Prólogo: Deber
La sociedad ha avanzado durante los últimos siglos, la tecnología se ha apoderado de los seres humanos y los viajes espaciales que antes costaban mucho tiempo y dinero, ahora se encontraban a la disposición de las flotas espaciales de los países más ricos.
Las gigantescas naves que despegaban de forma vertical eran cosa del pasado, pues los científicos se habían esforzado para crear naves basadas en los principios aerodinámicos de los viejos aviones de caza y de carga. Básicamente, las potencias mundiales tenían sus propias flotas al más puro estilo de Star Wars.
Sin embargo, solo los pilotos más capaces del mundo eran los indicados para manejar estas naves, las cuales por supuesto, eran pocas.
China y Rusia contaban con 6 naves cada una, mientras que el gigante occidental, Estados Unidos, solo tenía 2 naves a su disposición. La diferencia de estas tres potencias yacía en la utilización, por alguna razón los dos países comunistas implementaban sus naves en vuelos de índole militar, poniendo en práctica los tipos de arsenales que podrían ser eficaces en el espacio. Por otro lado, las naves del país capitalista, a pesar de que eran dos, su utilización no consistía en prácticas de guerra, sino más bien de exploración científica. El Evander 01 y el Evander 02 eran más capaces, ya que el tamaño que tenían era la indicada para la investigación espacial; para transportar equipo, personal de investigación y tripulación militar.
Es en la flota estadounidense, ubicada en el desierto de Nevada, donde se encontraba un joven que solía ser aspirante para la comandancia del Evander 02. Agotado y con un malestar de cabeza, se mantenía leyendo un libro en el escritorio de su habitación, vestía un uniforme gris, en su camisa se encontraba su nombre bordado, "Lance Aguirre".
Su apariencia física era normal, su piel era de color morena y su cabello era negro, quizás lo único a destacar eran las pecas que adornaban sus mejillas.
Buscaba algún tipo de consuelo por cada pagina que pasaba, algo que le aliviara el estrés y la preocupación que tenía acumulada, pero nada lo llenaba.
De pronto, la puerta de su habitación se abre, es una mujer uniformada quien esta en el marco, viéndolo y deseosa de comunicarle algunas noticias.
—¿Qué es lo que quieres Jazmine? — Preguntó el joven sin siquiera mirarla, sabía que ella vendría. La mujer era de tez negra y muy aparte del uniforme, su cabello estaba cubierto por una tela negra, un hiyab.
—¿Leyendo la biblia? — Preguntó la chica, ignorando lo que había dicho su compañero y con una visible intención de burla.
—Si solo viniste para reírte de mí, será mejor que te vayas, no tengo paciencia para tonterías.
—En realidad, no vine por un debate teológico… — Dijo Jazmine en un tono de aburrimiento, se acercó al joven adulto cerrando antes la puerta. —Supe que fracasaste en el último examen para comandar el Evander 02.
Por su parte, el hombre quien hasta ese momento solo tenía ojos para su lectura, volteo a ver a su compañera. Ahora estaba mas irritado que antes.
—Si tu lo sabes, eso significa que todo el mundo lo sabe… — Frotó su palma con su frente. Era un problema grave que todo el mundo supiera su situación, ya que todos en la base esperaban mucho de el.
Su compañera rodó los ojos en señal de desaprobación. —De hecho, tus tareas aún no acaban, la almirante quiere hablar contigo. — Lance suspiró con cansancio, paso su mano por su boca y barbilla para luego decir. —No voy a ir a ningún lado y menos para ver a esa… mujer.
—Pues esa mujer es la que comanda todo este lugar, y también es tu… — Pero no la dejó terminar.
—¡Ni lo menciones! — Vociferó ferozmente.
—Ella es tu madre, deberías tenerle respeto, te comportas como un niño inmaduro.
Lance se levantó del lugar, y comenzó a merodear por el corto espacio de su habitación.
—Toda mi vida se ha planificado para satisfacer a mi madre, y aún así, nunca es suficiente. Hablas así porque no la conoces, y esa figura motivadora que ella tiene, no es más que una fachada.
—¿Y planeas hacer que te expulsen? Tu carrera recién esta empezando, ¿que harás si te dan de baja? ¿serás predicador?
—Por lo menos será algo que me agrade.
