Capítulo XII: Encuentro con Merlot
Conan y Haibara abandonaron la escuela y se pusieron en camino hasta la estación de tren de Beika.
Los pequeños estaban muy pensativos. Conan creía que el encuentro con Merlot sería beneficioso para el plan que se traía entre manos. Haibara, por su parte, se hallaba revolucionada por reencontrarse con su excompañero. Edogawa le había dicho que sus intenciones no debían ser malas y debía tener razón porque si lo fueran, simplemente ya hubiera sucedido alguna atrocidad. Entonces, ¿ya no estaba más molesto con ella? ¿Por qué la había citado? Y… ¿si era un trampa? Si de eso se trataba era probable que ella, Edogawa y el profesor Agasa quedaran expuestos a algún peligro. ¡No! No quería que nada les sucediera y menos por su descuido.
Miró al niño de ojos claros un momento y le dijo:
- Edogawa, quiero pedirte un favor.
Él volvió la mirada hacia ella y con un tono curioso contestó:
- ¿Qué pasa?
- Sé que no pude hacerte desistir de acompañarme, pero quiero que me hagas el favor de que cuando lleguemos a la estación te apartes lejos de mí, por si acaso - pidió -. Si esto se trata de un engaño prefiero que lo que tenga que pasar me pase a mí.
Conan, a diferencia de su amiga, se sentía seguro. Igualmente detestaba verla tan preocupada por lo que para contentarla respondió:
- Está bien, está bien. Me mantengo alejado.
- Asegurate de obedecerme sólo por una vez, si algo te sucediera a vos… o a los demás por mi culpa, yo…
- ¡Basta! - La interrumpió. - Te prometo que no me van a descubrir. Voy a ser cauteloso.
Cuando hubieron llegado a la estación, el pequeño se alejó unos metros de Ai Haibara y se encargó de vigilarla con la mirada. No obstante, a medida que la pequeña se fue adentrando, se fue perdiendo entre las personas, ocasionando que la labor de Conan fuera más difícil y tuviera que esforzarse más para seguir cuidándola. Claro, por la tarde era cuando más personas utilizaban el tren. ¡Astuto Merlot! ¿Qué se traía entre manos?
Haibara buscaba con la mirada a su viejo compañero. Estaba ansiosa. Se moría por saber de una buena vez por todas lo que sucedía. De repente, observó a un joven no mayor de veinticinco años sentando sobre un banco leyendo un diario. Sus cabellos eran negros, aunque no podía ver el color de sus ojos por las gafas oscuras que llevaba. Vestía una camisa blanca, saco y pantalones azules. No llevaba corbata, en lugar de eso, tenía desabrochados los primeros botones de la camisa. Sus zapatos eran negros. Supo que era él cuando advirtió una pequeña sonrisa en su rostro.
Se acercó lentamente hasta donde estaba, se sentó a su lado y anunció:
- Acá estoy.
Merlot se quitó las gafas y la miró sorprendido. Sí, sabía que se encontraría a una pequeña Shiho Miyano, pero no creyó que verla con ese aspecto lo impactara tanto y mucho menos pensó que lo invadiría una montaña de recuerdos de su infancia.
- ¡Cuánto tiempo! - Exclamó después de observarla por un rato, dichoso.
- Esto no es una reunión de excompañeros, ¿sos consciente del riesgo que corrés viéndote conmigo? - Repuso seria.
- ¡Qué bonito inicio después de tanto tiempo! - Respondió con sarcasmo. - En fin, no voy a dejar que eso afecte las cosas. Traje algo para vos, es por eso que te cité.
Tomó un maletín que reposaba en el suelo junto al banco donde estaban sentados, lo apoyó sobre sus piernas, lo abrió, colocó el diario que estaba leyendo en su interior, y después retiró un sobre papel madera.
- Tomá - se lo entregó.
La niña admiró el sobre unos momentos, curiosa, mientras que Merlot cerró nuevamente el maletín y volvió a dejarlo sobre el suelo.
- ¿Qué se supone que es esto? - inquirió.
- La fórmula del APTX 4869 - respondió como si fuera la cosa más normal del mundo. - Con ese aspecto te ves adorable, pero es momento de que recuperes tu cuerpo. Estuve revisando la fórmula y sé que no te demorarás mucho en desarrollar algún antídoto para revertir el efecto.
Ella se quedó boquiabierta. ¡Cómo había obtenido la fórmula!
- Te ves sorprendida - observó él.
- Por supuesto que sí, pensé que habían quemado todos mis trabajos junto con el laboratorio donde trabajaba.
- Fue de ese modo - explicó. - Lo que pasa es que yo tengo una copia de tus trabajos más importantes - sonrió.
Ella lo miró, todavía impresionada, y después esbozó una sonrisa, ya más serena.
- Entonces, ¿no estás más enojado conmigo? ¿No me odiás? - Interrogó.
- Claro que no - aseguró -. Nunca fue cierto aquello. Ya habrá tiempo para explicaciones. Podemos ponernos al día cuando acabemos con esos tipos.
- ¿Cómo? - Cuestionó preocupada.
