Nuevo capítulo!
Ane himura: Gracias por el comentario. Uff, te advierto que tengo planeado que este fic sea largo, por lo cual habrá más problemas e intrigas. ¡A prepararse XD! Espero que este te guste, saludos!
La decepción era visible en el rostro de Kaoru, mirando a uno y a otro.
-Y tú, Kenshin… - se dirigió al pelirrojo - Ahora haces todo lo que Megumi ordena.
-Ella me dio un consejo, que dicho sea de paso iba en contra de mi deseo. - le explicó Kenshin tranquilamente - Entonces tomé coraje y te hice la propuesta, pero después de nuestra conversación de anoche… todavía no entiendo en qué me equivoqué, en qué nos equivocamos…
Kaoru frunció el ceño.
-¿Y de qué se trataba ese consejo? - inquirió y a continuación miró a su amiga - Prefiero confiar en lo que tengas que decirme, Megumi, y no en las conclusiones que estoy sacando.
Megumi estaba angustiada ante lo que se venía, pero juntó valor y se dispuso a admitir lo que había hecho.
-Fue lo que escuchaste, Kaoru. - dijo - Fui detrás de Kenshin y lo convencí de que pidiera tu mano en matrimonio, pero hice todo eso por tu bien, amiga.
La kendoka se quedó con la boca abierta, sorprendida ante lo dicho y empezando a enfadarse por el hecho de que todo el mundo se sentía con derecho a meterse en su vida.
-Megumi, ¿tú también? - exclamó, y luego volvió a pasar la mirada de uno a otro molesta - ¿Qué es esa tontería de ustedes dos de querer mi bien?
Kenshin suspiró derrotado.
-Las dejo a solas. - se despidió - Es evidente que cada encuentro con Kaoru-dono deja más en evidencia que no coincidimos en nada, tal vez la amistad de ustedes sí tenga salvación. Con permiso. - y se fue.
Una vez que se escuchó el sonido de la puerta cerrarse, Megumi comenzó a explicarse sin parar.
-Yo estaba alterada después de haber sido rechazada por Aoshi, Kaoru. - farfullaba angustiada - Para mí fue muy frustrante y triste… ¿sabes por qué? Porque perdí parte de nuestra historia, y eso me dejó un vacío muy grande y no quería que pasases por lo mismo. Y luego…me arrebaté… por mí y por ti, que estabas tan fascinada por otras cosas...
-Otras cosas que a ti no te encantan. - la interrumpió Kaoru con voz y mirada duras - Otras cosas que tú no entiendes y prefieres ignorar.
-¡Y admito que no lo entiendo!
-Megumi, yo tampoco entiendo ese desvarío por el casamiento. - contraatacó la joven Kamiya - Yo usaría mi riqueza e influencia de otro modo, ya que muchas veces te veía entusiasmada por boberías. - y añadió - Pero, aun así, nunca me metí en tus cosas o te quise hacer cambiar de opinión.
Megumi se sintió algo ofendida al escuchar de la boca de su mejor amiga que para ella fuera una bobería lo que la joven noble consideraba una misión para hacer felices a los demás. Aun así, dejó ello a un lado y siguió defendiendo lo que creía correcto y su amistad.
-Sólo intercedí al amor, Kaoru. - replicó con ojos húmedos - Sólo quería ayudarlos a ti y a Kenshin a encontrarse en medio de esa ceguera de las que son víctimas tantas parejas.
Eso sólo incrementó la ira de Kaoru.
-¿Y qué visión privilegiada es esa que hace que te metas en la vida de los otros? - increpó - Porque si hablamos de tu vida…
-¡Perdóname, Kaoru! - Megumi ya lloraba - Pensé que el final de esta historia se coronaría con un casamiento entre tú y Kenshin.
-Claro, como todos los que arreglas. - le contestó Kaoru - Porque al final de cuentas, el matrimonio es la única garantía que todos tienen de felicidad. - y se corrigió con ironía - No, disculpa, todos no: sólo las mujeres.
-Kaoru, yo sé que no hay manera de poder reparar mi error, pero no hagas de nuestras diferencias una masacre.
-Tú me masacraste ignorando nuestras diferencias. - repuso la kendoka con furia contenida - Esa indiferencia tuya, que llamas afecto, sólo probó una cosa, Megumi: que quieres controlar mi vida tanto como la de Kenshin. Además, ¿cuándo pretendías contarme todo eso?
La joven Katsura bajó la cabeza, derrotada.
-Tal vez nunca. - admitió.
-Nunca. - repitió Kaoru, con su flequillo ensombreciendo los ojos.
-Porque pensé que estaba colaborando con tu suerte… que estaba colaborado al amor. - trató de explicarse Megumi una vez más - Reconstruyendo las alas de una relación que estaba volando para el lado equivocado, Kaoru. Y la vida es mucho más fácil cuando sabemos dónde está el cariño que necesitamos. Sólo quería ayudarte…
-Parece que esperamos cosas muy diferentes de la vida, Megumi. - la cortó Kaoru - Principalmente ahora que en breve volveré a Kioto, y tú ya hiciste de todo para sacarme de esa ciudad. ¡Hasta intrigaste con Kenshin a mis espaldas!
-¡No intrigué en tu contra, Kaoru! - exclamó su amiga, sumida en lágrimas - ¡Lo hice todo por tu bien!
-¡Ah, claro! ¡Por mi bien! - gritó Kaoru con cólera, sintiéndose lastimada y traicionada - ¡Lo peor de todo es que no tuve que indagar mucho para saber que es verdad! Y todo por la misma razón, Megumi: porque no te gusta mi estilo de vida. No sé si podamos convivir con esa discordancia entre nosotras, sobre lo que es mejor para mí. Estos últimos acontecimientos me hicieron ver que no puedo dejar que nada ni nadie sea un obstáculo para lo que quiero en mi futuro. - ella también estaba llorando a esas alturas - Me duele mucho hacer esto, Megumi, pero creo que ya no podemos ser amigas. - y tan rápido como terminó de hablar, se dirigió hacia la puerta para marcharse de allí.
