* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa. Yo los utilizo solo para realizar este fanfic.
El siguiente capítulo será el capítulo final de esta historia, muchas gracias a los que lo leyeron hasta este punto :)
Capítulo 17
La pregunta
— ¡Yu-chan, corre, rápido!
— ¡Aneue, espérame!
Los niños corrían alegremente jugando entre ellos. Sus padres los observaban atentamente caminando despacio detrás de ellos. Eran los primeros días de primavera, el clima era templado y muy agradable. Todas las flores y árboles ya habían comenzado a florecer, mientras que en los campos los diversos animales pequeños e insectos empezaban a salir de sus escondites después del término del crudo invierno.
Un fuerte y sonoro gruñido interrumpió la quietud que los rodeaba. Hyakkimaru volteó a ver a su esposa a su lado, la avergonzada mujer tenía las mejillas levemente sonrojadas, al tiempo que se sujetaba disimuladamente el estómago.
— Dororo… ¿ese fue tu estómago? Tu estomago acaba de gruñir ¿no es así?
— ¡Si, me muero de hambre! —Confesó la mujer aumentando su vergüenza—Es inevitable… Se nos hizo tarde esta mañana por lo cual no tuvimos tiempo de desayunar nada. No entiendo por qué mi estómago siempre hace estos sonidos tan vergonzosos.
— Tu estomago siempre hacía esos sonidos desde que eras una niña. —Reflexionó Hyakkimaru haciendo memoria—. Debe ser por lo glotona que eres.
— Pues discúlpame por ser tan glotona, Hyakkimaru idiota. —Lo reprendió su esposa mientras jalaba sus mejillas a forma de regaño.
— No tiene nada de malo, eso siempre me pareció muy lindo. —Confesó, acercando su rostro para frotar sus frentes. Rio a lo bajo mientras ella farfullaba maldiciones entre dientes.
— Y-ya basta de molestar a tu esposa. —Continuó la apenada mujer al separarse de él, le dio un pequeño pellizco en la nariz—. Trajimos algo de comida para el camino. ¿Qué tal si nos sentarnos a comer algo antes de continuar hacia la aldea de Tahomaru?
— Si es lo que Dororo desea, entonces lo haremos.
Dororo le sonrió con dulzura mientras él la observaba con cariño. Acto seguido alzó la voz para hablarle a sus hijos los cuales seguían corriendo unos metros delante de ellos:
— Kaede-chan, Yu-chan, vengan, vamos a comer algo.
— Vaya con nuestros niños inquietos—opinó Dororo tras darle un pequeño sorbo de agua a la cantimplora de bambú—, solo comieron unos cuantos manjus antes de ignorar mi comida e irse a jugar.
— No te preocupes, nos aseguraremos de que coman apropiadamente cuando lleguemos a casa de Tahomaru. —Respondió Hyakkimaru con calma, observando atentamente a sus hijos jugar a lo lejos—. Deben estar impacientes por llegar con su primo y celebrar su cumpleaños.
Dororo le dio algunos mordiscos a la berenjena que tenía en la mano mientras también observaba amorosamente a sus hijos, segundos después habló con calidez:
— Kaede tiene ya diez años, el día de hoy Hyogo cumple nueve y el pequeño Yusuke tiene ocho… El tiempo sí que pasa volando. Cuando menos nos demos cuenta nuestros hijos serán ya todos unos valerosos jovencitos.
— No quiero que eso pase…—Confesó Hyakkimaru con una voz muy baja, apenas audible.
— ¿A qué te refieres? —Le preguntó Dororo, observándolo un tanto confundida.
— Me gustaría que Kaede y Yusuke fueran niños para siempre. —Continuó el mayor, en sus orbes caramelo se apreciaba un atisbo de tristeza—. Así podrían estar para siempre a nuestro lado, y nosotros los cuidaríamos y protegeríamos hasta el final de nuestros días.
Dororo observó a su esposo con compasión mientras reía un poco en voz baja. Debía ser sincera consigo misma, ella también se sentía un poco triste de que el tiempo pasara tan rápido, y con cada año que sus pequeños cumplían se fueran haciendo más independientes, pero era el ciclo natural de la vida, no había nada que pudiera hacerse contra eso.
Tratando de hacer un lado la tristeza Dororo se acercó a su amado esposo, lo abrazó por la cintura, dejando apoyada su cabeza en su hombro. Le habló con un tono amoroso y reconfortante:
— Entiendo cómo te sientes… La verdad es que a veces no puedo evitar sentirme igual que tú. Sin embargo, no hay nada que podamos hacer en contra del flujo natural del tiempo. Tampoco podemos ser egoístas con nuestros hijos y evitar que vivan su vida. Así como nosotros lo hicimos, ellos también tienen el derecho de hacerlo. Sigamos apoyándolos y protegiéndolos todo el tiempo que sea necesario, eso es nuestro deber como sus padres, Hyakkimaru.
