Hola mis amigos, mi nombre es Yuzu
En esta ocasión les traigo un pequeño one shot con esta vez la pareja favorita más amada en estos lares, la pecosa y su siempre eterno príncipe Albert… Donde pongo un tema que he querido plasmar desde hace algún tiempo pero no pude en el más sentido heterosexual.
Espero que lo disfruten
Yuzu y fuera
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Albert estaba llegando a la sala de su casa con tal de ver a su querida esposa con los brazos abiertos pero la rubia pecosa no estaba, fue a la cocina donde al menos le dejó la cena preparada más una nota donde argumentaba que en estos momentos estaba trabajando en turnos nocturnos en el hospital Santa Juana a lo que supuso subir al aposento matrimonial.
El rubio mayor subió al lugar donde obviamente estaba su amada Candy durmiendo tan plácidamente en su cama, sus cabellos de oro estaban completamente desprendidos por todas las caras mientras hacía una pequeña sonrisa mientras conciliaba el sueño, como si estuviera teniendo en estos momentos un buen sueño o quizás de alguna manera sintió su llegada.
Albert conmovido por las expresiones de su amada no pudo evitar toquetear con las mejillas mientras se sentaba cerca de ella que dormía de lado pero decidió no estar ni cinco minutos perdiendo el tiempo a lo que se fue a darse una ducha pues había llegado bastante cansado luego de un agobiante viaje de negocios.
Luego de ducharse, fue con la toalla entre hombros y con su pijama puesta para darle una sorpresa a su mujer. Se acercó a la cama con tal de darle un abrazo por la espalda al tiempo que despejaba lentamente las sábanas del lecho pero de pronto notó algo que lo dejó quieto al tiempo que su cuerpo se empezó a calentarse, el sudor empezó a recorrerle su cuerpo mientras sus manos envolvían la cintura de la mujer.
La cintura como sus caderas estaban desnudas por lo que Candy no dormía con su pijama habitual, Albert decidió apartarse sutilmente con tal de no despertarla y decidió verla de reojo, levantó las sabanas lo más lento con tal de tener una vista panorámica y lo que vio lo dejó sin aliento, su sangre comenzó a circularle en sus venas mientras que comenzaba a sudar frío.
No podía creerlo pero lo que estaba viendo lo hacía sentir vivir en una fantasía, nunca creyó que Candy fuera capaz de hacer semejante cosa y todo mientras lo esperaba con los brazos abiertos. La mujer en cuestión estaba durmiendo tranquilamente mientras no tenía nada de ropa, para ser exactos, solo estaba en una especie de ropa interior que consistía en un brassier rojo que remarcaba su busto y unas tangas del mismo color, era como si más que esperarlo de su viaje de negocios también quería hacerlo con él, se notaba que no era el único que pasaba por la misma situación de no tenerla a su lado como en plasmar su cuerpo con el suyo.
Albert no necesitó de interrogantes para saber o dar al tanto de la situación y escena que estaba dando al momento a lo que sin decir nada se metió de repente en la cama abrazando de repente a su esposa que se estremeció cuando unos labios sofocaban los suyos.
-¿Albert?- Los esmeraldas de la mujer se abrieron dando a conocer y toparse con los zafiros de su príncipe
-He vuelto a casa…- Una sonrisa se plasmó en el rostro del mayor mientras tenía entre sus brazos a su amada princesa que no dudó en darle la bienvenida cediendo sus labios sobre los suyos como en también dejarle su cuerpo para que hiciera todo con ella
Mientras tanto a las afueras de la casa, no faltaba el típico vecino que se quejaba a voz viva al escuchar semejantes ruidos pero obviamente sería ignorado durante el transcurso de la noche y las primeras horas del día.
