Kyoujuro no sabe cuándo surgieron sus sentimientos por Shinobu, pero lo que sí sabía es que su belleza y su sonrisa enigmática (mentirosa), lo fascinaba.

Tenían una buena relación, un buen compañerismo. Y como su naturaleza era amistosa —y enérgica—, deseaba poder tener una amistad con ella.

Así como él la tenía con Mitsuri, Obanai —aunque él casi no lo demostrase—, Tengen y Sanemi. (Siendo la única persona con la cual convivir le costaba era Giyu, y a veces el joven pilar Muichiro).

No obstante, cada vez que él quería acercarse a Kochou, ella parecía levantar de inmediato una pared (con una sonrisa).

Con si de una mariposa levantando vuelo se tratase. Así era Shinobu; permitiéndote contemplarla de lejos pero al acercarte, volaba lejos de ti.

Muchas veces se preguntó cómo podía él acercarse sin que ella huyera —no literalmente—. Incluso llegó a pedirle consejos a Mitsuri, quien emocionada aseguraba que él estaba enamorado de Shinobu.

Algo que lo hacía ladear su cabeza y decir, preguntar confundido —. ¿Por qué dices eso, Kanroji?

— Por la manera en que miras a Kochou-san caminar o por lo alegre que te pones cuando hablas con ella o cuando ella te sonríe tus ojos adquieren un brillo especial — enumeraba Mitsuri, sintiéndose eufórica. Como si fuese más su situación que la de su maestro.

Y eso, solamente lo llevó a otra interrogante: ¿Él de verdad estaba enamorado de Kochou?

— Entonces, ¿Cuándo siento mi corazón acelerado como si hubiera corrido, esta ansiedad por saber más de ella y conocerla más a fondo y la sensación agradable que siento al verla sonreír es amor, Kanroji?

Mitsuri jadeó, sorprendida, emocionándose más a cada minuto que pasaba —. ¿Desde cuándo Rengoku-san está enamorado!

Si tan sólo no hubiera aceptado que era amor lo que sentía...

Hanahaki o la enfermedad del amor no correspondido (unilateral), no era tan conocida en ese entonces. Solamente se sabía que si tenías un amor no correspondido, no tenías salvación.

Los síntomas (los pocos que se sabían) era dolor de pecho, dificultad para respirar, ataques de tos intensos y, los casos más extremos, era vomitar flores o pétalos ensangrentados.

No había curas, y aunque podías retrasarla ingiriendo veneno a base de orquídeas negras. No era del todo seguro.

Ya que se podía provocar lagunas mentales o la incapacidad de volver a amar, así como también, el que tus ojos lucieran como los de un muerto.

Aún no se registraban casos exitosos de que el veneno (antídoto) a base de orquídeas negras fuera efectivo.

Y lastimosamente, Kyoujuro fue otra víctima más del Hanahaki.

El dolor de pecho lo cansaba más rápido, y sus respiraciones eran casi o iguales a las de una persona asmática; Mitsuri junto a Obanai fueron los primeros en ver cómo su amigo tosía con dolor varios pétalos morados, luego de regresar a una misión.

Mitsuri se acercó a su maestro, alarmada —. ¡Maestro, se encuentra...?

— Estoy bien, Kanroji — le aseguró con una sonrisa calmada, sintiendo la garganta adolorida y el sabor metálico de la sangre en su boca.

— Maestro...

— No estás bien, Rengoku — habló finalmente Obanai, con el ceño fruncido, molesto y preocupado —. ¿No lo ves! Estás enfermo Rengoku... enfermo... de Hanahaki — Kaburamaru trató de tranquilizar a su amigo, pues su voz al final había temblado.

Tenía miedo, miedo de esa cosa llamada Hanahaki. Miedo de ver morir a su amigo por un amor no correspondido.

Kanroji también estaba asustada, y sobre todo, sintiéndose mal por haberle dicho a Rengoku que él estaba enamorado de Shinobu. (Aunque realmente, la culpa no era de nadie).

—... Lo siento — se disculpó, con voz trémula, sintiendo el picor en sus ojos por las lágrimas —... Lo siento mucho, Rengoku-san, esto es mi culpa.

Rengoku se acercó a ella, poniendo una mano en su cabeza y revolviendo sus cabellos con cariño. Le sonrió —… No hay nada qué disculparse, Kanroji. Nadie tiene la culpa.

Mitsuri siguió llorando en silencio, un poco más tranquila. Obanai lo miró severo.

— ¿...Qué vas a hacer entonces?

Rengoku le sonrió a Obanai.

— Vivir.


La enfermedad empeoró, sin embargo, Rengoku daba todo de sí para superarla y que esto no le dificultara en las misiones. Su contacto con Kochou se había reducido lentamente, siendo ahora Rengoku quien se fuera o diera por terminado las conversaciones; extrañando a Shinobu, aunque no lo expresara.

Kyoujuro había tomado esa (dolorosa) decisión, pues si se quedaba más tiempo a su lado, el dolor en el pecho incrementaba y la tos era algo casi imposible para él de contener.

Habiendo días en los que incluso llegaba a vomitar dos a tres flores enteras por día. Trataba de descansar lo más que podía, y también de que Senjuro no se preocupara (y sobre todo, que su padre no se enterase).

Pero llegó un día en que, simplemente, todo acabó. El día en que se enfrentó a Akaza.

— Ya veo... Tú ya estabas muriendo — comentó, casi con lástima mientras sonreía —. Hacía tiempo que no veía el Hanahaki... Dime Rengoku, ¿Quién fue la persona que te maldijo, eh?

¿Maldecir? El amor nunca fue ni sería una maldición. Y sobre todo, fue él quien había decidido enamorarse de Shinobu Kochou.

— A mí... ¡No me...maldijo...nadie!

El amor nunca lo vería como una maldición. Y aunque estuviera por morir sea por Hanahaki o por este enfrentamiento, creería firmemente en ello.

El amor no es una maldición, simplemente, nadie está obligado a aceptar o corresponder. Éramos libres de decidir.

Akaza lo miró con sorpresa, la cual sólo aumentó al no poder sacar su mano de su pecho. Lo peor, es que el sol ya estaba por salir.


"— Joven Kamado... ¿Puedo...pedirte un favor?"

Tanjiro estaba parado frente a Kochou, quién lució sorprendida y curiosidad por su visita. Pero al ver su rostro, las palabras no salieron y se hicieron nudo en su garganta.

El cuervo le había avisado de la muerte de Rengoku, de que había muerto protegiendo a las personas del tren al igual que a Tanjiro y sus amigos de una luna superior.

No obstante...

"— Dile a Kochou... Que lo siento mucho... Y... Que yo..."

—... Rengoku-san me pidió que le dijera que... Lo sentía mucho y que, él… la amaba.

"— ¿Podrías...hacerlo, por mí...joven Kamado?"

Shinobu se mantuvo en silencio, uno largo y tenso.

El cual rompió al pronunciar con una sonrisa (mentirosa) —... Está bien, muchas gracias Tanjiro.

(Nada estaba bien. Nunca nada lo estuvo.

La desgracia, siempre me persigue y se lleva todo lo que alguna vez, me importó).