* Disclaimer: Los personajes de Dororo (2019) pertenecen a Osamu Tezuka, Tezuka Productions y Studio Mappa. Yo los utilizo solo para realizar mi fanfic.
Capítulo 18
Lo que hemos construido
— Papá, mamá… Muchas gracias por las bendiciones de hoy.
Murmuró Dororo con una pequeña y nostálgica sonrisa. Juntó sus manos y comenzó a orar frente a la estatua de la Diosa de la Misericordia.
Sus ojos recorrieron cada uno de los inciensos que había colocado a los pies de esta solemne figura, un incienso por cada persona que lamentablemente no seguían más con ellos. Sus adorados padres, el padre adoptivo de Hyakkimaru, así como los padres biológicos de este, si, sin importar todas las crueldades que su padre biológico le hizo pasar desde que nació debido a su enorme ambición, Dororo creía firmemente que sin importar los errores de ese hombre él merecía su perdón y recordarlo en sus oraciones.
Justo a un lado de ellos estaban los inciensos correspondientes a Mio y los niños huérfanos, también los de Hyogo y Mutsu, los fieles sirvientes y amigos de Tahomaru, así como el último añadido: el anciano Biwamaru.
Dororo no pudo evitar derramar unas silenciosas lágrimas al recordar a su amigo monje, el cual falleció apenas un año después del nacimiento de Yusuke. Biwamaru solía visitarlos en ocasiones, siempre y cuando su anciano cuerpo se lo permitiera. Justo en una de esas visitas, el anciano falleció en la posada de su aldea.
Su muerte fue natural, supusieron murió a causa de su tan avanzada edad. El sabio hombre murió dormido, recostado encima del futón de la habitación, el viejo monje simplemente ya no despertó al día siguiente.
Por supuesto su muerte fue dolorosa, a pesar de esto, Dororo no pudo evitar sentirse bendecida de que tuvo una muerte tan tranquila y pacífica, que dentro de todo Biwamaru no muriera alejado de todos en soledad. En tales épocas de guerras y desgracias sin duda era una bendición perder la vida por motivos naturales y no asesinado, por el hambre o alguna enfermedad incurable.
— "Gracias por todo Monje, siga descansando en paz e interceda por nosotros". Le habló Dororo en su mente con un inmenso cariño, recordando todas las veces en que los ayudó no sólo en su viaje, sino también con diversos asuntos de su aldea. Sin duda agradecía infinitamente haber cruzado sus caminos con él.
Siguió orando en silencio con sus ojos fuertemente cerrados por un instante más, antes de regresar a hablarles a sus amados padres:
— "Hoy es solo el inicio de días más especiales y alegres a futuro. Por favor, papá, mamá, bendigan a su nieta… Por favor, ayuden a mi Kaede en este nuevo camino que está por iniciar".
Abrió sus ojos y la sonrisa se ensanchó en su rostro. Una sola lágrima silenciosa volvió a cruzar por una de sus redondas mejillas antes de secarla con prisa, dar dos palmadas para dar por terminadas sus oraciones y levantarse con cuidado del piso del templo.
— Consuegra, aquí estás, por fin te encontré.
Escuchó una alegre voz a sus espaldas, Dororo reconoció de inmediato esa voz siempre tan jovial y alegre. Se dio la vuelta para encontrarse con Okowa, la cual observaba con atención a la mujer de ojos chocolate desde la entrada del templo.
— Hola, Okowa… Son puntuales como siempre —Le habló Dororo acercándose a ella—¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar con Satoru?
— ¿¡Qué!? ¡Claro que no!
Dororo forzó una sonrisa nerviosa ante el fuerte grito de su amiga. Si el sacerdote hubiera estado en el templo, estaba segura que ya las hubiera echado por escandalosas. Fue por esta razón que se apresuró en sacarla del templo para que no armara un alboroto, la mujer de cabello azul oscuro nunca podía modular su voz adecuadamente.
Ella continuó con su alto parloteo, mientras Dororo la tomaba de los hombros y la hacía caminar con ella:
— Entiendo que Satoru se sienta algo nervioso, pero yo no tengo nada que hacer ahí en estos momentos, si estuviera a su lado solo estorbaría.
— En esto tienes mucha razón. —Aprobó la antigua ladrona con un tono burlón.
— Yo vine solo para darle apoyo moral a mi hijo, y porque deseo felicitar a mi futura hermosa nuera. —Se explicó Okowa con ojos soñadores—. Pero lo mejor es esperar un momento antes de volver a tu casa para no interrumpirlos.
— Me pregunto si será prudente dejar a Hyakkimaru solo con esto. —Reflexionó Dororo no muy convencida.
— ¡Estoy segura que todo saldrá bien! Después de todo… ¿Quién no querría tener a mi Satoru como yerno?