-Kaoru… - gimió Megumi tratando de darle alcance.
El sonido de la puerta azotada le indicó que ya no podría hacerlo.
-¡Kaoru! ¡Kaoru, espera!
Estoico, Kenshin atravesaba el gran patio del Castillo Katsura hacia su carruaje cuando de pronto vio a alguien conocido regando unas flores a un lado del patio. Se sorprendió al verlo.
-Buen día, Sanosuke. - saludó. Aunque no le caía bien, era inevitable que le dirigiera la palabra, ya que estaban a escasos metros.
-¿Cómo está, Himura-san? - respondió el joven con cautela.
-Por lo visto consiguió un nuevo empleo. - observó el pelirrojo.
-Sí, estoy muy bien aquí.
-Qué bueno. - dijo el otro con indiferencia - Sea muy profesional y buena suerte. - iba a seguir su camino. Pero Sano no lo permitió, pues quería saber algo.
-¡Himura-san! - lo llamó - ¿Jo-chan vino con usted?
El rostro impasible de Kenshin se crispó ante la mención de Kaoru.
-Kaoru-dono está aquí pero no vino conmigo. - dijo simplemente - Está libre inclusive para su cortejo. - y fue allí que rápidamente se fue, sin dejar tiempo a más preguntas y dejando a Sano boquiabierto y contento.
Un rato después, Kaoru también pasó por ahí. Vio a su amigo y dejó salir su mejor sonrisa para saludarlo.
-¡Sano! ¿Cómo estás?
-¡Jo-chan! - bramó Sanosuke eufórico - ¡Ahora que volviste, mejor!
-Sí, pero por poco tiempo. - explicó ella - Vine para la boda de Misao y enseguida me regreso a Kioto.
-¡Kioto! ¡Genial! ¿Vamos juntos? - empezó Sano con la perorata; no podía ocultar su emoción - Vi que ese Kenshin se iba porque los dos pelearon.
Ahora el turno de Kaoru para que se le crispara el rostro.
-¡Sano! Si por eso crees que estoy disponible, quiero que sepas que nada cambió. - lo regañó - Amo mucho a Kenshin a pesar de haber terminado con él.
Y Sano se tuvo que tranquilizar, algo desilusionado.
-¡Jo-chan! Sólo estaba ofreciendo mi hombro en caso de tristeza. - repuso - Hace tiempo que entendí y acepté esa cuestión de ser sólo amigos. - era medio verdad, medio mentira - A no ser que pienses que no sirvo ni para eso.
Kaoru le sonrió y le dio un suave puñetazo en el brazo.
-Entonces sigo aceptando tu amistad. - rió.
-¿Y sobre la otra oferta, la de ir a la gran ciudad juntos?
-No me parece mala idea, pero debes entender que ahora no estoy en un buen momento para tomar decisiones. - respondió la joven, luego se despidió - Nos vemos.
Hajime Saito descansaba apaciblemente en su casa cuando escuchó que tocaban la puerta.
Con disgusto vio que era nada más y nada menos que Shogo Amakusa.
-¿Qué te trae aquí, Amakusa? - preguntó el Coronel con frialdad.
Su interlocutor no hizo caso de su hostilidad.
-Estamos pasando de casa en casa en Hagi, comenzando por la de nuestro honrado Coronel, ya que queremos organizar una reunión para discutir sobre la amenaza que representa el Jinete Negro. - explicó Amakusa con autosuficiencia - Una reunión de emergencia. Nuestra comunidad tiene que hacer algo. Y como eres la persona más importante de la ciudad, me parece que aquí en tu casa estará mejor.
Saito estaba encendiendo un cigarrillo, pero se quedó a mitad de camino.
-¿Aquí? - preguntó perplejo.
-Si no te molesta, hoy a las 7 de la noche, Saito. - le dijo el hombre, y sin darle tiempo a replicar, agregó - Avisaré a todos.
El Coronel suspiró. Sí que Amakusa nunca se cansaría de su cruzada contra el Jinete Negro. Pero no le permitiría que hiciera inflamar a todo el pueblo; él era la Justicia, y la haría cumplir, y más aún en tipos sucios como el empresario.
Kaoru no terminó de poner un pie en su casa al regresar, y su madre ya la tenía llevándola del brazo hasta sentarla en el tatami.
-¡Ahora no te me escapas y vamos a hablar! - chilló furiosa.
-¡Calma! - advirtió Koshijiro, quien llegaba detrás de ella.
Sakura no le hizo caso, y cernió toda su rabia y frustración hacia su hija, quien miraba indiferente hacia un punto cualquiera, esperando a que pasara el reproche.
-¡Ahora me dices cuál es tu excusa para no aceptar esa propuesta de casamiento! - exigió su madre - ¡Me quieres matar! ¡¿Por qué rechazaste a un hombre como Himura-san?!
Al fin Kaoru la miró, disgustada.
-¡Pero mamá! - protestó - ¡Si ni te gustaba!
-Antipático siempre me cayó pero, ¡Kami-sama! ¡Es rico y a esos hombres no hay que negarles nada! ¡Nunca!
-¡Mamá, por favor!
-¿Puedo preguntarte una cosa? - quiso saber Sakura fingiendo descompensación - ¿No tienes ninguna consideración con mis pobres nervios?
-Este asunto con Kenshin tiene que ver con mis sueños y con mis propios planes. - fue lo único que respondió su hija con lágrimas en los ojos.
-Deja a la niña, Sakura. - intervino su marido - Es su vida.
-¿Cómo que su vida? - chilló la otra indignada - ¡La vida de cada una de nuestras hijas es nuestra también! ¡Y encima un noble, Koshijiro! ¿Adónde vamos a encontrar a otro igual?
-Ella no hablará, mamá. - dijo Tokio, quien apareció alarmada por los chillidos de su madre - Kaoru-chan piensa que es mejor que todo el mundo aquí en casa. Mi novio, por ejemplo, no pasó por su justo juicio.
