Capítulo V: El rescate

Heiji estaba sobre su moto camino a la calle número 6. Era tarde, la temperatura había bajado notablemente y creía que podrían congelársele las manos. "Debería haberme puesto un par de guantes", lamentó. Había salido pensando en su mejor amiga y no se detuvo a considerar el tiempo. Aumentó un poco más la velocidad. No faltaba mucho para las doce y estaba seguro de que la impuntualidad no era algo que le agradara a ese secuestrador.

"Perdónenme, perdónenme señores policías. Debía ayudar a mi papá, está muy endeudado. ¡Mi madre nos abandonó! Él solo está triste, por eso va a jugar y tiene deudas… ¿Si no consideré trabajar? Por supuesto que sí. Yo trabajo, hoy es mi día libre. ¿Qué por qué lo hice? Esos señores lo amenazaron, dijeron que si no conseguía el dinero, lo matarían… ¿Fueron descubiertos y encarcelados? ¡Qué alivio! Mi papa está a salvo. Lo entiendo, así que diez años, ¿eh? Bueno, pero ustedes van a ayudar a mi padre. Deben hacerlo. Él y yo nos tenemos mutuamente, nada más. ¿Qué, mi novia? Ella me dejó. Dijo que estaba ocupado todo el tiempo. Por eso, deben tener en cuenta que mi padre es lo único que me queda y debo cuidarlo. No se preocupen, tengo planeado recuperar a mi novia y darle hermosos nietos. Soy muy bueno en mi trabajo, iban a ascenderme".

Él tenía dieciséis años cuando capturó a Rui Yamasaki. Recordó que era rubio y sus ojos marrones miel. Tenía una expresión inocente y amable. Su voz era suave. No había dudas de que para ese chico lo más importante era su padre. Deseaba a toda costa su bienestar y haría lo que fuera por que estuviera a salvo. ¿Inclusive robar un banco? Inclusive. "¿Por qué un muchacho así iría a suicidarse?". Hattori había observado atento su confesión y se había conmovido. Qué desdicha que para ayudarlo tuviera que arruinar su vida. Aun así, con una sonrisa en su rostro, mientras hacía su confesión, preguntaba si las personas en el banco se encontraban bien o si hubo algún herido. Aquel chico tenía un buen corazón pero pésimas ideas.

A dos cuadras de su destino, estacionó su motocicleta y se aproximó hasta el edificio caminando. Sabía que esa noche no podía equivocarse. Un error podría costarle su vida o, lo que es peor, la vida de Kazuha. Entró al ascensor y presionó el botón con el 21 inscripto encima. Dio un suspiro y mientras iba subiendo pisos repasaba su plan. "Va a estar todo bien", se alentó.

Muy seguro y decidido giró la perilla del picaporte y entró a la habitación 2102 del edificio.

- Muy bien, Hattori. Sos un chico listo, no involucraste a la policía. Buena decisión. De lo contrario, ella no estaría viva – dijo en un estado de euforia y demencia el secuestrador.

La habitación estaba oscura. Ni una sola luz prendida. Unos metros junto a la ventana podía ver a Haruto Yamasaki, padre de Rui. Tenía a Kazuha tomada del cuello. Era la figura de su mejor amiga, aunque no conseguía ver sus ojos. Él necesitaba verlos para saber cómo estaba. Con mirarla a los ojos bastaba.

- Entrá de una vez, mocoso.

El adolescente se adentró lentamente a la habitación, muy atento y concentrado en sus alrededores. Haruto se movió sigilosamente hasta la puerta, deseando que Heiji no se percatara de su presencia. Desafortunadamente, él escuchaba cada uno de sus pasos y sabía dónde estaba parado y qué iba a hacer, aunque no pudiera verlo.

Llegó hasta la puerta a la vez que seguía arrastrando a Kazuha. Esta tenía el pelo suelto y no había comido nada en un día. Tenía mucha hambre y sentía un profundo cansancio. Le faltaba energía. No obstante, estaba muy despierta. Trataba de ser inteligente y de no alterar al secuestrador para que no dañara a Heiji.

