When you were young
And your heart was an open book
You used to say live and let live
But if this ever changin' world
In which we live in
Makes you give in and cry
Say live and let die
2945 Tercera Edad
Thorin evitó gemir, agarrando las sábanas con más fuerza, mordiéndose el labio para tratar de controlar su placer. Sin embargo, acabó gimiendo en voz alta, gritando el nombre de su creador mientras notaba los dedos de Bilbo dentro de él.
Nunca había sentido algo así, nunca había dejado que nadie le tocase de esa forma. Nunca se le hubiese imaginado, pues él había sido un príncipe de Erebor, el legítimo rey de la Montaña Solitaria incluso en el exilio, y no iba a permitir que nadie, sobretodo un Hombre, lo rebajase a estar de rodillas, con su espalda desprotegida, siendo vulnerable. Él nunca había sido vulnerable en la cama, siempre en control, siempre siendo la parte activa de la pareja, el que decidía qué hacer y cómo. Sus amantes nunca le habían llevado la contraria, la mayoría de las veces demasiado excitados como para hacerlo. Pero Bilbo…
Con Bilbo siempre había sido distinto, desde la primera vez que había yacido con el hobbit. Bilbo sacaba una parte de él que él mismo desconocía. Bilbo conseguía dominarlo con solo una mirada. Sus manos acariciando su tosca piel, sus caderas moviéndose sobre él. Y Thorin no podía más que dejarse llevar, perderse en la visión de su esposo.
Pero Bilbo había tenido otros planes, otras ideas, desde la boda. Bilbo había querido saber lo que era entrar en el cuerpo de Thorin, lo que era ser completamente dueño de su placer. Y Thorin se había negado al principio, demasiado acostumbrado a su rutina, pues era cierto que había cambiado ligeramente con Bilbo, sin embargo la esencia era la misma. Al final esa parte de él que confiaba en el hobbit había ganado, pues siempre había sentido curiosidad. Y era ahora, bien entrado en su vida adulta, cuando se sentía lo suficientemente cómodo, cuando confiaba en su pareja por completo, cuando recordaba que entre esas paredes, en los brazos de Bilbo, él no era rey, solo Thorin.
Notó los labios de su esposo besarle la espalda, subiendo por su columna, sus dedos moviéndose en él, abriéndolo poco a poco. 'Eres precioso.' La voz de Bilbo grave, íntima.
Thorin no pudo contestar, solo enterró su cabeza en la almohada, moviendo las caderas sin darse cuenta, buscando algo de fricción para su dura erección, haciendo que los dedos del hobbit tocasen algo en él que le electrificó.
Bilbo lo mordió ligeramente antes de separarse de él y volver a centrarse en su tarea, queriendo ver hasta dónde podía llegar antes de que Thorin le pidiese que lo tomase. Al final no fue una petición más que una orden, algo que Bilbo no se vio venir pero que desde luego lo excitó más de lo que se había imaginado.
El hobbit había soñado con ese momento, con lo que se sentiría, con la imagen de Thorin bajo él, con el pelo del enano enredado en una mano y la otra en su cadera. Pero nada lo había preparado para el calor de Thorin, lo prieto de su cuerpo, lo perfecto que sería. Fue extraño para ambos encontrar un ritmo, la postura cambiando, moldeándose a sus nuevos deseos y curiosidades. No sería hasta el final de la noche, cuando ambos yacían con las respiraciones entrecortadas y mirándose a los ojos, cuando Thorin empezaría a reír sin poder parar.
Bilbo al principio se sintió ofendido, pero al poco comprendió que era una risa de alegría. '¿Qué sucede?'
Thorin tardó unos segundos en contestar, tratando de volver a respirar con normalidad, de contener la risa. 'Me ha gustado.' Su voz feliz.
'Me alegro. A mi también.' Dijo Bilbo aún confuso. Vio como Thorin lo miraba lleno de amor y esperó a ver si éste explicaba algo más.
'Todos estos años me he negado por pensar que me hacía vulnerable, que no era digno de mí.' Había más seriedad en su voz, pero esa felicidad seguía presente.
