* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 7

Práctica

Octavo mes

— Dororo es hermosa… su vientre es hermoso.

Murmuró Hyakkimaru embelesado, bajó su cabeza para depositarle un pequeño beso a la barriga de su esposa y posteriormente dejar su cabeza apoyada encima de esta con cuidado. Una pequeña sonrisa de tranquilidad se dibujó en sus labios cuando sintió como Dororo comenzaba a acariciar suavemente su cabeza. Esta rio un poco antes de hablar:

— Eres mi esposo, por lo cual te ves obligado a decir cosas como esas.

— No digo más que la verdad. Tu barriga es hermosa pues en ella está nuestro bebé, serás una mamá hermosa, como lo fue tu madre.

— Hyakkimaru tontito.

Continuó Dororo con voz suave mientras seguía acariciando su sedosa cabellera azabache. Su esposo lo sabía a la perfección, que, aunque pareciera lo contrario esas palabras de Dororo no eran un insulto como tal, a su forma esa era una manera de mostrarle su aprecio, era su forma personal cariñosa de llamarlo, y la verdad era que no le molestaba en lo absoluto.

Podría pasar horas recostado en su regazo sintiendo sus suaves pero agradables caricias en su cabeza. Ya era de noche, Hyakkimaru había comenzado a sentirse adormecido por esas muestras de afecto cuando escuchar un sonoro suspiro cansado de su esposa lo obligó a abrir sus ojos. Levantó la vista y en efecto pudo apreciar el semblante realmente agotado de su pequeña.

— Dororo, ¿estás bien?

Preguntó preocupado levantándose cuidadosamente para no lastimar su barriga. La mencionada dio un largo bostezo antes de responderle:

— Ah… sí, estoy algo cansada. —Guardó silencio algunos segundos para llevarse las manos a su vientre—. Es solo que… para serte sincera, cada vez me resulta más complicado encontrar una posición cómoda para poder dormir con esta enorme barriga. No he dormido muy bien últimamente.

Hyakkimaru observó su vientre con detenimiento. Sin duda había crecido bastante en los últimos meses, estaban ya a solo un mes de que su tan esperado bebé naciera. Se imaginó que lo que sentía Dororo era similar a estar cargando una enorme sandía durante horas y no pudo experimentar otra cosa más que una enorme admiración por su fortaleza y paciencia para quejarse lo menos posible. Por supuesto que lograr dormir adecuadamente con prácticamente una gigantesca sandía pegada a ti debía ser más que complicado.

— Solo un poco más…—Le dijo suavemente mientras la atraía hacia él para abrazarla—Nuestro hijo nacerá muy pronto, ya falta solo un mes. Tú puedes, Dororo.

Dororo rio conmovida ante sus singulares palabras para darle ánimo. Hyakkimaru tal vez no era el mejor para expresar lo que realmente pensaba, pero las palabras que le dijo le sirvieron para sentirse mejor.

— Si, tienes razón. —Respondió mientras se alejaba un poco de él—. Le demostraré a nuestro hijo que estoy dispuesta a ser una mamá muy fuerte.

— Dororo será una mamá muy fuerte.

Su amada esposa le dedicó una gigantesca sonrisa para posteriormente darle un profundo y largo beso. Tras unos cuantos mimos y arrumacos más decidieron que lo mejor era irse a dormir.

Dororo se acostó en el futón boca arriba, no pudo evitar quedarse tan tiesa como un pedazo de madera en un intento para mentalizarse a resistir e intentar conciliar el sueño. No quería seguirse quejando enfrente de su esposo, pero le fue imposible, exclamó con cansancio al tiempo que hacía una mueca de disgusto:

— Por todos los Kamis, la espalda me está matando.

Su esposo la observó con tristeza y preocupación por algunos segundos cuando se le ocurrió una idea. Para extrañeza de la joven, Hyakkimaru tomó con delicadeza sus muñecas y la jaló hacia él para que volviera a levantarse.