Kaoru resopló enojada. Absolutamente todo el mundo se preocupaba más por un matrimonio conveniente y sus propios beneficios que por su bienestar y sus sueños. Nadie le había preguntado cómo se sentía ella.
-Con permiso. - dijo con rencor para dirigirse corriendo a su cuarto.
Como Kaoru ya se había ido, Sakura se descargó con su marido.
-¡Koshijiro, todo esto es por tu culpa! - le reclamó - ¡La criaste como si fuera un hombre! ¡Y mira en qué resultó toda esa autonomía física e intelectual!
Toda su alharaca fue interrumpida por unos porrazos en la puerta principal. Sakura cambió completamente de semblante, con esperanzas de que Kenshin no se rindiera a la hora de pedirle la mano de Kaoru, o que por lo menos fuera Akira o algún otro pretendiente más para sus hijas. Pero grande fue su sorpresa cuando al abrir se encontró con alguien que no esperaba.
-¡Amakusa-san! - se sorprendió - ¡Entre, por favor!
En ese momento, Tokio estuvo a punto de regresar a su habitación, pero al escuchar la llegada de ese hombre, decidió quedarse a averiguar qué pretendía yendo a su hogar.
-Sakura-san, Kamiya-san. - saludó Shogo Amakusa - Quiero invitarlos a una reunión hoy en casa del Coronel Saito: vamos a hablar del peligro latente en Hagi que es ese Jinete Negro.
Sakura y Koshijiro se miraron sin saber qué hacer o decir.
-¡¿Pero qué peligro?! - saltó Tokio sin poder contenerse - ¡Si es un héroe!
-Infelizmente, señorita, no todos creen lo mismo que usted, y por eso mismo nos reuniremos. - le dijo el hombre con frialdad - ¿Podemos contar con sus presencias? Estamos invitando a todos los habitantes.
-Estaremos allí. - aceptó Koshijiro - Pero Amakusa-san, no vamos a juzgar a un hombre sin pruebas.
-No es nuestra intención, Kamiya-san. - repuso Amakusa con una sonrisa falsa - Tokio-san, quédese tranquila: no prenderemos ninguna fogata ni lincharemos a nadie.
-No puedo estar muy segura de ello. - masculló la joven con desconfianza.
Mientras, en la obra de ferrocarril, Kenshin y Akira comentaban los últimos acontecimientos.
-Me cerró las puertas en las narices y está minando mis posibilidades de vida. - le explicaba Akira a su amigo respecto al dilema con su madre - Así es como Ikumatsu Kiyosato lidia con sus adversarios, amigo. Y me está saboteando, esperando que salga de la trinchera rendido.
-Ikumatsu-dono tiene sus métodos, muchas veces cuestionables… - lo apoyó el ingeniero - ¡Pero tú eres su hijo! ¡Tienes tus derechos! Hablaré con ella.
-Te lo agradezco. - dijo Akira - Pero no te precipites por mí, sé que tienes tus propios problemas y tus angustias. ¿Qué pasó con Kaoru anoche?
A Kenshin se le agrió el rostro nuevamente.
-Hablamos de cosas que es mejor no haber dicho. - dijo con amargura - Kaoru-dono dice que me ama, pero me coloca en el último lugar en su lista de prioridades. No sé lidiar con eso, y tampoco lo entiendo.
Akira lo miró comprensivo.
-Déjame decirte amigo: nunca antes te vi tan sonriente como lo estabas al lado de Kaoru. - expresó - Nunca fuiste tan optimista y generoso con la vida, nunca luchaste por un lugar en el mundo si no valía la pena luchar por él, y ese lugar por el que luchaste es donde vive ese amor.
Kenshin asintió con tristeza.
-Te agradezco el consejo, pero la última vez que hice caso a uno fue el peor día de mi vida. - dijo - Tú estuviste allí y lo viste.
Ambos hombres se miraron largo y tendido, procesando todo lo vivido hasta ahora.
Después de visitar a algunos amigos cada uno por su lado, Tae y Katsu se encontraron en pleno centro de Hagi, e inevitablemente, tuvieron que compartir el regreso al castillo. Empezaron su caminata con cierta incomodidad, pues ninguno hablaba y cada uno estaba metido en sus propios pensamientos. Tae sintiéndose culpable y Katsu aun tratando de asimilar que se había vuelto a encontrar con la mujer que amaba después de tantos años. Pero Tae decidió dar comienzo a la conversación con cualquier tópico de por medio, para luego ir llevándolo a lo que importaba.
Además, era hora de resolver poco a poco las cosas entre ellos.
-Escuché que eres un artista de renombre en Tokio, Katsu. - empezó tímidamente la castaña.
-Sí, me ha ido bien. - comentó él indiferente – Siempre me gustó dibujar, era algo que bien sabías.
Tae agachó la mirada con tristeza.
-Luché por mis sueños. - prosiguió Katsu – No me dejé vencer ni persuadir por nadie, y ahora he aquí el resultado: no sólo soy un artista con gran reputación, sino que también he podido hacerme de una holgada fortuna. - y añadió con intención - Soy el partido soñado que antes no era.
A Tae se le rompió el corazón al comprobar que Katsu seguía guardándole rencor. Aunque entendía su enfado, pues para él también las cosas fueron muy rápidas: al cabo de un mes aproximadamente se había encontrado con antiguas amigas, con ella misma y ahora estaba hospedado en casa de la artífice de toda su desgracia. Se imaginaba que no era fácil para él.
Ella ya había perdonado a Megumi y a sí misma. Ahora era cosa de ver si él las perdonaba a las dos.
-Katsu... - murmuró.
-¡Pero miren nada más! - interrumpió una voz desagradable y conocida - ¡La comitiva de Akira-kun! ¿Cómo pasaron la noche?
Era Shura Myoujin, en compañía de Kaede. En ese momento Tae y Katsu comprendieron con un intercambio de miradas que tenían que dejar atrás sus conflictos y unir fuerzas para enfrentar la lengua viperina de esa mujer.