'¿Qué no era digno?' Pues Bilbo no sabía si sentirse ofendido ante eso, no pudiendo evitar pensar en Rory y en la cara que le había puesto todos esas décadas atrás cuando le había propuesto tomarlo. La repulsión en sus ojos.
'Un rey se supone que no debe arrodillarse ante nadie.' Explicó Thorin, calmando sin saberlo todas las dudas y miedos de Bilbo.
El hobbit le acarició la barba, sintiendo pena al saber que Thorin siempre había estado atado a su corona incluso cuando no la había tenido.
'¿Por qué el cambio de opinión? Ahora más que nunca eres rey.'
Thorin cogió la mano que Bilbo tenía en su mejilla y se la besó. 'Porque no soy tu rey.' Bilbo sonrió y Thorin le besó el pulso de su muñeca. 'Y porque nunca me avergonzaré de arrodillarme ante ti.'
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2850 Tercera Edad
(Nueve años antes del nacimiento de Fili)
Thorin sabía que era lo suficientemente mayor como para tener que enfrentarse al hecho de que iba a necesitar tener herederos. Balin se lo había comentado en numerosas ocasiones, le había nombrado diversas posibles candidatas a lo largo de los años, y Thorin siempre se había negado, diciéndole que había algo más importante que hacer. Y en las últimas décadas esa excusa había servido, pues no había sido fácil conseguir que los clanes de Ered Luin les cediesen un terrero para su pueblo. Habían tenido que pasar décadas malviviendo a los pies de las Montañas Azules antes de que Thorin pudiese conseguir el permiso de excavar y edificar la parte norte de Ered Luin. Y era ahora, cuando su pueblo empezaba a acostumbrarse a una vida decente, rodeados de roca, con un trabajo y comida siempre en sus platos, cuando la conversación había vuelto a él.
'Has pasado la centena, Thorin.' Argumentó Balin cogiendo la copa de vino que éste le había ofrecido. 'Eres el legítimo rey del pueblo de Durin.'
'Mi padre debería ser el rey.' Contestó Thorin, el cual no había perdido la esperanza de que Thráin siguiese con vida. Una idea que sabía que solo él compartía.
'Thráin no está aquí.' Fue todo lo que dijo Balin al respecto. 'Y es a ti al que el pueblo venera y jura lealtad.'
Thorin dio un sorbo, pues sabía que era verdad. Él nunca había buscado el título ni la responsabilidad. De hecho, habían pasado un par de años después de Azanulbizar hasta que había hecho las paces con la realidad de que su padre podía no volver y que el título de rey, por consiguiente, había pasado de su abuelo a él. No había habido coronación, pues la corona yacía bajo las garras del dragón, al igual que su reino, pero eso no había impedido que los Barbiluengos lo reconociese como tal. Y, aunque Thorin sabía que su derecho a reinar sobre su pueblo era divino, sentía que sin Erebor no era un enano más, pretendiendo ser algo que no era en realidad.
'Has conseguido darnos una nueva vida en Ered Luin.' La voz de Balin llena de admiración y orgullo. 'Gracias a ti tenemos de nuevo un hogar.'
Thorin quiso recordarle que no era un hogar, era solo una vivienda digna. Que esas montañas no eran suyas, que el terreno que habitaban había sido cedido a base de mucho trabajo y negociación. Que Erebor era su hogar. Pero no dijo nada, pues Balin sabía todo eso igual que él.
'Es hora de que busques un poco de felicidad, Thorin.'
'¿Qué te hace pensar que no la tengo?' Respondió él ofendido.
Balin no contestó, solo lo miró de esa forma que le dejaba claro que no iba a molestarse en comentar, pues la respuesta era obvia.
'¿Y crees que un heredero me haría feliz?' Continuó Thorin, molesto ante la insistencia de Balin.
'Puede que sí. Los niños siempre traen felicidad.' Balin dejó la copa en la mesa y se acercó un poco a Thorin. '¿Tan horrible es la idea de formar una familia?'
'No es una familia de lo que hablamos, viejo amigo.' Contestó Thorin con una sonrisa molesta. 'Es de conservar el linaje real.'
