Capítulo XIV: Adiós
- Vos no sos la única. Yo también tengo muchas cosas para preguntarte y decirte. Es por eso que tenés que esperarme - sonrió.
Ella lo contempló sorprendida, algo sonrojada. Así que él también tenía cosas para decir…Todavía estaba tomándolo de su saco marrón.
- Shinichi… - musitó.
Él llevó su mano derecha hasta su mentón y levantó la vista al cielo. Después de pensarlo por un momento, aseguró con las mejillas algo coloradas:
- Si mis deducciones son correctas, es probable que lo que me querés preguntar sea lo mismo que yo quiero preguntarte a vos.
Eso le bastó para confiar una vez más en él y dejarlo ir.
"Me pediste que te esperara, pero todavía no volviste y ahora… ahora Conan también se va", reflexionó triste. Tomó el corrector y borró la última respuesta del cuestionario que les había dado el profesor de historia. "Qué tonta, ya ni siquiera puedo concentrarme en mis deberes", se reprochó con una pequeña sonrisa.
La campana que dio por terminada la jornada de clases sonó diez minutos más tarde dando fin, al mismo tiempo, a esa agonía de estúpidos pensamientos que sólo conseguían desanimarla.
- Ey, Ran… ¿te pasa algo? - Le preguntó Sonoko, quien la notó algo dispersa durante la clase.
Ambas estaban caminando de regreso a casa. Hacía frío. Sonoko frotaba sus manos para calentarlas un poco y deseaba llegar pronto para tomar alguna infusión caliente que la liberara del frío. Ran, por su parte, caminaba pausadamente, como si no tuviera energía o toda la que le quedaba se hubiera marchado junto con Conan.
- Bueno… - sujetó con más fuerza su maletín de la escuela - estoy algo triste porque Conan se va a Brasil - confesó.
- ¿¡A Brasil!? - Replicó sorprendida su amiga, abriendo los ojos de par en par y deteniendo la marcha.
- Sí… - bajó la mirada.
- ¿Cuándo? - Inquirió.
- Esta misma tarde. Hoy por la mañana me despedí de él, pero… - buscó la mirada de su amiga - fue extraño. ¡Ni siquiera lo noté triste! - Se sinceró.
- A lo mejor todavía no cayó en la cuenta de que se marcha, Ran. Ese insoportable te quiere mucho. Después de todo, has sido como una madre para él - advirtió.
- Creo que voy a ir ahora mismo a verlo. No sé por qué, pero necesito despedirme una vez más de él. Se va, Sonoko… ¿Cómo puede estar tan tranquilo? Ni siquiera me dijo algo como voy a extrañarte - señaló con tristeza.
- Ya te lo dije, no debe haber…
- ¡Ya sé! - La interrumpió. - Pero no lo acepto.
- Bueno, bueno. Si te deja más tranquila, vayamos… - repuso con algo de hartazgo, frunciendo el ceño y arrugando los labios.
- ¡Gracias, Sonoko! - Contestó Ran con una sonrisa, satisfecha.
Ambas se pusieron en camino hasta la escuela primaria de Teitan.
- Bien, niños, ¿están todos listos? - Preguntó Agasa.
- ¡Sí! - Contestaron al unísono los integrantes de la liga juvenil de detectives.
- Bien, entonces, nos vamos - dijo alegre.
Puso el auto en marcha y, de esta forma, se dirigieron hacia la prefectura de Shizuoka.
Ran había dejado a Sonoko atrás. Se había dado cuenta de que si no se daba prisa no alcanzaría a Conan. Corrió hasta la escuela con todas sus fuerzas, con la esperanza de poder encontrarlo. "Tengo que verte aunque sea una vez más, Conan", era lo único que pensaba. Cuando finalmente llegó a su destino, paró en seco y se desilusionó. La escuela estaba desierta. No había ni un solo niño alrededor. Ni siquiera un profesor. Y él tampoco estaba. Se había marchado…
Agachó la cabeza, miró el suelo con resignación y amargura. Sus piernas flaquearon y cayó en ellas y, encogiéndose de hombros, comenzó a llorar.
- Conan… - murmuró.
Un profundo dolor se depositó en su corazón. Gemía de la angustia. ¿Por qué lloraba de ese modo? ¿Por qué le dolía tanto? Él iba a estar bien, pero… tenía una sensación extraña. Una sensación que le hacía creer que algo no marchaba bien. El llanto persistió por unos minutos y sólo consiguió detenerlo ante el sonido de su celular.