-¡Muy pero muy bien! - respondió Katsu muy animado y con cierto aire de misterio.
-¿Y se puede saber dónde? - quiso saber Shura ansiosa y con falsa amabilidad, esperando a que le dijeran que en la calle para poder burlarse de ellos.
-Ah, querida, infelizmente no estamos dispuestos a recibir visitas. - contestó Tae agregándole más misterio al asunto.
Shura estaba por abrir la boca para seguir atosigándolos, cuando una fuerte voz varonil impidió que lo hiciera.
Era Shogo Amakusa que pasaba a caballo casa por casa para invitar a todo el mundo a la reunión en pos a la justicia que debería aplicarse al Jinete Negro.
-¡Disculpen! - bramó por encima de su corcel - ¡Haremos hoy una reunión de vital importancia para la seguridad de Hagi! ¡Es sobre la amenaza del Jinete Negro!
-¡Finalmente un evento en este abrevadero primitivo! - exclamó Kaede complacida - ¿Y quién es ese tal Jinete Negro? Debe de ser un personaje muy interesante…
-¡Un marginal! - sentenció Amakusa - ¡Eso es lo que es! ¡Pero si quieren saber más, les sugiero ir a casa del Coronel Saito! - miró a Shura - ¿Puede avisarle a la Reina del Arroz?
Si Shura ya estaba algo picada por la interrupción a su acoso a la parejita esa, ahora estaba más molesta por ser considerada la mandadera de la tonta de Ikumatsu.
-¡Es como si estuviese hablando con ella! - replicó ofendida - ¡Soy yo quien cuida de los compromisos de Kiyosato-san!
Amakusa rodó los ojos y la ignoró, dirigiéndose a Katsu y Tae.
-Ustedes también están invitados. - dijo amablemente y se retiró del lugar. Aprovechando la pequeña confusión, los dos jóvenes se escabulleron lo más rápido posible para impedir más preguntas incómodas de Shura.
Por la tarde, una deprimida Megumi se dirigía a su cuarto para prepararse e ir a dormir temprano, cuando vio que Sanosuke ya la esperaba dentro. No se inmutó: en otro momento se hubiera escandalizado y echado de allí, pero no estaba de humor para nada.
-Quería saber si la señorita no necesita de alguna cosa. - dijo el joven.
Megumi tomó su cepillo y empezó a peinar su cabello con violencia.
-Usted debe de estar muy feliz. - dijo con lágrimas en los ojos - Porque además de que Kaoru terminó con Kenshin, también dejó de ser mi amiga.
-No me alegra ver a nadie triste, Kitsune-hime. - le contradijo Sano con tono conciliador.
-¿Pero no debería alegrarse de mi infortunio? - le cuestionó ella - Como usted me odia…
-Aquí la que me odia es usted, porque no tolera nuestras diferencias.
Era el colmo para la joven. Ahora él le reclamaba por las "diferencias de pensamiento".
-¡Ah, no! - profirió con hartazgo - ¿Usted también?
Pero Sano no se quedó atrás ni se amilanó.
-¡Sí! Porque si intentase ver el mundo como Jo-chan, tal vez no se hubiera peleado con ella. - alegó el muchacho - Y estaría menos sola también, porque con este enorme castillo, con las ropas caras que viste y con las fiestas que da, su soledad es más que evidente, Kitsune-hime. Y la peor de todas es la soledad en medio de la multitud.
-¿Acaso usted y Kaoru están mejores que yo? - preguntó Megumi con ironía.
-No tengo ni dónde caerme muerto. - contestó Sano - ¿Pero sabe cómo me siento? Feliz, rico de alegría y de deseos porque aunque no llegue adonde soñé, por lo menos voy a saber que soñé.
-¡Qué bueno para usted, señor millonario! - gritó la joven airada - Pero cuidado, no vaya a ser que caiga de sus nubes y se estrelle en el suelo. Ahora, por favor, salga de mi cuarto y déjeme aquí de la manera que más me gusta: sola con mi soledad, mis fiestas y mis kimonos caros.
Exhalando largamente, Sano dejó a Megumi sola con sus miserias.
A la hora señalada, todas las cabezas de familia en Hagi se encontraban en casa de Saito. Shogo Amakusa, ni lerdo ni perezoso, dio comienzo a su discurso contra el Jinete Negro.
-¡Bien, señores! - exclamó con decisión - ¡Ahora que estamos todos podemos dar inicio a nuestra asamblea! La misma plaga que asola nuestros arrozales, arriesgando nuestra colecta y nuestros rendimientos que facturan esta ciudad, es la misma que ahora nos ataca en nuestras calles. Sólo que es una plaga mucho más nociva y más perversa. En nuestras tierras y productos conocemos muy bien al enemigo y sabemos lidiar con él, pero en la ciudad, estando éste viviendo escondido, asusta a nuestras gentes, amedrenta a nuestros comerciantes y marca la infancia de muchos niños bajo la sombra de un vengador.
-¡Ay, lo único que nos faltaba en Hagi! - se quejaban muchos, de acuerdo con él.
-¡En mis tiempos ya hubiera acabado con él! - señaló el Barón Gensai, dándose aires de importancia.
-¡Por favor, gente, escuchemos y saquemos conclusiones más acertadas y justas! - pidió Koshijiro a sus revueltos vecinos - ¡No convirtamos morada ajena en una casa de sustos!
-Creo que sería mejor intentar un acercamiento con el Jinete Negro. - sugirió Kogoro Katsura. Todos lo abuchearon mientras Ikumatsu Kiyosato lo miraba intensamente.
-¡Esta reunión es también para informar que no hay formas pacíficas para tratar el asunto! - replicó Amakusa con voz fuerte - ¡No sabemos de los poderes de devastación de ese individuo! ¡Por eso sugerimos la creación de una patrulla nocturna!
-Usted está acusando a una persona sin pruebas, Amakusa-san. - observó el señor Kamiya.
Shogo Amakusa pasó por alto su comentario y se dirigió a Saito con malicia.