— ¿Qué pasa, Hyakkimaru?

Preguntó enarcando una ceja con confusión mientras su esposo se colocaba detrás de ella.

— Voy a darte un masaje en la espalda, tal vez eso te ayude.

A Dororo le fue imposible no sonrojarse al apreciar el apuesto rostro de su esposo sonreírle con dulzura, dispuesto a ayudarle lo más posible para mitigar sus molestias.

— Oh… B-bueno, podemos intentarlo.

Balbuceó nerviosa volviendo la vista enfrente y tratando de liberar la tensión en sus hombros para tranquilizarse. No podía evitar sentirse apenada que ya después de tantos años, Hyakkimaru de vez en cuando se las arreglara con su galantería natural para aun hacerla experimentar nerviosismo a su lado.

Pasados unos minutos de que el agradable masaje comenzó en verdad le estaba sirviendo. Todo su cuerpo se iba relajando poco a poco. No podía decir que el dolor y cansancio se habían ido, pero sin duda le estaban ayudado a disminuirlo. Comenzó a sentirse tan relajada que le fue imposible no soltar unos bajos suspiros y gemidos de alivio de vez en cuando, lo cual ocasionaba la disimulada risa de su esposo al percatarse de ellos.

— Hyakkimaru, idiota… No te rías de mí.

Se suponía que ese debía ser un reclamo, sin embargo, Dororo en verdad estaba tan relajada que su voz salió con un tono bajo y apacible. Hyakkimaru se disculpó haciendo un enorme esfuerzo para seguir contiendo su baja y apenas perceptible risa, su pequeña siempre lo hacía tan feliz.

Se le ocurrió una traviesa idea de pronto. Comenzaría a bajar lentamente sus manos siguiendo el masaje por toda su espalda hasta lograr darle un pequeño pellizco en su trasero. No era como que quisiera incitarla a nada, simplemente deseaba molestarla un poco por diversión en un intento por hacerla reír y distraerla de los pesados malestares de su abultada barriga de ocho meses de embarazo.

Una pequeña y pícara sonrisa se formó involuntariamente en sus labios al imaginarse a Dororo volteándose a verlo con sus enormes mejillas infladas en ese gesto de reproche tan característico de ella. El esperado pellizco llegó, a pesar de esto para su extrañeza no hubo ninguna reacción de parte de su esposa.

Hyakkimaru ladeó su cabeza confundido, inclinó su cuerpo hacia adelante con cuidado para descubrir que había pasado. Su pequeña se había quedado profundamente dormida a medio masaje. Se dio cuenta que en verdad debía de estar agotada para quedarse dormida tan rápido e incluso no sentir ese pellizco que le dio.

Fue incapaz de moverla de regreso al futón pues no deseaba que despertara, motivo por el cual con mucho cuidado se hizo lentamente hacia atrás para quedar apoyado en la pared de su habitación y bajarla lentamente hasta su regazo. Tendría que dormir de esa manera, no quedaba otro remedio si deseaba que Dororo no despertara.

— "Descansa, mi pequeña y hermosa Dororo".

Pensó Hyakkimaru mientras le daba un pequeño beso en su cabeza. Apenas percibió este tacto el rostro dormido de su esposa se transformó para mostrar una cálida y relajada sonrisa en sueños.

Al día siguiente, Hyakkimaru despertó con un terrible dolor de espalda. Dororo, por otro lado, lo hizo muy alegre diciéndole que no había dormido tan bien durante días y que sus masajes eran milagrosos.

Hyakkimaru calló su malestar, dándose cuenta que su dolor de espalda era algo insignificante si se comparaba con "la enorme sandía" que Dororo debía cargar diariamente. Sin duda valía la pena sacrificar su comodidad algunos días si eso hacía que su adorada pequeña lograra dormir plácidamente.


A unos cuantos días de que Dororo cumpliera su último mes de embarazo recibieron una agradable visita. Casi a medio día la puerta de su casa comenzó a ser golpeada de una manera ruidosa e insistente, sabía que había una sola persona que podía tocar así.

