* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa, yo los utilizo solo para realizar este fanfic.

Capítulo 10

Kaede

Kaede tiene una hermosa familia

— Hyakkimaru ¿estás seguro que estarás bien?

Preguntó Dororo tratando de ocultar los nervios en su voz. Lo que menos deseaba era que su esposo se diera cuenta de que en el fondo no estaba tan convencida de que dejar a su bebé enteramente a su cuidado era una buena idea.

Entre los dos se aseguraron que las telas que habían usado para que Hyakkimaru pudiera cargar a Kaede a sus espaldas estaban bien atadas. La pequeña rio tiernamente y comenzó a darle unos golpecitos con sus palmas abiertas a su padre en la espalda.

Dororo acarició suavemente la cabeza de su nena forzando una sonrisa a su esposo, esta solo salió como una extraña sonrisa de lado que denotaba perfectamente su nerviosismo. El antiguo ronin ignoró esto, tomó la mano libre de su esposa y le depositó un tierno beso en sus nudillos para después decirle suavemente:

—Dororo no debe preocuparse. Ya he aprendido a atar a Kaede a mi espalda, cargarla, arrullarla adecuadamente y cantarle canciones para que se tranquilice. Además, esta es la hora en la que Kaede duerme, por lo cual no habrá problemas si nos dejas solos.

«Debes ir a hablar con los líderes de la aldea cerca de las montañas con los cuales quieren formar una alianza ¿no es así? No puedes descuidar tus obligaciones para con la aldea, así que yo me llevaré a Kaede y la cuidaré mientras compro todo lo necesario para esta noche.»

—Sí, tienes razón, esto es muy importante. —Confirmó Dororo tras dejar escapar un leve suspiro—. Está bien Hyakkimaru, muchas gracias por tu ayuda. Estoy segura que harás un excelente trabajo cuidando a nuestra hija.

Hyakkimaru continúo repartiendo besos por las suaves manos de su esposa mientras esta reía tímidamente en voz baja. Kaede comenzó a balbucear en voz alta moviendo sus manitas, al ver esto su padre le mostró una pequeña sonrisa, tomó con sumo cuidado las manos de su hija y les depositó un pequeño beso en cada una, ocasionando que Kaede volviera a reír.

—Iré con Kaede a comprar el alimento para esta noche, luego volveré a casa y comenzaré a pelar las verduras. —Confirmó el joven de cabello azabache dándole un último beso en la frente a su esposa para despedirse de ella.

—Está bien. Con que solo hagas eso es suficiente, yo me encargaré de cocinar una vez llegue a casa.

—¿Estás segura? Puedo ir adelantando y cocinar…

—¡No! —Dororo soltó una risa nerviosa ante la mirada llena de confusión de su esposo. Tratando de aparentar que no había dado ese grito asustado continuó—: Es decir… Recuerda que dijiste que hoy debías hacer algunos medicamentos para tus pacientes, así que no debes retrasarte con eso. Además, deberás estar al pendiente de Kaede también mientras vuelvo, es por eso que no debes agregarte más responsabilidades. Descuida, estoy segura de poder terminar todo antes de la hora de la reunión.

—De acuerdo, si Dororo lo dice entonces está bien.

Cuando se despidió de su amada familia, la agobiada joven mujer dejó escapar un profundo suspiro de alivio. Utilizando su ingenio se las había arreglado para que su esposo; el cual tenía unas pésimas habilidades culinarias, no insistiera en adelantar las cosas en la cocina.

Dororo se aseguró una vez más de traer con ella los pergaminos con los tratados y posteriormente se encaminó para encontrarse con Jiheita y Yahiko para ir a reunirse con sus futuros aliados. Sin duda, desde el nacimiento de su amada hija la rutina de ambos había cambiado significativamente teniendo que adaptar sus obligaciones para anteponer la seguridad de su nena.

Ya que ese día Kaede cumplía sus seis meses de nacida a Dororo se le había ocurrido la excelente idea de hacer una pequeña cena con sus amigos y familiares más cercanos para celebrar. Sin embargo, a los hacendosos padres se les habían atravesado algunas obligaciones en el camino, por lo que no les quedó más remedio que repartirse las tareas.

Esa era una escena muy común, Hyakkimaru encargándose de varias labores de su hogar mientras ella se encargaba de su papel de líder de la aldea, revisando y atendiendo minuciosamente las necesidades de esta.