—¡Deja de jugar! — Exclamó Jazmine, poniéndose frente a su compañero, era claro que sentía una pizca de enojo. —Eres un teniente, y aunque no te guste, sería insensato tirar todo a la borda, después de todo, con el puesto que tienes, tu vida esta arreglada.
Jazmine tomó de los hombros a Lance, su mirada lo decía todo, no se iba a rendir por la negativa del hombre, pero no evitó que se alejara de ella.
Volvió al escritorio, pero solo para cerrar su libro y miró nuevamente a su compañera. ¿Qué querrá de mi ahora? Lo más probable es que solo me restriegue en la cara mis errores. Siempre ha sido así desde lo que le pasó a mi hermano mayor…
—¿Y bien? — Cuestionó ella al ver el estado pensativo del hombre.
—Pues al parecer, no me puedo negar. — Respondió, mientras que de un casillero del escritorio, sacaba una boina de color azul marino.
Se acomodó la prenda en la cabeza. Muy en el fondo no quería ir, pero ciertas cosas de lo que dijo la musulmana eran ciertas. Si no fuera porque temo ser desamparado en la calle, ya me hubiese ido hace mucho tiempo.
—Ya me voy.
—¡Espera! No debes ir ahora, ella me dijo una hora específica. — Espetó la mujer intentando detener al teniente, quien ya estaba cerca de la puerta.
—¿Acaso necesito de horarios para hablar con mi madre? — Comentó sarcásticamente antes de abrir la puerta y marcharse. Jazmine lo siguió, pero luego de unos segundos, decidió dejarlo atrás, mirando como se iba con un paso algo apresurado.
Lance nunca había notado que la oficina de su madre era demasiado grande. El estaba sentado frente al escritorio de su progenitora, y ella mantenía una mirada firme detrás de sus anteojos. La puerta estaba cerrada con seguro y las persianas ocultaban desde afuera la vista del interior.
—Pensé que Jazmine te había dicho cuando venir. — Comento la mujer, viendo sin distracción las facciones sin emociones de su hijo.
—Casi nunca te veo, y cuando lo hacemos, siempre es a petición tuya… — Lanzó Lance su respuesta. —Deberías estar feliz de que haya venido por cuenta propia.
Su madre hizo una expresión de disgusto, pero seguía tranquila. —¿Feliz? Da igual el por qué hayas venido, porque eso no cambia los hechos.
—¿Te molesta que no haya pasado el examen? ¿Qué toda la gente sepa de mi fracaso?
—Lo que me molesta es tu actitud y no te preocupes por la gente, gaste todo mi tiempo libre para que nadie se entere de tu ineficiencia.
El teniente jugaba con sus dedos, paso una mano por su mentón y luego rio. —¿Y lo haces por mi o por ti? — Cuestionó, intentando poner en duda la honestidad de su madre, pero ella no se inmutó.
Dejó de ver a su hijo, y de entre uno de los casilleros del escritorio, sacó una carpeta manila. Este tenía un sello rojo de "Top Secret" con el nombre del teniente escrito en tinta azul.
Lance alzó una ceja y de inmediato suspiró de cansancio al ver por donde iba la conversación.
—Tu nueva misión. — Le entregó la carpeta, y ya en las manos del hombre, este observó su contenido. Frunció sus cejas y tragó saliva al ver que se trataban de unos planos, la estructura de una nave experimental. ¿Acaso quiere matarme? ¡Es un modelo de experimentación!
—¿Qué significa esto?
—La empresa PixelSpace creo un nuevo prototipo de nave, su presidente dijo que iba a vendérsela a los rusos, pero sospechó que algunas cosas iban a salir mal, tenían malas intenciones, así que lo donó a nuestra flota. — Sonrió, se encorvó y poso sus brazos en el escritorio. —Con la condición de proveer de sujetos de prueba para las prácticas de vuelo y velocidad.
Lance negó con su cabeza, no solo lo había degradado en su puesto, sino que ahora parecía que ni siquiera le importaba su integridad física.
—¿Cuándo son las prácticas?
—Mañana o después de mañana, aunque de hecho, un técnico de la empresa esta ahorita en el hangar.
El teniente asintió brevemente. —Haberlo dicho antes. — Se levantó de su asiento sin avisar y con carpeta en mano, salió de la habitación. No quería seguir insinuando nada a su madre, ya estaba harto de hacerlo y si lo que ella quería era que el muchacho pilotease algo, entonces lo había logrado. ¡Voy a estrellar esa cosa!