Deslizó su mano derecha sobre su bolsillo y lo retiró. Llevó el auricular hasta su oreja derecha y respondió.
- Hola… - sollozó.
- ¿Ran? ¿Qué te pasa?
- ¡Conan! - Exclamó.
- ¿Por qué llorás, Ran? - Consultó con ese tono tan inocente, típico en él.
- Quería despedirme de vos… - explicó -. Pero veo que llegué demasiado tarde - agregó más calmada.
- Sí, Ran… hoy por la mañana me olvidé de darte las gracias… y decirte que te voy a extrañar.
- Conan… - sonrió, triste.
- Por favor, no llores. Voy a estar bien y vamos a vernos de nuevo, ¿sí? - intentaba consolarla.
Ella se puso de pie y se secó las lágrimas.
- Sí. Cuidate… - sólo supo responder.
- Sí, Ran. Te prometo que te voy a llamar en cuanto llegue.
- Está bien…
- Adiós…
Colgó.
Toda la angustia que sentía se profundizó después de hablar con él. "Siento que nunca más vamos a vernos", volvió a estallar.
- Tenías razón - admitió con culpa.
- ¿Sobre tu novia? - Preguntó Haibara.
- Sí…
- Kudo, no te sientas mal, pronto vas a recuperar tu cuerpo y vas a poder decírselo - trató de consolarlo.
Él la ignoró y siguió pensando en su mejor amiga. Junto con la liga juvenil de detectives y el profesor Agasa, estaban viajando hacia Shizuoka. Genta se ubicaba en el asiento del acompañante, junto al profesor, y el resto de los niños permanecían sentados en el asiento trasero. Conan, Haibara, Ayumi y Mitsuhiko, en ese orden. De izquierda a derecha.
- Ai, ¿y esos papeles? - Preguntó Ayumi, curiosa.
- Sí, se ven raros - opinó Mitsuhiko -. Parecen muy complejos.
- ¿Qué son? - Finalizó Genta.
- ¿Esto? - Respondió arqueando una ceja -. Es la fórmula de un veneno poderoso, aunque a veces también puede encoger seres humanos - les explicó.
- ¡QUÉ! - exclamaron sorprendidos.
Conan se rio incómodo y aclaró:
- ¡Es un chiste! Es una tarea especial que le asignó Kobayashi sensei…
- Pero… se ve demasiado compleja para ella - insistió Mitsuhiko.
- No… si no, no lo haría en el auto - rio incómodo.
- Es cierto - respondió satisfecho.
- Ey, Haibara - murmuró al oído de ésta.
- ¿Qué te pasa? - Contestó, cansada de que la interrumpieran. Eso era importante para ella.
- ¿Es necesario que estés con la fórmula en el auto? - Dijo casi recriminándoselo.
- Querés volver a ser Shinichi Kudo, ¿o no?
- Sí, pero… no te exijas tanto.
- No te preocupes por mí, Kudo. Sé que pronto voy a hallar la fórmula para contrarrestar los efectos del APTX 4869. A lo mejor antes de que finalice este fin de semana en Shizuoka. De esa manera, cuando regresemos, vas a poder ver a tu novia - le guiñó un ojo provocando que el niño se sonrojara.
- ¿De qué tanto están hablando? - Cuestionó Ayumi.
- Del viaje - mintió Conan.
- ¿Y por qué susurran? - Insistió.
- Edogawa tiene algo importante que decirles - anunció Haibara y volvió a concentrarse en los papeles que venía leyendo desde su partida.
- ¿De qué se trata? - Preguntaron los tres.
- Es que… luego de este viaje voy a mudarme al extranjero.
- ¡QUÉ! - Exclamaron con suma tristeza.
- Sí, a Brasil… extraño mucho a mis papás - explicó.
- ¿Y dónde queda Brasil? - Se preguntó Genta.
- Sudamérica - lo ilustró Haibara.
- ¿Y dónde queda Sudamérica? - Volvió a consultar.
- ¿En el sur de América? - Contestó con sarcasmo la pequeña científica.
Genta se rio avergonzado por su, entendible, ignorancia.
- Chicos, ¿qué dicen si nos detenemos a cenar? - Propuso Agasa.
- Bueno… - musitó Ayumi, a quien la noticia parecía haberla afectado a sobremanera
- ¡Arroz con anguilas! - Agregó con una notable entusiasmo Genta.
- Bueno, será en el siguiente restaurante con el que nos crucemos - afirmó contento, porque hacía rato que se sentía hambriento.
Nota de la autora:
No se olviden que el tope para escribir este final es el capítulo 594 del anime.
