* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa. Yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 6

Afortunado

Hyakkimaru se aseguró de hacer un buen nudo a la tela que colgó en su espalda para poder cargar todo. Lo que llevaba a cuestas pesaba bastante pero no le importó, debía llevar todo hasta su hogar para dárselo a Dororo. Ya en la entrada de la aldea se volteó para encarar a Okowa y Taiki, ambos lo observaban amablemente.

— Muchas gracias por su ayuda. —Les dijo Hyakkimaru seriamente haciéndoles una ligera inclinación de cabeza.

— Ni lo menciones, Hyaku-san. —Respondió Okowa aumentando su sonrisa—. Fue un gusto poder ayudarte, estoy segura que a Dororo-chan le encantará. Por favor no se olviden de nosotros ¿sí? Espero poder volver a verte junto con Dororo-chan un día de estos.

— Es cierto… ¿pueden darme algo de papel y tinta?

Taiki le dio los mencionados objetos. Apenas los recibió Hyakkimaru hizo su mejor esfuerzo para dibujar un detallado mapa de donde se encontraba su aldea. Cuando lo terminó se lo pasó a Okowa mientras le decía con serenidad:

— Es un mapa para que puedan llegar hasta nuestra aldea. Siéntanse con la libertad de venir cuando gusten, nosotros estaremos encantados de recibir su visita.

El rostro de Okowa se iluminó de alegría apenas escuchó eso. Tomó el mapa volviendo a agitar las manos de Hyakkimaru de arriba hacia abajo enérgicamente, asegurándole que en cuanto hubiera oportunidad irían a visitarlos.

Y así fue, desde ese día en que Hyakkimaru volvió a encontrarse con esa risueña mujer, de vez en cuando iba a visitarlos junto con su esposo y tres hijos. Dororo se mostró muy sorprendida y hasta algo recelosa al principio, tal parecía que el percance de la casi boda aún estaba muy vivo en sus recuerdos.

A pesar de esto, la amistad entre las dos resurgió de una manera sencilla y muy natural. No había duda que había personas que estaban destinadas a reencontrarse y formar lazos nuevamente a pesar del tiempo y la distancia.


Los instintos de supervivencia de Dororo seguían estando muy desarrollados debido a todas las experiencias por las que pasó cuando niña. Fue por esta razón que un extraño presentimiento la despertó a mitad de la noche. Abrió los ojos de golpe y contuvo una exclamación de sorpresa cuando distinguió una figura entrando en su habitación.

Por cuestiones de seguridad, cuando se encontraba sola tenía la costumbre de dormir con una "Tanto" [1] a un lado de su futón en caso de que alguien tratara de atacarla en medio de la noche, nunca se imaginó que en realidad llegaría el momento de que eso pasara.

La tomó rápidamente y se abalanzó contra el desconocido para atacarlo en un brazo, para su sorpresa la figura desenvainó ágilmente una katana propia para detener a tiempo su ataque, él fuerte sonido del choque metálico entre las armas inundó la habitación.

— "Esa agilidad y esa fuerza…"

Pensó Dororo mientras su corazón daba un vuelco, entornando la vista. Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad pudo distinguir unos hermosos orbes caramelo apreciándola con tristeza. No perdió tiempo y retiró su pequeña espada para hacerla a un lado.

— Nunca creí que estarías tan molesta conmigo al punto de atacarme. —Habló de pronto esa varonil y suave voz que ella tanto adoraba.

— ¡Hyakkimaru! —Retrocedió unos pasos con asombro. El mencionado simplemente enfundó su katana y le dirigió una pequeña apagada sonrisa. Dororo continuó con voz débil—: Lo siento, no quise… Pensé que eras un ladrón, o alguien que quería atacarme.

— Dororo es muy ágil. —Respondió Hyakkimaru con algo de timidez—. Haz mejorado mucho tu técnica.

— Hyakkimaru…

Lo volvió a llamar sintiendo como sus lágrimas se acumulaban en sus hermosos ojos. A pesar de esto lo que menos quería era volver a llorar frente a él para ya no incomodarlo más. Después de la plática con Reiko se dio cuenta que la Dororo caprichosa con cambios bruscos de humor debía desaparecer. Había practicado tanto su disculpa para cuando regresara, debía hacerlo, no había marcha atrás.