— "El problema es que Hyakkimaru es demasiado protector con su familia".
Se guardó este pensamiento Dororo, tratando de mantener la calma y hacerles caso a los siempre ánimos despreocupados de Okowa. No pudo evitar preocuparse, aun así, sabía que su esposo entendería que, si esos eran los deseos de su hija, entonces tendría que aceptarlos.
Decidió concentrarse en la amena plática con Okowa mientras llegaban a una de las mesas de la casa de té y se sentaban.
De un momento a otro, Dororo observó extrañada que Okowa se quedó callada de pronto. Ella mantuvo la vista fija al cielo, y la tomó en completo por sorpresa cuando le habló con una voz mezcla de alegría y nostalgia:
— Dororo-chan, cuando comenzamos a visitarlos hace años atrás y nuestro Satoru y su Kaede jugaban al ser unos niños ¿creíste que esto pasaría? ¿llegaste a imaginar que nuestros hijos se enamorarían y querrían casarse?
Satoru se sintió sudar frío y tragó saliva nerviosamente. Su adorada Kaede siempre era tan valiente y determinada, en ese momento tan importante en sus vidas le correspondía a él ser igual o incluso más valiente. Pero no era nada sencillo si se tomaba en cuenta lo singular que era el padre de la mujer de su vida.
Adoraba a la familia de Kaede. Siempre eran tan amorosos entre ellos, y todas las veces en que él los visitaba junto con su familia fueron amables y los hicieron sentir más que bienvenidos.
Solo era que toda esa maravillosa familia también era tan admirable y sorprendente. En contra de toda tradición, la aguerrida madre de Kaede era más la líder de la familia que su propio padre. La Señora Dororo era una mujer de un carácter tan fuerte que languidecía el valor de cualquier hombre. Ella tenía ya muchos años liderando la aldea donde vivían, y todos aseguraban que la seguridad y prosperidad que gozaban se debía gracias a ella, por donde se viera era una mujer maravillosa.
El hermano menor de Kaede, Yusuke, era una especie de médico mercenario. Si, sonaba como una extraña combinación, pero así lo era. Yusuke iba a convertirse en el líder de esa aldea en algún momento, y se preparaba exhaustivamente para eso, pero de vez en cuando gustaba de irse de viaje por días, semanas, o incluso meses para ayudar a cuantas personas necesitadas encontraba en el camino. Ya fuera curándolas, haciendo prótesis o derrotando espantosos monstruos por ellos, Yusuke era un valiente joven justiciero que amaba ayudar a los desprotegidos.
Y por último su singular padre. Un médico prostético más que respetado en toda la región de Kaga, conocido por sus amplios conocimientos en su oficio y su noble corazón al atender a los pobres sin cobrarles ni una sola moneda. Además de esto, también era un hábil espadachín, la razón de que Kaede y Yusuke fueran unos guerreros tan temidos por muchos grupos de bandidos era debido a las lecciones que su padre les dio.
El padre de esa familia sin duda era un hombre noble y de buen corazón, a pesar de esto, no dejaba de ser intimidante debido a su rostro estoico, y que muchos decían que su semblante se transformaba cuando acababa con monstruos o demonios. El mismo Satoru lo vivió en algunas ocasiones.
Esto lo intimidaba enormemente, quien no era más que un amable hombre cuyo oficio era la herrería y alfarería, conocimientos heredados, por cierto, de su abuelo y padre. Siendo sinceros, siempre fue un muchacho de carácter un poco inseguro. Esto fue lo que le ocasionó pedir la mano de su amada Kaede a su taciturno padre entre balbuceos torpes y nerviosos.
Que el imperturbable médico no cambiara su semblante al escucharlo, y que tomara con fuerza su katana entre sus manos al responderle con una voz plana, no ayudaron a disminuir sus nervios y temor:
— Me estás pidiendo la mano de mi hija en matrimonio… Quieres casarte con Kaede.
— A-así es, Hyakkimaru sensei…
Hizo como si fuera posible, una más profunda reverencia, su cara llegó incluso a unos centímetros del tatami en donde estaban sentados. Todo su cuerpo se tensó y pasó saliva con dificultad cuando observó de reojo como el hombre desenfundaba su katana.
— ¿Podrás darle una buena vida a mi preciada hija mayor? —Continuó Hyakkimaru, examinando con sumo interés el filo de su arma—¿Cómo asegurarás que tendrá todo lo que necesita?
— Soy más que reconocido ya en varias aldeas de la región por mis trabajos de herrería y alfarería. Puedo hacer muchas cosas, desde armas y utensilios de cocina, hasta adornos para casas y templos. El dinero y el alimento nunca faltará en casa, de eso puede estar seguro.
