Capítulo XIII: Dudas y culpa

Estaba caminando de regreso a casa con la vista clavada en el suelo, pensativo. Ran y el tío Kogoro lo esperaban. Seguro que el detective estaba mirando alguna telenovela ridícula de Yoko Okino y la adolescente preparando la cena como lo hacía religiosamente cada noche. Reflexionó que Ran era bastante responsable, cuidaba bien de su padre y de él. Tanto siendo Conan, como siendo Shinichi. Era una chica, sin lugar a dudas, de lo más considerada.

Sin detenerse mucho en esta reflexión, recordó su última conversación con Haibara, de quien se había despedido hacía unos momentos.

La había encontrado abrazada a un sobre. Junto al banco donde se hallaba sentada, reposaba en el suelo un maletín negro. Estaba muy calmada por lo que dio un suspiro y se relajó:

- ¿Estás bien? ¿No te hizo nada? - Inquirió.

- ¿De qué estás hablando? - Cuestionó ofendida arqueando una ceja - ¿Qué no nos estuviste vigilando? No me hizo nada malo…

- Es que hace unos momentos… - detuvo la marcha.

- Hace unos momentos, ¿qué? - Indagó Haibara impaciente.

- No importa - contestó -. ¿Y ese maletín? Se lo olvidó…

- Es verdad...

Haibara hizo ademán de acercarse al maletín pero Conan se interpuso.

- Dejame verlo a mí - pidió.

Dio unos pasos y tomó el maletín. Lo apoyó sobre el banco donde la niña seguía sentada, observando curiosa la escena. Lo abrió y comenzó a revisarlo, pero en su interior sólo había un diario del día.

- ¡Está vacío! - Exclamó perdiendo todo interés por el objeto.

- Y… ¿por qué lo habrá dejado? - Se preguntó extrañada la niña -. Qué importa…

Guardó en el interior el sobre papel madera y cargó el maletín.

- ¿Y eso? ¿No tiene nada extraño? - Inquirió.

- ¿Qué te pasa? Estás más precavido que de costumbre - señaló irónica.

- Vamos, decilo de una vez - ordenó con los ojos entrecerrados.

- Ese sobre contiene la fórmula del APTX 4869 - explicó.

Las pupilas del niño se dilataron.

- No… puede… ser…

- Kudo, pronto vas a recuperar tu cuerpo – aseguró. - Solo dejame trabajar unos pocos días y, en breve, lo recuperarás - sonrió.

Esa información le bastó para comenzar a plantearse seriamente las cosas. Porque la recuperación de su cuerpo de forma completa marcaría un antes y un después en su vida, en su lucha. Su vida normal que le había sido arrebatada por esa maldita droga, por esa maldita Organización, bueno sí, también por su curiosidad, pero jamás imaginó que eso desencadenara en algo tan terrible.

Ahora, según las palabras de su amiga, recuperaría su identidad. Volvería a ser el de siempre, retomaría las clases en el instituto Teitan, podría colaborar con la policía en distintos casos y presumirle a Hattori al respecto. Una fugaz sonrisa adornó su rostro. Fugaz, porque de inmediato razonó lo siguiente: volvería a ser Shinichi Kudo, en consecuencia, dejaría de ser Conan Edogawa. Y con la partida de Conan Edogawa… dejaba una parte de su vida atrás.

Debía enfrentar con su apariencia de adolescente a todo su entorno. Un entorno que supo conocerlo como Conan Edogawa. De todas las personas que conocía, a la que más le había dolido mentirle fue a Ran. Odiaba mentirle a Ran. Verla extrañándolo, llorándolo y recordándolo. Estando tan cerca pero tan lejos.

Deseó muchas veces olvidarse de todo, asumir la responsabilidad de sus actos y decirle la verdad. Que su mejor amigo, del que confesó estar enamorada, estuvo siempre a su lado, acompañándola, protegiéndola, intentando distraerla del dolor y del sufrimiento que le causaba su ausencia. Él también sufría. Por estar pero no estar. Sí, al mismo tiempo. Cuánta culpa le generaba, ¿tantas mentiras a tantas personas valdrían la pena? No la culparía si decidía enfadarse con él y no volver a dirigirle la palabra. Era libre de hacerlo. Y si lo hacía, la respetaría.

