Monita-dono: Gracias por las palabras y me alegra que te guste la historia! Te prometo que a medida que pasen los capítulos, más drama vas a ver; no pienso defraudarte XD
También quiero decirle a Guest que se arme de paciencia XD Lamentablemente vas a ver muchas veces a Shura haciendo de las suyas en el transcurso de la historia, al ser la villana principal es su deber hacer que la odiemos XD Te lo digo para que te prepares, porque este capítulo promete de todo XD. Un saludo!
-¿Mentiste sobre qué? – preguntó Kaoru con cautela.
Kenshin tomó aire y procedió a sincerarse en lo que respectaba a Tomoe y Akira.
-Me habías preguntado de qué se trataba la conversación que tuve con Akira en el baile antes de pedir a Tomoe-dono en cortejo. – explicó nervioso, Kaoru empezaba a sospechar - Yo le pedí que no se casara con ella porque pensé que era una interesada.
El silencio que siguió a eso era ensordecedor para Kenshin. Temblaba de pies a cabeza como nunca le había pasado en la vida. Y Kaoru permanecía estática ante él, muda y con sus enormes ojos azules abriéndose de la sorpresa y la decepción. Kenshin no se atrevía a mirarla.
-No puedo creer lo que me dices… - susurró con la voz ronca de contener tanto enojo - ¡¿Cómo pudiste?! ¡¿Pensaste que mi hermana era una cazafortunas?! – terminó por gritarle con lágrimas en los ojos.
-¡Lo creí, pero ya no! – se excusó Kenshin, con los ojos húmedos - Kaoru-dono, en ese momento no conocía bien a Tomoe-dono. Es una joven muy reservada. Tuve una conversación con Chizuru-dono en el baile, y ella me dijo que entre Tomoe-dono y su madre habían planeado que ella cayese enferma en casa de Akira y así poder conquistarlo. – terminó de explicar, rogando que la joven entendiera su proceder.
-¡Fue un plan loco de mi madre, Tomoe no sabía nada de eso! – le gritó ella alterada - ¡Ella estuvo prácticamente entre la vida y la muerte esa semana, Kenshin! ¡Cómo te atreves…!
-¡Fui un completo idiota, Kaoru-dono! – gritaba él a su vez, fuera de sí y desesperado - ¡Dejé que mi naturaleza desconfiada comandara mis razones y me equivoqué!
-¡Estoy segura de que si Tomoe fuese rica, no pensarías dos veces sobre sus intenciones!
-Probablemente no, pero yo no acostumbro a equivocarme con mis primeras impresiones. – se justificó el pelirrojo - ¡Pero admito que me equivoqué esta vez!
A continuación, Kaoru empezó a reír como una histérica. Por un momento, Kenshin pensó que se estaba volviendo loca, de la misma manera que él estaba enloqueciendo con esta situación; pero eso no fue más que un sarcasmo de la kendoka.
-¡Muchas gracias! ¿Ahora qué tengo que hacer? – exclamó con voz socarrona y una sonrisa falsa - ¿Arrodillarme y agradecer que el orgulloso Himura-san admitió que se equivocó al pensar que mi hermana era una ladrona? – de repente, volvió a su estado airado y nervioso - ¡Estuviste a punto de arruinar su felicidad! ¡Kenshin Himura, eres un mentiroso, un orgulloso y un prejuicioso!
-Estás siendo demasiado dura conmigo… - susurró él con la voz quebrada.
-Sí, muy dura contigo. – le contestó ella, desafiante - Siempre fuimos duros el uno con el otro. Duros y sinceros. ¡Y ése era nuestro punto en común! ¡Ésa era la razón de nuestra pasión y…! – se interrumpió - Claro, éramos sinceros, olvidé que eres un mentiroso…
-Pero ahora estoy siendo completamente sincero…
-Ahora…ahora que decidiste dejar de mentir. – dijo ella con dureza, conteniendo las ganas de llorar - Ahora vete, no quiero verte más.
Dicho esto, se dio la vuelta y se dispuso seguir su camino, llegar a su casa y poder llorar a sus anchas ante la falta de sinceridad de Kenshin. ¡Justo él! ¡Él, que a pesar de haberle dado una muy mala primera impresión, creyó que en el fondo era un hombre bueno y considerado! ¡Era tan arrogante y vil como todas esas personas de la corte! ¡Qué tonta por haberse enamorado de un hombre tan distinto a ella, en todos los sentidos!
No contaba con que Kenshin la seguía, visiblemente enojado. Era evidente que había ido a confesarle todo con alguna esperanza de perdón, y quedando decepcionado ante el despacho de la joven. Pero no se iba a rendir, estaba dispuesto a lo que sea para seguir a su lado, justificándose por todo.
-¿Por qué crees que te mentí? – le dijo con la voz enronquecida de la ira.
Kaoru se dio la vuelta para enfrentarlo.
-¡Y cómo voy a saber! – le contestó de mala manera.
El ingeniero la tomó por los hombros fuertemente, ella hizo una mueca de dolor.
-¡Por la misma razón que ahora dejo de lado el orgullo que dices que tengo! ¡Lo que siento por ti! – dijo con los ojos dorados desorbitados; Kaoru se asustó ante ese signo de obsesión que mostraba él - ¡Tuve miedo, Kaoru-dono, miedo de perderte, y por eso no tuve el coraje de decirte la verdad!
Aun así, la chica no se dejaría ni amilanar ni manipular.
-Pues no te creo. Ahora dices que la culpa es mía. – le espetó, zafándose de su agarre - ¡Todo por culpa de lo que sientes por mí! ¡Un sentimiento que por lo visto no tiene nombre!
Fue en ese preciso momento que Kenshin Himura la miró con sus ojos ambarinos llenos de furia, miedo y súplica. Necesitaba hacerla entender de una buena vez.
-¡SÍ LO TIENE! ¡ES AMOR! – bramó el pelirrojo - ¡TE AMO, KAORU KAMIYA! ¡ESTOY COMPLETAMENTE ENAMORADO Y APASIONADO POR TI!
Y de repente, el mundo entero pareció desaparecer alrededor de los dos. Estaban paralizados, nada se movía, nada emitía sonido, sólo eran ellos dos mirándose a los ojos con dolor, lamentando que lo que sentían fuera contaminado por actitudes tan tontas y contradictorias, siguiendo un precepto social. Lo único que escuchaban era el latido de sus propios corazones.
-Pero te equivocaste… - dijo por fin Kaoru con voz quebrada. Las lágrimas ya no pudieron ser contenidas y corrían libremente por su rostro.
E increíblemente, por el de Kenshin también.
-Tienes razón, mi falta fue grave. – sollozaba él - Megumi-dono tenía razón…
Kaoru frunció el ceño.
-¿Megumi? – preguntó - ¿Megumi lo sabía?
-Ella escuchó mi conversación con Akira, y me hizo entender que merecías saber la verdad. – explicó el joven a punto de caer de rodillas - Ahora sólo me queda rogar por tu perdón…
Intentó acercarse a ella y tomar su mano, pero la kendoka se apartó bruscamente. No quería que la tocara y no quería verlo, así que sus ojos se ocultaron tras su flequillo azabache.
-Mi hermana casi murió aquella noche. – dijo seca e inexpresivamente - En medio del bosque, sola. Todo por causa de un malentendido. – al terminar la frase, le dio la espalda y empezó a correr. Lo único que quería era alejarse de él, aun amándolo.