Ya que Hyakkimaru se encontraba atendiendo a un paciente en la clínica no le iba a quedar más remedio que ir ella a abrir. Soltó un bufido de cansancio al levantarse y dirigirse a la puerta. Era ya tan cansado moverse en su estado actual, sentía que su abultada barriga podía explotar de un momento a otro.

Sus sospechas se vieron confirmadas cuando abrió y fue recibida por un "Dororo-chan" gritado con una voz estruendosa y aguda.

— Okowa, que sorpresa, no esperaba verte tan pronto de nuevo.

Le dijo Dororo forzando una sonrisa. No era como que la compañía de Okowa no le fuera agradable, siempre que los había visitado era divertido, pero entre su cansancio y los nervios que cada día se le acumulaban al suponer que su parto ya estaba muy cerca no se sentía con muchos ánimos de tener compañía.

— Quería darte una última visita antes del nacimiento de su bebé. —Explicó Okowa tendiéndole un pequeño paquete envuelto en tela, este contenía algunas verduras que crecían en los campos de su aldea. Siempre que iba a visitarlos les llevaba algún obsequio—. Ya que no quiero ser imprudente, pensé que estaría bien venir antes de que entraras en el último mes de embarazo pues sin duda este es el más complicado.

— Oh, muchas gracias. Adelante, pasa. —La invitó Dororo haciéndose a un lado para dejarla pasar, mientras completaba en sus pensamientos—: "Aunque en realidad estás siendo algo imprudente ahora" … ¡Hola, pequeño Satoru!

Cuando Dororo vio que Okowa traía amarrado a su hijo más pequeño cargándolo en su espalda lo saludó con alegría, en verdad era un bebé de un año muy cariñoso y risueño. En efecto cuando el bebé la vio, abrió sus brillantes ojos aún más y le balbuceó palabras inentendibles a forma de regresarle el saludo.

— ¿Hyaku-san está ocupado?

Preguntó Okowa con interés moviendo su cabeza de un lado a otro buscándolo muy interesada. Dororo apretó un poco la mandíbula pues a pesar de todo, le era imposible no sentirse algo celosa de ella al no poder olvidar por completo el incidente de la boda de años atrás. Si, sabía que a esas alturas de la vida era hasta algo ridículo, pero por más que lo había intentado los celos se negaban a irse por completo.

A pesar de todo, Okowa aún le tenía un cariño muy especial a Hyakkimaru. Sabía bien que ya no seguía siendo ese afecto de ese tonto amor a primera vista de cuando la conocieron, más bien era una enorme admiración, pero lo cierto era que ambos se llevaban bien y Dororo no podía evitar la incomodidad.

Aun así, ella nunca lo demostraba pues sabía que eran sentimientos sin fundamentos, solo eran esos malos recuerdos de su niñez por la vez que casi pierde a su Aniki por un malentendido.

— Hyakkimaru está atendiendo a un paciente justo ahora… ¿Y qué hay de tu esposo Taiki? ¿Dónde está él y tus gemelos?

Le preguntó Dororo mientras se sentaba en el tatami de la sala, haciendo un especial énfasis en la palabra "esposo". Tras obtener su permiso, Okowa la imitó colocando a Satoru entre sus brazos, le contestó con simpleza sin dejar de sonreírle con cariño:

— Taiki tuvo que ir a una aldea cercana de aquí a hacer algunos encargos de herramientas de herrería, decidió que lo mejor era que los gemelos lo acompañaran pues quiere irlos instruyendo poco a poco en ese oficio. Así que decidí que era una buena oportunidad para visitarlos, cuando Taiki termine pasara por mí para regresar a la aldea.

— Ya veo, tu esposo sí que se esfuerza mucho en su trabajo—opinó Dororo con admiración—. Oh es cierto, no te ofrecí nada… ¿quieres algo de té o…?

