Hola (~*^*)~

Después de varios meses y un chingo de fics pendientes estoy de vuelta. Pido una disculpa de antemano por la tardanza, por no contestar reviews y por las inconsistencias que puedan encontrar aquí :'v. Recién entré a la carrera (si me quedé, pero el semestre en linea no ayuda :'v) y ando hasta el cuello de tareas y de todas formas me siento con el derecho de procrastinar y bueno, son un desastre.

Como dije tengo pendientes varios fics pero este era el que más me urgía. Si han leído todos mis fics sabrán que hay cierto perfil hermoso con historias bien hermosas también de una persona super talentosa aquí en FF. y que fue el que me metió/incursiono/alentó a publicar historias. Ya son las tres de la mañana del 23 pero esto era para el 22... así que todo el mundo finja que es 22. Ozora-san ¡feliz cumpleañoooooooos! Para mi es un honor poder dedicarte bien un fic. No sabes cuantas cosas te agradezco. Un trocito de mi va en esta cosa que es mucho mas corta que la que tu me dedicaste en mi cumple pero te lo doy con mucho cariño... y perdón otra vez por llegar tarde :'v.

Te dije que quería hacer algo especial y bueno... creo que todos tenemos días en los que necesitamos un abrazo al corazón o algo más cálido y ameno de leer así que decidí hacer algo bastante... dulce y muy lejos de la cruel realidad jaja :'v. No sé si te acuerdas de que una vez hablamos sobre como hubiera sido si se conocían en un mundo sin demonios y pues... de eso va este fic.

Creo que es muy notorio el OC. aquí :'v trate de no despegarme tanto... pero tomen en cuenta que no hay traumas en este mundo y que realmente no sabemos como actuarían en una situación romántica, también por eso hay pocos diálogos. Ozora-san, de verdad espero que te guste.

Solo me queda decir que todo el crédito de personajes es de Gotouge-sama a quien amo por crear Kimetsu pero siempre me causa conflicto por hacerlos sufrir tanto :'v


A Little Sweet Dream

Desde que Shinobu había aprendido a leer y escribir comenzó a llenarse del conocimiento que los libros de medicina y farmacéutica de sus padres tenía. Le encantaba aprender, era una niña muy curiosa. Lo único que disfrutaba más que estar rodeada de libros era estar rodeada por los brazos de su hermana mayor o alguno de sus padres.

Por ese entonces, sus padres se dedicaban a atender y procurar la salud de los ciudadanos del pueblo donde vivían. Las ganas de aprender más de la pequeña Shinobu lograron que eventualmente, su padre la llevará a las consultas a domicilio que solía hacer. Siempre y cuando estuviera quieta y lo auxiliara con las herramientas era libre de acompañarlo y ciertamente fue gracias a eso que ella se decidió a estudiar farmacéutica de manera profesional cuando fuera mayor. Sabía que por la era en la vivían sería algo difícil lograr su objetivo, pero confiaba en que su carácter de acero le sería suficiente para superar cualquier adversidad.

Cierto día, su padre le comentó que iría al barrio Kita a atender a una joven por algo que parecía ser una infección respiratoria y como era de esperarse, aceptó acompañarlo de inmediato a pesar de que el lugar quedaba un poco lejos.

Era un barrio más sencillo que el suyo y la razón por la que estaban allí y no en su pueblo era que un amigo de la familia de la chica los recomendó. La casa también era un poco más pequeña que la suya; Shinobu entendió rápido que se trataba de un pueblo más humilde que el suyo y se preguntó si eso le importaba a su padre.

-Bienvenidos, muchas gracias por venir. Síganme por favor, es por aquí. – los recibió un joven claramente alarmado. Ella se mantuvo detrás de su padre, guardando un respetuoso silencio en lo que él iniciaba con las preguntas.

-Se trata de mi esposa. No se ha sentido bien estos días, tiene fiebre y tose bastante. Intentamos con remedios caseros pero lleva una semana y media así. Se lo ruego, ayúdela a recuperar su salud. – antes de abrir la puerta el joven hizo una reverencia profunda y humilde, intentando que comprendieran su desesperación.

La vista de una joven recostada en el futón respirando con algo de dificultad fue lo que encontraron y aunque en un inicio eso era el interés de Shinobu, tuvo una extraña sensación al ver al muchacho que tomaba con ambas manos la mano de la mayor. Compungido y tan preocupado que ni se dio cuenta de que el médico había llegado.

