Here I am, I'm reaching out to give you love that you're without

I can help you find what you've been looking for

Here I am, come to me, take my hand 'cause I believe

I can give you all the love you need and more

Oh here I am, oh here I am, here I am

2945 Tercera Edad

'No lo comprendo,' dijo Bilbo, interrumpiendo el relato de Thorin. '¿Por qué es tan importante que tuvieses un heredero? ¿Por qué la obsesión con que fuese de tu sangre?' Bilbo se irguió en su sillón, captando la atención de Thorin y devolviéndolo al presente por unos minutos.

La historia de esa noche había sido larga, las velas de la mesa casi apagadas y, aunque Bilbo se había perdido en el relato como siempre, esa pregunta había estado en su mente durante las últimas veladas que habían pasado junto al fuego, Bilbo escuchando y Thorin compartiendo una parte de él a la que nadie había tenido acceso hasta entonces.

'Si he estudiado bien el árbol genealógico de tu familia, hay más herederos de Durin que pueden continuar con el linaje real. Sin ir más lejos, tu primo Dáin.'

'En efecto.' Afirmó Thorin. 'Pero hay varios motivos.' Thorin cogió la copa de vino que había dejado en la mesa y le dio un trago antes de continuar. 'Para empezar, es tradición que la corona pase de padres a hijos y siempre al primogénito. Esto lleva sucediendo así desde el principio de los tiempso, y hay constancia de que nuestro linaje ha sido directo desde el comiendo de la Tercera Edad, por lo que era de esperar que yo tuviese hijos como todos los reyes que me han precedido.'

Bilbo asintió; toda su investigación no había hecho más que respaldar las palabras del enano. Pero él conocía a Thorin lo suficiente como para saber que había algo más que no le había contado aún.

'Por otro lado está la profecía de Durin.'

Bilbo no pudo evitar que se le abriesen los ojos de la emoción, llevando los pies al asiento y abrazando sus piernas. '¿Qué profecía?'

'Se cuenta que Durin volverá renacido seis veces durante los años a lo largo del linaje real y que será la séptima vez cuando su poder original será restituido, llevando a su pueblo a una nueva era de prosperidad como nunca vista.' La voz de Thorin cargada de gravedad, creyendo lo que decía. 'De momento ha habido seis reyes llamados Durin, por lo que muchos esperan impacientes la aparición del séptimo.'

'Pero si tú tuvieses un hijo y lo llamases Durin, ¿cómo sabrías que él es el elegido? ¿Que es realmente Durin el Inmortal?'

'Los nombres enanos no funcionan como los demás nombres, Bilbo.' Explicó Thorin. 'No es tan sencillo. Cada enano nace con un nombre que se mantiene en secreto. Los nombres que tú conoces son nombres que nos dan los Hombres y Elfos poder dirigirse a nosotros.'

'Un momento.' Bilbo puso los pies de nuevo en el suelo, pues no podía estar comprendiendo bien lo que su esposo le estaba diciendo. '¿Me estás diciendo que tu verdadero nombre no es Thorin?'

'No es mi nombre de nacimiento. Es mi nombre público.'

'Y, ¿cuál es tu nombre de nacimiento?' Preguntó Bilbo molesto, pues no podía creerse que se había casado con alguien sin saber esa pieza fundamental de información.

Thorin sonrió, pero era una sonrisa triste, resignada. 'No te lo puedo decir.'

Bilbo lo miró sin creerse lo que oía, y sabía que su cara lo reflejaba, pues Thorin se inclinó hacia él, cogiéndole la mano. '¿Tan importante es? No significa nada para mi, Bilbo. Siempre he sido Thorin.'

Bilbo pensó que tenía razón, no había motivo de enfadarse pues sabía perfectamente que los enanos eran una raza que valoraba más que ninguna otra sus secretos. Bastantes leyes habían dejado pasar por él, pues no a cualquiera le era dado el honor de aprender khuzdûl.

Cogió la mano de Thorin, apretándola con cariño. 'Tienes razón.' La soltó, volviéndose a acomodar en el sillón. '¿Y cuál crees que era el motivo de Balin para insistir tanto?'

