Disclaimer:Resident Evil y todos sus personajes pertenecen a Capcom © A pesar de lo que han hecho en el último tiempo con la franquicia, seguimos amándolo como el primer día, por eso escribimos con todo nuestro cariño sobre estos personajes tan entrañables.
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Arlequín Parte I
Por Stacy Adler & Ary Lee
La noche había caído tan solo algunas horas atrás. A través de la fina cortina que separaba la habitación del frío exterior, un tenue rastro de luz se arrastraba a tientas por el entorno, en un intento infructuoso por aportar algo de iluminación.
La cama que ocupaba el cuarto había sido testigo de muchas escenas de diversa índole, tal vez ninguna tan emotiva como la que se gestaba en ese minuto, con la pequeña Sherry acurrucada en un costado de su salvadora, Claire.
—¿No crees que seré una molestia para Leon? —preguntó la niña en un susurro trémulo.
—En absoluto, pequeña. —Alargó una mano para acariciarle suavemente el rostro—. Te quiere, igual que yo.
Sherry resopló suavemente.
—Ustedes han hecho tanto por mí…
—Y lo repetiríamos mil veces. ¿Qué pasa, por qué estás triste?
—No estoy triste. —Notoriamente apesadumbrada, hizo una breve pausa—. Solo… voy a echarte mucho de menos.
Claire abrió los brazos para que la niña se acomodara en ellos.
—Yo también te extrañaré —aseguró depositando un suave beso en sus cabellos rubios—, aunque todavía falta para que me vaya. No es necesario despedirnos ya —explicó de buen humor.
Sherry permaneció en silencio, pero a modo de respuesta, las comisuras de sus labios no tardaron en comenzar a curvarse hacia arriba.
—Tienes razón —musitó, otorgándole una sonrisa genuina.
Antes de que Claire pudiese agregar algo más, la niña liberó un bostezo cansino y con cierta timidez se acomodó junto a su regazo.
Leon se asomó ligeramente a través de la puerta entreabierta y presenció la escena con ojos rebosantes de ternura. Claire presintió que no se encontraba sola, por lo que giró la cabeza hacia atrás.
—Leon… —susurró, extrañada de verlo allí.
Él le hizo un gesto con la cabeza, invitándola a acompañarlo fuera de la habitación. Claire asintió, pero antes de salir tras sus pasos, dirigió un vistazo rápido hacia Sherry. Le resultó conmovedor, pues tenía los ojos cerrados, la boca ligeramente entreabierta y una ineludible expresión angelical. No sabía en qué momento había sucumbido al cansancio, e incluso se sentía un poco preocupada de que hubiese ocurrido tan rápido, pero también infería que dicho déficit de energía podría guardar relación con los efectos del agente antivírico que le habían inyectado, o quizá, sencillamente se debía a todo el estrés que una niña de su corta edad tuvo la desdicha de soportar. Habiendo transcurrido muchos días desde el incidente en Raccoon, incluso si su cuerpo logró descanso, su mente sin duda continuaba bajo presión. ¿Quién puede enseñarte a llevar el dolor de perder a tus padres? Ella sabía muy bien lo duro que resultaba adaptarse a un cambio tan brusco como aquel.
Fuera como fuese, no podía despertarla… aquello equivalía a cometer un crimen, ni más ni menos.
Siendo en extremo cautelosa, Claire apartó sus brazos del cuerpo de la niña. Despacio se levantó de la cama, le apoyó la cabeza sobre la almohada y con sumo cuidado procuró dejarle en una postura cómoda; en cuanto creyó haberlo conseguido, estiró una manta sobre sus piernas y con ello se aseguró de protegerla del frío.
—Descansa… —murmuró con dulzura, en tanto volvía a depositar un beso fraternal sobre su cabeza.
Claire sabía que en pocos días tendrían que separarse y, pese a haberse mostrado tranquila en frente de Leon y la propia niña, no podía ignorar que el simple hecho de pensarlo la hacía padecer una angustia desquiciante.
Apartando aquellas cavilaciones de su mente, la joven caminó hacia la salida del cuarto y cerró la puerta de manera meticulosa.
—¿Qué ocurre? —preguntó, cuando se unió a Leon en la pequeña sala.
—Quiero disculparme contigo por lo del otro día. —Claire repitió las últimas cuatro palabras usando un tono interrogativo—. He estado dándole vueltas al asunto y… pues, debí haber cerrado la boca en vez de seguirte preguntando por algo que evidentemente te incomodaba mucho, así que he traído esto como tributo…
Al lado de la pata de la mesa se encontraba una bolsa de papel que Leon cogió con cuidado. Al retirarla, reveló en su mano una nueva botella de vino tinto que tomó a la muchacha por sorpresa.
