Lunes, 23 de noviembre de 2020
Disclaimer: este fan fiction está hecho sin fines de lucro, Ranma ½ es una obra de la gran mangaka japonesa Rumiko Takahashi, quien me enamoró con la historia y sus personajes, que me sirven de inspiración para crear otras historias, las cuales no solo me ayudan a mejorar en mi forma de escribir, o eso espero, sino que tal vez pueda entretener a alguien que me visite por aquí.
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Quiero un poqui de tu bigote Pocky
—Pase adelante, señorita Tendo —indicó la maestra Hinako Ninomiya.
Ranma observó cómo su prometida se ruborizaba al levantarse y caminaba al frente del salón mientras todos sus compañeros empezaban a aplaudir, gritar y silbar por ella derrochando su entusiasmo y alegría. Él hizo una media sonrisa y no dejó de verla hasta que Akane llegó al lado del escritorio de madera y giró para mirar a los demás.
—Silencio, jóvenes y señoritas —pidió la profesora con tranquilidad.
El fervor continuó.
—Silencio, jóvenes y señoritas —repitió levantando un poco la voz, tratando de seguir sonriendo.
Sin embargo, la algarabía no cesó.
—Por favor silencio —dijo entre dientes.
Lástima que los estudiantes no la escucharon.
—Di-je que SILENCIO —gritó amenazándoles con una moneda de cincuenta Yenes.
Por fin la paz llegó al salón.
Los alumnos la vieron asustados y se sentaron callados para prestarle atención.
La señorita Ninomiya respiró, guardó su arma, acomodó su saco y habló seria:
—Como ya sabemos, gracias a la buena organización de la fiesta de Halloween encabezada por la señorita Tendo fuimos la clase que logró recaudar la mayor cantidad de fondos para La Casa de la Santa Acogida y así hemos ganado un día de campo para mañana, once de noviembre —El aura emocionada volvió a emanar de las almas jóvenes y la aniñada maestra los miró malignamente, por lo que nadie movió un dedo e incluso tuvieron cuidado al respirar cuando ella asomó la mano al bolsillo donde había guardado su moneda—. Qué buenos niños —afirmó con una sonrisa forzada mostrando todos sus dientes, cambiando radicalmente su enojo y les ordenó—: Ahora en agradecimiento démosle UN SOLO aplauso a nuestra estudiante estrella —Todos malcontentos obedecieron y se escuchó un único golpe de palmas. La maestra les observó satisfecha—. No olviden que nos reuniremos aquí a las ocho en punto y de llevar lo necesario: caramelos, galletas, gomitas, pasteles… mmm… ¿Qué más será bueno? —Pareció reflexionar concienzudamente—. Ya saben todas las golosinas que puedan. ¡Ah! Y de los Pockys no se preocupen, que a donde iremos tendremos de sobra —resolvió llena de felicidad—. ¡Nos vemos mañana! —Agarró sus carpetas y a paso de desfile salió del aula.
Cuando todo indicaba que Hinako estaba bastante lejos, el ánimo revivió y las amigas y compañeros de Akane se levantaron para seguir festejando o acercarse a ella para agradecerle su esfuerzo y el premio.
La jovencita peliazul recibió las muestras de cariño bajo la atenta mirada de su prometido.
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Todos habían salido de la clase, excepto dos estudiantes.
El heredero Saotome caminó con las manos en los bolsillos desde su lugar y se asomó a la salida del salón para asegurarse de que el pasillo estaba vacío. Efectivamente no había nadie. Sus comisuras se elevaron sin poder evitarlo. Cerró la puerta despacio y con sigilo se acercó a Akane quien aún acomodaba sus cosas.
—Todos se ven muy contentos —dijo fingiendo cara de disgusto.
—¿Tú no lo estás? —preguntó ella inclinando su cabeza a un lado; confundida, encantadora.
—Lo estaría si sabría que mañana no irían tantas personas.
—Ranma… —mencionó enternecida, entendiendo lo que le quería decir, sonrió un tanto ruborizada.
—El día de campo lo ganaste tú, el premio te corresponde únicamente a ti, por qué deben ir los demás —continuó quejándose con los brazos cruzados.
—Sabes que eso no es cierto, no podría haberlo hecho sola, todos apoyaron. Además bajo esa perspectiva tú tampoco deberías ir ¿No?
El chico de la trenza lo pensó mejor.
—¿Y si nos reportamos enfermos? —propuso.
—¿Los dos? Eso sería muy sospechoso ¿No crees?
—Tal vez… ¿Y si hoy llegamos tarde a casa? Podemos decir que nos quedamos en la biblioteca y…
—No es buena idea, lo siento, le prometí a tu mamá que la acompañaría a comprar un broche de rosa que le ha gustado la semana pasada y después limpiaremos y acomodaremos el butsudan.
