Capítulo XIX: Viaje a Shizuoka V: Promesa
La pera de la pequeña de cabellos castaños tocaba su pecho, es por eso que los de la Liga Juvenil de Detectives no podían ver sus ojos. Cerraba los puños, ambos al costado de su cuerpo, con bronca y resignación. Ya no le agradaba pensar qué estaba bien y qué estaba mal, eso ya la hacía enloquecer. Estaba segura que el final de todo esto, ahora que Kudo recuperaría su cuerpo, se acercaba. Y no sería malo advertirles a los de la Liga que no se acercaran a ellos. Eso, quizás, los ayudaría a protegerlos. Pero ¿qué haría con Mizuki?
Sus pensamientos fueron interrumpidos por uno de los pequeños.
- ¿Qué querés decir Haibara? – Inquirió Mitsuhiko.
- Ustedes lo saben - dijo con sosiego - que Kudo y yo no somos niños y nuestros cuerpos han sido encogidos por el veneno que yo, Shiho Miyano, desarrollé para la Organización y que curiosamente no nos ha asesinado ni a Kudo ni a mí, sino que nos encogió. Y ahora, él y yo nos escondemos y buscamos destruirlos…
Las bocas de los tres niños se fueron abriendo cada vez más al escuchar las palabras que salían de la boca de su compañera. Lo mismo sucedió con sus ojos. Cuando Haibara advirtió esto, frunció el ceño y cuestionó ofuscada:
- ¿Por qué ponen esas caras? ¿Qué no es lo que leyeron en el cuaderno de esa chica?
Los chicos se miraron entre sí y después miraron a su interlocutora.
- Ai… el cuaderno simplemente daba argumentos de por qué Shinichi Kudo podría ser Conan Edogawa, pero no decía nada sobre vos, ni esa Shiho Miyano, ni una Organización – explicó Ayumi.
- Sí, pero al final de sus deducciones, Mizuki explica que fue otra investigación fallida. Un estudiante de la escuela Teitan, a la que va Shinichi Kudo, dijo que vio a Conan y a Kudo juntos. Así que no es posible que sean la misma persona – añadió Mitsuhiko.
- Pero… ¿qué es eso que acabás de decir? – preguntó Genta.
- Yo… yo… - Haibara titubeaba - … estaba jugando con ustedes – sonrió y fingió una pequeña carcajada.
Genta y Mitsuhiko estallaron en una potente carcajada.
- ¡Qué buena actriz, Haibara! – Afirmó Mitsuhiko, divertido.
Ai dio un suspiro aliviada, pero de inmediato se dio cuenta que Ayumi no solo no se estaba riendo, sino que ya no estaba más ahí.
- ¿D-don-dónde está Yoshida? – Preguntó nerviosa.
Los muchachos dejaron de reírse y observaron los alrededores.
- ¿Dónde se habrá ido? – Se preguntó Genta.
- V-voy a buscarla – aseguró Haibara –. Ustedes vayan con el profesor.
Los dos niños se fueron de allí rápidamente. Haibara registró todas las habitaciones de la planta superior con la esperanza de encontrar a su compañera, pero no la halló. Descendió por las escaleras hasta el restaurante y allí se encontró con el profesor y todos los chicos, incluido Conan, en la puerta del baño de mujeres.
Se reunió con ellos y, al percatarse de su presencia, el profesor le informó:
- Ayumi bajó desde arriba llorando, corrió hasta el baño y no quiere salir ni decirnos qué le sucede.
Haibara se sorprendió.
- Le pedimos que salga – dijo Genta – pero no quiere hacerlo. Y tampoco quiere que entremos.
- Yo… voy a hablar con ella – afirmó Haibara y cuando dio un paso en dirección al baño Conan la interrumpió:
- ¿No preferís que yo lo haga? – Consultó. Desconfiaba que Haibara fuera capaz de tranquilizar a Ayumi. Es cierto que ambas se llevaban bien, pero a la de cabellos castaños le costaban esta clase de cosas.
Haibara negó con la cabeza y esbozó una pequeña sonrisa pidiéndole a Kudo que confiera en ella. Entonces, se adentró en el baño y pudo ver los pies de su amiga asomándose por debajo de uno de los cubículos. Caminó despacio hasta el que se encontraba al lado y se sentó en la tapa de la taza del inodoro.
- Si estás llorando por lo que dije hace un rato, era todo mentira. Sólo estaba jugando con ustedes.
Podía oír el llanto de la pequeña desde el otro lado de la pared y se sentía un poco triste. No había querido hacerla llorar, sólo tuvo un momento de torpeza al haberse visto descubierta por una completa extraña.
- ¡No lo es! – Exclamó Ayumi entre sollozos –. Vos dijiste en el auto que estabas trabajando en un veneno que podía encoger a las personas – dijo más tranquila - y recién lo admitiste. Creíste que la señorita Mizuki te había descubierto. Genta y Mitsuhiko no estaban seguros al respecto y menos después de leer que Mizuki estaba equivocada en sus deducciones, pero yo sí. Eso explicaría todo… el porqué vos y Conan siempre andan susurrando a nuestras espaldas, el porqué cada vez que Kudo aparece Conan no está, o el porqué de su inteligencia y que resuelva casos como Shinichi, y se sonroje al ver a Ran…. ¡es porque es Shinichi Kudo! – Volvió a exclamar y lloró ahora con más energías.