—¡Tarán! —canturreó el policía, señalando el tesoro con la mano libre.
—Se te da muy bien esto de disculparte —bromeó Claire—, aunque realmente no es necesario. Que te disculpes, me refiero. El vino se queda —aclaró cogiendo la botella al vuelo.
—Empiezo a temer por la seguridad de tu hígado…
—Si sobrevivió a mi alocado primer año como estudiante universitaria, dudo que un poco de vino barato acabe con él. No me estoy quejando —añadió apresuradamente—, es una gracia que hayas podido encontrarlo…
—Admito que usé un poco el poder de mi sonrisa con la vendedora. Le faltó poco para pedirme mi identificación, no se creía que ya tengo edad legal para comprar alcohol. —Claire respondió a su comentario con una nueva ronda de risas—. Así que te portaste mal en tu primer año… ¿qué tan mal? —la pinchó sonriendo con inflexión ladina.
—Quieres detalles.
—Ajá. Sórdidos, si fuera posible.
Claire fingió que sopesaba la petición de Leon mirando al techo con ademán distante.
—Supongo que es lo justo, la otra noche te hice hablar bastante, ¿no? Es mi turno —aceptó finalmente—. Por suerte trajiste el vino, sin él, no hay trato.
—Ya, tú y el vino. Voy a ponerme celoso de ustedes dos —se mofó el policía.
—Lo bueno es que podemos compartirlo y nadie se queja; un trío de nosotros y el vino, ¿a quién le viene mal?
Leon estalló en carcajadas por el atrevimiento en esa frase de inicio tan inocente. Siempre le pasaba lo mismo con ella, las risas eran algo obligado cuando se trataba de dialogar con Claire Redfield… quien aprovechó sus carcajeos para coger dos vasos de cristal y comenzar a servir el vino con la misma profunda concentración que Leon ya le había visto hace pocas noches atrás, en que ambos compartieron una botella con mucha conversación —e infinidad de risas— de por medio.
—¿Sobre qué brindamos esta vez? —preguntó la universitaria al tener ambos vasos llenos a tope.
—¿Quieres brindar? No creo que sea necesario. Esta es mi disculpa por haber metido el dedo en la llaga sin saberlo.
—Leon… —Suspiró como si estuviera cansada—. En verdad ya pasó, no hay nada que perdonar. Yo no reaccioné de la mejor forma a tus preguntas, aunque siempre fuiste respetuoso.
—Sí, pero…
—A ver, no te pongas pesado —le cortó; si bien la frase era dura, su tono ligero la transformó en algo gracioso—. Si vuelves a disculparte, yo haré lo mismo por haber reaccionado mal.
—Eso sí que no.
—¿Lo ves? Estamos a mano. Ahora, bebe —ordenó con una gran sonrisa.
—Sí, señora.
El vino era de una marca diferente en esta ocasión, y estaba muy bueno, quizás de un toque algo más dulzón que el anterior. Ambos amigos paladearon su sabor en silencio, sumidos en sus propios pensamientos, y fue Claire la primera en romper la pausa.
—Ese primer año en la universidad…, deberías saber que me porté terriblemente mal —admitió en voz baja, tanto que Leon se vio obligado a aguzar el oído para no perderse detalle—. Ni siquiera sabría decirte la razón si me la preguntaras, aunque también podría remontarme a mi infancia para buscar alguna explicación, como me dijo mi terapeuta alguna vez. —Llenó los pulmones con una sola y profunda inspiración, que pronto se transformó en suave exhalación—. Verás, mi hermano y yo perdimos a nuestros padres en un accidente hace muchos años, hemos sido solo él y yo desde entonces. Creo que la rebeldía que debí sufrir cuando era adolescente se retrasó hasta la universidad. No ha pasado tanto tiempo, pero cuando miro hacia atrás, me veo muy diferente a como soy ahora; es casi como si te hablara de alguien más.
—Mi primer año de academia estuve a punto de ser expulsado por no tomarme nada en serio —confidenció Leon en ese momento, ansioso de aportar algo que le diera a Claire confianza para continuar contando su historia.
—Yo estuve a punto de ser expulsada de la universidad unas tres veces, a lo menos. —Rio de forma amarga—. Creo que a Chris le faltó muy poco para volverse loco conmigo.
Percibiendo cierto nivel de escepticismo en la mirada de su compañero, Claire asumió que debía ser más explícita y minuciosa, después de todo, como había dicho el mismo Leon en su charla anterior, su expresión de niña inocente no parecía combinar con la veracidad de sus palabras.
—Sé que estás pensando en que me veo demasiado inofensiva…
El joven alzó ambas manos en señal de fingida inocencia.
