Disclaimer: Resident Evil y todos sus personajes pertenecen a Capcom © A pesar de lo que han hecho en el último tiempo con la franquicia, seguimos amándolo como el primer día, por eso escribimos con todo nuestro cariño sobre estos personajes tan entrañables.

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Ilusión

Por Stacy Adler y Ary Lee


Las habitaciones de hotel solían tener características muy reconocibles, pues casi todas compartían ese aire impersonal y frío que te hacía sentir como persona non grata al llegar. Encender la luz no mejoraba las cosas, puesto que los rincones desvaídos mostraban con mayor claridad esquinas de alfombra apolillada, papel de pared descascarado, y el marco de una ventana próximo a la corrosión.

Mientras el mundo lamentaba la desaparición de Raccoon City —donde las verdaderas razones se mantenían ocultas bajo un manto de turbias mentiras—, tres de sus más sacrificados sobrevivientes compartían una de esas deprimentes habitaciones en un espeso silencio. Sherry Birkin, la menor, que dormía en la cama más grande de las dos habitaciones disponibles, con sus escasos doce años había sido obligada a saltarse buena parte de su infancia. De un momento a otro debió crecer y madurar de golpe, pues sin haber estado preparada para enfrentarse a las atrocidades que Umbrella le obligó a soportar, sabiamente intuyó que su único objetivo era subsistir a toda costa. Y aunque en lo más mínimo le resultó sencillo, Sherry y sus protectores finalmente pudieron conseguirlo.

Claire Redfield y Leon Kennedy mataban el tiempo y la ansiedad como mejor les salía. Dado que Claire compartía habitación con Sherry, Leon se había quedado la otra, que pese a ser más pequeña e incómoda, le resultaba perfecta para encontrar la intimidad y libertad necesarias para dar rienda suelta a esos sentimientos de frustración que, en forma desagradable, empezaban a perturbarle con más saña con cada minuto que transcurría, lóbrego, de garras sanguinolentas aferradas a su garganta.

Realmente le resultaba inquietante cerrar los ojos, con esa simple acción su cerebro comenzaba a evocar las sensaciones más siniestras de aquel infierno; aún podía oler la pestilencia que emitían esas criaturas, e incluso bastaba con que se quedase en silencio durante un par de segundos para volver a escuchar el paso errático y desgarrador con el que esos monstruos se trasladaban en busca de alimento. Parecía una alucinación de mal gusto, pero Leon sabía que el hedor de la sangre coagulada que emitían esas aberraciones hambrientas de carne humana, definitivamente no habían sido el resultado de una simple alucinación. Todo aquello que vio, olfateó y escuchó... fue tan real como la bala que se incrustó en su hombro, y por desgracia para su bienestar emocional, tan real como el beso que Ada Wong había depositado en sus labios.

—Déjame ir —había dicho, mientras su mano se aferraba desesperadamente a la suya—, quería de verdad escapar contigo.

Apretó la mandíbula y con brusquedad sacudió la cabeza. No necesitaba rememorar la manera en que Ada se soltó de su mano, no creía ser capaz de soportarlo, ya tenía suficiente con todas las pesadillas que lo atormentaban a diario; volver a presenciar su muerte a través de esos recuerdos solo provocaría que sus heridas se tornasen perpetuas e intratables. Si realmente deseaba avanzar, por muy doloroso o injusto que pareciese, era momento de alejarla de su cabeza. Tenía que enfocarse en obtener justicia, acabar con Umbrella y proteger a Sherry, se suponía que esas debían ser sus prioridades como policía, —pues por muy lamentable que hubiese sido su primer día, en cierto modo aún sentía que lo era—. De cualquier manera, como policía o simple civil, la resiliencia siempre había sido una de sus mejores fortalezas. Ada podía continuar orbitando en lo más profundo de su mente, pero Leon no pensaba permitir que su recuerdo le detuviese, quería creer que aún podía reponerse.

Pese a todo, siempre lo había hecho… eventualmente.