-Kaoru-dono… - se desesperó Kenshin en medio del camino, cayendo de rodillas - ¡KAORU-DONO!
Pero Kaoru no lo escuchaba. Furiosa, se dirigió a hacer una visita.
Con su abuelo reposando y su padre en el pueblo atendiendo unas diligencias, Megumi se aburría en su enorme castillo. Resolvió entretenerse bordando algo, cuando de repente uno de los sirvientes le anunció nervioso la llegada de Kaoru. Ésta no esperó las ceremonias y entró violentamente.
-¡Sabías lo que pensaba Kenshin sobre Tomoe y mi familia, y aun así dejaste que fuera humillada ese día! – le dijo sin rodeos y con la cara roja de furia - ¡Y PEOR! ¡NO ME DIJISTE NADA! ¡Yo que soy tu mejor amiga, Megumi!
Megumi tardó varios segundos en entender y ordenar las cosas.
-Calma…cálmate, Kaoru… - balbuceó asustada. Nunca la había visto así.
-¡Viste todo este tiempo cómo me debatía entre confiar o no en Kenshin! – prosiguió Kaoru - ¡¿Y no dijiste ni una sola palabra?!
-¡Quería decírtelo! – se defendió Megumi - ¡Prácticamente intimidé a Kenshin para que hablara!
-¡¿Por qué no me lo podrías haber dicho tú?! – repuso la kendoka - ¡¿Y por qué demoraste tanto en hablar con él?!
-¡Porque tuve miedo! – exclamó Megumi con lágrimas en los ojos - ¡Miedo de que nunca más quisieras ver a Kenshin!
-¡Y con razón! ¡Lo que pensó de Tomoe es absurdo!
-¡Fue todo un malentendido! ¡Y tienes que entender a Kenshin! – trató de razonar su amiga. Luego se dispuso a plantearle la situación - Cuando un hombre de posición se interesa por una joven más… - dudó - de menos posición que él, necesita tener la seguridad sobre las intenciones de ella…
-No puedo creer lo que estoy escuchando de ti. – interrumpió Kaoru con voz queda.
-¡Kaoru, estoy tratando de explicarte! – exclamó Megumi - ¡No lo entenderías!
Kaoru se calmó. Analizando cuidadosamente todos los detalles, se dio cuenta que el problema era "entendible" para gente como ellos. Kenshin, Megumi…los ricos, los nobles. Que además tenían el descaro de justificar sus acciones, alegando ese punto, el de las intenciones de los demás. Eso la enfurecía aún más.
-Es verdad, no lo entendería. – dijo al fin, de manera burlona - Debe ser muy difícil ser rica, ¿no, Megumi? Desconfiando de las intenciones de todos los que están a tu alrededor. ¿Será que soy tu amiga porque realmente te aprecio o porque quiero acercarme a tu dinero?
-¡No digas tonterías! – le espetó Megumi.
-¡Tontería para ti es que algo sincero suceda entre una campesina y alguien de alta cuna!
-¡Ya no quiero escuchar tus provocaciones! – exclamó Megumi, furiosa - ¡Y siendo sincera, nunca te había visto tan cercana a un hombre como con Kenshin Himura! ¡Y dudo que otro hombre pueda llegar a dejarte así, tan enamorada! ¡Kaoru, Kenshin puede ser tu última oportunidad de alcanzar la felicidad!
-Eso es porque tú sólo vives por ese tipo de felicidad, Megumi. – replicó la joven - Tú crees que se necesita de un hombre para ser feliz. Y mira lo infeliz que eres.
-Basta. – la atajó ella - Si nunca me involucré con un hombre es porque tengo dos, quienes me hacen muy feliz y me necesitan: mi padre y mi abuelo.
-Tú lo que tienes es miedo a que te lastimen. – seguía atacando Kaoru - Por eso prefieres ver cómo los demás sufren. Estoy decepcionada de ti.
-Está bien…si quieres quedar así conmigo…adelante… - farfulló Megumi, dejando caer las lágrimas - Pero voy a darte un último consejo, Kaoru: la conversación que tuve con Kenshin me dejó algo muy claro, él te ama. Y si dejas pasar eso cometerás el peor error de tu vida.
-No necesito de tus consejos. – le contestó Kaoru - Por culpa de ellos, Tae tuvo que renunciar al amor.
Dicho esto, se dio media vuelta y se fue, dejando a Megumi sumida en la aflicción y la culpa.
Un rato después, Kaoru llegó a su casa y se dirigió a su habitación sin saludar ni hablar con nadie. Quería estar sola. Se dejó caer en su futón y empezó a llorar con todas sus fuerzas.
-¿Por qué, Kenshin? ¿Por qué? – sollozaba con tristeza - Yo también te amo y estoy enamorada de ti…
Siguió llorando por un buen rato, hasta que, cuando casi caía desvanecida del cansancio, escuchó que alguien daba golpecitos al shoji.
Era su padre.
-¿Puedo entrar, Kaoru-chan? – preguntó desde el otro lado.
-¡Claro! – se apresuró a decir ella secándose las lágrimas mientras su padre entraba a la habitación - Estaba aquí pensando…
Pero Koshijiro Kamiya no era alguien a quien se le pudiera engañar con facilidad. Mucho menos cuando la persona estaba en un estado alterado y con el rostro desencajado por la angustia. Pero no la presionaría.
-Tú no eres una niña que se queda perdida en sus pensamientos, tú eres una mujer de acción. – le dijo dulcemente.
-¿Será, papá? – volvió a sollozar su hija - Cada vez estoy más convencida de que soy buena hablando, pero a la hora de actuar… - se echó a llorar.
En ese momento, el semblante de Koshijiro cambió.
-¿Y eso tiene que ver con Himura-san? – preguntó con los ojos brillantes de ira contenida - Misao-chan me contó que te encontraste con él en el camino.
-No puedo esconderte nada. – le dijo Kaoru con un intento de sonrisa - No quiero hablar de eso ahora; tengo miedo de decepcionarte con mis problemas…
-Eso nunca podría suceder, Kaoru-chan. – repuso él abrazándola - Todo el mundo acierta y se equivoca en esta vida. Confío mucho en tu bondad y tu honestidad. Pero respetaré si no quieres hablar conmigo. Pero puedes ir a hablar con tus hermanas o con Megumi, porque si de algo estoy seguro, es que necesitas descargarte con alguien.
Ante el nombre de Megumi, Kaoru se tensó en sus brazos.
-Megumi traicionó mi confianza. – dijo con amargura.
-¿Megumi?
-Sí.
-Megumi puede ser mimada y entrometida, pero es una buena persona. – razonó su padre - Es tu mejor amiga, Kaoru-chan. Estoy seguro que todo esto es un malentendido.
Ella se abrazó aún más a él.
-¿Qué sería de mí sin ti, papá?
Si había algo que tenía en claro Koshijiro, era que el problema de Kaoru con Himura, sea cual fuese, debían resolverlo ellos dos. Aunque le pesara, su hija era adulta y debía hacer frente a las adversidades por su cuenta. Él no era eterno para cuidarla y defenderla siempre.