—No es justo —gruñó, aunque en el fondo se alegraba de ver a las dos mujeres que amaba haciendo cosas juntas. «A mamá le gusta pasar tiempo con Akane», meditó.
—Puedes acompañarnos si quieres —Le ofreció antes de cerrar su maletín y girarse para verlo.
—No es igual.
—Vamos, no seas berrinchudo.
—¡No soy berrinchudo!, es solo que… de qué sirve tener una prometida si no puedo estar con ella.
Los dos enrojecieron.
—No exageres, siempre estamos juntos —apuntó tímida, jugueteando con sus manos.
—Pero no como quisiéramos. Siempre nos molestan.
Akane lo observó enfurruñado y sintió a su estómago cosquillear al pensar que él se molestaba porque no podían estar solos. Se le acercó, valiente, y colocó las palmas de sus manos en su pecho haciendo que él diera un respingo y reaccionara al instante tomando su delicada cintura, como si tuviera un chip que le programaba a hacer aquello. Todavía actuaban nerviosos, sin verse directamente a la cara; adorables, cada quien observando a un lado contrario del otro.
El curso de sus respiraciones se aceleraron y ella giró la cabeza lentamente para encontrarse con el atractivo perfil masculino. «Es muy guapo», reconoció. Cerró los ojos elevándose un poco sobre la punta de sus pies. Ranma la observó de soslayo; su prometida le ocultaba sus ojos canela que le costaba ver sin temblar. Sonrió. Ahora podría contemplarla unos instantes; Akane también era hermosa con los ojos cerrados haciendo que sus largas pestañas oscuras cayeran como cascadas en la noche, sus mejillas tibias y rosas, y sus labios muy juntos formando una ligera y simpática trompita. La pegó más a él para poder tener el contacto que estaba deseando desde la noche anterior que habían sido interrumpidos…
—¡Akane!
Interrumpidos como ahora.
—Maldición —susurró con cólera al escuchar la voz de Yuka y sentir la ausencia de su prometida quien ya estaba abriendo la puerta.
—¿Pasa algo? —preguntó la amiga de la aplicada Tendo viendo la espalda rígida de Ranma entre los pupitres.
—¡No! ¿Qué va a pasar? Vamos, Yuka —respondió Akane exaltada por casi ser descubiertos. La haló para caminar.
Ranma se quedó un rato más pensando en su mala suerte, tomó el maletín de su bonita ilusión que ya era realidad y se encaminó a soportar quién sabe cuánto tiempo más para poder disfrutar un rato a solas con ella: Akane.
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La mañana soleada parecía prometedora y los estudiantes del 1F de la secundaria Furinkan irradiaban entusiasmo.
—Compañero Ranma, deja de ver así a tu prometida. Vas a gastarla —dijo Hiroshi mientras le revolvía el cabello.
—No sé de qué hablas y déjame en paz —Se quejó el chico de la trenza.
—¿Así que no sabes de qué hablo, eh? Entonces no te importará que yo también la mire un poco ¿Verdad? —señaló el castaño viendo descaradamente las piernas de Akane.
Aquella mañana su peliazul se veía demasiado linda. Había elegido un polo blanco de algodón que le cubría hasta las costillas, un short jean overol azul claro y unas zapatillas bajas blancas que combinaban con el delgado lacito a manera de vincha que llevaba en la cabeza.
—Deja de hacer eso —amenazó el joven Saotome, incomodándose por la confianza.
—Basta, Hiroshi, deja al compañero Ranma tranquilo, que aunque lo niegue sabemos que su relación con nuestra querida Akane está mejorando ¿No es así? —Le guiñó el ojo y el artista marcial enrojeció al recordar que en el recreo del día anterior se le ocurrió llevar a su prometida al depósito de artículos de deporte para estar un ratito a solas sin imaginarse que cuando por fin iba a disfrutar de ella Daisuke aparecería para guardar la bolsa de tela con pelotas de básquet malográndole el plan, el día, la tarde y la noche también. «No pueden dejar de ser unos entrometidos por dos segundos, demonios».
Desde el día de su confesión en la heladería, lunes nueve de noviembre, no había un extenso momento para estar con Akane como deseaba. Ya se habían besado a escondidas y fue lo más mágico que había vivido por lo que quería repetirlo una y otra, y otra, y otra vez. Tristemente solo lo logró unas insuficientes ocho veces. Sí, las estaba contando.
—No sé a qué te refieres. Mejor subamos si no quieren que nos dejen.
