Capítulo XV: Viaje a Shizuoka I: Una "detective"
El profesor avanzó con su coche unos trescientos metros hasta que divisó un pequeño y colorido restaurante. Morimoto's fast food rezaba un gran letrero.
- ¿Qué les parece si cenamos en ese lugar? – Consultó con los pequeños esperando recibir muestras de entusiasmo.
- ¡Claro, claro! – Contestaron al unísono Conan, Ayumi, Mitsuhiko y Genta, sin mucho interés. Estaban hablando sobre algo muy importante: cuál era el mejor episodio de Kamen Yaiba que habían visto.
Agasa los contempló un segundo y después volvió su vista hacia delante. Si los pequeños también querían cenar lo siguiente sería encontrar un lugar donde estacionar su auto. No tuvo demasiados problemas para encontrar uno y, una vez que se hubieron apeado del vehículo, se dirigieron hasta el restaurante.
Era un lugar pequeño pero moderno. Las paredes estaban revestidas de colores alegres y había grandes dibujos de los platos típicos que se servían allí como papas fritas, hamburguesas o gaseosas. Las mesas, también muy coloridas, permitían que se ubicaran grandes grupos de personas, lo que dejaba claro que era un restaurante del tipo familiar. Sin embargo, había también una gran barra, con ocho taburetes en frente de la misma, para aquellas personas que tuvieran poco tiempo y necesitaran una rápida comida. Junto a la barra, además, se ubicaban las dos puertas que conducían a los baños de damas y caballeros, respectivamente.
En un fin de semana, se suponía que el lugar debería estar bastante lleno, pero como ya era bastante tarde, casi que no quedaba nadie. En el interior podía observarse, a través de una de las grandes ventanas, que había una pareja de unos veinticinco años finalizando unos cafés:
- Iwao, ¿terminaste tu café? – Preguntó una bella mujer de cabellos negros y ojos marrones, algo impaciente.
- Claro que sí, querida – contestó su pareja, un hombre alto y fornido.
- Entonces… ¿por qué no pedís la cuenta de una buena vez? – Prosiguió con su mal humor.
El hombre dio un suspiro y ella desvió la vista hacia afuera.
- Todo porque no te llevé a ese estúpido restaurante… - murmuró. – Qué caprichosa, Kasumi.
La muchacha frunció el ceño.
- ¡Señorita! ¡Moza! – Levantó la voz, Iwao.
Una jovencita de diecisiete años de cabello corto, color azabache y ojos verdes se aproximó hasta la mesa donde se ubicaba la pareja.
- Dígame, señor – dijo con una sonrisa y una mirada cargada de entusiasmo que disimulaba la cargada jornada de trabajo que había tenido aquel día.
- La cuenta, por favor – pidió Iwao.
- Ah, claro. Déjenme ver… sería en total… mil yenes.
Iwao llevó su mano hasta su bolsillo, retiró su billetera de cuero y le alcanzó a la joven un viejo y arrugado billete de mil yenes, ella le entregó un pequeño ticket y la pareja se retiró, denotando el visible enfado de la mujer que ya comenzaba a afectar el humor de Iwao. "Qué señora más malhumorada", murmuró la adolescente. "Todo por un restaurante de comida italiana…", suspiró. En ese momento atravesaron el umbral de la puerta el profesor Agasa y la Liga Juvenil de Detectives.
Ahora sólo quedaban dos personas en el lugar. Un hombre de unos treinta años de cabellos castaños y ojos azules que estaba terminando una hamburguesa, y un chico que parecía tener unos dieciocho años sentado en la barra, bebiendo una bebida y usando su teléfono celular.
- ¡Bienvenidos! – Los recibió la chica con una sonrisa – Voy a ser su moza, soy Mizuki Morimoto, acompáñenme, por favor.
La chica los escoltó hasta una de las mesas junto a la ventana y le alcanzó a cada uno de los niños un menú.
- ¡Moza! – La llamó el joven en la barra.
Mizuki, que vestía una camisa blanca con una pequeña corbata roja, una falda gris, un delantal blanco, zapatos negros, y cargaba una charola plateada, se acercó hasta el atractivo muchacho de cabellos rubios y ojos claros, ocultos bajo unas gafas oscuras.