En el fondo, él no juzgaba a Kenshin por haber sido un asesino en el pasado. Creía fervientemente que una persona podía cambiar con el tiempo, y el ingeniero, por lo que sabía, lo había logrado. Sus reservas con él tenían que ver justamente con la posición social que ostentaba. Toda su vida había sido testigo y víctima de las animosidades, conscientes o inconscientes, de las personas de alto rango con los que apenas podían llevar comida a su casa. Y ahora se convencía más: lo de Akira con Tomoe (cuya reconciliación la tomaba con pinzas), y ahora Kaoru con Kenshin (suponía para qué lado iba esa relación, pero prefirió no meterse). Supuso que su hija no sabía que el pelirrojo era Battousai, pero decidió callar, ya que era algo que le correspondía a él contar y poder lidiar con la reacción de Kaoru.
Quería ver hasta qué punto ese hombre podría ser digno de su hija y luchar por ella. Quería saber hasta qué punto un hombre con un pasado oscuro podría procurar por un futuro brillante. Quería saber hasta qué punto era capaz de querer hacer feliz a Kaoru.
Pero también tenía en claro que de complicarse las cosas, tendría que intervenir.
En la mansión de los Kiyosato, Shura compartía sus planes con Kaede.
-Akira-kun quiere que Ikumatsu quede encantada con Tomoe. – explicaba Shura - Pero, si conoce a la familia de la joven, principalmente a Sakura, dudo que Ikumatsu consienta ese casamiento.
-Pero Akira-san no es idiota, jamás invitaría a la familia entera. – repuso Kaede extrañada.
-Pero yo sí.
-¡Madame!
-¿Y sabes qué van a demostrar en la cena? Falta de modales, confusión y griterío. – concluyó la mujer con una sonrisa de oreja a oreja.
-Ordenaré que preparen tu equipaje, mañana irás a Kioto a primera hora. –le dijo Ikumatsu a su hijo en la biblioteca.
-De eso quería hablar contigo, Okaa-sama. – dijo Akira, nervioso, dejando el libro que estaba leyendo - Sé que me equivoqué al planear cortejar a una joven sin que supieras, y por eso quería pedirte disculpas.
-Ya es parte del pasado. – le dijo su madre - Y no quiero hablar más de ese asunto.
-Pero ahora voy a hacer las cosas bien. – prosiguió el joven - Tomoe Kamiya es una persona maravillosa, de un corazón increíble; y sé que eso es lo que más aprecias en las personas. Por favor, deja que te la presente mañana, y si no te gusta, respetaré tu opinión y volveré a Kioto…
En ese momento, Shura decidió irrumpir.
-Disculpen, no pude dejar de escuchar. – dijo inocentemente - Ustedes saben que odio entrometerme pero deja que te diga una cosa, Ikumatsu: dale una oportunidad al amor.
-¿Desde cuándo eres sentimental, Shura? – preguntó ella con una sonrisa tensa.
-La vida fue muy dura con nosotras, Ikumatsu. – explicó Shura - Pero tú criaste a nuestro Akira-kun para ser un príncipe de corazón enamorado. Nos equivocamos al pensar que Tomoe-san no quería bien a Akira-kun, y ahora tenemos una oportunidad para disculparnos.
Ikumatsu pareció pensarlo por unos instantes y finalmente tomó una decisión.
-Está bien. – dijo - Invitaremos a cenar a Tomoe Kamiya mañana.
Akira pensó que se le saldría el corazón del pecho de tanta felicidad, al fin podría presentar a las mujeres de su vida la una a la otra. Shura se retiró con una sonrisa malévola en el rostro. Su siguiente objetivo: Kenshin Himura, quien había regresado muy afectado ese día.
Y ella, por supuesto, aprovecharía la oportunidad.
Así, habían transcurrido las horas y en plena madrugada, Kenshin seguía despierto dando vueltas por su habitación. Estaba pálido, con los ojos rojos y los pelos de punta, y a sus pies y por todos lados, intentos de cartas que trataba de escribir sin éxito.
Se sentó, tomó papel, pluma y tintero, y volvió a intentarlo:
Kaoru-dono:
Nunca antes sentí necesidad de hablar de mí a otra persona, esta es la primera vez. Por ti, por causa de lo que me haces sentir, sólo por eso me dispongo a contarte toda la verdad entre Enishi Yukishiro y mi hermana. ..
No…no podía…arrugó el papel y lo arrojó al montón que ya poblaba el suelo.
-No puedo… - se lamentaba. En ese momento, alguien tocó la puerta - Adelante. – lo que vio hizo que levantara las cejas de la sorpresa y la desconfianza - ¿Shura-dono? ¿Qué hace aquí?
Ahí estaba Shura, con un sugerente camisón blanco y fino que dejaba adivinar sus formas, y con un perfume embriagador. Con ella traía una botella de vino y dos copas. Su larga cabellera caía en cascada por todo su cuerpo.
Ante cualquier hombre esa visión de Afrodita lo dejaría con un nudo en la garganta y expectante. Pero no a Kenshin Himura, quien no estaba de humor para nada y además, enamorado de alguien más.
-No podía dormir y al escuchar pasos en su habitación supuse que usted tampoco. – dijo Shura preocupada.
-Yo…sólo… - balbuceó Kenshin, incómodo.
Shura avanzó hacia él contorneando las caderas y hablando con tono seductor.
-Usted sabe del aprecio que siento por usted…
Kenshin frunció el ceño.
-No son horas… - repuso, pero fue interrumpido.
-No hay hora para demostrar los sentimientos…
-¡Esto es inapropiado, Shura-dono! – exclamó fastidiado. Ya bastante tenía como para que viniera ella a molestarlo.
Interiormente, Shura gritaba de rabia y frustración. Pero en vez de dejarlo salir, prefirió fingir preocupación.
-Es que lo vi llegar perturbado y me preocupé, Himura-san, y me tomé la libertad de traer vino para tomar juntos y conversar, pero si usted va a malinterpretar que vengo con segundas intenciones…
-No…disculpe…tuve un día muy difícil y…gracias por la gentileza… - se disculpó Kenshin.
-Cuando usted quiera, estaré aquí y escucharé sus problemas. – le dijo ella mirándolo fijamente.
-No lo tome a mal, pero prefiero estar solo…
-Claro, con permiso. – salió de la habitación de su Ken-san poniendo los ojos en blanco.
La noche transcurría tranquila en Hagi, hasta que una sombra sospechosa quebró esa quietud. La sombra se movía sigilosamente, viendo que nadie apareciera de repente y arruinara sus planes. Sabía que el almacén del pueblo tenía mucho éxito y vendía bien, incluso personas de los alrededores iban a comprar allí. La sombra sonrió al pensar en el botín.
La sombra era un ladrón.
Forzó la puerta del local y se dispuso a violentar la caja, pero no contó que justo en ese momento la dueña se había levantado a tomar agua en la cocina que conectaba directo con el área comercial.
-¡Socorro, un ladrón! – chilló ella - ¡Socorro!
El hombre guardó todo el dinero que pudo en su bolsa y huyó del lugar secundado por los gritos desesperados de su víctima. Pero no había llegado a la esquina cuando un misterioso jinete en su caballo le cortó el paso; el ladrón cayó para atrás, presa del miedo, y en el tropezón sufrió una torcedura en el pie. El jinete misterioso se percató de ello y decidió marcharse, pues la policía del lugar apareció junto con la dueña del local robado y algunos vecinos.
Apenas alcanzaron a ver que era un hombre vestido todo de negro, con una capa negra y además, el rostro oculto tras una especie de bufanda también negra y hasta con el caballo negro. Apresaron al ladrón y por suerte todo terminó con un final feliz.