Ranma se adelantó; aún no quería hablar de su relación y ser la comidilla de ese y los días siguientes. Dentro del bus vio con frustración cómo Akane ya estaba sentada con sus amigas. Pasó observándola disimuladamente y notó su bonita sonrisa de comprensión que le decía que no se molestara, que ella también lo extrañaba.
La menor de las hermanas Tendo sabía de la incomodidad de su prometido, mas no podía hacer mucho pues habían quedado en ocultar su noviazgo por un tiempo. Se levantó con la excusa de abrir una ventana superior y trató de observar al muchacho de ojos azules vestido con su conjunto deportivo; casaca ceñida roja y pantalón pitillo negro, mismo color de su gorra y sus zapatillas. Él estaba sentado al final y a sus costados Hiroshi y Daisuke; tenía los brazos cruzados, el ceño fruncido y la mirada perdida al frente. Suspiró dejando de verlo. Trató de regresar su atención a sus amigas quienes contaban animadas sus anécdotas en la fiesta del treinta y uno de octubre.
Entonces recordó que desde los primeros días de organización Ranma se comportó extraño… Hasta la tarde del último lunes que la invitó a tomar helados.
En la noche del día de Halloween, Akane estaba preocupada porque quería que todo saliera perfecto; la comida, la música, las luces, el show, los disfraces, la atención a las distintas personas que habían asistido como familiares, maestros, algunas autoridades, chicos de otros institutos y demás gente de la zona. Admitía que durante los días de planificación trabajó mucho, y quizás el día principal un poco más; claro que obtuvo la colaboración de sus compañeros quienes siempre le preguntaban qué hacer porque ella siempre tenía la respuesta adecuada al igual que Eiji; un estudiante rubio del último año de ojos grises, alto, atractivo, atlético y amigable quien era el coordinador general de los estudiantes para el evento. Durante las dos semanas que trabajaron juntos el muchacho fue atento con ella y desempeñaron su labor arduamente, al mismo tiempo que su prometido se comportaba arisco, callado y si se le presentaba la oportunidad no dudaba en fastidiarla. Incluso aquella noche estuvo molestándola por su traje de Mujer Maravilla que Nabiki la obligó a ponerse.
Después de asegurar que todo marchaba bien y las comisiones estaban siendo responsables, Eiji la invitó a bailar varias veces y Akane aceptó porque también quería divertirse.
—Me gusta hacer equipo contigo, Akane, realmente eres la Mujer Maravilla. —Le había dicho galantemente el coordinador general al oído.
Ella agradeció el cumplido sintiéndose de pronto incómoda y prefirió no bailar más. Se disculpó explicando que se sentía cansada y deseaba regresar a su casa, Eiji entendió y se ofreció a acompañarla, entonces la pequeña Tendo aclaró que no era necesario porque ella se iría con su hermana y su prometido. El chico rubio no la presionó más; decepcionado.
Primero buscó a Ranma disfrazado de cura zombi, pero sus amigos le dijeron que ya se había ido. «Se fue», pensó incrédula. Resignada a la falta de caballerosidad del heredero Saotome trató de encontrar a Nabiki y al hacerlo, la castaña con traje de Maléfica le avisó que la noche era joven y los negocios rentables.
Agotada de pedir un poco de consideración hacia ella caminó decidida con el propósito de volver al Dojo Tendo sola en plena noche. «Puedo hacerlo». Al cruzar la salida del instituto quiso buscar un taxi; hacía frío.
Felizmente la suerte la acompañaba y los padres de Sayuri la reconocieron, al instante le brindaron ayuda para llevándola en su auto y ella aceptó muy agradecida. El trayecto no demoraría dándoles tiempo para regresar por su hija quien les pidió quedarse una hora más en la fiesta.
Molesta con Ranma, no se permitió hablarle durante los días posteriores por más que él se le presentaba casualmente en frente con su mirada azul reprochadora más sus labios fruncidos y temblorosos que luchaban para no dirigirle la palabra. «Insensible, encima de que me deja sola, ahora me ve así», reflexionaba y pasaba de largo. A veces, creía oírlo murmurar quejándose o chasquear la lengua, mas lo seguía ignorando. Así fue que también trató de alejarse saliendo más temprano de casa, pasando más tiempo con sus amigas o encerrándose en su dormitorio. Para la tercera heredera Tendo, su prometido impuesto no parecía estar afectado por su silencio ni querer arreglar las cosas entre ellos, al contrario, le daba la impresión de que él intentaba demostrar que quien estaba en falta era ella y eso la disgustó y dolió más.