Thorin volvió a recostarse también, mirando al fuego por unos minutos, tratando de responder de forma sincera, pues él mismo se había hecho esa pregunta en numerosas ocasiones.

'Mi felicidad.' Dijo por fin. 'Creo que esa era su principal razón. Creo que él pensaba que si me casaba, si formaba mi propia familia, eso me saciaría, me daría finalmente paz.'

Bilbo asintió, no pudiendo evitar sentirse triste por el Thorin de entonces, por la soledad que había tenido que sufrir todos esos años, por el dolor que había acarreado con él como si de una segunda piel se tratase.

'¿Por qué no lo hiciste?' Pues aunque imaginaba la respuesta, quería oírla de la boca del rey.

Thorin suspiró y lo miró, tratando de hacerle ver con sus ojos que no hacía falta que lo dijese. Pero ante la súplica silenciosa de Bilbo respiró y se dispuso a abrirle su corazón, a decir en voz alta aquello que solo había vivido en su mente todo ese tiempo.

'Varios motivos. El que me repetía una y otra vez era que porque no había encontrado a la enana adecuada; que cuando lo hiciese, cuando finalmente me encontrase con mi merlar, lo haría. Pero era mentira, pues yo mismo me aseguraba de no conocer a nadie, de tener siempre relaciones con forasteros, la mayoría de las veces hombres o mujeres, y nunca nada más que una liberación sexual.' Thorin volvió a coger la copa, dando un sorbo pues su garganta se había secado de repente. Aún así no podía parar ahora, no cuando sabía que si no lo decía esa noche, ya nunca lo reconocería. 'La verdad es porque pensaba que era injusto para alguien casarse conmigo, que no podrían ser felices al lado de alguien como yo, alguien enfocado solo en su pueblo, alguien lleno de dolor, de venganza, de ira.'

Bilbo se levantó, y Thorin lo siguió con la mirada, sus ojos vulnerables, el azul más claro e intenso de lo normal. Bilbo se sentó en su regazo, llevando las manos a su pelo y acariciándolo. Thorin no tardó en rodearlo con sus brazos, en pegar su cara al pecho del hobbit. Bilbo no dijo nada, pues sabía que ese no era un momento para llenarlo con afirmaciones vacías. Respetaba a Thorin como para saber que había verdad en sus palabras, que el rey había creído esas cosas porque había tenido sus motivos. Aún recordaba cuando Thorin le había dicho que aunque se casasen, él no podría darle la vida de dedicación que se merecía, que parte de su corazón siempre le pertenecía a su pueblo. Bilbo había aceptado, sabiendo que podía ser feliz con la parte asignada.

'Me alegra que no lo hicieses.' Dijo Bilbo al cabo del tiempo, cuando sus piernas empezaban a doler y dejó que su peso cayese sobre el de Thorin, haciendo que éste lo mirase a los ojos. 'Me gusta pensar que en el fondo es porque me estabas esperando.' Bilbo le quitó un mechón de pelo de los ojos, poniéndoselo tras la oreja. 'Pero sé que esa es mi parte romántica, y que la verdad es mucho más dolorosa.'

Thorin lo besó, lleno de amor, de cariño y ternura, con cierta pasión al final. 'Si me hubiese casado por deber, si al conocernos yo hubiese tenido una esposa y un hijo.' Thorin subió su mano por la espalda de Bilbo, haciendo que el hobbit se pegase más a él. '¿Hubieses sido mi amante?'

Bilbo sintió un escalofrío al notar los dedos de Thorin en su nuca. Bajó sus manos, llevándolas al amplio pecho del enano, notando el fuerte músculo que ahí había, tratando de poner un mínimo de espacio entre ellos. 'No creo que mi sangre Bolsón lo hubiese permitido.' Dijo él, respondiendo sinceramente. 'Demasiado escandaloso e indecente.' La otra mano de Thorin había bajado, colocándose en su trasero y apretándolo con cuidado a cortos intervalos, como quien amasaba pan.