Volvió a agitar la cabeza. Sherry era su prioridad más inmediata. También lo era Claire, si bien demostró con creces que no necesitaba ser protegida, eso no significaba que no le hiciera falta una buena dosis de apoyo moral.

Bien sabía Dios que él ansiaba un poco con urgencia.

Contrariado, Leon se frotó el puente de la nariz con dos dedos por enésima vez. Se sentía cansado, más cansado que nunca en su vida, pero no era capaz de dormir. El sueño rehuía sus intenciones como burlándose de él desde que, junto a Claire y Sherry, consiguieron escapar de aquella ciudad maldita. ¿Era posible que su cuerpo se negara a rendirse por puro instinto? Pero ya no estaba en las calles de Raccoon, no necesitaba mantenerse alerta. Allí estaban a salvo…

—¿Y esa expresión?

Leon se volvió en dirección a la dulce voz de Claire, algo sobresaltado.

—Perdona, ¿te asusté? —continuó ella en tono juguetón. Tenía ambas manos tras la espalda, con el mismo ademán de un niño escondiendo algo de su madre. El policía negó en silencio—. Pensé que tenías algunos problemas para relajarte, así que traje un remedio infalible… —Acto seguido, adelantó ambas manos mostrando una impecable botella de vino tinto. A Leon se le hizo agua la boca con la visión de algo tan mundano—. ¿Qué tal? Fui a la tienda y tenían esta preciosidad. Bueno, tal vez no sea el vino más selecto que hayas probado, pero seguro que cumple su función —añadió, observando la botella con el ceño fruncido.

—Eres increíble. —Su rostro dibujó una media sonrisa.

Sin variar un ápice el chispeo de sus orbes azules, Claire, que tenía la boca abierta de puro gozo, desvió la mirada hacia su estresado interlocutor.

—¿Qué te puedo decir? Soy una universitaria. Sé más de licor que de las materias que me faltan por rendir.

—Eso no explica por qué eres tan buena en el combate cuerpo a cuerpo.

Era una duda que Leon deseaba resolver desde que la vio desenvolverse tan bien con su pequeño revólver, al que cambió los cartuchos con una rapidez que, lo supo sin temor a equivocarse, no provenía de una simple muchacha cualquiera.

Ella se limitó a encoger los hombros, entrando finalmente a la habitación sosteniendo el vino como si fuese un importante trofeo.

—¿Recuerdas que te hablé de mi hermano Chris? No solo es policía —dejó la botella en la mesita de centro—, sino miembro del escuadrón de élite S.T.A.R.S. No iba a permitir que su hermana pequeña cumpliera mayoría de edad sin entrenarla adecuadamente para defenderse de cualquier pervertido.

—¿Y su método de prevención fue enseñarte a usar también armas de fuego? —Reflexionó con una mano bajo su mentón—. Nada sutil, pero efectivo —aceptó en broma

Claire dejó escapar algunas risillas. Luego, volvió a salir de la habitación perdiéndose en la cocina para regresar menos de quince segundos después con dos vasos de vidrio. No eran copas, pero a ninguno de ellos le importaba en absoluto.

—¿Haces los honores, señor Kennedy? —dijo burlona.

Con ayuda de la navaja multiuso que colgaba en su llavero, Leon comenzó a buscar su viejo y fiel abridor, en cuanto logró dar con él, sus manos rápidamente procedieron a descorchar la botella.

—Creo que nos merecemos un brindis —murmuró, mientras llenaba los recipientes—. ¿Quieres empezar?

En respuesta, Claire volvió a otorgarle una sonrisa, tomó asiento sobre el piso alfombrado y con un gesto de manos lo invitó a posicionarse al otro extremo de la mesa.

—Vale… —siseó, en tanto alzaba su vaso. De pronto su rostro había adoptado un matiz melancólico y taciturno—. Pese a toda la mierda que vivimos en Raccoon, finalmente logramos salir de una pieza. Esto es por Sherry y por nosotros.

—Por Sherry y por nosotros —sentenció Leon.