- Eso, cuando terminemos con las personas para quienes trabajábamos. Para quienes sigo trabajando.
- ¡Sos un imbécil! - Exclamó con furia provocando que toda la gente a su alrededor se volviera hacia ellos.
- ¡No le hables así a tu hermano mayor! - Rio Merlot y la despeinó con una caricia fraternal.
Las personas desviaron las miradas.
- Debes hablar más bajo - indicó.
- Lo arreglaste de este modo para que no pudiéramos hablar tranquilos - protestó ella. - De cualquier manera, ¿cómo supiste que estaba viva? ¿Por qué me estás ayudando? ¿Y por qué ahora querés rebelarte arriesgando completamente tu vida? - Indagó.
- No seas ansiosa - contestó evasivamente -. Ya te dije que después vamos a poder ponernos al día.
- Veo que no entendés que en cuanto te descubran te van a matar.
- Voy a estar bien, Shiho. No te preocupes por mí.
- Ahora mi nombre es Ai Haibara - advirtió.
- ¿Ai Haibara? ¿Me estás diciendo que querés que te llame Ai?
- ¿Qué, no lo sabías? Es mi nueva identidad.
- Tu identidad temporal - la corrigió - ¿No vas a volver a ser Shiho Miyano cuando acabemos con ellos?
Ella no respondió.
- Supongo que no lo tenés decidido. Bueno, tengo que irme… - se puso de pie.
- Esperá - lo tomó del saco con sus pequeñas manos. Él volvió a sentarse. - No respondiste mis preguntas y lo que es peor, acabo de darme cuenta de que te estás exponiendo a un gran peligro.
La contempló un instante asombrado. Ella estaba verdaderamente preocupada por él. Lo miraba casi con la misma expresión que tuvo cuando se despidieron en el aeropuerto de Estados Unidos. Haberle asegurado cosas como que no sabía cuál sería su trabajo o que tenía la seguridad de que no se volverían a ver la habían preocupado demasiado.
- Shiho, tenés que entenderlo. Estoy harto de estar en ese lugar, de no controlar mi propia vida y de hacer cosas con las que no estoy de acuerdo. Es la única manera.
Sabía que tenía razón. Akemi intentó liberarse de la Organización de un modo pacífico y la asesinaron. Luego de esto, ella misma se vio obligada a rebelarse y casi muere por eso. Entonces sí. Parecía que destruir a esos sujetos era la única manera de librarse de ellos, y la única manera para recuperar su libertad e intentar vivir una vida normal.
Mientras razonó todo esto, Merlot permaneció admirándola con cariño. Después de todo, ella seguía siendo su mejor amiga y le tenía mucha estima.
- Por cierto, si salieras de la ciudad este fin de semana te lo agradecería - agregó después.
- ¿Por qué? - cuestionó.
- It's a secret - sonrió y le guiñó un ojo.
- ¿Cómo puedo confiar en vos?
- ¡Cómo te atrevés a desconfiar de tu mejor amigo! - Reclamó ofendido.
Ella bajó la cabeza. Merlot imponía condiciones difíciles y traicioneras. Porque ella todavía lo amaba y le costaba ver las cosas de un modo racional, objetivo. Era cierto que nunca le había mentido, pero también le había ocultado cosas… ¿Qué debía hacer?
- Tengo que irme. Cuidate, por favor - se agachó a su altura y susurró: - ¡Y no pierdas ese sobre!
Se puso de pie, se colocó nuevamente las gafas oscuras y se alejó de la pequeña, que lo siguió con la mirada, muy confundida.
Conan, quien observó desde la distancia todo lo sucedido, comenzó a seguir a Merlot para asegurarse de que no se reuniera ni con Gin ni con nadie de la Organización. Avanzó unos cuantos metros, cumpliendo con éxito su cometido. Advirtió que el hombre de azul se detuvo frente a un Porsche 911 negro y se introdujo en él.
El pequeño sonrió. Sigilosamente se aproximó hasta el vehículo y cuando estaba a punto de colocar en él un transmisor, se dio cuenta de que Merlot abandonó el automóvil y se dirigía hacia donde él se escondía, para descubrirlo.
- Vos debes ser ese mocoso Conan Edogawa - dijo mirándolo con desdén - ¿O debería llamarte Shinichi Kudo? Qué importa, no te atrevas siquiera a tocar mi precioso Porsche porque te garantizo que te voy a cortar tus pequeñas y sucias manos, ¿entendiste?
Volvió hasta su auto y se introdujo nuevamente.
Conan se quedó pasmado. ¡Aquel sujeto era el mismo que recién se había compartado tan amable con Haibara! Sin lugar a dudas, tenía una envidiable habilidad para transformar su expresión facial. De una mirada cálida y dulce a una llena de repulsión. Conan no supo decir nada, sólo se lo quedó mirándolo estupefacto, mientras él se alejaba a una gran velocidad en su coche. ¿Quién mierda era Merlot? ¿Qué pretendía? Entonces el sobre que le había dado a Haibara… ¿sería una trampa? Rápidamente emprendió una carrera para reencontrarse con su amiga.