Por otro lado, el joven Saotome no estaba en mejor situación. Su cabeza reventaría si no se decidía. Entonces actuó a la salida de la preparatoria del lunes. Tomó la mano de su prometida sin decirle nada y caminó esquivando a sus compañeros. Ella tampoco habló, solo se dejó guiar. La llevó por un camino conocido y entraron a la heladería que frecuentaban. Akane se sorprendió al verlo entrar en su forma masculina, empero continuó callada. Se sentaron en una mesa del fondo y enseguida el mesero les trajo sus copas favoritas: chocolate holandés para él y fresa con salsa de vainilla para ella. Ambas adornadas con Pockys que fueron los primeros en ser comidos.
Nunca dijeron una palabra durante esos cincuenta y seis minutos, hasta que Akane notó que en el fondo de su copa vacía algo brillaba. Con ayuda de su cucharita y escuchando el tintinear de su acción sacó un anillo de plata con una piedrita en forma de corazón rojo. Levantó su absorta y cristalina mirada notando cómo su prometido evitaba el contacto visual. Jamás olvidaría su apolíneo perfil sonrosado de aquel día.
Para Ranma el tiempo había detenido su curso y solo volvió a respirar cuando la escucho decir muy bajito:
—Está bien.
Se sintió satisfecho; su plan había funcionado. Bueno… casi.
«Los Pockys eran para nuestro primer beso».
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Al llegar al parque La Laguna del Dragón todos los chicos y chicas bajaron asombrándose de él; el aire fresco, las mariposas volando por aquí y por allá, el trinar de las aves, los grandes árboles rodeando una inmensa y despejada área verde adornada con caminos de pequeñas flores blancas y amarillas, y algunas mesas y sillas de tronco. Sin duda un armonioso y bello lugar.
—Si se llama La Laguna del Dragón ¿No debería haber una laguna? —preguntó Akane a Sayuri quien no supo qué responder.
—Distribúyanse como deseen, pero al primer alboroto regresamos de inmediato al instituto —ordenó firme la maestra Hinako e hizo sonar su silbato rompiendo la atmósfera de tranquilidad natural y los oídos de quienes se encontraban cerca a ella.
De pronto un gran carro colorido de dulces se aproximó emitiendo una musiquita aguda, un tanto pegajosa, y un señor bajito de rostro afable y cuerpo rellenito bajó por una de las puertas delanteras. Se aclaró la garganta y habló con una voz tan grave que parecía no corresponder a su apariencia.
—Les doy la bienvenida al parque La Laguna del Dragón donde el espíritu se fortalece al comer los bigotes de este imponente reptil alado. —Se acercó al remolque y se apresuró en desenganchar los seguros para abrir la gran puerta elevadiza frente a los muchachos del Furinkan, mostrándoles infinitas cajitas de Pockys de muchos sabores.
—¡¿Bigotes?! —dijeron todos asombrados.
—Así es, mis queridos, estos Pock… digo bigotes de dragón vigorizan el espíritu para ser más fuertes, inteligentes, talentosos, atléticos, atractivos... —Siguió diciendo cualidades y más cualidades mientras realizaba poses graciosas con su rechoncha anatomía.
La maestra Hinako no necesitó más mentiras de charlatán y se abalanzó a las cajitas arrojándole su cartera al vendedor. Sus estudiantes, un poco más civilizados y avergonzados de su modelo adulto, también se acercaron para no perder la oportunidad de comprar y comer a las varitas adictivas.
Repentinamente, en medio del alboroto, a Akane le taparon la boca para ser secuestrada.
A ella no le importó.
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—Ranma, ¿a dónde vamos? —inquirió agitada corriendo de la mano con su prometido.
—No seas perezosa ¿No querías conocer La Laguna del Dragón? —contestó de buen humor. «Por fin estaremos tranquilos aunque sea un momento». Él sabía la ubicación exacta del secreto lugar porque antes de llegar al Dojo Tendo había pasado por allí junto a su padre.
—¿Sabes dónde está?
—Tu novio sabe muchas cosas, Akane. —Ella se ruborizó. No dejaba de sorprenderse de lo desenvuelto y dulce que era su prometido cuando estaban solos, incluso a veces a ella le seguía costando.
Al poco rato los brillos del sol reflejados en el depósito natural de agua les avisaron que habían llegado. La clara laguna era hermosa y al medio tenía una gigantesca roca gris con forma increíblemente perfecta de dragón, el cual albergaba a unas pequeñas aves de colores en su boca.
Dejaron sus cosas al lado de unos arbustos y se acercaron a la orilla.
—Guau, es bellísimo —anunció realmente anonadada.
—¿Más que yo? —bromeó Ranma rodeándola por los hombros.
—Sí —contestó su prometida para molestarlo.
—¿Ah sí? —Sonrió y la abrazó para hacerle cosquillas. Adoraba molestarla y hacerla reír al mismo tiempo.