- ¿Sí?… - musitó tímidamente ocultando gran parte de su rostro tras la bandeja.
- Otra gaseosa, por favor, y la cuenta.
La chica rápidamente acudió hasta la cocina y trajo una lata de una conocida marca de refrescos. La llevó hasta la barra, la abrió y la sirvió en el vaso del muchacho.
- Listo, serían doscientos cuarenta yenes en total.
El joven se llevó una mano al bolsillo y retiró una brillante moneda de quinientos yenes.
- Conserve el cambio – le ordenó mientras extendía su brazo.
Mizuki perdió la mirada un momento en sus manos. Qué pequeñas y delgadas eran. Eran unas manos tan delicadas y afeminadas, y esas uñas tan bien cuidadas. ¿Sería acaso un pianista o músico? ¿Alguna especie de alfarero? ¿Por qué cuidaba con recelo de sus manos? Ese detalle hizo que el muchacho dejara de parecerle interesante en una milésima de segundo. "Bah, a mí me gustan masculinos", resopló.
- ¡Señorita! – El joven la trajo de regreso a la realidad.
- ¡Oh, perdón! Le dejo el ticket. Gracias por elegirnos – tomó la moneda y la depositó en el bolsillo de su delantal.
Mizuki recogió después las cosas que habían quedado en la mesa de la joven pareja para llevarlas a la cocina y limpiarlas. Pero se vio imposibilitada ante el llamado del profesor Agasa. Nuevamente esbozó una enorme sonrisa. Debía echarle un poco más de entusiasmo a la situación, no quedaba mucho para cerrar el restaurante. Después, podría hacer sus deberes y terminar El signo de los cuatro su novela preferida de Arthur Conan Doyle, que leía por enésima vez, para más tarde cerrar el día viendo su caricatura preferida El gran detective Arthur.
- ¿Qué van a ordenar? – Inquirió con amabilidad mientras sostenía su bandeja, con las cosas que acababa de recoger.
- Unas hamburguesas y unas gaseosas para todos, por favor – indicó Agasa cordialmente.
- Genial, serían… seis hamburguesas y seis gaseosas. Enseguida.
En una maniobra bastante torpe, mientras recogía los menús que había entregado a cada uno de los niños, Mizuki no pudo evitar que su bandeja se le resbalara de las manos y manchara a la pequeña Ayumi, sentada en el borde derecho de la mesa, con café y soda. La niña dio un pequeño alarido por el sorpresivo descuido de la adolescente, pero afortunadamente no resultó golpeada ni tampoco se quemó, sino que simplemente quedó arruinada su ropa.
- ¡Ayumi! – Exclamó Agasa -. ¿Estás bien?
Se puso de pie y empezó a deslizar sus pequeñas manos sobre sus vestimentas como si de ese modo pudiera limpiar todo el café que las había estropeado.
- ¡Ay, Dios mío! ¡Disculpame! – Lamentó Mizuki – Acompáñeme, señorita, la ayudo a limpiarse.
La moza, entonces, tomó la mano de la niña y la condujo hasta la cocina. En ese instante, el hombre que estaba comiendo una hamburguesa, Akira Tabuchi, se puso de pie y se dirigió directo al baño.
- Haibara, ¿no pensás dejar eso ni siquiera ahora que estamos por cenar? – Le preguntó Conan, molesto.
- No, no hasta que llegue la cena – se limitó a contestar concentrada en la fórmula. - ¿Y vos, qué?
- ¿Que yo qué? – preguntó Conan.
- Estás tan callado y serio desde que comenzamos el viaje, ni siquiera jugaste con los chicos.
- ¿Jugar? – Resaltó extrañado.
- ¿Preferís fingir? Qué importa… Algo te pasa. Es por tu novia, ¿no es cierto? Debió haberle afectado la noticia más de lo que creíste.
- Y si ya sabés lo que me pasa, ¿para qué me lo preguntas? – Contestó descortésmente. Él no estaba de humor para sus sarcasmos y Ai tampoco estaba dispuesta a soportarlo, por lo que le devolvió una mirada con notable enfado.