'¿Ni siquiera una noche de pasión?' Thorin rodeó el cuello de Bilbo, notando como su nuez se movía al tragar, bajando por su pecho y sintiendo la fina camisa, llegando a su entrepierna. 'Hubiese quedado entre los dos, nadie tendría por qué enterarse.' Hizo presión sobre el bulto que ahí había, sacando un pequeño gemido de los labios de su esposo.

'¿Con tu honor? Dudo que fueses capaz.' Bilbo le miró a los ojos, desafiante, no sabiendo qué se había apoderado de él, pero no queriendo parar para analizarlo.

'Creo que infravaloras lo mucho que te deseo.' Thorin le desabrochó lo justo como para envolverlo en su mano, moviéndola con dificultad, pero consiguiendo otro gemido, esta vez más alto, de Bilbo.

'Creo que infravaloras mis principios.' Contestó Bilbo llevando la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos por un momento y perdiéndose en el placer. Sus manos apoyadas en los hombros de Thorin, suspirando cuando éste paró unos segundos, pero agradecido al notar la mano del enano regresar a él esta vez más húmeda.

'¿Y si me hubiese presentado en tu puerta, años más tarde?' Thorin llevó sus labios al cuello del hobbit, besándolo donde la sangre corría más fuertemente. '¿Si te hubiese dicho lo mucho que te amaba, lo mucho que te necesitaba a mi lado?' Supo por la respiración de Bilbo que si seguía así no tardaría en ver al hobbit llegar al clímax.

Bilbo volvió la vista a él, sus ojos oscuros, y sin perder un segundo lo besó, de forma posesiva, enredando su pelo y tirando de él para mirarlo a los ojos. 'Depende.'

'¿De qué?' Preguntó Thorin con una sonrisa, sus labios ligeramente hinchados, su mano derecha manteniendo su ritmo, la izquierda asegurándose de que Bilbo no se caía.

'¿Me hubieses subido a tus caderas?' Bilbo movió las suyas a modo de ejemplo, indicándole que subiese le ritmo. '¿Me hubieses tomado ahí mismo? ¿Contra la puerta?' Enredó más los dedos en el pelo de Thorin, sacando un gemido de él, notando su erección contra su pierna. '¿O me hubieses llevado a mi cama, dedicando tiempo a descubrir mi cuerpo?'

'Contra la puerta.' Respondió Thorin antes de coger la puntiaguda oreja entre sus dientes y succionar, consiguiendo un grito de Bilbo, haciendo que éste moviese las caderas más rápidamente contra su mano. 'Sin quitarnos siquiera la ropa.' Besó su cuello, respirando su fragancia, moviendo su mano con más fuerza, sintiendo la nuez de su garganta subir, atrapada por unos segundos entre sus labios cuando éste llegó al orgasmo.

Esperó un momento a que Bilbo se recuperase, fijándose en su cuerpo, en su preciosa cara, en cómo la rojez desaparecía poco a poco. Cuando vio que su respiración empezaba a nivelarse lo volvió a vestir, limpiando su mano en su túnica, la cual estaba a unos minutos de acabar en la cesta de la colada. Bilbo abrió los ojos y sonrió, apoyando su frente contra la de Thorin.

'Hubiese sido tu amante en La Comarca.' Dijo a los pocos segundos. 'Pero nunca la hubiese dejado por ti.'

Thorin sonrió, completamente feliz al saber que había hecho lo correcto todas esas décadas atrás.

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2872 Tercera Edad

(Trece años del nacimiento de Fili, ocho del de Kili)

'Otra vez.' Ordenó Thorin, viendo como Fili había al fin conseguido hacer el ataque adecuadamente.

Fili lo miró sorprendido. 'Pero tío, lo he logrado.' Pues no entendía por qué Thorin no estaba dándole la enhorabuena.

'Demuéstramelo y hazlo de nuevo.' Fue su respuesta, su tono firme, no dejando lugar al diálogo.