La risa de Akane se escuchaba con eco y Ranma se consideraba afortunado de poder oírla y sentirla. Poco a poco, al quererse liberar, ella fue bajando y él no se lo puso fácil. No la soltó. La risueña peliazul se rindió en la suavidad del pasto junto a su prometido.
La pequeña Tendo dejó de sentir las manos juguetonas de Ranma en su estómago y costados de su cintura, sorprendida abrió bien los ojos notando que él no dejaba de mirarla.
—Sabías que cuando ríes dejas de ser bonita.
—¿Eh? —dijo insegura y con pena.
—Eres preciosa.
Por un momento Akane temió a ser humillada nuevamente, empero al escucharle decir aquello lo abrazó fuerte y él le respondió de la misma forma disfrutando su fragancia.
Sentían agradable la unión de los pectorales macizos y el pecho suave. Deseaban detener el tiempo para que sus abrazos sean cada vez más duraderos y que la separación no les costara tanto.
—¿Tienes hambre? —preguntó de pronto la jovencita enamorada.
—¿De qué? —jugó él.
—Ranma… Kasumi y tu mamá nos prepararon algo rico y también hay fruta ¿Quieres? —Trató de verlo sin ruborizarse.
—Ah, eso, claro.
Se levantaron, desinfectaron sus manos y fueron por las canastas. El joven Saotome extendió un mantel de cuadritos verde agua mientras su prometida se arrodillaba para empezar a sacar la fruta, algunos vegetales, las bebidas, los yakitoris y los takoyakis.
—¿Crees que nos encuentren pronto? —inquirió Akane.
—No, son muy pocos los que conocen este sitio. ¿Quieres ser encontrada? —La miró.
—No. —Le sonrió.
—Podríamos quedarnos aquí, entonces… Yo sería como Tarzán y tú…
—Lo sé, no lo digas, yo sería Chita —dijo con cierto recelo. «¿De verdad va a malograr este momento?». Probablemente a Akane aún le costaba creer en una atmosfera totalmente romántica con Ranma y temía que su perfecta burbuja en cualquier momento se reventara.
—No iba a decir eso. —Se defendió indignado.
—Sí claro.
—¡Por supuesto que no! Eres tú la que siempre piensa mal de mí.
—¿Por qué será?
—Escucha, si antes te molestaba así era porque de esa forma me tocabas.
—¿Qué? —Ella dejó de hacer lo que hacía para verlo y tratar de entenderlo.
—Bu-Bueno, cuando me golpeabas me tocabas. De otra forma ni… te… me… acercabas.
—Ranma…
—Pero ahora no necesito hacer eso.
La adolescente de bonito cabello corto no supo qué decir y prefirió seguir acomodando los platos y vasos. Se arrepentía por no confiar en él, Ranma estaba cambiando, por lo menos cuando estaban solos y ella parecía una loca desconfiada.
El joven Saotome vio vergüenza y arrepentimiento en la actitud de Akane, reconocía que su forma defensiva quizás era en parte su culpa. Quiso relajar ese momento y sabía cómo hacerlo.
—Mira te compré esto —Le alcanzó una cajita rosada. Ella lo miró desconcertada y bajó la vista a sus manos, tomo el paquetito de cartón viendo que se trataban de unos Pockys con sabor a fresa. Sonrió.
—Gracias, Ranma —Se paró sin soltar la golosina para alcanzar su mochilita beige amarrada en el árbol cercano que les brindaba sombra—. Yo también te compré unos —Su prometido observó sus suaves y tonificados muslos. Cuando ella regresó su mirada a él, Ranma prefirió ver con atención a la laguna—. Son de chocolate amargo, los que te gustan. —Le afirmó con alegría.
El chico de la trenza miró la cajita negra y marrón, la agarró y no pudo evitar sonreír, se desconocía; desde su declaración siempre sonreía si estaba con Akane.
Contentos de tenerse empezaron a comer entre risas y conversaciones sobre artes marciales, los cursos de la escuela, sus amigos, series, películas, música y demás gustos en común. Pronto Ranma devoró todo lo suyo haciendo que Akane le ofreciera un poco de lo de ella. Lo aceptó agradecido; le gustaba que Akane estuviera pendiente de él.
—Segura de que no tienes más hambre. —Quiso asegurarse.
—No, prefiero comer mentitas y mis Pockys —declaró abriendo la cajita y luego la bolsita de adentro con carita de niña. Sus ojos caramelo brillaron y Ranma no pudo evitar observarla mientras lo hacía, pensando: «No existe color más bonito». El olor a fresa la inundó y delicadamente tomó una varita dulce con las puntas de sus dedos pulgar e índice y empezó a masticar poco a poco.