Cantó victoria en su mente cuando por fin se las arregló para dejar de tartamudear como un tonto. A pesar de esto, que Hyakkimaru dejara la katana reposando en el suelo a unos cuantos centímetros del angustiado muchacho, y la pregunta que le hizo a continuación no ayudó a mejorar su situación:
— ¿También puedes prometerme que ella estará siempre segura? ¿Vas a protegerla, si es incluso con tu vida?
— Bueno, Hyakkimaru-sensei… Usted sabe muy bien que es más bien Kaede la que en diversas ocasiones me salvó de los peligros a mí. —Se explicó entre risas tímidas—. Con todo respeto, creo que su hija está más que capacitada para defenderse…
— Mi hija es como una hermosa flor exótica, sumamente especial y preciada. —Lo interrumpió Hyakkimaru dedicándole una mirada tan profunda que terminó por paralizarlo—. No me estás dando los movimientos suficientes para otorgarles mi permiso.
— ¡Basta, papá! ¡A veces eres tan sobreprotector!
Se escuchó una enojada voz de pronto. Segundos después la puerta corrediza se abrió con violencia y Kaede entró en la habitación. Sin darle la oportunidad a ninguno de los dos hombres de reaccionar se sentó a un lado de Satoru, el inseguro muchacho sintió a la tranquilidad envolverlo en cuanto percibió como entrelazaba sus dedos con los suyos.
— Kaede… ¿en dónde están tus modales? —Le preguntó su padre con voz severa.
— Los dejé afuera en cuanto escuché como estabas intimidando a Satoru. —Respondió sarcásticamente la muchacha mientras tomaba la katana y la alejaba de ellos—. Quieres asustar a Satoru con tu espada ¿verdad? Pues lo siento mucho, no importa que hagas o digas, yo voy a casarme con él.
Los asombrados ojos del joven iban de esa mujer que tanto adoraba a su padre una y otra vez. No podía creer lo que acababa de suceder. Ese imponente y respetable hombre, el cual lo había hecho casi temblar como un indefenso fideo acababa de perder todo su porte fuerte y seguro para dar paso a un hombre mayor indefenso y arrepentido tras recibir los regaños de su hija.
No era la primera vez que presenciaba esto, aun así, nunca terminaba de acostumbrarse a lo mucho que su esposa e hija podían debilitar a ese hombre tan varonil y fuerte. Solo fue capaz de reaccionar cuando sintió que Kaede se levantaba y pretendía que él hiciera lo mismo.
— Te dije que esto era una pérdida de tiempo, Satoru. Mi padre nunca se atrevería a negarme nada. Vámonos de una vez, antes de que en realidad use su katana.
— No Kaede, no podemos.
— ¿Por qué no?
— Esto es incorrecto. Si pretendemos casarnos, entonces debemos hacer las cosas bien. No me iré de aquí hasta que tu padre me de tu mano en matrimonio.
— Satoru…—Murmuró Kaede intentando ocultar su vergüenza, sin embargo, sus mejillas sonrojadas la delataron.
— Hyakkimaru-sensei, por favor, deme su permiso para casarme con su hija.
Le hizo esa petición una vez más, volviendo a inclinarse respetuosamente. Esta vez ya no hubo un rastro de duda en su voz, y su semblante cambió a uno que denotaba un enorme compromiso. Hyakkimaru lo observó con atención por algunos segundos para después preguntarle a su hija:
— Kaede… ¿fue Satoru quien insistió en venir a pedirme tu mano?
— Así es, papá. —Confesó la joven, bajando su mirada tímidamente—. Le dije que en mi familia realmente no eran tan importante esta clase de formalismos, pero él insistió en pedir tu permiso.
Satoru y Kaede se miraron en silencio por algunos segundos para después dirigir su vista hacia el padre. Hyakkimaru simplemente tomó tranquilamente su katana para enfundarla y colocarla en el cintillo de su hakama, se puso de pie para darles la espalda, y tras soltar un leve suspiro finalmente autorizó:
— Satoru, tienes mi permiso para casarte con mi hija. Espero los dos sean muy felices juntos.
Mientras salía de su casa, el hombre siguió escuchando las voces de su hija y su ahora prometido:
— N-no entiendo… ¿eso fue bueno o malo?
— ¡Fue bueno! ¡Papá acaba de darte su bendición!
— ¿E-en serio? ¡Gracias a todos los kamis! Es solo que su voz fue tan indiferente…
— Papá es un hombre de pocas palabras, ya te acostumbrarás luego a eso… ¡pero él está feliz de nuestro matrimonio, estoy segura!
¿Hyakkimaru se veía tan emocionado como Satoru cuando tomó la decisión de casarse con Dororo? ¿Dororo tenía esa misma mirada amorosa de Kaede mientras pensaba en que su boda estaba cada vez más cerca? Si, estaba seguro que sin duda así había sido.