Sin embargo, nadie dejó de pensar en el jinete misterioso y justiciero.
Ya había amanecido y Megumi seguía dando vueltas en su futón. No había podido conciliar el sueño, presa de la culpa, el enojo y…el miedo.
Flashback
-Si nunca me involucré con un hombre es porque tengo dos, quienes me hacen muy feliz y me necesitan: mi padre y mi abuelo.
-Tú lo que tienes es miedo a que te lastimen.
Fin flashback
Más tarde, durante su caminata matutina en compañía de su padre, aprovechó para hacer una observación que la preocupaba desde hace un tiempo.
-Últimamente veo que estás muy preocupado, Otou-sama. – le dijo a su padre, mientras iba de su brazo, caminando a través de los arces que circundaban el castillo - ¿Es por la salud de Ojii-sama?
Kogoro Katsura suspiró.
-La salud de él y los negocios. Pero ya se resolverán. – respondió, sin darle mucha importancia al último apartado - Qué bueno que te preocupes por mí, hija mía. Desde la muerte de tu madre, siempre te esmeraste en cuidar de tus dos viejos, y asumiste con mucho mérito su lugar. – agregó, mirándola con dulzura.
-Otou-sama, ¿crees que estoy dejando pasar mi vida por causa de eso? – le preguntó ella con la mirada ensombrecida.
-¿Quién te dijo eso? – contestó él frunciendo el ceño - Siempre tuviste vocación para cuidar de los demás. De mí, de tu abuelo, de tus amigas.
-Es verdad. Sólo que ellas no lo reconocen.
-No lo reconocen porque son unas ingratas.
Siguieron paseando en silencio.
-¿Crees que algún día pueda llegar a cuidar de mi marido? – preguntó Megumi de repente.
Esa pregunta descolocó a su padre.
-¿Acaso no te sientes completa cuidando de mí y de tu abuelo? – inquirió algo temeroso.
-¡Cómo crees! – rió su hija - Ustedes hicieron mucho por mí.
-Y tú por nosotros, hija mía. – le dijo Kogoro abrazándola - Pero quiero que sepas que todo tiene su tiempo.
Más animados, se dirigieron a su hogar.
En Hagi, no se hablaba de otra cosa más que del jinete misterioso. Todos los vecinos estaban aglomerados en el almacén, atentos al testimonio de la propietaria, quien había tenido el privilegio de ver de primera mano la encarnizada captura del delincuente. Entre ellos estaban Sakura, Chizuru, Tomoe y Tokio Kamiya.
-…y el jinete apareció y atrapó al ladrón… - contaba la mujer.
-¡Pero qué barbaridad! – comentó Sakura, escandalizada. - ¡Lo único que nos faltaba en Hagi! ¿Y quién es el jinete misterioso?
-Nadie lo sabe, Sakura-san. – respondió la mujer - Tenía una bufanda cubriéndole el rostro. Y si me permiten decirlo, no parecía humano.
Todos ahogaron un grito cubriendo la boca con la mano.
Quien estaba más interesada en el asunto era Tokio.
-¿Pero cómo era ese jinete? ¿Cómo era su caballo? ¿Cómo estaba vestido? – empezó a preguntar.
-Nadie vio bien, Tokio-san. ¡Hagi está bajo peligro!
Los vecinos asentían, concordando. Tokio no estaba convencida.
-¡Pero él atrapó al ladrón! – repuso ella - ¡Quiere decir que es un héroe!
En el cuartel general, Hajime Saito, cigarro en mano, estaba ocupado llenando formularios y haciendo informes para sus superiores. Esas tareas burocráticas lo desquiciaban. ¡Cómo extrañaba la vida llena de acción de los tiempos del Bakumatsu! Pero supuso que el aburrimiento que sufría ahora era el precio a pagar por una paz en la que al principio no confió. Suspiró y siguió con su trabajo.
De repente, escuchó murmullos provenientes del patio. Se supone que los oficiales a su cargo o no deberían estar o deberían cumplir con sus obligaciones en silencio. Se acercó sigilosamente a la ventana para encontrarse con todos ellos reunidos hablando emocionados.
Saito se aclaró la garganta antes de rugir haciendo que sus oficiales pegaran un salto de la sorpresa:
-¿PUEDO SABER QUÉ ES TAN IMPORTANTE PARA LOS SEÑORES COMO PARA QUE TENGAN QUE ABANDONAR SUS TAREAS?
Una vez recobrados del susto, los oficiales corrieron en tropel hacia él.
-¡Coronel! Estábamos hablando de un jinete misterioso que aparentemente impidió un asalto anoche. Lo llaman el "Jinete Negro", porque llevaba una bufanda negra cubriendo su rostro. – le informó uno.
-También tenía una capa negra. - agregó otro.
Saito levantó una ceja, sumamente nervioso. Prendió otro cigarrillo.
-Pues a mí me parecen historias fantasiosas. – dijo de mal humor - Y no quiero saber nada de eso. ¡A SUS PUESTOS!
En vez de ir con su madre y sus hermanas al pueblo, Misao prefirió ir a caminar y leer cerca de la cascada donde siempre se encontraba con Soujiro. Estaba tan concentrada en su lectura, que no sintió unos pasos que se aproximaban detrás de ella. De repente, Misao abrió los ojos con terror al ver una sombra sobre su libro, y se giró bruscamente.
-¡Uki-chan! – suspiró aliviada.
-Disculpe, no quise asustarla, Misao-sama. – dijo la joven fríamente.
-¿Qué haces aquí?
La joven la miró sin expresión en el rostro.
-En nombre de la amistad que nos unió de niñas, debo alertarla sobre los peligros del Palacio Juppongatana. – le dijo secamente.
-¿Qué peligros? – se alertó Misao.
-No estoy segura de lo que sucede exactamente en el palacio, pero sé que algo raro sucede.
-¿Entonces no es sólo mi imaginación? -preguntó la joven Kamiya, entre el alivio y el temor.
-En su caso, la imaginación lleva a dar cuenta de que el peligro es real. – le advirtió Uki dando media vuelta para irse - Cuídese.
Poco después del almuerzo y estando la familia tomando un poco de té, se escucharon golpes en la puerta de la casa de los Kamiya. Kaoru fue a ver quién era y arrugó la nariz al ver al visitante.
-¿Shura-san? ¿Qué está haciendo aquí?
Mágicamente, Sakura Kamiya apareció detrás de la hija.
-¡Shura-san! – chilló - ¡Entre, por favor! ¡Esta casa es suya!
Shura ingresó al hogar vecino con mucha solemnidad.
-Muchas gracias. – dijo dándose importancia - Es con inmenso placer que vengo a invitar a la familia Kamiya para cenar esta noche en la mansión de Ikumatsu Kiyosato, la Reina de Arroz.
Sakura y Chizuru saltaban y gritaban de alegría mientras los demás miembros se miraban sorprendidos y complacidos.
-Según tengo entendido, Akira-san quiere presentar a Tomoe a su madre, ¿por qué invitar a la familia entera? – intervino Kaoru, desconfiando de la mujer.
-¡Qué falta de educación es ésa, mocosa! – le espetó su madre.
Shura le dirigió una mirada de desprecio a Kaoru y prosiguió con su invitación.