— No, por favor Dororo-chan, no te preocupes por eso. —Comenzó a ajustarse su tela a la espalda para volver a cargar a Satoru y después levantarse—. Si no te molesta ¿puedo servir algo de té para las dos? Se lo cansado que es tener que cargar con una panza de ocho meses, así que no te levantes, yo seré quien lo haga.

— Ah… G-gracias.

Y esa era justa una de las razones por las que a pesar de esos pequeños celos que aún se ocultaban en un rincón de su corazón, Dororo en verdad apreciaba a Okowa. Siempre era tan amable y dulce con ambos, les demostraba un cariño incondicional cada vez que los visitaba, podía asegurar que era una amiga sincera y leal.

Dororo se sonrojó un poco a causa de la timidez que le ocasionaba ser tratada con tanto cuidado y amabilidad, aun así, le mostró una sincera sonrisa a Okowa cuando colocó la taza humeante de té verde frente a ella, incluso le dio también algunos dangos que trajo de su aldea.

— Guau, Dororo-chan, tu barriga en verdad ya está enorme. —Dijo su risueña amiga cuando tomó su lugar sentándose frente a ella—. Creo que incluso hubiera podido competir con la mía cuando me embaracé de Fujita y Hideki.

Dororo entrecerró los ojos y forzó una sonrisa al escuchar eso ¿se suponía que eso era un cumplido? Okowa era tan parlanchina que a veces decía cosas un tanto extrañas que inocentemente no quería decir con una intención de insulto, aprendió a entenderlo con el tiempo. Se obligó a responderle con amabilidad tras haber entendido que le había dicho que ya estaba muy gorda:

— Bueno, quiero creer que si mi barriga ya está tan grande es porque tendremos un bebé muy sano.

— ¡Claro que sí! ¡No dudes que así será! —Respondió rápidamente la joven madre alzando su voz—Siempre te esmeras tanto en comer lo mejor posible que sin duda darás a luz a un bebé muy sano.

— "¿Y ahora me está diciendo que soy comelona?"

Se quejó Dororo en sus pensamientos tensando la mandíbula apreciando la inocente sonrisa de Okowa. Debía ser paciente con ella, eso lo sabía muy bien. Debía esforzarse en eso, sin embargo, casi deseó que Hyakkimaru apareciera para que la entretuviera y se olvidara de ella. La imprudente joven mujer continuó hablando sacándola de sus pensamientos:

— Lo cierto es, Dororo-chan, que no cabe duda que su tan esperado bebé estará muy pronto en sus brazos.

La molestia de Dororo se esfumó en cuestión de segundos para darle paso al tan indeseado sentimiento de los nervios. El miedo de Dororo por el parto no la dejaba tranquila desde hace unas semanas atrás. Dudó por un momento, pero finalmente se animó a preguntarle a su amiga con algo de inseguridad:

— Es cierto, Okowa yo… quería preguntarte pues tú ya pasaste por esto… ¿es doloroso dar a luz?

— ¿Qué si es doloroso? La palabra doloroso se queda corta cuando entras en labor de parto. —Confirmó Okowa con tanta simpleza que sus escalofriantes palabras no concordaban con la tierna sonrisa que asomaba en sus labios—Es una experiencia terrorífica y en verdad el dolor es tanto que hasta deseas morir en ese momento.

Dororo se quedó boquiabierta y palideció tras escuchar la sincera opinión de Okowa al respecto, ni siquiera Hanami había sido tan honesta al relatarle la experiencia de su parto. Eso no hizo más que aumentar el miedo en la pobre futura madre.

Que deseaba que su bebé naciera era la verdad, pero le aterraba vivir esa experiencia. Si tuviera la capacidad de poder regresar al pasado, no le quedaba ninguna duda que lo haría y golpearía a Hyakkimaru en sus partes bajas para evitar que este la embarazara.