Su esposo reflexionó sus palabras durante algunos segundos, a continuación, dejó escapar un leve suspiro para responderle en un tono mucho más tranquilo:
— Gracias a ti puedo comprenderlo mucho mejor ahora. Tienes razón, siempre la tienes, Dororo. Así como mamá me dejó partir solo para buscar a los demonios y recuperar mi cuerpo a los dieciséis años, yo debo hacer lo mismo con mis hijos. Debo estar preparado para dejarlos ir cuando ellos se sientan listos para hacerlo. Mientras tanto, estaré siempre a su lado y los apoyaré en lo que decidan.
— Sin duda eres un excelente padre, Hyakkimaru.
Le respondió su pequeña con dulzura aferrándose más a su abrazo, este le correspondió dejando su mejilla apoyada en su cabeza. Miraron en silencio a sus hijos por unos cuantos minutos más. Kaede se divertía haciendo coronas de flores, mientras que Yusuke perseguía a las ranas de un estanque cercano.
— Dororo, muchas gracias por darme a estos maravillosos hijos.
Soltó de pronto este inusual comentario Hyakkimaru, el cual ocasionó que el corazón de la mencionada diera un vuelco y latiera a toda prisa. Se separó de él y lo observó con sorpresa, Hyakkimaru simplemente le dedicó una mirada profunda al proseguir:
— El proceso para procrearlos fue muy placentero. Se sintió muy bien y lo disfruté mucho.
— ¡N-no digas esas cosas tan vergonzosas, Hyakkimaru idiota!
Ahí estaba de nuevo, la brutal honestidad de su esposo incomodándola como siempre. Todo el rostro de la hermosa mujer se tiñó de rojo y esta le dio un golpe en su brazo con el puño cerrado. El hombre de cabello azabache simplemente puso un semblante extrañado por algunos segundos al recibir este golpe, el cual sustituyó por uno relajado al retomar la conversación:
— Pero… sin duda el criarlos a tu lado es algo que estoy disfrutando mucho más. Me siento feliz de tener una familia tan maravillosa, de saberme acompañado y querido por ustedes todos los días.
— Hyakkimaru…
Dororo se sintió asombrada tras escuchar sus tan hermosas palabras. Hyakkimaru la seguía apreciando con un profundo amor y cariño. La alegría que embargaba a su casi siempre inexpresivo esposo, se vio reflejada por la pequeña sonrisa que se formó en la comisura de sus labios.
Sin poder evitarlo, sus ojos humedecieron pues las palabras de Hyakkimaru la habían dejado en verdad muy conmovida. Rápidamente hundió su rostro en el firme y varonil pecho de este para ocultar esas pequeñas lágrimas de dicha que amenazaban con salir, sus manos las entrelazó en su espalda para darle un fuerte abrazo.
— Hyakkimaru… mañana que regresemos a casa, te prepararé todos tus platillos favoritos. —Le habló su esposa con timidez.
— ¿Por qué? Mañana no es mi cumpleaños, ni ninguna fecha en especial que debamos celebrar. —Preguntó Hyakkimaru sin comprender la situación.
— No preguntes, solo déjate consentir por tu esposa. —Tras un breve momento en el que simplemente se aferraron aún más a su abrazo, y su esposo le depositó cortos besos en su frente y cabeza, Dororo añadió en un tierno y casi inaudible susurro—: Déjame agradecerte por aparecer en mi vida, darme a esta hermosa familia y hacerme tan feliz.
Casi una hora después de que terminaron de comer, y dejar que sus niños se divirtieran un rato más, decidieron emprender de nuevo el camino rumbo a la aldea de Tahomaru. Dororo levantó una de sus cejas con intriga al percatarse de la actitud sospechosa que sus hijos habían adoptado de pronto.
Se acercaban a ellos con pasos lentos e inseguros, sus caritas reflejaban duda y hasta incluso un poco de temor, también venían murmurando entre ellos.
— Pregúntales tú.
— No, hazlo tú.
— ¿Por qué debo hacerlo yo?
— Eso es porque tú eres la mayor, aneue.
— Solo dices eso cuando te conviene.
— Kaede-chan, Yu-chan ¿qué pasa? —Les cuestionó su madre, ocasionando que al escucharla los dos niños tuvieran un pequeño sobresalto—¿Quieren preguntarnos algo?
— Ah… si…
— ¡Hahaue, aneue va a preguntarte algo!
