—¡Buenas noches Zootrópolis! ¡Habéis sido un público maravilloso!
Todos los presentes estallaron en un enorme rugido en cuanto Gazelle se despidió y bajó del escenario. Aquel bramido le indicó a Stu y a Bonnie que era hora de irse, pues sus oídos no podían aguantar durante mucho tiempo más un ruido tan intenso. La pareja de conejos se escabulló como pudo hacia la salida y respiró hondo cuando logró alejarse del escándalo que estaba empezando a dañar su audición, momento en el que Bonnie se dio cuenta de algo importante.
—Tenemos que avisar a Judy de que nos hemos ido, a lo mejor se ha quedado dentro pensando que seguimos ahí.
—Buena idea, cariño —dijo Stu mientras le enviaba un mensaje a su hija—. Espero que lo vea, a lo mejor está tan emocionada con el concierto que se olvida de que tiene a dos padres deseando verla.
—Oh no digas esas cosas, Stu. Sabes que nuestra Judy siempre se acuerda de nosotros, esté donde esté.
Stu asintió y guardó el teléfono cuando le envió el mensaje a su hija antes de sentarse con Bonnie en un banco cercano. Los dos hablaron de lo divertido y cansado que les había parecido el concierto, hacía tiempo que no salían los dos solos a bailar y se notaba que ya no eran un par de jóvenes, pero eso no significaba que fueran incapaces de pasar un buen rato. Hablaron también de lo inmensa que les había parecido la ciudad y la suerte que habían tenido al no perderse, y justo cuando estaban a punto de hablar sobre el nuevo amigo que les había mencionado Judy su hija apareció abriéndose paso entre la marabunta de animales que abandonaba el concierto, dirigiéndose rauda como un rayo hacia ellos en cuanto logró localizarlos.
—¡Papis! —gritó mientras corría a su encuentro con las patas extendidas.
—¡Judy! —exclamaron los dos mientras se ponían de pie para recibirla. Los tres se abrazaron afectuosamente y estuvieron un buen rato así, disfrutando de la muestra de cariño que ya no podían darse tan a menudo como les gustaría.
—Pero mírate, cielo, estás radiante —dijo Bonnie mientras le acariciaba la mejilla a su hija después de separarse. La sonrisa de Judy creció al oír aquello y Stu rio.
—Sí, se nota que el concierto te ha puesto de buen humor.
—Pues claro, ¡ha sido una pasada! Llevo mucho tiempo queriendo ir a un concierto de Gazelle, ¡ha sido mil veces mejor de lo que he llegado a soñar! —exclamó emocionada mientras daba un giro. También estuvo a punto de dar saltos de alegría pero jadeó al recordar algo importante y se dio la vuelta— ¡Esperad! Quiero presentaros a alguien, no os vayáis que vuelvo enseguida.
Sin esperar a que sus padres dijeran algo, Judy desapareció de nuevo entre el mar de animales ante la atenta mirada de sus padres. Por suerte no tuvieron que quedarse plantados mucho tiempo, ya que tras unos minutos su hija volvió a surgir de esta.
Tirándole de la pata a alguien.
—Tranqui, Zanahorias, que no me voy a ningún sitio sin ti.
Lo que Stu y Bonnie vieron a continuación les dejó algo sorprendidos, pero no tanto como para que fuera evidente. Su hija estaba tirando de un zorro, un animal algo más alto que ella y que, aparentemente, se dejaba manejar con facilidad por la coneja. Judy le acercó a sus padres con una radiante sonrisa y no le soltó hasta que al fin estuvieron todos juntos.
—Papá, mamá, este es Nick Wilde, un gran amigo mío. Nick, estos son mis padres.
—Encantado —dijo el zorro mientras extendía una pata con una sonrisa. Stu fue el primero en corresponderle el saludo y Bonnie, por su parte, fue la segunda, aunque no por ello estaba menos deseosa de conocerle.
—El placer es nuestro, por fin conocemos al amiguito del que Judy no para de hablar —dijo la señora Hopps, lo que hizo que Nick dirigiera su mirada a su amiga.
—Vaya, ¿ya les has hablado a tus padres de mí? —preguntó con picardía— Me siento halagado, agente Hopps, ¿qué tendría que pensar de esto? —La policía se puso seria y se cruzó de brazos.