— Dororo-chan, lo lamento mucho. —Escuchó a Okowa hablarle con un tono arrepentido y cuidadoso—. Como siempre, creo que no supe escoger mis palabras adecuadamente ¿verdad? —Le sonrió tímidamente, Dororo la siguió observando en silencio aun con mucho miedo—Bueno, lo que te dije es cierto, pero toma en cuenta esto, Dororo-chan: Si yo pude soportar todo ese dolor, sin duda una mujer tan valiente y fuerte como tú podrá hacerlo, no tengas ninguna duda de eso.

— ¿En verdad lo crees? —Le preguntó con temor.

— Si todas las mujeres somos capaces de soportarlo, sin duda tú también podrás, así que nada de tener miedo ¿de acuerdo?

Reafirmó con voz animosa. Dororo no pudo asegurar que los nervios se fueron por completo, pero ciertamente pudo sentirse más tranquila tras recibir los ánimos de Okowa. La futura mamá, apreciando al bebé regordete que Okowa mecía en sus brazos, decidió preguntarle muchas cosas a su amiga acerca de la maternidad, así como pedirle numerosos consejos al respecto. La plática se extendió por varios minutos hasta que a Okowa se le ocurrió una excelente idea:

— ¡Lo tengo, Dororo-chan! Creo que en este caso sirve más la práctica que la teoría ¿no lo crees así?

— ¿A qué te refieres? —Preguntó la menor enarcando sus cejas intrigada.

— ¿No te gustaría practicar algunas cosas con Satoru?

— ¿En serio puedo hacerlo? —Los ojos de Dororo se iluminaron con expectativa.

— Por supuesto. Vamos, te enseñaré a cargarlo y darle de comer, así podrás aplicar lo que aprendas con tu futuro bebé.


Hyakkimaru terminó de preparar algunos medicamentos para un joven matrimonio de una aldea vecina que habían ido a su consultorio. Ese día había tenido mucho trabajo, motivo por el cual, aunque ya tenía un buen rato escuchando a lo lejos las fuertes y agudas voces de su esposa y amiga Okowa, no había podido ir a verlas.

No había problema, sabía que las dos entendían que estaba ocupado y por el momento no había logrado apartar algo de tiempo para estar con ellas. Le dio gusto que Okowa fuera a visitarlos, supuso que su compañía le haría bien a Dororo para distraerse un rato.

A pesar de esto, lo que sucedió minutos después de que por fin se había quedado solo en la clínica le hizo suponer de inmediato que estaba equivocado: un grito estridente se escuchó por toda la casa, sus sentidos se alertaron de inmediato al darse cuenta que había su pequeña quien había gritado.

No perdió tiempo, con gran agilidad tomó su katana la cual reposaba en su funda en la pared de la clínica y se dirigió rápidamente hasta la sala de estar, lugar en donde estaban las dos jóvenes mujeres.

— ¡Dororo!

La llamó Hyakkimaru entrando en la habitación, colocando defensivamente su mano en la empuñadura de su espada. Esperaba encontrarse con una escena escalofriante, en su mente ya se había imaginado desde un ataque de ladrones hasta que un grotesco demonio hubiera aparecido de la nada justo donde ellas se encontraban.

Sin embargo, la escena que lo recibió no era nada como eso, no comprendía lo que pasaba. Okowa mecía de un lado a otro a su bebé en sus brazos en un intento angustiado por tranquilizarlo, ya que su niño estaba llorando desesperadamente con toda la fuerza que sus pequeños pulmones le permitían.

Dororo por su parte tenía la vista clavada en el piso y sus manos fuertemente cerradas en puños, en su semblante se podía captar una muy latente frustración. Además, su cabello estaba desordenado y su ropa llena de manchas de algo viscoso y de colores claros.

— ¡Hola, Hyaku-san! ¡Qué gusto verte!

La saludó Okowa alzando la voz para que pudiera escucharla a través del llanto de su niño. El aludido le respondió con una leve inclinación de cabeza y se dirigió a Dororo consternado:

— Dororo ¿qué pasa? ¿Todo está bien?

