There is a house built out of stone
Wooden floors, walls and window sills
Tables and chairs worn by all of the dust
This is a place where I don't feel alone
This is a place where I feel at home
2945 Tercera Edad
Bilbo llevó su mano izquierda hacia atrás, colocándola sobre la pierna de Thorin, agarrándolo. Su mano derecha estaba demasiado ocupada en recorrer el fuerte torso del enano, notando sus músculos contraerse con cada movimiento de sus caderas. Cerró los ojos, dejando que su cuerpo se perdiese en el placer de cabalgar a Thorin, mordiendo su labio inferior sin percatarse, no impidiendo que sus gemidos saliesen de ellos.
Llevaba demasiados días necesitando ese momento, esa sensación de control, de liberación. Desde que se había percatado de los sentimientos de Dagril no había sabido como acercarse a Thorin, como retomar su vida sexual. Al principio se había sentido inseguro, luego los últimos preparativos de la exhibición lo habían mantenido ocupado. Pero hoy… Hoy era el día de la inauguración, por lo que sus respectivas agendas estaban vacías hasta el mediodía. Sexo no había estado en la mente de ninguno de los dos hasta que Bilbo había lamido la gota de mermelada de frambuesa que se había resbalado por su dedo, no teniendo en cuenta lo que dicho gesto despertaría en Thorin. Ninguno de los dos supo muy bien cómo pasaron de estar tranquilamente desayunando a Thorin de rodillas, la erección de Bilbo penetrando su garganta, las manos del hobbit agarrando sus cabellos, tirando de ellos mientras dejaba que Thorin le recordarse lo que era el placer.
Una vez Thorin había tragado los restos de Bilbo y se había puesto en pie, apoyando sus manos sobre la mesa, haciendo que el hobbit notase la dura erección de su marido contra su muslo, Bilbo había sabido que esa mañana sería una que no olvidarían con facilidad. El enano no había tardado en cogerlo en brazos, haciendo que el hobbit le rodease su cintura con sus piernas, desnudándolo mientras se encaminaban al dormitorio. Preparándolo con prisa y precisión, sabiendo que la pasión, más que el cariño, los guiaba.
Y eso los había llevado a Bilbo cabalgando a Thorin, el enano moviendo sus caderas con precisión, siguiendo el ritmo casi insaciable del hobbit. Bilbo con la cabeza echada hacia atrás, perdido en el éxtasis al saber que tenía a Thorin bajo su merced, al notar la mano del enano masturbarlo mientras se movía en él. Era en momentos así cuando Bilbo comprendía lo que era sentirse poderoso. Abrió los ojos, viendo la cara de Thorin, su absoluta entrega, su perfecto cuerpo. Todo suyo. Y pensó en cómo quería más, cómo necesitaba más, cómo nunca se saciaría de esa visión, de ese sentimiento.
Se corrió sin avisar, manchando el torso de Thorin, gritando su nombre cual plegaria.
Thorin lo miró, bebiendo de cada suspiro, de cada rojez, dejando que volviese a la realidad antes de mover sus caderas de nuevo. Conocía el cuerpo de su esposo lo suficiente como para saber cuándo podía volver a tocarlo y continuar con el placer de ambos.
¿Cuántas veces es lo normal? Le había preguntado al principio de su relación sexual, sorprendido por la rapidez y frecuencia de sus clímax. Bilbo no lo había sabido con certeza, su inexperiencia clara en sus ojos. Pero no habían tardado en averiguarlo juntos en esas primeras semanas. De tres a cuatro en una sesión cotidiana. Dato que, si se pensaba con lógica, explicaba la alta natalidad de los hobbits.
Pero la lógica y su uso reproductivo era lo último que estaba en la mente de Thorin, sobretodo cuando Bilbo movió ligeramente las caderas, abriendo los ojos y clavándolos en él. En ese momento Thorin lo deseaba más que a nada ni nadie en toda la Tierra Media. Hubiese dado y hecho lo que fuese si Bilbo se lo hubiese pedido, completamente bajo su merced. Y una pequeña voz en su interior le decía del peligro de eso, del poder que el pequeño hobbit ejercía sobre él. Pero Bilbo le susurró "fóllame", más una orden que una súplica, y Thorin no tardó en colocarlo contra el colchón, a cuatro patas, con su mano izquierda entre los omóplatos de Bilbo, haciendo presión, manteniendo su cara contra la almohada mientras agarraba sus caderas y se movía en él con toda la fuerza que poseía.