Hyakkimaru observó confuso como Dororo se arrodillaba ante él para posteriormente hacerle una profunda reverencia la cual llegaba hasta el suelo. Le volvió a hablar con una voz sumamente formal y educada:

— Danna-sama [2], es un honor para mí que haya regresado. Le ruego por favor me disculpe por mi incorrecto comportamiento de hace unos días. Me presento ante usted para que disponga de mí como a usted mejor le parezca.

— ¿Danna-sama? Dororo… ¿por qué hablas tan extraño?

Preguntó Hyakkimaru mucho más confundido que antes. Dororo se apresuró en contestarle con un tono un tanto inseguro sin dejar de hacerle esa profunda reverencia:

— Ah… ¿recuerdas esa obra de teatro ambulante que se presentó en la aldea hace unas semanas? Escuché que la emperatriz de la obra le hablaba de esta manera tan formal a su esposo, por eso, yo… Yo creo que debo pedirte una sincera disculpa de la manera más educada que sea posible. Tú te mereces esto y más…

Hyakkimaru parpadeó varias veces asombrado antes de negar lentamente con la cabeza. La hermosa muchacha cerró fuertemente sus ojos experimentando un profundo dolor que hasta acortó su respiración al presenciar esto, ella creyó que su esposo no quería perdonarla.

Apretó fuertemente su mandíbula mordiendo sus lágrimas cuando Hyakkimaru se acercó a ella, pero para su sorpresa la tomó suavemente de sus hombros y la hizo levantarse para encararlo.

— Dororo, por favor no hagas esto…—Suplicó observándola con ternura—Nunca debes doblegarte ante mí ni hacerme estas reverencias. Estamos y siempre estaremos en igualdad de condiciones. La Dororo que yo conozco y a quien tanto amo nunca se deja intimidar por nadie, tú no eres así.

Cuando escuchó estas dulces palabras Dororo sintió su cuerpo temblar ligeramente y bajó la vista reprimiendo nuevamente las ganas de llorar ¿Cómo su esposo podía seguir siendo tan dulce a pesar de las cosas tan crueles que le había dicho? Con esa sencilla pero emotiva reacción Dororo reafirmó lo mucho que lo amaba, y que para ella sería como una condena al inframundo si por cualquier cosa tuvieran que separarse.

— Tienes toda la razón. —Afirmó Dororo mientras se secaba rápidamente unas pequeñas lágrimas que resbalaron por sus mejillas—. Debo pedirte disculpas sinceramente, no aparentando ser alguien quien no soy.

Tras decir esto se lanzó a él y lo abrazó con fuerza, dejando apoyada su cabeza en su pecho. Hyakkimaru cerró sus ojos en cuanto percibió el cálido tacto de ese pequeño cuerpo que él tanto adoraba. Todas las dudas e inseguridades desaparecieron cuando por fin pudo rodearla con sus brazos y aspirar ese dulce aroma que lo tranquilizaba desde que tenía dieciséis años.

— Lo siento mucho, Hyakkimaru. Por favor discúlpame. —Continuó su esposa con voz quebrada—. Fui tan injusta al despreciar tu ayuda e ignorar tu cansancio. Debería estar agradecida contigo por lo mucho que me apoyas y en lugar de eso solo te gritaba. Desquitaba mis malestares contigo… No comprendo siquiera como quisiste regresar a mi lado.

— Es porque te amo, Dororo. —La interrumpió con un murmullo cargado de amor y anhelo. Tomó suavemente su barbilla y levantó su hermoso rostro para que sus miradas se encontraran—. No importa que pase, siempre lo haré, siempre serás lo más importante en mi vida. —Calló unos segundos para bajar sus manos hasta el vientre de su esposa—. Tú y nuestro bebé siempre serán lo más importante para mí…

«Yo también cometí un gran error al ser tan impulsivo. Tampoco dije lo que realmente sentía, Dororo, no me arrepiento de casarme contigo, ni mucho de esperar a nuestro primer hijo. No debí hacerlo, no debí decir eso y alejarme, fui un cobarde.

