* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 9

Lo más valioso

— ¡Hyakkimaru, no lo hagas!

La advertencia de Dororo llegó demasiado tarde, su ingenuo esposo ya había acercado su mano al rostro de la bebé dormida apaciblemente en la amplia cuna hecha de mimbre y comenzó a jalar cariñosamente una de sus enormes mejillas. La reacción a esta acción fue inevitable: Kaede despertó y comenzó a llorar al parecer con toda la fuerza que sus pequeños pulmones le permitían.

Ante esto, el padre enarcó sus cejas confundido y retrocedió unos cuantos pasos contrariado. Dororo se acercó a ellos refunfuñando e inflando sus mejillas con descontento.

— Hyakkimaru tonto, es la tercera vez que te digo que no hagas esto. —Lo reprendió tras dejar escapar un pequeño suspiro—. No interrumpas de esta manera el sueño de Kaede.

— Lo lamento—respondió con decepción—, es solo que Kaede se ve tan linda cuando duerme. No puedo evitar querer mimarla.

— Por esto te lo he dicho, hazlo mientras está despierta. —Se agachó para acercarse a la cuna y se arremangó el kimono—. Es lógico que se asuste de esta manera si la tocas cuando está dormida. Tranquila Kaede-chan, todo está bien.

Dororo tomó la cuna y comenzó a mecerla suavemente de un lado a otro intentando tranquilizar a su nena, la bebé seguía llorando entre hipidos desesperados. Hyakkimaru se acercó a ellas un tanto inseguro, se agachó a un lado de la cuna y le habló a su bebé en un tono bajo y derrotado:

— Lo lamento Kaede, no quería asustarte.

— A veces olvido que debo cuidar a dos niños y no solo a uno.

Añadió Dororo en un tono burlón, a lo cual al Hyakkimaru no poder comprender que se refería a él y a sus acciones a veces un tanto infantiles solo atinó a ladear su cabeza con confusión.

— No deja de llorar, tal parece que esta vez se le fue el sueño. —Dororo intentó ocultar el cansancio en su voz y no sonar impaciente. Tomó el pequeño cuerpo de su hija con cuidado entre sus brazos y comenzó a mecerla—. Tranquila Kaede-chan, todo está bien. Tu padre a veces podrá ser un tonto, pero te quiere mucho. Mamá se encargará de darle su merecido después.

Hyakkimaru ahora se sentía avergonzado de su imprudencia, aun así, no pudo evitar quedarse embelesado observando esa dulce escena. Su corazón se agitó de amor cuando observó a su hermosa esposa arrullar con sumo cuidado a su amada hija, la niña continuaba llorando, pero al parecer con menos intensidad.

Habían pasado ya tres semanas desde el nacimiento de su primogénita. Por supuesto no estaba resultando nada fácil acostumbrarse a este cambio tan significativo en su vida, a pesar de esto los amorosos padres se esforzaban cada día en aprender un poco más la manera adecuada de cuidar de ella debido al inmenso amor que le tenían.

Tuvieron la fortuna que Kaede dormía tendidamente durante toda la noche, aun así, por la mañana y gran parte de la tarde parecía tener un sueño muy ligero, apenas el más leve movimiento o el más bajo sonido lograban despertarla. A veces solo se revolvía de un lado a otro, en algunas otras ocasiones como esa tarde se ponía a dar unos lloriqueos fuertes y altos como si estuviera dispuesta a no callarse nunca.

Ahora Dororo cargaba con tanta facilidad y rapidez a su nena que no podía más que admirar sus habilidades innatas de madre. Recordaba cómo antes del nacimiento de Kaede había hablado con Okowa más que desesperada al tener miedo de no poder ser una buena madre, ella incluso estaba convencida de que no lo sería.

Los primeros días sus manos temblaban cuando tenía que cargarla, lo hacía lentamente y con un enorme temor. Parecía como si Kaede estuviera hecha de cristal y Dororo temiera no poder sujetarla bien, y que esta con el más mínimo error se rompiera, a pesar de esto, ahora lo hacía con tanta soltura y naturalidad que como si fuera posible, Hyakkimaru se sintió enamorarse más de ella admirando su valentía y esfuerzos por ser una excelente mamá.