A oídos de Dororo ya habían llegado algunos murmullos de ciertas personas que se atrevían a criticar los roles en su familia. Ella optaba por ignorar a esas personas, generalmente de avanzada edad, que no podían concebir que ella fuera una mujer tan liberal y despreocupada en torno al cuidado de su casa, esposo e hija.

Sabía muy bien que ella nunca podría ser como las otras mujeres de la aldea que se desvivían por su hogar e hijos, que solo vivían para encargarse de eso. Si Hyakkimaru y ella deseaban apoyarse mutuamente repartiéndose las tareas ¿qué problema había con eso?

Al principio se sintió molesta por estas críticas, sin embargo, con el tiempo las ignoró y ya le daban igual. No había duda que le alegraba de sobremanera que Hyakkimaru no fuera de esos esposos que solo quisieran tener a su mujer como una fábrica de bebés, solo para cumplir sus mandatos o tener impecable su hogar. Esos aspectos de Hyakkimaru solo lo hacían amarlo más y apreciar más la hermosa familia que tenían.

Tras unas horas, la reunión con sus ahora aliados había concluido. Cuando por fin logró desocuparse Dororo se dirigió presurosa a su hogar. Siempre; así fuera poco tiempo lejos de su esposo e hija, las ansias la invadían por estar a su lado de nuevo.

Su casa se encontraba justo al lado del extenso campo de arrozal que era su adoración. Decidió acortar el camino llegando por la parte trasera de este, y apenas estar a unos metros de su casa la recibió un espectáculo un tanto particular. Su esposo había sacado una de las mesas de su hogar y se encontraba cortando y pelando algunas verduras a toda velocidad, mientras tanto su querida nena estaba profundamente dormida aún atada en su espalda.

A su alrededor, a una distancia lo suficientemente prudente para que no notaran su presencia, se había congregado un grupo de unas cinco mujeres que observaban embelesadas al apuesto joven de cabello azabache. Dororo tenía que pasar a un lado de ellas para llegar a su casa, motivo por el cual le fue imposible no escuchar lo que decían mientras devoraban a su esposo con la mirada:

—Es la primera vez que observo a un joven hombre como él cuidando a su bebé.

—Yo también… ¿escuchaste hace un momento como le comenzó a cantar una canción de cuna en voz baja? ¡Fue tan lindo!

—Además está cortando todas esas verduras… quiere decir que también ayuda con las labores domésticas ¿no es así?

—Sí, es lo más seguro ¿Será un padre soltero?

—No lo sé ¡pero yo quiero un esposo así!

—¡Yo también, es tan apuesto!

Dororo miró detalladamente a todas esas mujeres mientras sentía su sangre hervir. No las reconoció como habitantes de la aldea, lo que quería decir que eran viajeras o turistas. Era muy común que estos pasaran por su aldea debido a todos los comercios que ya había ahí, o incluso solo para ver el hermoso y extenso campo de arrozal que tenían.

Apretando fuertemente su mandíbula a causa de los celos que la invadían, Dororo apresuró el paso y pasó al lado de ese grupo de mujeres con fuertes pisadas, incluso empujando con el hombro a algunas. Una vez estuvo cerca de Hyakkimaru, le gritó con una voz exageradamente fuerte y melosa:

—¡Hyakkimaru, mi muy querido esposo —hizo un especial énfasis en la palabra esposo—, por fin estoy en casa!

—Dororo…

Los orbes caramelo de Hyakkimaru brillaron de alegría apenas reconoció la voz de su pequeña llegando a su lado. Kaede reconoció de igual manera la voz de su madre, despertó y comenzó a llamarla entre graciosos balbuceos.

—Veo que ya dejaste preparadas muchas cosas para la cena… ¡no cabe duda de que tengo el mejor esposo en el mundo!

Hyakkimaru ladeó su cabeza un tanto confundido ante el inusual tono alto en la voz de su esposa, a pesar de la intriga decidió no darle mayor importancia y respondió mientras terminaba de cortar un nabo con una velocidad increíble:

—Si… Decidí cortar todo afuera pues tal parece que a Kaede le relaja el viento del exterior. He descubierto que eso le agrada y le ayuda a conciliar el sueño.

—Perfecto, no hay duda que eres el mejor padre y esposo del mundo.

