Capítulo VII: Confesión
- No tenés que responder si no querés - repuso la joven.
Estaba nerviosa. Quería saber la respuesta a su pregunta. Pero también sabía que su amigo era bastante torpe en asuntos del corazón. Sin embargo, se lo veía tan seguro y confiado, como cuando develaba la verdad de algún caso difícil. "Sólo le falta la brillante sonrisa", opinó.
Ella no decía nada. Esperaba con paciencia. Aunque también era consciente de que si volvía a escuchar una tontería como "tus cabellos tocaban mi cuello y me hacías cosquillas", sería capaz de reunir la energía necesaria proveniente de su orgullo para administrarle algún golpe. O no. Estaba indeciso. Ella ni siquiera lo miraba en ese momento. "A lo mejor será más fácil de este modo", pensó el joven.
Muchas veces había considerado expresarle sus sentimientos, pero por una cosa u otra nunca pudo hacerlo. Una determinación se apoderaba de él. Las palabras de su amigo, Shinichi Kudo, invadían nuevamente sus pensamientos. Era cierto lo que le había dicho. Tenía mucha suerte de tenerla a su lado todo el tiempo, y no confesar sus sentimientos era algo estúpido. ¿Qué tal si algún día un tipo aparecía e intentaba robarle a su primer y único amor? No podía permitirlo. Siempre supo que tuvo un temor al respecto. Pues, ¿qué pasaría si ella no sentía lo mismo? ¿Y si lo rechazaba? ¿Terminaría su amistad? ¿Se enfadaría? ¿La perdería para siempre? No, no debía volver a pensar en esos miedos, si no corría el riesgo de que la inseguridad reapareciera y, por consecuente, careciera del valor para proseguir. "Vamos, Heiji Hattori, enfrentás asesinos seriales a diario, esto debería ser pan comido".
Consideró seguir su instinto y dejar que las palabras fluyeran, que todo se produjera como si se tratara un violento impulso que no pudo contener.
- Kazuha, si cuido mucho de vos es porque significás mucho para mí – inició. - De hecho, hay algo que quiero decirte. No sé por qué no te lo dije antes, pero no quiero esperar más porque me di cuenta de que si sigo esperando quizás sea demasiado tarde. Ya no me importa el miedo que sentí antes al respecto…
- Te vas a ir a resolver un caso, ¿verdad? - interrumpió ella, bajándose de la camilla. Heiji advirtió que su amiga dijo esto con mucha resignación.
- ¿Qué? - Repuso extrañado arqueando una ceja.
- ¡Vas a irte como tu amigo! - Sollozó - ¿No es así? Se trata de un caso difícil, ¿verdad?
Heiji se quedó viéndola con una expresión que parecía decir "¿Me estás cargando?". ¿Tanto se había estado debatiendo hace unos pocos segundos para escuchar estas incoherencias?
- ¡Tonta! No me voy a ningún lado - contestó molesto. - ¿Por qué habría de hacerlo? Lo que intento decirte es que…
- ¿Acaso te gusta una chica? - Se aventuró a preguntar muy asustada y aún con rastros de lágrimas en sus ojos.
Heiji se enfureció aun más, Kazuha no paraba de decir locuras.
- No, tonta. ¿Podrías cerrar tu bocota y dejarme terminar? - Pidió impaciente.
- Ah, así que ahora resulta que tengo una bocota… - respondió enfadada y se secó las lágrimas - Heiji, sos un idiota. Yo creía que te preocupabas por mí.
Heiji suspiró con impaciencia, se sentía un imbécil. Había decidido confesarle sus sentimientos a su mejor amiga arriesgando por completo su amistad, y esta no parecía estar dispuesta a escucharlo a menos que se tratara de las locuras sobre las que había inquirido. Igualmente no podía culparla, había salido con cada estupidez en el pasado.
Kazuha estaba cruzada de brazos y no le dirigía la mirada, bastante molesta por el último comentario. Pero en realidad ella estaba esperando que él se disculpara.