Balin se levantó, subiendo las manos al cielo y dándose la vuelta, claramente tan cansado del tema como él. 'Eres el heredero directo de Durin, Thorin. Necesitas preservar el linaje.' Le miró a los ojos, señalándole. 'Y lo sabes, sabes perfectamente que eres el último de los Siete Reyes. Sabes que la sangre de Durin es más fuerte en ti que en ningún otro, más pura.'
'Dís tiene la misma pureza que yo.' Argumentó Thorin. 'Y ella, al contrario que yo, acaba de casarse. Cuando tenga hijos estos pueden ser mis herederos.'
'Dís se ha casado con un Barba de Fuego.' Balin se apoyó contra el marco de la puerta, cruzándose de brazos. 'Tu deberías casarte con uno de los nuestros, tener un hijo que sea el nuevo príncipe de los Barbiluengos.'
Thorin sabía que Balin tenía razón, sabía que era su deber. Pero no podía. Le había dado todo a su pueblo, cada parte de él, cada minuto de su vida, cada gota de sudor y sangre. Había tenido que madurar antes que cualquier otro, sacrificando los años que supuestamente eran los más felices de su vida al trabajo y el estudio, a hacerse escuchar en salas llenas de señores enanos que le triplicaban la edad, a demostrar que podía cuidar de su pueblo, que era el rey que veían en él. No podía también darles lo único que era suyo, esa pequeña parte de él que atesoraba.
No era un romántico, pues sabía lo difícil que era encontrar a tu merlar. Pero una parte de él, esa que aún vivía soñado con Erebor, con salones dorados, con suave mármol verde, con melodías cantadas en salas con fuentes de plata, donde el amor y la felicidad era una certeza y no un ideal, era esa parte la que se negaba a pensar que no había alguien destinado para él. Sabía que si había un linaje desdichado en el amor era el suyo, que Durin había pasado gran parte de su vida buscando a su otra mitad, que la mayoría de los reyes después de él se habían casado más por obligación que por amor.
Por eso había aceptado la pedida de mano de Vili, porque Dís le había dicho que era real, que era su merlar. Y Thorin la había creído, siendo feliz por ella al mismo tiempo que avivaba la esperanza de que no fuese la única con esa suerte. Pero los años habían pasado, y Thorin había conocido al suficiente número de enanos y enanas como para saber que ese no era su destino, que iba a tener que elegir esposa tarde o temprano.
'Aún no.' Dijo Thorin dando por sentada la discusión. 'Hay mucho aún que hacer, Balin. No es el momento oportuno.'
'Nunca lo es.' Susurró el viejo enano, más para él que para Thorin. Aún así, éste lo oyó.
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2945 Tercera Edad
'Pero algo así requeriría de un espacio muy grande.' Opinó Dagril. 'No solo habría que exhibir las piezas, sino que tendríamos que crear paneles con explicaciones de la época de cada una.'
'Y las podríamos ordenar por años.' Añadió Ori.
'Exacto.' Exclamó Bilbo ilusionado. 'Sería como una historia visual. Podríamos contar un resumen del pueblo de Durin y así ayudar a toda una nueva generación a comprender sus orígenes.'
'No debería ser sólo para los niños.' Debatió Dagril. Bilbo lo miró sorprendido ante el tono serio que había tomado el enano. 'Debería estar enfocado a todos.'
'¿A qué te refieres?'
Dagril se sentó en la sillas que tenían en el centro de la sala, detrás de él estaba la gran mayoría del tesoro ordenado por clases y años.
'Desde pequeño quise saber más de los Barbiluengos, de mi gente.' Dagril miró a Bilbo, tratando de hacerle ver que esa era una historia personal. 'Pero era casi imposible tener acceso a nuestra historia. La mayor parte de los escritos de antaño estaban en Moria o Erebor y, por consiguiente, inaccesibles.'
'Es cierto. En Ered Luin no hay casi nada escrito. Todo lo que aprendemos en la escuela es gracias a historias de enanos mayores que vivieron en este reino, y aún así no eran muchas.' Añadió Ori pensativo, recordando sus no tan lejanos años de estudiante.