—Es solo porque eres de los pocos amigos que he hecho aquí, no te hagas ilusiones —Nick sonrió y pasó una pata con delicadeza por la cintura de Judy para acercársela, lo que hizo que la coneja sonriera de nuevo. Los padres se miraron al ver como la expresión de su hija cambió radicalmente de la molestia al encandilamiento con un simple gesto por parte del zorro, lo que les dejó sorprendidos de nuevo.
—Sí, Judy nos ha dicho que eres el primer buen amigo que ha hecho aquí —dijo Bonnie para impedir que el silencio se apropiara de la conversación—. Nos alegra saber que nuestra pequeña puede contar con alguien en esta ciudad tan grande.
—¿Incluso si ese alguien es un zorro? —Antes de que alguno de los padres pudiera decir algo Judy le dio un codazo a Nick, que no fue lo suficientemente fuerte como para hacer que se apartara de ella, lo que él consideró una victoria.
—Ya te he dicho que no tienen ningún problema con ellos, ¿no ves que se han asociado con uno?
—Era una broma, Zanahorias, es que es muy divertido provocarte. Pero creo que el concierto te ha alterado todavía más, aún sigues temblando. ¿Qué tal si vamos a un sitio un poco más tranquilo para que te relajes? Y así podré oíros mejor, porque me temo que no tengo una audición tan buena como la vuestra y con todo el ruido que están haciendo al salir del concierto no escucho casi nada.
—Buena idea, y se me acaba de ocurrir algo incluso mejor. ¡Podemos cenar todos juntos! —exclamó Judy eufórica mientras se dirigía a sus padres— ¿Qué os parece?
—Todo lo que sea pasar tiempo contigo nos parecerá perfecto, Judy —La coneja sonrió y miró a Nick esperanzada; él le dedicó una sonrisa ladina.
—Todo lo que sea cenar gratis me parecerá perfecto, agente Hopps —Judy rodó los ojos y agarró la corbata del zorro para tirar de él y obligarle a caminar. El depredador trastabilló un poco pero no llegó a caer, y en cuanto recuperó la compostura rodeó de nuevo la cintura de su amiga. Judy comenzó a hablar animadamente de algo que sus padres no llegaron a escuchar y el zorro se limitó a asentir mientras la miraba, dejando entrever en sus ojos astutos un atisbo de cariño que se reflejaba en los de Judy cada vez que ella se dirigía a él.
—Así que un amigo —empezó Bonnie tras unos segundos con una risa—. Oh cielos, llegamos a ver esto hace unos meses y nos caemos muertos.
—Y que lo digas. Pensé que ya nada podía asombrarme pero esto… —Stu soltó una risa y se aferró afectuosamente al brazo de su esposa. A un par de metros la pareja de amigos se había detenido en un semáforo en rojo, y desde ahí los conejos pudieron ver que el zorro había apoyado su hocico en la cabeza de su hija, que parecía estar acostumbrada a que él hiciera eso— ¿Has visto cómo le ha mirado cuando le ha rodeado la cintura? Se había quedado embobada.
—¿Y has visto como le ha rodeado la cintura? No se hace con tanta sensibilidad y discreción con cualquiera, creo que nos hemos dado cuenta de algo mucho antes que ellos.
—Ya lo creo, cariño —concluyó Stu mientras se acercaban a la pareja—. Desde luego, nuestra Judy es toda una pequeña caja de sorpresas.
(Madre mía, cuatro años desde la última vez que subí algo de este fandom... Lo echaba de menos. Entre unas cosas y otras me acabé alejando y me centré más en Pokémon, pero hace un par de días volví a ver Zootrópolis y me vino todo el fangirleo de nuevo. Qué película tan genial por favor, me la he visto tres veces esta semana y ya estoy soltando información que nadie preguntó. En fin, me alegra mucho volver al fandom para el que empecé a publicar fics y espero poder subir más one-shots a lo largo de las siguientes semanas, porque siento que me he vuelto a enganchar y tengo ganas de escribir más cosas sobre nuestra coneja y zorro favoritos. De momento dejo esto aquí para marcar mi regreso, espero que os haya gustado y hayáis disfrutado la lectura.
Hasta la próxima~
PKMNfanSakura).