Para sorpresa de Hyakkimaru, Dororo se lanzó a sus brazos y le dio un profundo y pasional beso. Por supuesto el ahora consentido esposo lo recibió gustoso, observándola con una mirada de tonto enamorado cuando este terminó.

Dororo volvió la vista y le dirigió una sonrisa presumida al grupo de mujeres entrometidas a lo lejos. Estas optaron por retirarse, algunas cabizbajas y otras observándola con una inmensa envidia.

Kaede dio unas suaves palmaditas con sus manos mientras sus padres juntaban sus frentes y comenzaban a frotarlas suavemente. Después de eso ambos se voltearon para de igual manera mimar a su hija. Por donde se viese, habían formado una muy hermosa familia.


Kaede da sus primeros pasos

Kaede era un remolino de energía, eso les quedó más que claro a sus padres cuando esta comenzó a gatear. La inquieta y curiosa bebé no podía estarse quieta ni un minuto, en eso sin duda era muy parecida a su madre.

Fueron varias veces las que tuvieron que rescatarla de golpearse contra muebles, tirar los instrumentos médicos de su padre, jugar con los ingredientes de la cocina o incluso tratar de salir de su casa.

Tenía a sus padres más que agotados, pero sin duda olvidaban todo su cansancio cuando la revoltosa bebé los abrazaba con cariño cuando la cargaban y les hacía divertidas trompetillas.

Por todas las razones antes dichas, no fue de extrañar que la inquieta Kaede diera sus primeros pasos cuando la juguetona niña estaba a tan solo unos días de cumplir un año de edad.

—Te gusta mucho ese caballo de madera que papá hizo para ti ¿no es así, Kaede-chan?

Le dijo Dororo a su niña mientras la pequeña gateaba a toda velocidad para alcanzar su juguete favorito, el cual reposaba en el suelo. Kaede le dirigió una mirada rápida a su madre y comenzó a reír mientras abrazaba con cariño su caballo de madera.

—Papá ya no tarda en regresar, le diremos que haga un compañero para tu caballo cuando vuelva.

Kaede dio unas palmaditas con sus pequeñas manos y continuó jugando con su preciado caballo. Dororo le sonrío dulcemente y se dedicó a terminar de preparar la comida. Hyakkimaru había salido en uno de sus viajes para entregar prótesis. Ese día iba a regresar, motivo por el cual como muchas veces antes, Dororo se esforzó por terminar pronto sus pendientes para poder prepararle una deliciosa comida de bienvenida a su amado esposo.

Efectivamente, unas horas después el corazón de la joven latió apresuradamente cuando distinguió la figura de su esposo acercándose a su hogar.

—Dororo, Kaede, he vuelto…

Las llamó con una voz baja pero dulce. En cuanto Kaede distinguió la voz de su padre olvidó su caballo de madera y se dirigió a él gateando lo más rápido que sus cortas piernas le permitían. Hyakkimaru bajó la vista y se sintió enternecer en cuanto vio a si hija dejar sus manitas apoyadas en sus pies y comenzar a balbucearle.

—Yo también las extrañé, Kaede.

Le dijo su padre con cariño mientras la cargaba para posteriormente juntar su frente con la de ella y comenzar a frotarlas, la niña rio divertida en cuanto sintió el tacto.

—Bienvenido de vuelta. —Dororo llegó a su lado. Su esposo no perdió tiempo, se acercó a ella y le dio un cálido beso en sus labios a modo de saludo. Tras recibir gustosa esos labios que tanto adoraba continuó—: ¿Qué tal el viaje?

A Hyakkimaru no le fue posible responder pues Kaede comenzó a agitarse con fuerza en sus brazos, tenía la vista clavada en el piso y agitaba sus manos de un lado a otro hacia abajo. El joven de cabello azabache sonrió con nostalgia mientras dejaba a su hija en el suelo, apenas lo hizo gateó hacia su caballo.

—Ahora Kaede solo quiere estar gateando—señaló Hyakkimaru tratando de ocultar la decepción en su voz—, me gustaría poder cargarla más como antes.

—Bueno, pudiendo estar moviéndose por su cuenta o aprisionada en los brazos de sus padres—opinó Dororo con tono juguetón—, si fuera Kaede yo también prefería estar por mi cuenta.

—Pero extraño mimarla…

—Es que tú nunca aprendiste a respetar el espacio personal de los demás, a veces eres demasiado encimoso, Hyakkimaru.

