Elsa Oldenburg desfilaba por el elegante salón junto con el resto de los modelos recién llegadas a la pasarela, luciendo los elegantes y hermosos vestidos de alta costura.
El propósito era mostrarlos en un desfile privado en el que las ricas clientes del diseñador Agreste se encontraban reunidas en aquel prestigioso hotel.
Cuando pasó al frente del opulento grupo de personas, su estómago protestó, pero no hizo caso gustase o no, y claramente no le gustaba, ser modelo exigía restringir calorías para mantenerse delgada. Volver a comer sería una de las grandes ventajas de dejar su carrera, y por fin, mudarse al campo donde deseaba estar realmente.
Y el sueño de poder escapar se acercaba cada vez más, si, escapar a aquel pequeño pueblo en Noruega en el cual sus abuelos comprado varias hectáreas e incluida una casa de campo, con un muy bello jardín en la entrada, y que ahora le pertenecía a ella.
Ese siempre había sido su único hogar, había gastado todo lo que tenía en la reparación de esta, reconstruyendo desde el tejado hasta el cambio de tubería.
Y ya casi estaba hecho, solo faltaba cambiar la cocina y el baño para poder mudarse.
Aún necesita un poco más de dinero, por eso aceptaba cualquier trabajo que le ofrecían, incluido el de esa noche, guardando cada céntimo para terminar su hogar.
Elsa era una mujer autosuficiente de sus padres, nunca se había relacionado mucho con ellos, la distancia entre Inglaterra y Noruega no era tan grande como la comunicación que mantenía con sus padres. Todo lo que tenía era gracias a ella misma.
Desde pequeña había tomado el ideal de lograr grandes cosas a base de su esfuerzo propio, y eso, era algo que le enorgullecía bastante. Además de mudarse lejos de todo y de todos, Elsa anhelaba enormemente el día en que todo se solucionara con sus padres, los extrañaba, demasiado.
La ilusión de ser modelo se había marchitado tiempo atrás, ahora su trabajo le parecía tedioso y agotador. Asimismo, no era la clase de mujer a la que le gustara exhibirse continuamente, atrayendo indeseadas miradas masculinas, como la de su antigua pareja.
Intentó no pensar en ello, eso había sido mucho tiempo atrás y ya lo había superado, en ese entonces era joven e ingenua al creer que la había querido de verdad cuando en realidad solo había sido un trofeo para impresionar a sus amigos.
Ella no quería ser un trofeo para nadie, y esa dura lección la había obligado a ser fría y distante con los hombres, y gracias a ello su indiferencia solía desanimarlos, por mas guapa que Elsa fue, y en realidad lo era, su fría y azulada mirada llegaba a intimidar a cientos de hombres, alejándolos completamente.
Tal vez había heredado la rigidez de sus padres, ellos siempre le enseñaron a defenderse, a no ser una cobarde o dejarse intimidar por nadie.
Desde luego no iba a dejarse impresionar por toda esa gente que estaba reunida esa noche, tomando el mejor champán y comprando elegantes trajes de alta costura que valían una fortuna.
Eran ricos si, pero claramente no eran mejor que ella en ningún sentido, y Elsa no permitiría que la tratasen como si fuera alguien insignificante; cosa que no era en absoluto.
La sangre que corría por las venas de Elsa Oldenburg era la de un antiguo linaje real, pero igualmente, nadie lo sabía.
Con la cabeza en alto y el rostro serio, siguió desfilando de un lado a otro en el salón. El evento terminaría pronto y así podría irse a casa.
Hans Westergaard tomó un trago de su champán, intentado respondedor a lo que Kristoff le decía.
Estaba de mal humor, pero no quería que este se diera cuenta.
Viejo amigo de su familia, Kristoff Bjorgman había estado a su lado tras la muerte de sus padres, cuando entonces él tenía poco menos de 20 años.
Había sido aquel rubio quien le enseñó a dominar una herencia como la suya, todo gracias a la experiencia que había adquirido en una empresa ingeniera noruega. Lo apoyó como a nadie, y eso era algo que Hans jamás podría olvidar.
Pero era esa misma lealtad la que estaba causando muchos problemas, hace menos de dos años que Bjorgman se había dejado engañar por una mujer a la que Hans consideraba como una interesada y algo mucho peor.
Después de haber enganchado a su amigo, Honeymaren, que estaba ahí esa noche para aumentar su colección de vestidos de alta costura, no se molestaba en esconder qué veía a su marido aburrido y poco interesante. Y tampoco lo hacía en esconder que pensaba todo lo contrario de él.
Los ojos de Maren estaban clavados en su persona en ese momento, y que Hans no le prestara la mas mínima atención no parecía disuadirla, si fuera otra persona ya le hubiera hablado claramente para que lo dejase en paz.
