Asombrada y al mismo tiempo sin caber en sí de la felicidad, Tomoe volvió sigilosamente hacia el salón principal de la casa, donde se daba el baile. El haber visto al hombre de que amaba ensayando un pedido de cortejo dirigido a ella la dejó abrumada, pero también ilusionada, por lo que se dispuso a seguir disfrutando de la velada hasta llegada la hora de la declaración, cosa que la ponía nerviosa.

Por otro lado, Shura le había pedido amistosamente a Chizuru que le contase a Kenshin sobre los planes de su madre para casar a Tomoe con Akira, como si de una divertida anécdota se tratara para animar a un Himura necesitado de diversión y risas. Chizuru aceptó encantada, sin sospechar las oscuras intenciones de su anfitriona. Fue en ese momento que ésta decidió buscar a Kenshin para la gran revelación. Lo encontró a un lado, observando a las parejas de baile con gesto ceñudo.

-Himura-san, necesito hablar con usted… - empezó Shura.

Y de repente, un bienhumorado Akira Kiyosato hizo su aparición y la arrastró hacia la pista de baile.

-¿Qué puede ser más importante que bailar, Shura-san? – le cuestionó, mientras empezaba a bailar un vals con ella.

Shura se aterró al ver que sus planes estaban a punto de echarse abajo. Necesitaba que Kenshin hablara con Chizuru lo antes posible.

-No, Akira-kun, por favor… - se excusó - necesito hablar con Himura-san. – vio a Tomoe, quien miraba a Akira sonrojada - ¿Por qué no bailas con Tomoe-san? – le propuso y lo empujó hacia la mayor de las Kamiya. Akira y Tomoe empezaron a bailar, más rojos que un par de tomates.

Pero grande fue la decepción de Shura al ver que Kenshin, quien nunca bailaba, lo hacía con la campesina de Kaoru Kamiya.

-No sabía que usted bailaba tan bien, Himura-san. – observó Kaoru, divertida.

-Muchas gracias. – respondió él - Una de las cosas que se usan para determinar el carácter de alguien es el danzar en una fiesta.

Kaoru dudó en preguntar, pero su curiosidad y necesidad por conocer más de él fueron más fuertes.

-¿Será que podemos hablar de tu problema con Yukishiro-san? – preguntó tímidamente.

De repente, él la miró con una expresión fría y llena de desprecio ante la mención de ese hombre.

-Me gustaría pedirte no tocar ese asunto, Kaoru-dono, por favor. – le pidió con voz ronca.

-Pero es que…

Ante su insistencia, Kenshin profundizó su mirada helada y su rostro se deformó.

-¿Será que tu idea de mundo no permite que respetes un pedido de tu… - la espetó, pero se interrumpió ante una nueva palabra que le costó pronunciar (novio).

Kaoru se asustó al verlo con esa cara y esa actitud, pero no se iba a dejar amilanar tan fácilmente. Él sería muy Kenshin Himura, pero ella era Kaoru Kamiya, hija de Kamiya-sensei y representante del estilo Kamiya Kasshin. Levantó la cabeza para enfrentarlo.

-¿Qué pasa? – inquirió ella - ¿Qué es esa palabra que no puedes decir? ¿Cambió de idea, señor Kenshin Himura?

Kenshin se suavizó al verla así, tan atrevida y combativa. Esa mujer le gustaba cada vez más, pero aún no era tiempo de compartir tanto de su vida con ella; tenía que gestionar muy bien la manera de contarle su historia con Enishi y sobre todo la de su pasado como Battousai. Aparte estaba el tema del supuesto interés de su hermana por la fortuna de su amigo. Sin embargo, siguieron bailando sin hablarse debido al enojo de Kaoru.

Al otro lado del salón, había otra pareja bailando en silencio: la de Tokio y Saito.

-Baila muy bien, Coronel. – cumplimentó Tokio, más que nada para tener algo de qué hablar - Pensé que sería un poco duro de movimiento por el entrenamiento militar.

-Supuso mal. – le dijo él - Sé que usted debe creerme menos interesante que los demás caballeros aquí presentes.

Tokio lo miró con los ojos y la boca abiertos completamente… ¿Será que la había escuchado cuando hablaba con Megumi y Tomoe?

-No…nunca dije eso… - balbuceó.

-No importa. – dijo Saito mirándola intensamente. Era hora de contarle de sus aventuras con Arashi - Pero debo decirle que no soy así. Yo…

-¡Atención! – bramó Akira - ¡Cambio de parejas!

Y Saito perdió la oportunidad al ver a Tokio yendo feliz hacia Enishi Yukishiro, mientras a él le tocaba bailar con la pareja de baile del poeta en ese momento.

Kaoru aprovechó la oportunidad para zafarse de los brazos de Kenshin, y disculpándose, se dirigió a donde estaban sus padres para tomar algo con ellos, dejando al ingeniero solo. Los ojos de Shura brillaron y fue corriendo hasta él.

-Himura-san, conseguí la prueba que usted exigió. – se apresuró en decir antes de que alguien los interrumpiera.

Él la miró con malhumor.

-¿Oro? ¿Qué prueba? – preguntó.

-La prueba de que Tomoe-san es una interesada. – contestó la otra entre dientes - Así puede convencer a Akira-kun de desistir de esa idea loca de casarse con esa mujerzuela.

-Cuide la manera en la que está hablando, Shura-dono, por favor. – le advirtió Kenshin, lanzándole una mirada poco agradable.

Shura no le hizo caso y siguió hablando, impaciente.

-Es algo que la hermana menor dijo por accidente y que explica muchas cosas. – le dijo.

Mientras, Megumi bailaba feliz con un disgustado Aoshi mientras observaban a Sayo bailar con Saito.

-¡Sayo-san no quita los ojos de ti, Aoshi-san! ¡Hohohoho! – exclamó la chica con orejas de zorro.

Pero Aoshi no podía aguantar más esa situación.

-Megumi, necesito hablar contigo sobre eso. Sayo-san y yo no… - empezó.

-No necesitas agradecerme. – le interrumpió Megumi - Mereces ser feliz, y si yo fuera la causante de esa felicidad también lo seré contigo.

Se cruzaron en la pista de baile con Enishi y Tokio, quienes danzaban embebidos el uno con el otro.

-Chizuru-chan es una artista nata. – comentó Tokio, sonrojada - ¿Así que cómo fue bailar con la estrella de la fiesta?

-Ya estoy bailando con ella. – le dijo Enishi mirándola con galantería.

En ese momento apareció Chizuru queriendo acaparar la atención de Enishi (y bailar con él). Shura, quien estaba bailando con Kenshin (éste con cara de muy pocos amigos), corrió hacia ellos.

-¿Será que puedo bailar con el poeta? – pidió Shura, luego le dijo en voz baja a la joven - Mientras usted, Chizuru-san, aproveche para bailar con Himura-san y contarle aquella historia graciosísima que me contó.

Kenshin se disponía a hacerse a un lado de la pista de baile cuando Chizuru lo interceptó con cara de fastidio.

-Himura-san, Shura-san quiere que le cuente una historia de mi madre y Tomoe-chan. – le dijo sin muchas ganas de contar nada, moría por ir a bailar con Enishi.

Él la miró con gravedad.

-Bien, Chizuru-dono, me gustaría oírla. – pidió.

-Bueno. Un día de tempestad, en que Tomoe-chan iba a venir aquí, mamá… - empezó a relatar.


Momentos después, estaban los tres, Kenshin, Shura y Chizuru caminando por el iluminado jardín al que daba el salón, y en el que había algunas personas caminando. La joven Kamiya terminó con su historia, más animada y deseando volver adentro.

-¿Entonces quiere decir que su madre mandó a Tomoe-dono bajo la lluvia hasta aquí? – preguntó Kenshin pensativo.