Fili se molestó pero sabía que no debía mostrarlo, que sólo enfadaría a su tío. Volvió a hacerlo, pero esta vez puso demasiada fuerza en el segundo ataque y falló el golpe contra el palo. Gruñó, y lo hizo de nuevo, fallando. Tiró las dos espadas al suelo, molesto consigo mismo y con Thorin por obligarlo a repetir una y otra vez un ataque que sabía que no podía hacer.

'Es imposible.' Gruñó mirándole a los ojos con ira. Vio por el rabillo del ojo cómo Kili había parado de jugar con su nueva espada de madera y los miraba tenso.

Thorin se levantó, su mirada seria, dura, y Fili se sintió intimidado. Su tío era un enano grande y más alto de lo normal, algo que cuando había sido más pequeño le había gustado, pues se había subido a sus hombros y había visto el mundo como lo haría un hombre. En los últimos años, desde el comienzo de su entrenamiento, había cambiado su percepción hacia el físico de su tío. Ahora empezaba a ver lo fuerte que era en verdad, el talento que tenía con cualquier arma. Lo letal que era. Aún así no dio un paso atrás, pues sabía que su tío nunca le haría daño.

Thorin cogió las dos espaldas y se las presentó. 'No es imposible, pues lo has logrado hace meros minutos.'

Fili le miró a los ojos, esos que siempre mostraban lo mucho que lo quería, la única forma de saber con certeza lo que sentía realmente. No vio decepción. Fili cogió las espadas, tratando de calmar su respiración.

'No debes dejar que la ira guíe tus ataques.' Dijo Thorin, colocándose tras él e indicándole cómo hacer el movimiento de nuevo. 'La ira te nubla la vista, te hace vulnerable, predecible.' Movió su brazo izquierdo y Fili prestó atención, dándose cuenta de lo que había hecho mal. 'Hazlo de nuevo.' Ordenó su tío antes de alejarse y volverse a sentar en el leño de su patio.

Fili lo repitió una y otra vez, hasta que sus músculos lo memorizaron, hasta que su tío le dejó parar. Sus brazos le dolían como nunca, sus piernas casi no le mantenían en pie, pero al final de la sesión, horas más tarde, Thorin le dijo "lo has hecho bien", y sólo por esas palabras Fili supo que había valido la pena.

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2945 Tercera Edad

La oficina estaba llena de papeles y mapas, el escritorio principal tenía pilas de misivas contestadas y por contestar. Fili dejó la última en la pila que se mandarían al Orocarni, dirigida a Argola y responiendo a sus preguntas sobre el comercio de tintes. Suspiró y enterró su cabeza en sus brazos, apoyándose en la mesa y queriendo huir, cerrando los ojos durante unos segundos.

'¿Están listas?' Dijo una voz a sus espaldas, y Fili se recostó asustado, pues no había oído a nadie llegar.

Se giró y vio a Balin, mirándolo con cariño. Fue entonces cuando se fijó en las antorchas y se dio cuenta de que se había quedado dormido durante un par de horas. Maldición.

'Sí.' Dijo entregándoselas, Balin las cogió y se dispuso a irse, no sin previamente pararse, cerrando la puerta y dejando las cartas en la estantería antes de volverse.

'¿Qué sucede, muchacho?'

'Nada.' Se apresuró a decir Fili, pues no quería dar ningún motivo a su mentor para pensar que no se tomaba en serio sus obligaciones.

Aún así Balin se acercó y se sentó delante de él, mirándole seriamente, y Fili gruñó, sabiendo que no era capaz de ocultarle nada.

'Es solo que no me imaginé mi vida en Erebor rodeado de documentos, contestando misivas día tras día sobre cosas que en el fondo carecen de importancia.'

'Los tratados con los otros clanes son importantes.' No había reprimenda en la voz de Balin, solo ese tono íntimo que dedicaba a su familia.

'Lo son, pero esperaba hacer algo más interesante, más relacionado con el día a día de Erebor. Algo que importe aquí.'

Balin rió y Fili lo miró sorprendido, pues no sabía qué podía hacerle gracia de sus palabras.