Bajo un toque efímero y sutil, ambos hicieron chocar sus vasos. Dieron el primer sorbo a sus bebidas y eso bastó para que la exquisitez del cabernet les brindase una agradable sensación de placer vigoroso. Era algo de tintes surrealistas que luego de vivir una experiencia tan extrema el sabor del vino les pareciera el mismo de siempre.

—Vaya, Redfield, ¿quién hubiera pensado que una chica con expresión tan dulce como la tuya, bebiese de semejante forma? —comentó, haciendo alusión a su vaso que acababa de quedar vacío—, aunque no puedo culparte, por alguna razón que desconozco este vino también se me está tornando adictivo.

—Bueno, las apariencias engañan —respondió con simpleza—, si no me hubieses confirmado que eras poli, probablemente seguiría pensando que eres miembro de una boyband

Una carcajada espontánea, de esas que hace mucho tiempo no liberaba, brotó con naturalidad de sus labios.

—¿Qué rayos? No soy tan guapo… —Claire entornó los ojos con fingido disgusto—. Okay, sí lo soy. ¿Contenta?

Ella notó que todavía estaba bromeando, que no se lo creía, así que rellenó su vaso con rapidez bajo la mirada divertida del joven.

—¡Salud! —Alzó el vaso hacia Leon—. Por los policías de rostro perfecto que, en vez de cantar y bailar y ser asquerosamente ricos, prefieren salvar al mundo corriendo por alcantarillas insalubres. —Finalizó la frase arrugando un poco la nariz, gesto que le se veía muy cómico.

—Salud —replicó sonriendo a media asta—, por las universitarias que parecen ángeles pero pueden asesinarte con su pulgar por anhelarlas demasiado.

—No soy un áng… olvídalo —se corrigió bruscamente al notar que estaba hablando igual que él segundos antes.

—Pero sí que estás hecha en el cielo —matizó conteniendo unas carcajadas.

—Ja, ja. Muy gracioso. —Bebió de su vaso con una mueca, al tiempo que Leon vaciaba el suyo—. Mejor no me coquetees, llevo mi arma letal siempre conmigo. —Mostró su pulgar.

—¿Y qué queda para mí? Estoy seguro de que eras quien me coqueteaba.

—Por supuesto —confirmó con expresión reluciente—, tenemos una cita. ¿No ves cuánto romance nos rodea? —Hizo un gesto con ambas manos, abarcando la habitación completa—, supongo que mis rosas están por llegar. Toc, toc.

Ambos estallaron en risas al mismo tiempo y de manera casi sincronizada, como si fuesen un particular dúo musical.

—Entonces, deberíamos oficializar nuestro noviazgo y complacer a Sherry —apuntilló llenándose nuevamente el vaso de vino.

Tras oír el nombre de la niña, Leon captó cómo el rostro de su interlocutora comenzaba a reflejar tristeza y cierto grado de preocupación.

—Eso definitivamente la haría muy feliz —murmuró, repentinamente desanimada.

Sin poder evitar que su mente volviese a ser acosada por el desgano, la desesperanza y un sinfín de pensamientos pesimistas, Leon se removió incómodo, bebió un extenso trago de vino y en forma inconsciente apartó la mirada. Claire debía estar experimentando la misma sensación de impotencia que él, esa que resultaba ineludible, pues se adhería a sus entrañas como la peor hiedra venenosa que la botánica hubiese tenido el espanto de conocer. Y no, el vino no estaba ayudando a apartarla, solo aplacaba un poco el efecto en su estado de ánimo, pero no lo suficiente.

—Sherry estará bien —afirmó en voz baja—, nos aseguraremos de que así sea.

—Es una niña de doce años, Leon. Toda esta mierda le arrebató su infancia, ¿qué va a pasar con ella de ahora en adelante? No la dejarán en paz y lo sabes. —Acto seguido, dejó su vaso nuevamente vacío a un lado. Se le había revuelto el estómago pensando en el futuro de Sherry, nada prometedor.