-¡Sí! – chilló Chizuru, orgullosa de su madre. Pero lo miró con extrañeza y luego se dirigió a Shura - Él no se está riendo, Shura-san…

-Esto es sórdido, Himura-san. – acotó Shura sin hacerle caso a la chica.

-¿Qué es sórdido? – preguntó Chizuru confundida.

-Y la madre planea eso para todas las hijas. – agregó Shura, ignorando olímpicamente a la jovencita.

-¡Sí! – exclamó Chizuru contenta - Mamá es una experta, está siempre buscando la mejor manera de casarnos con los mejores partidos. ¡Eso es lo que una buena madre hace!

-Y todas lo tienen bien planeado, ¿no? – preguntó Shura con intención.

-¡Claro! ¿Quién no se quiere casar?

Kenshin fijó sus ojos dorados en Chizuru, a quien le dio un escalofrío.

-¿Todas? – preguntó él con severidad.

-Bueno, Kaoru-chan…

-Es sólo cuestión de mirar, Himura-san. – intervino Shura. La mocosa no iba a arruinar su objetivo de embarrar a Kaoru - Todas están muy bien acompañadas: Tomoe-san con Akira-kun; Misao-san con Soujiro-san, cuyo padre es Makoto Shishio, ríquisimo hacendado; Tokio-san con el Coronel Hajime Saito…

-¡Y yo con Enishi-kun, claro! – saltó Chizuru.

-¿Y Kaoru-dono? – preguntó Kenshin, fijando aún más sus ojos en la chica e ignorando a Shura.

-Ésa es la peor… - empezó Shura.

-¡Shura-dono, por favor! – exclamó el ingeniero rabioso - Déjela hablar…

-Disculpe, sólo quise decir que Kaoru-san debe ser la más decidida de todas.

-¡Kaoru-chan cuando quiere algo, va por él! – concordó Chizuru.

Eso preocupó a Kenshin. No podía pensar…no quería pensar que Kaoru fuera una interesada y que toda su filosofía de vida no fuese más que un teatro para impresionarlo. Si ese fuera el caso, bien que lo logró, pues estaba rendido a ella. Pero no…se negaba a pensar que…pero si quería saberlo de una buena vez debía ser directo, así que le preguntó a Chizuru sin rodeos:

-¿Pero Kaoru-dono también sigue los planes de su… - de nuevo se quedó sin respuesta, pero no por culpa de las dos damas que lo acompañaban, sino por Akira, quien desde la tarima que montó en el gran salón llamaba a todo el mundo.

-¡Me gustaría agradecer la presencia de todos en este día tan único! – gritó a los presentes - ¡Especialmente la presencia de Tomoe Kamiya!

Todos se dieron vuelta para mirar a la aludida, quien estaba roja y temblando de emoción. Akira extendió la mano para invitarla a subir, y la joven llegó trastabillando hasta su amado, quien la ayudó a ascender a la tarima y la tomó de las dos manos.

-¡Tomoe-chan! – chilló Chizuru, aturdiendo a Kenshin y Shura. La chica vio la oportunidad para ir corriendo hacia el salón, dejando a los otros dos solos.

Y Shura se desató.

-¡Himura-san, Akira-kun está a punto de cometer esa bestialidad! – exclamó aterrada - ¡Usted no puede dejarlo hacer el ridículo! ¡Es su mejor amigo!

En tanto, todo el mundo miraba enternecido a la pareja de tórtolos, sospechando lo que se venía. El joven Kiyosato se aclaró la garganta.

-¡Me gustaría anunciar un pedido muy importante! – declaró y se dirigió a la bella dueña de su corazón - Tomoe…

-¡AKIRA! – bramó Kenshin acercándose, dividido entre la decepción y la duda.

Todos se dieron vuelta a mirarlo. Kaoru fue la más sorprendida de todos, pero se mantuvo en silencio, aunque alerta. Tenía un mal presentimiento en lo referente a Tomoe.

Kenshin se acercó a Akira.

-Ehhh… Kenshin, estoy en una situación importante – dijo su amigo entre dientes y muy nervioso - Aquella cosa. – le recordó.

-Necesito conversar contigo, con urgencia. – le contestó Kenshin de manera inexpresiva, pero con sus ojos llenos de pesar, evitando mirar a Kaoru - Es justamente sobre…aquella cosa…confía en mí.

Akira suspiró mirándolo con enojo, pidió disculpas a Tomoe, quien estaba desconcertada, y se dirigió al público:

-¡Señores, necesito tomarme un minuto para tratar un asunto con mi amigo Kenshin! – luego le murmuró a Tomoe - Volveré…

Akira se encaminó con Kenshin hacia la biblioteca, seguidos por Shura. Tomoe bajó de la tarima y fue rodeada y contenida por su familia, tan desconcertados como ella; Kaoru y Koshijiro se intercambiaron miradas de sospecha y desconfianza ante lo que pudiera suceder.

Quien tampoco estaba conforme con la situación a pesar de la confusión era Megumi, e hizo algo impensado para alguien de la noble familia Katsura: sigilosamente y sin ser vista, siguió a los tres anfitriones para escuchar la discusión que se gestaba en la biblioteca. Se quedó de piedra con todo lo que escuchó.


-¡¿Puedo saber por qué me interrumpiste de esa manera, Kenshin?! – Akira desplegó todo su enojo hacia su amigo por interrumpirlo.

A pesar de sorprenderse por ese arranque de cólera de su amigo, Kenshin se mantuvo impasible, a pesar de que las dudas lo carcomían por dentro.

-Es que nunca hubo una declaración de Tomoe-dono hacia ti, Akira. – dijo gravemente - Y estoy preocupado, porque siempre pensé que era un interés mutuo.

-¡Eso no justifica el que me hayas interrumpido frente a todo el mundo! – le gritó su amigo.

Kenshin no le contestó, ya que entendía su reacción. Shura aprovechó entonces para explicar los motivos de la interrupción.

-Chizuru-san, la hermana menor de las Kamiya, confesó que la madre planeó enfermar a Tomoe-san aquí en la casa, para conquistarte. – le dijo.

Akira la miró incrédulo. ¿Cómo se atrevían a inventar semejante historia?

-¡Pero Tomoe no estaba fingiendo! – vociferó el joven - ¡Un médico la examinó!

-¡Ése es el punto! – le devolvió el grito Shura; no pensaba ser tan comprensiva como Kenshin - ¡Enfermar de verdad para no necesitar mentir!

-Y la joven habló sin percibir la gravedad del asunto. – intervino el ingeniero tranquilamente - No es muy inteligente.

-¡Pero eso no significa que Tomoe esté de acuerdo con su madre!

-Según Chizuru-san, todas saben de los planes de la madre. – le lanzó Shura con malicia.

-¡Eso no es seguro!

-¡Claro que sí! ¡Todas, sin excepción!

-Todo indica, amigo, que Tomoe-dono puede ser una interesada intentando dar un golpe. – prosiguió Kenshin - Lo lamento, Akira, pero no puedes casarte con ella.

Desde su escondite en un rincón, y con los ojos llenos de lágrimas, Megumi ahogó un grito con sus manos. Decidió que escuchó suficiente y volvió corriendo al salón.

-Lo mejor es que la olvides. – le aconsejó Shura bruscamente.

Y Akira se sintió acorralado por los dos. No tenía motivos para desconfiar de ellos, sus amigos de toda la vida; en cambio a Tomoe la conocía desde hacía poco…podía ser que su familia fuera algo rara, pero ella había demostrado ser una mujer auténtica…la duda fue sembrada en su corazón y se derrumbó hecho un mar de lágrimas. A Kenshin le dolió en el alma verlo así. Shura, en cambio, sonreía con satisfacción.

-¿Y cómo la voy a olvidar? – gimió el joven - Si estoy completamente enamorado de ella…

-Cuando estamos enamorados ya no escuchamos a la razón, sólo al corazón. – trató Shura de consolarlo.

-Necesitas posponer ese pedido hasta que descubras la verdad. – le aconsejó Kenshin.