—Hey, yo no he dicho nada, Redfield —se quejó, en tanto se señalaba a sí mismo con un dedo—. Además, creo que estás olvidando que soy policía… sé muy bien que las apariencias engañan.
—Ah, ¿sí? —inquirió, arqueando una de sus cejas—. Dime: ¿serías capaz de imaginar a esta inofensiva muchachita violentando la residencia privada de una anciana de ochenta años? —Sin que Leon pudiera ocultar su estupor al oírle, Claire continuó—: Sí, esa es la misma cara que puso Chris cuando se enteró.
—¿Por qué hiciste eso? —Esta parte del relato no le hacía ningún sentido, al menos de momento.
—No tengo idea, estaba ebria… no sabía beber y bueno, creo que todavía no sé hacerlo bien —acotó dándole una ojeada a su vaso de vino—, pero en ese entonces no me medía con nada. Me bebía todo lo que me ofrecían sin preguntar siquiera su origen, y... ¿sabes? Ni siquiera sé por qué lo hacía.
Leon se encogió de hombros.
—Para encajar, supongo —respondió, como si estuviese justificando su propia actitud en la academia—. En fin, aún no me dices qué pasó en casa de la anciana.
Ahora fue Claire quien elaboró aquel gesto displicente.
—Nada, la vieja simplemente se asustó y llamó a la policía. —Apretó los labios y sus ojos azul claro permanecieron fijos en algún punto a la distancia—. Aunque no la culpo, si yo viera a tres desquiciadas en ropa interior, nadando en la piscina de mi patio, mientras se ríen y regurgitan como idiotas, también habría marcado al novecientos once sin dudarlo.
—Si yo hubiera visto a tres universitarias corriendo por mi patio en ropa interior, no habría tardado en desvestirme y unirme a esa fiesta.
Ambos fantasearon con la escena y se rieron, divertidos. La sola idea de imaginar a Leon, vestido de policía y en medio de ese lío, les hacía estallar en armoniosas carcajadas .
—Agente Kennedy —resolló casi sin aliento—, creo que eso le habría costado su trabajo.
—Sin duda, pero hubiera valido la maldita pena —comentó, aparentando solemnidad—. Bueno, pero volvamos al tema, ¿por qué Chris se fastidió tanto? Aparte de lo obvio.
La sonrisa en los labios de Claire perdió fuerza. Su expresión fue reemplazada por otra que revelaba incomodidad y un poco de vergüenza.
—No me expulsaron de la universidad, pero el reporte policial bastó para que, a modo de castigo, el financiamiento de mi beca estatal se redujera a más de la mitad, y como comprenderás, quien se hace cargo de mis gastos académicos es mi hermano, así que esa noticia claramente le fastidió. Después de eso, nuestra relación se complicó bastante. Chris se puso como un tirano y me advirtió que, si volvía a meterme en problemas, iba a llevarme a Raccoon city a vivir con él.
—Y claro… ¿quién querría vivir en esa pocilga de ciudad? —Fingió un estremecimiento. Claire dejó escapar algunas risas de toque áspero, y trató de distraerse sirviendo más vino en ambos vasos.
—Ya que estamos en un momento de máxima sinceridad… te confesaré que la odiaba. —Leon ladeó la cabeza, sin entender—. A Raccoon City. La odiaba porque representaba el encierro. Para mí, era algo espantoso. Veía a mi hermano cumpliendo su labor de policía en los .R.S. y me preguntaba: «¿cómo diablos aguanta esas calles sucias, los bares llenos de borrachos malolientes y la falta de lugares donde pasar el rato?». A eso quería someterme viviendo allá. Casi me volví loca por la presión…
Ambos hicieron una pausa para tragar un poco más de licor. El sabor amargo de toque dulzón les distrajo lo suficiente como para no seguir ahondando en las desventajas que tenía vivir en una ciudad tan pequeña como lo era Raccoon… que, a pesar de todos sus peros, nunca debió haber sido borrada del mapa.
—Tampoco seas tan dura con tu hermano, creo que pese a entregarte esa amenaza de tintes tiránicos, en el fondo solo deseaba cuidarte.
—Lo sé… —suspiró, cansada—, y me siento como basura por haberle fallado.
—Deduzco que él nunca llegó a enterarse de tu relación con…
—No, Chris jamás lo supo, siempre fui muy cuidadosa en ese aspecto —le explicó, comprendiendo de inmediato a lo que Leon se estaba refiriendo—. Y… supongo que por eso mi remordimiento es tan grande.
Afuera empezó a llover, primero suavemente, luego incrementando su fuerza conforme pasaban los minutos. Y mientras las gotas cristalinas golpeaban las ventanas, Leon dejó que una mano se trasladara de su regazo hasta la rodilla de Claire para darle un ligero apretón. Visiblemente afligida, la muchacha fijó su vista en él.