Si alguno de los dos hubiese sido conscientes de la realidad, si no hubiesen estado cegados por su deseo y placer, por la necesidad de poseer y ser poseído por el otro, se hubiesen percatado de la dureza con la que Thorin le estaba agarrando, de los moretones que más tarde aparecerían en las caderas del hobbit. De las marcas de uñas que cubrirían el torso y espalda del rey. De cómo Bilbo tendría que llevar el pañuelo más alto de lo normal durante casi una semana, cubriendo la marca que el rey le dejaría en el cuello al correrse en él.
/
'Sé que le prometimos a amad que seríamos más responsables pero, ¿en serio crees que debería estar al mando de la Colina del Cuervo?' Preguntó Kili, tumbado en el sofá de su sala de estar.
'Claro que sí, es perfecto para ti.' Fili se miró las trenzas, asegurándose de que eran simétricas, antes de volverse a su hermano pequeño. 'Te encanta estar en el exterior. Además, te haría vigía de los alrededores, en especial de Valle. Nadie conoce esa ciudad mejor que tú.'
Golpeó ligeramente las piernas de Kili, haciendo que las subiese, y sentándose en el sofá, no tardando en notar su peso en su regazo. '¿Qué te preocupa?'
'Pues que es un trabajo. Que tendría gente a mi cargo.'
Fili bufó, divertido. 'Tienes ochenta y un años, Kili. Es hora de que tengas un trabajo.'
'No sé si sabría mandar, Fili. No soy como irak'adad o tú.'
Fili pudo ver como había verdadera preocupación en la voz de su hermano, cosa que lo sorprendió, pues él siempre había sido el más lanzado de los dos, el que la gente prefería.
'No lo eres, Kee, pero eso no es malo. Tú tienes otras cualidades igual de válidas.' Le acarició la pierna, tratando de animarlo, de hacerle ver. 'Hay más en ti de lo que tú mismo crees, nadad. Y puede que sea hora de que lo averigües.'
Kili le miró a los ojos, abriéndole su corazón como había hecho desde que eran niños. 'Temo decepcionarlo, Fee.'
Fili asintió. 'Yo también.'
Hubo un momento de silencio entre ambos, de entendimiento, donde comprendieron que su madre tenía razón, que su vida había cambiado y ellos debían cambiar con ella, madurar.
'Sé te dará bien. La gente se te da bien, Kili.' Fili le golpeó la pierna ligeramente, para llamar su atención, haciendo que su hermano clavase sus ojos de nuevo en él. 'Y cometerás errores, pero es normal. Piensa que no la puedes cagar más que yo.'
Kili rió. 'Cierto.'
'¡Eh!' Fili le empujó las piernas, haciendo que Kili se cayese al suelo. 'Se suponía que debías negarlo.'
'Imposible.' Dijo su hermano desde el suelo, aún con la risa en su voz. 'Tu cagada ha sido legendaria. La gente sigue hablando de ella y han pasado dos semanas.'
Fili se cruzó de brazos, no queriendo mostrar cómo esas palabras lo afectaban, pero sabiendo que no iba a ser capaz de ocultárselo a su hermano.
'Fili.' Dijo éste en un tono más serio, rodeándolo con el brazo. 'También hablan de cómo les ayudaste, dándoles un nuevo hogar. Evitando un conflicto mucho mayor.'
'No evité nada.' Su voz baja, pues aunque había aprendido una lección que nunca olvidaría, eso no quitaba que aún le doliese. 'Fue Thorin.'
'Siempre lo es.' Comentó su hermano, sorprendiendo a Fili con esa frase, con su cambio de tono, haciendo que se girase a mirarlo. 'Eso es lo que me preocupa, que él siempre está ahí.'
'No entiendo.'
'¿Qué sucederá cuando él no esté para salvarnos? ¿Para ayudarnos?' Había dolor en la voz de su hermano, y Fili comprendió que era algo que llevaba tiempo rondándole la cabeza, quizás desde la Batalla de los Cinco Ejércitos.