Gritó de pronto Yusuke, mientras empujaba a su hermana hacia adelante. La mayor volteó a verlo con enfado pues se dio cuenta que le dejó toda la responsabilidad a ella, mientras que el menor solo atinó forzarle una sonrisa nerviosa.
— Bueno… nosotros…—Continuó Kaede bajando la mirada, sus enormes mejillas se tiñeron de un lindo rosado.
— ¿Qué pasa? Saben que pueden preguntarnos lo que sea con confianza.
La invitó su madre, dedicándole una enorme sonrisa en un intento por tranquilizarla. La niña la observó en silencio aun insegura y avergonzada por algunos segundos, hasta que finalmente se animó a preguntarle cerrando sus ojos y tensando su cuerpo:
— ¡Yu-chan y yo queremos saber de dónde vienen los bebes!
Hyakkimaru enarcó sus cejas con curiosidad ante la pregunta de sus niños. Dororo por su parte abrió sus ojos tan grandes como platos, mientras que daba unos cuantos pasos hacia atrás.
— "Aquí está, finalmente es el día. —Pensó Dororo conteniendo la respiración—. Finalmente nos hacen esa tan temida pregunta. Tranquila Dororo, ya hablaste muchas veces antes de esto con la Sra. Hanami al pedirle su consejo, estás lista para hacerlo, tu puedes..."
Estaba a punto de contestarles cuando para su desgracia su esposo se le adelantó. Les respondió con su voz siempre tan baja y apacible:
— Esa es una pregunta muy fácil de responder. Les diré cómo fue que tú y Yusuke fueron concebidos. Primero me aseguré de que su madre estuviera de buen humor. Después de eso le quité su ropa para posteriormente acariciar sus…
— ¡Hyakkimaru!
Dororo lo detuvo justo a tiempo. Tapó su boca con la palma de su mano para posteriormente voltearlo y alejarse de sus niños unos cuantos pasos. Tras asegurarse de que estaban lo suficientemente lejos, la avergonzada madre comenzó a regañarlo:
— ¡Idiota! ¡No puedes decirles esas cosas!
— ¿Por qué no? —Preguntó ladeando su cabeza con confusión—Ellos quieren saber cómo se hacen los bebés, solo iba a responderles su pregunta.
— ¡Pero no puedes decirles cómo es que realmente se hacen! —Continuó explicándose la antigua ladrona, con un desesperado intento de no subir mucho su voz—¡Es incorrecto! Aun son muy pequeños para saberlo.
— ¿En serio?
— ¡Por supuesto que sí!
Hyakkimaru no pareció comprender muy bien las palabras de su esposa, sin embargo, tras verla tan exasperada supo que lo mejor iba a ser ceder. Cambio su semblante confundido para continuar mirándola con atención, le preguntó con cierta inocencia:
— Entonces… ¿Cómo responderemos a su pregunta si aún no podemos decirles la verdad?
Los gritos demandantes de sus hijos detrás de ellos solo los presionaron más:
— ¡Mamá, papá, no nos ignoren!
— ¡Queremos saber de dónde vienen los bebés!
— Les diremos la verdad en unos cuantos años más… Por ahora no queda más que mentirles. —Continuó Dororo, susurrándole en su oreja a su esposo—. Será como si les contáramos una historia, solo sígueme el juego ¿de acuerdo?
— Está bien.
— Disculpen a papá, él estaba confundiendo las cosas. —Les dijo Dororo, esforzándose por sonar tranquila—. El origen de los bebes es realmente maravilloso e increíble… ¡los bebés provienen de los tallos de arroz!
— ¿¡Tallos de arroz!? —Preguntaron los niños, abriendo sus ojos con asombro.
— Así es. —Afirmó Dororo con una sonrisa pícara.
— Pero… hay algo que no tiene sentido. —Dijo Kaede entrecerrando sus ojos en un gesto inquisitivo—. Yu-chan estuvo en la panza de mamá hasta que nació. Si es cierto que los bebés vienen de los tallos de arroz… ¿cómo es que Yu-chan salió de la barriga de mamá?
A pesar de que no hacía tanto calor, Dororo se sintió sudar a causa de los nervios ¿cómo pudo haber sido tan tonta para olvidar ese tan importante detalle?
Su hija mayor en verdad era astuta y observadora, recordaba a la perfección todo el proceso de embarazo de su hermanito. Ahora la angustiada madre tenía que actuar rápido si no quería que su mentira fuera descubierta.