-Giyuu, por favor haz espacio. El doctor está aquí; Tsutako estará bien- el hombre se acercó al niño y lo tomo de los hombros para apartarlo de la joven pero él se negaba a soltarla.

-Giyuu, esta bien- la joven hablo despacio. -Te prometo que estaré mejor en poco tiempo, pero debes dejar al doctor trabajar. – ella acaricio sus cabellos para darle confianza. El niño se levantó y miró al padre de Shinobu con una suplica impresa en la mirada. Su padre le respondió con una sonrisa suave. El muchacho apretó un poco los labios antes de retirarse de la habitación; parecía que ni siquiera había notado a la menor.

Aunque trató de no molestarse por aquella "falta" le fue imposible no sentirse como si la hubiera ignorado a propósito, pero por la cara que traía debía estar muy asustado de que a esa mujer le ocurriese algo, por lo que intentó dejarlo pasar.

Ayudó a su padre a revisar a la joven con todo el cuidado que pudo, parecía que se desplomaría de inmediato si intentaba levantarse y a juzgar por la tos que escuchó, su garganta debía dolerle muchísimo. Preguntó a su padre si era posible darle uno de los jarabes especiales de su madre.

-Disculpe ¿de donde puedo tomar agua? – cuestionó la niña una vez su padre le autorizó la idea. Al llegar a la cocina se encontró un el niño aguantándose el llanto en lo que preparaba algo que supuso era arroz. La miró con los ojos rojos y llenos de sorpresa, después el rostro se le puso rojo al adivinar que ella lo había visto llorar y se sintió el niño más desafortunado del mundo al cometer algo tan vergonzoso frente a una niña tan bonita.

-Lamento molestarlo señorito, solo he venido por agua para la medicina de su… - ella hizo una pausa – perdón pero ¿la paciente qué es de usted? - Shinobu se acercó un poco más a la barra. La muchacha le parecía demasiado joven para tener un hijo de esa edad.

-Mi hermana, es mi hermana mayor – respondió una vez todo hizo clic en su cabeza. La mención de Tsutako le quito la vergüenza, al menos la suficiente para servirle agua a la niña en uno de los vasos de bambú. - ¿va a morirse? – preguntó de repente con los ojos rojos otra vez. Shinobu sintió una mezcla de compasión e incredulidad; era claro que no iba a morirse, estaba exagerando, pero por otro lado, ella también tenía una hermana mayor…

-Su fiebre no es alta y su tos no es seca. Es solo una infección pequeña- respondió tomando el vaso. -Mi padre es un excelente médico, estará bien. - declaró orgullosa saliendo de la cocina y dejándolo un poco más tranquilo.

Cuando salieron de la casa y recibieron la reverencia de los dos varones Shinobu se preguntó so volvería a ver al muchacho alguna vez. Vio a su padre rechazar la bolsita de tela que el otro hombre le extendió y recibió la respuesta a su pregunta de la mañana. Si su padre notaba que sus servicios ponía en riesgo la economía de la familia prefería no cobrar o hacerlo a largos plazos para no afectarlos. A final de cuentas esa era la razón de su vocación: ayudar.

Giyuu pudo dormir tranquilo esa noche al notar a su hermana con mejor color y sin tanta tos y también se cuestionó porqué esa niña había acompañado a su padre ¿estaría castigada? ¿era muy traviesa y no podía quedarse sola en casa? ¿Por qué su cabello tenia ese color tan inusual? Se quedó dormido haciéndose esas preguntas. Ella le daba una curiosidad que no podía ignorar.


Fueron más ocasiones a esa casa a seguir revisando a Tsutako y en todas esas ocasiones ellos se miraban como si fuesen de otro planeta. En una ocasión y usando la excusa de que los adultos debían hablar de dinero fueron enviados a jugar al pequeño jardín de la morada; lo gracioso es que no jugaron. Se sentaron en el pasillo y platicaron amenamente. A él le daba gracia que la niña fuera tan formal y lo llamara "señorito" y a ella le parecía que para su edad -que era más o menos la misma que la de su propia hermana- actuaba de manera infantil.

- ¿por qué eres tan bajita? - preguntó de repente. No imaginó cuan ofendida la hizo sentir.