'Para eso falta mucho, Kili.' Lo abrazó, rezando porque así fuese, pues no podía imaginarse la vida sin su tío. No ahora que comprendía que había tanto que aprender de él, una nueva faceta de Thorin hasta entonces desconocida para él.
'Eso espero, Fili. Eso espero.'
/
Bilbo había pensado que nada podía ser más placentero que la mañana que había tenido, pero las caras de asombro y admiración del Consejo tras ver la exhibición casi superaban esos momentos con Thorin. Habían pasado un par de horas desde que las puertas se habían abierto al público y, aunque aún era pronto para saber lo que opinaba la mayoría, los comentarios habían sido halagadores.
Podía ver la sonrisa en la cara de Dagril, recibiendo enhorabuenas y preguntas por doquier. Bilbo sonrió, feliz al ver al enano lleno de vida y pasión. Dagril siempre había sido un enigma para él, pues había pensado que nada cambiaría en su ausencia, pero ahora sabía que eso había sido absurdo. Dos años habían pasado en Erebor sin él, y era normal que hubiese nuevas caras, nuevas amistades entre la Compañía.
Era cierto que aún tenía sentimientos encontrados con el enano, pero había hallado en él a un alma inquisitiva, inteligente y apasionada por la historia tanto o más que él. No quería perderlo como amigo y, desde luego, no quería que se pasase sus días en un trabajo que apagase ese fuego que había visto en él. Quizás esa era la verdadera vocación de Dagril, y Bilbo pensaba ayudarle a descubrirlo. Thorin iba a esperar a mañana para darle la noticia de su nuevo puesto.
Dwalin se había quejado, entrando en sus aposentos, interrumpiendo su cena, y enumerando las razones por las que era una mala idea. Bilbo sabía que había sido más la mirada que él le había lanzado al Capitán del Rey que las palabras de Thorin lo que le habían cayado y hecho aceptar la realidad de que iba a tener que enseñar a Kili, quisiese o no, a ser el nuevo capitán de la Colina del Cuervo.
'Es hora de que el muchacho tenga responsabilidades y gente a su cargo.' Había argumentado Thorin. Y Dwalin sabía que era verdad. Aún así Bilbo pensaba hacerle unas galletas, pues no envidiaba la tarea que tenía Dwalin ante él.
'¿Contento?' Oyó una voz a sus espaldas, y Bilbo sonrió, girándose.
'Sí. ¿Y tú?'
Vio cómo Thorin miraba la sala, fijándose tanto en las exhibiciones que narraban la historia de su pueblo como en la gente. En sus caras de asombro, de orgullo, de respeto.
'Lo estoy.' Volvió su vista a Bilbo. Su corona plateada brillando gracias a la iluminación de la sala, las cuentas de su pelo remarcando su belleza. Él, más que ningún artefacto en dicha sala, era la prueba viviente de la historia del pueblo de Durin. 'Es magnífico.'
'Me alegra que sea de tu agrado.' Bilbo se giró, colocándose al lado de su esposo, disfrutando del ambiente. Feliz al saber que había hecho algo de valor que ayudaría a la educación y moral de Erebor. No sabía cómo su simple idea de controlar e inspeccionar el Tesoro había acabado en esto, pero se alegraba de ello. No cambiaría por nada todas esas noches junto al fuego, escuchando a Thorin, aprendiendo de él, enamorándose aún más, si eso era posible.
'¿Cuál es tu siguiente proyecto?' Preguntó al cabo del tiempo Thorin, sin dejar de mirar a la gente, asintiendo con la cabeza a modo de respeto cuando alguien se inclinaba ligeramente ante ellos.
'No lo sé.' Bilbo se colocó su corona, notando que había empezado a ladear. 'Creo que disfrutar de los frutos de mi trabajo durante un tiempo. Me lo merezco.'
'Sin duda.' Thorin dio un paso adelante al ver como una enana se acercaba a él con una pregunta. No tardó en responderla y volver al lado del hobbit. 'He imagino que la idea de investigar el este no se te ha pasado por la cabeza.'
Bilbo no dejó de mirar a la multitud, encontrando a Dagril charlando con Bofur en una esquina. Sabía que Balin no le había delatado con su plan de colocar al sobrino de Dain como embajador.