—¿Querrías contarme qué pasó?
Ella tragó en seco; su garganta tenía un dejo astillado por culpa del vino y la presión. Lo que Leon buscaba saber —y no le cabía duda que era por preocupación y no amor al chisme— era algo que no deseaba traer a la superficie, pero que tras mucho intentar meterlo bajo la alfombra metafórica de su corazón, esas memorias siempre terminaban rebalsando los bordes de sus recuerdos y colándose en su vida diaria, carcomiéndole el alma como ácido.
«Si se lo digo… tal vez logre sentirme mejor», caviló sopesando sus opciones, que realmente no eran muchas: continuar ignorando lo que sucedió, o sacarlo de su sistema, hablándolo con alguien que podría darle la comprensión que necesitaba sin saberlo. A esas alturas, los terribles sucesos de Raccoon la habían hecho confiar ciegamente en él. ¿Podría ser de otra forma, considerando que estuvieron a punto de morir y se protegieron mutuamente, poniendo sus vidas en la línea para salvar al otro y también a Sherry? Alguien así merecía escuchar su verdad y no una mentira que desviara su atención.
Y muy en el fondo, Claire lo necesitaba. Necesitaba decirlo, hablarlo y sacarse de adentro aquel ácido. En ese instante supo cuánto le hacía falta; el bien que le haría compartir su tristeza con Leon. Así, de forma vacilante, a veces quebrándose como el sonido de un fino cristal, a veces con voz átona, Claire inició un relato sombrío sobre la experiencia que estuvo a punto de costarle su salud mental.
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«Luego de haber recibido varias advertencias por parte de su hermano mayor, Claire realizó su mejor esfuerzo por concentrarse de lleno en sus obligaciones como estudiante, pues no deseaba perder su independencia y mucho menos ser arrastrada a vivir en Raccoon City, aunque tampoco trataba de evadir a su hermano porque la simple idea de convivir a su lado le aterrase. Más bien, su voluntad por permanecer alejada guardaba un efecto totalmente opuesto; amaba a Chris con todas sus fuerzas y no deseaba convertirse en un problema para él.
Por esa razón, dando lo mejor de sí para enmendar lo que había hecho, Claire hizo hasta lo imposible por subir sus calificaciones; pasó noches en vela estudiando e incluso dejó de frecuentar a las chicas que la habían arrastrado a comportarse como una imbécil. En un principio le costó bastante trabajo, porque pasó de un extremo a otro: de ser popular, frecuentar fiestas y estar rodeada de amigos, a literalmente transformarse en un ratón de biblioteca que se dedicaba únicamente a estudiar y permanecer la mayor parte del tiempo a solas. Pero, honestamente, aquello la traía sin cuidado, nunca buscó ser bien vista en sociedad y, por supuesto, jamás estuvo entre sus prioridades convertirse en el alma de la fiesta, eso sencillamente se había dado en forma natural. De cualquier manera, no pretendía negar que actuar como una rebelde sin causa la había hecho experimentar las noches más divertidas de su juventud, pero si debía renunciar a ello para recuperar el financiamiento total de su beca estudiantil, definitivamente estaba dispuesta a pagar el precio... haría cualquier cosa por conseguir que su hermano volviese a sentirse orgulloso de ella.
Por eso, en cuanto recibió el resultado de su último examen y su calificación logró destacarse entre las mejores de aquella clase, Claire se sintió tan feliz y realizada que, instantáneamente, consideró como una buena alternativa ir a visitar a su hermano de sorpresa. Estaba segura de que su buen rendimiento académico podría ponerlo de buen humor y apaciguar la tensión entre ambos… o quizá no, después de todo, Chris solía ser un poco exigente y probablemente una buena calificación no sería suficiente para convencerle de su redención, pero de todas formas no pensaba desperdiciar la oportunidad de intentarlo, era demasiado buena para dejarla pasar.
Claire esperó hasta el viernes en la tarde para montarse en su motocicleta y emprender rumbo hacia Raccoon City, cuantificó un viaje de tres a cuatro horas y asumió que llegaría alrededor de las diez de la noche, hora que debía coincidir con el término de jornada laboral que tendría su hermano ese día —dato que, por cierto, él mismo había mencionado en medio de una charla telefónica—, así que considerando eso, para Claire todo parecía estar perfectamente calculado. Todo a excepción de Amber, una de sus compañeras fiesteras, a quien encontró esperándola en el estacionamiento de la facultad con mueca pícara y medio trasero apoyado en el asiento de su Harley Davidson, mientras fumaba un porro y cargaba dos latas de cerveza entre las manos.