Akira se sentó tomándose la cabeza con las manos, y así se quedó un rato, sin emitir sonido alguno. De repente se levantó y se enjugó las lágrimas, y con furia en los ojos.

-Necesito volver allá…y dar una explicación a mis invitados…


-¡Sinceramente creo que esta situación es una falta de respeto! – exclamó enojada Megumi a la familia Kamiya. Al volver de la biblioteca puso su mejor cara y se reunió con la familia de su amiga; había decidido por nada del mundo revelar lo que había escuchado, no aún - ¡Dejarnos aquí esperando! ¡Propongo con firmeza que nos vayamos de aquí!

-¿Para qué irnos? – replicó Sakura - ¡Tenemos que quedarnos para ver qué va a suceder!

Akira reapareció y los murmullos cesaron haciendo que reinara el silencio en toda la mansión. Tomoe notó que sus ojos estaban rojos y que no era el mismo: tenía una expresión amargada en su rostro, no propia de él. Cuando la miró a los ojos, ella sintió que la estaba despedazando con la mirada, pero al mismo tiempo se veía suplicante. Kenshin y Shura aparecieron detrás de él; Shura bastante bien animada y Kenshin con su inexpresivo gesto de siempre. Kaoru frunció el ceño.

-¡Sigamos con la fiesta! – exclamó Akira con voz monótona. Se dirigió hacia Tomoe, y para guardar las apariencias frente a todos, le invitó la próxima pieza. La orquesta reanudó su labor y todos volvieron a danzar.

Tomoe estaba confundida y asustada con lo sucedido. No entendía qué era lo importante que Himura-san tenía que hablar con su amado Akira, como para interrumpir el pedido de cortejo. Desde que lo escuchó por accidente ensayándolo, ella no esperaba otra cosa más que eso y así sellar su felicidad. Así que se atrevió a hacerle la pregunta a Akira.

-Entonces… ¿no me vas a pedir casamiento? – le preguntó tímidamente.

Akira se detuvo en seco y la observó con asombro y desprecio. Esa pregunta tan directa y hecha con tanta seguridad sólo era la prueba final de que Shura y Kenshin tenían razón. ¡Tomoe Kamiya era una cazafortunas que sólo lo buscó por su dinero! Akira sintió como la calidez de su corazón, producto de su amor hacia Tomoe, se convertía instantáneamente en una rabia lacerante. Kenshin estaba cerca de ellos, vigilando, y pudo oír la conversación.

-Así que todo era verdad…- masculló furioso Kiyosato - Todavía tenía la esperanza de que fuese un malentendido… Eres una interesada, sólo querías mi dinero y mi estatus…

De esta manera, Kenshin también confirmaba la teoría del interés de la familia Kamiya por hacer que las hijas escalaran en la vida, y le dio miedo. Miedo de que Kaoru también fuera de esa naturaleza. Si ella llegaba a hacerle algo parecido, no sabría qué hacer; nunca antes una mujer lo había conquistado por completo, por lo tanto nunca tuvo una decepción amorosa, no de la manera en que su amigo la estaba viviendo. No sabía cómo reaccionaría si Kaoru…una parte de él dio gracias por todavía no revelar su reciente noviazgo con nadie, eso evitaría que cayera en el ridículo en el futuro ante un posible timo de la kendoka. Otra parte de él se moría de miedo; mentirosa o no, no la quería perder. Tan concentrado estaba en el dolor de Akira y en sus propias inseguridades, que dio un respingo cuando escuchó la voz de Kaoru a su lado.

-¿Puedo saber qué era eso tan importante que tenías que hablar con Akira-san? – preguntó ella airada - ¿O así como mi curiosidad sobre lo de Yukishiro-san es una de las cosas que no puedo saber ahora que soy tu novia?

Kenshin simplemente no contestó, no sabía cómo actuar con ella. De a poco estaba asumiendo lo peor, así que resolvió reinstalar su coraza de acero. Kaoru simplemente lo miraba sin entender.

Ambos percibieron la angustia en los ojos de Tomoe ante lo dicho por Akira. Se soltó de sus brazos y con lágrimas en los ojos, corrió junto a Kaoru, quien la abrazó sorprendida. Akira la miró irse con una expresión atónita en el rostro: había visto auténtica tristeza en la mirada de Tomoe.

La chica lloraba de la desesperación; Kaoru nunca la había visto en ese estado. Temía que se desmayara o le diese algo peor.

-¡Kaoru-chan! – gimió contra su hombro - ¡Él me humilló! Me dijo que estaba todo planeado y me trató como si fuera una interesada…

-¿Cómo puede decir una cosa así? – inquirió Kenshin en un tono que daba a entender que la culpaba de lo sucedido.

-¡Mou! ¡Cállate! – le espetó Kaoru, estaba cansada de su actitud - ¿Estás llamando mentirosa a mi hermana? Vámonos. – le dijo a Tomoe.

-Espera, las llevaré. – dijo Himura secamente. En ese momento, Tomoe se desprendió del abrazo de su hermana y salió corriendo hacia la entrada de la mansión.

-No te necesitamos. – le dijo Kaoru ceñuda - Mejor ve a ver cómo está tu amigo. – y siguió a su hermana.


Sanosuke, cansado de su trabajo como mozo y de las impertinencias de Kaede, se disponía a volver a su casa. Lamentaba no terminarlo para llevarle dinero a su madre, pero ya buscaría algo al día siguiente. Pensando en eso, se sorprendió al ver a una joven bella correr desesperada hacia el bosque; la reconoció como una de las niñas Kamiya, pero no se preocupó: habían sido compañeros de juegos en la niñez y conocían casi todos los bosques y montes que rodeaban al pueblo, por lo que sabría regresar a casa cuando se le pasara lo que la molestaba (él no había sido testigo del mal rato pasado por ella en el salón de Kiyosato).

Volvió a pensar en sus propias desgracias cuando chocó con alguien. Al principio no la reconoció, pero luego abrió los ojos de par en par al darse cuenta de quién se trataba.

-¿Jo-chan? – gritó emocionado - ¡Sí que cambiaste! – aunque vivían en el mismo pueblo, no se habían visto en años.

-¡Sano! – se sorprendió ella de verlo, pero la urgía llevar a Tomoe a casa - Discúlpame, pero tengo prisa, debo llevar a Tomoe-chan…

-La vi corriendo hacia el bosque… - dijo señalando a un punto.

Kaoru no esperó a que terminara y salió como una bala hacia esa dirección. Sanosuke trató de alcanzarla, pero la chica fue más rápida que él; a pocos metros de entrar al espeso bosque ya la había perdido, y la oscuridad de la noche no ayudaba. El joven se desesperó: no las podría encontrar solo, así que volvió corriendo hacia la mansión.


-Estoy preocupado por Akira. – dijo Kenshin a Shura.

-Pero eso pasa, Himura-san.- lo tranquilizó ella de buen talante - Esta noche dormiremos tranquilos sabiendo que hicimos lo correcto.

-Pues ya no sé si fue lo correcto. – admitió Kenshin nervioso - ¿No vio el estado en que ella se fue de aquí? ¡Las lágrimas eran reales!

Shura lo miró sin poder creer sus dudas.

-¡Claro que eran reales! – exclamó - ¡Pero no por Akira-kun, sino por perder su fortuna!

-Tengo miedo de haber cometido una injusticia. – repuso él - Voy a hablar con él.

Después de episodio del salón, un desgarrado Akira resolvió encerrarse en su habitación, por lo que para no dar por terminada la fiesta, Shura y Kenshin siguieron con su labor de anfitriones. Y mientras Shura se desenvolvía de maravillas, Kenshin se encaminó hacia los aposentos de su amigo. Lo encontró sentado en un sillón, con los ojos rojos e hinchados y la mirada perdida.

-¿Por qué siento como si me arrancaran el corazón? – farfulló Akira a la par que sollozaba.