—Ya tengo algunas ideas que servirán para protegerla. —Se inclinó hasta dejar los codos apoyados en sus rodillas—. Cielos… estoy tan preocupado como tú.

—Lo sé.

—Pero, Claire, tú debes ir a buscar a tu hermano. Tu prioridad es encontrarlo, nosotros te esperaremos. Sabes que te apoyo.

—Lo sé, lo sé… —suspiró hondo—. No quiero dejarlos.

—Vamos a estar bien.

La mirada de la muchacha reflejaba todo aquello que no conseguía exponer en palabras. Leon intuyó que su preocupación no era infundada, mal que mal, él tenía solo veintiún años. ¿Qué podía saber de cuidar a una niña? Aunque Claire fuera menor que él, al menos entre ambos podrían ayudarse mutuamente. Además, ella era muy buena con Sherry, una hermana menor en toda la regla.

Si debía ser completamente sincero, no tenía muchas ganas de separarse de Claire. Aunque solo fueron unas horas, el haber contado con su presencia mientras se enfrentaba al desastre de Raccoon City caló hondo en su interior, e incluso durante los pocos días que llevaban viajando juntos, esa sensación de seguridad se había afianzado con creces. Estaba preocupado de que, al buscar a su hermano, las cosas no salieran bien y no pudiera ayudarla, como también el quedarse solo con Sherry y que la niña echara demasiado de menos su presencia.

—Bueno, pero el objetivo de esta noche no es desanimarnos —dijo Claire, mientras su expresión volvía a adquirir un destello de jovialidad y entusiasmo—. Sherry duerme plácidamente, nosotros aún tenemos media botella de vino, y la cita se acerca a esa parte en donde aparece un tipo vestido como Frank Sinatra y empieza a interpretar una maravillosa canción romántica para nosotros.

¿Cómo no encariñarse con una chica así? Fue lo que pensó el policía, admirando lo bonito que lucía su rostro cada vez que sonreía y, es que en realidad, no solo se veía atractiva cuando sus labios esbozaban una sonrisa: Claire Redfield poseía una belleza innegable incluso cuando estaba seria o inexpresiva.

Aunque, tampoco la estaba contemplando bajo la influencia de un deseo sexual reprimido, de hecho, se trataba de algo completamente opuesto, algo puro y desinteresado. Sin ninguna lógica de por medio, descubrió que también era capaz de albergar sentimientos de ese tipo, no solo aquellos que… mejor ni pensar en eso. Después de todo, tenía en claro que su repentina fijación por Claire se debía a que la joven guardaba muchas similitudes físicas con su exnovia.

Pues por muy banal o insignificante que resultase, debía admitir que había sido incapaz de ignorar aquel detalle.

—Tienes razón —comentó, en tanto cogía la botella y se animaba a llenar los vasos. No debía estar razonando acerca de algo tan estúpido e intrascendente, en esos momentos, pensar en su exnovia era completamente innecesario—. ¿Viste Casablanca?

—Obviamente, es un clásico. —Rodó la mirada hacia las alturas.

—Pues… prepárate: ahora nos cantarán «As time goes by» —señaló en tono jocoso, apuntando con las cejas hacia la puerta de la habitación.

Ambos estallaron en risitas llenas de suave alcohol y diversión.

—Propongo que aprovechemos esta instancia para conocernos de manera civilizada.

La muchacha movió su cabeza en señal de afirmación.

—Sin zombis ni balas de por medio. ¡Salud por eso! —Habían perdido la cuenta de cuántos brindis llevaban, pero realmente aquello no les interesaba en lo más mínimo, iban a seguir chocando sus vasos hasta que agotasen la última gota de aquel cabernet—. Bien, siguiendo el hilo de que estamos en medio de una cita, necesito hacerte un par de preguntas.

Incitándole a disparar sus interrogantes, Kennedy la observó, expectante.

—Soy todo oídos.

—Eres bueno con Sherry —opinó, pensativa—, ¿planeas tener hijos?

—Mi novia y yo… —se detuvo y sonrió con gesto sardónico, sabía que debía rectificar esa frase—, perdón… quise decir, mi exnovia y yo lo… consideramos.

