Capítulo III: Una fascinante atracción
Mientras los detectives hablaban de viejos (y nuevos) casos, Kazuha y Ran aprovecharon para ponerse al día:
- ¿Cómo están las cosas en Tokio?
- Muy bien, Kazuha, ¿y vos, qué tal?
- También estoy bien, por suerte – aseguró con una leve sonrisa.
- Me alegro. Gracias por la invitación.
- Ey, Ran… ¿Por qué no pudo venir Kudo? – inquirió seria.
- Ya te lo dije, la última vez que hablamos estaba muy ocupado con un caso. Mencionó que era difícil y que después volvería llamarme. Quizás no lo resolvió, así que pensé en no molestarlo por unos días. No cambiaría mucho la situación.
- Es verdad. Shinichi nunca está con vos – lamentó la de Osaka. - Cuando se aparece es para resolver casos. Y luego se va repentinamente, tal y como vino.
- ¿Sabés, Kazuha? Shinichi empezó a actuar extraño desde que fuimos al Tropical Land. Ahora que estoy en este parque me doy cuenta de que fue en aquel momento cuando empezó a desaparecer - explicó con lágrimas en los ojos.
- Ran…
Kazuha se volteó un momento, miró a Heiji, su mejor amigo desde la infancia, y deseó: "Ojalá que después de este día no te vayas como tu amigo a resolver casos y me dejes sola".
- No entiendo cómo podés aguantar tanto tiempo sin verlo - se sinceró.
- Aunque extraño mucho a Shinichi, confío en él. Sé que cuando termine de resolver esos casos va a volver y vamos a recuperar todo el tiempo perdido. Además, él me pidió que lo esperara. Y la última vez que lo vi dijo que también me quería decir muchas cosas… - comentó ilusionada.
- Seguro que cuando vuelva van a ser inseparables - la animó Kazuha. - Quizás se vuelvan novios.
- Pero, ¡qué decís! - contestó algo avergonzada la de Tokio.
Ambas rieron.
- Ey, Kazuha, pará un poco. Quiero ir al laberinto del terror - anunció Heiji.
- Pero… - Kazuha no quería admitirlo, pero le daba miedo ir a ese lugar. Tenía fama en todo Osaka de ser una de las mejores atracciones del parque porque asustaba a cualquiera que se atrevía a entrar.
- ¿Tenés miedo? - preguntó Heiji divertido.
- ¡No, idiota! - Respondió molesta - Lo que me asusta, es que te hagas encima del miedo.
Ran y Conan se rieron.
- ¡Tonta! A mí no me da miedo nada. Soy detective y los detectives son valientes, estamos preparados para todo. ¿Vamos? - La desafió.
- Está bien - dijo la chica.
Al ingresar al laberinto, Kazuha, orgullosa, se quedó cerca de Ran y tomó su brazo, asustada por lo que le aguardaba. Aunque la chica de Tokio tampoco se veía muy entusiasmada.
- Bueno, Kudo, ahora te voy a mostrar a donde fue que capturé al chico - indicó Heiji orgulloso.
- Está bien - contestó el niño de gafas sin mucho interés.
Las adolescentes se habían adelantado y ya estaban en el interior de la atracción. Conan y Heiji podían escuchar sus gritos y sus pasos apresurados a causa de la terrorífica atracción. Se trataba de un cementerio encantado en el que los muertos regresaban de sus tumbas para ahuyentar a los visitantes. Había varias telarañas, zombies, animales como búhos, murciélagos o cuervos artificiales, y una música instrumental que hacía que los visitantes se mostraran alertas frente al peligro que les aguardaba. Era un lugar muy aterrador.
Sin embargo, Hattori y Edogawa recorrían con calma la atracción y se veían inmunes a los efectos que la misma tenía sobre cualquier otro visitante. Podía decirse de hecho que se divertían al escuchar los gritos de terror de sus amigas, que una vez más demostraron ser dos auténticas cobardes.
- ¿Ves esa tumba, Kudo? Bueno, dentro de ella estaba escondido el dinero. Y en el ataúd que está por esa esquina se escondió el chico. ¡Deberías haber visto su cara de sorpresa cuando lo atrapé! - Comentó emocionado.
Conan seguía pensando que el caso había resultado sencillo, pero qué más daba. No podía hacer callar a su amigo detective.
Cinco minutos más tarde ya estaban afuera del tétrico cementerio. Ran los esperaba con una expresión que demostraba que había recibido el peor susto de su vida.
- ¿Y dónde está la gallina de Kazuha? - preguntó Heiji burlón.
- Pensé que estaba con ustedes - contestó Ran confundida. - Cuando apareció el fantasma del príncipe degollado yo huí de inmediato. ¡Odio los fantasmas! En instante creo que perdí a Kazuha.
- La muy tonta seguro que se perdió y ahora debe estar asustada - se quejó su mejor amigo. – Tengo que volver a entrar. ¿Vamos, Conan?
Ran tomó al niño en sus brazos, asustada, y sugirió:
- Mejor que se quede conmigo.
"No me digas que todavía tenés miedo", ironizó para sí Conan.
Hattori dejó a sus amigos y volvió a entrar al juego para encontrar a su amiga. Buscó cuidadosamente por todos lados pero no hubo caso. Mientras hacía una segunda revisión, halló sobre la tumba donde apareció el dinero robado por Rui un papel blanco que antes no estaba.
- ¿Qué es eso?
Lo tomó y se encontró con un mensaje similar al de su casillero.
"199 17219518519 22151222518 1 22518121 22514 514 A 491 1 121 31125 F, 1691915 U 45162015 B 12119 L
19914 1615129391"
- Mierda, ahora le agregaron letras. ¿Será esto verdaderamente para mí?
El joven volvió a observar la tumba y se encontró con el listón que Kazuha llevaba aquel día en el pelo.
Volvió a salir de la atracción preocupado y le contó a Conan y a Ran lo sucedido. Lograron que detuvieran el laberinto para revisar más cuidadosamente, pero no había señales de la chica de la colita.
- Esto debe tratarse de un secuestro - aseguró Conan.