Su esposa volteó a verlo, dejando poco a poco su frustración atrás para darle paso a una enorme tristeza reflejándose en sus hermosos ojos chocolate. Al responderle lo hizo con aflicción:

— Hyakkimaru, lo siento mucho… Ahora lo sé, no podré cuidar adecuadamente a nuestro bebé. Voy a ser una pésima madre.

Tras decir esto guardó un silencio absoluto, regresando a sentarse en el tatami con pesadez y desviando su vista al exterior para no seguir mostrando lo triste que se sentía. Comprendiendo mucho menos que antes, Hyakkimaru dirigió su vista a Okowa como para suplicarle que le explicara qué había pasado. Una vez que el llanto de Satoru por fin cesó, Okowa le sonrió levemente antes de explicarle cuidadosamente:

— Dororo-chan y yo estuvimos hablando muchas cosas acerca de la maternidad. Me pidió que le diera unos cuantos consejos los cuales por supuesto se los di con todo gusto. Entonces, fue cuando se me ocurrió la excelente idea de que practicara algunas cosas con Satoru para cuando por fin su tan esperado bebé naciera, pero…

— ¡Pero no pude hacerlo! ¡No pude hacer nada! —Interrumpió Dororo volviendo a su frustración. Hyakkimaru y Okowa observaron a la futura madre bajar su cabeza y apretar las telas de su kimono fuertemente con sus manos—No pude cargarlo ni arrullarlo adecuadamente, apenas lo cargué en mis brazos este comenzó a llorar con desesperación. Incluso intenté darle un poco de comida, pero no lo logré, terminó jalándome el cabello y derramando todo el puré encima de mí.

— Entonces, ese grito…—Insistió Hyakkimaru con confusión.

— Me temo que Dororo-chan no pudo soportarlo más y terminó gritando de la desesperación. —Explicó Okowa suavemente mientras se sentaba enfrente de ella.

— Dororo…—La llamó Hyakkimaru con dulzura sentándose a su lado.

Dororo se negó a verlo a causa de lo humillada que se sentía. Permaneció unos segundos en silencio con el rostro ladeado hasta que por fin se dio por vencida y dejó el orgullo a un lado. Se volvió a mirarlo lentamente, siendo recibida por la preocupada mirada de su esposo. La joven soltó un pesado suspiro antes de explicarse:

— Mamá siempre fue una mujer tan admirable y maravillosa para mí. Ella siempre hizo lo mejor por mí, era una excelente madre. Yo deseaba poder ser como ella, una madre cariñosa, dulce, fuerte y comprensiva, pero después de esto ya no sé si pueda hacerlo.

A Hyakkimaru le quedó mucho más claro el motivo de esa reacción tan desesperada de su esposa tras escuchar sus palabras, explicarle su forma de ver las cosas iba a ser mucho más sencillo después de eso. Se acercó más a su pequeña y entrelazo con cariño sus manos, Dororo lo observó con interés en cuanto percibió este tacto. Apreciando que ahora tenía su atención, Hyakkimaru le habló con serenidad y dulzura:

— Dororo… ¿lo recuerdas? Hace años atrás, cuando nos conocimos y viajamos juntos tú siempre cuidaste de mí. En ese entonces, sin tener mis sentidos, sin ser consciente de mis propios sentimientos ni pensamientos, yo desconocía por completo todo el mundo exterior, era en verdad como un niño descubriendo todo por primera vez.

«A pesar de esto, tú te armaste de paciencia y me fuiste guiando en el proceso de vivir poco a poco. Me enseñaste a hablar, me explicaste todo del mundo que nos rodeaba, me preparabas comida, zurcías mi ropa, e incluso hasta me tomabas de la mano para guiarme al caminar…

Hiciste todo eso no solo porque me apreciabas, sino que también lo hacías pues tienes un corazón sumamente bondadoso. Si te pones a pensarlo detalladamente… ¿no era eso parecido a cuidar a un bebé? Todo ese tiempo estuviste cuidando a un enorme niño de dieciséis años.»