-Siempre fuiste protegido por la vida, Akira. – respondió Kenshin con aprecio - Ahora tendrás que afrontar las consecuencias de tus decisiones. Las correctas y las equivocadas.

-La traté mal… como si ella lo hubiese planeado todo…exactamente como ustedes me alertaron… - lloró mientras abrazaba a su amigo.

-Calma, calma, amigo mío… - lo consoló Kenshin, tan angustiado como él pero sin demostrarlo.


No sabía cuánto tiempo había corrido buscando a su hermana, ni adónde iba, pues en la noche el bosque era una boca de lobo. Kaoru lamentó haber entrado así sin más, como una loca en el bosque, en vez de alertar a los demás, pero la urgencia de buscar a Tomoe, quien se había dirigido allí fuera de sus cabales, fue mayor a cualquier cosa razonable. Se animó a caminar un rato más, ya que algunos rayos de luna se filtraban entre las nubes nocturnas, y vio un bulto acurrucado entre unos troncos a pocos pasos. Sintió el aroma de ciruelos blancos y corrió hacia donde yacía la figura de su hermana mayor hecha un ovillo y muerta de terror y tristeza.

-¡TOMOE-CHAN! – gritó Kaoru, corriendo para abrazarla. Tomoe se prendió a ella.

-Kaoru-chan… me torcí un pie… - balbuceó débil.

-Calma, calma…saldremos de aquí… - le dijo Kaoru, ayudándola a levantarse.


Sanosuke entró enloquecido al salón de la mansión de Akira, tropezando con unas cuantas personas.

-¡Kaoru y Tomoe entraron al bosque! – gritó desesperado.

Koshijiro Kamiya fue hacia él y lo tomó del cuello de la camisa.

-¿De qué estás hablando? – le preguntó presa de la preocupación.

-Tomoe corrió hacia el bosque, alterada, y Kaoru fue detrás de ella. – explicó el muchacho - Traté de ir tras ellas pero no pude. Probablemente estén perdidas.

Momentos después, todos los hombres, comandados por el Coronel Hajime Saito, se reunieron frente al bosque con antorchas y equipados con todo lo necesario, dispuestos a ir en la búsqueda de las jóvenes. Kenshin estaba regresando de la habitación de Akira cuando se enteró del extravío de las hermanas; aterrorizado ante la idea de perder a Kaoru, facilitó todo para que Hajime Saito organizara la expedición. Se habían estado repartiendo miradas asesinas durante toda la velada, pero en este momento debían unirse: Kaoru era el amor de Kenshin y la hermana del amor de Saito.

-No nos separemos, estamos tratando de encontrar a las señoritas, y no queremos perdernos también. – advirtió Saito a todo el mundo.

-¡Saito no nos hagas perder tiempo! – gritó Kenshin nervioso - ¡Vamos a buscarlas!

Saito lo miró como queriendo hacerle un Gatotsu con la antorcha.

-Batto…digo Himura, entrar en este bosque sin ninguna estrategia es una muy mala idea. – se limitó a decirle - Además no conoces la región. – agregó.

Sanosuke vio como los muy tontos se adentraban por el lado equivocado, sin dar tiempo de avisarles, por lo que decidió ir él solo por el trecho tomado por las jóvenes.


-Kaoru-chan, descansemos…me duele mucho el pie… - pidió Tomoe después de un rato de caminata a tientas.

Kaoru se detuvo y la ayudó a sentarse en un tocón que pudieron divisar a duras penas.

-Creo que será mejor que paremos a esperar ayuda. – concluyó - Tengo miedo de que hayamos entrado al corazón del bosque.

Pero su hermana no la escuchaba. Empezó a llorar tapándose la cara con las manos mientras se lamentaba.

-¿Qué hice? ¿Por qué corrí así? – sollozó llena de culpa - Mamá y papá deben de estar muriéndose de la preocupación…

-Lo que hiciste fue pensar en ti aunque sea por un segundo. – le dijo Kaoru con comprensión.

-Mi corazón está roto, Kaoru-chan… - gemía Tomoe - Akira-san piensa que sólo quiero su dinero…

-Él no pudo haber creído eso. – repuso su hermana - Eres la persona más pura y dulce del mundo.

-¿Será que Himura-san le dijo algo? – preguntó Tomoe, extrañada. Era obvio que la actitud de Akira había cambiado mucho después de su charla con Kenshin.

-Tengo mis sospechas… - respondió Kaoru entrecerrando los ojos.

Un rugido fuerte y cercano interrumpió sus cavilaciones y su descanso. El cielo volvía a despejarse dejando que la luna iluminara un poco y ante ellas vieron que se acercaba un enorme oso hambriento y enojado. Ambas se incorporaron de un salto y corrieron lo más que el tobillo de Tomoe les permitió. Mientras el oso las perseguía, Kaoru tuvo una idea bastante peligrosa, pero con tal de salvar a su hermana era capaz de lo que sea: resolvió que se separaran y ella distraería al animal para que Tomoe escapara y no tuviera que esforzarse tanto. De todos modos ya estaban perdidas.

-¡CORRE TOMOE! – gritó y la empujó a un lado; al escuchar las protestas de ella, le dirigió una mirada iracunda que la hizo obedecer. Luego se enfrentó al oso antes de echarse a correr en dirección contraria llamándolo - ¡Mou! ¡Tú no vas a ir detrás de mi hermana!

Estuvo un rato corriendo con la fiera detrás de ella hasta que llegó a un risco en el corazón del bosque. No había salida.

Se volvió para encarar al oso y ver rápidamente la manera de escapar, pero entre ella y el animal se interpuso un hombre con una antorcha. Éste trató de alejar al oso mediante el fuego, y al no lograrlo, dejó la antorcha a un lado y decidió usar sus puños. Con gran habilidad, y antes de que el oso pudiera siquiera alcanzarlo, el hombre le propinó un puñetazo que casi lo desmayó. Medio aturdido, el animal se alejó del lugar y él volvió a tomar la antorcha. Se dio la vuelta y Kaoru pudo ver al fin quién era su salvador.

Era Sanosuke Sagara.

-¿Tú? – gritó emocionada, pero luego recordó - ¡Tenemos que encontrar a Tomoe!


La comitiva liderada por Saito no había logrado dar con las jóvenes, lo cual los frustraba y asustaba. El más desesperado era Kenshin, quien no quería ni pensar en tener que posponer la búsqueda para la mañana. Mientras resoplaban desanimados, un grito agudo los hizo saltar de la sorpresa.

-¡SOCORRO! – escucharon.

-¿Oyeron eso? – exclamó Koshijiro.

-¡KAORU-DONO! – gritó Kenshin fuera de sí - ¡TOMOE-DONO!

De repente entre los arbustos, salió una figura a tropezones; con el vestido casi hecho trizas y el tobillo muy hinchado. Era Tomoe. Todos fueron hacia ella y rápidamente Aoshi la cubrió con su sobretodo; ella no estaba en sus cinco sentidos y farfullaba sin cesar:

-Kaoru…un oso…corrimos… - y se desmayó en brazos de su padre.

-¡Parece que fueron atacadas por un oso! – concluyó Kenshin, aún más nervioso, pues no había rastros de Kaoru. Koshijiro no podía reaccionar: estaba aliviado de tener a Tomoe, pero al mismo tiempo, el sólo pensar en Kaoru todavía perdida y siendo perseguida por un oso lo enloquecía.

El único que parecía calmado era Saito.

-¡Un oso a estas horas de la noche es muy riesgoso! – declaró.

Kenshin lo miró con furia, suponiendo que el Coronel pretendía cancelar la misión.

-¡Pues yo sigo con la búsqueda, con ustedes o sin ustedes! – rugió.

Después de convencer a Koshijiro de volver junto a su familia con su hija, alegando que su estado emocional no ayudaría a agilizar la búsqueda, Kenshin, Saito y Aoshi siguieron andando, pues pidieron al resto de los hombres volver a la mansión.