—Vaya, vaya… —reaccionó Claire, prestando demasiada atención a esas palabras—. Prosigue, por favor.

—Nosotros pretendíamos tener tres hijos —explicó dando ligeros golpecitos al cristal. Parecía una tragicomedia estar hablando de su ex, cuando hace literalmente un minuto, se había propuesto dejar de pensar en ella—. De hecho, creo que teníamos toda nuestra vida planeada. Casarnos en dos años, el primer hijo un año después, el segundo… Incluso había comenzado a mirar casas para comprar. Claro que con mi sueldo de poli, no era tanto a lo que podía aspirar, pero mi no… exnovia —clarificó por segunda vez, algo avergonzado— quería algo grande y soleado. Eso me obligaba a mirar hacia las afueras de la ciudad.

—Parece que aún no te acostumbras a llamarla «exnovia» —mencionó con las cejas arqueadas.

—Si consideramos que me pateó un par de días antes de viajar a Raccoon City, supongo que es normal no acostumbrarme todavía. —La frase emergió con más dureza de la que pretendía, por lo que Leon se arrepintió al instante.

Sin embargo, Claire lo sorprendió al chasquear ligeramente la lengua, mirándolo con ojos relucientes de compasión.

—Lo siento, Leon. —Por debajo de la mesa alargó una mano y la posó delicadamente en su rodilla—. No quise incomodarte.

—No, perdóname tú a mí. Obviamente no sabías nada, supongo que sigo un poco tenso.

Claire sonrió dándole una palmada ligera, luego volvió a su posición original.

—Vamos a dejar de disculparnos ahora mismo y mejor seguimos bebiendo. ¿Qué pasa con esta cita? —reflexionó en broma, rellenando los vasos con una sonrisa y el ceño fruncido. Esa expresión se le veía tan graciosa, que Leon terminó riéndose sin poder evitarlo—. Exacto, eso es lo que buscamos, reírnos de nuestras desgracias.

—De hecho, me estoy riendo de tu cara.

Portando un rictus fingidamente ofendido, Claire abrió la boca en forma desmesurada.

—¿Estoy tratando de animarte y así es como me pagas? —En medio de lo que pretendía ser una conversación seria, las carcajadas de ambos no tardaron en volver a manifestarse. Claire, que también se estaba esforzando por contener su risa, se llevó el dedo índice hacia los labios y con dicho gesto le indicó que se callase—. Basta, despertaremos a Sherry.

—Lo sé, pero no me pidas mesura cuando me siento un poco ebrio.

—Oye… —retomó, mientras apoyaba los codos sobre la mesa y se inclinaba hacia adelante—. No quiero introducir el dedo en la llaga, pero…

—Tienes curiosidad y quieres saber por qué terminamos —aventuró.

Ante la interrupción de su compañero, que obviamente acababa de atinar en el blanco, Claire no tuvo más remedio que asentir con la cabeza.

—Pero, si no deseas seguir hablando de ella, por mí está bien, no pasa nada… es absolutamente comprensible.

—No, descuida —respondió, tranquilizándola—, dije que aprovecharíamos esta instancia para conocernos y eso es lo que haremos.

¿Cuántas veces habían suspirado ya en ese corto rato? ¿Cuánto más iba a joderlos la maldición de Raccoon en sus vidas, haciéndoles sentir que necesitaban desahogo y contención? En ese momento, Leon supo que tanto sus heridas anteriores a Raccoon como las posteriores se habían, de cierta forma, unificado en una sola que supuraba tristeza y fuertes niveles de toxicidad.

Claire tenía razón: habría evitado hablar de su… exnovia tanto como le hubiera sido posible. No era un tema agradable ni mucho menos.