- ¿por qué eres tan grosero, es que eres tonto? – respondió con el ceño fruncido.

La conversación tomo un rumbo menos… amigable. Ella tenía mal carácter y él era competitivo así que hacerse entender era algo difícil. Al final terminaron medio peleados y ni siquiera se despidieron, empero, Shinobu no dejó de ir y muy en sus adentros Giyuu lo agradeció.

La gratitud de la familia era tanta hacia los Kochou que terminaron por hacerse amigos. El esposo de Tsutako era buen carpintero y le regaló a las niñas del señor unos peines de madera bastante bonitos. Vivían un poco lejos, pero se visitaban seguido y aunque en su momento no lo admitieron, los hermanos menores terminaron por hacerse amigos. Shinobu era una niña inquieta y temeraria y eso a Giyuu le encantaba. Jugar a las atrapadas, con ramas de madera a combates con espadas o simplemente salir a caminar y darse algunos empujones de vez en cuando era suficiente para alegrarles la tarde.

Shinobu encontró en Giyuu un amigo muy especial. Si bien no disfrutaba de la violencia física como tal, era agradable poder estar con alguien y ser tan maldosa como quisiera. Su hermana siempre se moderaba y evitaba estar en juegos bruscos además de que no se sentía capaz de ser pesada con ella. Giyuu en cambio no solo toleraba sus maldades sino que se las devolvía y sin remordimiento. Se sentía libre.

Pasados unos meses la excusa de visitarlos para revisar a Tsutako dejo de ser valida y esa fue la primera gran prueba de su amistad porque el joven le pido que lo siguiera visitando cuando pudiera y que él haría lo mismo.

Giyuu fue bien recibido en la casa de los Kochou. Era un niño amable y desinteresado que en cada visita a la casa ayudaba un poco con la limpieza o la comida y eso le hizo ganarse en cariño de todos. Notó rápido que ellos eran una familia acomodada y que existía cierta brecha por el estatus social pero saber que a todos, especialmente a Shinobu les importaba un bledo le hizo sentir muy tranquilo.

El tiempo continuó su curso y el joven conoció a cierto muchacho de cabellos raros con el que fraternizo de inmediato. Shinobu no pudo reprimir muy bien los celos y la tristeza de saber que quizá había encontrado a alguien mejor para jugar, pero no quería que él limitara sus amistades, no era justo. Se resignó a que posiblemente dejaría de verla tan seguido porque ahora tenia a un amigo que vivía más cerca que ella. Cuando Giyuu la vio decaída y la miró a los ojos unos segundos dijo algo que le trajo paz a su corazón – No te preocupes, nadie podría ocupar tu lugar. - aseguró con una enorme sonrisa. Y los años supieron darle la razón. En todo ese tiempo, a pesar de estar muy entrado en la adolescencia Tomioka no dejó de visitarla al menos una vez a la semana y si por alguna razón no podían verse las cartas eran la solución. Shinobu le correspondió contestando sus cartas en cuanto acababa de leerlas. En todo ese tiempo la comodidad y complicidad que sentía por ese chico no había hecho otra cosa sino crecer. Ella fácilmente podría llamarlo su mejor amigo.

Shinobu adoraba su forma de ser. Sencilla, osada, honesta y recta. Que hiciera muecas tan graciosas, que tuviera una paciencia y amabilidad infinita, que se preocupara tanto por su hermana y cuñado o mejor aún, que se preocupara por ella, que fuera amable y honesto con ella, y que le permitiera ver esos gestos tan raros en su cara a causa de algún mal chiste o un repentino "poke" en su mejilla o brazo. No notó la sonrisa que rara vez se podía ver en su rostro cuando dobló la hoja en respuesta a su ultima carta y fue su hermana con mirada picará la que notó como perfumaba la hoja antes de meterla al sobre, Shinobu lo hizo de manera inconsciente. – Me alegra ver que Giyuu-kun y tú se llevan tan bien- soltó ella con un tono que le puso los pelos de punta a la ojimorada. Una venita se le remarcó en la frente y trato de ahogar el reclamo hacia su hermana.

Sabía que era una discusión que no podía ganar.