Estoy seguro que te causé una gran tristeza y preocupación, y de igual manera te ofrezco una gran disculpa por ser tan irracional. Te prometo que no volveré a hacerlo, a pesar de los enojos o las incomodidades no volveré a abandonarte de esa forma. Así que, por favor, discúlpame».

— Claro que te perdono… Sin embargo, tú también debes perdonarme a mí.

— Dororo, yo no tengo nada que…

La mencionada lo interrumpió sujetándolo de sus mejillas y jalándoselas. La mirada preocupada de Hyakkimaru se reflejó en la endurecida mirada de su decidida. No le permitió continuar al hablarle con rudeza:

— Yo también me equivoqué, yo también te lastimé, Hyakkimaru. Fui injusta y cruel contigo, no está bien perderme en las molestias del embarazo y solo enfocarme en mí. Olvidé que tú también te cansas e ignoré tu enorme apoyo… Así que, por favor, como yo te estoy perdonando, perdóname también tú a mí.

Una vez terminó su explicación suavizó su mirada hasta mostrarle un semblante sumamente arrepentido. Hyakkimaru se dejó perder por unos cuantos segundos en esos hermosos ojos chocolate que lo hipnotizaban hasta que besó dulcemente su frente para acto seguido atraparla de nuevo en un abrazo.

— Claro que te perdono.

Le dijo dulcemente mientras repartía pequeños besos por su rostro y cuello. Dororo río enternecidamente para responder con un tono mucho más tranquilo:

— Muy bien, entonces los dos hemos sido perdonados.

Hyakkimaru la continuó besando cariñosamente hasta que la sintió pegar más su cuerpo contra el suyo. Se detuvo de inmediato al ver como su hermosa esposa con una mano bajaba el cuello de su yukata hasta dejar descubierto sus hombros, mientras que con su otra mano libre tomaba la cinta con la cual él amarraba su cabello azabache y comenzaba a quitársela lentamente. Cuando volvió a hablarle, lo hizo con una voz baja y traviesa:

— ¿Sabes algo, Hyakkimaru? Últimamente me han aparecido otro tipo de antojos, otros un tanto peculiares. Tú eres el único que puede ayudarme a satisfacerlos.

— Los deseos de Dororo son órdenes para mí.

Respondió seductoramente mientras ambos se acostaban en el futón y comenzaban a acariciarse. Esa noche optaron por no dormir, se dedicaron a demostrarse cuanto se amaban y se habían necesitado.


— ¿Qué hay en este paquete?

Preguntó Dororo cuando el paquete que Hyakkimaru estuvo cargando desde la aldea de Okowa hasta su casa por fin estaba en manos de su esposa. La futura madre lo inspeccionó con sumo interés, posando su intrigada mirada por cada rincón de ese misterioso paquete envuelto en una tela verde.

— Es un regalo para nuestro bebé, un regalo de mi parte.

Explicó Hyakkimaru tranquilamente mientras se sentaba frente a ella. Sus labios se movieron por si solos para formar una tierna sonrisa cuando Dororo abrió sus ojos de par en par con asombro, le dedicó una gigantesca y sincera sonrisa de felicidad. No perdió ni un segundo más y comenzó a abrirlo ansiosamente.

Cuando finalmente descubrió el contenido su pequeña soltó un bajo grito de asombro y se llevó una mano al rostro debido a la sorpresa. Esparcidos en el suelo y en las rodillas de Dororo había diversos juguetes de madera de diferentes formas y tamaños.

Eran simplemente hermosos y vistosos. Estaban elaborados con sumo cuidado e incluso pintados a mano. Algunos incluso estaban articulados o tenían piezas de hierro. Desde pequeños niños y trabajadores del campo, hasta lindos caballos, perros, monos… Juguetes que sin duda cualquier niño se sentiría feliz de tener.

— Tú hiciste todo esto, ¿verdad?

Preguntó su esposa conmovida tras unos segundos de apreciar cada detalle de esos hermosos juguetes hechos a mano. Hyakkimaru simplemente afirmó en silencio deleitándose con los ojos de Dororo brillando con una inmensa alegría.