Fue allí que se dieron cuenta de que Sanosuke no estaba con ellos.


-No sé cómo agradecerte el que me hayas rescatado. – le dijo Kaoru a Sanosuke mientras caminaban entre los matorrales.

-No soy sólo yo. – respondió él - Una docena de personas las están buscando por el bosque.

-Pero fuiste tú quien apareció cuando lo necesitaba.

-Era lo menos que podía hacer. – dijo el joven mirándola embobado, se veía linda a la luz de la antorcha - Tu padre siempre fue bueno con mi familia; y aquí entre nos, me encantaba ir a jugar con ustedes.

Ella le sonrió y en ese momento se apagó la antorcha, dejándolos a oscuras. Asustados, decidieron subir a un árbol a esperar la ayuda y para evitar toparse con algún otro animal.


Kaede, quien estaba vigilando por la ventana la llegada de los rescatistas, entró al salón para anunciar a los presentes:

-Han llegado con una de las Kamiya.

En ese momento ingresaron al recinto parte de la comitiva y Koshijiro con Tomoe en brazos. Sakura, presa de la desesperación y casi desmayada, corrió para abrazar a su hija.

-¡Tomoe-chan! – gritó al apretujar a Tomoe contra sí; luego miró alrededor - ¡¿Dónde está Kaoru-chan?!

-Aoshi-san, Himura-san y Saito-san se quedaron en el bosque para seguir buscándola. – le comunicó su marido con gravedad, mientras la sentaba en un sillón en lo que Soujiro la examinaba y Megumi lo ayudaba.

-¡La culpa es mía! – gimió Tomoe, casi sin fuerzas - Tuvimos que correr de un oso y nos separamos…

Sakura le dirigió una mirada ceñuda a Koshijiro, quien después de tanta angustia había recuperado algo de su compostura.

-¡¿Cómo puedes estar tranquilo?! – le espetó su mujer - ¡Kaoru-chan es tu preferida!

-¡Calma, Sakura! – exclamó Koshijiro con severidad - Amo a todas mis hijas de la misma manera y confío en la astucia de Kaoru-chan. Nuestra hija volverá sana y fuerte. – la rodeó a ella y al resto de sus hijas en un gran abrazo -Se los prometo.

Shura y Kaede observaban la escena familiar desde un rincón.

-¡Eso de ahí no parece una familia! – se burló Shura mirándolos - ¡Parece una obra de teatro: no sé quién es más dramático! – miró a Kaede - ¿Y Akira-kun?

-No ha salido de su cuarto, Madame.

-Menos mal. – suspiró Shura con fastidio - Uno menos para ver este show de campesinas.


Kenshin, Saito y Aoshi trepaban por una escarpada ladera en su ruta fijada para encontrar a Kaoru. Aoshi trepó más hábilmente que los otros dos y se adelantó, dejándolos atrás.

-¡KAORU! – gritaba Saito mientras llegaba arriba.

-¡Espera, Saito! – resoplaba Kenshin desde unos metros abajo, todavía trepando por la ladera.

-¡Maldito seas, Battousai! – le espetó éste entre el cansancio y la burla - ¡Antes estabas más que preparado para este tipo de corridas y situaciones!

-¡Cállate, Saito! – exclamó Kenshin al llegar junto a ellos - Tengo miedo…y tal vez ese miedo me está empezando a paralizar…

-¿Miedo del bosque?

-Miedo de perder a alguien antes de pedirle perdón…

Siguieron caminando por un rato hasta que se toparon con los restos de una antorcha. Los tres sintieron unas presencias por encima de ellos en un enorme árbol, y en ese momento, una rama baja crujió y Kaoru Kamiya cayó de bruces encima de Kenshin. Sanosuke saltó limpiamente hasta abajo.

-¿Kenshin? – se sorprendió Kaoru, todavía encima de él.

En un segundo Kenshin tenía los ojos en forma de espirales y al otro, embargado de felicidad, abrazaba a Kaoru.

-¡Ororo, Kaoru-dono! – exclamó mientras la revisaba por si estaba herida - ¿Estás bien?

-¿Qué hacían allí arriba? – preguntó Aoshi con una gran gota en la cabeza.

-La antorcha se apagó, así que pensamos que sería prudente subir a un árbol hasta que llegara la ayuda. – explicó Sanosuke.

-Muchas gracias por haberla encontrado. – le dijo Kenshin amablemente - ¿Señor…

-Sanosuke Sagara, y no hace falta que me diga señor.

Kaoru se soltó del abrazo de Kenshin y miró a los demás.

-¡¿Y Tomoe?! – se desesperó - ¡¿Dónde está mi hermana?!

-La encontramos sana y salva. – contestó Saito, claramente aliviado.

Después de otro rato caminando, llegaron a los límites del bosque, cerca de la mansión. Kaoru se volvió y se inclinó ante los cuatro hombres con ella.

-Muchas gracias por lo que hicieron por nosotras en el bosque. – dijo - No lo olvidaré nunca.

En ese momento salieron los demás a recibirlos.

-Tu familia está en su casa, si quiere la puedo llevar. – ofreció Soujiro.

-No hace falta, voy sola. – repuso Kaoru - Después de esta noche horrible, lo mínimo que puedo hacer es no darles más trabajo. – luego se le ocurrió - ¡Es más, voy con Sano! Somos vecinos.

Una vez más, agradeció a los presentes por las molestias tomadas, y se dirigió camino abajo junto con Sanosuke. Kenshin los observaba con sus ojos dorados furiosos: el hecho de que Kaoru lo ignorara y decidiera ir acompañada por el muchacho ése, hacía que unos celos terribles lo atenazaran.


Durante la caminata a la luz de la luna, Kaoru y Sanosuke se pusieron al día con sus vidas y sus caminos tomados, sus familias y sus sueños. Al llegar a este punto, ambos declararon sus ganas de salir al mundo.

-Pero para la mayoría de las personas aquí, Hagi es el mundo. – dijo Sanosuke.

-Para mí no. – exclamó Kaoru - ¡El mundo no puede ser sólo esto!

-¡Es lo que digo, Jo-chan! – concordó él mientras llegaban a casa de los Kamiya - Siempre le digo a mi familia que existen otros lugares, otras personas. Un mundo para conocer y explorar.

-¡Exactamente! – aseveró Kaoru con entusiasmo - Me perdí en el bosque, pensando que moriría. Pensando que tenía más que ofrecer, para descubrir, para vivir en el mundo, por los demás.

Sanosuke la miró con ojos brillantes.

-El querer ayudar a las personas es un sentimiento muy noble, Jo-chan… - suspiró.

-Ayudar a las personas, eso es algo que tenemos en común. – le dijo Kaoru alegremente.

Se despidieron frente a la entrada y Sanosuke pudo escuchar cómo la chica era recibida por gritos de júbilo de parte de su familia. Sintiendo algo cálido en su corazón, dio media vuelta y se dirigió a su propio hogar.


Después del pequeño festejo familiar con la llegada de las jóvenes y de tratar de tranquilizar con sales a Sakura, quien estaba al borde de desmayarse de la emoción, todos se fueron a la cama. En la habitación que compartían Kaoru y Tomoe, la primera no podía dormir analizando lo sucedido con Akira y Kenshin. Y parece que a su hermana le pasaba lo mismo.

-Kaoru-chan… - susurró Tomoe - ¿Tú tampoco consigues dormir?

-Estoy pensando en Kenshin… - dijo Kaoru sin pensar.

-¿En Himura-san?

Kaoru tragó saliva ante su metedura de pata.

-¡No! – se apresuró a negar - Estoy pensando en la conversación que tuvo con Akira-san, antes de que apareciera totalmente cambiado y te humillara frente a todo el mundo.

-Ya no estoy pensando más en eso, Kaoru-chan. – dijo tristemente Tomoe.