'Tu tío dijo algo similar cuando era príncipe aquí.' Explicó el viejo enano. 'Cuando Thráin lo puso a lidiar con Valle, siendo la principal conexión con los hombres en los últimos años de reinado de Thrór.' Llevó sus dedos a la mesa, recorriéndola con cariño, y fue entonces cuando Fili se percató de que ese podía haber sido el despacho de su tío, esa su mesa, restaurada tras todos esos años. 'Él pensó que su foco debería estar más en Erebor que en el exterior… No pudo estar más equivocado.'

'¿Por qué?'

'Porque sería precisamente lo aprendido esos años lo que nos salvaría en Ered Luin, lo que nos daría un lugar en esas montañas.'

Fili se acercó a la mesa, queriendo conocer la historia, pues había mucho que no sabía de su tío, mucha información que nunca nadie le había ensañado. Thorin siempre lo había entrenado para ser un guerrero, para sobrevivir. Le había enseñado su oficio de herrero, tratando de implementarle disciplina y asegurándole un porvenir. Era cierto que le había contado historias de Erebor, pero a Fili siempre le habían parecido más leyendas que recuerdos. No había sido hasta el comienzo de la misión para reconquistar la Montaña, cuando había empezado a comprender que quizás su tío y su familia eran más importantes de lo que él se había imaginado en un principio.

Él nunca había visto a Thorin como rey en Ered Luin, pues nadie le había llamado así. Pero siempre había sabido que era el líder de su pueblo y que un día, él tendría que serlo. Aun así, nunca había pensado demasiado en ello, pues su entrenamiento, su estudio del metal y su hermano, siempre le habían unido más al presente que al futuro. Siempre que había podido, había elegido un día de caza con Dwalin y Kili a una sesión con Balin. Fili suspiró, dándose cuenta ahora de que su tío no había sido tan estricto con él como había creído todos esos años, que le había dejado disfrutar de su juventud como él nunca pudo.

'¿Cómo consiguió Thorin que nos aceptasen en Ered Luin?' Pues nunca había pensado realmente en ello hasta ahora que se había visto forzado a estudiar historia y diplomacia.

'Oh, no fue fácil.' Dijo Balin, empujando la silla y recostándose en ella. 'Fue Thráin el que nos llevó a Ered Luin, pero por aquel entonces los Barbas de Fuego y los Nalgudos no estarían por la labor de dejarnos excavar en su montaña. Al principio nos asentamos en la ladera norte, deshabitada pero a la intemperie.'

Fili lo miró sorprendido, pues no era común que los enanos viviesen al aire libre, no en casas como las de los hombres. Él siempre se había criado entre roca.

'Ten en cuenta que habíamos pasado ya años vagando por la Tierra Media, la mayor parte del tiempo por Dunland, donde no podíamos quedarnos. Ered Luin era nuestra última opción, y fue la mayor pelea que tuvo el rey Thrór con su hijo Thráin.' Balin miró a lo lejos, perdido en el momento por unos segundos. 'Creo que fue la razón por la que Thrór decidió recuperar Khazad-dûm.' Balin volvió su vista a Fili y sonrió. 'Pero esa es una historia para otro momento, muchacho. Respondiendo a tu pregunta, fue Thráin el que empezó las negociaciones con los otros clanes antes de partir a la guerra. Pero no sería hasta nuestro regreso, con Thorin como líder, cuando las palabras se convertirían en hechos.'

Alguien llamó a la puerta y ésta no tardó en abrirse lo justo para que la cabeza de Kili apareciese por ella.

'¿Sigues ocupado? ¿O has acabado ya?' Preguntó su hermano, sin duda queriendo llevarlo a la taberna antes de la cena.

'Ven.' Dijo Fili señalándole la silla libre. 'Balin me estaba contando cómo Thorin consiguió que viviésemos en Ered Luin.'

Kili entró y cerró la puerta, sentándose al lado de Balin y mirándolo con expectación. Siempre le había gustado oír sobre la vida de su tío, sobre sus hazañas de antes de que ellos naciesen, y bien sabía él que, o se las contaba Balin, o nunca las averiguarían.

