Capítulo XVII: Viaje a Shizuoka III: Sospechosos
Mizuki abandonó de inmediato el baño y se dirigió hasta la cocina para alertar a su padre de lo sucedido y realizar la llamada.
- ¡Papá! ¡Papá! ¡Pasó algo terrible! ¿Papá? – Inspeccionó los alrededores tratando de encontrarlo. - ¿Dónde se habrá metido? – Murmuró mientras tomaba el tubo del teléfono y marcaba 119.
Conan, quien seguía en la escena del crimen, le ordenó a la muchacha que abrazaba desconsolada al cadáver:
- No toque el cuerpo.
- ¿Por qué? – Cuestionó la mujer.
- Es claro que ha sido asesinado. ¿Ve las marcas en su cuello? Nadie que muera naturalmente presenta esas marcas. Y si usted sigue tocando el cuerpo, podría entorpecer la investigación.
La joven horrorizada por los comentarios del niño se apartó de su pareja, pero siguió observándolo anonada y muy conmovida.
Ahora sin obstáculos, Conan se apresuró a observar el cuerpo con la esperanza de encontrarse con algún indicio que le permitiera deducir lo que le había ocurrido a ese hombre.
En primer lugar, observó con más cuidado las marcas alrededor su cuello. Se presumía, habían sido hechas con algún tipo de cinta o cinturón. "¿Asesinato por asfixia?", pensó. "No, no puede ser. Normalmente las víctimas que son ahorcadas se defienden causándose heridas con sus propias uñas. ¿Cómo es posible que la víctima no haya puesto la más mínima resistencia? Eso me molesta". Volvió a divagar sobre la figura del cadáver buscando más pistas.
Akira yacía sentado en la taza del baño, con la cabeza inclinada hacia abajo. Cualquiera que lo viera podría pensar que en realidad se había quedado dormido, al ver su rostro pacífico y sereno. Pero con solo tocarlo y sentir el frío y la rigidez de su cuerpo saldría espantado ante el descubrimiento de un auténtico cadáver.
Como bien había advertido el pequeño detective, no tenía más que unas marcas alrededor del cuello. Tampoco había signos que indicaran que hubiera habido algún tipo de resistencia. Su ropa tampoco presentaba ningún tipo de rasgaduras y no parecía que le hubieran quitado algún objeto personal. No había signos de violencia.
La segunda cosa que se atrevió a suponer Shinichi Kudo fue que la víctima había sido adormecida para evitar cualquier tipo de forcejeo o dejarla simplemente sin chances para defenderse. Se acercó hasta la boca de Akira con la esperanza de encontrarse con algún olor de los típicos somníferos como el cloroformo, pero nada.
Quiso proseguir con su investigación en la escena del crimen, pero la camarera regresó y lo regañó:
- Ey, no toques el cuerpo – tomó a Conan entre sus brazos y lo apartó de inmediato de ahí – y ustedes dos – se refirió a la mujer y al hombre obeso que había hallado al cadáver y no se había movido ni un centímetro – acompáñenme, no podemos estar acá. Pronto va a llegar la policía y necesita realizar las pericias correspondientes, no hay que tocar nada.
Sin cuidar mucho sus movimientos, Mizuki chocó con la novia de la víctima.
- Oiga, tenga cuidado – reclamó ofendida la joven mujer y la miró con desdén.
La moza soltó a Conan, quien se golpeó contra el piso, y se arrimó hasta la mujer.
- ¡Oh, perdón! ¿La lastimé? ¿Está bien? – Comenzó a revisarla hasta que tomó sus manos. – Pero qué manos más bonitas tiene – exclamó impresionada -. ¡De verdad! ¿Cómo lo hace? Como trabajo en este lugar tengo problemas para dejar así de bonitas mis uñas.
- ¡Usted no sabe que acabo de perder a mi prometido! No sea atrevida y déjeme en paz – se separó la mujer, se cruzó de brazos y le dio la espalda.
- Bueno, lo mejor será que vayamos a la cocina – dijo después sonrojada y bastante avergonzada por la situación que acababa de protagonizar.