-¡Señores, necesitamos de una opinión poderosa y una mirada especializada en seguridad pública! - clamó - Escucharemos al hombre más serio de Hagi: el Coronel Hajime Saito.
-¡Es verdad! ¡Hable, Coronel Saito!
Echando fuego por los ojos, Saito se puso al frente de los vecinos de Hagi, quienes lo miraban expectantes.
-Pues ésa es una decisión exclusiva de la jurisdicción de la policía. - declaró secamente - Además, las fuerzas armadas japonesas tienen funciones que importan mucho más a la Patria, con el agregado de que no tenemos tantos hombres. Pero estaremos atentos.
-¡O sino estamos delante de un devoto al Jinete Negro! - azuzó Amakusa detrás de él.
-Por supuesto que no se trata de eso. - negó Saito lanzándole una mirada asesina - Sólo que no quiero depositar fuerzas donde tal vez no haga falta. Pero mis hombres estarán atentos a cualquier evento fuera de lo normal, en carácter extraoficial. Que quede bien claro.
-Entonces procederemos a una votación para formar una patrulla, ya que Saito-san de buenas a primeras no está dispuesto a colaborar. - propuso el empresario. Moría por deshacerse de una vez de ese personaje.
-Me parece algo injusto lo que Amakusa-san propone. - intervino Tokio, quien había llegado con sus padres.
-Disculpe señorita, pero las mujeres no son bienvenidas. - masculló el aludido con desprecio.
Tokio le dirigió una mirada ceñuda.
-¿Ah, sí? ¡Pues yo no soy una indefensa! - lo desafió, ofendida - ¡Qué absurdo!
-¡Tokio-chan! - la regañó su madre, haciéndola callar.
Empezó la votación levantando las manos quiénes estaban a favor de la patrulla y quiénes no. Ganaron los primeros.
-¡Qué bueno! - anunció Shogo Amakusa, viendo que todo el pueblo estaba a favor de él - ¡Queda oficialmente declarada la patrulla nocturna!
Terminada la reunión y desconcentrándose las personas, Sakura Kamiya aprovechó para saludar a Ikumatsu Kiyosato, a quien en toda la reunión estuvo sin quitarle la mirada de encima.
-¡Kiyosato-san! - graznó alegremente - ¡Quiero darle nuevamente la bienvenida, al fin y al cabo pronto seremos una sola familia: los Kamiya-Kiyosato!
La mujer la miró con extrema apatía.
-No sé de lo que usted está hablando. - dijo.
Sakura quedó confundida.
-¡De que Tomoe-chan y Akira-san se van a casar! - insistió ella, asumiendo que su futura consuegra ya lo sabía.
Pero no contó con la expresión de asombro y alarma en el rostro de la Reina del Arroz.
-¡¿Qué?! - exclamó sin poder creerlo.
-¡Eso mismo!
-¡Sakura! - la llamó su marido - ¡No hagas escándalos!
Vieron cómo Ikumatsu Kiyosato los dejaba sin mediar palabra.
-¡Pero parece que reniega del hijo! - se quejó Sakura. Koshijiro se encogió de hombros y junto con Tokio salieron de allí.
Y como si fuera poco para Ikumatsu, antes de salir de la casa de Saito, fue interceptada por Shogo Amakusa.
-¿Señora Ikumatsu Kiyosato? La señora no me conoce: Shogo Amakusa, a su servicio. - se presentó el hombre con exagerada cordialidad.
Ella no respondió y sólo se limitó a mirarlo con desafecto.
-También soy productor de arroz como usted, aunque mis tierras no son tan extensas como las suyas. - prosiguió Amakusa.
-Espero que el señor no esté preocupado con la expansión de mis tierras. - dijo Ikumatsu muy seria.
-Para nada. Pero sin duda podríamos llevarnos como buenos vecinos que somos. - replicó él - Quién sabe, tal vez en un futuro hasta podríamos hacer negocios.
-Me parece algo bueno. - concordó la mujer con una sonrisa malévola - Así vemos quién es mejor negociante. Con permiso. - y se fue, dejando a Shogo Amakusa furioso ante la competencia declarada.
Después de un arduo día de trabajo en el que las obras se retomaron luego del siniestro, Kenshin volvió a su carpa/oficina para ultimar algunos detalles y poder marcharse a la mansión Kiyosato. Al entrar sintió un ki calmo y conocido, como si alguien ya lo estuviera esperando. Pero no podía discernir de quién era.
Vio que provenía del gran sillón que tenía frente al escritorio. El sillón estaba de espaldas, por lo que no pudo ver al intruso. Se puso en alerta.
-¿Puedo saber quién le autorizó al señor entrar en mi oficina y sentarse en mi escritorio a fisgonear mis cosas? - inquirió molesto y autoritario.
-¿Tus cosas? Querrás decir nuestras cosas, baka-deshi. - a continuación, de allí se levantó el Marqués Hiko Himura, dejando a su hijo atontado por la sorpresa.
-¡Shishou! - exclamó Kenshin desconcertado.
-Sentía nostalgia de ver a mi hijo. - le dijo su padre con tono grave - Y ya que en Kioto no te encontré, quise saber cómo andaban nuestros negocios aquí en la Prefectura de Yamaguchi.
El pelirrojo se recompuso y le dedicó una sonrisa.
-Yo también tuve nostalgia de usted, Shishou. - dijo - Pero teníamos la facilidad de las cartas, no había necesidad de que se moviera hasta aquí.
Hiko lo miró levantando una ceja.
-No pareces muy feliz de ver a tu padre. - comentó.
-Claro que sí, disculpe. - se excusó Kenshin - Es que estuve un poco tenso y distraído después del accidente aquí en la ferrovía.
-Ya hice una primera inspección en la obra, y todo me pareció perfectamente dentro del orden. - declaró Hiko con alivio de que no estuvieran tan atrasados - Entonces, tu tensión y distracción se vieron dados por este accidente… ¿o será que mi baka-deshi tiene un problema aparte? - le dirigió una mirada filosa - No me ocultes nada, no vas a querer provocar disgustos a tu padre.