Al serio hombre solo le bastó observar esa mirada que se dedicaron ambos por unos segundos para darse cuenta del profundo amor que se tenían. Su corazón le dolía al saber que su amada hija empezaría una nueva vida dentro de poco, a pesar de esto, de igual forma una enorme dicha lo inundaba pues estaba más que seguro que Satoru era un buen hombre. Podía confiarle a su hija sin preocupaciones.
— Kaede-chan creció tan rápido. Ahora es una hermosa jovencita la cual ya está comprometida… ¡Mi hermosa nenita va a casarse!
Conforme fue diciendo estas palabras la voz de Dororo se iba alzando, además se escuchaba un tanto extraña y graciosa. La orgullosa madre se lanzó para abrazar a su hija y continuar:
— ¡Kaede-chan, mami está tan orgullosa de ti!
— Ah… gra-gracias mamá…
Le respondió esta con un tanto de dificultad debido al fuerte abrazo que su madre le daba, casi le estaba obstruyendo la respiración. Hyakkimaru, quien estaba en la cocina llegó con ellas y colocó un plato con deliciosa sandía recién cortada en la mesa.
— ¡A-Aniki, nuestra hija va a casarse! —Exclamó Dororo con fuertes sollozos sin dejar de abrazar a Kaede.
— Lo sé. —Respondió este dirigiendo su mirada a la botella de sake en la mesa, estaba casi vacía—. Dororo, otra vez te excediste con el sake.
— Si, mamá está un poco ebria. —Afirmó Kaede entre fuertes carcajadas, regresándole el abrazo.
— ¡No lo estoy! ¡Mamá no está ebria! —Negó Dororo arrastrando las palabras.
— Si lo estás—continuó la hermosa jovencita con tono juguetón—, sabemos que cuando estás ebria siempre le dices a papá "Aniki", que es como le decías cuando se conocieron.
— Suficiente sake por hoy. —Dijo Hyakkimaru con severidad mientras alejaba la botella y le acercaba el plato con sandías—. Dororo, come un poco de sandía para que se te baje el alcohol.
— ¡Mierda, Aniki! ¡N-no eres nada divertido!
— Y mamá también se pone inusualmente malhablada. —Confirmó Kaede sin poder dejar de reír.
— Estoy en casa.
Se escuchó de pronto una suave voz, la cual apenas fue audible debido a los fuertes gritos de borracha de Dororo. Yusuke entró a la sala donde estaban todos reunidos.
— Chichihue, Hahaue, Aneue, he vuelto de mi viaje. —Les dijo el educado joven haciéndoles una leve reverencia.
— ¡Mi amado hombrecito ha llegado a casa! —Dororo se puso de pie y trastabilló un poco cuando se dirigió a él. Segundos después, el tranquilo joven ya estaba siendo envuelto también por el fuerte abrazo de mamá oso de Dororo—Yu-chan, llegaste tarde a la cena de celebración por el compromiso de tu hermana, ya todos se fueron.
— Lo siento mucho, me entretuve en el camino pues unos ancianos estaban siendo atacados por unos cuantos monstruos antes de dirigirme a casa, de ninguna manera podía abandonarlos.
— Mi Yu-chan es tan buen hombre. —Dijo Dororo acariciando cariñosamente su cabeza—. Es un jovencito igual de apuesto, valiente y noble como lo fue su padre en su juventud. Estoy segura que solo es cuestión de tiempo antes de que una mala mujer se fije en él y lo atrape entre sus garras. Y entonces… entonces… mamá y papá se quedarán completamente solos.
Dororo se dejó caer en el tatami y rompió a llorar. Tanto el padre como los hijos se dirigieron unas miradas entre divertidas y derrotadas pues ya sabían que su esposa y madre era una ebria llorona.
Hyakkimaru se dirigió a su esposa, la cubrió con sus brazos y comenzó a consolarla. Acto seguido, les habló a sus hijos con voz apacible:
— Kaede, Yusuke, no se preocupen, yo me haré cargo de su madre ¿Por qué no salen a dar una caminata nocturna? Estoy seguro que Kaede debe querer decir algunas cosas, y Yusuke, que te hayas ido de viaje no justifica tu ausencia en la cena de compromiso de Kaede. Sé un buen hermano menor y felicítala como es debido ¿de acuerdo?
— Está bien, papá.
— Por supuesto, Chichiue.
Los hermanos salieron de casa, siendo despedidos por la hermosa imagen de su madre y padre frotando sus frentes con un profundo amor y cariño. Caminaron en silencio, ya que era verano eran rodeado por el brillo de algunas luciérnagas que volaban por los ríos cercanos, así como el agradable aire que mecía suavemente los arboles de la aldea. Kaede fue la que rompió el silencio, se dirigió a su hermano con una voz baja y débil:
— Espero que mi matrimonio sea igual de hermoso que el de nuestros padres.