Entonces, los condujo a todos hasta la cocina y les ofreció agua a los dos adultos, mientras que Conan prefirió no beber nada, molesto por no poder seguir observando el lugar de los hechos y porque Mizuki lo había dejado caer haciéndole daño. El papá de la camarera, Tsubasa, atravesó el umbral de la puerta y su hija se acercó hasta él:
- Papá, ¿dónde estabas? Hubo un asesinato. Tengo que ir a cuidar el baño para asegurarme que nadie toque nada.
- Perdón, hija. Me corté la mano sin querer cuando preparaba algo y fui a vendarme – explicó el anciano.
- Pero… vos nunca te lastimás – repuso Mizuki con una mezcla de sorpresa y preocupación.
- Lo sé, pero estoy más viejo y más torpe – aseguró y dio un suspiro, deprimido.
- Por favor, tené más cuidado, papá - le pidió con preocupación y después se marchó. Debía cuidar que no hubiera ninguna clase de movimiento en la escena del crimen.
Tsubasa contempló a todas las personas que ahora ocupaban su lugar habitual de trabajo y preguntó:
- ¿A quién asesinaron? ¿Podrían explicarme lo que pasó?
Agasa, que había permanecido en su lugar junto con Haibara, al advertir el extraño comportamiento de la adolescente luego del grito, acudió a ella y la interrogó al respecto:
- ¿Pasó algo? ¿Por qué cuida de la puerta?
- Señor, acaba de ocurrir un asesinato, un hombre ha muerto. La policía está en camino. Si necesita ir al baño, puede ir al de mi casa. Pero es necesario que no se realice ningún movimiento acá, ya que el asesino…
- Está bien, está bien – la interrumpió Agasa – vuelvo a mi sitio.
Cuando el profesor hubo acabado de hablar con Mizuki, el inspector Sango Yokomizo arribó al lugar junto con otros oficiales. La adolescente los recibió y les indicó donde se había producido el asesinato.
- Muy bien, Mizuki. Explicanos qué fue lo que pasó.
Mizuki sonrió pícaramente. Orgullosa, infló su pecho e inició su relato:
- Pasó lo siguiente: hace unos minutos uno de mis clientes encontró a este hombre, llamado Akira Tabuchi, muerto. El señor Tabuchi fue reconocido por una mujer que asegura ser su prometida. Dijo que ellos habían quedado para verse en este mismo lugar. Sin embargo, cuando la víctima ingresó de inmediato efectuó su orden. Él pidió una hamburguesa completa con papas y una gaseosa. Y en ningún momento dijo estar esperando por alguien, eso me molesta mucho inspector.
- Es extraño – coincidió Yokomizo – continúe.
- Bueno, cuando acabó su hamburguesa se fue al baño. No sabría decirle qué cosas pasaron cuando entró porque me hallaba en la planta superior ayudando a una pequeña niña después de un momento de torpeza – admitió con un poco de vergüenza. – Sin embargo, cuando regresé ingresaron otros dos clientes. Uno era un hombre alto y delgado, de ojos marrones. Dijo que estaba esperando por alguien y por eso no me dejó tomarle el pedido. Pude ver que entró al baño, e inmediatamente después de eso se marchó. Luego, el hombre obeso, que halló al cadáver y que comió tres hamburguesas completas, entró porque estaba aparentemente descompuesto y encontró al señor Tabuchi. Para ese momento, me encontraba hablando con Edogawa y la novia de la víctima y fue entonces que el grito de aquel sujeto nos hizo correr sin dudar hasta el baño encontrándonos con él – señaló al cadáver.
- Ya veo. ¿No recuerda nada más, Mizuki? ¿Nada extraño?
- Bueno… no. La verdad es que… - se tomó el mentón con la mano izquierda, intentaba recordar -. ¡Un momento!... Un chico… Un adolescente. Bebió unas latas de gaseosa… pero después de subir no sé si estuvo o no en el baño o si directamente se marchó. Debe preguntar sobre eso a los otros testigos, ya que yo estuve con esa pequeña niña y quizás cuando estuve con ella abandonó el lugar… De hecho a nadie le ha llamado la atención, por lo que es probable que simplemente se haya marchado… - comentó algo decepcionada por no haber estado ahí para observarlo.
- Tranquila, Mizuki, me encargaré de preguntarle eso a los otros testigos. Agradezco tu colaboración. ¿No conocías a la víctima?