— Hyakkimaru… ¡son hermosos! ¡son maravillosos! —Gritó con su voz enérgica tan característica—Nuestro hijo amará jugar con ellos, estoy segura de eso. —Colocó todos los juguetes con sumo cuidado a un lado para acercarse a su esposo y tomarlo de los manos. Le volvió a hablar con orgullo—: Serás un excelente padre, no… Más bien, ya eres un excelente padre, no tengas nunca ninguna duda de eso.

Tras mostrarle una pequeña y dulce sonrisa se acercó a ella para juntar sus frentes y frotarlas suavemente, gesto que Dororo correspondió complacida. No había ningún día en el que Hyakkimaru no le agradeciera a la vida por haber puesto a Dororo en su camino, a veces incluso lo hacía más de una vez en el día.

Después de esos complicados momentos, las discusiones del feliz y amoroso matrimonio quedaron atrás. Decidieron establecer una llamada (en palabras de Dororo) "tregua de embarazo". Siempre que alguno de los dos comenzaba a sentirse abrumado o enojado por las labores diarias, así como por el asunto del embarazo decidían separarse unas horas para tranquilizarse y dejar pasar el enojo.

Además de esto, decidieron dejar su orgullo de lado y optaron por pedirles ayuda a las personas de la aldea de vez en cuando para evitar el cansancio en el trabajador futuro padre. Esto hizo que Dororo pudiera guardar un mejor reposo y que Hyakkimaru no se viera tan abrumado por sus obligaciones diarias. Por supuesto los voluntarios de la aldea aceptaron ayudarlos más que gustosos.

Conforme los días continuaron transcurriendo, por fin los futuros padres pudieron disfrutar mucho más tranquilamente el proceso del embarazo. Cierto día ocurrió algo, un suceso hermoso que se convirtió en un momento sumamente especial para ambos.


Quinto mes

Estaba anocheciendo, por lo cual Hyakkimaru terminó de atender al último paciente del día y decidió cerrar la clínica un poco más temprano ese día. A pesar de que Dororo descansaba en la planta de arriba estuvo tan ocupado todo el día que pudo ir muy pocas veces a verla, apenas y pudieron cruzar algunas palabras. Todo ese día la tuvo muy presente en sus pensamientos.

Se moría de ganas por estar a su lado, charlar un buen rato, abrazarla y besarla. Cuando estaba por correr la puerta corrediza de su habitación la escuchó hablar con una voz baja pero sumamente cariñosa:

— ¿No es hermoso? Es solo para ti.

Al cruzar la puerta y entrar en la habitación la encontró sentada encima del futón mientras alisaba con sumo cuidado unas telas en el suelo.

— Dororo…

La llamó Hyakkimaru con cariño mientras se acercaba a ella. Apenas se percató de su presencia su esposa volteó a verlo con emoción.

— ¡Hyakkimaru, mira esto! —Levantó con cuidado las telas del suelo y se las mostró. Se trataba de una pequeña y delicada yukata de color blanco—Reiko me trajo esta hermosa yukata como un regalo para nuestro bebé ¿verdad que es muy bonita?

No le respondió, se limitó a asentir con la cabeza y sentarse a su lado. Pasó su brazo por detrás de su espalda y la atrajo hasta él para que se apoyara su cabeza en su hombro. Sintió una enorme sensación de paz extenderse por su pecho cuando la escuchó soltar un bajo suspiro de felicidad.

— Han traído muchos regalos para el bebé. —Dijo Dororo mientras doblaba con cuidado la yukata—. En verdad me siento muy agradecida con todos en la aldea.

— Están correspondiendo a tu amabilidad y a todo tu apoyo. —Respondió Hyakkimaru suavemente—. Saben que es muy bebé muy querido y esperado.

Dororo levantó la vista para apreciar a su esposo con una dicha inmensa y un hermoso ligero rubor asomando en sus enormes mejillas. Hyakkimaru estaba a punto de acercarse a ella para besarla cuando vio como se hizo un poco para atrás y cubrió su boca con sus manos.

— Dororo… ¿qué pasa? —Le preguntó intentando no sonar preocupado, cuando en realidad estaba algo inquieto.

— Se… se movió…

— ¿Moverse?

— Si… El bebé acaba de moverse…—Exclamó asombrada llevándose las manos a su abultado vientre—¡Acaba de hacerlo de nuevo, está pateando!