Entre toda esta avalancha de dudas, pensamientos, y reflexiones acabó de subir los escalones que lo conducían al departamento sobre la oficina del tío. Abrió la puerta y anunció: "Ya llegué". Kogoro, quien estaba en la mesa del comedor intercambiando mensajes de texto, ni se inmutó. "Seguro que es la tía Eri", dedujo. Y por la expresión de contento que tenía, era probable que fuera cierto.

Se quitó los zapatos y, descalzo, fue hasta la cocina. Ahí estaba Ran.

- Qué bueno que regresaste, Conan. Enseguida voy a servir la cena - anunció de buen humor.

- Ran… hay algo que tengo que decirte - afirmó con gran seriedad agachando la cabeza, sin mirarla.

La muchacha dejó un momento lo que estaba haciendo y se aproximó hasta el pequeño, preocupada. Se arrodilló a su altura y con un tono maternal le preguntó:

- ¿Qué pasa, Conan?

- Hoy… - respiró profundamente - hablé con mi mamá y mañana va a venir a buscarme para llevarme con ellos al extranjero.

- ¡Cómo! ¿Te vas? ¿Así, tan pronto?

- Es que… extraño mucho a mis papás - se justificó.

Ran torció la boca. ¡Hasta en eso debía parecerse a Shinichi!

- Es una lástima, Conan… - dijo algo triste -. Te habías convertido en mi hermano menor prácticamente - le sonrió -. No puedo creer que te vayas, voy a extrañarte…

Lo envolvió en un cálido abrazo. A Shinichi se le puso la piel de gallina. Se le subió la sangre a la cabeza, y gran parte se acumuló en sus mejillas, que se habían ruborizado. Sí, volvió a sentir sus pechos. Fue lo primero pensó. Pero después, se dio cuenta de que Ran en verdad se había encariñado con su otra identidad. Más allá de las sospechas, había conseguido convencerla de que se trataba de un ser distinto. Que su mejor amigo no se había encogido.

- ¡La comida! - Exclamó y soltó al niño para apagar el fuego. - Menos mal… casi se quema todo - comentó con alivio. Volvió a mirarlo. - Por favor, lavate las manos que te voy a servir la cena. Hoy vamos a comer ramen - sonrió.

Conan le hizo caso, y después se integró en la mesa con ella y con Kogoro. Los tres compartieron una bonita (¿y última?) cena familiar. Ran le comentó las noticias a Kogoro con respecto a la partida de Conan. El tío sólo supo bromear al respecto, pero en su interior se sintió triste. Después de tanto tiempo, le tomó un poco de cariño.

- ¿Tu mamá va a venir a buscarte mañana después de la escuela? - Inquirió con desconfianza.

- Exacto - afirmó con su mejor tono infantil y una falsa sonrisa.

- Entonces… esta va a ser nuestra última cena…

Luego de este comentario, hubo un profundo silencio, que el mismo Kogoro interrumpió con otra de sus tontas bromas:

- ¡Espero que con tu ida no se avecine una sequía de casos! - Exclamó y después dio una enorme y sonora carcajada.

"Más bien una sequía de deducciones", pensó con sarcasmo.

Cuando acabó la cena, el pequeño ayudó a Ran con los platos. Por sus gestos, sus movimientos y sus expresiones podía percibir que la noticia la había impactado y había repercutido negativamente en su ánimo.

- Ey, Conan… - soltó después de un rato.

- Decime, Ran - mientras acababa de secar con un repasador la última taza.

- ¿A qué parte del extranjero te vas?

Otra mentira. Rápido. Otra mentira.

- Bueno… a Brasil…

- ¿Brasil? - Respondió extrañada - ¿Y eso dónde queda?

- Por Sudamérica - sonrió.

- Ah… eso sí que está lejos. Supongo que será muy difícil que pueda visitarte… - reflexionó -. Pero ¡qué más da!… Haré el intento - le devolvió el gesto.