-Tú siempre protegiendo a los demás. – le reprochó dulcemente su hermana - Pues yo quiero saber si Himura-san tuvo algo que ver con lo que sucedió. – dijo decidida - Y mañana lo descubriré.

En la mansión Kiyosato, Kenshin tampoco podía dormir. Daba vueltas en la cama pensando también en los acontecimientos del baile y del bosque. Una parte de él aún se negaba a que Kaoru fuera de esa calaña de mujer, mientras la otra parte le decía que se alejara de ella.

-¿Será que todo eso fue un gran golpe de cazafortunas? – se preguntó a sí mismo – No tú Kaoru-dono…no puede ser… Mañana lo descubriré.


Más tarde, durante la mañana, irrumpió en la habitación de Akira seguido de Shura. Su joven amigo estaba postrado de manera lamentable, con ojos rojos y llorosos, y unas ojeras que indicaban que no había dormido en toda la noche. Verlo así fue suficiente para Kenshin.

-Shura-dono me dijo que no quisiste bajar a desayunar. – dijo severamente, mientras descorría las cortinas.

-Puedo pedirle a la servidumbre que te suba el desayuno ahora mismo. – sugirió Shura.

-Ya dije que no tengo hambre, Shura-san. – gimió Akira desde la cama, tapándose el rostro para no ver la luz del sol.

-Akira tienes que comer algo. – lo regañó Kenshin - ¿Acaso te vas a quedar encerrado todo el día?

-Todo el día, toda la semana y hasta el mes entero… - murmuró el joven Kiyosato de manera fatal.

-¡Esto no se puede quedar así! – bramó su amigo enojado - ¿Acaso quieres morir?

-Tal vez sí quiero…

-¿Qué fue lo que hicieron con mi hijo? – inquirió una voz autoritaria desde la puerta del cuarto de Akira. Kenshin y Shura se volvieron con sorpresa hacia dónde provenía la voz.

Era Ikumatsu Kiyosato.

-Pensé que llegarías más adelante. – expresó Shura, entre sorprendida y contrariada.

-Decidí adelantar mi viaje. – explicó Ikumatsu secamente - ¿Algún problema?

-No…sólo estoy sorprendida de verte.

Los ojos de la dura mujer se posaron sobre el joven que yacía en la cama y se suavizaron con amor. Ver a su hijo era lo único que podía hacer que en su fría e implacable personalidad se vislumbrara algo puro y suave que demostrara que era humana. Pero su mirada no sólo irradiaba amor, sino también preocupación por encontrarlo en tal estado.

-¿Qué sucedió, hijo mío? – le preguntó suavemente mientras se sentaba a un costado de la cama.

-Akira-kun está… - empezó Shura.

-¡Le pregunté a él, Shura!

-Estoy débil, Okaa-sama, no tengo fuerzas para nada… - murmuró Akira nuevamente sollozando - Me arrancaron el corazón…

-¿Qué sucedió? – le preguntó ella a Kenshin.

-Akira se enamoró, Ikumatsu-dono. – explicó el ingeniero cortésmente.

-Y nosotros lo protegimos de una joven interesada que sólo lo quiso utilizar. – añadió Shura.

-Déjenme solo…por favor… - gimió el muchacho.

Su madre se levantó angustiada y con una mirada le indicó a los otros dos que bajaran con ella a desayunar y a ordenar que le llevaran una bandeja al joven señor. Tendrían que hablar de muchas cosas.


Nuevamente citada en la casa de té de Hagi, Sayo Amakusa desayunaba junto con Megumi Katsura para comentar la fiesta de Akira Kiyosato y sobre todo, las atenciones de Aoshi Shinomori para con la joven (haciendo paréntesis para hablar del terrorífico suceso de la pérdida de las hermanas Kamiya, aunque Megumi no quiso ahondar en el tema, ya que mucho tenía que ver con lo que había escuchado y no pretendía revelar así nomás).

-Tengo que ayudar a una amiga a decidir sobre su futuro amoroso. – explicó Megumi - Creo que hablar sobre Aoshi-san y el baile me ayudará a aclararme en ese asunto.

Sayo la miró divertida y algo triste.

-Me temo que eso no va a ayudar. – le dijo, llamando la atención de Megumi - Claro que estuvo todo bien con Aoshi-san, es muy educado y atento, pero, es que sentí que….

-¿Sintió qué? – se alarmó su interlocutora.

-Sentí que él estaba con la cabeza en otro lugar. – explicó Sayo algo apesadumbrada - Es más, parece que yo estoy más interesada en Aoshi-san que él por mí. ¿Será posible que exista otra mujer?

Megumi se atragantó con su té. ¡No estaba planificando un casamiento para que apareciese otra mujer de la nada!

-¡Claro que no! – exclamó decidida - Si Aoshi-san estuviese enamorado de otra mujer lo sabría.

¡Claro que lo sabría! ¿O no?


-¿Quién es esa Tomoe Kamiya? – preguntó Ikumatsu Kiyosato a Kenshin y a Shura mientras desayunaban.

-Una joven fría y calculadora. – dijo Shura.

-¡Shura-dono! – la reprendió Kenshin - Ikumatsu-dono, no tenemos certeza de las intenciones de Tomoe-dono, pero existe la posibilidad de que se haya aproximado a Akira por su posición social.

-¿Posibilidad? – se burló Shura - ¡Es un hecho! Su madre es una embustera desesperada por casar a sus cinco hijas, a quienes entrenó para las artes de la seducción.

-¡Shura-dono, por favor! – exclamó Kenshin, cansado por las impertinencias de esa mujer - ¡No tenemos pruebas de eso!

-Himura-san, querido, ¿acaso ya olvidó lo que su hermana menor nos contó ayer? – le cuestionó Shura con suavidad.

Ikumatsu miraba a uno y a otro. Qué extraños se habían vuelto los dos.

-Himura-san, he de pedirle que me deje hablar a solas con Shura-san. – pidió.

Kenshin se excusó y se levantó de la mesa para dejar a las dos mujeres solas. Así también aprovecharía para hacer una visita antes de ir a la obra.

-Mejor así, podemos hablar más tranquilas. – dijo Shura viendo a Kenshin irse - Es que no sé qué pasa con Himu…

-¡Te di instrucciones muy claras en lo que respectaba a Akira, Shura! – la interrumpió Ikumatsu bruscamente - ¡Y mira en qué estado está mi hijo! ¡Es culpa tuya por permitir que esa relación llegase lejos!

-¡Esa joven fue más astuta de lo que yo pensaba! – se defendió Shura - ¡Hasta se enfermó a propósito para encandilar a Akira-kun!

-¡Bastaba con que la mandaras de vuelta con algún carruaje! ¡Éste no es un hospital!

Shura tuvo que aguantarse las ganas de expresar todo su odio hacia la poderosa empresaria y suspirando, contó hasta diez mentalmente.

-Tienes razón. – dijo al fin - Subestimé la inteligencia de esas campesinas.

Ikumatsu la miró levantando una ceja, sin cambiar en lo más mínimo su expresión de desprecio.

-O tal vez, yo haya sobreestimado la tuya. – le dijo mordazmente - Estoy cansada, subiré a descansar. – se levantó y le lanzó una última mirada de advertencia - Más tarde hablaremos sobre el otro problema: las tierras del Barón. – y se dirigió hacia las imponentes escaleras que llevaban a las habitaciones.

Shura respiraba entrecortadamente por la rabia y los nervios, mientras Kaede, quien había estado escondida escuchando todo, se aproximó a la mujer.

-Fue del cielo al infierno, Madame. – le dijo.

-¡Y todo por culpa de ese Akira! – se quejó Shura con odio - ¡Ahora está haciendo drama de eso y queriéndose morir! ¡Que se muera, no es problema mío! – agregó, mientras Kaede la miraba escandalizada.