'Fue gracias a mi posición que pude investigar y aprender más.' Siguió Dagril. 'Gracias a que era noble y podía hablar con mi tío, el cual fue educado en la historia del pueblo de Durin. Pero ese es un privilegio que yo tuve. Una gran parte de nuestro pueblo murió con el ataque del dragón y con ellos sus historias, sus recuerdos.' Dagril cogió el vaso y le dio un sorbo al agua, pensando cómo hacerle ver al hobbit la importancia de la historia y de su conservación. 'Todos los enanos que acabaron en Ered Luin se unieron a clanes cuyos reyes llevan muertos años, cuya historia nunca ha estado tan mezclada con el resto de la Tierra Media. Han vivido vidas sencillas y respetables, pero nosotros no somos así.'
'¿Qué quieres decir?' Preguntó Bilbo, pues aunque Thorin le había contado numerosas historias de su pueblo nunca se había parado a pensar en que éste hubiese tenido un papel más relevante a lo largo de los años que cualquiera de los otros seis clanes.
'El pueblo de Durin ha ayudado a forjar esta tierra.' La voz de Dagril llena de pasión. 'Ha edificado los reinos más hermosos, ha combatido en las guerras más decisivas. Hemos tenido un papel fundamental en momentos donde hacía falta desnivelar la balanza entre la luz y la oscuridad. Somos los herederos del primero de los Siete Padres, Bilbo. Somos más que mineros y artesanos.' Dejó el vaso en la mesa con frustración. 'Y eso es algo que temo que se ha olvidado.'
Hubo un silencio tenso en la sala, donde Ori miró a Dagril con una nueva admiración, pues no sabía cómo de personal era el tema para el enano, cuánta razón tenía. Ori se había criado de forma humilde, su familia siempre habían sido plebeyos, toda su educación se la debía al esfuerzo de su hermano mayor, al continuo sacrificio que había hecho para que Ori tuviese una vida alejada de la ilegalidad, no como Nori. Pero si no fuese por Thorin, por la fe puesta en ellos, aún estarían en Ered Luin, en esa pequeña casa a las afueras de la ciudad, luchando por sobrevivir.
'Thorin lo recuerda.' Dijo Bilbo rompiendo el silencio, su voz seria, firme, con un tono no muy común en el hobbit que pilló a Dagril desprevenido. 'Thorin conoce mejor que nadie la historia de su pueblo, las hazañas ya olvidadas, su sufrimiento y sus victorias.' Pues numerosas noches se habían pasado ambos recostados contra la chimenea, Bilbo perdido en los cuentos de Thorin, en hazañas lejanas, en reinos olvidados, en historia y mito. 'Si es educar lo que buscas, Dagril, estoy seguro que él sería nuestro mayor aliado.'
Dagril le miró sorprendido. No había pensado en Thorin en todo ese tiempo como alguien al que ir para saber más, pero ahora se culpaba por ello. El recuerdo de su primera conversación le vino a la memoria, cómo el rey le había explicado el tapiz de la llegada de Durin a Khazad-dûm. Thorin era la prueba viviente de dicha historia, la conexión directa que tenían con Mahal. Pero no sabía si el rey estaría por la labor de involucrarse en su proyecto, algo que había empezado como una tarea de auditoría y que se estaba convirtiendo en una misión por educar y reivindicar su historia.
Bilbo se levantó de la silla, acercándose a Dagril y mirándolo con algo que el enano pensó que era cariño. 'Deja que hable con él.'
Dagril hubiese dado lo que fuese por ser él quien hablase con Thorin, por ser el que oyese sus historias, el que debatiese con el rey durante horas sobre eventos del pasado. Pero sabía que no era ese su papel, no su posición. Y vio como el hobbit se alejaba, de camino al Ala Real, al encuentro de su esposo, sin poder evitar el dolor de su pecho, sin poder reprimir esos sentimientos que había mantenido a raya todos esos meses.
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2859 Tercera Edad
Thorin oyó los apresurados golpes en la puerta y fue a abrirla, sin saber qué podían querer de él a esas horas de la noche. Nada más abrirla se encontró con la enrojecida cara de Vili.