Salió del edificio donde estaba la almirante y mientras caminaba por la base, abrió la carpeta para buscar direcciones. —Hangar 03… — Hizo una mueca, estaba un poco lejos, la base era grande, después de todo la compartían con la fuerza aérea.
A unos metros vio a un joven uniformado, conduciendo un jeep, era un cadete.
—¡Oye, cadete! — Gritó, haciendo que el conductor se estremeciera, este no tuvo más opción que ir hacia su superior.
El joven observó sus palas decorativas y luego su nombre, tragó saliva al ver de quien se trataba. —Te-teniente Aguirre. — Tartamudeó.
—Llévame al hangar 03. — Ordenó, subiéndose al vehículo sin mas. Por su parte, el cadete solo se limitó a asentir con nerviosismo, para luego acelerar.
Dado a la velocidad del vehículo, el trayecto hasta su destino fue más corto de lo que se imaginó, sin embargo, no le tomó mucha importancia, se bajo del jeep y dejo que el cadete se vaya. Caminando hacia el hangar, vio un rostro familiar, puso los ojos en blanco al ver a Jazmine con una mochilas.
—¿Qué haces aquí mujer? Un momento, no me digas que tu…
—¡Así es, yo soy la técnica! — Exclamó al arrojar una mochila verde algo abultada.
—¿Cuándo pasó? — Preguntó Lance mientras cargaba la mochila en sus hombros.
La musulmana sonrió, caminó dentro del hangar y le mostró una gran estructura cubierta con una manta gris. Jaló de un extremo de la manta, y de un par de movimientos descubrió la nave. Lance se quedo asombrado, era una hermosa astronave de color grisácea con algunas líneas celestes.
—Hice un seminario hace unas semanas, tu madre decidió que lo mejor era que un técnico de la base sea capacitado, y heme aquí. — Contesto tardíamente a su compañero, sacándolo del pequeño transe que tenía. —¿No vas a subir?
Lance se limitó a asentir, y luego abrió la mochila que Jazmine le había pasado. Allí encontró un traje de las mismas tonalidades de la nave, junto a un casco que en la parte delantera poseía una placa de plástico transparente.
—Voy a cambiarme. — Avisó el pelinegro desabotonándose los primeros dos botones de su uniforme. La mujer iba a protestar, pero pensándolo bien, el baño más cercano estaba un poco lejos, por lo que le dio su espacio.
Pasaron un par de minutos y Lance ya estaba con su traje espacial, el cual era demasiado ajustado para su gusto. Jazmine volvió y le dio un pulgar arriba, en sus manos traía un libro de cubierta negra.
—Cuando te conocí en la academia, dijiste que nunca salías a ningún lado sin este libro. — Comentó, entregando el texto a las manos del teniente. Este por su lado, dibujó una ligera sonrisa en su rostro.
—Gracias.
El hombre volteo la mirada a la nave y sin más dilación subió en ella, abrió la compuerta y se sentó delante de los controles. La mujer con hiyab se colocó la diadema auricular y luego se acercó a su compañero, quien ya estaba calibrando el timón y algunos botones.
—Por ahora vas hacer algo corto, solo tienes que volar hasta salir de la exosfera, paras en la estación espacial, firmas unos papeles, marcas tu salida y te vienes. Es simple, no vayas hacer alguna tontería.
El piloto solo hizo un "OK" con su mano, Jazmine se hizo a un lado, aunque no sin antes indicar algo importante. —Por nada del mundo presiones este botón, es de velocidad luz, y si lo haces, no quiero saber que te convertiste en papilla. — Luego de señalar el botón que era de color rojo, finalmente cedió, y luego se sentó en un pequeño banquito detrás de unas grandes cajas metálicas y allí, con una mini laptop, estableció su comunicación con Lance.
—¿Me escuchas? — Preguntó la mujer detrás del comunicador.
—¡Fuerte y claro! — Confirmó Lance comunicándose por el micrófono del casco, el cual recién se colocaba.
—¡Entonces despega! — Ordenó, y al termino de su voz, la nave comenzó a andar. La pista estaba vacía por lo que solo fue cuestión de segundos que la astronave alcance una buena altura.
