Capítulo VI: "¿Por qué cuidás tanto de mí?"
Conan dio un largo suspiro, muy aliviado. Había noqueado al secuestrador. El pequeño vestía su clásico atuendo: camisa blanca, saco azul, moño rojo, pantalones cortos celestes y las zapatillas blancas con detalles en rojo, con las que había ejecutado el disparo.
Haruto yacía en suelo junto con Kazuha, que aún seguía inconsciente y sangrando. El niño con gafas los contempló un momento. "Lo mejor será que lo duerma con un dardo anestesiante, por si acaso", decidió.
Salió al balcón, se colgó de la baranda y presionó el dispositivo que había en sus tiradores, enganchados en la planta superior, provocando que su amigo de Osaka ascendiera nuevamente hasta el piso 21. Le dio la mano y lo arrastró nuevamente hasta el balcón. Heiji estaba agitado y muy cansado. Había tomado mucho frío y había recibido unos cuantos golpes. Estaba temblando, pero se veía más calmo. El culpable no podía hacer más daño.
- Hattori, ¿estás bien? - Preguntó Conan preocupado.
- Estoy bien, Kudo - respondió mientras intentaba recuperar el aliento.
Sin preocuparse mucho por su estado, reingresó rápidamente al departamento. Lo primero que hizo fue atar de manos al secuestrador para asegurarse de que no escapara. Lo siguiente fue ayudar a su amiga. Corrió hasta dónde estaba tendida. La revisó cuidadosamente con la mirada. "Le falta la chaqueta que tenía puesta", observó. Kazuha vestía una remera rosa de mangas cortas, una pollera corta de jean y unas botas largas de cuero marrones.
Tomó el brazo de su amiga y limpió la sangre que había en él. Se rasgó la remera y lo vendó. Después, retiró el cuchillo de su pierna y comenzó a ejercer presión sobre la misma para detener la hemorragia. De esta forma, su mano comenzó a empaparse de sangre. Finalmente, sacó su teléfono con la mano que le había quedado libre, y marcó 119.
Conan, por su parte, estaba de nuevo en el piso 22 para recuperar sus tiradores. Entró al balcón del departamento, los desenganchó y agradeció a la dueña de casa que lo dejó pasar. La primera vez para ir al baño y la segunda "porque había olvidado algo". Una vez hecho esto, volvió hasta donde estaba su amigo de Osaka, que cuidaba de Kazuha.
- ¿Puedo ayudarte en algo? – Inquirió con cortesía.
- Sí, de hecho, sí. Cuidá la herida de Kazuha un momento.
Conan se arrodilló junto a la chica y colocó con mucho cuidado la mano sobre el muslo de la chica, tratando de no mirar a Hattori. No deseaba que el otro explotara de los celos. El adolescente se sacó la campera y se la puso a Kazuha. Afuera estaba helando y no quería que enfermara. Tendría que retarla más tarde por ir tan desabrigada.
Una vez que se quitó la campera, Hattori le pidió fríamente a Conan que soltara a su amiga para retomar su tarea de evitar que la chica se desangrara.
Shinichi notó que Kazuha estaba recuperando la consciencia. Era hora de marcharse.
- Lo mejor será que me vaya – anunció -. Ran cree que estoy dormido y si no me encuentra en la cama me va a matar.
- Está bien, Kudo. De ahora en más, yo me encargo – aseguró con una leve sonrisa el mayor.
El niño asentó con la cabeza y partió de la habitación.
Apenas abrió los ojos, Kazuah se encontró con el rostro de su mejor amigo, muy cerca del suyo. Le dolía la pierna. Estaba cansada. Tenía mucha hambre y sed.
- Kazuha, ¿estás bien? - Le preguntó el moreno.
- Estoy bien – musitó.
- ¿Cómo te llamas? – Inquirió repentinamente.
- ¿Por qué me preguntás mi nombre, idiota? Ya lo sabés – replicó entre ofuscada y confundida.
- Tonta, son preguntas de rutina para ver que todo funcione correctamente - la ilustró.
- Ah, ahora lo entiendo. Mi nombre es Kazuha Toyama - aseguró alegremente. Sabía que al menos su cabeza estaba bien.
- ¿Qué día es hoy? - Continuó el muchacho.
- Hoy es lunes. ¡Tengo examen de matemática! - Exclamó preocupada.
- Y, ¿estudiaste?
- No. De hecho, ¡no entiendo nada! – Chilló desesperada.
- ¡Calmate, idiota! - Rió Heiji y le acarició la frente-. En unos minutos va a venir una ambulancia. Aguantá, por favor.
Se veía tan preocupado. La muchacha no se contuvo y empezó a sollozar. Se sentía culpable.
- ¿Te duele la pierna? - preguntó.
- Un poco.
- Perdóname, Kazuha, te lastimaron por mi culpa. No te supe proteger - se lamentó.
- No te disculpes, Heiji, no fue tu culpa. No debí haber sido orgullosa, debería haberte dicho que me daba miedo ir al laberinto. De ese modo, nada de esto hubiera sucedido - farfulló angustiada mientras intentaba sentarse. Parecía que pronto comenzaría a llorar.