"Sí te dije ese lugar tan lejano fue justamente para que no me visites", pensó Shinichi, todavía con una sonrisa infantil.

- Bueno, si querés… - se limitó a contestar.

- ¿Ya armaste la valija? – Inquirió seria.

- Sí, claro que sí. Tengo todo listo, Ran. Gracias…

- Bueno, entonces andá a acostarte – le ordenó.

- Claro, buenas noches…

- Buenas noches…

El niño abandonó la cocina y ella se sintió extraña.


Dio dos pasos y rio despiadadamente.

- ¡CUIDADO, KUDO, MOVETE!

A él no le importó y se arrojó sobre Merlot, intentando quitarle el arma.

- ¡MALDITO! - Exclamó con furia.

Un disparo silenció la escena.

- ¡RAN! ¿Qué hacés acá?

- ¿Por qué no me lo dijiste? - Preguntó mientras se dejó caer en el suelo y una gran cantidad de sangre comenzaba a fluir desde su estómago.

- Ran, perdoname - se arrodilló y tomó su mano - yo… quise… protegerte.

Ella sonrió.

- Te quiero mucho, Shinichi.

Y cerró sus ojos. Quizás para siempre.

- ¡NO!

Se despertó espantado, dando fin a aquella espeluznante pesadilla. Imploró por que no se tratase de una premonición. Respiró hondo para calmarse. Una necesidad de corroborar si ella estaba bien lo invadió. Abandonó su futón, se puso de pie y sigilosamente caminó hasta el cuarto de la chica, tratando de no hacer ruido.

Se introdujo en él y la admiró dormida. Volvió a recordar el abrazo que le había dado unas horas atrás.

"Ran, te prometo que no vas a extrañarme, porque cuando vuelva a ser Shinichi Kudo y destruya a esos tipos, voy a decirte toda la verdad… aunque… aunque me odies. Tenés que saberlo", pensó con culpa.

La chica estaba acurrucada en su cama, tapada hasta los hombros. Sus brazos estaban envueltos sobre su pecho y sus cabellos caían detrás de sus hombros. Tenía la boca entreabierta, lo que le permitía respirar.

Era capaz de amarla con sólo mirarla, y de transmitirle todo su amor. Pensó una vez más en lo afortunado que era por tenerla y se marchó del cuarto con más sosiego. Ella estaba bien.


- ¡¿Que le dijiste que te vas a Brasil!? - Exclamó sorprendida.

- Shhh - la calló Conan.

- ¿Quién se va a Brasil? - Preguntó Genta.

- Nadie… - dijeron al unísono - no seas escandalosa - agregó el pequeño detective observándola con desdén.

Conan y Ai estaban charlando en el salón de clases mientras esperaban por la llegada de la sensei Kobayashi.

- Pero ¿por qué le dijiste eso? - Preguntó Haibara.

- ¿No creés que le resultaría extraño si Conan desaparece y Shinichi reaparece en el mismo momento? - Le hizo notar.

- ¿No ibas a decirle la verdad? - Cuestionó seria.

- Pienso hacerlo, pero cuando haya acabado con ellos. No quiero que a Ran le pase nada por mi culpa.

- Como si eso no hubiera impedido que ya le sucediera… - recriminó.

Conan la fulminó con la mirada. Este gesto no la alteró en lo más mínimo, sino que prosiguió con su cuestionario.

- Y ahora… ¿a dónde vas a vivir?

- Con vos y con Agasa. Solo por un tiempo. Cuando recupere mi cuerpo, vuelvo a mi casa. Hasta entonces debo mantenerme oculto para no levantar sospechas.

- ¿Y qué vas a decirles? - Se refería a la liga juvenil de detectives.

- Lo mismo, claro… Pero después de nuestro fin de semana en Shizuoka. Hay que respetar los deseos de tu querido Merlot - dijo sarcástico.

- Imbécil, si me lo pidió debe ser porque es necesario - contestó ofendida.

- Sí, sí… - terminó burlón con la charla.

- Buenos días, chicos - saludó Kobayashi.

- ¡Buenos días, sensei!