Pero había algo más: su intuición le decía que Claire podía encausar su dolor de alguna manera. Hacerlo más tolerable, redondear sus esquinas para quitarle filo. Leon odiaba su intuición a veces, porque estuvo sintiéndola todo el tiempo que esa mujer caminó a su lado en medio de las ruinas de Raccoon… Mujer que provocó una fuerte lucha interna entre la confianza que sentía en ella y su intuición, que no hizo más que advertirle en todas esas horas que algo andaba muy mal, a pesar de la aparente transparencia en sus ojos orientales, y las palabras de aliento que emergían de sus labios carmesí.

Era tan extraño. Primero sufrió lo indecible con lo de su ex, principalmente por la forma en que terminaron las cosas y cómo debió hacerse a la idea que todo el plan de vida trazado junto a ella ya no iba más. Recordó haberse encontrado con un vaso de licor en el bar que acogió su quiebre, convencido de que nunca volvería a amar, una trágica decisión impulsada por la valentía que solo se obtiene de los destilados… y luego Ada y su belleza irrumpieron en el estropicio de Raccoon City, impulsándolo una vez más a albergar sentimientos que ya no deseaba vivir.

Muy en el fondo, lo único que buscaba Leon más allá de sobrevivir al siguiente día era un amor tranquilo, sólido, libre de sobresaltos innecesarios. ¿Era demasiado pedir, acaso?

Se sentía un poco mareado, y no precisamente por el alcohol consumido, su malestar se debía a lo ajetreado y confuso que se encontraba su cerebro.

—Hey, ¿estás bien?

Tras oír la pregunta de su interlocutora, Leon alzó la vista y volvió a centrar su atención en ella.

—Sí, lo siento. Parece que me distraje por un momento en mis propias musarañas.

La joven se removió, incómoda. De pronto sus facciones solo parecían reflejar compunción y nerviosismo.

—Discúlpame, no debí insistir con aquel tema —dijo mirándose los dedos.

Adoptando un gesto risueño, el policía movió la cabeza en señal de negación.

—Dijiste que dejaríamos de disculparnos y mírate —refutó, ensanchando una media sonrisa—. No pasa nada, en serio.

Sofocada, la muchacha se cubrió la cara con ambas manos.

—No intentes hacerme sentir mejor, es evidente que el tema te incomoda —despejó su rostro y le miró, arrepentida—, sé que la estoy cagando.

—Por el contrario, Claire, estás haciendo conmigo lo que mi exnovia jamás hizo —explicó, honesto—: permitir que me desahogue sin cuestionar todo lo que digo. No sabes cuánto lo agradezco.

Apenas la vio exhalar el aire y destensar los hombros, Leon manifestó una reacción bastante similar, pues sentía que podía bajar la guardia, finalmente había llegado el momento de asomar la cabeza y abandonar esa improvisada coraza que los últimos sucesos de su vida le habían obligado a ostentar. Ahora estaba en un sitio seguro, con alguien de confianza y que lo hacía sentirse a gusto, sin importar el poco tiempo que llevaban conociéndose. Ya no se encontraba a la deriva, ni yacía en presencia de una mujer cuya credibilidad fuese cuestionable. Claire, a diferencia de Ada, no iba acompañada de aquel aura enigmático y desdeñoso.

Tras advertir que sus pensamientos habían vuelto a ser invadidos por el fantasma de aquella entrañable mujer asiática, Leon se esforzó por disiparlos de inmediato.

—Bueno… empezaré de una jodida vez —espetó, animándose a beber un nuevo sorbo de su vaso—. Nuestros problemas comenzaron cuando ella se enteró de mi interés por ser policía, siempre manifestó rechazo hacia mi vocación, decía que podía aspirar a algo menos riesgoso… y más rentable.

—Suena como si fuese un poco interesada.

—Sí, supongo que era bastante evidente, pero en ese momento jamás lo vi de ese modo. Simplemente creí que ella intentaba ayudarme a ser... mejor. —Mientras su mente atormentada comenzaba a perderse en una serie de recuerdos lacerantes, Leon realizó su mejor esfuerzo por mantenerse centrado e inexorable. Muchas de esas memorias continuaban sin enfriarse y resultaba bastante sencillo dejarse arrastrar por ellas—. Sus argumentos eran tan convincentes que incluso llegué a dudar de mis propias capacidades —sonrió amargamente—, realmente pensé que mis aspiraciones estaban siendo demasiado conformistas y mediocres.