Se detuvieron justo a la orilla de un pequeño río que era el que se encargaba de brindarle el agua a todos los campos de cultivo. Yusuke observó atentamente a su hermana mayor, la hermosa jovencita dejó su mirada nostálgica fija en el río y las luciérnagas.
— Satoru te ama profundamente, estoy seguro que así será. —Opinó finalmente su hermano, luchando por hacer a un lado ese desagradable nudo que se formó en su garganta—. Muchas felicidades por tu compromiso Aneue, en verdad lamento no haber llegado a tiempo a la cena.
— Lo hiciste a propósito ¿verdad?
— ¿Por qué lo dices?
— Entiendo que este será un gran cambio en nuestra familia, y cada quien está lidiando a este de diferentes maneras. Papá está más serio que de costumbre y se enfoca demasiado en la clínica. Mamá hoy bebió más de la cuenta, imagino que es una forma de evadir el dolor. Tú, pequeño guerrero Yusuke, alargaste tu viaje a propósito. Mientras tanto yo… yo trato de ser fuerte y no llorar al pensar en lo mucho que voy a extrañar a mi amada familia.
El menor se mordió el labio cuando presenció cómo su hermana cubría el rostro con sus manos y comenzaba a sollozar en voz baja. En verdad era una escena impresionante presenciar como su siempre fuerte hermana se dejaba romper de esa manera frente a él.
No quiso perder ni un segundo más, avanzó unos pasos, la abrazó y derramó unas lágrimas silenciosas para acompañarla en liberar su dolor.
— Aneue, para ser sincero—comenzó a decirle Yusuke una vez pudieron tranquilizarse—, varias veces llegué a pensar que nunca te casarías.
— ¿En serio? ¿Acaso creías eso por mi mal carácter?
— En parte si—bromeó el joven de ojos caramelos, riendo al recibir un pequeño golpe en la cabeza—, pero en realidad fue porque te veía tan enfocada en los asuntos de la aldea y ayudar a nuestros padres que creí que esto siempre sería lo primordial para ti. Satoru estuvo enamorado de ti por mucho tiempo, sin embargo, tú siempre parecías huir a sus sentimientos, aun cuando ambos siempre parecían disfrutar tanto de su compañía.
— Eso es porque siempre fui una testaruda. Creí que lo mejor para Satoru era estar con una mujer mucho más delicada y tranquila, de alguna forma creí que mi fuerte temperamento y mis obligaciones solo le traerían problemas.
«Pero ese día… El día en que Satoru se arriesgó tanto al subir por esa montaña solo para obtener esa flor que a mi tanto me había gustado y estuvo a punto de perder la vida, yo supe que no podría vivir sin él».
— Oh si, recuerdo ese fatídico día. Satoru bajó de la montaña lleno de raspones y moretones, solo para ser atacado por un enorme monstruo simio de las montañas. Si no hubieras llegado a tiempo para salvarlo, el desenlace hubiera sido muy triste.
— Así es—confirmó Kaede con una enternecida sonrisa—, ese día comprendí que quería compartir mi vida con él, quería estar para siempre a su lado.
— De una u otra forma, siempre terminabas salvando a Satoru. Era inevitable que se enamorara de ti después de eso, aneue. Ahora que lo pienso, ustedes son como la valerosa ladrona Dorobu y el príncipe Hyakkikaku.
— Es cierto, siempre terminaba salvando a mi apreciado príncipe Satoru.
Los hermanos comenzaron a reír tras decir esas bromas, segundos después, Yusuke se sintió un tanto sorprendido cuando su hermana se lanzó a abrazarlo. Le dijo con una voz baja y melancólica:
— Yu-chan, se sincero conmigo por favor… ¿en verdad está bien que te deje todas las obligaciones de la aldea y el cuidado de nuestros padres? Me iré a vivir a la aldea de Satoru, he tomado la decisión de que, a pesar de ser mujer, y el rechazo de muchos a la idea, yo quiero aprender herrería y alfarería también. Pero no puedo evitar pensar en lo egoísta que soy al irme y dejarlos de lado.
— ¿Qué tiene de egoísta que persigas tu felicidad, aneue?
Kaede se separó de su hermano menor apenas escuchó estas palabras. Al hacerlo se encontró con que este le mostraba una enorme y radiante sonrisa. Yusuke continúo hablándole con seguridad:
— Aneue, siempre fuiste tan buena conmigo y te esforzaste tanto por ayudar a mamá y papá con la aldea, que lo justo ahora es que te vayas y comiences una nueva vida muy feliz al lado de tu amado Satoru. Yo estoy más que listo para asumir mi responsabilidad como hijo de los líderes de esta aldea, de eso puedes estar segura.