Outa estaba trabajando desde temprano en su taller en unos pedidos de herrajes para una tienda de muebles; con suerte, terminaría el día llevando dinero a la casa, compensando el mal tino de Sanosuke en abandonar su trabajo en la mansión Kiyosato. En ese momento, el aludido hizo su aparición saltando como un malabarista y cantando, bastante mal por cierto. Outa lo miró divertido.

-¡Pareces poseído! – le dijo.

Sanosuke seguía saltando y trepando a un árbol cercano para luego volver a saltar junto a su hermano.

-¡Estoy poseído por el amor! – declaró él - Estoy enamorado.

-¿Y se puede saber de quién? – preguntó Outa.

-De Kaoru Kamiya.


Kenshin detuvo su carruaje frente a la residencia de la familia Kamiya, dispuesto a hablar de una vez tanto con Tomoe como con Kaoru para despejar las dudas alrededor de sus intenciones. Encaminándose a la entrada, se encontró con Koshijiro Kamiya, quien salía para el trabajo. El ex samurái y ahora padre de familia lo miró ceñudo, y Kenshin, por primera vez desde su niñez, sintió un escalofrío recorrerle la columna.

-Buenos días, Kamiya-dono. – saludó amablemente - ¿Podría hablar con Tomoe-dono?

-¿Para qué? – increpó el padre - ¿Para terminar lo que su amigo comenzó?

-Kamiya-dono, ésa no es mi intención.

El buen hombre le dirigió una mirada asesina que descolocó al pelirrojo.

-Mi hija quedó tan humillada, Himura-san, tan desesperada, que lo único que atinó a hacer fue meterse a ese bosque y casi muere dentro de ese agujero, ¡junto con otra hija mía! – le recriminó con furia.

-Lo siento mucho, Kamiya-dono. – dijo Kenshin humildemente bajando la mirada - Justamente venía a ver cómo se encontraban, lejos de mí el querer ofenderlas.

Koshijiro suspiró con fastidio. No tenía por qué desquitarse con ese hombre por lo que le había hecho su amigo a su hija mayor, pero por otro lado, algo tenía que ver el ingeniero con el sufrimiento de Tomoe. Así que no se la iba a hacer fácil; menos aún por el hecho de que él sabía quién era Kenshin en el pasado.

De ese tipo de gente había que alejarse, sin importar su poder, apellido y dinero.

-No quise ser grosero con usted, pero cuando se trata de mis hijas me descontrolo. – explicó Koshijiro más calmo pero con el mismo tono severo - Mi mujer puede ser demasiado desenvuelta, pero confiamos en la educación que les dimos. No sé qué sucedió en ese baile, lo único que sé es que mi hija nunca le hizo mal a nadie. También sé que sus lágrimas surgieron luego de la actitud negativa de Akira-san.

-Kamiya-dono…

-¡No he terminado! – bramó Koshijiro, y el gran Battousai no pudo hacer más que bajar la cabeza y callarse - Y también sé que Akira-san empezó a comportarse así luego de haber hablado con usted. Así que tenga mucho cuidado con lo que pretende hablar con mi hija mayor ahora. – dio media vuelta para entrar a la casa - La llamaré.

-Muchas gracias.

Kenshin se quedó atónito por su propia conducta ante Koshijiro Kamiya. Jamás se había sentido intimidado de esa manera: lo atribuía a que, después de que Kaoru le relatara su vida y sus principios, lo empezó a idealizar, y comparándose con él, sentía que no valía nada ni como guerrero ni como persona. Aunque había que aceptar que a pesar de su buen talante y amabilidad, el señor Kamiya era otro cuando se trataba de su esposa y sus hijas. Era capaz de cualquier cosa por ellas.

Kenshin suspiró. La única persona que logró intimidarlo fue su propio padre durante su infancia, pero al llegar a la adolescencia ni siquiera eso. Se hizo adulto muy rápido con la guerra, y con eso, se hizo respetar a fuerza de mal carácter y si hacía falta, asesinando a quien se lo faltaba.

Suspiró otra vez. Todo el mundo le tuvo miedo durante su vida, pero al llegar a Hagi, percibió que los habitantes no le temían; a lo sumo lo veían como un bicho raro y antisocial. Y a eso habría que sumarle que Kaoru Kamiya fue la primera persona en enfrentarlo en toda su existencia.

Sin duda las extrañas gentes de Hagi le estaban dando una cachetada de realidad mediante su más ilustre vecino, Koshijiro Kamiya. Y bien que le hacía falta.

Instantes después, estaba sentado junto con Tomoe Kamiya en un banco en el pequeño jardín de la familia.

-Me quedé muy preocupado por la manera en que usted corrió hacia el bosque el día de ayer, y quería saber cómo está. – dijo Kenshin.

-Estoy bien, Himura-san. – contestó ella apenada - No sé qué fue lo que me pasó ayer, no quise causar problemas.

-¿Puedo hacerle una pregunta?

-Ya no quiero hablar más de ese asunto. – se adelantó la joven de manera cortante.

-Es que necesito entender qué sucedió. – insistió Kenshin - ¿Qué fue lo que la dejó en tal estado? Confié en mí.

Tomoe lo miró como si se hubiese vuelto loco.

-¿Confiar en usted? Si lo recibí fue sólo por consideración a sus atenciones y su buena voluntad cuando pasé los días enferma en la casa de Akira-san… - le dijo secamente - Y él dejó claro lo que pensaba de mí, que estaba planeando algo en su contra. ¿Así que cómo puedo esperar un sentimiento de piedad de su parte siendo tan amigo de él? – se levantó y corrió hacia su casa - Con su permiso.

-¡Tomoe-dono! – la trató de detener Kenshin.

Pero al llegar a la galería de la casita estilo gassho, Sakura Kamiya le interrumpió el paso, furibunda.

-¡Himura-san! – exclamó ella desafiante - ¡Por lo visto quiere aumentar el estrago que hizo su amigo!

-Sakura-dono, estaba tratando de ayudar, en serio. – se explicó Kenshin - Pero su hija es una joven muy reservada.

-Ahora la culpa es de la víctima. – le espetó la madre de las jóvenes - Espero, Himura-san, que Akira-san venga personalmente a pedirle disculpas a Tomoe-chan. ¡Ya soñaba con el casamiento, el vestido y la fiesta!

Kenshin se sorprendió al escuchar esas lamentaciones. Y se le ocurrió provocarla.

-Sakura-dono, no sé de dónde sacó la certeza de un casamiento entre ellos. – dijo serio - ¿Acaso no fue usted quien alimentó toda esa historia de romance? Akira quedó encantado con Tomoe-dono cuando cayó enferma en la mansión, debo decir que esa jugada suya fue maestra.

-No sé qué es lo que me está queriendo decir. – dijo la mujer sin entender.

-¿Acaso no fue usted quién preparó todo para que Tomoe-dono fuera bajo la lluvia a la mansión y enfermara allí?

-¡¿Qué es lo que quiere decir?! – rugió Sakura colorada y enfurecida.

-Quiero decir que ésa fue la postura de una madre excepcional. – prosiguió Kenshin tranquilamente - Una madre que arriesga todo por un bien mayor para la familia: un buen casamiento.

-¡Tengo que hacerlo! – se justificó ella - Es por el bien de mis hijas, ya que si fuera por ellas ni moverían un dedo o elegirían mal.

Y para Kenshin ése fue el momento de la verdad.

-¿Y el fracaso de sus planes incluye a Kaoru-dono? – le preguntó con interés.

-Kaoru-chan… - suspiró la madre resignada al pensar en ella - ¡Vive de esas tonterías de conocer el mundo y encontrar el amor de verdad por ella misma!

Kenshin casi sonrió al sentir sus esperanzas renovadas. Pero había ido a tratar de zanjar el asunto de Tomoe y Akira, así que le hizo una última consulta.

-Una última curiosidad: escuché que Tomoe-dono le preguntó a Akira en el baile si le iba a pedir cortejo. – quiso saber - ¿Por qué estaba tan segura de que mi amigo le haría una propuesta? Porque él no comentó eso con nadie.

