Y se quedó ahí plantado, como un zoquete.

¿Qué se suponía que tenía que saber? ¿Estaba Dean-2 insinuando lo que creía que estaba insinuando?

—¿Dean? —La voz de su hermano— ¿Qué haces aquí solo?

Mierda.

Llevaba demasiado rato paralizado en la entrada del garaje, donde Dean-2 lo había abordado.

Joder, joder, ¡joder! A saber adónde se habría llevado a Cas ese malnacido. Salió corriendo sin contestarle a su hermano. No había tiempo que perder, tenía que… tenía que… ¿que qué?

¿Qué estaba haciendo? Frenó su carrera hasta quedar totalmente parado en medio de la biblioteca. ¿Qué demonios estaba haciendo? Se pasó una mano por la cara. No podía entrometerse. No podía obligar a Cas a que se abstuviera de tener relaciones con quien quisiera.

El whisky que guardaba una de esas caras botellas de cristal del bueno lo llamaba con insistencia. Se sentó en una de las dos sillas que había a cada lado del pequeño mueble bar y se sirvió un vaso. Solía reservarlo para ocasiones especiales, pero qué más daba.

Jack apareció cuando se estaba sirviendo el tercer vaso.

—Hola, Dean. ¿Qué haces?

—Nada. ¿Estás listo?

—Sí. Cuando queráis podemos irnos.

—Genial. Hazme un favor y ve a avisar tú a Sam y a Cas.

Jack asintió con la cabeza con una de ésas sonrisas que ya no le llegaban a los ojos y se fue a buscar a sus otros dos padres. Al menos si alguien se encontraba a Cas liándose con su doble, no sería él.

"¿Y es mejor que sea el niño?" Aquella maldita voz, que había ido cogiendo fuerza en su mente, empezaba a ser molesta. Sobre todo porqué parecía que siempre tenía razón.

—¡Jack! —El chico se giró hacia él— Tú ve a por Sam, yo iré a buscar a Cas.

—De acuerdo.

Dean reprimió el enésimo suspiro de la jornada y apuró lo que le quedaba de whisky de un trago. Al empezar el día había creído que lo más difícil que haría en su vida sería intentar matar a Dios. Ya no lo tenía tan claro…

Se fue hacia al pasillo de las habitaciones sin tan siquiera cuestionarlo. Tenían que estar ahí. Se paró delante de la habitación de Cas y reunió valor. Apretó los puños antes de levantar el derecho y dar un par de golpes a la sólida madera.

No hubo respuesta. Se estarían separando rápidamente. O peor aun, vistiéndose…

Volvió a llamar.

—Cas. Jack ya está despierto. ¿Hola?

La puerta se abrió un tercio. Dean-2 le devolvía la mirada con sus mismos ojos. Se estaba abrochando una camisa de cuadros que reconoció como suya. El alma se le cayó a los pies.

—Estoy listo.

Le entraron ganas de borrarle ésa sonrisa de suficiencia de un puñetazo. Pero empezaba a tener una edad como para ir dándose hostias a sí mismo, literalmente.

—Bien. Dile a Cas que ya puede salir. —Nunca le había costado tanto decir una simple frase.

Pero su doble le miró como si fuera él quien quisiera pegarle un puñetazo. Y lo entendió en cuanto se dio media vuelta. Cas estaba llegando por el pasillo. Llevaba unos pantalones y una de las camisas de Sam entre las manos.

—Estoy aquí, Dean.

Joder… Menos mal, joder. No pudo evitar que una sonrisa de alivio levantara las comisuras de sus labios.

—Eres demasiado transparente… —Le susurró su doble al pasar por su lado.

Se le subieron los colores como si tuviera doce años. Carraspeó e intentó recuperar la compostura al ver que Cas se acercaba a él.

—He entrado en tu habitación para cogerle algo de ropa. Espero que no te importe. También he cogido ésta para el doble de Sam. No creo que le guste, pero no tenéis mucha variedad.

Dean sonrió divertido ante el comentario.

—Tú no es que puedas hablar mucho, Cas.

El ángel se miró un momento a sí mismo antes de sonreír. Joder. Podía ser muy tierno cuando sonreía de aquella manera. Le entraban ganas de contarle chistes tontos hasta poder volverle a ver de aquella manera.

—Tienes razón. ¿Vamos?

—Eh, sí, claro, claro.

Tal y como había predicho Cas, Sam-2 no estaba nada contento con la ropa que le dieron. Le aseguraron que toda era del mismo estilo y, sin embargo, Sam tuvo que acompañarle a su habitación y enseñárselo. Costó un poco, pero finalmente cedió y se cambió.

—¿Al fin estamos todos listos? —Preguntó Dean con la poca paciencia que le quedaba.

—Eso parece.

—Recordad: quedaros en la misma sala, tomaros unas cuantas cervezas y buscad lo que queráis en los ordenadores. Si Chuck os busca no queremos intrigarle demasiado. —Les recordó Sam como si fuera un profesor de primaria.

—¿Y ya está?

—Si. Venga, no es tan difícil. Nosotros lo hacemos cada día. —Les dijo Dean con una sonrisa.

Sam-2 lo miró como si no acabara de creérselo. Dean-2 parecía más contento en su nueva camisa y ante la perspectiva de relajarse sin nada que hacer. "Demasiado cómodo en mis zapatos", pensó Dean. Pero no había tiempo para meterse con él. Suficiente tenían con lo que les esperaba.

"Además", pensó, "Cas se viene con nosotros".