Guardó silencio por unos segundos apreciando encantado como su pequeña dejaba escapar unas tímidas, pero dulces risas, tal parecía que en verdad estaba logrando animarla. Impulsado por esto, continuó:

— Cuidaste de mí de una manera tan cariñosa y desinteresada, que es por eso que no tengo ninguna duda en que serás una excelente madre. Ya tienes un corazón sumamente bondadoso el cual te permitirá hacerlo sin ningún problema.

El rostro de Dororo se fue suavizando tras escuchar sus hermosas palabras. Okowa los observó con ternura por algunos segundos antes de atreverse a unirse a la conversación:

— Dororo-chan, si te consuela saberlo, yo era mucho peor para cuidar a mis niños de lo que lo soy ahora. Todo lo que sé ahora lo logre a base de mucha práctica y paciencia. Por supuesto será desesperante y frustrante al principio, pero es imposible lograr hacer las cosas perfectamente a la primera. Así que no te sientas triste, estoy segura que con la práctica serás una mamá ejemplar.

— Hyakkimaru, Okowa…—Los llamó apreciando a ambos con una infinita gratitud—Si, muchas gracias. Creo que exageré al desesperarme tanto, lamento haberlos preocupado.

Finalizó dándose un pequeño coscorrón a la cabeza a modo de regaño. Okowa negó con la cabeza en un gesto despreocupado, mientras Hyakkimaru la atrapaba entre sus brazos y juntaba su mejilla contra la suya.

— No tienes nada que temer—continuó Okowa con seguridad—. Además, estoy más que segura que tu esposo te ayudará en todo lo posible cuando su bebé nazca ¿verdad, Hyaku-san?

Hyakkimaru afirmó lentamente con la cabeza antes de responder sin poder dejar de observar embelesado a su esposa:

— Si. Yo ayudaré a Dororo siempre, ambos cuidaremos a nuestro bebé con cariño y esmero. Me esforzaré para ser un excelente papá.

— ¡Hyaku-san, eres tan lindo! —Exclamó Okowa observándolo embelesada—Eres el esposo ideal, a veces me gustaría que el malentendido con el Amanojaku no se hubiera arreglado para que a final de cuentas si te hubieras casado conmigo.

— ¡E-eso sí que no! —La interrumpió Dororo sin poder ocultar los celos en su voz, al continuar hablando lo hizo mostrando una sonrisa presumida—Que no se te olvide que a final de cuentas Hyakkimaru decidió casarse con la gran Dororo.

— Lo sé Dororo-chan, pero discúlpame, no puedo evitar envidiarte de vez en cuando.

— Perdiste tu oportunidad—continuó Dororo traviesamente—, yo fui quien se quedó con el maravilloso Hyakkimaru y me esforcé mucho para que así fuera.

— ¡Wuaaaa, Dororo-chan, a veces eres tan mala!

— No entiendo…—Se unió Hyakkimaru a la conversación con inocencia—¿Qué acaso no era obvio que con la única mujer con la que yo deseaba casarme era Dororo?

Okowa se quedó boquiabierta al escuchar esto, mientras que la afortunada esposa abrió enormemente sus ojos y todo su rostro se sonrojó.

— ¡Kyaaaa! ¡Hyaku-san, eres tan lindo! —Continuó gritando Okowa con admiración.

— ¡Basta, Hyakkimaru! ¡Deja de decir esas cosas tan vergonzosas!

Le reclamó Dororo sumamente avergonzada mientras le daba unos golpecitos en su pecho a forma de reclamo. Hyakkimaru siguió sin ser capaz de comprender muy bien lo que pasaba. Él se limitó a disfrutar de esos tiernos reproches de su esposa y de verla mucho más animada que antes. Siempre que Okowa los visitaba pasaba lo mismo, ese día pasaba a convertirse en un día realmente muy divertido y agradable.

Continuará