'Al principio no muchos lo tomaron en serio.' Fili y Kili se miraron sorprendidos. 'Tened en mente que por aquel entonces Thorin no había cumplido aún setenta y cinco años, y que la posibilidad de que Thráin volviese seguía ahí. Pero vuestro tío nunca ha sido un enano de amedrentarse ante las dificultades, y se hizo respetar, no solo ante los líderes de los otros clanes, sino también a los ojos del Consejo de su abuelo.' Balin aún recordaba a ese Thorin, lleno de dolor, de rabia. Demasiado joven como para tener que llevar la responsabilidad de su pueblo a sus espaldas. Pero Balin nunca había dudado de él. Sabía del coraje del joven, de su talento, de su habilidad para liderar, pues su educación había caído en sus manos en numerosas ocasiones cuando aún vivían en Erebor. Recordó verlo tres la batalla, su semblante solemne, los últimos rayos del sol enmarcándolo. Fue ese día el que le juró eterna lealtad en su mente, una promesa que nunca rompería.

'Le costó muchas discusiones y muchos tratados. Vuestro tío trabajó más que nadie para poder pagar esas tierras, para asegurarse de que nosotros teníamos un sitio al que llamar hogar. Pensaréis que las cicatrices de sus manos se deben a batallas, pero la gran mayoría son de la fragua.' Balin dio un sorbo al agua, recordando la primera vez que había visto a Thorin de pequeño en las grandes fraguas de Erebor, la admiración en sus ojos. 'Es cierto que él siempre ha tenido un talento nato para la forja, pero no os confundáis, su maestría se la debe más al trabajo duro que a su don.'

'Recuerdo que cuando éramos pequeños él aún trabajaba en la fragua.' Dijo Fili, pues más de una vez había visto a su tío ahí, creando objetos cotidianos en gran cantidad. Más tarde Thorin usaría la fragua más como taller que como oficio, tratando de enseñarle su arte.

'Nunca dejó de trabajar por completo.' Explicó Balin. 'Solo redujo sus horas a lo largo de los años, pues sería por aquel entonces cuando la historia los Salones de Thorin se hubiese transmitido por la Tierra Media, haciendo que enanos que décadas antes habían partido en otras direcciones, emigrasen a Ered Luin. Y para entonces necesitaríamos más a un líder que a un herrero.'

Fili oyó a su hermano hacer una pregunta, pero no le prestó atención. No podía evitar pensar en lo mucho que aún le quedaba por aprender, lo que aún tenía que demostrar. Desde que había llegado a Erebor se había dedicado a descubrir el reino, a ayudar en lo que se le pidiese, aceptando la tarea que su tío le había encomendado sin reparos, pero no comprendiendo muy bien su utilidad. Al principio le había gustado estar al mando de la comunicación con otros clanes, pues había sido vigorizante ser el que ahora negociase con los jefes de los Nalgudos y Barbas de Fuego, sobretodo cuando le habían considerado siempre un niño. Pero esa excitación no había tratado en volverse cotidiana, y era ahora, meses más tarde y con su día a día perdido en tratados que no comprendía y firmas que realmente no importaban, cuando se cuestionaba su papel y utilidad.

Tenía que reconocer que esas dudas habían surgido gracias al hobbit, pues había visto cómo en los pocos meses que llevaba como consorte había conseguido llevar a cabo proyectos para ayudar a Erebor. Primero la Feria de la Cosecha y ahora la exhibición sobre la historia de su pueblo. Bilbo no solo había cogido el puesto que Thorin le había ofrecido, sino que lo había hecho suyo, haciendo posible lo impensable, y consiguiendo con su esfuerzo y dedicación hacerse un nombre en Erebor alejado de sus méritos en la reconquista y batalla.

¿Y qué había hecho él? Nada. Ayudar a su madre cuando ésta se lo había pedido, hacer los pocos recados que Thorin le había mandado, pero en realidad entrenar, responder correspondencia y disfrutar de la vida con Kili. Quizás era hora de cambiar, quizás Balin tenía razón y había mucho que necesitaba aprender. No podía seguir esperando a que alguien fuese en su búsqueda con una misión, necesitaba hacerse valer, demostrar a su tío que podía contar con él, que podía estar orgulloso no solo del guerrero que era, sino del príncipe que sería. Pero, ¿por dónde empezar?