—¡Claire, cariño! —dijo escandalosamente al verle llegar—. Te estaba esperando.
—Así veo — contestó, incómoda. Ya no le gustaba lo que esa visión le mostraba.
—No sé a dónde vas, pero tengo una oferta que no podrás rechazar —comentó, en tanto se acercaba a ella y, confianzuda, pasaba un brazo por encima de sus hombros—. Hay una fiesta en casa de Peter, el rubio buenísimo que vive cerca de la universidad. ¿Te animas?
—Lo siento, Amber, pero no puedo —respondió, al tiempo en que procedía a deshacerse de su brazo—. Voy a visitar a mi hermano.
Las facciones de su interlocutora se endurecieron bajo una mueca burlesca y tosca.
—¿Qué demonios te pasó, Redfield? ¿En qué momento te volviste tan aburrida? —Con desdén, sus pupilas la observaron de arriba hacia abajo—. Sé que la cagamos en entrar a la casa de la vieja y que eso jodió tu beca, pero ya lo estás enmendando, has estudiado mucho y tus calificaciones subieron, ¿por qué no intentas consentirte un poco? —Le extendió una de las latas que llevaba en las manos—. Anda, di que sí.
A medida que sus pupilas contemplaban la cerveza y su mente comenzaba a sentenciar que las palabras de Amber guardaban un poco de razón, Claire negó con la cabeza y retrocedió un paso. Aunque una parte de ella estuviese muriendo por aceptar su propuesta, no podía ser débil y ceder ante aquella tentación, no… su hermano no merecía algo como eso. Había luchado demasiado como para caer con algo tan frívolo como una simple y vulgar cerveza.
—Disculpa, pero no puedo —espetó, pasando por su lado y encaminandose hacia la motocicleta—. En verdad tengo que irme.
—Está bien, pero al menos comparte esta cerveza conmigo. —Una vez más extendió el envase hacia ella—. Por los viejos tiempos.
Claire inspiró hondo y tornó hacia ella. La conocía muy bien, no iba a dejarla en paz hasta que cediera. A su pesar, supuso que el mal menor era seguirle el juego.
—De acuerdo, pero solo un sorbo.
Y ese maldito sorbo le había costado muy caro, pues precisamente cuando se encontraba en plena autopista, a escasos kilómetros de entrar en la ciudad, un oficial del Departamento de Policía de Raccoon City se interpuso en medio de su camino, le hizo un gesto con la palma de su mano y sin ningún tipo de cordialidad la invitó a unirse al resto de los vehículos que aguardaban su turno para ser sometidos a un control rutinario. La estudiante inmediatamente siguió las instrucciones del policía y guió su motocicleta hacia el sitio indicado, pero en cuanto se percató de que el chequeo no solo implicaba una habitual revisión de documentos, sino que también incluía una prueba de alcoholemia, Claire comprendió de inmediato que acabaría metiéndose en problemas, esos que venía evitando desde hacía tanto tiempo… ¡Jodido karma!
Y por supuesto, así fue. Aquel infame pesimismo no se había equivocado en lo más mínimo, el alcoholímetro no tardó en delatar el maldito sorbo de cerveza que había ingerido hace algunas horas atrás. El oficial le informó que su registro de alcohol era mínimo, pero que debido a las reglas del procedimiento, sencillamente estaba obligado a llevarla en custodia. Claire quiso protestar, pero el autoritario polícia pareció cabrearse, y de un momento a otro la tomó del antebrazo, ignoró sus desesperadas justificaciones por zafar de la detención, y aunque no la esposó, de igual modo le ordenó acompañarle.
Después de eso, la trasladaron a la comisaría y durante dos horas estuvo incomunicada y encerrada en una celda de aspecto lamentable. Claire llegó a creer que nadie acudiría a su rescate, pero apenas un oficial se acercó al calabozo en donde yacía encerrada y le ofreció realizar una llamada, las fuerzas no tardaron en regresar a su cuerpo. Se levantó bruscamente de su asiento y, casi al borde de un ataque de nervios por la furia que fue acumulando en esas dos horas, endilgó de muy mal modo que no necesitaba hacer ninguna estúpida llamada, pues su hermano trabajaba para los S.T.A.R.S. y exigía que la llevasen cuanto antes con él.
En un principio el policía dudó de sus palabras, pero tras echar un nuevo vistazo a sus documentos y leer el apellido Redfield entre ellos, finalmente cedió ante su petición. Abrió la puerta de su celda y en total silencio empezó a orientarla hacia aquella estancia.
La oficina de la división S.T.A.R.S. se encontraba en la segunda planta de la sala oeste de la comisaría. Hasta allí llegó Claire escoltada por el silencioso policía, que señaló la entrada hacia dicho espacio con una mano. Ella lo miró de hito en hito. No parecía nada contento. En fin, a esas alturas le importaba muy poco.