- ¡Tonta! No te esfuerces - la asistió -. Te ves agotada.
Y lo estaba. Heiji la sostenía con su brazo derecho, Kazuha posó su cabeza sobre su hombro. Él todavía tenía su mano izquierda sobre su muslo, toda ensangrentada. La chica al percatarse de esto, de que una parte de la remera de su amigo se había vuelto improvisadamente una venda para su brazo y de que el otro le había dado su campera sólo supo dedicarle una mirada cargada de afecto y gratitud.
- Por cierto, tu listón. Lo estuve cuidando por vos - anunció, intentando animarla y esbozando una leve sonrisa.
Ella lo miró sorprendida. No se imaginó que fuera a tomarse la molestia de guardarlo. Era algo tan innecesario. Lo tomó tímidamente y permaneció un rato en silencio contemplándolo. Primero al listón y después a su amigo. "Sos tan tierno", pensó conmovida.
- Heiji… - lo llamó.
- ¿Qué pasa?
- ¿Por qué cuidás tanto de mí? - Preguntó expectante.
Conectaron sus miradas. Sus mejillas se pusieron coloradas. El chico de Osaka mantuvo silencio, sin responder.
Unos segundos más tarde, la policía ingresó a la habitación.
- Chicos, ¿están bien? - Preguntó el señor Toyama, que se apresuró a socorrerlos.
- Le hirieron la pierna, tiene un corte en el brazo y sufrió un golpe en la cabeza – detalló velozmente Heiji.
- Bien, vamos a la ambulancia - indicó y se llevó a los jóvenes.
- ¿Todo está bien? - Le preguntó Heizo a su colega.
- Están bien, los voy a llevar al hospital. Encargate de ese tipo - le guiñó un ojo. - Enseguida vuelvo a ayudarte.
- Muchas gracias, Toyama.
Los tres abandonaron el edificio en una ambulancia.
La policía desató y reanimó al papá de Rui, este se fue incorporando lentamente hasta que por fin pudo hacerlo. Un oficial le puso las esposas y Heizo anunció:
- Usted está detenido. Igualmente, hay algo que debo decirle sobre su hijo. - Haruto prestó mucha atención a las siguientes palabras -. Recientes pericias determinaron que Rui no cometió suicidio. Encontraron en su celda esta nota - le entregó un papel -. Se trataba de una muerte accidental. Lo lamento mucho.
Haruto tomó la nota y procedió a leerla.
"Papá: lamento haberte decepcionado. Solo quería ayudarte y ser buen hijo, pero me doy cuenta de que me equivoqué. Espero que puedas perdonarme. Hoy me voy a fugar de la cárcel para empezar una nueva vida. El detective Hattori me hizo ver que para ayudarte no debo hacer cosas malas. Aunque escaparme sea una de ellas no puedo dejarte solo. Planeo buscar trabajo para que podamos recuperar lo perdido y voy a mandarte plata. No vamos a poder vernos por un tiempo, pero en cuanto pueda te voy a llamar. Rui".
Luego de leer las palabras, arrojó la nota al suelo, cayó en sus rodillas y comenzó a llorar desconsolado.
- Nunca vas a decepcionarme, hijo - sollozó desconsolado.
- Su hijo se hirió las muñecas para ser trasladado a la zona de enfermería. Fingió un intento de suicidio para realizar su cometido que era escaparse de prisión. En la enfermería, ubicada en el cuarto piso de la penitenciaría, es donde menos vigilancia hay. Quiso escaparse por una de las ventanas, se resbaló y cayó - explicó Heizo. - En verdad, lo lamento mucho.
Ya habían cerrado y vendado las heridas de Kazuha. Junto a Heiji, esperaba por los resultados de unas radiografías para determinar si el golpe que había recibido en la cabeza no había ocasionado ningún daño. Su papá, luego de asegurarse que estuviera bien, se había ido. Tenía que trabajar. Ella estaba acostumbrada a esta clase de idas repentinas, por lo que no se enfadó con él. "Que te vaya bien en el trabajo", lo despidió.
En cuanto el señor Toyama los abandonó, un silencio se apoderó del cuarto. Heiji solo le habló a Kazuha para preguntarle si se encontraba mejor, a lo que ella respondió afirmativamente. No intercambiaban miradas. Estaban más concentrados en sus pensamientos. Heiji, en las palabras de su amigo Kudo. Kazuha, en las de su amiga Ran. Ella estaba sentada en la camilla del consultorio recogiéndose el cabello, él con una mano sobre su mentón y la cabeza inclinada, reflexionando. Cuando acabó de atarse el pelo, miró a su amigo. Todavía vestía la remera negra rasgada. Permaneció estudiándolo con la mirada hasta que él la descubrió.
- No te respondí - señaló el chico, dejando su postura y acercándose hasta ella.
- ¿Qué? - Cuestionó confundida.
- Me preguntaste por qué te cuido tanto - le recordó.
Ella permaneció en silencio, bajó la cabeza y se ruborizó.