«Ese Yusuke tímido y cobarde quedó atrás desde hace tiempo. Confía en mí Aneue, cuidaré mucho a la aldea y por supuesto a nuestros padres también, me aseguraré de que nunca les haga falta nada».
— Yu-chan, muchas gracias. —Kaede volvió a abrazar a su querido hermano menor, sin poder evitarlo lágrimas surcaron de nuevo por su hermoso rostro—. Te quiero mucho, hermanito.
— Y yo a ti, aneue. Por favor, no olvides visitarnos de vez en cuando ¿de acuerdo? Te aseguro que eso hará muy felices a nuestros padres.
— ¡Por supuesto que lo haré! ¡Ten por seguro que lo haré!
El gran día finalmente había llegado. Dororo estaba en una de las habitaciones de la posada ayudando a su hija a prepararse para la boda. Natsumi y Hanami amablemente se habían encargado de elaborar el shiromuku y montsuki de los novios, esos tradicionales y hermosos kimonos formales para la boda. Mientras tanto, Reiko se encargaba de pintar a la jovencita para hacerla lucir aún más bella de lo que ya era para su boda.
Yusuke se encontraba dentro del templo, ultimando detalles de los adornos y la ceremonia junto con Hyogo y Yumi. Mientras tanto, un poco alejado de todo el ajetreo, se encontraba un muy angustiado Hyakkimaru. El nervioso padre de familia se encontraba caminando de un lado para otro en círculos sin ser capaz de detenerse, Tahomaru estaba a su lado siguiéndolo con la mirada.
— Aniue ¿quieres tranquilizarte un poco? —Le habló su hermano menor con tranquilidad—Estás igual o incluso más nervioso que el día de tu boda.
— Tahomaru, acabo de darme cuenta que otórgales mi permiso para casarse fue un gran error. —Respondió Hyakkimaru con recelo—. Kaede aún es muy joven para casarse. Le diré que mejor esperen unos cuatro o cinco años más para hacerlo.
— Pero ¿qué estás diciendo? —Desaprobó su hermano menor apurando el paso para detenerlo de cometer una tontería— Kaede tiene ya dieciocho años, está en una edad más que apropiada para casarse… ¿por qué no pensaste lo mismo de Dororo, a la cual desposaste a la edad de diecisiete años?
Tahomaru le dirigió una mirada acusadora, a lo cual Hyakkimaru reaccionó desviando la vista con cierto enfado al darse cuenta que no tenía ningún argumento para defenderse. Dejó caer sus brazos a sus costados en una actitud de derrota cuando algo más llegó a su mente, se dio cuenta de algo que hizo que su sangre se helara.
— Había olvidado algo muy importante…
— ¿A qué te refieres? —Preguntó Tahomaru con interés.
— La noche de bodas… Ese malnacido va a ultrajar a mi pequeña e inocente niña… ¡no puedo permitirlo!
— ¡Aniue, ya basta!
Tahomaru lo sujetó fuertemente de sus hombros. Los hermanos comenzaron una lucha de forcejeos, Hyakkimaru intentaba avanzar hacia Satoru quien estaba en la entrada de la aldea, mientras que Tahomaru luchaba usando toda su fuerza para detenerlo, lo cual estaba resultando complicado considerando lo fuerte que aún era su hermano mayor.
Finalmente, se le ocurrió que la mejor manera para intentar hacerlo desistir una vez más, era el uso de palabras y no de la fuerza. Como pudo se colocó delante de él y le dijo con severidad:
— Estoy seguro que, si el padre de Dororo no hubiera muerto, él hubiera pensado lo mismo que tu… ¡no hubiera querido que tú le quitaras la virginidad a su adorada niña de diecisiete años! ¡pero hubiera tenido que aceptarlo pues era el hombre que su hija amaba!
El forcejeo se detuvo en ese instante. Hyakkimaru solo atinó apretar los labios pues de nueva cuenta su astuto hermano menor se las había ingeniado para desarmarlo. Frunció sus negras cejas con molestia, tras dar un bufido y cruzarse de brazos se sentó en el piso, dándose por vencido.
Tahomaru le mostró una cansada sonrisa para acompañarlo sentándose a su lado. Mientras la alegre platica de Yusuke y Hyogo les llegaba desde el fondo del templo, Tahomaru le volvió a hablar a su admirado hermano mayor con el tono más sereno posible.
— Aniue, la verdad es que no puedo entender cómo te sientes. Tú mismo viste lo mucho que Natsumi y yo intentamos tener más hijos además de Hyogo, por desgracia esto nunca sucedió.
— Lo siento, no quería hacerte recordar cosas tristes.
— No te preocupes, nos tomó tiempo, pero finalmente pudimos resignarnos, y decidimos enfocarnos en nuestro Hyogo, en cuidarlo y criarlo lo mejor posible. Pero, al no tener hijas, imagino que tu sentir con Kaede es completamente diferente a un varón.