Heiji dio otro largo suspiro. Puso una de sus manos sobre el hombro de la chica ocasionando de ese modo que ella se volteara y lo ojeara sorprendida. No pensaba disculparse. Sin embargo, se acercó hasta ella lentamente. "¿Por qué se está acercando tanto?", se preguntó, nerviosa. Heiji tomó su rostro, muy seguro, ya sin miedo, y la besó tiernamente dejándola atónita.
Jamás pensó que Heiji se atrevería a hacer algo parecido. No obstante, ahí estaba, realizando su sueño más grande, su deseo más profundo. Estaba viviendo la confesión de su amigo que tantas veces se había imaginado. Sus labios eran tan suaves y tan cálidos. Quería detener el tiempo y quedarse en ese instante. Su corazón latía con fuerza. Una adrenalina recorría todo su cuerpo y eso la hacía sentirse más viva. Era tal la dicha que sentía. No quería que el beso terminara…
- Heiji… - atinó a decir después del beso.
- Kazuha, lo que estaba tratando de decirte hace un momento es que… te quiero - confesó.
Ella sonrió. La ternura en la mirada de su mejor amigo la conmovió. La observaba como si fuera la persona más especial en el mundo. Sus ojos, tan puros y sinceros. Tan pero tan bellos. Sabía que nunca en su vida amaría tanto a otra persona. Él era especial, ¿alguna vez conocería a otro chico igual? Sospechaba que no, pero qué importaba si lo conocía. Sólo lo quería a él. Con él quería compartir su soledad. Pasar el resto de los días…
- Creo que hace un rato tenía razón… - comentó con serenidad.
- ¿Cuando dijiste que era un idiota? - Preguntó Heiji nervioso y retrocedió un paso. Kazuha tomó su mano.
- No… cuando pensé que mi mejor amigo era de lo más tierno - él se sonrojó -. Yo también te quiero. Te amo, Heiji.
Lo abrazó y lo volvió a besar. Esta vez, ambos se sintieron más tranquilos y todo fue más natural. Estaban felices. Se correspondían. No terminaba su amistad. Al contrario, empezaba una nueva etapa para ellos, una más hermosa. Sus labios seguían unidos. Sus corazones estaban tan acelerados que parecía que se les saldría del pecho. Se tomaban de los rostros. Un calor, muy agradable, nacía en el interior de sus entrañas y ascendía a lo largo de su cuerpo. Era todo tan perfecto. Tan único.
- Ay, perdón… - una voz los interrumpió.
Las figuras de Heiji y Kazuha se quedaron inmovilizadas de la vergüenza. ¡Habían sido descubiertos! Los dos se soltaron y se alejaron a la velocidad de la luz, como si fueran dos niños a los que habían descubierto después de hacer alguna travesura y estuvieran intentando cubrir su crimen. Era el médico que había atendido a la joven hacía unos momentos. Permanecía en el umbral de la puerta y traía unas radiografías.
- Disculpen mi intromisión - dijo divertido e ingresó al consultorio - pero es que estuve revisando estas placas y no hay nada por qué preocuparse. Así que ya puede irse pero debe descansar, ¿me ha entendido, señorita Toyama?
- Sí… - contestó tímidamente. Aquel doctor había presenciado uno de sus primeros besos.
- Muchas gracias, doctor - dijo Heiji con gratitud -. Bueno, Kazuha, ¿vamos a casa?
- Si… - esbozó una sonrisa.
Heiji tomó su mano, se dirigió hasta el umbral de la puerta y ella se despidió del doctor.
- Muchas gracias, de verdad.
- No hay problema, señorita. Por cierto… - se detuvieron y se voltearon hacia el doctor. - No sabía que Heiji Hattori tuviera novia.
La piel de ambos se tornó absolutamente roja.
- ¡No somos novios! - dijeron al unísono avergonzados y se marcharon.
El doctor rio. "Qué par…".
Al salir del consultorio, ambos dieron un largo suspiro y se pusieron en camino hasta la salida. Cuando estaban por salir, Kazuha se sacó la campera de Heiji e intentó regresarla, pero él no se la aceptó:
- Afuera hace mucho frío y ya te hirieron por mi culpa…
- Pero tu remera, la rasgaste. Yo estoy mejor, de verdad. Hace frío, vas a enfermarte - insistió.