Claire sujetó el pomo y lo giró luchando contra la ansiedad de ver pronto a su hermano; sin esperar al oficial, entró y cerró la puerta tras su espalda.
El entorno de la oficina era tal y como lo recordaba, incluso tenía todavía la chaqueta de Chris colgando de la pared próxima a su escritorio. Y seguía siendo igual de desordenado, por cierto. Una gran sonrisa asomó a su rostro... ¿dónde estaba su hermano?
—Usted es la señorita Redfield, ¿no?
Claire se giró bruscamente en la dirección de esa voz grave y de toque nasal que había pronunciado su apellido. De pronto, recordó aquel distintivo timbre; pertenecía al capitán de la división S.T.A.R.S., Albert Wesker, a quien había visto en una oportunidad varios meses atrás.
El ambiente estaba apagado gracias a algunas lámparas que rogaban un cambio de bombillo, mas pronto consiguió ubicarle en el que era su escritorio con la misma apariencia que recordaba: cabello rubio engominado hacia atrás, hombros bien formados y perfectamente visibles a través de la camisa, expresión distante… al menos lo que se alcanzaba a apreciar a través de los lentes oscuros que llevaba, curiosamente, dentro de una oficina. ¿Qué necesidad había de utilizarlos en ese espacio cerrado? ¿Tendría algún problema en las córneas, o algo así?
Llenó sus pulmones, preparándose para responder. Un agradable aroma a colonia almizclada inundó sus fosas nasales.
—Me llamo Claire —le recordó en voz baja, pues la primera vez que se vieron también le mencionó su nombre de pila—. Señor… Capitán Wesker. —Vaciló, porque no sabía si llamarle "señor" o "capitán" como había optado en último momento por la costumbre de escuchar a Chris llamarle así.
Él esbozó una media sonrisa. Parecía una mueca, sin embargo, el gesto le sumaba atractivo en vez de restárselo…
—Su hermano no volverá pronto, está asistiendo a la unidad de drogas en un atraco a las afueras de la ciudad.
La muchacha se sintió decepcionada en un inicio, luego recordó que ese era el riesgo de haber ido a visitarlo sin aviso previo. Al instante, acudió a su memoria el "pequeño" detalle por el que se encontraba ahí: el oficial que la escoltaba afuera de la oficina la estaba esperando. ¡Mierda! Si Chris iba a tardarse, ¿cómo salía del problemita en que se había metido?
Algo debió captar Albert en su ademán nervioso, principalmente porque movía la cabeza de un lado a otro, que le hizo descruzar las piernas y echar el torso hacia delante, apoyando los codos en la madera de su escritorio.
—¿Qué necesita? —inquirió en tono formal.
—Esto… —¿Se lo decía, o no? Estaba muy confundida. Ni Jill ni Barry se encontraban tampoco, solo estaba Wesker… Bueno, qué diablos, tampoco es que tuviera muchas alternativas—. Verá, me detuvieron por error en un control de tránsito… bueno, no fue tan "por error", pero sí que se pasaron conmigo, estuve encerrada dos horas, tuve que decir que soy hermana de Chris para que me dejaran venir a…
—Un momento, señorita —la interrumpió el capitán, gesticulando también con una mano para hacer que se detuviera—. Necesito que respire profundo antes de explicarme, porque así no vamos a llegar a ninguna parte. Hágalo —ordenó con la misma inflexión persuasiva que usaba con los miembros de su equipo; Claire se encontró siguiendo su indicación sin haberlo pensado siquiera—. Así está mejor. Ahora, volvamos al principio: ¿por qué la detuvieron?
La muchacha repitió la historia, esta vez en orden y sin omitir ningún detalle, ¿qué caso tenía? Wesker se iba a enterar de todos modos, lo mejor era ser lo más sincera posible, solo así obtendría su favor. Además, Chris le había comentado que el hombre no era de aquellos que aceptaran mentiras así como así. Era muy hábil identificando a aquellos que intentaban engañarlo, en los S.T.A.R.S. no había embusteros.
—Por eso estoy aquí —finalizó su relato; todo su ademán revelaba vergüenza y un profundo arrepentimiento—, quería pedirle a Chris que hablara con el oficial para dejar anulada la detención. Fue solo un sorbo, capitán. Créame que he aprendido mi lección.
Wesker no pudo evitar sonreír de nuevo. Su forma de hablar era muy parecida a la de su hermano.
—Hmmm… —sonaba igual al ronroneo bajo de una pantera—. ¿Qué edad tiene usted?
—Dieciocho —musitó. Él asintió una vez.