/

Dís se apoyó contra la barandilla, disfrutando de la vista que tenía a la sala de entrenamiento, alegrándose de pasar desapercibida gracias a la altura. Sabía que estaba jugando con fuego, que no debía dar rienda suelta a sus locas pasiones y deseos. Que nada bueno podía salir de todo eso. Ella nunca amaría a nadie como había amado a Vili. El enano había sido su merlar, su motivo para dejar la vida que conocía y empezar una nueva con él. Siempre estaría en su corazón, pero también era cierto que su esposo había muerto hacía muchas décadas. Y al principio toda su energía había estado en criar a sus hijos, luego en ayudar a Thorin, y ahora…

Ahora no podía evitar el deseo que sentía al ver a Dwalin destrozar a los guardias en los combates cuerpo a cuerpo. El escalofrío al ver sus brazos desnudos mover sus hachas, en la necesidad que tenía de recorrer todos sus tatuajes. E intuía que su deseo era correspondido.

Dís nunca antes había visto a Dwalin así, pues el enano siempre había sido la misma constante en su vida: el mejor amigo de su hermano. Dwalin siempre había estado ahí desde que ella podía recordar, siempre al lado de Thorin. Compañeros no solo de armas sino en todo lo demás. Él había sido el que le había descubierto las dos hachas cuando aún ella no se había decantado por un arma. Él había sido siempre el que había hecho a Thorin entrar en razón cuando ella no había podido. Dwalin era familia, al igual que Balin. De ahí que Dís no se lo viese venir.

No había sido hasta que habían llegado a Erebor cuando había notado el cambio en ellos. Cuando ella ya no era una enana más, sino la Princesa, y él el Capitán del Ejército. Cuando Dís se había sentido al fin en paz con cada parte de su ser, con la guerrera y la noble, con la madre y la hermana. Cuando había podido poner en práctica todos sus estudios sobre las leyes de su pueblo, haciéndose una parte integral en el sistema jurídico de Erebor. Cuando había visto a Dwalin no solo como el guerrero que sabía que era, sino como el noble que había ignorado todos esos años.

Y sabía que Dwalin la deseaba. Lo había notado en cómo la miraba cuando él pensaba que ella no le prestaba atención, en la forma en la que le hablaba, siempre midiendo sus palabras, en cómo conseguía encontrarla siempre a solas. Lo único que tranquilizaba a Dís era saber que el enano no la amaba como ella había amado a Vili, que era solo deseo lo que había entre ellos. Deseo y amistad. Dwalin siempre había dejado claro que su amor era su arte, su corazón completamente consagrado a la protección de Thorin. Y ella no solo lo respetaba, sino que le alegraba. Era esa devoción a su hermano la que había hecho que en las últimas décadas se hiciesen amigos y aliados. En que tuviesen agradables conversaciones donde Dís había descubierto una parte divertida y sagaz, una mente inteligente bajo toda esa dureza.

Dís apartó la vista de Dwalin, maldiciéndose por ese deseo que lo invadía al verle. Se conocía lo suficiente como para saber que era cuestión de tiempo antes de que alguno de los dos hiciese algo, y sabía que no debían. No era el hecho de estar con otro enano desde la muerte de su marido lo que la inquietaba, sino que Thorin lo descubriese. No sabía cómo se lo tomaría su hermano, pero podía imaginar que no del todo bien. En su momento le había costado aceptar que ella ya no era solo su hermana pequeña, sino una enana adulta capaz de tomar sus decisiones y de hacer con su cuerpo lo que le pareciese. Y sabía que una cosa era que Thorin hubiese aceptado que tuviese una vida sexual y otra muy distinta que ahora aceptase que dicha vida sexual era con su mejor amigo.