Él ya sabía muy bien qué le pasaba a su hijo, pero quería darle la oportunidad de que se sincerara con él. Después de todo, era su padre y sabría qué aconsejarle y hacer por su bienestar.
-No, usted me conoce muy bien, Shishou. - admitió Kenshin; jamás podría ocultarle algo a su padre - Tuve un breve romance con una joven, pero después de ciertos acontecimientos, al parecer ya no hay nada más entre nosotros. - pero no quiso dar más detalles, de sólo recordarlo una nube negra lo invadía - Pero ya son aguas pasadas, así que no vale la pena conversar sobre eso. - y añadió - Así como nunca hubo secretos entre nosotros, debo decir que tampoco tuvimos una conversación tan íntima como la de ahora.
-Tienes razón, hijo. - concordó Hiko - No me gusta meterme en tus asuntos, pero pensándolo bien, ¿cuántas jovencitas especiales y llenas de virtudes no existen en este mundo? Y todas y tantas tan disponibles para ti, Kenshin. Ya aparecerá la mujer ideal para ti.
-Exactamente, Shishou. ¿Pero y usted? Debe de tener noticias más importantes que las mías.
Hiko resopló, algo fastidiado por la vida de relativa tranquilidad cuando toda su vida había manejado una espada para resolver sus problemas.
-Pues mi vida pasa así, sin nada especial ni extravagante. - le dijo - Pero en la mansión Kiyosato en las afueras de Hagi, te espera una persona que desde hace mucho tiempo quiere verte.
El rostro de Kenshin se iluminó.
-¡Tsubame-chan! - exclamó contento - ¡Vamos allá inmediatamente!
Los dos hombres salieron de la carpa, riendo y contándose más anécdotas sucedidas en su tiempo separados.
Las mayores de las hermanas Kamiya estaban ya acostadas en sus respectivos futones en la habitación que compartían, mientras hablaban sobre el compromiso de Tomoe. Kaoru observó a su hermana con cierto semblante alicaído.
-No te veo muy contenta, Tomoe-chan. - advirtió.
Tomoe no pudo más con su inquietud y se desahogó con Kaoru.
-Ay, Kaoru-chan… Es que estoy cansada de esta red de mentiras. - dijo - Mamá y papá no saben nada de que Akira está peleado con su madre, y tengo miedo de que cancelen mi casamiento.
Kaoru se levantó de su futón para ir a abrazarla.
-Papá nunca se permitiría lastimarte de esa manera. - la tranquilizó - Y mamá… Sakura-san tiene su propia forma de amar.
-Aunque no la culpo si se enoja. - decía Tomoe preocupada - Es su modo de proteger a sus hijas.
-No te pongas mal. - la arrullaba Kaoru - Además, tiempo al tiempo: tal vez cuando nos demos cuenta ya se reconcilie con la madre.
Tomoe asintió levemente, luego levantó la cabeza desde los brazos de su hermana para poder verle el rostro.
-¿Y tú cómo estás, Kaoru-chan? - le preguntó con dulzura.
La mirada de Kaoru reflejó en ese momento dureza y tristeza al mismo tiempo, con un dejo a desafío.
-Estoy en un momento de mi vida en que tengo que tomar decisiones duras… y duele bastante, no te lo voy a negar. - le explicó.
Esta vez fue el turno de Tomoe para arrullar a su hermana. Terminaron durmiendo abrazadas.
Kenshin entró como un torbellino a la mansión Kiyosato, seguido por su padre.
-¡¿Dónde está?! - rugió expectante - ¡Tsubame-chan!
Justo en ese momento su adorable hermana se hallaba conversando con Shura y tomando el té, pero dejó todo para ir corriendo a arrojarse a los brazos de su hermano mayor.
-¡Ani-ue! - gritó ella emocionada.
-¡Te extrañé tanto! - exclamó el pelirrojo aún presa de una felicidad explosiva, algo que necesitaba y lo hacía bien - ¡No esperaba que también vinieras a Hagi!
-Antes de salir para Kioto nos enteramos de que se pusieron en camino hacia acá, y decidimos tomar el barco hasta Kitakyushu. - le explicó la joven.
-Ya le expliqué a la señorita que esto no es ni Europa ni la capital. - se inmiscuyó Shura amablemente.
-Pero apuesto que este lugar tendrá su encanto. - repuso Tsubame.
-Definitivamente no. - se burló Shura delicadamente - Este pueblo es…
-Este pueblo es de gente muy trabajadora y hospitalaria. - dijo Kenshin por ella, sabiendo que no iba a hablar maravillas de Hagi.
-Ani-ue, ¿puedes acompañarme? - pidió Tsubame dirigiéndole una mirada cómplice. Tenían tanto de que hablar.
Kenshin asintió y ambos subieron las escaleras a la carrera, dejando a Hiko y a Shura solos. Con la mirada, Hiko le indicó la mujer para ir a charlar en el jardín de invierno de la casa.
-Ahora que estamos solos podemos finalmente conversar con privacidad. - dijo Hiko una vez sentados.
-Debe saber, Himura-sama, que estoy muy satisfecha con su llegada. - manifestó Shura con servilismo - Realmente estaba preocupada por Himura-san, su hijo.
-Su telegrama me dejó de veras preocupado. - declaró él - Pero parece ser que Kenshin entendió la burrada en la que se estaba metiendo y resolvió su situación con esa joven, sin que fuese necesaria mi intervención. Es mejor así.
Fue en ese momento que Shura supo que era su oportunidad para mostrarse como posible candidata para su hijo.
-Claro. Himura-san es muy inteligente, ya que usted le brindó la mejor crianza y educación para que no se dejara llevar por una mujer cualquiera. - aduló - Él debe estar con una mujer a la altura, sofisticada, elegante, fina…
-Algún día Kenshin encontrará una mujer que sea una esposa adecuada para un hombre como él. - interrumpió Hiko, percibiendo adónde quería llegar esa mujer. No era tonto - Una joven de buen origen, de buena posición social y que tenga una edad compatible a una joven casadera promedio.