En el aire, Lance ya no se encontraba enojado por las palabras o actitud hiriente de su madre, a el de verdad le encantaba pilotear, pero no podía ser bueno en todo, y eso era lo que su progenitora no entendía. No vale la pena enojarse, no mientras vuelas por los cielos.
La nave empezó haciendo algunas acrobacias en el aire, no era para presumir, solo se trataba de una practica normal para ver que tan bien andaban los motores y en si, toda la estructura aerodinámica.
—¿Te estás divirtiendo? Dime el rendimiento de la nave. — Preguntó Jazmine desde el hangar, mientras sostenía una libreta y un bolígrafo.
—No hay nada fuera de lo normal, pero me sorprende que tenga buena agilidad al hacer las acrobacias. — Respondió. —Con razón los rusos lo querían.
—Entonces ya es hora de pasar la exosfera.
Lance tragó saliva, ascender y pasar todas las capas de la atmosfera podría ser cuestión de segundos, sin embargo la "Fuerza G" era algo con lo que ningún piloto deseaba sufrir. Aún así, ascendió poco a poco en altura; sus brazos estaban entumecidos, ese era un efecto, pero por alguna extraña razón, el resto de su cuerpo no sintió nada.
Finalmente logró ver el espacio, allí pudo respirar normalmente. Estaba cubierto de sudor, no obstante, la "Fuerza G" no tuvo la culpa, solo fue su propia sugestión. En ese momento, Lance decidió dejar en suspensión la nave.
—¿Estas ahí, Lance? — Escuchó a la mujer a través del comunicador.
—Si, solo me siento raro, no sentí los efectos de la "Fuerza G".
—El traje te protegió, esa nave fue creada para satisfacer el desarrollo de la velocidad no convencional y sería tonto no crear un traje que resista los efectos de la fuerza gravitatoria, ahora dime que ves.
Se concentró en el oscuro paisaje espacial, vio uno que otro satélite, pero luego encontró la estación, su destino. —Tengo la estación a casi 2 kilómetros. Por lo lejos que está, es difícil verla con nitidez, al principio pensé que era otra cosa… ¡Voy hacía allá!
La astronave empezó a dirigirse por el control del teniente, y la velocidad una vez más lo sorprendió, al parecer todo saldría bien al final, sin embargo ese pensamiento tuvo que ser desechado, pues justo antes de llegar, a tan solo 200 metros, la estación explotó en mil pedazos. De inmediato, Lance detuvo la marcha. ¿¡QUÉ DEMONIOS!?
—¡Jazmine! ¡Jazmine! ¡La estación explotó! — Avisó el piloto a su compañera, sin embargo no le contestó, de pronto lo único que sus oídos captaron fue un sonido blanco, como de televisor sin señal.
Tomó el timón con firmeza y comenzó a retroceder, pero al momento de hacerlo, el radar de la nave lo alarmó de dos objetos voladores no identificados que iban en su dirección. Lance abrió los ojos del susto cuando en la parte trasera de la nave se impactaron algunos proyectiles no explosivos.
Fue cuestión de minutos el verse perseguido por dos naves, que por lo poco que había visto, parecían ser de tecnología rusa, y eso era un problema, pues lo que piloteaba era un prototipo y por consiguiente no tenía armas instaladas. Su único fuerte ahora mismo era la velocidad, aunque eso no lo eximia de uno que otro impacto que poco a poco iba dañando la capa externa.
¡No podía esquivar todo! Por eso fracasó en su examen, el cual era un simulador de asteroides.
Pensó que lo que querían era la nave, ya que ambos enemigos lo estaban orillando a descender, no obstante, si hacía eso, podría perjudicar a la flota e incluso pensó que no alcanzaría a llegar; en el fondo sabía que en cuanto bajase a la atmósfera terrestre, sería su fin.
¡BOOOOOM!
Un propulsor se ha destruido, lo decía el radar que mostraba el estado de la nave. —¡Maldita sea! — Vociferó dentro del casco, al ver que la explosión había causado que un gas de irreconocible procedencia invadiera su cabina.
Ahora sentía un calor abrasador, no tardó en darse cuenta de que estaba descendiendo. Tomó el timón, lo alzó y puso toda la energía de la nave en los otros propulsores, en ese instante pensó seriamente en su muerte, por lo que agarró la biblia que le había entregado Jazmine antes de su situación actual. A punto de resignarse, abrió el libro en una pagina cualquiera, allí se fijo en un versículo.