—Tiene todavía un montón de años por delante para seguir haciendo estupideces, señorita. Pero… supongo que por hoy ha sido suficiente. —Apoyó ambas manos en el escritorio para alzarse de la silla con un solo movimiento grácil—. ¿Dónde está ese oficial acosador?
"¿Acosador?", repitió Claire en su interior, divertida, en tanto Albert abandonaba su lugar y seguía las indicaciones que le daba para encontrarse con el policía. Escuchó un poco cómo hablaban, si bien no consiguió identificar ninguna palabra pues la puerta era de madera muy gruesa. Al poco rato, Wesker ingresó nuevamente a la oficina y la observó atentamente desde la ventaja que le aportaba su metro con noventa de estatura.
—Asunto resuelto —anunció acomodándose los guantes—. Debo suponer que prefiere no comentarle este "pequeño incidente" a su hermano. ¿Me equivoco?
—No —su respuesta fue automática.
Él le dedicó una mirada de aspecto mordaz.
—No tengo problema en olvidarme de lo que acaba de pasar —Claire suspiró aliviada—… por el módico precio de un soborno.
Se irguió con brusquedad. "¿Un qué?", saltó su cerebro de forma instantánea.
—¿Qué… clase de soborno? —susurró preocupada.
Todo lo que se le venía a la cabeza era dinero. Los sobornos siempre implicaban billetes, ¿no? Es decir, ¿qué podía ofrecerle ella que no tuviera ya…?
Claire deglutió lentamente antes de fijarse en la expresión socarrona que había adoptado el capitán Wesker. ¿Se estaba burlando a su costa?
—No hay necesidad de preocuparse; diría que su imaginación le está jugando una mala pasada —se mofó, denotando en la curva de su boca que parecía disfrutar ponerla nerviosa—. Verá: tengo un largo turno por delante y ya no nos queda café —explicó señalando en la dirección donde se encontraba la moderna cafetera de la oficina, aporte de Barry Burton, que no podía vivir sin su chute legal diario de energía externa—, esa sería una gran manera de sobornar mi silencio.
—¿Café? —repitió ella, aliviada.
¿Solo un poco de cafeína bastaba para mantener el incidente lejos de los oídos de Chris? Maravilloso, simple, y totalmente alcanzable para la universitaria corta de fondos que era ella. Ya no había necesidad de temer por su escuálida billetera. Una sonrisa sincera le brotó en el rostro; Wesker perdió la suya.
—Sé que hay una cafetería que atiende las veinticuatro horas a menos de tres calles. ¿Cómo le gusta?
La pregunta solo implicaba el bebestible, mas su forma de hablar, que era por naturaleza sugerente, convirtió la inocente frase en algo que podía ser malinterpretado. Wesker compuso una expresión ladina, delineando su labio inferior con la punta de un dedo enguantado.
—Negro, con media cucharada de azúcar.
Claire asintió una vez, luego encaminó sus pasos hacia la salida para ir en busca del soborno.
Y regresó muy pronto; como era cerca de las dos de la mañana no se encontraban muchos civiles alrededor, aunque sí vio a varios policías tanto en su camino de ida como en el de vuelta. Al principio le preocupó toparse nuevamente con el oficial que la llevó en custodia, luego decidió no seguir preocupándose por eso.
Llevaba ambos cafés —uno arriba del otro— en la mano izquierda. Abrió lentamente la puerta y buscó a Wesker con la mirada. No estaba sentado en su buró sino de pie, observando atentamente el enorme mural con el logo de la división S.T.A.R.S., que ocupaba buena parte de la pared que quedaba franqueando su escritorio como una especie de escudo. Debido a que la mano empezaba a escocerle por el calor del líquido, se apresuró a dejar ambos vasos de cartón en el mueble más próximo. No pudo hablar, porque la visión del capitán la dejó extrañamente muda.
Albert estaba dándole la espalda. Tenía los brazos cruzados en la parte trasera de su cintura, mientras su torso se erguía con el garbo propio de quien exuda seguridad en sí mismo y no necesita la aprobación de nadie. Se fijó en sus manos, descubiertas de los guantes negros que le había visto antes de salir. Tenía dedos largos y gruesos. Daban la impresión de sostener un arma con mucha seguridad. De pronto, ladeó la cabeza hacia un costado como si estuviera analizando algo, y Claire pensó que todos sus movimientos eran elegantes, sutiles. Cuando lo conoció en ese primer encuentro, tuvo la misma percepción, y ahora solo estaba ratificándola. No se explicó por qué sus mejillas se tintaron de leve rubor hasta mucho tiempo después; ahora, Wesker había volteado hacia ella lentamente, serio, alzando ligeramente una ceja.