Por supuesto había recibido diversos consejos de Hanami, esa amable y dulce mujer quien era como una madre para ambos. Recibieron su visita apenas dos días después del nacimiento de Kaede, y en gran parte Dororo pudo tener un mejor control de las cosas gracias a su ayuda, pero eso no le quitaba el mérito a su esposa la cual aprendía rápido y se esforzaba al máximo por hacer las cosas de la mejor manera posible por su bebé.

Guiado por estas hermosas reflexiones se atrevió a hablarle suavemente a Dororo, la cual aún estaba arrullando con cuidado a Kaede en un intento porque durmiera de nuevo:

— Dororo, lo lamento, es mi culpa que Kaede despertara. —Dudó por algunos segundos, pero finalmente continuó hablando con determinación—: Por favor, déjame ayudarte a intentar que nuestra hija vuelva a dormir… ¿Puedo ser yo quien la cargue?

Dororo se volvió a verlo un tanto sorprendida al responderle:

— ¿En verdad quieres intentarlo?

— Si… Te prometo que seré muy cuidadoso.

Dororo observó detenidamente el rostro de su esposo. Se mostraba seguro, sin embargo, en sus bellos orbes caramelo también podía captarse un atisbo de miedo. Podía comprenderlo, ella también se sintió más que nerviosa cuando tuvo que cargar sola a Kaede por primera vez. A pesar de esto, no le parecía justo negarle algo como a eso a Hyakkimaru, era su padre, y si él deseaba reparar su error y cargar a su hija estaba en todo su derecho de hacerlo.

— "Es una buena oportunidad para enseñarle. —Pensó Dororo mostrándole una pequeña sonrisa—. Si yo lo ayudo tal cual la Sra. Hanami lo hizo conmigo no debe haber ningún problema". De acuerdo Hyakkimaru, te ayudaré para que aprendas a cargarla.

Dororo rio en voz baja con ternura cuando vio a los ojos de su esposo brillar con alegría, al tiempo que una pequeña y cálida sonrisa se formaba en sus labios. Le dio algunos consejos y se la pasó con sumo cuidado, cuando Dororo sintió las manos de Hyakkimaru temblar levemente decidió primero cargarla junto con él. Para desgracia del asustado padre apenas la pequeña captó este movimiento comenzó a aumentar su llanto de nuevo.

— Lo siento mucho, yo no quise…—Dijo Hyakkimaru nervioso al escuchar el fuerte llanto de su niña otra vez.

— Tranquilo, tú no hiciste nada mal. —Le explicó su esposa dedicándole una enternecida mirada—. Es normal que se asuste con estos movimientos. Así es como debes colocar tus manos ¿de acuerdo?

Continuó mientras movía las manos de Hyakkimaru sobre las suyas para que pudiera comprender. Aún se mostraba nervioso, a pesar de esto Dororo observó en silencio lo atento que él estaba para aprender la manera correcta de cargar a su hija.

— No olvides colocar tu mano debajo de su cabeza, si, así, hazlo con suavidad. Muy bien Hyakkimaru, aprendes muy rápido.

Lo felicitó Dororo con cariño, a lo cual el corazón de Hyakkimaru se agitó con alegría. Pasados unos minutos más de explicaciones, el entusiasmado padre ya se encontraba meciendo suavemente a su nena.

— Kaede no deja de llorar. —Se quejó Hyakkimaru con tristeza.

— ¡No podemos darnos por vencidos! —Respondió Dororo con determinación—El demonio del llanto no quiere dejar a Kaede en paz, debemos derrotarlo.

— ¿¡Un demonio!? ¿¡Donde!? —Exclamó el joven de cabello azabache volteando de un lado a otro, cambiando a esa feroz mirada que mostró tantas veces en el pasado cuando los cazaba.