- No te preocupes, voy a estar bien. - volvió a abrigar a su amiga.
Apenas abandonaron el hospital, se encontraron con el Inspector Goro Otaki.
- Señor Otaki, ¿qué hace acá? - Preguntó el muchacho sorprendido.
- Me contaron lo que pasó con Kazuha y quería darte una mano. Acá están las llaves de tu motocicleta - se las entregó -. Un oficial la trajo hasta acá por mí. Y también te traje un abrigo.
Hattori sonrió.
- Muchas gracias, Otaki.
- No te preocupes. Si querés puedo llevarte hasta tu casa en el patrullero.
El chico de Osaka hizo ademán de ponerse la campera que le habían traído.
- No hace falta.
- Bueno, será hasta la próxima.
Heiji asentó con la cabeza. Goro Otaki se alejó de los muchachos, subió al patrullero y se puso en camino de regreso a la comisaría. Los jóvenes sacudieron sus manos despidiendo a su amigo.
- Bueno, ahora sí. Vamos a casa - indicó Heiji.
- Sí… - afirmó Kazuha contenta. Por fin terminaba su aventura.
Ambos caminaron hasta la motocicleta de Hattori, que no estaba muy lejos de allí. Él le dio un casco a Kazuha y luego se puso el suyo. Se subió al vehículo, y detrás suyo se sentó su, sí todavía, amiga. "Agarrate fuerte", indicó. Ella lo obedeció. No se demoraron más de veinte minutos hasta llegar a la casa de los Toyama. Ambos estaban agotados y muy pensativos por lo que había ocurrido unos momentos antes en el consultorio. Coincidían en que había sido todo muy agradable, se habían sacado un peso de encima, pero… ¿Y ahora qué?
Kazuha se bajó de la moto, se quitó el casco y se lo entregó a su mejor amigo. Permaneció unos momentos observándolo.
- ¿Qué te pasa? - Le preguntó preocupado. La notaba confundida.
La chica comenzó a jugar con sus dedos, nerviosa. Estaba intentando hallar las palabras correctas pero la timidez la traicionaba. Tenía la mirada clavada al suelo.
- Es que… después de lo que sucedió hoy… nosotros… no…
- No te preocupes, claro que sí - dijo sereno.
- ¿De verdad? - Preguntó ilusionada.
- Claro. No le voy a decir a nadie que te asustaste en el laberinto - prometió alegremente.
Ella se quedó muda, bastante desilusionada. Heiji Hattori podía ser el mejor detective del Oeste, pero cuando se trataba de asuntos sobre su propia vida, no había caso. Dibujó una leve sonrisa y lo miró con ternura. Qué ingenuo podía ser. No tenía ni la remota idea de lo que intentó decirle hace unos momentos. "Iba a pedirte que fueras mi novio", se dijo a sí misma.
Él le devolvía la mirada segura de siempre. Volvió a aproximarse y provocó que el detective nuevamente se ruborizara. Para la sorpresa de Heiji, no se trataba de otro beso. Kazuha tiró de su mejilla derecha con fuerza.
- ¡Tonta! ¿Qué hacés? - Se quejó e intentó liberarse de sus pellizcos.
Kazuha rio.
- Quería asegurarme de que el chico que hoy me salvó y me confesó sus sentimientos era el verdadero Heiji Hattori.
- Boba, claro que soy yo - replicó acariciándose la mejilla ofendido.
Ella sonrió. Le devolvió el gesto.
- Buenas noches, Kazuha. Descansá por favor, mañana tenemos que acompañar a Mouri y a Ku… a Conan hasta la estación.
- Sí. Gracias por todo, buenas noches, Heiji.
En realidad no quedaba nada de noche. Al contrario, pronto se asomaría el sol dando comienzo a un nuevo día. El partió en su motocicleta. Ella se quedó mirándolo hasta que su figura desapareció en el horizonte. Esbozó una sonrisa, satisfecha. Lentamente caminó hasta su casa y entró como si regresara del colegio o de una práctica de Aikido.
-Mamá, ya llegué - anunció.