Y con eso las esperanzas de Shura de contar con el apoyo del Marqués se esfumaron de un plumazo. Por el momento.
-Claro… - fue lo único que pudo decir, contrariada.
Arriba, Kenshin y Tsubame departían animadamente.
-¿Puedes explicarme cómo cada día que pasa una hermana se pone cada vez más linda? - la halagó el pelirrojo con cariño mientras la abrazaba.
-Te eché mucho de menos, Kenshin… - murmuró ella.
-Yo también, Tsubame-chan, mucho.
-Ahora háblame de ti. - dijo Tsubame soltándose de su agarre - No veo mucha felicidad en tus ojos.
Kenshin escondió sus ojos bajo el flequillo.
-Es una felicidad incompleta. - sentenció con voz queda.
-¿Y a qué se debe esa felicidad incompleta? - preguntó su hermana con curiosidad.
Kenshin la miró con un brillo de diversión en los ojos. Su hermana no era tonta y era tan perceptiva como él y su padre.
-Siempre fuiste buena con tu percepción, hay que cuidarse de ti. - le dijo con una sonrisa.
Tsubame le devolvió la sonrisa.
-¿Quién es mi cuñada? - preguntó de sopetón.
-Ya no será más tu cuñada. - fue lo único que le respondió su hermano volviendo a su gesto sombrío.
-¿Qué sucedió? - insistió ella.
Kenshin suspiró.
-Una historia triste de amor… y las historias tristes de amor no merecen tener historia. - dijo simplemente; después cambió de tema - Ahora cuéntame: Kahoku, ¿cómo va todo por ahí?
Se sentaron en unos sillones y Kenshin se dispuso a escuchar las historias y novedades de Tsubame.
A la mañana siguiente, después del desayuno, los hermanos Himura decidieron dar un paseo por Hagi, más que nada para que Tsubame pudiera entretenerse y conocer más gente. Recorrieron algunas tiendas y pasaron a saludar a algunos comerciantes conocidos de Kenshin.
Mientras cruzaban la calle, a lo lejos pasaban Megumi y Sano en carruaje. Con habilidad y ojo de águila, Megumi los pudo distinguir.
-¡Espera! - le ordenó a Sano, éste detuvo el carruaje a un lado - ¿Quién es esa señorita acompañando a Kenshin? Nunca la vi por Hagi.
-Si usted, Kitsune-hime, no sabe quién es, nadie más lo sabe. - dijo su chofer mirando perezosamente hacia la misma dirección.
A Megumi le salieron orejas de zorro.
-¡Kaoru necesita saber de esto! - chilló, pero luego recordó con angustia - No, Megumi… Kaoru no quiere más tu amistad... - volvió a dirigirse a Sanosuke - ¡Vamos!
En casa de los Kamiya, el desayuno se daba tranquilamente, aunque con una nerviosa Tomoe. Su alegre y despreocupada progenitora sólo incrementaba aún más sus nervios. Misao estaba en la luna pensando en su boda, mientras que Tokio comía en silencio pensando en el Jinete Negro y Chizuru secundaba a su madre.
-¡No creerás, Tomoe-chan! - berreaba Sakura mientras se servía arroz - Después de la reunión por el tal Jinete Negro, me acerqué para hablar con la madre de mi yerno. - y luego dijo con seriedad - Ella ni parecía reconocer al hijo como tal.
A Tomoe se le puso la piel de gallina.
-Debe ser por la tensión, Sakura. - terció Koshijiro sin preocupación - Puede ser por la atmósfera de la reunión; todos estábamos así. Kiyosato-san se habrá asustado con tu abordaje.
Su mujer lo miró ceñuda.
-¡Qué cosas dices, Koshijiro! - se quejó - Igualmente se me hace raro que no haya venido aquí a la casa para estrechar lazos. O invitarnos a nosotros. Es más, la invitaré a un banquete aquí en casa.
-No creo que acepte. - intervino Kaoru para intentar salvar la situación - Ikumatsu-san es una mujer muy reservada.
-¡Tú no me hables!
Y Tomoe no pudo más.
-Mamá es que… - comenzó a balbucear - Akira y su madre están distanciados. - terminó.
Sakura se le quedó un rato mirando, tratando de procesar la información.
-¡Qué bobería! - chilló de repente, todos dieron un respingo - ¡No creo que estén distanciados! ¡Una madre nunca le daría la espalda a sus hijos!
-Creo que los asuntos de los Kiyosato deben de resolverlos ellos. - sentenció Kaoru con severidad - A los Kamiya nos tiene que importar que Tomoe-chan está feliz de casarse con Akira.
-A pesar de que estoy feliz por ella, no dejo de pensar que es un chico inmaduro y sin experiencia en la vida. - reflexionó Koshijiro.
-Aun así, es y será rico. - declaró Sakura felizmente - Nunca va a tener problemas de dinero, por lo menos esa tranquilidad tengo para con mi Tomoe-chan.
-Mamá, no creo que haya sido ese atributo lo que enamoró a Tomoe-chan. - repuso Kaoru.
-¡Pero es lo que importa! - clamó Sakura dándose importancia - ¡Su posición y carita de príncipe! Fuera de bromas, hijas mías, considero que es una bendición proveer a una familia de abundancia. Cuando me casé con su padre sólo le pedí tres cosas a Kami-sama: dinero para mi bolso, pan para mi boca y ropa para mi cuerpo…
Todos rieron y continuaron con su desayuno.
De camino al castillo Katsura, Megumi y Sano discutían sobre mundos, sociedades e ideales.
-Entonces dígame: ¿qué mundo es ese tan especial que sólo Kaoru es capaz de ver y que yo necesito poder apreciar? - inquirió molesta.
-¿Realmente lo quiere saber? - preguntó a su vez Sanosuke levantando las cejas y mirándola con interés.