-Es que ella escuchó a Akira-san ensayando el pedido en una de las habitaciones. – le comentó Sakura fastidiada. La noche anterior, al llegar a la casa y tranquilizarse, Tomoe les había contado a ella y a Kaoru lo que había escuchado - A menos que ese pedido estuviera planeado para otra Tomoe y en otro lugar del planeta. – Kenshin se quedó boquiabierto - ¡Lo dejé sin palabras! – se congratuló ella.

Así que era eso. Ésa era la razón por la cual Tomoe le había preguntado a su amigo si se le iba a declarar o no. Todo indicaba que había sido un malentendido, tendría que hablar muy seriamente con Akira y con Ikumatsu, y advertirle a Shura que no se metiera más. Pero todavía no podía irse de allí. Había una última persona con la que quería hablar.

-¿Y Kaoru-dono? – preguntó - ¿Puedo hablar con ella?

Sakura sacudió la cabeza en señal de negación.

-Fue temprano a ver a Enishi Yukishiro. – le explicó a la vez que los ojos dorados de Kenshin se prendían fuego - La escuché preguntándole a Chizuru-chan por el lugar donde él se hospedaba...

-¿Enishi Yukishiro? – exclamó Kenshin con voz peligrosamente ronca, haciendo que Sakura diera un brinco hacia atrás del susto.

Se recompuso como pudo y se inclinó ante la señora para despedirse. Una vez en su carruaje, azuzó a los caballos para llegar lo antes posible a Hagi.


-Yukishiro-san, me gustaría hablar de algo en particular con usted. – le dijo Kaoru a un sorprendido Enishi Yukishiro en la recepción de la posada donde se hospedaba el peliblanco.

-¿Conmigo? – se extrañó él. Salieron a la calle y se sentaron en un banco frente al recinto.

-Es sobre lo que sucedió en el baile. – explicó la chica - Disculpe por entrometerme, pero me gustaría saber lo que pasó entre usted y…

-Kenshin. – terminó Enishi por ella.

-Necesito descifrar su carácter y no quiero ser injusta.

Enishi Yukishiro tomó aire y empezó a relatar los hechos.

-Cuando éramos jóvenes, hace unos años, mi padre y yo trabajábamos en una de las obras ferroviarias de su padre. – empezó a narrar - Y como nos hicimos muy buenos amigos, pasábamos mucho tiempo los tres juntos: Kenshin, Tsubame y yo.

-¿Tsubame?

-Su hermana, ¿no le contó? – preguntó él confundido.

-No, nunca me lo comentó. – respondió Kaoru contrariada. En realidad, Kenshin no le había contado nada acerca de su familia, mientras él sabía prácticamente todo sobre ella.

-Bueno, Tsubame y yo nos enamoramos. – prosiguió Enishi con un brillo en los ojos - Ella era una criatura dulce y gentil, muy diferente a su hermano. Nos comprometimos en secreto, hasta que Kenshin descubrió todo.

-¿Y qué sucedió? – preguntó Kaoru, fascinada y temerosa con la historia.

-Se puso furioso. No iba a consentir que su adorada hermana se casara con un joven sin fortuna como yo. – explicó Enishi con tristeza - Entonces no sólo le contó a su padre lo sucedido, sino que hizo que el Marqués me despidiera de mi trabajo. Al quedarnos en la calle y sin trabajo, mi padre enfermó y murió poco tiempo después, y me tuve que abrir camino solo hasta tener lo poco que tengo ahora. – añadió con una tensa sonrisa - Nunca me atreví siquiera a volver para pedirle la paga por el trabajo hecho en la obra, ya que nos había advertido que si nos volvíamos a cruzar en su camino, no tendría problemas en volver a convertirse en Battousai.

Kaoru abrió los ojos de par en par. Otra vez ese nombre…

-¿Battousai? – preguntó perpleja.

-Sí, ¿no lo sabía? – se extrañó Enishi con cierta satisfacción en su rostro ante lo que le iba a contar - Hace diez años, durante el Bakumatsu, él se dedicó a asesinar personas del lado de los imperialistas para traer la nueva era, que dicho sea de paso lo benefició más a él y a su familia que al resto. Mataba funcionarios, y también mataba por placer: mujeres, niños, ancianos. Una vez me comentó que lo hacía para no perder la práctica y la destreza a la hora de ejecutar a sus asignaciones. Mataba inocentes para practicar y afinar su técnica asesina. Él era un hitokiri. Él es un hitokiri. El famoso Hitokiri Battousai.

Kaoru miró a Enishi con horror. ¿Kenshin, un asesino? No podía creerlo… ¡No quería creerlo! Ella, que siempre había defendido el ideal de la espada que protege la vida, siendo cortejada por alguien que practicaba la filosofía de la espada asesina. ¡Seguramente se había burlado de ella en secreto después de contarle el origen del Kamiya Kasshin y la heroica labor de su padre! Y el nombre que le era conocido por alguna razón: de niña, al acabar la guerra, siempre quiso que su padre le relatara historias de enemigos y camaradas, pero él simplemente nunca quiso decirle nada. No consideraba esas cosas como "conversaciones de familia", así que sólo terminó sabiendo ciertas cosas por lo que comentaban los demás sobre las hazañas de su padre y las horrorosas escenas de muerte en las que terminaban los encuentros entre los Ishin Shishi y los Shinsengumi.

Y recordaba que en una de esas veces fue mencionado el nombre de Battousai, pero terminaba sin saber qué hacía el tal Battousai y por qué todo el mundo le tenía miedo. ¡Con razón al enterarse de la venida de los nuevos vecinos su padre casi se atragantó con la comida al enterarse de que uno de ellos se llamaba Kenshin Himura! ¡Con razón el Coronel Hajime Saito ponía cara de pocos amigos (aún más de lo que ya la tenía) ante la mención de ese hombre! ¡Con razón Kogoro Katsura, aunque no habló con él, lo saludó calurosamente la noche anterior en la fiesta! ¡Si eran camaradas! ¡Estaba enredada con un asesino, con alguien a quien no conocía! ¡Qué vergüenza para su padre si se enteraba que mantenían un noviazgo!

De repente, escuchó un rugido que la hizo volver a la realidad.

-¡KAORU-DONO! – era Kenshin, quien bajaba de carruaje y se dirigía a ellos como un loco. Ella lo miró con terror y desprecio.

-¡Aléjate de mí! – le gritó - ¡No tengo nada que hablar contigo!

Kenshin percibió el miedo y la angustia en su mirada, y asumió que Enishi le había contado quién era él. Furioso, se dirigió hacia el otro hombre y lo tomó del cuello de la camisa. Aunque era unos centímetros más bajo que él, Kenshin era más fuerte y más ágil de movimientos.

-¡YUKISHIRO! – gritó fuera de sí - ¿QUÉ LE DIJISTE?

-¡Suéltalo! – le exigió Kaoru. La gente se empezaba a aglomerar alrededor de ellos, sin atreverse a intervenir.

Kenshin soltó a Enishi tirándolo al suelo y le dirigió a Kaoru una mirada llena de ira y celos.

Y miedo…tenía miedo de perderla para siempre. ..no ahora…no ahora que todo empezaba a esclarecerse…

-¡¿Acaso te gusta?! – inquirió furioso.

-¿Qué? – lo desafió Enishi - ¿No me crees un rival digno? – se acercó y le murmuró al oído - ¿No fui suficiente para tu hermana?

Ante eso, el rostro de Kenshin se deformó de odio y se abalanzó hacia el poeta y lo golpeó tanto que lo desmayó. Al incorporarse con sus manos y su rostro llenos de sangre, se volvió para enfrentar a Kaoru, quien lo observaba aterrorizada.

Estaba muerta de miedo con él. Ambos sintieron que se les rompía el corazón.