Cuando consiguió recuperar una expresión neutra, Dean salió de la cocina con otra cerveza en la mano.

Sam, Cas, y sus dobles volvían a estar sentados alrededor de la mesa del mapa. Como temía, Dean-2 se había sentado al lado de Cas, inclinado hacia él, ocupando casi todo el campo de visión del ángel. Pero lo peor no era la cercanía que su doble intentaba recortar incluso más. No. Lo peor era la comodidad con la que Cas lo aceptaba. Porqué , en un principio, Cas no había tenido ni idea de lo que era el espacio personal, pero había acabado aprendiendo con los años. Sabía mantener las distancias con la gente que no conocía. Y a Dean-2 no lo conocía. Sin embargo, su expresión era de total y absoluta calma.

¿Por qué?

¿Porqué se parecía a Dean?

No. Cas, siendo un ángel, veía el alma antes que el cuerpo. Entonces… ¿aquél otro Dean era más "puro"?

"Por supuesto", pensó. Dean-2 era despreocupado y alegre, abierto y relajado. No le había visto cruzarse de brazos ni una sola vez, cosa que él solía hacer constantemente. El lenguaje corporal puede decir mucho de una persona, le había dicho Sam hacía años en un caso. Pero su doble sonreía como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo. No había pasado por lo mismo que había pasado él. No había vendido su alma. No había ido al infierno a ser torturado hasta pasar a ser el que torturaba. No había perdido a su hermano una y otra vez, o a su mejor amigo, o a su madre. No se había convertido en un demonio. Ni se había sentido extremadamente atraído por la mismísima reencarnación de la oscuridad; por Amara.

No habían vivido la misma vida. Lo que significaba que su alma no debía de estar tan rota y destrozada como la de Dean. Seguramente brillaba como el sol, libre de cicatrices o podredumbre, sin rincones oscuros o trozos vacíos.

Apartó esos pensamientos de su mente y fue a sentarse al lado de Sam. Al menos su hermano parecía compartir su mismo descontento para con sus invitados. Vio por el rabillo del ojo como Cas lo miraba extrañado, pero si el ángel iba a hacer algún comentario al respecto se vio interrumpido por la constante atención de Dean-2.

Intentó distraerse con las comparaciones que los dos Sam estaban haciendo de sus correspondientes dimensiones, pero el tema no le interesaba lo suficiente. Miró la hora. Solo habían pasado diez minutos. Estupendo.

Sus ojos volvieron a desviarse hacia su izquierda, donde estaban Cas y su doble, justo a tiempo para ver como el ángel sonreía divertido mientras el otro Dean le apoyaba una mano en el hombro con suavidad. Puso los ojos en blanco sin que nadie se diera cuenta. "Venga ya…", pensó. No podía ser que él también pusiera esa cara de idiota cuando intentaba ligar. Pensar en ligar le hizo pensar en un bar. Y, joder si no preferiría estar en uno en ése mismo momento. Encontrar a alguien atractivo que le ayudara a enterrar aun más aquellos molestos sentimientos.

—¿Dean? —Lo llamó Sam.

—¿Eh?

—¿Que si quieres otra cerveza?

—Ah, si si, claro.

Los dos Sam se levantaron, volvieron con su cerveza, y desaparecieron por uno de los túneles que se adentraban en el búnker, aun discutiendo sobre el multiverso y dejándolo solo con la parejitas que le estaba destrozando los nervios. Maravilloso.

Quería irse de ahí. Ahorrarse la amargura que le producía tanto coqueteo. Pero sabía que no era tan maduro. Se quedó en su sitio, observando la condensación de la nueva botella, porqué sabía que si los dejaba solos Dean-2 no tardaría en lanzarse. Y empezaba a dudar que Cas fuera a apartarlo si llegaban a tanto.

Había estado entretenido autoflagelándose mientras se bebía su cerveza. Pero hubo una frase en concreto que, aunque no iba dirigida a él, llamó toda su atención.

—¿Por qué no me enseñas éste búnker vuestro?

—¿Quieres que yo sea tu guía? —Preguntó Cas.

—¡Claro! Des del garaje, hasta las habitaciones.

"Menuda sutileza", pensó Dean.

Se levantó con ellos.

—No tienes que acompañarnos si no quieres. —Le dijo su doble, mostrando aun más claras sus intenciones.

—No me importa. Además, el garaje es básicamente mi territorio. —Le contestó, con la sonrisa más falsa que había puesto en su vida.

—Eso es cierto. Dean es un gran mecánico.

Su sonrisa pasó a ser un poco más verdadera.

Los guió hacia el inmenso garaje y encendió las luces con orgullo. El Impala descansaba en medio de la sala de techos abovedados como si fuera la pieza estrella de un museo. Se le hinchó el pecho al ver la cara de estupefacción de su doble.

—Increíble…

—Gracias.

—Dean considera a este coche parte de su familia.

—¡Cas! ¡No vayas diciendo eso por ahí!

—¿Por qué? Creo que es muy tierno.

¿Tierno? Se sonrojó un poco. Necesitaba cambiar de tema. Ya.

—Ya bueno. Lleva muchos años con nosotros. Es normal. También tenemos unos cuantos coches y motos de los Hombres de Letras. Ya estaban aquí cuando llegamos.

Dean-2 apreció los coches antiguos por su buena marca, algo a lo que seguramente estaba más acostumbrado.

—Dean los está arreglando poco a poco.

Un momento. ¿Cas se había dado cuenta de eso? Hacía poco que se habían reconciliado y no le entraba en la cabeza que su amigo le hablara con tanta normalidad. Lo había tratado tan mal… había sido un capullo… o pero. Cas no se merecía que lo trataran tan mal. Se había prometido que no volvería a hacerle daño y, por todo lo que quería en este mundo, esperaba poder cumplir esa promesa.

Dean-2 los miró un momento con ojos especulativos, pero no hizo ningún comentario y empezó a preguntar por cosas más técnicas.

Acabado el tour del garaje, se dispusieron a salir, pero su doble lo cogió del brazo y esperó a que Cas saliera de la sala.

—Me has dicho que no estáis saliendo.

Su tono molestó a Dean. Casi parecía que lo estuviera llamando mentiroso.

—Y así es.

—¿Me estás diciendo que no hay nada en absoluto entre vosotros?

Se zafó de su agarre y le devolvió la mirada con el ceño fruncido.

—No sé a qué te refieres.

—¿En serio? ¿No lo sabes? He estado casi una hora intentando ganarme al ángel sin éxito. La verdad, no suele pasarme —una chispa de satisfacción brilló en el interior de Dean ante aquellas palabras—. Al principio creí que solo era un hueso duro de roer, quizá por su naturaleza. Pero empiezo a pensar que es por otra razón.

—¿Cuál? —Preguntó Dean, nervioso.

Su doble soltó un suspiro exasperado mientras negaba con la cabeza. Antes de que saliera por la puerta, pudo oírle decir unas últimas palabras.

—No voy a ser yo el que te ayude.

(Lo sé, lo sé. Están yendo un poco despacio, pero seamos sincerxs, a todxs nos encanta el slow burn!)