"¿Cómo que no son novios? Están juntos todo el maldito día…. Qué importa. Algo debes significar para él, y si no, lo hará para alimentar su enorme ego. Ahora tengo que ponerte esto en la boca, está por llegar y no quiero que grites. Que nadie te escuche, porque si lo hacen, podría significar el fin para vos, para él o para los dos. A un hombre que ya no tiene nada que perder no le importaría cometer un par de locuras".

Cerró la puerta con llave y, lentamente, observando al detective iluminado solo por la luz de la luna, volvió hasta el otro lado de la habitación, cerca del balcón. Había un silencio muy tenso.

- Muy bien, detective - rompió Yamasaki con la calma. - Este es el trato, vos saltás desde el balcón y yo dejo a tu amiga libre.

- ¡Qué! ¡Jamás! Pedí otra cosa - demandó el muchacho ofuscado.

- ¿No fui claro, Hattori?

Sacó de su bolsillo un cuchillo y comenzó a deslizarlo sobre la piel de Kazuha, como si estuviera decidiendo en qué lugar podría enterrarlo. Resolvió hacerle un tajo en su brazo derecho. La muchacha, comenzó a llorar, asustada y dolorida, impresionada por la sangre que comenzaba a fluir desde su brazo.

Solo para molestar al adolescente, le retiró la cinta que le había pegado sobre los labios y le susurró: "Gritá, que sienta tu sufrimiento, tu dolor. Hacelo o lo mato", Kazuha fue demasiado obediente y dio un fuerte alarido. "¡Heiji, no lo hagas, no saltes! No me duele, estoy bien, por favor, no saltes", rogó con desasosiego después. Hattori se mordió el labio inferior de la furia. Miraba a Haruto con rabia e impotencia. Era momento de actuar. De atacar.

Insatisfecho de las súplicas de la chica ahora con el pelo suelto, Haruto volvió a herirla, enterrando el cuchillo, pero esa vez en su pierna. Ella no se contuvo, y volvió a gritar del dolor. "Muy bien hecho, preciosa", la besó en la mejilla. Después le dio un golpe en la nuca, dejando así que cayera inconsciente al suelo.

- ¡Kazuha! – Vociferó el adolescente alterado.

Hizo ademán de acercarse a su amiga cuando el hombre sacó una pistola de su bolsillo y le apuntó directo al corazón. Se detuvo.

- No tan rápido. - rió despiadadamente. Era evidente que había perdido la razón. – Vamos a hacerlo más interesante. Saltá o tu amiga se muere.

Al moreno le hervía la sangre. Sin pensarlo, se enfrentó con el secuestrador, provocando que su arma cayera en el suelo. Intercambiaron un par de golpes, hasta que Haruto golpeó fuertemente a Heiji en el estómago haciendo que cayera al piso. Recuperó el arma, tomó a Kazuha, que seguía inconsciente, del cuello y apoyó su pistola en la sien de la chica.

- Esta es tu última oportunidad, ¡saltá o la chica se muere!

Aunque le hubiera encantado volver a golpearlo, se dio cuenta de que no tenía opción. No tenía garantías de que aquel malviviente no lastimara a su amiga después de saltar, pero debía hacerlo o las consecuencias serían mucho peores.

- Está bien, mi vida a cambio de que la dejes libre - acordó.

Abrió la ventana, el frío lo hacía temblar, pero no tenía miedo. Puso sus manos sobre la baranda del balcón, pasó una pierna y luego la otra hacía el otro lado. Miró unos momentos el cielo y se dejó caer.

Haruto empezó a reír encantado.

- ¡Rui, hemos ganado! Te he vengado, hijo mío. Ese maldito que te encarceló perdió su vida. Rui, lo hice. Estarás bien en el cielo y él se hundirá en el infierno. Rui - deliraba.

- Ah le le, ¿qué está pasando acá? - Dijo un niño de gafas, entrando desde el balcón. - ¿Usted está manteniendo a esta señorita encerrada contra su voluntad? No, eso está mal. ¿Usted sabía que está cometiendo un secuestro?

- ¿Quién mierda sos vos? ¿Cómo entraste?

- Conan Edogawa, detective.

Mientras Haruto seguía preguntándose cómo había entrado, ya que estaba seguro de que le había puesto el seguro a la puerta, Conan hizo aparecer un balón de fútbol con ayuda de su cinturón y disparó con todas sus fuerzas. El pelotazo aterrizó sobre el rostro de Haruto, y perdió el conocimiento.