—¿Conformista y mediocre por desear ser poli? —repitió, utilizando las palabras de Leon a la inversa sin ocultar su creciente ira—. ¡Oh, vamos! Arriesgar tu vida por el bienestar de otras personas te hace ser alguien sumamente valiente y respetable. Si hubieses renunciado a tu verdadera vocación por el simple hecho de satisfacer los caprichos prejuiciosos de tu novia, entonces sí te habrías convertido en un pelele mediocre y cobarde. Pero no lo hiciste, Leon, ¿y sabes por qué? —formuló, viéndole atentamente—. Porque eres una persona con valores que no necesita sustentar su éxito personal en base a un puto estipendio económico.

Y, pese al trago amargo que le producía recordar la forma en que su exnovia le había menospreciado, Leon comprobó que escarbar en medio de la llaga no generaba las consecuencias tan terribles que imaginó, a veces podía resultar beneficioso y liberador. A fin de cuentas, desahogarse con Claire y oír que pensaba exactamente igual a él, lo hacía sentirse menos solo, reconfortado y, hasta cierto punto, comprendido. Sin notarlo ya volvía a tener una media sonrisa en el rostro.

—Ahora que lo analizo de manera externa, en verdad lo aprecio de la misma forma en que tú lo haces, pero a veces, cuando crees estar enamorado sencillamente te dejas influenciar. Dejas de ver muchos defectos en el otro y esperas con todas tus ganas que tampoco vean los tuyos...

—Espera —le frenó la muchacha—, ¿dijiste «cuando crees estar enamorado»?

De no ser porque Claire prestó especial atención a esa frase, Leon probablemente la habría pasado por alto, pues siendo franco, aquellas palabras le habían surgido desde la inconsciencia y la naturalidad.

—Sí, eso dije —confirmó, un tanto impactado.

—Entonces, deduzco que la avaricia de tu novia no era el único problema existente entre ustedes, ¿no?

Él resopló hacia arriba. Los mechones delanteros, que caían como cascada sobre su frente, parecieron bailar por un breve instante.

—No lo sé, Claire, creo que conocer a otra persona me hizo entender que, en realidad, nunca estuve enamorado de mi exnovia.

«Oye… qué profundo estamos yendo», pensó la menor de los Redfield comenzando a mordisquearse el borde del labio inferior.

—Diría que la distancia emocional hace que veamos las cosas con otra perspectiva —murmuró sonriéndole al policía.

—Tanto como compartir los problemas con alguien dispuesto a aportar su punto de vista sin imponerse —agregó Leon.

—Y esa otra persona que te ayudó a darte cuenta de esto…

Él suspiró. Su mano cobró vida propia y se aferró al nacimiento de su cabello para peinarlo, aunque la dureza en el gesto más pareció un movimiento destinado a distraerlo que otra cosa.

—Se llamaba Ada… Ada Wong. La conocí poco después de separarnos en la comisaría. Primero me hizo creer que estaba investigando la muerte de su novio John, la defendí cuando Annette Birkin disparó casi a lo loco… Sí, esta herida de bala fue de ese enfrentamiento —confirmó siguiendo la dirección en los ojos de Claire, que apuntaban hacia su hombro—. Ella se hizo cargo de vendarme, pero su agradecimiento fue… mentirme. ¿Sabes, Claire? Desde que salimos de toda esa mierda no paro de pensar que acabaré con Umbrella a como dé lugar. Es lo único que me interesa, pero hay una parte de mí —se llevó una mano al pecho, como identificando el lugar donde le dolía— que no deja de pensar en ella. En esa mujer que me salvó la vida, que jugó con mi confianza, que parecía haber muerto para protegerme…

La chiquilla se envaró como si le hubiesen aplicado corriente eléctrica. Esa reacción distrajo a Leon lo suficiente de lo que venía diciendo como para que su voz se apagara sin terminar la última frase.

