A eta pareja le tenía ganas, se los juro que sí. Se me hace rarísimo no ver muchas historias así en español (de hecho, creo que no he visto ninguna que sea específicamente de esta pareja). Bueno, el caso es que aquí les presento este OS tan peculiar. A ver qué tanto amor le piensan dar.

A espaldas

Se estaba tardando un poco en llegar. Mikoto ya debería haber llegado hace rato, y esa tardanza, por poco que fuera todavía, crispaba los nervios de Kushina.

Minato se había retirado a trabajar, y además el pequeño Naruto estaba en la escuela, dejándole a Kushina una oportunidad dorada para hacer lo que realmente quería...

─ ¡Lamento la tardanza! ─ aparece Mikoto finalmente, aunque Kushina le dirige una mirada enojada.

─ Sí que te has tardado-ttebane ─ Kushina se acerca amenazadoramente a la pelinegra ─. Te has tardado exactamente diez minutos y catorce segundos. Eso se traduce en tiempo perdido.

─ Se nota que eres impaciente. De verdad que lo siento, pero es que me había equivocado cuando le daba su bento a Sasuke, y luego tuve que ir corriendo tras él para corregir mi error...

─ No me cuentes tantas cosas que no estoy interesada en escucharlas ─ Kushina acorrala a Mikoto usando ambos brazos ─. Lo que quiero es aprovechar cada segundo que tengo para estar contigo, aunque hemos perdido algunos minutos bastante valiosos que nos habrían servido para dedicarlo a nosotras.

─ Eres muy caprichosa, Kushina. Realmente no sé qué hacer contigo.

─ No tienes que hacer nada. Ya de eso me encargo yo.

Kushina besa entonces a Mikoto. Ni tiempo deja para que la Uchiha opinara absolutamente nada. Ahí estaba precisamente la razón por la que Kushina estaba tan ansiosa por estar esperando a Mikoto. Desde mucho tiempo antes habían querido tener una relación, misma que nunca hicieron pública por culpa de sus familias, por el estatus que éstas devengaban, y por lo tanto tenían una imagen que cuidar, imagen que en realidad jamás había preocupado a Kushina, pero que de igual modo debía respetar por el bien de Mikoto, la cual no quería quedar mal ante la gente. La intimidad en cambio era radicalmente diferente. Estando a solas podían exteriorizar todo el deseo reprimido, manifestar el sentimiento que se tenían mutuamente. Esa atmósfera de secretismo hacía todo todavía más excitante, les disparaba la adrenalina cuando se encontraban y querían dar rienda suelta a los deseos que tenían la una hacia la otra.

El beso entre ambas dura un buen rato, y sólo paran cuando el aire les resulta lo bastante urgente. Pero la pausa que se toman es breve, y luego retoman los besos con el mismo frenesí. El sabor de sus bocas juntándose y mezclando sus lenguas y salivas les resultaba algo maravilloso. Cómo desearían haber estado libres de todas las imposiciones familiares para así dar rienda suelta a sus sentimientos sin cohibición alguna. Cualquier sitio sería bueno para amarse en otras circunstancias, pero claro estaba que su suerte no podía ser distinta por más que quisieran.

Kushina se intenta deshacer lentamente de las bragas de Mikoto, subiéndole la falda y empezando a tirar de los extremos de la prenda, mientras que la pelinegra la deja hacer mientras seguía respondiendo a aquel hambriento beso que había anulado toda capacidad de razonamiento en ellas dos. Una vez que la prenda había sido bajada hasta la mitad de los muslos, Kushina usa dos dedos para masajear la concha de su amante. Húmeda y suave, como siempre. Era una sensación que Kushina atesoraba bastante, y por ello deseaba en cada una de esas veces que jamás tuviese fin. Quería para sí misma y para nadie más el cuerpo de Mikoto, y a su vez quería desprenderse de todos los tabúes familiares para no tener que entregarse a nadie que no sea Mikoto.

Pero era bastante tarde para siquiera pensarlo. Ambas eran incluso madres, por lo que abandonarlo todo para irse a vivir su propia aventura no era solo cuestión de honor para sus familias, sino de ética como mujeres y como madres. De todos modos igual podían disfrutar de sus arrebatos de amor. Nadie podía decirles que no. No permitirían que nadie separe sus vidas.