~Isaías 57:10 – Te cansaste por lo largo de tu camino, pero no dijiste: [No hay esperanza]. Hallaste nuevas fuerzas, por eso no desfalleciste. ~
Reflexionó, no quería rendirse a la muerte, no obstante, no había mucho que hacer al respecto. Abrió los ojos como platos al notar que ya no le estaban disparando, el radar seguía mostrando a los enemigos detrás de el, pero ellos no hacían nada.
Ahí noto que su nave ya estaba dando sus últimos suspiros, era casi como cuando un barco se hundía y trataba de hacer todo lo posible para no hacerlo. Miró el tablero de botones, allí estaba aquel botón que Jazmine advirtió no tocar. Me estoy quedando sin energía, y el oxigeno también se está agotando, debo hacer algo rápido…
Lance sabiendo que su destino era la muerte, optó por poner todo su esfuerzo en el misterioso botón rojo, no iba dejar que otros se aprovechasen de su situación. Cerró los ojos, su dedo índice estaba por presionar el botón, tragó saliva con dificultad y sin mas preámbulos, lo hizo.
De pronto la nave comenzó a temblar, por su parte, el teniente se agarró de donde pudo, y antes de que siquiera pueda decir algo, la nave desapareció dejando algunos destellos brillantes.
Los pilotos rusos se sorprendieron, pero su conmoción no duro mucho pues casi al instante, una onda expansiva hizo que sus cabinas explotaran, haciendo que sean expulsados al espacio.
Por otro lado, en la nave estadounidense, Lance la estaba pasando mal. Si antes se le dificultaba respirar por la perdida de oxígeno, ahora era mucho peor, pues la presión que empujaba su cuerpo hacia atrás estaba perjudicando sus pulmones. Intentó moverse un poco, pero era imposible y lo peor es que no sabía cuando su pesadilla iba a parar.
Pasaron segundos y finalmente la nave se detuvo, una luz azul parpadeaba por toda la cabina, el piloto estaba cubierto de sudor y se notaba que se encontraba cansado. Mientras que respiraba lentamente, pensó en el tiempo que pasó en la velocidad de la luz, sintió que estuvo horas siendo presionado contra su asiento, pero en realidad solo fueron unos escasos segundos.
Posó su vista al exterior, y allí vio un gran planeta, de matices verdes y azules, parecía ser apto para la vida. Observó el estatus de la nave, ya casi no quedaba energía, lo poco que había se estaba utilizando en la distribución de oxígeno.
Tarde o temprano sería su fin, así que decidió transportar la energía que quedaba en un único propulsor. Morir estrellado suena mejor que morir asfixiado, es una muerte rápida.
Comenzó a descender de forma veloz, se preocupó al ver que el exterior de la nave se estaba incendiando, pero siguió con su plan, no tardo entrar a la atmósfera de aquel planeta. Una vez dentro, suspiró levemente, recordó a su madre, a Jazmine y también a su hermano, no sabía que es lo que hacían en este momento, aunque tal vez, lamentando su muerte.
Se quitó el casco, y dio una gran bocanada de aire, ráfagas de viento invadieron su cabina y esto hizo que el hombre se sorprendiera. Notó bien en donde estaba cayendo, era un desierto, se imagino a Marte, pero a la lejanía vio un bosque e incluso agua.
—Imposible… — Susurró en una agrietada voz. Tomó el timón nuevamente e intentó redirigir su curso, pero ya era demasiado tarde, la nave no tenía más energía. No puedo morir ahora que se que hay una oportunidad, debo sobrevivir a como de lugar.
Los pilotos suelen planear un avión en caso de que se acabe el combustible, lo único que debían hacer era controlar las alas, pero no es nada fácil, por suerte, Lance había aprendido a aterrizar en casos de emergencia. Volvió a ponerse el casco y al instante comenzó a maniobrar con las alas de la nave, en unos largos segundos, logró estabilizar su vuelo, ya no estaba cayendo en picada. Sin embargo, el peligro todavía abundaba, por lo que buscó una parte plana del desierto, una vez verificado el lugar de aterrizaje, solo faltaba esperar.