-Aunque la cena es en honor a nuestra querida Tomoe-san, Ikumatsu quiere conocer a todos ustedes. – dijo con picardía - A fin de cuentas, hay posibilidades de que todos sean parte de la misma familia en el futuro.
-¿Y quién más estará en esa cena? – preguntó Kaoru, sin hacer caso a la mirada de advertencia de Sakura.
-Ustedes, Ikumatsu, Himura-san, Akira-kun, yo… ¿por qué? ¿Alguna de esas presencias la hace sentir incómoda? – quiso saber Shura con una media sonrisa.
-No… - respondió Kaoru, ruborizada.
-Ahora con permiso, que tengo que cuidar de los preparativos. – y con una inclinación, Shura Myoujin se despidió de la familia Kamiya.
Creo que Ken-san y la campesina están peleados. ¡Eso es muy bueno para mí!, pensaba ella.
Ya había traspasado la puerta de madera hacia su carruaje, cuando Chizuru la alcanzó.
-¡Shura-san! – la llamó - ¿Enishi-kun puede ir con nosotros?
-¿Quién? – preguntó Shura de manera brusca. Ah, el tipo del pelo blanco en el baile…
-Enishi Yukishiro, el poeta del pueblo. – contestó Chizuru orgullosa.
El enemigo de Ken-san…
-Claro, querida. – le dijo con una gran sonrisa - Entre más gente, mejor.
En la Mansión Shishio, Soujiro se preparaba para ir a un pueblo cercano a atender a los habitantes, cosa que hacía dos veces a la semana. Ya estaba saliendo cuando Uki lo llamó.
-Soujiro-sama, si me permite quiero hablar con usted. – le dijo con la cabeza gacha - Espero que no me crea impertinente.
-A pesar de que hablas de ese modo formal, nos conocemos desde hace mucho tiempo. – observó Soujiro con amabilidad - Habla, Uki-san.
-No quiero que piense que me estoy entrometiendo, pero usted sabe que conozco a Misao-sama desde que éramos niñas. – explicó la joven Sagara - Y ella siempre tuvo una mente muy imaginativa, muy fantasiosa.
-Sí, Misao tiene una inteligencia muy creativa. – concordó el médico con cara de bobo - Fue una de las cosas que me enamoró de ella.
Fue allí que Uki levantó la vista y lo miró a los ojos.
-Como toda niña, Misao-sama inventaba todo tipo de historias. El problema era cuando esas historias se tornaban reales para ella. – prosiguió ella - Y muchas veces no sabía cuál era el límite entre lo real y lo que era fruto de la imaginación. Y como fiel sirvienta de su familia, creí oportuno alertarlo sobre eso.
El rostro de Soujiro se ensombreció por la advertencia. Se inclinó para despedirse de Uki y para poder pensar en el camino sobre eso.
-Agradezco tu preocupación, Uki-san. – le dijo.
Más tarde, en la habitación de Enishi Yukishiro, en la posada en la que se hospedaba, el joven poeta terminaba de recitar unos poemas a una impresionada Tokio, que no pudo hacer más que aplaudirlo. El muchacho la abrazó.
-Es que tú me inspiras. – le decía dándole besos cortos - Tu perseverancia, tu espíritu libre, tu independencia…
En ese momento, golpearon la puerta y escucharon un chillido conocido que los horrorizó.
-¡Enishi-kun! ¡Soy yo, Chizuru-chan!
Enishi y Tokio se incorporaron de un salto.
-¡Un minuto, Chizuru! – exclamó Enishi mientras trataba de esconder a una asustada Tokio para que la menor de las Kamiya no descubriera el romance.
Después de asegurarse de que Tokio estuviera bien escondida en el armario del fondo, Enishi fue a recibir a Chizuru, quien para fortuna de ambos, no pasó del shoji, por lo cual Tokio no pudo escuchar claramente la conversación. Pero no le importaba, porque lo que más le dolía era el hecho de tener a su propia hermana engañada respecto a Enishi.
-¡Vengo a hacerte una invitación! – le anunció una animada Chizuru a Enishi - ¡Ikumatsu Kiyosato dará una cena en homenaje a Tomoe-chan esta noche! ¡E invitó a la familia entera! ¡Y quería invitarte para que fueras mi pareja!
Tokio escuchaba murmullos, se preguntaba de qué estarían hablando.
-Ojalá no vuelva a suceder lo que pasó entre tú y Himura-san. – agregó Chizuru.
-¿Kenshin estará presente? En ese caso, prometo comportarme y no dar motivos para mal. - prometió Enishi - ¿Por qué no vas a tu casa y escoges un lindo kimono para estar deslumbrante esta noche?
-¡Ay, Enishi-kun! – exclamó la chica con estrellas en los ojos - ¡Siempre pensando en tu Chizuru-chan!
Una vez que Chizuru se fue, Enishi corrió para sacar a Tokio de su escondite. Ella salió llorando del armario.
-¡Tokio! – se alarmó el poeta - ¿Estás bien?
-No, ya no quiero engañar a mi hermana. – sollozó Tokio, pero con un dejo de convicción - Enishi, hoy le contamos todo o terminaremos.
Enishi suspiró.
-Sí, lo haremos. – dijo mientras la abrazaba.
Después de entrenar y antes de ir a su casa a prepararse para la cena en la mansión de los Kiyosato, Kaoru se sentó junto a su caballo. Necesitaba pensar seriamente sobre lo sucedido para poder decidir qué hacer de ahora en más.
Las palabras de Megumi resonaban en su cabeza.
Flashback
-Pero voy a darte un último consejo, Kaoru: la conversación que tuve con Kenshin me dejó algo muy claro, él te ama. Y si dejas pasar eso cometerás el peor error de tu vida.
Fin flashback
Y eso era algo que él había demostrado no sólo con su cambio de actitud; sino también en el momento en que discutieron, pudo ver el semblante de desesperación del pelirrojo, hasta temió que hiciera alguna locura. Jamás lo había visto así, a él, tan reservado y controlado de sí mismo. Jamás había visto así a otras personas, que se decían enamoradas, comportarse realmente como si una ruptura fuera el fin del mundo, como le pasó al ingeniero. Tenía que admitir que se apenó por Kenshin, aún estado furiosa con él. Pero también tenía que admitir que el apego que él sentía por ella rayaba lo insano. Como si ella fuera la única persona en brindarle cariño en su vida y sintiera la necesidad de aferrarse a ella a como dé lugar. Para prueba, el hecho de que le mintiera de esa forma.
Pero por otro lado, ahora que pensaba en frío, estaba el tema del estatus social. Odiaba tener que hacerlo, pero por un minuto se puso en los zapatos de Kenshin y Megumi, y se dio cuenta de que ella también se manejaría con cautela en cuanto a relaciones humanas. Sin ir lejos, siempre fue testigo de cómo muchas jóvenes buscaron la amistad de Megumi sólo por ser nieta del Barón Gensai e hija del patriota Kogoro Katsura, sin sentir nada sincero hacia ella y sólo para ganar más notoriedad a su lado. Supuso que Kenshin, por ser hijo de un marqués y ser hombre, la tenía más difícil: siempre considerado un buen partido por su dinero y posesiones y no por lo que él como persona pudiera ofrecer, lo cual seguramente lo había llevado a ser desconfiado. Se imaginó que también tuvo que sortear y evitar a personas lambisconas y con segundas intenciones, personas como…Shura.