— Es solo que, para mí, nunca dejará de ser mi querida niña. A pesar de esto, el tiempo pasó tan rápido. De un momento a otro, dejó de correr hacia mí para pedirme que la cargara de caballito y de jugar con sus juguetes. Cuando menos me di cuenta, se había vuelto una hábil guerrera e insistía en ayudar en las cosechas. Muchos jóvenes comenzaron a cortejarla pues se dieron cuenta de la hermosa y valerosa jovencita que era. Mi Kaede creció tan pronto, me hubiera gustado poder estar a su lado un poco más.
— Entiendo, ese es un sentimiento completamente normal. —Lo apoyó su hermano menor, dándole unas palmaditas en su espalda—. Hyogo también ya ha comenzado a fijarse en las jovencitas de la aldea, y aunque es un muchacho un poco más retraído y tranquilo, ya ha comenzado a trabajar en las minas, y cada día mejora más sus habilidades con la katana gracias a tus enseñanzas. Ha encontrado en su primo Yusuke un buen rival y amigo.
— Nuestros hijos crecieron tan rápido, pero así es la vida ¿no es así? Es el flujo natural del tiempo, no se puede hacer nada para ir en su contra.
— Así es Aniue, nosotros ya hemos cumplido nuestro rol de padres lo mejor que pudimos. No nos queda más que seguir viendo como siguen madurando y expandiendo sus alas, esperando que sepan elegir el camino correcto para ellos.
Tahomaru por fin fue capaz de tranquilizarse al apreciar que su hermano mayor esbozaba una pequeña sonrisa, parecía que había logrado que dejara su faceta de padre sobreprotector y preocupado atrás. Tras un breve silencio, Hyakkimaru dijo con tranquilidad y seguridad:
— Afortunadamente, Kaede escogió un buen hombre para formar una familia. Satoru estuvo enamorada de ella por mucho tiempo, tal vez incluso desde que eran niños.
— ¿Te habías dado cuenta de eso? — Al apreciar como su hermano afirmaba lentamente con la cabeza, Tahomaru continuo entre risas—Ya decía yo que el que lo miraras con enfado a veces o que no quisieras dejarlos a solas no era coincidencia. No tienes remedio Aniue, eres como un feroz lobo cuando se trata de proteger a tu "manada" … ¿vas a comportarte igual si es que Yusuke encuentra a la mujer adecuada para él?
— Es probable. —Afirmó determinado ante lo que su hermano río a lo bajo debido a su brutal honestidad—. Aun así, confío en mis hijos. Sé que ambos escogerán el camino correcto.
Horas después de esa afirmación, cuando Hyakkimaru vio lo hermosa que se veía su amada hija con su elegante shiromuku, los arreglos florales en su cabello y su discreto maquillaje, cuando observó lo entusiasmados y felices que se apreciaban ella y Satoru de saberse ya marido y mujer y eran felicitados por todos sus familiares y amigos, y cuando su amada esposa le decía lo orgullosa que estaba de estar viviendo ese momento a su lado, le fue imposible no soltar unas pequeñas lagrimas silenciosas de felicidad.
Extrañaría a su amada hija Kaede, aun así, sin duda la alegría sobresalía a la tristeza al saber que se casaba tan enamorada, y de que podía estar seguro que tal cual él había hecho con Dororo, Satoru siempre vería por el bienestar de Kaede. Ellos formarían un hermoso matrimonio y tendrían una maravillosa familia igual a la suya, no le quedaba ninguna duda al respecto.
— ¡Hasta luego, región de Kaga! Hyakkimaru y Dororo están a punto de partir en una nueva aventura.
Hyakkimaru rio para sus adentros al observar como su pequeña se despedía de las antiguas tierras de Daigo agitando su mano, después de eso le mostró una sonrisa radiante al tomarlo de la mano y comenzar a caminar jalándolo para que la siguiera.
Se veía tan hermosa y feliz, su simple presencia iluminaba todo a su alrededor, después de tantos años seguía siendo de la misma forma. Se dejó guiar por esa mujer a quien amaba con toda su alma y corazón, pasados unos minutos le dijo con una baja pero dulce voz:
— Dororo se ve feliz y eso me hace serlo también. Estamos felices.
Dororo aumentó la fuerza en su agarre, tras reír un poco le respondió jovialmente:
— Por supuesto ¿Cómo no estarlo? Viajar a solas contigo me trae muy preciados recuerdos. Claro que este no será un viaje ni la mitad de peligroso del que lo fue en ese entonces, pero aun así no deja de ser divertido.
— Dororo… ¿podemos subir a un barco? Nunca he subido en uno y me gustaría hacerlo.