'No sé de qué me hablas.' Negó Bilbo, sabiendo que Thorin no le creería, pero negándose a aceptar su papel en los cambios de la corte del rey.
'Claro que no.' Había una ligera sonrisa en la voz del enano y Bilbo no pudo evitar imitarla, con su mirada aún fija en la multitud. 'Balin propuso a Dagril como sustituto de Fili. Supongo que no te había comentado nada.'
'No.' Bilbo saludó a Bofur en la distancia, sabiendo que Thorin le estaba mirando, tratando de ganar esa guerra silenciosa entre ellos. El hobbit no pensaba darle la satisfacción.
'Es una buena idea. Tiene el conocimiento y la pasión necesarias.' La voz de Thorin sincera. 'Y puede que necesitemos a alguien como él en el futuro.'
Bilbo notó algo en la voz de Thorin que le alarmó. '¿Qué sucede?' Dijo volviendo su mirada a él, tratando de encontrar la respuesta en sus ojos, olvidándose del juego entre ambos.
'Nada, por ahora.'
'Pero hay algo que temes.'
Thorin asintió, cogiendo la mano de Bilbo de forma discreta, mirándolo al hacerlo. 'Creo que va siendo hora de poner nuestra atención en esas tierras. De expandir nuestro comercio.'
Bilbo le apretó la mano, prometiéndole con el gesto ayudarle. Sabía que había algo más que el rey no le estaba contando, pero podía darle tiempo a Thorin. Hasta entonces seguiría apoyándole, ayudándole en lo que pudiese.
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2946 Tercera Edad
Kili miró a lo lejos, fijándose en como los árboles se movían de una forma inusual, pues no era un día especialmente ventoso. No tardó en ver los pájaros salir volando de las lindes del bosque y supo lo que sucedía.
'¿Qué es?' Oyó a Sandur preguntar a su lado, sin duda el soldado había visto lo mismo que él.
'Problemas.' Contestó Kili, esperando estar equivocado, pero sabiendo que no podía permitirse el lujo de quedarse quieto y que sus sospechas se hicieran realidad.
'Sandur, quédate al mando. Si oyes mi cuerno, manda refuerzos.'
'Uzbad-dashatê.' Dijo Sandur, inclinando la cabeza a modo de afirmación.
Kili bajó las escaleras con prisa, llamando a otros cuatro soldados más, sabiendo que era mejor ser precavido. Cogió su cabra y partió en dirección al Bosque Negro a un trote rápido. En su camino vio a unas cuantas mujeres y niñas recogiendo las primeras flores de la primavera, aprovechando los últimos rayos del sol. Unos niños jugaban con espadas de madera cercanos a los dominios del rey Thranduil. Fueron éstos los primeros en gritar al ver a las enormes arañas correr hacia ellos.
Kili no tardó en lanzar un flecha, cegando momentáneamente a una de ellas, ganando tiempo para colocarse entre los niños y el monstruo. Se tiró al suelo, sacando otra flecha y aprovechando la distancia que aún tenía para cejar a la segunda. Sus soldados no tardaron en llegar, ocupándose de las otras dos mientras él mataba con su espada a la primera. Fue una batalla intensa, pero por suerte nadie salió herido. Al terminar, Kili cogió una bocanada de aire, viendo como las mujeres estaban a lo lejos abrazando a los niños. Les levantó la mano para indicarles que todo estaba bien y los vio irse.
'¿Qué hacen saliendo del bosque?' Preguntó uno de los soldados, yendo a su encuentro.
'No se suponía que el rey Thranduil las tenía bajo control?' Comentó otro, limpiando sus hachas de la negra sangre.
'Algo las ha espantado.' Kili se dio la vuelta, recorriendo el camino que habían tomado las arañas, llegando a las lindes del Bosque. Sabía que no debía entrar, que las negociaciones entre Thorin y el Rey Elfo estaban bastante tensas, pues su tío insistía en utilizar y reconstruir la ruta principal para el comercio con Ered Luin y Thranduil se negaba a que lo hiciesen. Aún así Kili no podía quedarse de brazos cruzados.