'Thorin.' El enano tuvo que parar para recuperar el aliento, pues sin duda había venido corriendo hasta su casa. 'Es Dís.'
'¿Qué sucede?' La voz de Thorin preocupada, con ansiedad.
'Está de parto.' Dijo el rubio enano.
Thorin se quedó unos segundos mirándolo, paralizado. Pues aunque sabía que la fecha se aproximaba, ahora que era una realidad no sabía qué hacer. No fue hasta que Vili volvió a hablar cuando se dio cuenta de que seguía paralizado en la puerta.
'Pregunta por ti.'
Thorin cogió el chaleco de pieles que tenía colgando a su lado y la cerró tras él. 'Vamos.' Dijo indicándole que le siguiese.
'¿Cuánto tiempo lleva?' Preguntó mientras ambos corrían por la ciudad.
'Empezó hace unas horas. Me fui en cuanto la comadrona me dijo que era seguro.' Contestó Vili. 'No quería dejarla sola pero no había nadie más.'
'Has hecho bien.' Thorin dobló la esquina, evitando chocarse con un enano borracho en el último momento. '¿Está bien?' Preguntó, ignorando los gritos del borracho que ya habían dejado atrás.
'Sí.' Pero Thorin pudo notar el nerviosismo en la voz de Vili, y Thorin no podía juzgarlo, pues sabía que había posibilidades de que Dís no superase el parto. Los enanos no eran la raza más fecunda y sus partos tendían a ser difíciles.
'Lo estará.' Pues Thorin tenía que creerlo.
No tardaron en llegar. Oyendo los apagados gritos que venían de dentro de la humilde morada. Vili fue el primero en entrar corriendo al cuarto. Thorin no entró, pero se quedó en la puerta.
'¿Thorin?' Oyó que su hermana preguntaba entre gemidos.
'Está aquí. Le he traído.' Contestó Vili, sin duda a su lado.
'Gracias, kurdûh.'
Fue una noche larga, donde Thorin no paró de caminar por el pequeño salón, de un lado para otro, hasta que Vili se le unió. Ambos esperando en silencio, oyendo el sufrimiento de Dís sin poder hacer nada para ayudarla, confiando en que la comadrona sabía lo que hacía. No fue hasta horas más tarde cuando oyeron un llanto distinto, más pequeño y frenético. Ambos enanos se miraron, sabiendo lo que significaba. Thorin vio como Vili abría la puerta, y Thorin pudo ver a la enana con algo entre las manos, a su hermana viva y con los ojos cerrados, descansando. Vili estaba a su lado, dándole la mano.
Dís abrió los ojos al fin, fijándolos en Thorin, una seria expresión en su mirada, y no tardó en volverlos a su esposo, llenos de amor y cansancio.
'Es un niño.' Dijo la enana. Thorin se giró a ella, viendo por fin la pequeña criatura que tenía en sus brazos. 'Es perfecto.'
La comadrona se acercó a él y Thorin vio como tenía razón, era un niño perfecto, se movía con energía, los balanceos de la enana no consiguiendo calmar su llanto. Thorin no podía apartar la mirada y, sin darse cuenta, alargó las manos. La comadrona lo miró con una sonrisa y, tras una ligera inclinación de cabeza, depositó al pequeño en sus brazos.
Thorin soltó la respiración que no sabía que había estado conteniendo, notando lo ligero que era, lo hermoso. Se acercó al bebé al pecho, no pudiendo evitar cómo todo su ser se llenaba de un amor que él pensaba imposible. El bebé se calmó, tranquilizando su llano, haciendo que sólo fuese un mero gemido. Y fue en ese momento en el que Thorin juró que haría todo lo que estuviese en sus manos para proteger al bebé.
'Thorin.' Escuchó la voz de su hermana, volviendo a la realidad, dándose cuenta de que no era suyo, de que sus padres estaban a meros pasos de él, esperando conocer a su hijo. Thorin se acercó a su hermana por el otro lado de la cama y, con un dolor inesperado, dejó al bebé en sus brazos.
'Es perfecto, Dís.' Dijo viendo como su hermana sonreía al tener a su hijo con ella, como Vili le tocaba la pequeña cabeza. '¿Cómo se va a llamar?' Preguntó.