— No me refiero a un demonio de verdad. —Se explicó su esposa entre divertidas risas, ocasionando la confusión en él de nuevo—. Lo dije de esta manera para motivarnos y no darnos por vencidos. Hyakkimaru, debemos ser valientes y seguir esforzándonos por Kaede.

— Por supuesto. Me seguiré esforzando por Dororo y Kaede. —Sentenció con seguridad.

Mientras Hyakkimaru continuó arrullando a Kaede con suavidad, Dororo se dedicó a cantarle canciones de cuna para tranquilizarla. Sus esfuerzos por fin brindaron sus frutos cuando aproximadamente quince minutos después la hermosa bebé por fin calmó su llanto. Fijó sus singulares ojos rojizos primero en Dororo y luego en Hyakkimaru para después empezar a balbucear alegremente y levantar sus regordetes brazos hacia sus padres, al parecer saberse acompañado por ambos la habían serenado por completo.

Mientras los felices padres observaban con ternura a su hija, la bebé se revolvió un poco aun en los brazos de su padre, volvió a mover lentamente sus dos pequeñas manos cerradas en puños y las colocó en su pecho, Hyakkimaru notó que sujetaba las telas de su kimono con ahínco, era como si quisiera moverlas.

— Oh, tal vez tiene hambre. —Reflexionó Dororo, se acercó a Hyakkimaru y tomó de nuevo a Kaede entre sus manos para volver a colocarla en su regazo—. Lo siento Kaede-chan, pero tu padre no puede darte de comer de esa manera.

Hyakkimaru se colocó enfrente de su esposa y la observó con atención. Dororo comenzó a bajarse la parte delantera de su kimono para amamantar a su hija, pero al saberse observada por Hyakkimaru no pudo evitar sentirse cohibida, era la primera vez que su esposo estaba presente cuando le iba a dar de comer.

Inevitablemente las enormes mejillas de la hermosa madre se sonrojaron y esta no pudo más que voltearse a un lado para evitar su mirada. Infló sus mejillas en una actitud de reproche cuando Hyakkimaru volvió a colocarse enfrente de ella.

— ¡Hyakkimaru tonto, no me veas! —Le reclamó con voz fuerte y avergonzada.

— Pero… yo quiero ver cómo le das de comer a Kaede. —Respondió con inocencia.

— ¡Pues yo no quiero que me veas!

— ¿Por qué no?

— Porque es vergonzoso.

— Ya he visto muchas veces antes los pechos de Dororo… ¿Cuál es el problema?

— ¡Que los hayas visto y todo lo que le has hecho a mis pechos es justo el problema!


Hanami estaba a punto de llegar a la casa de Hyakkimaru y Dororo, iba a verlos al menos unas tres veces por semana desde el nacimiento de su hija para ayudarlos con todo lo que fuera necesario. Ese día en especial Hanami fue recibida por una escena un tanto particular.

— ¡Fuera de aquí!

Se escuchó de pronto y segundos después la puerta trasera de la casa se abrió con gran violencia, Hyakkimaru salió por ahí con pasos pesados y la vista baja.

— Hyakkimaru-san ¿qué pasa? ¿todo está bien? —Preguntó Hanami acercándose a él con preocupación.

— Sra. Hanami…

Hyakkimaru volteó a verla con semblante decepcionado, tenía ojos de cachorro regañado. El corazón de Hanami encogió de dolor al verlo en ese estado ¿Qué pudo haber pasado para que estuviera con ese ánimo tan decaído? Solo pudo tranquilizarse cuando el apuesto joven de cabello azabache le contó lo que acababa de pasar con Dororo.

— Entiendo, a ella le avergüenza que la veas amamantando a Kaede.

Hanami enterneció cuando vio el semblante lleno decepción de Hyakkimaru mientras afirmaba lentamente con la cabeza antes de continuar:

— No quiero perderme nada del cuidado y crianza de Kaede, pero Dororo se molestó pues no dejaba de insistirle. Así fue como terminó echándome de casa. Me advirtió que no volviera hasta que ella me lo dijera.