Indicó a dos soldados que se quedasen con las cabras a las afueras y entró con otros dos. Él era un buen cazador, mejor que cualquier enano si tenía que ser sincero, y era en esos momentos donde sacaba especial ventaja de su habilidad. Se fijó en el suelo, en las ramas rotas, y no tardó en ver el cuerpo de otra araña muerta y, a sus pies, a un elfo. Se acercó, tratando de ayudar, pero el elfo yacía sin vida. Había otros dos más en ese claro artificial, hecho gracias a la fuerza de los monstruos y las flechas de los elfos. Sabía que debía volver e informar a su tío, pero antes de irse oyó un gemido. Miró a sus soldados y estos asintieron, agarrando las hachas y quedándose a su lado. Kili caminó con paso sigiloso, buscando el origen de los ruidos.
No tardó en encontrarse con el cuerpo de otro elfo, por suerte vivo. Se acercó a él con cuidado y notó como una de las tenazas de la araña estaba clavada en su torso. No le quedaba mucho tiempo. Le tocó la cara, buscando su pulso, haciendo que su mirada de dolor se fijarse en él.
'Tranquilo. Estás a salvo.'
'¿Los otros?' Preguntó entre gemidos de dolor. Kili negó con la cabeza. El elfo cerró los ojos y Kili, el cual sabía lo que era sentir el veneno en su sangre, comprendió que no podía dejarlo ahí.
'Ayudadme.' Ordenó a sus soldados. Y éstos, aún extrañados, pues sin duda ellos no lo hubiesen hecho, siguieron sus órdenes. Entre los dos le sacaron del bosque. Kili lo subió en la cabra como mejor pudo, agarrando sus riendas.
'Mandad a alguien a hacerse con el veneno de éstas.' Dijo a los dos enanos que habían entrado con él en el bosque, señalando los tres cadáveres que estaban en las lindes. 'No volváis al bosque.'
Los enanos asintieron, cumpliendo con las órdenes.
'Vosotros, avisad a Oín. Decidle lo ocurrido y que se prepare para curar al elfo del envenenamiento.'
Cogió otra cabra y se montó, guiando con cuidado a ambos animales, tratando de que el elfo no se cayese o sufriese más. Su camino fue más lento que el de sus compañeros, pero al llegar a Erebor ya tenía a Oín en la puerta con sus ayudantes, listo para atenderlo.
Kili lo dejó a su cargo, contándole brevemente lo ocurrido, antes de encaminarse a la Sala del Trono. Allí encontró a Thorin hablando con alguien, sin duda asuntos importantes, pues Fili estaba a su lado, pero Kili no tenía tiempo para esperar a que acabasen.
'¿Qué sucede?' Preguntó su hermano yendo a su encuentro, parándose en mitad del pasillo y permitiendo que Thorin acabase lo que fuese que estaba haciendo. Fili no tardó en agarrarle el brazo, queriendo asegurarse de que no estaba herido al ver las manchas de sangre roja y negra en sus ropas.
'No es mía.' Dijo para calmarlo. 'Las arañas han salido del Bosque. Casi atacan a unos niños a las afueras de Valle.'
La cara de Fili llena de asombro.
'Están muertas. Pero cuando fui a investigar entré en el Bosque.' Kili ignoró la mirada de Fili, ya tenía bastante con las reprimendas de su tío, no necesitaba también las de su hermano. 'Han matado a elfos. Por sus ropajes no todos eran soldados. Había uno con vida. Lo he traído a Erebor.'
'Tío querrá hablar con él.' Dijo Fili, girándose al trono y viendo como la persona se iba por una de las puertas laterales. Empezó a caminar hacia Thorin, sabiendo que su hermano lo seguiría. '¿Cómo de grave está?'
'No lo sé. Está con Oín.'
'Bien. Has hecho bien.'
Kili lo sabía, pero no podía negar que esas palabras lo llenaron de cierto orgullo.
/
'Con cuidado.' Suplicó Bilbo por quinta vez.
El área principal del jardín de Erebor llevaba una semana cerrada. En todo ese tiempo numerosos enanos se habían asomado por los niveles para ver las obras, pero nunca tantos como hasta ahora.