—¿Sabe bien? —preguntó Ranma aturdido viendo como el Pocky rosa desaparecía tras cada mordida.
—Sí, está rico.
—Yo… creo que también comeré los míos… ¿Tienes más mentitas?
—Claro, toma. —Se las alcanzó.
Al recibirlas se levantó y paró a su lado.
—¿Vamos a mojarnos los pies mientras los comemos? —propuso extendiéndole la mano.
—Suena bien. Pero antes acomodemos esto —pidió señalando las cosas encima del mantel.
Ranma volvió a sonreír; a Akane no le gustaba el desorden y él se sentía feliz de conocerla cada vez más.
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Después de guardar y acomodar fueron a comer sus mentitas y sus Pockys sentándose descalzos en la orilla de la laguna.
Ranma sumergió primero sus pies y Akane se asombró al no ver la trasformación de su prometido.
—Es por el agua, no está fría. Prueba. —Akane obedeció sintiendo el agua tibia hasta la mitad de sus piernas. Se sentía bastante bien—. La roca con la forma de dragón concentra mucha calor y…
—Mantiene la temperatura del agua media-alta. —Completó ella haciéndole recordar a Ranma que su novia no solo era bonita, también era inteligente. Se sintió un poco intimidado y cambió de tema:
—¿Qué hiciste con tus galletas del fin de semana? —preguntó masticando su primer Pocky.
—¿Cómo sabes que hice unas galletas el fin de semana?
—Digamos que solo lo sé.
—Si no me lo dices no responderé lo que quieres saber. —Tomo una varita rosada y la empezó a degustar.
Ranma lo pensó: «¿Qué diablos si lo sabe?», se animó.
—Como no me hablabas tuve que vigilarte para saber cómo estabas. —Comió otro Pocky.
—¿Vigilarme? ¿Dentro de la casa? —interrogó divertida con nuevo Pocky en mano.
—Te han raptado estando dentro de la casa, incluso estando yo cerca, no puedo confiarme fácilmente ¿Sabes? —Embocó varios Pockys.
—Creo que exageras…, pero gracias, Ranma. ¿Por qué preguntas por las galletas?
—Creí que me las darías para hacer las paces.
—Lo pensé… Pero sabiendo que no te gustan preferí no hacerlo. —Colocó otro Pocky en su boca para saborearlo poco a poco.
—¿Se las diste a alguien más? —dijo suspicaz. «Llamado Eiji», se dijo a sí mismo; incómodo.
—No. Tuve que desecharlas. No estaban buenas. —Otros Pockys menos.
—Tal vez si me las dabas… las comía. No sería la primera vez.
—Ya no te torturaré más con mi comida, Ranma. Pierde cuidado.
—Quiero tu comida, Akane. —declaró sosteniendo un Pocky con la boca.
—¿En serio?
—Bueno… no es que la quiera, pero prefiero comerla a que estés molesta.
—No me molesta que no lo comas.
—¿De verdad?
—Me molesta que no lo puedo hacer bien.
—¿Eres consciente de que no lo haces bien?
—Por supuesto, tengo paladar, Ranma.
—¡¿Y por qué me obligas a comer tus experimentos?!
—Porque eres el único que no me mentiría de su sabor. —Masticó la puntita de otro Pocky; apenada.
—Ya mejorarás. —Devoró nuevamente varios Pockys a la vez, quitándole importancia a la tonta preocupación de su prometida.
—Y si nunca lo hago.
—Compraremos comida hecha, o puedo cocinar yo hasta que tengamos el suficiente dinero para contratar a alguien quien lo haga.
Akane lo miró dulcemente. «Realmente puede ser amable cuando quiere».
Callaron un largo rato disfrutando de su compañía y de sus Pockys.
—¿Por qué me dejaste sola en la fiesta de Halloween? —Ella necesitaba saber.
—No te dejé sola, solo necesité salir al patio porque no soportaba verte bailándole al idiota de último año que te comía con la mirada.
—Oye, yo no le bailaba, solo bailaba —reclamó.
—Lo que sea. Cuando saliste estuve detrás de ti hasta que llegaste a casa.
—¿Cómo? Pero si los padres de Sayuri se ofrecieron a llevarme.
—Soy rápido.
—Ranma… —Akane sintió que el corazón se le encogía al imaginarse a su prometido correr para alcanzar el auto en esa fría noche.
El heredero Saotome, se percató de semblante triste de su novia y habló de otra cosa. A él solo le importaba el bienestar de ella y no sentía haber hecho algo especial; sobre todo después de haber permitido que el tal Eiji disfrutara del ritmo y la gracilidad de Akane al bailar.
—¿Y por qué te pusiste ese disfraz? —Recordó molesto.