No sabía por qué, pero no podía dejar de evocar a esa mujer al pensar en ese tipo de gente interesada. Le parecía que su relación con Ikumatsu Kiyosato era algo por el estilo, pero por alguna razón nadie se daba cuenta o no la veían como una amenaza. O era muy buena engañando.
Aun así, después de pensarlo mucho, decidió darle la oportunidad a Kenshin de conversar y defenderse con más calma en todo este asunto. Y estaba decidida a que hablaran esa noche en algún momento de la velada. Sin embargo, eso no sería garantía de nada, sopesaría muy bien las cosas antes de tomar una decisión final sobre su relación. Lo mismo iba para Megumi.
Se levantó y montó su caballo, de regreso a casa.
Y llegó la noche, y con ella, la ansiedad y el nerviosismo de Akira. Era el momento decisivo para él: su madre y su amor se conocerían, y confiaba en que la delicadeza de Tomoe conquistara el corazón de Ikumatsu. Kenshin permanecía a su lado.
-Agradezco mucho tu presencia, amigo. – le dijo Akira sinceramente.
-Espero que tú y Tomoe-dono sean felices. – le deseo Kenshin.
Cuando al fin tocaron a la puerta y los anfitriones se dispusieron a recibir a la invitada, se llevaron tremenda sorpresa al ver a toda la familia Kamiya a pleno. La única que no parecía sorprendida era Shura.
-No me dijiste que invitarías a toda esa gente, Akira. – le susurró Ikumatsu a su hijo.
-Sólo invité a Tomoe, Okaa-sama. – le contestó el, algo nervioso. Luego le susurró a Kaede - Kaede, por favor, prepara más lugares en la mesa. Necesitamos ser educados. – y con su acostumbrado buen humor, bramó a los invitados - ¡Sean bienvenidos! ¡Me alegro de que estén aquí! Me gustaría presentarles a mi madre: Ikumatsu Kiyosato.
Ikumatsu Kiyosato hizo una elegante reverencia.
-¡Por Kami! – gritó Sakura Kamiya - ¡Qué honra! ¡Niñas, es la Reina del Arroz! – y se inclinó de manera exagerada ante la mujer. Sólo Chizuru siguió su ejemplo.
Ikumatsu tenía los ojos muy abiertos al ver semejantes vecinas.
-Bienvenidos, queridos vecinos. – dijo con toda la educación del mundo - Me imagino que tú eres la famosa Tomoe. – se dirigió a la aludida, quien supuso que era la dueña del corazón de su hijo, por ser la más bella y apocada de todas las hermanas.
Tomoe se inclinó delicadamente ante ella.
-Es un placer para mí conocer a la madre de Akira-san. – dijo con humildad.
-Realmente eres bonita. – observó la Reina del Arroz - Bueno, siéntanse como en su casa.
Y los Kamiya fueron en tropel hacia la sala. Kenshin se acercó a Kaoru con cautela.
-No creí que vinieras. – le dijo con una sonrisa.
-¿Y te decepciona eso? – le preguntó la otra molesta.
-No, al contrario. – contestó él - Me da esperanzas de que lo hayas pensado mejor.
Al ver que Shura se aproximaba para llevarse a Kenshin, Kaoru le dijo:
-Creo que una conversación entre los dos va a tener que esperar.
Sentados en el sofá, empezaba el coloquio entre los padres de los enamorados.
-¿Por qué una joven tan linda como Tomoe-san estuvo soltera tanto tiempo? – quiso saber Ikumatsu.
-Tomoe es muy romántica, Ikumatsu-san. – explicó Koshijiro amablemente - Nunca se encantó lo suficiente por alguien.
Ikumatsu asintió con respeto. Le parecía un hombre honorable.
-¡Hasta que apareció Akira-san! – chilló Sakura a su lado - Es que mi hija mayor es una preciosidad, ¡no es para cualquiera!
-Mamá, suena como si estuvieras vendiendo a Tomoe. – intervino Kaoru.
-¡Ni que fuera carne, Kaoru-chan! – la regañó su madre - ¡Si la señora hubiese tenido cinco hijas me entendería! ¡Porque no cualquiera tiene la suerte de quedarse viuda de un hombre rico, como usted!
Y se hizo el silencio y todos se dieron vuelta para mirarla con temor.
-¡Sakura! – exclamó su marido.
-¡No lo tomes a mal, anata! – le dijo ella con cariño - ¡Quiero que vivas más de cien años!
Ikumatsu se mantuvo calma, para alivio de Akira y Kenshin.
-¿Qué insinúa, Sakura-san? – preguntó con frialdad.
-¡Lo que todo el mundo dice! ¿O acaso estoy equivocada?
-En efecto, él me dejó sus negocios. – respondió ella con altivez - Negocios que yo me encargué de expandir.
-¡Atención, la mesa está servida! – anunció Shura, quien era la única que se divertía con todo ese despliegue de confusión.
Se sentaron en una enorme mesa, decorada con flores, con fina vajilla y cubiertos de plata. Todos los invitados estaban impresionados, pues eran prácticas occidentales que no eran muy frecuentes en esos lugares aún. Shura se relamía pensando en el momento en que tuvieran que manipular esos elementos. En ese momento, un sirviente anunciaba la llegada de Enishi Yukishiro.
-¡Muy buenas noches y muy buen provecho! – exclamó él de buen humor.
Todos miraron a Kenshin, nerviosos.
-¿Qué estás haciendo aquí? -preguntó el pelirrojo con voz mortal. Akira, a su lado, se preparaba para sujetarlo por si se decidía a lanzarse sobre el peliblanco.
-Soy un invitado, Kenshin.
-¡Yo invité a Enishi-kun! – dijo Chizuru - ¡Así que compórtese, Himura-san!
-¿Me perdí de algo? – le susurró Ikumatsu a Shura con extrañeza.
-Himura-san y Yukishiro-san no están en buenos términos. – le explicó su amiga - No sé qué se le pasó por la cabeza a esa muchacha cuando lo invitó.
En el extremo de la mesa, los susurros eran otros.
-Por favor, Kenshin, no te vayas. – le pidió Akira.
-Sólo me quedo por ti y Tomoe-dono. – susurró Kenshin con enojo.
Y frente a ellos, también cuchicheaban.
-¿Qué haces aquí? – le preguntó Tokio a Enishi.
-No conseguí estar ni un segundo lejos de ti. – le contestó él con una sonrisa.
A continuación, llegaron los empleados con los platos del menú, que consistía en carne de res presentada de manera elegante. Parecía una escultura a los ojos de los Kamiya.
-¡Ay, qué cosa más linda y delicada! – chilló Sakura - ¿Realmente es comida?
Después de un rato en que los invitados peleaban con su comida con esos cubiertos tan extraños, para diversión de Shura y pena de Kenshin y Akira, Tokio pidió permiso para ir al lavabo y se levantó. Enishi, al notar que la chica no estaba muy contenta con su presencia, se excusó para tomar un poco de aire.
Shura llamó a Kaede.
-La joven se levantó y el poeta fue detrás de ella. – murmuró - Ve a ver qué se traen.
Tokio salió al patio sollozando, dividida entre la culpa y el disgusto. Enishi salió detrás de ella para calmarla.
-Amor mío, no te enojes. – le pidió - Pensé que sería divertido aparecer y dar la sorpresa.
-¿No entiendes que me siento mal al engañar a mi hermana? – masculló Tokio con lágrimas en el rostro.