─ Kushina, házmelo... Quiero que lo hagas...

─ No seas ansiosa, Mikoto. No será tan placentero si nos lo tomamos con prisa ─ es la respuesta de Kushina antes de besar nuevamente a su amante.

Estaban totalmente entregadas al placer. El cuerpo de una le pertenecía a la otra y viceversa, pero Kushina resulta ser una mujer bastante caprichosa. Así había sido siempre, desde que ambas se conocieron por primera vez. Los toques sutiles de Kushina hacia la concha de Mikoto se prolongan un buen rato, y de tanto en tanto Kushina pretende cortar los gemidos de Mikoto a fuerza de apasionados y cortos besos. El lugar preciado de Mikoto ardía del éxtasis, y su humedad era innegable. Estaba más que lista para que Kushina la hiciese suya una vez más. Kushina ya lo veía venir, y para contentarla un poco introduce dos dedos hasta la mitad, bombeando lentamente para el deleite de su amante.

─ Vaya que estás caliente, Mikoto. Adoro tu expresión cuando soy yo quien te calienta. Parece que podemos empezar de verdad...

Kushina andaba con rodeos cuando quería, y cuando quería ir al grano resultaba indetenible. Lleva a Mikoto hasta el comedor y le indica que se apoyara en la mesa. Mikoto lo hace conforme se le ordena, poniendo ambas manos sobre la mesa y dejando expuestos su trasero y su concha a la mirada fascinada de Kushina, y de paso movía lenta y sensualmente las caderas, en clara invitación a que la tomase allí mismo.

─ Se nota que no quieres que alargue más la espera. Te has vuelto bastante lujuriosa, Mikoto.

─ No digas esas cosas ─ replica la mujer Uchiha haciendo un mohín ─. Sólo quiero hacerlo cuando estoy contigo y me tocas. Ni siquiera con Fugaku siento nada cuando trata de tocarme o de hacerme esas cosas. Te juro que ni siquiera lo dejaría abrazarme, y mucho menos besarme, si no estuviésemos casados, por mucho que lo respete.

─ Comprendo tu sentir, Mikoto. Ahora te voy a dar lo que deseas.

Kushina se posiciona para así lamer a gusto el sexo de Mikoto, al principio pasando lentamente su lengua por encima de los labios vaginales en un vaivén que hace que Mikoto se tape la boca con la mano para no gritar muy fuerte. Kushina por su parte trata de no reírse para así no interrumpir su acción, y es que deseaba oír los gemidos de Mikoto, aparte de que el sabor de su amada siempre la volvía loca. Sus manos pasaban delicadamente sobre las nalgas de Mikoto, poniendo a prueba su sensibilidad ante sus roces llenos de pasión, y Mikoto igual se muestra receptiva ante esos estímulos.

Como Kushina veía ya que Mikoto era como una olla a presión que amenazaba con estallar en cualquier momento, decide entonces imprimir algo más de fuerza en su lengua, y ello incluía introducirla en la vagina de su amada para así degustarla como quisiese. Le resultaba deliciosa, como siempre, y el sabor la excitaba y la hacía mojarse también. Pero quería antes disfrutar de ello y hacer que Mikoto también lo gozase. No tomaría mucho tiempo para que la Uchiha efectivamente cayese ante los efectos de ese placer creciente y alcance el orgasmo, largando un grito que tapa como puede con su modo.

─ Mmmmmmm... M-me corro... ¡Me estoy corriendo, Kushinaaaaaa!

La pelirroja no deja ir la oportunidad de saborear los jugos que escapaban de su amada. Eran contadas las oportunidades que tenía para disfrutar de momentos así. Y ahora que Mikoto se había corrido, era el momento idóneo para llevarlo un poco más lejos. Lo poco que llevaba puesto se lo quita de un tirón, y luego levanta una pierna de Mikoto para así facilitar rozar el sexo de ella con el propio, dando inicio a un frote que se sentía tan obsceno como delicioso. La propia Mikoto no hacía otra cosa que demostrar que estaba pensando igual que Kushina a través de sus gemidos.