-¡Claro! - exclamó ella - Necesito entender por qué ese mundo es mejor que el mío. - vio que Sano desvió la ruta del carruaje para tomar otro camino - ¿Qué está haciendo?
-Si tanto quiere saber de ese nuevo mundo, tiene que tener paciencia. - respondió su guardaespaldas.
-¿Y acaso para tener paciencia tenemos que irnos a otro lado? - le recriminó la noble, cada vez más irritada.
Fue allí que Sano la miró severo y desafiante.
-¿Usted quiere o no quiere una respuesta, Kitsune-hime? - la regañó - Porque si es por mí, podemos volver a su castillo lleno de espacios vacíos y kimonos sin alma.
-¡Atrevido Tori-atama! - chilló Megumi histérica - ¡Le hice una pregunta para que me la contestara, no para que me muestre el camino al purgatorio!
Después de un rato de viaje y protestas, llegaron al delta del río Hashimoto que desembocaba en el Mar de Japón. Las playas y el agua cristalina del mar dejaron a la joven impresionada, quien nunca salió de su castillo para otra cosa que no fuera cotorrear en el pueblo.
-Quería ver el mundo a mi manera, ¿no? - exclamó Sanosuke quitándose la camisa y dirigiéndose al mar - ¡Es así: libre, espontáneo y sin ningún lazo de vida! ¡Vamos a nadar!
Megumi pasó de maravillarse a escandalizarse.
-¡Atrevido! - gritó sonrojada - ¡No tengo traje de baño!
Vio con horror que Sano volvía hacia ella. A medida que se acercaba, podía apreciar mejor su escultural y bronceado torso. Desvió la mirada con las orejas coloradas.
-¡En mi mundo usted no necesita de esas tonterías! - cuando se dio cuenta, Megumi era tomada en brazos por el muchacho, quien la cargó para encaminarse nuevamente a la orilla del mar.
-¡Sanosuke! - voriferó ella en sus brazos con las mejillas arreboladas - ¡Este kimono es de seda china! ¡Suélteme!
Sin hacerle caso, Sano empezó a correr hacia las aguas.
-¡Hombre y mujer al agua! - gritó, antes de tirarse de lleno con todo y doncella en brazos.
-¡AHHH! - gritó Megumi avergonzada y horrorizada, aunque en el fondo sentía una chispa de diversión - ¡Mi abuelo sabrá de esto!
-¡Le apuesto que si llama a su abuelo se unirá a nosotros y se divertirá mucho! - reía Sano mientras le tiraba agua en el rostro, era hora de jugar - ¡Aproveche, Kitsune-hime!
-¡Le ordenó que me lleve al castillo ahora mismo! - exclamó Megumi con voz ronca mientras salía del agua - ¡Le contaré todo a mi abuelo! ¡Y cuando digo todo, es TODO!
-Mire, estoy siendo más generoso con su mundo de lo que usted está siendo con el mío. - repuso Sanosuke yendo tras ella con una sonrisa - Pero está bien…
Y sin previo aviso, volvió a tomarla en brazos para sumergirse nuevamente en el agua.
-¡NO, NO! ¡SANOSUKE!
En Hagi, Kenshin y Tsubame se encontraron con Akira y Tomoe, quienes habían quedado en una cita después del desayuno. Sabiendo que su hermana estaba en buenas manos, Kenshin se dispuso a empezar su jornada de trabajo en la obra, por lo que la dulce Tsubame estuvo feliz de volver a ver a Akira y conocer a su prometida. Al principio, algo cautelosa, Tomoe observó que era bonita, de maneras delicadas y con clase: la joven ideal para Akira según Ikumatsu Kiyosato. Pero viendo que ambos se comportaban más como hermanos que como un par de jóvenes inclinados al sentimiento del amor, se sintió más aliviada. Además, Akira la amaba: el muchacho lo había dejado más que claro.
Aprovechando el encuentro, decidieron parar en la confitería del pueblo para tomar un aperitivo y charlar sobre las últimas novedades. Tsubame y Tomoe congeniaron rápidamente y no paraban de conversar. Hasta que llegó el momento de comentarle a su amiga sobre el conflicto que él tenía con su madre.
-No debes preocuparte, Akira-kun. - dijo Tsubame de manera afable - Las cosas con tu madre se arreglarán muy pronto, de eso tengo certeza. Te lo digo porque también me desentendí con mi padre, pero soy mujer y su hija menor. Para los hijos hombres todo es más fácil. - y fue allí que aprovechó para saber más - Como ustedes saben, mi hermano es muy reservado, ¿quién es esa joven que lo arrebató?
Jamás imaginó que su nueva amiga le daría información de primera mano.
-Kaoru Kamiya, mi hermana. - respondió Tomoe orgullosa - Linda, inteligente y adelantada a su tiempo.
La curiosidad de Tsubame no hizo sino aumentar más. Sí que la tal Kaoru era diferente al resto de las mujeres como para enamorar a su hermano.
-Te puedo decir Tsubame-chan que jamás vi a tu hermano tan alegre y simpático como cuando estaba con ella. - agregó Akira - Pero ahora que no resultó, está devastado. Él le propuso matrimonio y Kaoru lo rechazó, no quiso casarse con él.
Tsubame se quedó con la boca abierta.
Más tarde, en casa de los Kamiya, Kaoru escuchó que alguien llamaba a la puerta.
-¡Ya va! - dijo en voz alta mientras iba a abrir.
Se encontró con una joven sumamente hermosa: cabello oscuro y corto, ojos color violeta, ataviada en un vestido finísimo y dueña de una sonrisa brillante. Le recordó a alguien.
-¿Kaoru Kamiya? - preguntó la visitante amablemente.
-Sí… soy yo. - farfulló ella confundida. ¿Quién era y para qué querría verla una extraña tan elegante y distinguida?
La joven ensanchó aún más su sonrisa. Era muy dulce.
-Tsubame Himura, hermana de Kenshin. - se presentó - ¡Un placer!
Y a Kaoru se le cayó la quijada al suelo.