-Claro, si eres una persona buena. – dijo Enishi tomándola de las manos.
-Las cosas no pueden seguir de esta manera. – sentenció ella - Una cosa es una aventura que uno esconde, y otra muy diferente es el engaño a otros. ¡Creo que mejor terminamos!
Enishi no quería ni escuchar eso.
-¡Pero Tokio, estoy enamorado de ti! – exclamó - ¡No destruyas mi corazón!
-¡¿Y cómo crees que está el mío?!
Se secó las lágrimas y volvió al comedor, instantes después el poeta la siguió. Y por último Kaede salió de su escondite para hacer el reporte.
-Los dos están de romance, pero parece que la menor también gusta de él y se lo esconden. – le informó a Shura, a quien se le estaba ocurriendo una gran idea para coronar la noche.
Megumi saltó de su carruaje para irrumpir como loca en casa del Coronel Hajime Saito.
-¡Coronel! – lo llamaba.
Un sorprendido Saito la recibió.
-¡Megumi-san! – se preocupó - ¿Está bien?
-Disculpe por venir a esta hora y sin avisar. – se excusó la joven después de que el hombre la hiciera pasar - Pero necesito saber si Aoshi-san siente algo por mí. ¿Él me ama? – preguntó sin rodeos.
Había estado todo el día pensando en esa posibilidad, luego de analizar las duras palabras de Kaoru y reflexionar sobre las verdaderas razones de la partida de Aoshi Shinomori.
A Saito la pregunta lo tomó desprevenido. Hizo lo que pudo para salvar la situación.
-¿Pero qué pregunta es esa, Megumi-san? Aoshi siente un gran aprecio…
-No estoy hablando de ese tipo de aprecio. – lo interrumpió Megumi - Lo que quiero saber es si él nutre sentimientos más…profundos por mí.
-Bueno, Aoshi se fue porque tiene sus negocios en Kioto. – Saito trataba de encauzar la conversación para otro lado.
-Pero aquí también. – repuso ella - Y siento que su partida tuvo que ver conmigo.
Fue allí que Saito entrecerró los ojos mientras estudiaba la expresión de la joven.
-¿Y para qué quiere saber? – preguntó - ¿Cambiaría algo para Aoshi?
-Si no fuese importante, no estaría aquí.
-Seré sincero si usted promete ser sincera conmigo, ya que lo que me pide es entrometerme en la vida de un amigo querido. – decidió a revelar Saito, rogando que Aoshi lo perdonara - Pues bien, Aoshi la ama, Megumi-san.
Megumi quedó sin habla, como si la voz le fuera arrebatada y alguien le hubiera dado un golpe en la cabeza, pues sentía su mente embotada. Cuando al fin pudo hablar, sólo atinó a balbucear.
-¿Me ama…? ¿Yo…? ¿Cómo nunca me di cuenta de eso?
-¿Y usted? ¿Ama a Aoshi? – quiso saber Saito, expectante.
-¿Yo? – se apresuró a decir ella, nerviosa - ¿Qué importa si amo a Aoshi-san o no?
-¡Importa totalmente! – exclamó Saito, indignado. A veces esa chica lo sacaba de quicio - ¿O sólo preguntó por vanidad? ¿Por la satisfacción de saber que un hombre como Aoshi la ama?
Megumi se ofendió.
-¿Quién se piensa que soy, Coronel? – inquirió - Yo tengo una misión en esta vida, que es cuidar de mi padre y mi abuelo hasta sus muertes. Fue lo que le prometí a mi madre en su lecho de muerte.
-Lamento escuchar eso, Megumi-san. – se disculpó el coronel, más calmado.
-Debo pedirle que nuestra conversación no sea transmitida a Aoshi-san. – le pidió Megumi antes de irse, a lo que Saito se mostró de acuerdo. No sabía qué pretendía la joven en querer saber eso, pero él estaba dispuesto a proteger la integridad y el buen nombre de su amigo.
Llegado el momento del postre, Tomoe se dirigió tímidamente a la dueña de casa.
-Ikumatsu-san, me gustaría agradecerle la gentileza de invitarnos a cenar. – le dijo con mucho respeto.
-Concuerdo con usted, Tomoe-dono. – la apoyó Kenshin.
-Estoy seguro de que mi madre está muy complacida por…
-Akira, estoy presente. – lo interrumpió su madre - Puedo hablar por mí misma.
-Entonces, por favor, déjenos saber sus impresiones. – intervino Kaoru, quien ya se estaba cansando de las impertinencias de todo el mundo en esa casa.
-¡Kaoru-chan, no le hables así a la Reina del Arroz! – le reprendió su madre.
Mientras se daba esta conversación, Shura empezó a dar marcha a su plan. Enishi estaba sentado entre ella y Tokio, lo cual era una posición ideal para ella. Y así lo hizo: con uno de sus pies, Shura empezó a acariciar la pierna de Enishi del lado en el que estaba Tokio, así el poeta pensaría que era la joven. Enishi percibió el toque con sorpresa, y creyendo que Tokio lo había perdonado, se dispuso a hacerle lo mismo. Tokio a su vez, se alarmó al sentir los pies de Enishi jugueteando con los suyos, pero se dejó, pensando que era tiempo de perdonarlo y de jugar un rato.
Después de asegurarse de que los dos siguieran con esa danza de toques que ella había iniciado, Shura se concentró en Chizuru. Por medio de gestos, llamó su atención, y con una mueca significativa, le indicó que mirara bajo la mesa. Chizuru así lo hizo, y grande fue su sorpresa y su furia al ver lo que veía.
-¡TOKIO-CHAN! ¡ENISHI-KUN! ¡LO SABÍA! – bramó a ambos enamorados, asustando a todo el mundo presente.
El pandemonio que le siguió fue de proporciones épicas. Chizuru pataleando y llorando como una niña pequeña, presa de un ataque de rabieta y celos. Corrió junto a su madre, luego junto a Ikumatsu, abrazándolas en busca de apoyo y consuelo, y ante la mirada azorada de todos. De repente, dejando de lado su angustia y dando paso a la ira, Chizuru se abalanzó hacia su hermana gritándole que era una traidora, y ambas chicas empezaron a dar vuelta sobre la mesa tirándose de los pelos y desparramando por todos lados los postres y los utensilios. Los hombres trataron de acercarse para separarlas pero simplemente ellas no permitían que lo hicieran. En un momento Tokio logró zafarse de su hermana y corrió hacia Ikumatsu, por lo que Chizuru agarró un pastel y se dispuso a arrojárselo.
Lástima que el pastel fue a dar de lleno en la cara de Ikumatsu Kiyosato.
Al escándalo reinante, siguió el más absoluto silencio. Todas las miradas, aterradas, hacia la dueña de casa, quien lentamente trataba de sacarse todo el merengue del rostro.
-Creo que podemos dar la velada por finalizada. – dijo fríamente - Ahora todo quedó más claro. – y se retiró. Desesperado, Akira fue tras ella.
Llegando a las habitaciones, la llamó.
-¡Okaa-sama!
Todavía con el rostro cubierto de pastel, su madre se dio la vuelta para encararlo.
-¡Prepara tu equipaje, que mañana te vas a Kioto! – le ordenó.
-¡Nos vamos ahora! – exclamó Koshijiro en el comedor, indignado con sus hijas. Tomoe, llorando, salió corriendo con Kaoru detrás de ella.