Poco a poco la base de la nave se acercaba a la arena y en el momento que finalmente aterrizó, esta se partió en dos, la parte trasera se perdió, pero la delantera, donde estaba Lance, se fue enterrando en la arena, aunque no lo suficiente y eso el hombre agradeció.
La astronave al final se detuvo, Lance miró hacia atrás, definitivamente ya no necesitaba de la compuerta para salir. Se desabrochó su cinturón de seguridad, agarró su biblia y se levantó, solo que al hacerlo, sus piernas no resistieron.
Dejó su libro a un lado, y con las manos apoyadas en el piso, lentamente se fue irguiendo, en el proceso, pudo escuchar algunos de sus huesos tronar, pero no era nada grave. Salió de la destrozada nave y vio su entorno, era liberador saber que ya no estaba en peligro.
Volteó su vista a la nave, usarla de nuevo era imposible así que solo se limitó a sacar cosas importantes aunque lo único que se terminó llevando fue un pequeño botiquín de emergencias, obviamente también agarró su libro y de paso, una varilla de metal que sobresalía de la destruida mitad; presintió que lo necesitaría, ya sea para defenderse o para cazar. Guardó el libro y el botiquín en una bolsa que luego colgó en sus hombros, mientras que la varilla era sostenido por su mano derecha, a modo de espada.
Comenzó a caminar por la espesa jungla de arena, sus pasos eran lentos debido a la conmoción del aterrizaje, y aun así se mantuvo firme.
El sol se encontraba en su punto máximo, y eso Lance lo notaba pues el calor y los rayos que la estrella irradiaba, no eran nada satisfactorios. Después de caminar quizás por más de 400 metros, sabía que si no llegaba a un lugar con agua, moriría de deshidratación. No obstante, decidió tener la calma, si no murió en el espacio, tampoco lo haría en un planeta lleno de posibles recursos aptos para su naturaleza humana, seria irónico.
De repente, algo lo distrajo de sus pensamientos. Era un ruido, no, un sonido, el sonido de una muchedumbre acercándose. ¿Acaso hay gente aquí? No, no puede ser, quizás solo sean animales, una manada de animales. Pero sus dudas fueron despejadas en cuestión de minutos.
Se vio rodeado de seres con características humanoides.
Era curioso porque llevaban una ropa militar casi tan antigua como el Imperio Romano… esos… caballos antropomórficos. Sus expresiones eran de completo disgusto e incluso de enojo, allí se dio cuenta que algunos, aparte de tener colores un poco diferentes en cuanto a tonalidades de pelaje, tenían un cuerno sobresaliendo de su frente y otros un par de emplumadas alas detrás, en sus espaldas.
De pronto, uno de los soldados, sacó una espada, nadie decía nada, pero aquel sujeto se pasó la espada por el cuello, y ahí supo lo que querían hacerle. Lance dejó su bolso a un lado, y empuñó la varilla con ambas manos, seguía estando débil, pero necesitaba defenderse. De todas formas, nadie se lo tomó enserio, pues las risas no tardaron en llegar.
Esto le molestó al teniente, y quiso decir algo, hasta que los escuchó hablar… en un idioma muy difícil, pero que sin duda le sonaba conocido.
"Humano perdido, hubo una explosión, no pudo ser humano, son unos tontos." ¿Acaso sabían lo que era Lance? ¿Pero por qué lo menospreciaban?
Olvidó esa parte y se centró más en el idioma, lo que esos caballos humanoides hablaban era una lengua antigua de la tierra, el hebreo. No sabía como podían hablarlo, lo bueno es que Lance, siendo un aficionado de la cultura israelita, pudo aprender algunas cosas básicas cuando era adolescente, por eso lograba entenderlo, no tanto, pero es un buen inicio.
—¡No se me acerquen! — Gritó Lance en un pobre hebreo aún con sus piernas temblorosas, esto por su parte hizo sorprender a los visitantes. Se quedaron perplejos al ver que el humano, podía hablarles en su idioma.
No obstante, el actuar del teniente solo empeoró las cosas. En un segundo, todas sus articulaciones se quedaron estáticas, no podía mover ni un dedo, ya que un aura gris lo estaba rodeando. Lo último que supo, fue que lo golpearon muy fuerte en la parte posterior del cráneo, haciéndolo caer inconsciente a la arena.