En medio de la gran sala, donde en su momento había estado el altar de su boda, ahora se encontraba un perfecto agujero, rodeado de cuatro bancos circulares de piedra maciza. Bilbo vio con temor como bajaban el pequeño pero robusto roble con las poleas, hasta colocarlo en la tierra. Fue entonces cuando el hobbit suspiró, aliviado. Se acercó con paso rápido al árbol, el cual era ya más alto que él, y lo tocó, concentrándose en su calor, en su vida. Podía sentirla fuerte, aunque nerviosa. Trató de transmitirle paz y abrió los ojos, viendo como los enanos esperaban sus indicaciones.
'No os quedéis ahí. Ayudadme con la tierra.'
Una hora más tarde el árbol estaba plantado, el suelo limpio, y la inscripción de piedra conmemorando su matrimonio grabada en el suelo. Bilbo dio unos pasos hacia atrás, apreciando la obra, alegrándose de haber sido capaz de mover el roble a ese jardín, pues quería que todo Erebor pudiese disfrutarlo.
Thorin no había comprendido su petición al principio, pues pensaba que el roble sería algo suyo, privado, sólo para su jardín. Pero Bilbo le había explicado cómo el árbol estaba creciendo mucho más rápido de lo normal, no sabía si a causa de que fuese del jardín de Beorn o de la tierra de Elrond. Que iba a necesitar más espacio en profundidad para su raíces, espacio que no podían cavar en su pequeño jardín. Y, lo más importante, que lo podía usar como conmemoración por la boda, evitando que el Consejo se saliese con su idea de hacerles una estatua. Bilbo no iba a estar en ninguna estatua, por mucho que los enanos se ofendiesen ante eso. Todo en esta vida tenía un límite y el suyo era ser inmortalizado en piedra. O, peor, oro.
'Está bonito.' Dijo Bombur a su lado, sonriendo al ver el árbol.
'¿Verdad?'
'Los niños se podrán sentar bajo él.' Comentó, fijándose en cómo tres de sus hijos corrían de un lado para otro en una esquina, sin duda inventándose algún aventura.
'Ahora todo Erebor lo podrá disfrutar.'
Ambos miraron como los últimos obreros recogían las herramientas, despidiéndose con una ligera reverencia.
'Tiene sentido, si lo piensas.' Comentó su amigo. 'Es un roble. Y Thorin es llamado Escudo de Roble.'
Esto lo dijo cómo si fuese una revelación para el enano, algo que sin duda se le había pasado por alto a todo el mundo. Bilbo lo miró incrédulo. Y estuvo tentado a decirle que lo sabía, que ese había sido el motivo de que él recogiese la bellota. Que ya por aquel entonces, antes de entender sus verdaderos sentimientos por el rey, había necesitado algo de él, aunque fuese el recuerdo de su nombre, para poder llevarse de vuelta a La Comarca. Que esa bellota, ahora roble, había sido lo que había sacado a Thorin de su locura, aunque fuese por unos segundos. Que su corona era, literalmente, hojas de roble y bellotas. Toda su simbología como pareja, su sello oficial como consorte, tenía relación con ese roble.
'Sí.' Fue todo lo que dijo, volviendo su vista al árbol y disfrutando de su nuevo hogar. 'Sí que lo tiene.'
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Thorin salió de la enfermería más enfadado de lo que había entrado. Sabía que iba a tener que volver a negociar con Thranduil, pues la situación se estaba volviendo insostenible, a la par que absurda. Parte de él quería gritarle al elfo que se lo había advertido, que las muertes de su gente estaban en sus manos, pero sabía que eso no ayudaría.
Necesitaba reconstruir esa calzada que cruzaba el Bosque Negro, necesitaba esa ruta de comercio con Eriador lo antes posible. Había numerosos materiales que solo se podían encontrar en esa parte de la Tierra Media, por no hablar que el norte de Ered Luin aún le pertenecía. Sus Salones seguían bajo su mando, ahora más fortaleza que cuidad, pero aún así había parte de su pueblo que habían decidido quedarse. Por no hablar de que su relación con los líderes de los Barbas de Fuego y Nalgudos era excepcional, en gran parte gracias a Dagril y todos esos meses de correspondencia entre ellos planeando futuros tratados comerciales y culturales.