'Fili.' Dijo Vili. 'Como mi abuelo.' Los ojos del enano cargados de amor.
'Es un buen nombre.' Dijo Thorin, sabiendo que no era verdad, que el bebé se merecía un nombre real, un nombre digno del linaje de Durin.
Pero su hermana le había dejado claro el día de su boda que quería dejar esa vida atrás, que quería vivir el presente y no el pasado, que había aceptado la vida que les había tocado y que no necesitaba más. Dís era feliz con lo que tenía, Dís no quería una corona ni un reino, una vida de noble. Dís no sentía en su sangre esa sed de venganza y obligación como lo hacía Thorin. Y éste había respetado su deseo, por mucho que le doliese, la había dejado ir. Y era ahora, viendo cómo su hermana abrazaba a su hijo, cómo su esposo la abrazaba a ella, viendo lo felices que eran, cuando pensó que quizás Dís tenía razón, que quizás podían ser felices con lo que tenían.
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2945 Tercera Edad
Thorin miró a Bilbo sin poder contener la admiración y el amor que sentía por él. El hobbit se estaba moviendo de un lado a otro de su despacho, tratando de explicar con sus manos y gestos el plan que tenía en mente, la idea que habían tenido entre él, Ori y Dagril. Pero Thorin no podía prestarle toda su atención, pues pensó que quizás nunca se acostumbraría a que el hobbit le sorprendiese continuamente con su maravillosa forma de ser.
'Pero, por otro lado.' Dijo Bilbo girándose a él. Thorin dejó de pensar en lo adorable que era y atendió. 'Sé que no estaría bien visto que yo me encargue de esto. Es decir, estamos hablando no solo de una exhibición, sido de una forma para devolver la historia y la cultura a todos aquellos que no pudieron tener acceso a ella o conocerla. ¿Dónde se ha visto a un hobbit tratando de educar a un enano en su propia cultura?'
'Nunca.' Dijo Thorin, parando en seco el monólogo de Bilbo. 'Pero tampoco se ha visto nunca a un hobbit siendo consorte de un reino enano.' No pudo evitar la ligera sonrisa de orgullo ante sus propias palabras.
Bilbo lo miró dejándole ver que no estaba para bromas. 'Esto es serio, Thorin. Es un proyecto interesante, y que creo que sería muy beneficioso para tu pueblo, pero temo que tu Consejo me lo eche por tierra.'
'Ellos verán que es una noble idea, beneficiosa para todos.'
'Ellos me verán a mi y dirán que alguien del pueblo de Durin debería ocuparse de enseñar a los ciudadanos de Erebor sobre el pueblo de Durin.' El tono de Bilbo rozando ese grito silencioso que ponía siempre que algo le sacaba de quicio. '¡Y tendrían razón!'
Thorin se levantó, acercándose a él y acariciándole el brazo, dejando que Bilbo se relajase. No sabía qué decir, pues la lógica del hobbit era irrefutable, pero por otro lado pensaba que la idea de Bilbo era justo lo que necesitaba para devolver la gloria y el orgullo a su pueblo.
'Quizás Dagril debería ser el representante de todo esto.' Dijo Bilbo con un tono más calmado. 'Nadie se opondría a él. Es noble, del pueblo de Durin, y enano.'
'Pero es tu proyecto.' Objetó Thorin.
'Es colectivo.' Refutó Bilbo. 'Además, lo importante es que se haga, ¿no?' Bilbo le miró pidiéndole que lo apoyase en eso, pero Thorin sabía del orgullo del mediano, de como quería demostrar no solo a su Consejo, sino a su pueblo, el amor y dedicación que les tenía.
'Tienes razón. Y creo que Dagril sería un representante perfecto, pero no por ello deberías estar tú en un segundo puesto, Bilbo.' Thorin lo guió a su mesa, apoyándose él en ella para poder estar mejor a la altura de su mirada, acariciando sus dedos. 'Tú eres el alma de este proyecto, y deberías llevarte el reconocimiento merecido.'
'¿Qué propones?' Preguntó Bilbo dejando ver ese lado vulnerable suyo tan elusivo.