No, se dijo caminando por los pasillo. Debía buscarse a otro, alguien insignificante que no supusiese tantos problemas como el menor de los hijos de Fundin… Que si era sexo lo que quería, sabía que sería capaz de encontrarlo.

Pero no quieres sexo, dijo esa voz que había tratado de ignorar todo ese tiempo, lo que quieres es acostarte con Dwalin. Lo que te excita es el peligro que eso origina. Dís respiró y caminó con paso firme en dirección a su despacho, esperando que el trabajo le ocupase la mente durante unas horas.

/

Bilbo se apoyó contra la pared, satisfecho al saber que su proyecto se llevaría a cabo, confiando en Dagril para ser su representante. El gran edificio que en otra vida debía de haber sido un almacén, se encontraba en un barrio no muy concurrido de la Zona Oeste, pero eso no había molestado al hobbit. Si el Consejo pensaba que la localización iba a afectar a la afluencia de visitantes, no sabían que Bilbo había encargado a Bifur que le construyese un dragón para colgar del techo hacia el final de la exhibición. Casi podía ver las caras de los niños ante tamaña maqueta. Sonrió, pensando en que quizás debería echarle otro ojo a los planos para ver si tenían el suficiente espacio o necesitaban quitar algo.

Fue entonces cuando vio a Thorin entrar, analizando sin duda todo lo que veía. Bilbo dejó su escondite para ir a su encuentro, pero se paró al ver como ya lo había hecho Dagril. Es esas semanas había conocido bastante al enano de las Colinas de Hierro, había visto la pasión que sentía por su pueblo, el orgullo de poder vivir en Erebor. Y había notado la forma en la que siempre hablaba del rey, con admiración y algo más, algo que seguramente sería imperceptible para el resto, pero no para un hobbit. Bilbo se había criado en la sutileza, en analizar los más mínimos cambios de expresión facial, los tonos de voz, pues eran esas cosas las que te ayudaban en La Comarca a estar siempre enterado de todo. Aquí, en Erebor, rodeado de enanos no acostumbrados a la sutileza o a reconocerla, era mucho más fácil saber qué pensaban.

Dagril estaba completamente enfocado en el rey, toda su atención puesta en los ojos de Thorin. Cuando éste le tocó el hombro, como gesto de aprobación, Bilbo pudo ver como Dagril se movía ligeramente, tratando de alargar el momento aunque fuese unos segundos. Caminó con cuidado, acercándose y escondiéndose tras una columna para ver mejor la cara de Dagril. No fue hasta que Thorin se giró, buscando algo en la abarrotada sala, cuando Bilbo pudo ver el anhelo en los ojos del pelirrojo. Bilbo se escondió corriendo, tratando de calmar su corazón, pues no quería llegar a conclusiones equivocadas, pero todo su ser le decía que Dagril veía a Thorin como algo más que a su rey.

Él sabía que Thorin era un enano deseable, sobre todo físicamente. Bilbo se había fijado en las miradas indiscretas de las mujeres de Ciudad del Lago cuando habían estado ahí tantos años atrás, la sorpresa y el deseo al ver a uno de los khazâd con rasgos como los de Thorin. El mismo deseo que él había sentido la primera vez que había visto al majestuoso enano. Pero Dagril no sentía eso, no si Bilbo estaba en lo cierto. Y Bilbo no sabía cómo sentirse al respecto, pero sabía que no quería pensarlo en público. Volvió a mirar, tratando de convencerse de que era su imaginación, pero conocía la sonrisa que había aparecido en los ojos del guardia, el cariño en su mirada. Se apresuró a dejar la sala, consiguiendo pasar desapercibido, y encaminándose a sus aposentos, pues necesitaba que le diese el aire y caminar por su jardín.

Continuará….


Gracias por los comentarios. Sé que esta historia está menos centrada en Bilbo y Thorin como pareja, pero me apetecía explorar más el pasado de Thorin y a sus herederos. Hay muchas cosas nuevas en este fanfic de otros personajes que me parecen muy interesantes y espero que a vosotros también. Pero el baginshield siempre estará ahí de fondo.