Thorin se encaminó a su despacho, dando por concluida sus horas de audiencia, sabiendo que no estaba de humor para nadie más y que debía escribir a Thranduil lo antes posible. No fue hasta que había tirado al suelo tres borradores de la carta cuando se dio cuenta, soltando un gruñido, que tenía demasiada ira como para lidiar con el problema. Si alguien conseguía sacarle de quicio aún sin estar presente, ese era Thranduil.
'¡Bilbo!' Gritó, entrando en sus aposentos. Ante el silencio que lo recibió se encaminó al jardín con paso decidido. Estaba vació. Cerró la puerta con un golpe y dejó sus aposentos. Trató de pensar dónde podía estar a esas horas, recordando vagamente su conversación de esa mañana. Tenía que haber prestado más atención a las palabras del hobbit y menos a los planes que tenía para su futuro día libre.
Por suerte no tardó a ver a Balin saliendo de su despacho. Se fue con paso rápido a él, llamando la atención de su consejero al hacerlo.
'Tengo algo para ti.' Dijo Balin con una carta en la mano.
Thorin lo ignoró. '¿Sabes dónde está Bilbo?'
Balin pensó durante unos segundos, sin duda buscando en su mente el horario del consorte para ese día. 'El jardín principal.' Exclamó con una sonrisa, satisfecho de seguir teniendo esa capacidad retentiva con sus años. 'Estaba plantando el roble.'
'¿Era hoy?'
Balin lo miró con exasperación. 'La inauguración oficial es en diez días.' Le recordó. '¿El aniversario de tu boda?'
Thorin suspiró, haciendo que parte de esa frustración saliese, recordando que, al menos a corto plazo, había cosas más importantes. 'Sé cuando me casé.' Le reprochó a Balin.
'¿Seguro?'
Thorin se negó a responderle, poniéndose de camino al jardín principal de Erebor. Quizás debería renombrarlo en honor a Bilbo durante la celebración. Sonrió, pensando que era una buena idea, que al pueblo le gustaría.
'¿La carta?' Gritó Balin tras él. 'Dagril dice que es urgente.'
'Déjala en mi escritorio. La leeré más tarde.' Respondió Thorin sin parar.
Balin suspiró y entró en el despacho de su rey. Se fijó en los trozos de papel que había en el suelo y los recogió, leyendo las palabras de Thorin, sonriendo sin poder evitarlo. Los depositó en la papelera y dejó la carta que Dagril le había dado encima de la mesa. Salió, no sin antes acariciar la hermosa corona de cuervos de Thrór que Thorin mantenía en su despacho a modo de exhibición y recuerdo. Balin había entendido mejor que nadie la necesidad del enano por llevar una corona distinta una vez la Batalla de los Cinco Ejércitos había acabado. Demasiados recuerdos había ligadas a esa preciosa pieza de joyería, no solo la sombra de su abuelo, sino los actos de Thorin cuando la había llevado.
Balin rezaba a Mahal por nunca ver a Thorin así de nuevo, presa de la enfermedad que había acompañado a su familia por tanto tiempo. Rezaba por que los príncipes no la heredasen, por que su reinado, cuando llegase, fuese de paz y prosperidad. Thorin, al cual quería cómo al hijo que nunca tuvo, se merecía cada ápice de felicidad. Y Balin solo podía sentirse orgulloso al verle como el rey que siempre había sabido que era, viendo como había hecho de Erebor un hogar para los suyos, como bajo su mando, estaba prosperando de nuevo, de camino a convertirse una vez más en uno de los reinos más poderosos de la Tierra Media.
Cerró la puerta, dejando la habitación en paz, la única luz aquella que las lámparas de aceite trasmitían. En el centro del escritorio, una extensa carta escrita en cirth con el sello de los Morenos se encontraba abierta y lista para ser leída por el rey.
Mi rey y señor,
Espero que esta carta le encuentre bien y con buena salud.
Me gustaría escribirle en mejores circunstancias, pero me temo que, una vez más, soy portadora de malas noticias. La muerte de Rugur y el nombramiento de Farmus como nuevo líder de los Puños de Hierro ha sido un cambio que, si bien en su momento trajo paz entre los Siete Clanes, creo que fue el antecedente de algo mucho mayor.