—Me lo dio Nabiki. Tenía mucho a cargo y ella se comprometió a ayudarme con eso —explicó cohibida.
—Esa Nabiki —gruñó.
—¿De verdad me veía tan mal?
—¿Qué?
—Ese día no paraste de molestarme.
—No es que te vieras mal… Es que… quería que te lo quitaras y no salieras con él. Bien pudiste disfrazarte de Barney o la rana René —Akane se quedó quieta mirándolo, tratando de asimilar que a su manera Ranma le estaba confesando que estaba celoso—. Prométeme no volver a ponértelo a menos que estemos solos en nuestra casa.
—Lo prometo —contestó con una ligera sonrisa que trató de ocultar observando el movimiento pausado de las nubes.
El joven Saotome se alegró de no tener que insistir para obtener esa respuesta. Luego preguntó:
—¿Y tu anillo?
—Aquí —Señaló su pecho. Ranma observó la zona elevada, no entendiendo al principio, concentrándose en otras cosas. Luego Akane llevó sus manos a su cuello y empezó a jalar una cadenita plateada hasta que pudo mostrar su anillo—. Si lo llevo aquí nadie sospechará —afirmó empezando a oscilar la joya, haciendo que su prometido regresara de su viaje momentáneo a lomas lejanas claras y suaves—. ¿Y tu llavero? —También sintió curiosidad por saber.
Akane, al día siguiente de su compromiso formal donde recibió su bonito anillo de corazón rojo, creyó que era adecuado darle un regalo a su novio también. Quedó con sus amigas para ayudar a Yuka a comprar un sombrero y al regresar a casa pasó por una pequeña y acogedora tienda de antigüedades de olor especial, en la cual buscando un regalo para Soun y Genma por el día del padre, encontró una figura dorada con forma de caballo alado que llamó su atención; era un llavero de Pegaso. Le gustó mucho, como le gustaba Ranma. Entonces decidió que volvería por él para obsequiárselo en su cumpleaños sin imaginarse que lo compraría para otra fecha especial.
—Aquí. —El chico de la trenza lo sacó de su bolsillo y lo hizo balancear frente al rostro de su prometida.
—¿Te gustó?
—Más me gusta quien me lo dio. —Los dos enrojecieron y dejaron de verse a la cara.
Se escuchó el aletear de unas avecillas y simultáneamente metieron sus manos a sus respectivas cajas de Pockys, dándose cuenta de que solo quedaba uno para cada uno.
—Creo que podría pasar una vida comiéndolos. ¿Qué tal estuvieron los tuyos? —comentó Akane para romper el silencio de sus voces y resignada a que ya había acabado sus varitas dulces.
—Buenos —contestó aparentemente aburrido.
A Ranma se le ocurrió algo. Tomó el Pocky de su prometida haciendo que ella lo mirara desconcertada. Él continuó con su idea y juntó el Pocky rosa al último Pocky marrón que le pertenecía y se los llevó a la boca sosteniéndolos de un extremo. Enrojecido se acercó a Akane.
Ella sintió cómo su corazón le retumbaba en los oídos y a sus mejillas acalorarse. Observó a su prometido cada vez más cerca; nervioso y quizás también asustado. Se esforzaría por no rechazarlo ni echar a perder el momento confiando en él. También se aproximó separando sus labios sin dejar de ver a las golosinas para alcanzarlas. Al sentir el sabor doble de Pockys levantó la vista y Ranma la contemplaba atento y significativamente.
Era un reto.
Empezaron a masticar haciendo crujir a las delgadas galletas y a mover sus labios para atraer la mayor longitud de los Pockys hasta que el sabor ya no fue de fresa ni de chocolate, sino de Ranma y Akane.
Se sumergieron en las sensaciones que se producían mutuamente; en la suavidad, la humedad, la firmeza, la tibieza, la frescura, la ternura, la falta de cordura y los espasmos de emoción terrible.
Pero sus besos tenían algo más que placer físico y su noveno no fue la excepción. Cada beso traía juramentos de fidelidad, protección, anhelo, felicidad, apoyo, respeto, igualdad, confianza, alegría, reciprocidad: amor.
Ranma no podía separarla y Akane deseaba que no lo hiciera. Sin embargo, muy a su pesar, dejaron que el juicio y la necesidad de respirar los distanciara. Ella se acomodó de espalda para ver el azul del cielo y él prefirió apoyarse de costado con ayuda de su brazo derecho para seguir admirándola y no permitir que su mano traviesa dejara de acariciar la suave curva de su cintura femenina.
¿Cuándo tendrían otra oportunidad de estar así?