Dororo comenzó a reír en voz baja dulcemente, mientras la vista llena de dicha de Hyakkimaru iba del hermoso rostro de su esposa a su vientre sin cesar. Tras unos segundos Dororo lo observó con cariño para después preguntarle tímidamente:

— ¿Quieres sentirlo tú también? Vamos, coloca tu mano en mi vientre para que puedas sentirlo.

Dororo tomó lentamente su mano, pero para su sorpresa Hyakkimaru la alejó rápidamente. Bajó la vista tratando de ocultar sus nervios mientras le respondía:

— ¿No los lastimaría? ¿Está bien si lo hago?

— ¡Claro que sí, tontito! —Respondió Dororo con tono burlón—Si alguien tiene derecho a hacerlo eres tú, eres su padre. Vamos…

Frunciendo sus labios con nerviosismo Hyakkimaru se dejó guiar por su esposa y lentamente colocó su mano encima de ese vientre que tanto amaba ver desde lejos y besar de vez en cuando. Contuvo la respiración con ansias, por desgracia los segundos seguían pasando y no captaba ningún movimiento.

Dororo lo observó con cierta tristeza cuando él dejó una mirada llena de decepción clavada en su vientre. Reflexionó por algunos segundos hasta que una idea muy especial le llegó a la cabeza. Rápidamente se la anunció con una enorme seguridad:

— Hace rato que se movió pareció reaccionar a nuestras voces… ¿qué tal si intentas decirle algo?

— ¿Decirle algo? —Preguntó papeando algunas veces—¿Qué puedo decirle?

— Dile lo que sea. —Lo animó Dororo tomando con sus dos manos la de él aún encima de su barriga—. Eres su papá, estoy segura que cualquier cosa que puedas decirle estará bien.

Hyakkimaru la observó con cierta inseguridad, Dororo trató de convencerlo mostrándole una radiante sonrisa de oreja a oreja. Dio un bajo suspiro para liberar sus nervios mientras trataba de encontrar las palabras ideales para hablarle a su bebé. Cuando lo habló lo hizo con una voz baja, pero aun así se captaba en ella un inmenso amor:

— Hola, bebé. Soy Hyakkimaru y seré tu padre. Te estamos esperando ansiosamente…

Sus bellos ojos caramelo siempre tan serenos se transformaron a unos llenos de asombro al sentir unas pataditas en el vientre de su amada esposa. Se quedó sin habla por un breve momento mientras escuchaba a Dororo reír divertida.

— Dororo… ¡en verdad se está moviendo!

Le dijo con una voz inusualmente alta y emocionada, colocando de inmediato sus dos manos para no perderse ni un segundo de esas lindas pataditas. Su vivaz esposa le respondió aun entre risas:

— Te lo dije, reconoció la voz de su papá. Apuesto a que como sabe que estamos juntos se siente ahora muy feliz, justo como nosotros.

— Somos felices… Nuestro bebé es feliz.

Repitió Hyakkimaru en un dulce y suave murmullo. Tras darle un largo y amoroso beso a su esposa le pidió permiso para recostar su cabeza en su vientre. Dororo accedió y este pasó a hacerlo con sumo cuidado para no lastimarla.

Una agradable ola de calidez se extendió por cada rincón de su cuerpo mientras seguía percibiendo como su futuro hijo se movía de vez en cuando en el vientre de Dororo, mientras tanto esta le cantaba un suave arrullo que le habían enseñado días atrás.

Sabiéndose abrazado por Dororo, dejándose embargar por la dicha de esas pequeñas patadas y movimientos que se percibían de cuando en cuando, Hyakkimaru sintió que era capaz de morir de felicidad ahí mismo. En ese momento más que nunca se dio cuenta de que era sumamente afortunado.

Continuará

[1] Tantō: El tantō es un arma corta de filo similar a un puñal de uno o de doble filo con una longitud de hoja entre 15 y 30 cm (6-12 pulgadas). A primera vista puede confundirse con una "pequeña ", pero su diseño en realidad es diferente. Pese a que la estética es idéntica, el diseño de la hoja y la tsuka son sustancialmente más sencillos.

[2] Danna-sama: Es una manera formal de decir esposo en japonés.