'Creo que deberías escribir una propuesta. Escribir los paneles que te gustaría tener, las historias que te gustaría contar.' Thorin subió su mano, acariciando su oreja y bajando por ella, llegando a la cuenta que simbolizaba su matrimonio.
'No sabría por dónde empezar.' Reconoció Bilbo, moviendo su cara para apoyarla contra la mano de Thorin.
Thorin sonrió. 'Podemos trabajar en ello, juntos.'
Bilbo lo miró con una sonrisa llena de ilusión. Siempre le había gustado oír a Thorin hablar de su pueblo, escuchar sus historias, pero la idea de tener un proyecto común, de trabajar juntos en algo aunque solo fuesen unas horas a la semana, le entusiasmaba. Por no hablar de la ilusión que veía en los ojos del rey. No era capaz de decirle que no. Bilbo asintió, haciendo que Thorin sonriese y se acercase a él, besándole con cariño la frente.
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2866 Tercera Edad
(Cuatro meses después de la muerte de Vili)
Thorin se frotó las manos, tratando de aliviar el dolor del día de trabajo. Había entrado un pedido de Bree la semana pasada y desde entonces no habían parado de trabajar para poder satisfacer la demanda. El poco orgullo que le quedaba como herrero le dolía al tener que hacer herraduras y bisagras cuando sabía que era capaz de forjar hachas y espadas perfectas, que tenía un don para las armas difícil de igualar. Pero no había suficiente hierro en Ered Luin como para desperdiciarlo en su vocación y no le quedaba más remedio que conformarse con las órdenes que le llegaban cada par de meses para dagas y picas.
Movió el cuello, cansado y con ganas de poder tumbarse finalmente, de cerrar los ojos por unos momentos. Abrió la puerta y no tardó en oír los gritos de Fili, acompañados en seguida de los de su hermano pequeño.
'¡Tío Thorin!' Y Thorin tuvo el tiempo justo para agacharse y coger en brazos a su sobrino, levantándolo por los aires y haciéndole reír, tratando de olvidar lo mucho que le dolía la espalda. En seguida notó dos manos tirarle del pantalón y vio a Kili. Colocó a Fili en su cadera y agarró a su otro sobrino, dándole un beso en su enredado pelo y haciéndole reír mientras le cogía una de las cuentas de sus trenzas.
'¿Qué tal el día?' Preguntó Fili, siempre queriendo saber de él.
'Productivo.' Respondió con una sonrisa, pues le era fácil hacerlo cuando tenía a sus sobrinos en sus brazos. '¿Cómo ha sido el vuestro?'
'Ha estado bien. Mamá ha estado limpiando.'
'Hacha.' Dijo Kili.
'Sí.' Añadió Fili mirando a su hermano con orgullo. 'Ha sacado cosas de un baúl, había armas.'
'Y cuentas.' Kili tiró de la de su pelo para hacerle ver que se refería a esas.
'¿En serio?' Preguntó Thorin sorprendido, pues no podía imaginar el motivo de su hermana para abrir dicho baúl, no después de tantos años. '¿Dónde está vuestra madre?'
'En su cuarto.' Respondió Fili.
Thorin puso a los niños en el suelo, revolviendo el pelo de ambos. 'Id a jugar a vuestro cuarto, yo iré en un rato.'
'¿Nos contarás una historia?' Pidió Fili dando la mano a su hermano, ayudándolo a andar.
'Si, irakdashshat, os contaré una historia. Pero antes debo de hablar con vuestra madre.' Thorin se quitó el abrigo y lo colgó al lado de la puerta. 'Ahora id.' Y Fili se dio la vuelta, guiando a su hermano a su cuarto.
Thorin se encaminó hacia el cuarto de su hermana y llamó a la puerta, aún sabiendo que ésta podía oírle.
'Pasa.' Dijo Dís, su voz más apagada de lo normal.
Thorin entró y se encontró con el cuarto lleno de cosas por todos los lados. En una esquina, perfectamente ordenada, estaba la ropa que Thorin supuso había sido de Vili, los cajones abiertos y vacíos. Había todo tipo de objetos de por medio, pero lo que más llamó la atención a Thorin fue ver a su hermana de rodillas enfrente del gran baúl de roble. Thorin se acercó, con cuidado, pues podía sentir como era un momento difícil y delicado para su hermana.