Aunque recién empezaba a trabajar Giyuu siempre procuraba dejar un día libre en su semana y tener las tardes libres para poder dedicarse a Shinobu. Después de llegar a casa y ayudar en algo a su hermana se iba a leer y responder lo que Shinobu había escrito para él. Inhalaba hondo el perfume de las hojas e imaginaba que clase de expresión o gesto estaría haciendo mientras le escribía. Se reía con sus comentarios y bromas mal metidas y luego le respondía alegremente. Juraba que su corazón brincaba con entusiasmo cuando una nueva carta llegaba y sentía una emoción gigantesca cuando podía visitarla o ella iba a pasar a su casa. Por alguna razón se sentía afortunado de poder expresar o sentir libremente sus emociones; a veces tenía la sensación de que hubo alguna vez en la que debía reprimir cualquier sentimiento cálido, no solo hacia ella, sino a cualquier persona, así que cuando estaba con sus seres queridos procuraba demostrarles lo mucho que les importaba.

Los meses y años siguieron pasando y como cualquiera se hubiera esperado, el sentimiento de amistad cambio. Ella pese a seguirlo provocando un poco ya no era tan impulsiva y él pese a que seguían llevándose un poco pesado verbalmente la trataba con mucha más delicadeza, porque Shinobu era ya una dama. Los dos habían crecido. Si antes la diferencia de altura era notoria el joven ahora le sacaba poco más de veinte centímetros y la redondez de los rostros propios de un niño se perdió en perfiles afilados y mandíbulas firmes, especialmente el de Tomioka. Las cosas habían cambiado.

Cambiaron cuando ella de repente se mostró un poco más tímida y vulnerable.

Cambiaron cuando él sintió sus nervios crisparse cuando otros hombres se acercaban a ella con un aire que no le daba confianza.

Cambiaron cuando ella desvió la mirada en incomodidad y molestia cuando una chica se le acercó a él con más confianza y descaro del que debería.

Cambiaron mucho cuando tocarse de cualquier forma los hacia sentir cosas raras en la barriga.

Cambiaron cuando ella se perdió por instantes en el atractivo de su rostro o en lo gruesa que su voz sonaba.

Cambiaron cuando él empezó a actuar como su guardaespaldas personal siempre que salían a la calle.

Cambiaron cuando él se vio inmovilizado por la sonrisa de alegría genuina que se formo en su rostro. Una sonrisa tan escasa y que había visto solo un par de veces y cuyo recuerdo guardo en su corazón como el más valioso de los tesoros.

Ella dejó de verlo como ese amigo leal que siempre creyó que era y se vio envuelta en un deseo desesperado de ser envuelta por sus brazos cada vez que lo veía.

Él supo que algo andaba diferente cuando despertó cubierto de sudor después de un sueño con ella bastante cuestionable y con algo más despierto en su cuerpo.

Cambiaron cuando ella empezó a tomarlo del brazo más seguido cuando salían a caminar.

Cambiaron cuando las cartas de él empezaron a llevar una pequeña flor morada dentro del sobre.

Cambiaron mucho mas cuando ella le pidió que tratara de visitarla más seguido.

Cambiaron cuando él se daba la libertad de acariciar los mechones de su cabello con la excusa de que tenía algún pétalo o insecto.

Cambiaron cuando Shinobu soltaba sonrojos explosivos por algún pensamiento secreto en alguna de sus platicas.

Pero sobre todo, cambiaron esa tarde de primavera, cuando iban caminando junto a un rio, esa vez que se detuvieron a ver el paisaje y ella le empezó a picar la mejilla. Esa tarde en la que fue impulsivo y atrapo su mano en pleno vuelo, cuando la acercó a él y la miró a los ojos como tanto había deseado hacerlo. De ese color tan violeta e intenso casi fundiendo su mirada con el hermoso azul de él. Verlos por tantos segundos como le fuera posible y mitigar cualquier duda. En esa tarde soleada y tranquila, donde se dieron su primer beso.

Un beso tan tímido y tierno, debajo de un enorme árbol de glicinas.

A partir de ese día todo cambió. La índole de su relación ahora era más apremiante, confusa y maravillosa. Se veían cada vez que podían y se besaban a escondidas de todos. Se tomaban de las manos y sus cartas eran ahora de unas tres hojas. Estaban muy enamorados.