— Eso fue porque, bueno…
Pero era imposible, su mente se quedó en blanco. Por más que pensaba, no se le ocurría qué más agregar a su historia para responder a su pregunta. Cuando estaba al borde de la desesperación, siendo observada acusadoramente por sus pequeños, la ayuda inesperada de su esposo llegó. Este continuó el relato de su esposa con una explicación tan imaginativa y fantasiosa que la dejó boquiabierta:
— Eso es porque los tallos de arroz solo son una parte del nacimiento de los bebés. Cuando una mamá y un papá se quieren mucho, y deciden tener hijos; ellos le hacen una súplica a la luna llena para que les permita tener un bebé. Si la luna considera que los padres están listos para que su familia crezca, entonces ella les otorga unas semillas de arroz especiales para que puedan tener un bebé.
«Los padres siembran esas semillas y las cuidan con cariño y esmero hasta que estas se convierten en unos largos tallos. Cuando terminan de madurar y germinan, los papás recogen la cosecha y las mamás comen el arroz, de esta forma ese arroz se queda en su panza para que los bebés terminen de desarrollarse».
Hyakkimaru finalizó su relato mientras acariciaba con cariño el vientre de su esposa, ella solo puedo sonrojarse y sonreír un tanto nerviosa y avergonzada. Para su fortuna, los brillantes y emocionados ojos de sus pequeños le indicaron que habían quedado fascinados con el relato de su padre.
— Ahora entiendo porque Yu-chan estaba en la barriga de mamá. —Exclamó con emoción Kaede.
— ¿Eso quiere decir que todas las semillas son bebés? ¿Los campos de arrozal detrás de casa lo son? —Preguntó Yusuke un tanto confundido.
— No, las semillas de arroz que les dan a los padres son mágicas y muy especiales. Estas germinan en un campo alejado de todos para que nadie los lastime.
Tras decir eso, Dororo sonrió triunfalmente cuando sus hijos soltaron algunos grititos de emoción y asombro. Lo habían conseguido, lograron hacerles creer la mentira del proceder de los bebés.
La mujer entrelazó sus dedos con los de su esposo mientras se volteaba a verlo amorosamente, su esposo le correspondió dedicándole una pequeña y cálida sonrisa. Dororo en verdad se sentía agradecida de que su esposo siempre la ayudara cuando lo necesitaba.
Cuando llegaron a la aldea de Tahomaru, y los alegres niños se encontraron con su primo jugando con algunos otros niños, lo primero que hicieron fue contarles todo acerca de las semillas mágicas de arroz.
— ¿Lo dicen en serio? —Dijo el pequeño Hyogo abriendo mucho su boca a causa de la sorpresa—¿En verdad los bebés provienen de unas semillas de arroz mágicas?
— ¡Si, Hyo-chan, créenos! ¡Papá nos lo dijo! —Respondió Kaede con una voz inundada en seguridad.
— Y luego dijo que las mamis se comen el arroz para que los bebés crezcan en su barriguita. —La apoyó Yusuke moviendo vigorosamente sus brazos de arriba hacia abajo.
— Jamás imaginé que viniéramos de las semillas de arroz. —Confesó Hyogo rascando su barbilla en un gesto pensativo.
— ¿Qué los bebés provienen de las semillas de arroz? —Preguntó Tahomaru entre risas, acercándose a su hermano mayor y su cuñada—Veo que sus hijos ya les hicieron "esa" pregunta.
— Así es. —Le contestó Dororo mientras dejaba escapar un suspiro—. Y no tienes idea de lo difícil que fue inventarles esa historia, afortunadamente a Hyakkimaru se le ocurrió ese fantasioso relato.
— Vaya Aniue, me sorprendes. No creí que tuvieras tanta imaginación.
— Soy capaz de eso y mucho más por mis hijos. —Afirmó Hyakkimaru con determinación—. Además, obtuve la práctica necesaria después de inventarles tantos cuentos para dormir.
— Pues déjenme agradecerles. Gracias a su relato, me han evitado la incomodidad de tener que ser yo quien responda a las dudas que pudiera tener Hyogo al respecto. —Continuó Tahomaru con gesto burlón, pasando su brazo por detrás de los hombros de su hermano.
— Tahomaru… No seas irresponsable y asume tu papel como padre de Hyogo.
Lo regañó su hermano mayor dándole un golpecito con su palma cerrada a su cabeza, acto ante el que Dororo y Tahomaru comenzaron a reír.
El relato de los bebés que provenían de las semillas de arroz mágicas, se expandió entre los niños de la aldea de Dororo y Tahomaru gracias a Kaede y Yusuke. Hyakkimaru no podía asegurar si este relato había sido una buena o mala idea, lo cierto fue que esto evitó preguntas incomodas para muchos padres.
Continuará