- Perdón, Haibara – dijo Conan, aterrado por esa mirada - ¡Es el hambre, es el hambre! – Se justificó con un tono inocente.
- Yo también estoy muy hambriento, profesor – se quejó Genta.
- Vamos, Genta, aguantá unos minutos. Seguro las hamburguesas no tardan – lo animó Mitsuhiko. Por cierto, Conan – el aludido le dedicó una mirada expectante - ¿Por qué te vas a Brasil tan repentinamente? – Preguntó.
- Ya se los dije, extraño a mis padres – respondió incómodo.
- Ya veo… es una pena porque ya no será lo mismo la Liga sin vos – admitió con tristeza y un profundo silencio se avecinó en la mesa luego de esas palabras, carcomiendo más profundamente en el corazón de Shinichi Kudo.
El adolescente terminó su bebida y se dirigió al baño.
Mientras tanto, en la cocina del restaurante:
- ¡Mizuki! ¡Lo volviste a hacer! – La regañó un hombre obeso vestido completamente de blanco.
- Perdón, papá. Te prometo que voy a ser más cuidadosa.
- Está bien – respondió secamente el septuagenario.
Ayumi seguía tratando inútilmente de limpiar sus prendas cuando Mizuki se acercó hasta ella y le propuso:
- Disculpe, ¿no querría subir hasta mi casa? Yo podría prestarle ropa y pondríamos a lavar la que se manchó. Así cuando usted se retire del restaurante, lo hará con su ropa limpia.
- Eh, bueno. Muchas gracias – accedió la pequeña.
- Genial – Exclamó Mizuki, satisfecha - ¡Papá! ¡Subo un momento, ocupate de todo! – Indicó, tomó la mano de Ayumi y fue a la segunda planta del lugar.
- Esperá, Mizuki… - intentó detenerla Tsubasa, su padre, sin éxito. Al ser una persona mayor, pequeña y obesa le resultaba difícil atender a los clientes. Es por eso que sólo contaba con la ayuda de su pequeña Mizuki. Su única hija.
Su esposa, treinta años menor, y madre de Mizuki, había fallecido joven a causa de un cáncer y tuvo que arreglárselas para llevar el negocio y la educación de la niña adelante. Ella no le causó muchos problemas. Desde pequeña siempre lo ayudó y se esforzó mucho en la escuela. Él creía que Mizuki era dueña de una enorme inteligencia así como de una enorme habilidad en la esgrima, deporte que había empezado a practicar por su fanatismo hacia Sherlock Holmes.
Holmes. Era de lo único que hablaba desde que su madre falleció. Nunca olvidaría aquella tarde en la que su hija, cuando fue a visitar a su madre, se angustió mucho porque "sabía" que moriría pronto, aunque él le ocultara todo al respecto. Yumi, su mamá, le obsequió de regalo para que se distrajera y no estuviera tan deprimida un libro de misterios. Estudio en escarlata por Arthur Conan Doyle. Desde ese día, nació su admiración por el ficticio detective para después, claro, volverse una verdadera aficionada de los misterios.
Mizuki hacía poco tiempo le había confesado que en cuanto terminara sus estudios secundarios se convertiría en detective profesional. Esto último no se lo tomaba muy en serio, sino que, por el contrario, esperaba que cuando creciera se casara, formara una familia y se hiciera cargo del negocio familiar.
Ayumi ingresó al cuarto de la adolescente y no tardó en quedar a la evidencia su admiración hacia Sherlock Holmes, así como tampoco el gran aprecio que le tenía a Shinichi Kudo, el gran detective del este. En su cuarto había un gran afiche detrás de la puerta con una fotografía de un hombre que respondía a las características de Holmes. Otros dos o tres afiches similares había pegado en su pared, por encima del escritorio. En una de las puertas de su ropero, notó que había pegados varios recortes de periódicos viejos en los que se leían cosas como "Shinichi Kudo", "Joven detective" y "el nuevo Holmes", entre otros.
- Sos muy fan de Holmes – comentó Ayumi cortésmente.