Shinobu especialmente se sentía afortunada. Su carácter, a diferencia del de sus amigas o su propia hermana no era del agrado de muchos, especialmente de los hombres. Saber que su manera más sería y exigente de ser era del agrado de su enamorado y que de hecho había sido una de sus razones para caer rendido a sus pies le llenaba de paz el alma y hacía bailar a su corazón. Saber que él la quería de esa forma, que su mirada azul fuese a posarse solo sobre ella y que confiaba en ella más que nadie le llenaba de una alegría inexplicable.

Su alegría se intensificó cuando fue a pedir su mano formalmente y el que sus padres lo aceptaran y apoyaran por poco la hace romper en llanto en la sala de la casa. Por muy terca y disciplinada que fuera había cosas que la dejaban tan sensible y frágil que era demasiado para ella. Se comprometió con él poco antes de cumplir 18 y por esas fechas solo pudo tomar la mano de Tsutako y agradecerle a ella y a los dioses que fueran por la infección respiratoria que los hizo conocerse en primer lugar.


La noche antes de su boda fue de esas noches en las que no concilias el sueño por más que lo intentas y a Giyuu no le fue mejor. Dio vueltas en su cama hasta muy entrada la noche y se despertó cuando el sol recién iba a salir.

Su corazón se detuvo por varios instantes cuando ella salió del cuarto de cambio, con los labios y las mejillas rojas, vestida de blanco. Su rostro se veía tan hermoso como ansioso, preocupada y emocionada de tantas cosas. Supuso que su propia cara estaría igual.

Durante la ceremonia Giyuu entendió un poco más de si mismo y comprendió que su corazón, cuerpo y alma siempre habían sido y serían de Shinobu.

La amaba.

La amó esas tardes jugando a las atrapadas en el jardín, la amó cuando leían algo juntos, la amó cuando se sentaban a comer en cualquier lugar, la amó cuando le contaba alguna broma que realmente no daba gracia, pero se reía de todas formas porque su risa era contagiosa.

La amó cuando le curaba los rapones de las rodillas.

Ella lo amó cuando le permitió peinar su cabello negro en una cola de caballo para después ponerle su broche de mariposa y reírse por un buen rato.

La amó cuando se sonrojaba por algo que él hacía o decía.

La amó cuando su carácter ponía en su lugar a quienes trataban de pasarse de listos con ella con cualquier persona.

La amó incluso cuando llegaron a pelearse por algún mal entendido o un comentario fuera de lugar.

Lo amó cuando él le ganó el privilegio de pedir disculpas primero.

La amó con locura cuando sus labios se entregaron por primera vez.

Ella lo amó cuando sus manos se entrelazaron al caminar

La amó cuando ella confesó abiertamente lo mucho que lo quería y cuanto significaba para ella.

Lo amó cuando él le susurró que sentía lo mismo por ella antes de besar con cuidado el dorso de su mano.

La amó cada segundo que duró la ceremonia.

Shinobu adoró como su apellido se transformó al suyo y en su certificado aparecían como "Giyuu y Shinobu Tomioka".

Giyuu amó a Shinobu por esa sonrisa que brillaba como la luna llena en medio de la oscuridad.

La amó cuando escuchó un "te amo" salir de sus labios antes de besarlo y sintió que su alma le pedía a gritos decirle "yo también te amo".

La amó con ganas en su noche de bodas, cuando pudo apreciar la magnificencia de su desnudez, el sonido necesitado y placentero de su voz o la dulzura de su piel.

Shinobu lo amó por ser tan considerado y procurarla lo más posible no solo esa, si no todas sus noches de amor.

Lo amó cuando despertaba rodeada de sus brazos en las mañanas y podía apreciar el rostro de su amado durmiendo tranquilo.

Se amaron cuando se mudaron a su propia casa y pusieron su propia farmacia.

Se amaron cuando llegaron a tener dificultades económicas.

Se amaron en cada discusión o pelea que como cualquier pareja llegaban a tener.

Se amaron en las disculpas y reconciliaciones.

Se amaron cuando alguno de los dos enfermaba y se desvivían en cuidados y atenciones para que el otro se sintiera mejor lo antes posible.

Pero fue otra tarde primaveral cuando ese amor se volvió a multiplicar.