Sé que su Consejo y Embajador ha mantenido una correspondencia regular con nuestros reinos y, aunque por nuestro lado la comunicación siempre ha sido sincera, me temo que esto pueda no ser verdad por parte del resto. Sospecho un levantamiento en el Orocarni, mi señor, temo estar a las puertas de una guerra sin precedentes. En el sur, donde los Pies de Piedra residen, Knútur, su señor, ha comenzado una alianza con Farmus. No soy conocedora de los pormenores, pero sé que no es de igualdad. Knútur siempre ha querido poder, y temo que ha visto la débil y manejable voluntad del nuevo líder de los Puños de Hierro y la está usando para su beneficio.
Si solo fuese una alianza entre ambos clanes no me preocuparía, pues la parte norte de las Montañas Rojas puede vivir de sus minas y negocios con reinos vecinos. Mi inquietud reside en la influencia que Knútur está teniendo en el joven Heron, hijo de Heri, líder de los Barbatiesa. Como ya sabéis su padre es mayor y, en la última década, le ha delegado casi todas las decisiones a su heredero.
Temo una alianza entre los tres clanes, una unión de tierras bajo una sola bandera. Temo que dicha unión venga a mis dominios y encontrarme sola ante la amenaza de expansión y subyugación de Knútur. No tengo pruebas que demuestren mis acusaciones, solo la sensación de peligro ante el tono y mensaje de las conversaciones llevadas durante los cónclaves que celebramos una vez al mes.
En su momento me prometió ayuda si alguna vez la necesitaba. Es ahora cuando reclamo ese favor de vuelta. No necesito de sus ejércitos, al menos no por ahora, solo de su presencia, de su juicio. Creo en el proyecto de unión que tiene en mente, en la ayuda y colaboración entre clanes, y es ese mensaje, en persona, lo que creo que necesitan recordar los demás líderes.
No soy hija de reyes, como usted, pero soy la líder de los Morenos. Sé cuál es mi papel y me enorgullece guiar a mi pueblo. Pero puede que ese honor no sea suficiente para mis compatriotas, puede que sueñen con coronas que no les pertenecen y nuevas alianzas, con re-dibujar el mapa de la Tierra Media.
Dentro de tres lunas será el cumpleaños de Heron y habrá una gran celebración por sus cien años. Le insto a venir, con o sin invitación, y comprobar en persona mis sospechas. Pues, aunque espero estar equivocada, me gustaría conocer cuanto antes si debería prepararme para defender mis tierras de una futura amenaza o no. Necesito de alguien externo con autoridad para indagar, alguien al que puedan revelar sus verdaderos planes, y que no guarde relación con mi clan.
No negaré que verle de nuevo será un placer y que está más que bienvenido a quedarse en mis salones. Espero que esta carta quede entre nosotros, pues he tenido que tomar muchas precauciones para que llegue a sus manos sin ser interceptada.
Que Mahal guíe su hacha.
Su leal servidora,
Argola, hija de Alvina, Señora de los Morenos.
FIN
Amad: Madre
Irak'adad: tío
Nadad: Hermano
uzbad-dashatê: mi príncipe
Quiero dar las gracias a todas mis lectoras. Tanto las que llevan conmigo desde el comienzo de There and Back Again como las que se han incorporado ahora (cuando sea que estés leyendo esto, va por ti). Sin vosotras no hubiese podido hacer esto. Gracias por todos los comentarios que me han ayudado a seguir durante años. Gracias por vuestras palabras.
Gracias a mi mejor amigo y editor, por estar a mi lado en este viaje y corregir cada capítulo. Este mundo existe gracias a él.
Que sepáis que tengo una parte 4 pensanda que va a suceder en en Orocarni. Creo que os va a gustar mucho, a mi me hace mucha ilusión porque hay mucho Thorin, Bilbo, Fili, Kili y ¡personajes nuevos! Por favor decirme si os interesaría o debería parar ya. Por el momento me voy a centrar en mi propia novela fantástica, que tengo muchas ganas de escribirla y a poder ser publicarla.
Para cualqueir cosa no dudeis mandarme un comentario por aqui o por twitter o por donde sea, tengo el mismo nombre. Un beso y ¡nos vemos en el Orocarni!