— No queda nada más que ser paciente, Hyakkimaru-san. —Trató de animarlo Hanami dándole unas palmaditas cariñosas en la cabeza—. Esto es algo muy común para las madres primerizas como ella. Cuando mi Yumi estaba recién nacida yo también moría de vergüenza de que mi Eiji me viera.

— ¿En verdad? —Preguntó volteando a mirarla con interés.

— Si. —Hanami le mostró una enorme sonrisa—. Solo dele un poco de tiempo, estoy segura que después ella se acostumbrará a esta nueva rutina y accederá a que las vea.

— De acuerdo, eso haré. No quiero incomodarla, ni quiero que Kaede llore de nuevo.

— Usted es un gran padre y esposo, Hyakkimaru-san, no tenga nunca ninguna duda de eso.

La plática con Hanami lo ayudó a recobrar su ánimo. Tras unos minutos de charla, Hanami decidió entrar para ayudar a Dororo en lo que fuera necesario. Hyakkimaru aún tenía deseos por ver como su amada hija era amamantada, a pesar de esto desistió, por lo cual optó por quedarse cerca de la puerta y escuchar atentamente lo que pasaba en el interior.

— Que bueno que llegó, Sra. Hanami. —Escuchó la voz un tanto preocupada de su esposa—. De nuevo estoy teniendo un poco de problemas para amamantarla.

— ¿Otra vez estás teniendo problemas para que salga la leche? —Le preguntó la mujer con su tono amable de siempre.

— Si, Kaede succiona con mucha fuerza el pezón, pero aun así no sale del todo bien.

— No te preocupes, eso es algo muy común en las primeras semanas. Ya sé, intentemos darle un masaje a tus pechos para estimular la salida de la leche como la vez pasada.

— Es verdad, la semana pasada logramos así que saliera la leche.

Cada palabra se quedó instalada en el cerebro de Hyakkimaru: "succiona con mucha fuerza el pezón" "darles un masaje a tus pechos". Esas eran cosas que él muchas veces había hecho también con los pechos de Dororo y no era precisamente para darle de comer a un bebé.

Inevitablemente los recuerdos de esos momentos llegaron a su cabeza haciéndolo sonrojar y hasta sentirse un poco excitado. Fue cuando se dio cuenta que Dororo tenía razón: que la viera haciendo eso era vergonzoso, más bien, iba a ser vergonzoso para ambos.

Tras reflexionar unos minutos comprendió que lo mejor era volver a la clínica para mantener ocupada su mente en otras cosas. A partir de ese día decidió que lo mejor era respetar la privacidad de madre e hija y dejar ese lindo momento solo para ellas.


Cuando Kaede estaba por cumplir su primer mes de nacida, Dororo comenzó a notar un comportamiento un tanto irregular en su esposo. Este estaba muy cansado, bostezaba varias veces al día y unas ojeras prominentes asomaban por debajo de sus ojos.

Se dio cuenta que algo irregular ocurría con él cierto día en que comenzaron a tocar con fuerza la puerta de la clínica. Dororo se aseguró de envolver bien a la dormida Kaede entre suaves telas en su cuna y se dirigió a la clínica. Cuando llegó abrió sus ojos con sorpresa ante lo que vio: su esposo estaba profundamente dormido encima de su escritorio.

Sin duda era muy extraño que él durmiera en horas de trabajo, y supuso que a eso se debían esos incesantes toques en la puerta. Caminando de puntillas para no despertarlo abrió la puerta y se encontró con un anciano que vivía en su aldea, el Sr. Fuji.

Cuando Dororo habló con el hombre supo que Hyakkimaru le había dicho a ese paciente que pasara a su clínica a esa hora, sin embargo, el médico estaba profundamente dormido cuando en realidad se suponía que debía estarlo esperando para atenderlo.

Su pecho se llenó de preocupación cuando se vio obligada a despertarlo para que atendiera al Sr. Fuji y en sus ojos pudo captar un enorme cansancio ¿por qué su esposo estaba tan agotado?

— Pero, Hyakkimaru…

— No te preocupes, Dororo. En verdad estoy bien. —Le respondió cuando ella le pidió durante la cena una explicación a su extraño cansancio.