—¿Encimoso?

Mientras sus padres seguían hablando entre ellos y se dirigieron a la cocina, Kaede se dedicó a seguir jugando con su caballo hasta cansarse. Comenzó a dar unos cuantos bostezos, tal parecía que ya era su hora de la siesta. Levantó sus singulares ojos rojizos y los dirigió a sus padres quienes estaban unos metros delante de ella.

Sus padres como de costumbre estaban muy juntos. En ese momento, Hyakkimaru había tomado a Dororo de su estrecha cintura levantándola al techo, tras darle algunas vueltas la acercó a ella para atraparla cariñosamente entre sus brazos.

—Eres un tontito —Le dijo la hermosa joven entre tiernas risitas—¿Y ahora por qué haces esto?

—Extrañé mucho a Dororo. —Respondió su esposo estrechándola más entre sus brazos—. Me hace feliz estar de vuelta.

Dororo continuó riendo tímidamente mientras Hyakkimaru se dedicó a repartir besos por toda su cara y cuello. Tras unos segundos, ella le dio un pequeño golpe en su hombro a modo de regaño para después hablarle en voz baja y un tanto avergonzada:

—Si esperas para en la noche una vez Kaede duerma, te aseguro que será más divertido.

A Kaede le gustaba ver a sus padres tan juntos. Sin duda desde que pudo gatear se divertía mucho en el suelo, sin embargo, en ese momento ella sintió la necesidad de estar cerca de ellos, tenía deseos de que mamá o papá la cargaran.

Dejó su manita apoyada en la pata de una mesa cercana y comenzó a levantarse. Ya había intentado varias veces antes dar algunos pasos sin ayuda, por desgracia siempre terminaba por volver al suelo y gatear ¿sería que esta vez podría conseguirlo? Se armó de valor y determinación, dispuesta a intentarlo.

—¡Hyakkimaru! ¡Mira eso! —Alzó su voz Dororo llena de asombro al tiempo que apuntaba hacia detrás de ellos con su dedo índice— ¡Mira a Kaede!

El mencionado volvió la vista, lleno de intriga. Le fue imposible no abrir sus ojos siempre tan serenos con sorpresa ante lo que vio: con el cuerpo temblando y una enorme determinación asomando en su hermosa carita, su hija estaba haciendo un nuevo intento por caminar, y esta vez parecía iba a lograrlo.

Los asombrados padres tardaron unos cuantos segundos en reaccionar. Cuando por fin fueron capaces de volver a la realidad, Dororo fue la primera en acercarse a su adorada nena hasta quedar a unos tres pasos delante de ella. Hyakkimaru la siguió en silencio, colocándose un poco más atrás de ella mostrándole un semblante orgulloso a su hija.

—Vamos Kaede-chan, tú puedes lograrlo, vamos, ven con tus papás.

Entre más balbuceos y sin rendirse, Kaede continuó avanzando con pasitos lentos y temblorosos hacia ellos. Logró dar unos cuatro pasos sin ayuda de nadie cuando sus piernitas no pudieron resistir más y sin poder evitarlo se dirigió al suelo, afortunadamente su madre logró detenerla a tiempo.

—¡Kaede-chan, lo lograste! —Exclamó Dororo llena de orgullo—¿Viste, Hyakkimaru? ¿Lo viste? ¡Nuestra Kaede acaba de dar sus primeros pasos!

Dororo tomó entre sus brazos con un inmenso cariño a su hija para cargarla, Kaede no podía dejar de reír y agitar sus bracitos hacia ellos, la animosa madre le comenzó a repartir besos por toda su cabeza a modo de felicitación.

—Sí, Kaede ahora aprenderá a caminar sin problemas, ya que ella es una niña muy lista y valiente.

Respondió Hyakkimaru quedamente mientras observaba a su hermosa esposa e hija con una inmensa dicha reflejada en sus orbes caramelo. El recuerdo de los primeros pasos de su hija quedó grabado dulcemente en el corazón de los orgullosos padres.


Kaede dice su primera palabra

—Ma… aba… ga…

—Mamá… papá… ¿puedes decirlo, Kaede-chan?

Dororo tomó las pequeñas manos de su hija y las apretó suavemente, Kaede correspondió el gesto agitando sus brazos de arriba y abajo mientras seguía soltando palabras sin sentido.