—No ha tardado mucho. ¿Tiene calor? —preguntó reparando en su rostro sonrojado.
Claire forzó una risa incómoda a través de sus dientes.
—Vine corriendo para que no se enfriara el café. —Buscó rápidamente dónde había dejado los vasos, cogió uno y se acercó a Wesker—. Aquí tiene.
Procurando no revelar que se encontraba un poco agitada, y nada tenía que ver con esa carrera hipotética que inventó para salir del paso, la muchacha le tendió el café con gesto solícito. Lo que no esperaba era que Wesker rozara su piel directamente al tomarlo. Se sintió caliente, áspero, pero no resultaba en absoluto desagradable. La cercanía de su cuerpo le permitió apreciar con mayor detalle el aroma almizclado que emanaba de él, y era tan delicioso como varonil.
—Gracias —susurró el capitán, quitando la tapa para darle un sorbo al líquido caliente.
Claire no se perdió detalle del movimiento que hizo su nuez cuando tragó, ni de cómo se lamió los labios para arrastrar al interior de su boca la borra de café que se hallaba en el borde del vaso. Eran gestos completamente casuales que, sin embargo, en esas circunstancias específicas, le parecieron terriblemente eróticos. ¿Era normal reaccionar así ante algo tan trivial?
—Se le va a enfriar el suyo. —Albert señaló el otro café con el mentón, todavía en el mueble donde Claire lo había dejado al entrar.
Maldita sea. Si él supiera que ya no lo necesitaba para capear el frío de esa noche…»
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Claire hizo una pausa para tomar aire en esa parte del relato, en tanto un gesto increíblemente sombrío se apoderó de su expresión facial. No necesitaba tener un espejo a mano para saber el dolor que evidenciaba su rostro, este quedaba perfectamente visible en la mirada conmovida y misericordiosa que los orbes azules de Leon no tardaron en demostrar. Su semblante, estoico y sereno la mayor parte del tiempo, de pronto parecía demasiado compungido como para atreverse a interrumpir el venerable mutismo que se había instaurado entre ambos.
Sin embargo, pese a mostrar una evidente carencia respecto a sus habilidades de consuelo, Kennedy realizó su mejor esfuerzo por intentarlo, porque ella valía la pena. En silencio se inclinó en su dirección, tomó una de sus manos y con sumo cuidado deslizó el dedo pulgar sobre el dorso de su extremidad. Claire agachó la cabeza al percibir el delicado contacto que los unía.
Era difícil romper un momento tan cargado de sentimientos como aquel, pero Leon sentía la necesidad de alentarla a continuar hablando. Le pareció que estaba abriéndose en canal, como si hubiera guardado todo ese dolor en su interior, sin liberarlo.
Si él era el elegido para ayudarla a superar lo que fuera que le ocurrió, pues enhorabuena. Abrió la boca lentamente con la intención de decir algo que reanudara el relato, pero Claire se le adelantó volviendo a mirarlo con sus ojos brillando de humedad.
—En ese instante lo supe, Leon —afirmó, mientras respondía a su muestra de afecto y le daba un apretón ligero a su mano—: supe que ese hombre iba a transformarse en mi perdición.
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Nota de las autoras: Ciao, lectores de Resident Evil, ¿cómo se encuentran?
Primero queremos agradecer a quienes nos apoyaron y comentaron en el capítulo pasado (sobre todo en wattpad, nos ha ido bastante bien); en serio deseamos decirles que nos hicieron inmensamente felices. ¡Muchas gracias a todos! Tanto los que nos escriben como quienes, desde las sombras, disfrutan del fic.
Esperamos de todo corazón que Arlequín parte I también les haya gustado porque, como verán, aún está incompleto y nos espera una intensa (Oh sí, MUY intensa) segunda parte, en la que por supuesto, esperamos contar con vuestro maravilloso apoyo.
¿Qué opinan? ¿Les ha gustado? ¿Qué piensan que ocurrirá en el siguiente capi?
No somos muy fanáticas del Weskerfield, pero a modo de desafío personal nos hemos propuesto escribir retos que, como escritoras, nos hagan esforzarnos al máximo. Y como la modestia fingida no nos va, hemos de admitir que estamos bastante conforme con los resultados y esperamos que ustedes también lo estén. De hecho, incluso estamos pensando en hacer una tercera parte siguiendo este arco, y dicho one shot tendría su desarrollo post eventos Resident Evil Code Veronica, con Leon y Claire como protagonistas. En fin, si quieres saber más de eso, muéstranos tu entusiasmo a través de un review, alerta de follow o favorito. También agradecemos cualquier tipo de crítica, siempre y cuando sea constructiva y respetuosa.
¡Gracias por leernos!
Con cariño,
Stacy Adler/ Ary Lee