- Eh, sí… Voy a buscar una ropa acorde a su edad a la otra habitación para que pueda cambiarse, enseguida vuelvo – dijo Mizuki con una sonrisa amistosa.
La pequeña siguió observando el dormitorio, que contaba con una extensa biblioteca repleta de libros de misterio, y se encontró con un escritorio en el que había un cuaderno en cuya tapa estaba escrito lo siguiente: investigaciones privadas. Ayumi tomó el cuaderno, lo abrió y comenzó revisarlo. Descubrió que en una página decía: "Averiguaciones sobre la desaparición de Shinichi Kudo". Y leyó lo siguiente:
"Ha desaparecido misteriosamente Shinichi Kudo, algunos creen que ha fallecido. Me propongo averiguar cuál es su paradero y por qué se esconde.
He hablado con el inspector y me ha hablado sobre un niño brillante llamado Conan Edogawa. Hace poco vi su foto en los diarios y tiene un parecido notable con Kudo.
Mi primo me ha contactado con estudiantes de la escuela secundaria Teitan. Kudo apareció sorpresivamente en la obra escolar, pero después volvió a desaparecer.
Cada vez los periódicos halagan más a la Liga Juvenil de Detectives, en especial al pequeñín Edogawa.
He estado en Tokio el fin de semana. Me hice pasar por una periodista y hablé con una profesora de Conan Edogawa, me informó que el chico es muy listo, 'quizás demasiado para su edad', resaltó. Dijo que los papás de Edogawa jamás asistieron a la escuela y que son los Mouri quienes se encargan de él.
He averiguado cosas sobre los Mouri. Kogoro es un famoso y prestigioso detective. Su hija Ran parece que era la novia de Shinichi hasta que desapareció.
El inspector me ha contado sobre la manera peculiar en la que Mouri resuelve sus casos. ¿De verdad alguien resuelve casos de ese modo?..."
- ¡Traje la ropa! – Anunció Mizuki cuando regresó a la habitación. Ayumi, sorprendida, se asustó y dejó caer el cuaderno. La camarera le entregó una pequeña remera y una falda, ambas rosas. Después, recogió su cuaderno e inquirió arqueando una ceja - ¿Estuviste leyendo esto?
Ayumi meneó la cabeza, mintiendo.
- Son solo anotaciones tontas, nada importante – aseguró sabiendo que la niña, por la forma en que la miraba y el gesto que advirtió cuando regresó al cuarto, había leído efectivamente algo de su contenido. – Voy a dejarla tranquila para que se cambie – agregó después de un breve silencio, y se llevó con ella el sospechoso cuaderno.
Ayumi quedó impactada por el contenido de ese cuaderno. Y de algo no tenía dudas, quería saber que otras tantas cosas había descubierto Mizuki. Por primera vez, empezó a reflexionar si Conan en realidad podría ser Shinichi Kudo. Con sólo siete años, enumeró una pequeña lista similitudes entre Conan y Kudo: su inteligencia y habilidad para resolver misterios, el notable parecido físico y la gran pasión hacia Sherlock Holmes en particular. ¿Eso era suficiente? Se esforzó por recordar algún otro detalle, y en ese esfuerzo, su memoria unió los cabos con una sospechosa declaración.
"¿Esto? Es la fórmula de un veneno poderoso, aunque a veces también puede encoger seres humanos".
No, no. No podía ser cierto. Debía tratarse de una gran confusión, aunque…
"Cuando eliminás todas las posibilidades lógicas aquella última que queda, por más improbable que parezca, es la absoluta verdad".
Nota de la autora:
¿Qué tal? Bueno, como les había anticipado, un nuevo caso. Tendrá como protagonistas a los chicos de la Liga Juvenil de Detectives.
Aclaración: el personaje de Mizuki Morimoto fue pensado antes de la aparición de Sera Masumi en Detective Conan, pero cuando publiqué este capítulo Sera hacía sus primeras apariciones así que decidí que su apariencia y sus nombres sean similares. Como aclaré antes, puse un techo en el animé para empezar a desarrollar la historia y Sera apareció después de esto, es por eso que no formará parte de mi historia. Pero pueden tomar al personaje de Mizuki como una especie de Sera.