— Dormirte en horas de trabajo no es propio de ti, no me mientas.

— Dororo se preocupa demasiado. —Insistió acercándose a ella y juntando sus frentes dulcemente—. Solo descansaba mis ojos por un momento, eso es todo.

Dororo pensaba seguirlo presionando para sacarle la verdad, desafortunadamente Kaede comenzó a revolverse en su cuna y llorar, no podría seguir con la conversación, debía hacerse cargo de su hija.

¿Acaso Hyakkimaru estaba cansado y no lograba dormir bien a causa de los llantos de su bebé? No, no podía ser. Si bien era cierto que los dos estaban un tanto cansados de tener que estar muy al pendiente de las necesidades de su hija, por fortuna Kaede dormía durante toda la noche, lo cual les permitía reponer las fuerzas agotadas durante el día. No podía ser que no pudiera dormir por eso, y por otro lado sabía que Hyakkimaru nunca le diría si sentía mal, a él no le gustaba preocuparla. Debería llegar ella sola al fondo del asunto por el bien de su esposo.


Dos días después descubrió la verdad. Dororo terminaba tan muerta de cansancio diariamente por cuidar a Kaede que siempre caía rendida y dormía durante toda la noche. Sin embargo, hubo una noche en la que si despertó. Abrió los ojos pesadamente y por un momento se preguntó si estaba soñando al darse cuenta que Hyakkimaru no estaba acostado en el futón a su lado como siempre.

Movió lentamente su cabeza de un lado a otro para despertar por completo y se incorporó intentando mantener la calma ¿en dónde demonios se había metido su esposo? Apenas iba a levantarse cuando al mover su vista al fondo de la habitación distinguió a una figura sentada en el tatami justo al lado de la cuna de Kaede.

— Hyakkimaru…

Susurró Dororo con sorpresa acercándose lentamente a gatas hacia él. Su esposo en un inicio se mostró un tanto azorado cuando lo llamó, luego desvió la vista con un semblante mucho más agotado que antes. Parecía que podía quedarse dormido en cualquier segundo, Dororo se percató que a pesar de su cansancio sujetaba fuertemente la funda de su katana entre sus manos.

— Hyakkimaru ¿qué haces despierto a esta hora? —Le preguntó en voz baja, con mucha confusión— Estás a punto de caer dormido, vamos, vuelve a la cama.

— No puedo hacerlo —respondió en un cansado murmuro—, debo cuidar a Kaede.

¿Cuidar a Kaede? Tras escuchar esas palabras y apreciar una vez más la inmensa lucha que hacía su abnegado esposo por no quedarse dormido comenzó a armar poco a poco el rompecabezas en su mente. Se llevó una mano al pecho debido a la preocupación al volver a hablarle:

— No me digas que… ¿te quedas despierto durante toda la noche para cuidar a Kaede? —Hyakkimaru no le respondió, simplemente afirmó levemente con la cabeza—Pero, Hyakkimaru… No es necesario que hagas eso ¿Ya no lo recuerdas? Fue por esa razón que decidimos hacer una segunda cuna para Kaede e instalarla en nuestra habitación, para poder dormir muy cerca de ella en caso de que tuviera algún problema.

— Pero si duermo, no podré cuidarla adecuadamente —Respondió angustiado tras unos segundos— ¿Qué pasará si llora y no soy capaz de escucharla? ¿Qué tal si alguien entra en la habitación en la noche e intenta llevársela? ¿Qué tal si un espíritu maligno o un demonio quiere quedarse con ella? Dororo y Kaede son lo más valioso en mi vida, de ninguna manera puedo permitir que algo malo le pase a nuestra hija.

Dororo experimentó una mezcla de sensaciones en su pecho tras escuchar eso. Por una parte, una enorme tristeza se instaló en su corazón al conocer los verdaderos motivos de Hyakkimaru para no dormir. Él había sido ofrecido a los demonios por su cruel padre apenas había llegado a este mundo, era muy probable que esos terribles acontecimientos del pasado hubieran despertado esos miedos e inseguridades en él, el temor a que alguien pudiera lastimar o llevarse a su pequeña niña.