-¡Estropearon el día de Tomoe-chan! – gritaba Koshijiro - ¡Son un par de descocadas!
-Chizuru-chan… - empezó Tokio. Lamentaba profundamente que las cosas se dieran así.
-¡Tienes prohibido hablar conmigo! – le gritó su hermana mientras se iban.
Kenshin, en cambio, observaba a Enishi desde su puesto con el más puro odio posible.
-Me sorprende la facilidad con la que consigues destruir la vida de quien tiene la infelicidad de cruzarse en tu camino. – le dijo con voz ronca.
-Con permiso. – dijo Enishi por toda respuesta y se marchó. El pelirrojo subió a su habitación, visiblemente enfurecido.
Quien festejaba la serie de eventos accidentados en la velada era Shura, quien no podía estar más feliz de ver el fruto de su esfuerzo.
-¡Esta cena tuvo un éxito mayor al esperado! – le dijo extasiada a Kaede.
A la mañana siguiente, Ikumatsu no podía creer la revelación de Shura en el desayuno. Estaban ellas solas: Akira y Kenshin se habían negado a bajar.
-¿Quieres decir que invitaste a la familia entera a propósito? – se sorprendió - ¿Qué locura es esa, Shura?
Shura suspiró largamente.
-Amiga mía, necesitaba dejar en claro que Tomoe-san y su familia son una banda de inadaptados. – le explicó como si fuera lo más obvio del mundo.
Y sucedió algo que Shura no se esperó, Ikumatsu le sonrió con gratitud.
-Me sorprendes positivamente. – le dijo - Tu estrategia fue perfecta y me hizo tomar una decisión: te quedarás aquí en Hagi, para seguir con las negociaciones de los Katsura. Yo volveré a Kioto con Akira.
Minutos después, los sirvientes llevaban los equipajes de sus patrones para el carruaje que se disponía a llevar a los Kiyosato a Hiroshima, para tomar un barco a Osaka y de allí rumbo a Kioto.
Ikumatsu se encaminaba tranquilamente hacia el carruaje, mientras Akira, sumido en la tristeza, no sabía ni donde estaba. Kenshin lo tranquilizó y prometió hacer de nexo entre él y Tomoe, lo cual animó un poco al joven.
Ni siquiera tuvo tiempo de despedirse de su amada.
Y así, el carruaje se puso en marcha y madre e hijo se perdieron en la lejanía. De mal humor, Kenshin se fue a la obra.
A Shura la felicidad no le cabía en el cuerpo: había recuperado la confianza de Ikumatsu y con eso se había largado a Kioto para no molestarla, había logrado separar a Akira y a Tomoe y por fin, y más importante, ella se quedaba sola con Kenshin en la mansión.
Kenshin llegó a la obra con un humor de miedo. Pero se obligó a dejar de lado sus preocupaciones, más tarde iría a casa de la familia Kamiya a interesarse por ellos y a hablar con Kaoru. En ese momento, tenían previsto hacer tareas de explosiones al pie de una pequeña montaña para poder abrir un túnel. Era importante y necesitaba estar concentrado y dedicado a eso.
Kaoru se había levantado temprano. Le había costado dormir y veló por el sueño de una desesperada Tomoe, por lo que pasó muy mala noche. Sabiendo que a esa hora Kenshin estaría en la ferrovía, se preparó y fue a buscarlo para hablar de lo ocurrido y de lo suyo.
En el fondo, sospechaba con temor y vergüenza, que este tipo de comportamientos de gente como ellos fuera el detonante de que personas como Kenshin y compañía tuvieran sus reservas. Su familia era el mejor ejemplo de ello.
Llegó a la obra y luego de preguntar dónde estaba el ingeniero, se dirigió hacia el interior del túnel a medio hacer. Sanosuke, extrañado de verla, dejó su trabajo y la siguió.
-Las rocas en este punto son más densas de lo que imaginamos. – le informó uno de sus empleados a Kenshin - Por eso reforcé la carga de explosivos para abrir camino y encontrar un nuevo punto propicio para seguir con el cauce del túnel.
El pelirrojo dio un par de instrucciones más, tenían todo ya preparado y empezarían con las explosiones de un momento a otro. De repente, como una luz en la oscuridad el lugar, vio a Kaoru aproximarse a él.
-Kenshin. – dijo ella.
La alegría de verla no evitó que se contrariara por haber venido hasta ese lugar tan inhóspito.
-¡Kaoru-dono! – exclamó - ¿Qué haces aquí? ¡Puede ser peligroso!
-No pudimos conversar anoche y quedé ansiosa. – se excusó ella.
-Bueno, aquí nadie nos va a interrumpir. – dijo él con una sonrisa. Moría por abrazarla, pero no la quería presionar.
-Vine para decir que, después de pensarlo mucho, te perdono, de verdad. Pensé en lo que me dijiste y lo que Megumi me contó y entendí que ustedes los ricos tienen ciertas expectativas. Y finalmente lo entendí. – agregó - Después del desastre de anoche me quedó claro que somos de mundos totalmente diferentes.
-¿Entonces llegaste a la misma conclusión que yo? – quiso saber Kenshin, aliviado.
Kaoru hizo un puchero que no le gustó nada al pelirrojo. Ella esperaba que le dijera otra cosa.
-¿Entonces quedamos así? – le reclamó - ¡Mou! ¡Pensé que me dirías que tenemos que luchar por lo nuestro a como dé lugar o algo así!
-¡Kaoru-dono, yo te amo…! – se empezó a desesperar Kenshin, temeroso de que se fuera y no quisiera verlo nunca más.
-Pero tu orgullo es mayor que tu amor. ¿No es así? – dijo Kaoru con dolor.
Y escucharon una voz enojada que les hizo dar un respingo.
-¿Cómo se atreve a hablarle de esa manera? – era Sanosuke Sagara.
Kenshin lo miró con sus ojos dorados largando chispas.
-¡Sanosuke no se meta, que esto no tiene nada que ver con usted! – le advirtió.
-¡Pero le está faltando el respeto a Jo-chan a causa de su familia! – repuso Sano.
-¡No se apresure a sacar conclusiones equivocadas!
-¿Me está llamando burro?
-¡Si no acepta eso, por lo menos acepte una orden de su patrón y salga de aquí!
-¡Pues usted ya no es mi patrón! – gritó el joven - ¡Renuncio!
Y dicho esto, le estampó un puñetazo a Kenshin en la cara, tirándolo al suelo. El pelirrojo no tardó en incorporarse y lanzarse hacia él, con lo cual ambos quedaron enzarzados en una pelea a puño limpio y cuerpo a cuerpo. Kaoru estaba desesperada; no sabía qué hacer para separarlos, y lamentó que no hubiera nadie para ayudarla. No importaba qué tanto les gritara, ninguno la escuchaba. Lloraba y gritaba sumida en la angustia y el miedo, pues los dos hombres eran fuertes y fácilmente podrían matarse. Parecían un par de animales peleando a muerte.
En un momento, que parecía llevarse a cabo en cámara lenta, Sanosuke empujó a Kenshin hacia atrás, donde estaban los detonantes de las bombas, haciendo que éste con su cuerpo las activara.
-¡NO! – gritó Kaoru de manera desgarradora.
A lo lejos, se empezaron a escuchar explosiones que se iban acercando gradualmente, hasta que los tres quedaron atrapados entre el humo y los escombros.
No había salida. Estaban atrapados.
