diciendo? ¿Sabía si quiera que debido a tantas cosas que tenía que hacer apenas y tenía tiempo para comer y dormir? Ya no pudo soportar más sus reclamos, era como si todo el esfuerzo que estaba poniendo para ayudarla no valiera nada ante sus ojos.

Por primera vez se sintió en verdad sumamente molesto y fastidiado de ella. Se puso de pie frunciendo sus cejas lleno de enfado mientras le respondía alzando su voz resentido:

— ¿¡Y tú crees que eres la única que la está pasando mal con lo del embarazo!? ¿¡Eres consciente de todo lo que tengo que hacer en el día para ayudarte!? ¡Debo atender la clínica, ayudar en la cosecha y la aldea, ir a surtir el alimento de la casa, además de ayudar con las labores diarias aquí! ¡Estoy cansado, estoy agotado y eso ni si quiera parece importarte! ¡Es más sencillo para ti reclamarme y molestarte conmigo por todo!

— ¡Pues eso hubieras pensado antes de embarazarme!

— Tienes razón, no debí embarazarte. Es más… ¡tal vez ni siquiera debimos casarnos!

Dororo se llevó una mano a la boca y abrió sus ojos con incredulidad de par en par. Hyakkimaru sintió a su corazón ser atacado con miles de dagas una tras otra experimentando un profundo dolor. Por supuesto él no pensaba eso para nada, pero en ese momento su mente estaba tan agotada, furiosa y estresada que dijo palabras que él en realidad no deseaba pronunciar.

Por desgracia ya era demasiado tarde, no pudo evitarlo y escaparon, esa terrible mentira huyó de su boca atacando a Dororo, ocasionando que sus bellos ojos chocolate comenzaran a humedecer, las lágrimas se acumularon en ellos.

Ahora además de furioso también se sentía culpable y decepcionado de sí mismo. Sabía que no era lo correcto pero no pudo evitarlo, estaba tan desesperado y abrumado con todo lo que pasaba que sintió la necesidad de huir. Se dio la media vuelta y le habló con indiferencia:

— No quiero dormir aquí esta noche, nos vemos mañana.

Avanzó con pasos firmes y pesados hasta salir de la casa, ni siquiera, aunque escuchó a Dororo comenzar a llorar detrás de él se detuvo.

Continuará