—¿Quieres entrar a la laguna? —Ofreció Ranma y Akane le hizo preguntas con sus ojos que él entendió—. No te preocupes, el agua de aquí ya debe estar lo suficientemente tibia para no transformarme aunque me moje entero y no dejaré que te ahogues, además no es tan profunda.
Ella sonrió.
—¡Vamos!
Se pusieron en pie, así como estaban, entrando poco a poco a la laguna sintiendo como se empapaban de abajo a arriba y sus ropas aumentaban de peso a la vez que se les pegaba al cuerpo. Akane, nerviosa, presionó la mano de su prometido y Ranma la sujetó fuerte dándole confianza. Repentinamente, ella separó los pies del fondo y flotó boca arriba.
—¿Lo hago bien? —preguntó mostrándole lo que había aprendido semanas atrás con sus amigas.
—Sí. —Ranma emocionado la soltó despacio recorriendo con sus azules ojos el cuerpo de su prometida suspendido en el agua. Colocó sus manos abajo de ella y la guio hasta que llegaron cerca de la majestuosa figura natural de La Laguna del Dragón.
A Akane le gustó flotar de esa manera y Ranma disfrutó de verla completa.
La naturaleza que los rodeaba era agradable; el olor de las flores, la brisa suave, el canto de las aves, el zumbido de una abeja… ¿Una abeja?
—¡Aaah! —El grito de la pequeña Tendo sacó de su ensoñación al heredero Saotome.
El pequeño insecto se había posado a la nariz de Akane. Desesperada por espantarla perdió toda concentración y estuvo a punto de hundirse, mas Ranma siempre estaba ahí para protegerla; la abrazó sacudiendo una de sus manos para alejar al antófilo y ella se aferró a él. Con su prometida en brazos avanzó hasta la gran roca y la sentó en lo que parecía ser parte de la cola del dragón gris, luego él se sentó a su lado.
—Ya pasó ¿Te llegó a picar? —inquirió preocupado tratando de ver su rostro.
Akane, avergonzada y frustrada por temerle a un pequeño animalito, movió la cabeza negando sin verlo y limpiándose disimuladamente los ojos. Prefirió mirar a un costado, suspirando para tranquilizarse.
Ranma se sintió más tranquilo y se quedó pensando en que su prometida era muy valiente, porque a pesar de sus temores siempre trataba de enfrentarlos, además de no mostrase débil. Al momento sintió que algo cayó encima de su cabeza. Llevó su mano para tocar lo que creyó era una ramita y con sorpresa observó que se trataba de un ¿Pocky? Lo probó. Sí, era un Pocky. «Pero ¿De dónde?». Levantó la cabeza y atisbó el desprendimiento inaudito de otro palito de galleta cubierto con chocolate. «¿En serio son sus bigotes?». Recibió en la mano el siguiente bigote Pocky. Lo miró analíticamente por unos segundos y después volteó a ver el cabello azulado de Akane. Su corazón palpitó pletórico.
El juego que habían comenzado y no pudieron continuar por falta de "implementos" era competitivo y con premio. Justo lo que a él y a su prometida les gustaba.
Aquel día de campo del 11/11 terminó con un gran rugido. Y quienes llegaron a escucharlo creyeron que tal vez se trataba del dragón de piedra de la laguna secreta.
Fin.
O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O
O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o.O
Notas de autora:
Holitas ;).
Disculpen si los posibles errores que encontraron les fastidiaron la lectura :'(, trato de evitarlos, pero a veces se siguen escapando.
Este one-shot ha sido un bloqueo para QBAAOV (Quién besara a Akane ¿Otra vez?) porque rondaba y rondaba en mi cabeza desde el 11/11 (Día del Pocky en Japón), y no me dejaba escribir tranquila la segunda parte de «Acuerdos e interrupciones». Felizmente ya lo pude escribir y ahora retomaré QBAAOV n.n.
Por cierto… ¡Feliz Día del Pocky! Aunque sea atrasado n.n.
¿Sabían que…? Un Butsudan es un altar familiar japonés para orar y presentar ofrendas a los seres queridos fallecidos. Además, los yakitoris son brochetas de pollo y los takoyakis son bolas de pulpo rebozadas.
Espero les haya gustado este pequeño ficcito dulzón ;D, a mí me agradó escribirlo n.n. No queda de más decir que La Casa de la Santa Acogida y La Laguna del Dragón son nombrecillos de lugares inventados por su servidora n.n, ya quisiera yo que brotaran Pockys de un dragón de piedra *.*, sí que sí.
Ya saben, si no es mucha molestia desearía leer sus críticas, sugerencias, gustos, disgustos y/o todo lo que quieran escribirme para mejorar mis ideas y escritura supernovel.
Que les vaya siempre genial. Paz y amor para sus vidas. Hasta pronto n.n.
StaAkaneFan.