—Puedo comprender que sufras por tu exnovia. Mal que mal, ambos tenían planes y estuvieron juntos varios años por lo que puedo entender de lo que me contaste. Sin embargo… cuando hablamos de esa mujer, la situación es muy distinta. Digo, ¡que solo se conocieron por unas cuantas horas! ¿Por qué hablas de ella como si hubieran tenido una relación de años?

Claire hablaba con pasión, mas al poco de exponer sus ideas notó que los ojos de Leon brillaban con algo que parecía vergüenza, como una herida abierta. Se dio cuenta que no se había medido bien y le había hecho daño por no saber cuándo decir lo que pensaba sin filtro. Tragó saliva, arrepentida nuevamente por el efecto que tenían sus opiniones en él.

—Perdóname, no me hagas caso. —Rio. Sonó triste—. Esas fueron las palabras de alguien que no es capaz de confiar en el amor.

—¿Por qué?

Claire se quedó quieta, y todo el ambiente pareció mantenerse en una especie de suspensión.

—Pues… no he tenido una experiencia… ¿cómo decirlo? —Tomó la botella, observándola fijo por unos instantes. Luego, repartió lo que quedaba de vino entre el vaso de Leon y el suyo. Dio un trago largo antes de responder—: Creo que mi introducción al romance fue de manera muy poco ortodoxa.

—Ortodoxa —repitió Leon esbozando una mueca. Culminó el líquido oscuro que quedaba en su vaso, luego alargó una mano para ponerla en el hombro de la muchacha—. A riesgo de parecer un chismoso, me gustaría preguntarte qué fue lo que ocurrió contigo.

Claire mantuvo los ojos quietos en él por unos instantes. Adoptó una expresión muy difícil de descifrar, oscilando entre emociones como la duda y el dolor, que luego deshizo al carraspear desviando la mirada hacia un costado.

—Para responder eso —susurró señalando la botella vacía con un dedo imperceptiblemente trémulo—… necesito más vino.

Sintiéndose horriblemente intrigado, Kennedy maldijo por lo bajo, pues incluso Claire Redfield —que se suponía era una chica buena y debía ser la excepción a la regla—, estaba intentando manipularlo. ¿Por qué todas las mujeres lo hacían sentir así?

—Está bien —aceptó, resignado—, pero al menos dime; ¿quién fue esa persona que te hizo tanto daño? Eres muy joven —añadió como si eso explicara sus dudas.

Mientras los inquietos dedos de Claire empezaban a tamborilear la superficie de la mesa, Leon solo pudo pensar que un desasosiego de magnitudes similares a esas, definitivamente no era el augurio de algo bueno.

Un poco arrepentido por haberla emplazado a hablar de algo que evidenciaba tanto dolor, decidió que el mejor camino era recular. Después de todo, él había confesado sus penas voluntariamente, solo con algunos empujoncitos de la chica, diferente a lo que estaba haciendo con ella.

—Descuida, Claire —dijo alzando las palmas en su dirección—, no tienes que…

—Me involucré con el jefe de mi hermano —confesó interrumpiéndole—, pero hoy no quiero hablar de eso.

La declaración resultó tan abrupta e inesperada que Leon ni siquiera alcanzó a procesarla, pues Claire se alzó del suelo y, como si estuviese huyendo, sencillamente abandonó la estancia dejando una huella de tristeza y licor tras sus pasos.

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Nota de las autoras:

Si llegaste hasta aquí, y tienes la duda existencial de si la historia muere aquí o continúa, tenemos noticias: el siguiente capítulo le da cierre a este relato.

¡No lo dejaríamos ahí, para nada! No somos... tan malas.

*Ary y Stacy se soban las manos mirándose la una a la otra, pensando en lo que se viene después...

Si les gustó el capítulo, agradeceríamos mucho que nos lo hicieran saber a través de un comentario o una alerta de favoritos, follow, etc. Muchas gracias por leernos.

Stacy Adler / Ary Lee