Aprendió a ser implacable desde pequeño, primero como heredero del Royal Bank y luego tras la muerte de sus padres. Las mujeres se interesaban en él, o mas bien en su dinero, y la posibilidad de convertirse en la señora de Westergaard.
Algún día sentaría cabeza, cuando el momento de casarse y formar una familia llegara, pero sería alguien de su mismo estatus social.
Su madre había sido una heredera muy rica, pero incluso para algunas aventuras su padre la había advertido no tener relación alguna con alguien que no formara parte del mundo; era más seguro de ese modo.
Hans sabía que tenía razón, y solo una vez había cometido el error de ignorar aquel consejo, pero eso era algo que no quería recordar, en ese entonces era muy pequeño y confiado. ¡Pero qué cara había pagado esa confianza!
La voz de la castaña empeoró su mal humor.
— Hans, ¿Te he dicho que Kristoff prometió comprar una villa? Y ... se me ha ocurrido una idea estupenda, ¡podríamos ir a buscar casas desde la tuya! Vamos Hans, di que si.
Quería decir que no, pero Nattura lo había puesto en un aprieto. Cuando sus padres vivían, Kristoff solía alojarse a menudo en su casa, buenos recuerdos ... muy buenos.
Sintió una punzada de nostalgia por esos días tan alegres, y embozando una sonrisa de resignación. Hans dijo lo único que podía decir.
— Bien Maren, sería estupendo.
Claro que no lo sería, era terrible que tener que soportarla mientras le hacía ojitos, aún así, mostró un falso entusiasmo, uno que no sintió para nada.
Por otra parte, satisfecha con su respuesta la mujer se volvió hacia donde su marido
—¡Oh Kris !, no tienes que quedarte si no quieres. Hans puede llevarme de vuelta al hotel cuando termine el desfile.
El rubio miró a su amigo con una expresión agradecida.
—Me harías un favor, tengo que llamar a Flynn para hablar sobre la próxima reunión de la Administración.
De nuevo, el ojiverde no podía hacer objeción alguna, y como temía, su amigo se había marchado dejándolo solo con esa arpía. Y tan pronto como aquel hombre abandonó el salón , sintió como unas manos largas con esmalte púrpura se alojaban sobre su esmoquin.
—¿Qué vestido me quedaría mejor?—dijo señalando a las modelos
No estaba dispuesto a que ella se sobrepasara o persistiera, así que miró a la modelo más cercana, pero al hacerlo se olvidó completamente de la insoportable mujer que tenía sobre él.
Durante el pase de los modelos no había prestado demasiada atención al desfile, pero al ver a esa chica platinada quedó totalmente conmocionado.
Era alta y delegada como todas las demás, pero no se parecía a ninguna.
Su cabello era de un precioso rubio platinado, largo, y estaba sujeto en un moño alto que dejaba al descubierto su largo y elegante cuello. Y ese perfil ...
Hans no podía apartar su ciruela mirada de aquel majestuoso rostro, los zafiros que tenía por ojos, y esos labios tan tojos y jugosos. Tenía una expresión seria e indiferente, incluso más indiferente que todas las demás modelos, pero su instinto masculino reaccionó de inmediato.
Era de belleza increíble, un mismísimo ángel.
Sin más, levantó la mano para llamarla, y por un segundo pensó que no lo había visto porque seguía desfilando.
Tan solo unos instantes después, se dirigió a él formando una mueca. ¡Era asombrosa! Claro que, era modelo y eso la hacía intocable. Por que según él, las modelos no solían pertenecer al mundo de los privilegiados, pero aquella chica ...
Fuera quien fuera, estaba haciendo imposible que cumpliera con sus propias reglas.
¡Dios, era fabulosa! Y ahora que la tenía frente a él, a penas a un metro, Hans la miró de arriba a abajo quedando atónito. Pero entonces, vio el brillo de ira en aquellos preciosos ojos, era como si le molestase que la mirasen.
¿Porqué? Si era modelo, le pagaban para lucir preciosos y caros vestidos. Claro que podría llevar cualquier otra cosa puesta y estaba seguro de que se vería igualmente hermosa.
Aún así, daba igual lo hermosa que fue, no la había llamado para hablar con ella, sino para mostrarle el vestido a Honeymaren y marcharse de ahí cuanto antes.
¡Holaaaa gente bella! UwU
Traje una historia jsjs, espero que sea de su agrado y puedan disfrutarla. Estoy un poco nerviosa, no es la primera vez que escribo, llevo cuatro años haciéndolo, pero no en esta plataforma y no con este ship.
Son cosas nuevas para mi y estoy haciendo mi mejor esfuerzo jsjsjs. Quiero que la disfruten y agradezco a esas personitas que ya le han dado una oportunidad 7u7.
Pd: putimaren no me agrada y por eso será la mala de la historia jsjsjs
Gracias por leer 3