Por otro lado, también su pecho se vio invadido por una agradable ola de calidez pues no pudo evitar enternecerse de sus palabras y acciones. Su amado esposo había sacrificado horas de su valioso sueño todo con tal de que nada malo le pasara a su hija. Eso sin duda la conmovió de sobre manera. Pero sabía perfectamente que si continuaba haciéndolo sería muy perjudicial para su salud, esas custodias nocturnas tenían que parar.

Afortunadamente Dororo era una mujer ingeniosa y astuta, la cual sabía mejor que nadie como lidiar con la testarudez y fuerte voluntad de su esposo. Se acercó más a él y colocó su mano en su espalda comenzando a acariciarlo, ante este agradable tacto la volteó a ver con sumo interés.

— Kaede-chan sí que duerme muy plácidamente ¿verdad?

— Si…

— Ahora entiendo porque lo hace. Puede dormir muy bien en las noches pues su papá cuida de ella con esmero. —Hyakkimaru mostró una pequeña sonrisa de satisfacción la cual sustituyó por su boca en forma de una pequeña "o" cuando Dororo continuó—: Sin embargo, ahora entiendo por qué a veces llora con tanto ahínco durante el día. Kaede-chan llora así pues no le gusta que su papá no duerma adecuadamente durante las noches.

Dororo fingió una enorme seriedad y se cruzó de brazos cuando terminó de hablar. Observó de reojo como Hyakkimaru bajaba su rostro para observar a su hija con mucha tristeza.

— Pero…—Murmuró él con inseguridad—Si duermo no podré cuidarla adecuadamente.

— ¿Entonces quieres que Kaede siga preocupada de que su papá no cuida de su salud adecuadamente?

Ya no supo que responder a eso, solo pudo mover su vista de su amada esposa a hija una y otra vez, mucho más confundido e indeciso que antes. Percatándose de esto, Dororo rodeó su cintura con sus brazos y dejó apoyada suavemente su cabeza en el hombro de su esposo. Cuando volvió a hablarle le hizo con suavidad y dulzura:

— Hyakkimaru, entiendo que te sientas tan preocupado por ella, yo también tengo problemas para conciliar el sueño debido a esto, pero… Kaede-chan estará bien. Ella duerme en nuestra habitación justamente para que no pase ningún problema, y yo confío tanto en nuestros instintos después de todo lo que hemos pasamos que estoy más que segura que, aunque estemos dormidos nos daremos cuenta si hay algo malo con ella.

— Dororo…

— Por favor Hyakkimaru, hazlo por nosotras… Ni Kaede ni yo queremos seguir viéndote tan agotado y exigiéndote tanto a ti mismo. Si quieres, podemos colocar la cuna al lado de nuestra cama para estar más cerca de ella, solo por favor, deja tus temores atrás y duerme. Todo estará bien, estoy segura que todo marchará bien con nuestra bebé.

Su esposa tomó fuertemente sus manos contra la suya y se volvió a verlo con ojos suplicantes. Hyakkimaru la observó conmovido por algunos segundos, y como si Kaede supiera lo que pasaba se revolvió un poco en su cuna dejando escapar unos suaves y bajos balbuceos. Sería complicado dejar sus inseguridades atrás, pero si su esposa e hija, las dos personas más valiosas en el mundo para él se lo pedían, no le iba a quedar otro remedio que hacerlo.

— Está bien Dororo, voy a hacerlo. Lamento haberlas preocupado.

Dororo cambió su semblante para mostrar una sonrisa llena de satisfacción antes de acercarse más a él y darle un suave beso el cual terminó por tranquilizar su aquejado corazón por completo.

Le costó unas cuantas noches más, pero gracias a la intervención de Dororo pudo dejar esos feos temores atrás lo cual le permitió poder dormir sin ninguna preocupación de nuevo.

Para fortuna de los alegres padres Kaede continuó durmiendo sin interrupciones durante las noches. Su amada hija continuaría creciendo para convertirse en una niña muy sana y juguetona.

Continuará