- No, en absoluto.
- ¿Y no hay ningún otro detalle peculiar que recuerdes?
- No…
- Muy bien. Entonces lo mejor será iniciar un interrogatorio mientras espero los resultados de las primeras pericias que harán mis agentes.
- Bueno. En la cocina están reunidos la mayoría de los testigos, pero hay otros que creo que deberíamos buscar.
- ¿Por qué?
- Los sospechosos llegaron después de que este joven se marchara, estos otros testigos podrían aportar datos más precisos. Imagínese que aquel muchacho conociera a la víctima o algo por el estilo.
- Ya veo. Decime, ¿a cuántos clientes atendiste antes que se produjera el asesinato?
- A decir verdad, no podría decirle cuántos. Después de que la víctima ingresara, atendí a doce personas: Una pareja que hizo una escenita y se fue, aquel hombre que se marchó momentos antes de hallar el cuerpo, el adolescente que también se fue, un señor obeso que sigue en la cocina junto con la novia de la víctima, cinco niños y un anciano que también están aquí... y, bueno, mi papá también estuvo todo el tiempo acá.
- De acuerdo. Mizuki, ¿podrías acompañar a un agente en un patrullero? Quizás algunas de esas personas sigan por acá y puedas reconocerlas. De esa forma vendrían aquí y las interrogaríamos.
- ¡No hay problema, inspector! – Exclamó excitada –. Voy a traerlos de vuelta para que usted pueda interrogarlos – prometió alegremente.
Sango Yokomizo rio levemente. Mizuki siempre se mostraba entusiasmada frente a los misterios. Muchas veces se acercaba hasta su casa para hablar con él sobre su trabajo o discutir sucesos extraños. No había dudas de que era lo que más le apasionaba en la vida. Y esta sería la primera vez en la que Mizuki intervendría en una investigación, no debía extrañarle que se sintiera tan ansiosa.
Agasa observó al pequeño con gafas concentrado, tomando apuntes en su libreta y se arrimó hasta él.
- Shinichi – murmuró. - ¿No viste a los chicos?
El niño abandonó su postura y lo miró sorprendido.
- ¿No estaban con vos y Haibara?
- Sí, pero me distraje por un momento y desaparecieron – explicó -. Creí que a lo mejor vos podrías saber dónde están.
- No, perdón. Estuve interrogando a estas personas – observó rápidamente al hombre obeso, a la novia de la víctima y a Tsubasa Morimoto.
- Deberías ir al baño, ya llegó el inspector – le informó -. Así podrás tener más pistas.
Conan sonrió.
- No se preocupe, profesor. En cuanto Mizuki me tomó en sus brazos me encargué de dejar uno de los micrófonos de mis patillas – señaló sus anteojos con su dedo índice - en su delantal. Así, puedo estar informado de todo sin que ella sospeche de mí.
Agasa se sorprendió por lo que escuchó de la boca de Conan.
- ¿Sospechar de vos? ¿Por qué?
- Desde que Ayumi habló con ella que los chicos se están comportando raro y se fijan mucho en lo que hago. Me extraña que ahora mismo no me estén vigilando – advirtió y con su mirada registró los alrededores para asegurarse.
- Tampoco están con nosotros, ¿a dónde se habrán metido? – inquirió intranquilo.
- ¿Se habrán ido?
- Imposible… no los vimos salir. Quizás deben estar jugando, voy a pedirle ayuda a Ai para buscarlos.
- De acuerdo. Tratá de mantenerlos alejados hasta que resuelva el caso – le pidió el pequeño, deseoso de trabajar sin sobresaltos.
El profesor abandonó la cocina y regresó caminando lentamente hasta su asiento. Observó que Haibara ya no estaba trabajando en la fórmula.
- ¿Terminaste? – Inquirió sorprendido.
- No, pero… no puedo concentrarme – confesó.
- ¿Pasa algo? – Indagó Agasa.
- Estoy preocupada. Escuché a los chicos hablando de Edogawa y Shinichi Kudo. Los estaban comparando – advirtió y clavó la mirada al suelo, preocupada.
-¿Qué… qué querés decir, Ai?
- Profesor… están sospechando de él, de su verdadera identidad, y… - empezó a temblar – también pude escucharlos hablando de mí.