'¿Dís? ¿Estás bien?'
Pero no fue hasta que estuvo a su lado cuando vio lo que tenía en las manos. Eran las dos hachas que Thorin le había hecho décadas atrás, cuando Dís había cumplido la mayoría de edad y había pasado todas las pruebas para poder ser reconocida como una guerrera. Eran hachas de mano idénticas, con su verso favorito del cantar de Durin grabadas en ellas en cirth. Habían sido la posesión más preciada de su hermana hasta hacía unas décadas, cuando empezó a alejarse de las historias de Thorin y de la emoción por la aventura, cuando conoció a Vili y sus sueños ya no estaban en un reino desconocido al otro lado de la Tierra Media, sino en el joyero de la esquina.
Thorin le había regalado ese baúl por su boda, tallado en el mejor roble que había encontrado, decorado con intrincados motivos florales forjados del mejor hierro. Dís había guardado gran parte de quien solía ser ahí, de quien podría ser. Thorin nunca se lo había recriminado, aunque le hubiese dolido.
'Se me había olvidado su peso.' Dijo ella sin apartar la mirada, acariciando el filo mellado.
'Hacia mucho que no las cogías.' El tono de Thorin suave, comprendiendo que ese momento era importante para su hermana.
Dís las levantó, volviendo a sentir su peso, su fuerza, el poder que la trasmitían, esa sensación casi olvidada de sentirse invencible. Se levantó, moviéndolas de forma circular en sus manos, notando como hacía el movimiento casi perfectamente aún con el paso de los años. Se giró a Thorin y fue entonces cuando éste vio el fuego que había en su mirada.
'Somos los herederos de Durin.'
Thorin asintió.
'Con o sin Erebor tú eres nuestro rey, y yo no he sabido estar a la altura de mi cargo.' Dijo ella bajando las hachas.
'No, Dís. No es cierto.' Thorin se acercó a ella, tocándole el hombro, tratando de hacerla ver. 'Nadie piensa eso de ti.'
'Nadie lo piensa porque tú llevas encargándote de todo años.' Thorin supo que el reproche de su voz era más hacia ella que hacia él. 'Siempre has cargado con el peso de todo, Thorin, siempre. Y yo…' Dís dejó que las hachas cayesen al suelo, suspirando al hacerlo. 'Yo fui egoísta, eligiendo una vida que sabía que sería injusta para ti.'
'No hay deshonor en elegir la felicidad, nana'.'
Dís lo miró, tratando de contener las lágrimas. Respirando profundamente para hacerlo. 'No me arrepiento.' Dijo ella desafiante.
'No deberías.'
Dís miró el baúl, lleno de todo aquello que la reconocía como princesa de Erebor, de las cuentas que la marcaban como heredera de Durin, de la capa que había llevado el día del ataque del dragón, casi del tamaño de su primogénito.
'La muerte de Vili no tiene por qué cambiar nada.' Argumentó Thorin, imaginando los pensamientos de su hermana. 'Puedes seguir eligiendo una vida sencilla, una vida de paz.'
Dís lo miró, buscando algo en sus ojos que sin duda encontró. 'No, Thorin. Esa vida murió con mi esposo. Ahora necesito algo más. Necesito volver a sentirme dueña de mi destino.'
Thorin miró el cuarto, miró las armas, y vio los ojos de su hermana, el fuego de su mirada. Estaba orgulloso de ella, siempre lo había estado y siempre la apoyaría en cualquier decisión que tomase. Pero era ahora cuando supo que había más en su hermana de lo que él conocía, y no podía esperar a descubrir esa nueva faceta suya.
'¿Qué es lo que deseas?' Le preguntó.
'Quiero que me enseñes a reinar.'
Continuará…
Khûzdul en este capítulo:
Kurdûh: Mi corazón
Irakdashshat: sobrinos
Nana': Hermana
Muchas gracias por todos los comentarios. Vivo por ellos