—La Sra. Hanami dijo que debido a que ya formaba ciertas sílabas podría empezar a hablar de un momento a otro, por eso creí que estaría bien enseñarle algunas palabras… ¿Tu qué opinas, Hyakkimaru? —Dororo se volvió para encontrarse con que su esposo la observaba con una mirada llena de ensoñación, esto ocasionó la intriga en la joven al proseguir—: Eh… ¿qué ocurre? ¿por qué tienes esa mirada?

—Me llegaron recuerdos de años atrás, cuando Dororo me enseñó a hablar.

Le respondió su esposo con una voz tenue y cálida. Su serena mirada perdida en esos agradables recuerdos de antaño no desaparecieron de su apuesto rostro, esto ocasionó que las grandes mejillas de Dororo se tiñeran de un hermoso rosado. Esta no pudo evitar reclamarle apenada:

—N-no recuerdes esas cosas tan vergonzosas.

—¿Vergonzoso? No lo es—Rectificó el mayor regresando a su mirada tranquila—Me gusta recordar esos días cuando cuidabas de mí en nuestro viaje. —Guardó silencio unos segundos. Mientras Dororo se sonrojaba más él se dedicó a acariciar la cabeza de Kaede con dulzura—. Ya que tú lograste enseñarme a hablar a la perfección, estoy seguro que lograrás hacer lo mismo con Kaede.

Dororo tardó un momento en recuperar la compostura, su esposo, con esa forma que tenía siempre de ser tan honesto, muy a menudo la hacían avergonzarse. Una vez logró dejar su verguenza a un lado, volvió a hablar esta vez mucho más animosa:

—Bien, ¿entonces cuál te gustaría que fuera su primera palabra? ¿Te gustaría que fuera papá?

Hyakkimaru alzó la vista al cielo reflexionando, para después responder con demasiada seguridad para la palabra que salió de sus labios:

—Manju.

—¿Manju? ¿Quieres que la primera palabra de tu hija sea manju?

—Si.

Dororo tuvo que aguantar las ganas de reír ya que Hyakkimaru en verdad se veía muy serio en su decisión. Dejó escapar una leve tos para ocultar su risa antes de continuar:

—¿Por qué manju? ¿No crees que sería más bonito que Kaede te dijera papá?

—Porque manju es una de las primeras palabras que aprendí a pronunciar, además los manjus son deliciosos.

—No tienes remedio, eres un tontito.

Esta vez a Dororo le fue imposible ocultar su baja risa. Estaba jalando divertida una de las mejillas de su esposo cuando una inusual dulce y aguda voz se dejó escuchar de pronto:

—T-t… To…

Era Kaede quien de nueva cuenta estaba haciendo un esfuerzo por pronunciar su primera palabra. Los padres de inmediato se volvieron a verla, centrando toda su atención en esta. Esperaron por algunos segundos en un completo estado de ansias y expectación, veían sin atreverse a parpadear como los labios de su hija se seguían moviendo. Así fue hasta que finalmente, Kaede pronuncio su primera palabra:

—¡Tontito!

Dororo dejó abierta su boca en una perfecta "o", mientras que Hyakkimaru ladeó su cabeza y levantó una ceja con un tanto de intriga. Kaede repitió su primera palabra unas cuantas veces más, sin poder dejar de aplaudir alegre con sus manitas. Finalmente, el que pudo romper ese incomodo silencio fue el joven de cabello azabache:

—Tontito, esa fue la primera palabra de Kaede… Seguro eso lo aprendió de ti, Dororo.

—¡Wua, no lo digas! —Exclamó Dororo entre avergonzada y molesta, mientras se rascaba su cabeza con frustración—¡No puedo creer que le esté enseñando esas malas palabras a mi hija! ¡Debo dejar de repetirlo cuando…!

—Tontito… ¿Puedes repetirlo, Kaede? Vuelve a hablar para papá…

—¡Hyakkimaru, no la alientes a que siga diciendo esa palabra!

—T-ton… ¡Tontito!

—¡Basta Kaede-chan, no sigas repitiendo esa palabra!

Cuando Kaede estaba a unos meses de cumplir sus dos años de vida, pronunció su primera palabra, la cual resultó no ser ni papá ni mamá, sino ese extraño apodo cariñoso que su madre tenía para su padre. Ese singular momento permaneció grabado como un gracioso recuerdo en el corazón de los amorosos padres.

Continuará