El ojiazul estaba sentado tranquilamente en la mesa enana del comedor haciendo algunas cuentas cuando ella se detuvo en el marco de la puerta con el rostro visiblemente alterado. Giyuu no supo porque tenía esa expresión, por lo general solo necesitaba observarla por unos instantes a los ojos para descifrarla pero esta vez no fue así, por lo que preguntó. – ¿Está todo bien? – Shinobu apretó los labios antes de llegar a su espalda y abrazarlo por detrás escondiendo su rostro. Eso le preocupo; su esposa rara vez tenía problemas para decirle algo. – Shinobu ¿Qué pasa? - insistió él. Ella siguió sin responder. El pelinegro ya estaba pensando en una manera de abordarla sin sumarle preocupaciones. Quizá tenía que ver con las cuentas, o algo había pasado con sus padres o su hermana, quien también se había casado. Quizá se había peleado con alguien en la calle o había un gato o perro cerca de la entrada de la casa y no podía salir. Su línea de pensamientos se cortó al oír un pequeño susurro por parte de la ojimorada que no alcanzó a oír bien. - ¿Shinobu?

-… Giyuu-san...e-estoy, estoy embarazada…- reveló escondiendo más su rostro en él, sintiendo de primera mano como el corazón de su marido parecía salir de su pecho.

Shinobu adoró y guardó en su alma la sonrisa de sorpresa y alegría infinita que Giyuu le dio. Esa sonrisa que la ponía de rodillas y que brillaba más que el sol.

Cuando Giyuu le sonreía así, absolutamente nada podía estar mal.


Tras unos meses y con su vientre empezando a crecer debían hacer algunas compras para su futuro bebé, por eso estaban en ese despacho de telas. Shinobu había insistido en que sería ella misma la que bordaría los baberos, mantas e incluso un zorro de tela que su padre conservaba de su niñez y Giyuu sabía que ni él, ni Dios ni nadie la haría cambiar de opinión.

-Serían 5799.79 yenes por favor- dijo la sombría empleada del lugar. La joven de ojos verdes y cortos cabellos negros los miró con cierta incredulidad y reproche por la cantidad inaudita de tela que iban a comprar. Como si quisieran forrar toda su casa con ella.

-Oda-san, ya llegaron los nuevos paquetes ¿Dónde quieres que los ponga? – preguntó un joven de raros cabellos rojos. Ella rodo los ojos.

-Usa la cabeza. - contestó a secas mientras recibía el dinero. – Gracias por su preferencia. Vuelvan pronto. – dijo más a fuerza que de ganas antes de voltear por el brusco sonido del pasillo

-Yo no fui, fue mi hermana- acusó el pelirrojo levantando los brazos en señal de rendición. La mujer se subió las mangas de kimono lista para masacrar al trio que supuso fue el encargado del desastre.

La pareja se miró pensando lo mismo «Son gente algo rara».

Esas semanas la futura madre se pinchó los dedos mientras cocía con ternura alguna manta y el padre en formación por poco se fractura el pulgar a causa de un martillazo por construir la cuna de su bebé.

Esos meses de espera fueron tan maravillosos como ansiosos y algo estresantes. Si antes lidiar con el carácter de Shinobu era difícil ahora podía considerarse una tarea que solo un par de ingenuos se atrevería a intentar hacer. Sus cambios de humor y malestares típicos del embarazo le exigieron a Giyuu más paciencia y temple del que creyó necesitar. Sumando su propio estrés de padre primerizo y dificultades cotidianas apreciaba profundamente las horas de sueño porque además, cuando llegara su primogénito – ya que estaba seguro de que sería niño- ya no podrían volver a dormir en un buen rato.

Con todo y eso, él solía arrodillarse para escuchar y besar el vientre cada mes más grande de Shinobu. Ella se derretía de amor siempre que el padre de su niño pegaba la oreja y con sus manos acariciaba su barriguita, deseoso de que su pequeño soltara alguna patadita, entonces él sonreía, besaba su vientre otra vez y luego besaba la punta de los dedos de su esposa con devoción.

Cuanto deseaban que su niño llegase ya.

La noche que nació, cuando por fin pudo cargarlo y observar lo delicado y pequeño que era Giyuu derramó lágrimas de felicidad junto a Shinobu. Los dos tenia la sensación de que esa felicidad estaba fuera de su alcance, que no era para ellos y sin embargo su bebe estaba justo allí, moviendo sus manitas y curioseando el mundo con ojos tan azules como los de su padre.