— ¡Si, esa es una excelente idea! ¡Iremos a donde nos lleve el viento! Es más… ¿por qué detenernos solo en Japón? Podemos irnos hasta China si así lo queremos, tenemos el dinero suficiente para hacerlo.
Dororo buscó entre sus ropas y sacó una enorme bolsa de tela que contenía muchas monedas. La observó con atención por unos minutos, una tierna sonrisa se dibujó por si sola en sus labios. Tras guardarlo con cuidado le volvió a hablar a su esposo, en sus palabras se dejaba entrever que estaba muy conmovida:
— Hyakkimaru, sin duda tenemos unos excelentes hijos ¿verdad? Nunca imaginé que unos días antes de la boda de Kaede, nuestros dos jovencitos se acercarían a nosotros y nos darían este saco de monedas como un regalo por nuestro aniversario de bodas.
— Si…—Respondió el mencionado en el mismo estadoo—Kaede ya se instaló en su nueva casa en la aldea de Satoru, mientras que Yusuke nos aseguró que él podía encargarse de la aldea sin ningún problema junto con Yahiko y Jiheita. Nos dijeron que el cumplir dieciocho años de casados era motivo para tener una gran celebración, por eso nos dieron este dinero que ahorraron para salir de viaje por unos cuantos meses.
— Aunque creo que más bien se referían a que ya que están abandonando el nido, podemos irnos sin tener preocupaciones. —La mujer rio divertida para entrelazar el brazo de su esposo con el suyo—. Sea por lo que sea, en verdad fue un gesto muy gentil de su parte.
— Sin duda lo fue. —Afirmó el hombre de cabello azabache, fijando una mirada tranquila al frente—. Logramos criar unos hijos extraordinarios. Sin duda, lo que hemos construido es hermoso, Dororo.
Hyakkimaru se paró en seco cuando Dororo se separó de su lado y se colocó delante suyo rápidamente. Parpadeó un tanto confundido por algunos segundos para en seguida sentir como sus labios eran atrapados. Se fundieron en un amoroso y pasional beso, el cual solo se detuvo cuando la falta de aire atacó a ambos.
Hyakkimaru la tomó suavemente de su estrecha cintura para atraerla hacia él y atraparla en un fuerte abrazo, gesto al que Dororo correspondió dejando apoyada su frente contra su pecho. Los dos lo sabían, que no había ningún otro lugar en el que desearan estar que no fuera uno al lado del otro.
Sus corazones latieron fuertemente al unísono mientras eran rodeados por la calidez del cuerpo del otro. A sus mentes comenzaron a llegar todos los recuerdos de los momentos que vivieron juntos desde que se conocían, tanto los tristes como los alegres, todas las personas que conocieron y todo lo que aprendieron.
— Dororo… gracias por encontrarme. —Habló Hyakkimaru con una voz inundada en amor mientras juntaba sus frentes—. Gracias por caminar a mi lado y nunca abandonarme, gracias por salvarme.
— Tú también me salvaste, Hyakkimaru. —Le respondió Dororo con una inmensa dulzura—. Estoy segura que nuestro destino era encontrarnos. Nuestros caminos se cruzaron en el momento justo para que uno pudiera salvar al otro. Quiero permanecer para siempre a tu lado, quiero seguir caminando junto a ti hasta el último de mis días.
— Nuestras almas estaban destinadas y se pertenecen la una a la otra. Estoy seguro de esto, y también sé que así pasen mil años más, nuestras almas seguirán encontrándose y amándose. Estaremos siempre juntos hasta el final de los tiempos.
— Te amo, Hyakkimaru.
— Te amo, mi pequeña y hermosa Dororo.
De nueva cuenta esa promesa de amor eterno, de ese hermoso amor que duró por tantos años fue sellado con un amoroso y tierno beso. Hyakkimaru y Dororo se tomaron de la mano y continuaron su caminar juntos, un caminar que duró hasta el último de sus días.
FIN
Así es como esta historia llega a su fin :) Tras escribir "Y se enamoró de esa pequeña alma", "Atada a mi alma" y esta historia "Parte de mi alma", esto marca definitivamente el final de la Saga Alma.
Agradezco enormemente a las personas que se leyeron todas las historias o solo algunas. Gracias por sus comentarios, marcar las historias en favoritos o simplemente por leerlas. Créanme que en verdad significa mucho para mí.
Aprovecho para darle un gradecimiento muy especial a trunksouji por todos los lindos comentarios que me dejó a lo largo de toda esta historia.
Si aún desean leer más de mis historias de Dororo, los invito a que lean también mi historia de universo alterno ubicado en la época actual "Las notas de mi corazón". Esta historia conforma una duología a la cual yo llamo Saga Notas, la cual por cierto, su segunda parte comenzará a publicarse a inicios de enero.
Muchas gracias por haberme leído n.n