El roce constante las encendía más y más, y daba la impresión de que no existía en límite para ello cuando se trataba de ellas dos. El gozo recibido era supremo, ninguna de las dos había recibido nada similar de sus maridos, ni siquiera por asomo. Era algo que sólo podían llegar a sentir cuando estaban juntas.

─ Mikoto, se siente tan resbalosa tu concha...

─ Ahhh... La tuya también, Kushina. Adoro cómo me haces sentir. Eres tan dulce y especial conmigo.

─ Lo soy porque te amo, Mikoto. Tú siempre serás mía, del mismo modo en que yo soy tuya, y me dan igual los papeles.

─ Kushina... ahhh... Se siente muy bien, Kushina... La manera en que te frotas contra mí... Hhhmmm... ─ Mikoto se muerde el dorso de la mano para silenciar sus gemidos.

─ Se siente genial, lo sé. Yo también lo estoy sintiendo ─ la voz de Kushina, calma en un principio, empieza a agitarse también ─. Contigo... Sólo contigo puedo sentir algo así, Mikoto... Oh, sí...

Sus mentes estaban hechas un caos total. El lío encendido en sus cabezas no daba espacio alguno para el raciocinio. Ambas eran simples animales que se dejaban llevar por sus más bajos deseos y que no estaban dispuestas a parar hasta ver dichos deseos satisfechos. Kushina se abraza con fervor al muslo de Mikoto, como si temiese que de un momento a otro se fuese a esfumar si soltaba aunque sea un poco su agarre. Ambas gemían fuera de control, y sus caderas estaban en la misma situación, moviéndose como si tuvieran vida propia y mezclando sus jugos a través de movimientos circulares repetitivos y muy bien sincronizados. Y finalmente ambas llegan al clímax de la experiencia. Por un momento ambas se olvidan de respirar y de hacer cualquier otra cosa que seguir frotando sus sexos, hasta que finalmente...

─ ¡ME CORRO, KUSHINAAAAAAAA!

─ ¡Síiii! ¡Yo también me corro! ¡Te amo, MIKOTOOOOO!

Aprietan sus conchas entre sí, y esa deliciosa sensación que las recorre desde dentro cual descarga eléctrica alcanza hasta lo más recóndito de ellas. Mikoto ya estaba apoyada sobre la mesa, por lo que ella no tenía ningún inconveniente, pero en cambio Kushina sentía que le temblaban un poco las piernas, aunque no era suficiente como para hacerle perder el equilibrio. Kushina suelta la pierna de su amante y se permite apoyarse sobre el cuerpo de ella.

─ No sé porqué... pero siento que cada vez que lo hacemos... es mejor que la anterior...

─ Sí, yo lo siento igual, Kushina...

Ambas se besan y recorren sus cuerpos con las manos, pero esta vez no era un gesto que denotase lujuria, sino simple y pura ternura y cariño. Sólo entre ellas mismas se podían generar semejante arrebato de manera natural, pero todo lo que inicia debe de terminar, y Mikoto y Kushina bien lo sabían. No podían quedarse allí desnudas toda la vida. Aprovechan para lavarse rápidamente y vestirse, puesto que sus maridos tardarían un poco más en regresar a sus casas, aparte que cada una tenía cosas que hacer. Se despiden con un peso breve, y Mikoto se va de allí a paso calmo, pretendiendo normalidad ante la gente que iba por la calle.

Kushina sonríe. Esos encuentros, aunque eran muy fugaces para su gusto, también le parecían divertidos y bastante placenteros. No podía esperar a volverse a ver a solas. Procuraría que en cuanto llegue el momento se puedan sentir ambas todavía mejor.

Fin


Corto, lo sé, pero igual no es como si pudiera darme tiempo a elaborarle un argumento más largo, que para diciembre no publico más lemmon hasta enero, y por eso quería hacer algo corto con esto para así asegurarme de tenerlo listo. Sinceramente espero que les haya gustado, y nos leeremos en alguna otra oportunidad (de eso estoy plenamente seguro).

Hasta otra