Se amaron más por haber creado a un ser tan perfecto juntos. Se amaron en las madrugadas calmando su llanto, se amaron cuando empezó a gatear y luego a caminar. Se amaron cuando sus primeros dientes estaban saliendo o cuando estaba empezando a aprender a hablar.

Luego, otra mañana, ella descubrió que estaba embarazada otra vez. Fue un embarazo mucho mas tranquilo al ya tener experiencia y se alegraron al descubrir que esta vez era una niña.


Si algo les quedaba claro, era que la vida que habían tenido ahora que eran unos ancianos, había sido maravillosa.

Vivieron rodeados de la gente que amaban, habían tenido buena salud toda su vida, nunca les faltó nada. Habían tenido la dicha de vivir en un lugar tranquilo en una Era tranquila, de conocerse desde pequeños y poder amarse desde entonces y eso era algo que los llenaba de una nostalgia muy densa.

Si bien sus hijos y nietos eran lo que más amaban, absolutamente nada ni nadie podía ocupar el lugar que ellos mismos tenían con el otro. Por alguna razón siempre fueron conscientes de lo afortunados que eran de haber podido conocerse y amarse desde hacia tantos años y con tanta libertad. Sin contener nada, sin fingir nada y sin cargar con pesos innecesarios.

De verdad algo dentro de sus almas les gritaba que hubo una ocasión en la que no fue así.

Tenían la sensación de que en algún momento ni siquiera habían podido decirse alguna palabra cariñosa o compartido una mirada cómplice y divertida. Sentían que debían de agradecer profundamente una vida tan dichosa como la que habían tenido. Ahora eran viejos que en unos años más se despedirían de ese mundo y se irían a otra vida.

Lo único que los dos sabían era que debían estar felices por poder amarse sin contención en esa vida, porque no se imaginaban un existir sin la presencia del otro. Eran sus complementos, sus mejores amigos, sus cómplices, la luz de su vida. Giyuu no se imaginaba la vida sin esa chica con broche de mariposa y que solía tener un rostro serio la mayor parte del tiempo y Shinobu sabía que nunca sería feliz si le arrebataban de su lado al joven con los ojos mas azules del mundo.

Solo deseaban que en su siguiente vida ellos se pudieran volver a encontrar.

Aunque fuera de lejos. Aunque esta vez tuvieran que guardar distancia. Solo querían verse.

Sus almas se pertenecían. Estaban conectadas en esa y todas sus vidas. Solo les quedaba orar porque en todas sus vidas su amor tenga permitido florecer con la misma vida y belleza como en esa vida tan tranquila y larga.

Esa vida que parecía ser el más dulce de los sueños…


Ahora estoy llorando porque me acuerdo del manga y de la cruel verdad de que, no solo no terminaron juntos, sino que su vida fue bastante dura e injusta para seres de luz tan maravillosos como ellos *se hace la seppokución :'v*

Ne, ne Ozora-san~ hubieron un par de referencias y/o una sorpresa por el fic, espero que las hayas visto xDDD

Miren, yo no sé como sean ustedes con sus ships pero yo soy muy posesiva y apegada a ellos. Desde el fondo de mi corazón deseo un lugar donde puedan vivir felices juntos y rodeados de sus seres amados, se lo merecen :'v

Como dije quería algo dulce para huir de la realidad del manga. Ciertamente ayuda como refugio emocional :'v

Aclaro solo que, estamos el la era Taisho pero sin demonios. Giyuu y Shinobu conservan su diferencia de edad de tres años y se conocieron cuando ella tenía ocho y el once y se casaron poco antes de que Shinobu cumpliera dieciocho. Sabito si aparece como el amigo/besto brother de Giyuu pero como esto era un relato corto y centrado solo en GiyuShino pues solo lo mencioné xDDD. Y por si se lo preguntan, acá ellos vivieron un largo matrimonio con sus altos y bajos pero feliz ante todo, como dije, ellos merecían ser felices :'v y también me daba tentación hablar sobre los hijos pero no se me ocurrió como xddd.

Ozora-san, espero que te haya gustado. Vayan a leer sus historias para que capten las referencias que hay aquí, es una escritora talentosísima y merece todo el reconocimiento del mundo.

Larga vida a Ozora-san!

Adioooooooos (~*^*)~