Haibara abandonó su lugar e ingresó al cubículo donde estaba Ayumi.
- Calmate Yoshida, por favor – quiso poner sus manos sobre sus hombros, pero Ayumi la apartó.
- ¿Por qué nos mentiste, Ai? ¿Quién sos realmente? ¡Decime la verdad! – Demandó molesta.
Ai no se lo pensó un minuto. Ayumi, al igual que el resto de los chicos, le había ofrecido su sincera amistad y siempre fue muy buena con ella.
- Está bien, voy a decírtelo. Pero dejá de llorar – le pidió.
Ayumi empezó a calmarse y se secó las lágrimas de los ojos. Respiraba hondo con la intención de lograr calmarse y disponerse a tratar de entender a su amiga.
- Tenés que prometerme que no le vas a decir nada a los chicos y que no vas a hacer nada al respecto, ¿entendido?
Ayumi no estaba segura de aceptar las condiciones, pero su curiosidad, la sed de verdad, eran más fuertes.
- Está bien – musitó.
- Muy bien – dijo Haibara. – Mi nombre real es Shiho Miyano. Tengo dieciocho años. Trabajaba para una Organización como científica y me hicieron crear un veneno. Como trabajaba para unas personas que no eran del todo buenas decidí escaparme. Entonces, acudí a Kudo porque sabía que el veneno que había creado lo había encogido. Desde entonces estamos unidos para tratar de acabar con esa Organización. Así, ya no obligarán a los científicos como yo a crear venenos. Únicamente lo inventé porque ellos me obligaron.
Claro que en su relato Haibara había minimizado notablemente la verdad y usó explicaciones que Ayumi pudiera comprender y no generaran tanto temor. Si dijera la verdad no conseguiría más que angustiarla profundamente y no era su intención. Ella creyó que eso era lo necesario, lo justo, lo indicado.
- Entonces, ¿por qué Conan y vos nos mienten a todos? – Inquirió.
- Es que si esos hombres nos encuentran nos… harán tomar otro veneno. Y si ellos saben que ustedes también lo saben, quizás también los lastimen. Es por eso que queremos cuidar de ustedes, ¿entendés? Jamás lo comentes con nadie.
Ayumi asintió.
- Ai… ¿y vos qué vas a hacer cuando recuperes tu cuerpo? – Preguntó.
- Eso no importa. Yo siempre voy a estar para vos. Pero es importante que guardes el secreto. Esto es entre nosotras, nadie más puede saberlo.
La pequeña estaba anonada y también un poco angustiada por Ai. No quería que a su amiga le pasara nada.
- Ai… si esos hombres son muy malos, ¿por qué no les contamos al oficial Takagi y a la oficial Sato? Ellos podrían ayudarnos – sugirió, preocupada.
- Ya te lo expliqué – replicó Haibara. - Kudo y yo no queremos que nadie salga herido. Él y yo tenemos ayuda de… - pensó rápidamente - la CIA y el FBI por eso estaremos bien. Vos no digas nada. Todo va a estar bien.
Ayumi no se contuvo y abrazó a su amiga. Temía mucho que algo le sucediera y sin darse cuenta comenzó nuevamente a llorar.
- Por favor, no lo hagas más – le pidió Ai – todo va a estar bien.
- Ai, yo… él…
- Lo sé… Pero, ¿no creés que ahora todo va a ser más sencillo?
- ¿Cómo? – Inquirió.
- Bueno… si Edogawa y Kudo son sólo una persona, no habrá nadie a quien extrañar.
- Pero, yo…
- Sí, Yoshida. Sé cuáles eran tus sentimientos, pero… él también te quiere y siempre va a cuidar de vos – la consoló.
- ¿Y qué va a pasar con vos? – preguntó.
- Yo también voy a estar con vos – dijo dibujando una media sonrisa.
- Pero… ¿Cómo Ai Haibara o…?
- Lo importante es que voy a estar, así que no te preocupes.
Ayumi se tranquilizó y mantuvo su abrazo. Después susurró al oído de Haibara: "Gracias por decirme la verdad. Sos buena amiga. No voy a decírselo a nadie".
De repente, escucharon un chillido proveniente de la puerta del baño que indicaba que esta había sido abierta.
- ¿Haibara? ¿Ayumi? – Conan preguntaba por sus amigas.
Deshicieron su abrazo y Ayumi exclamó:
- ¡Ahora salimos!
- Vamos - indicó Haibara - lavate la cara que tenemos que salir para que Edogawa resuelva el caso.
La pequeña fue de inmediato al lavabo para ocultar que había estado llorando. Entre los cuatro lavabos que había allí, había uno colocado unos metros más abajo para niñas como ella, por lo que pudo lavarse sin problemas. No sucedió lo mismo con las toallas de papel. Ella las contempló un momento sintiéndose la cosa más insignificante del mundo y dio un pequeño salto para poder sacar una.
Sin darse cuenta, al saltar, golpeó un tacho de basura que se ubicaba allí para que la gente tirara las toallas después de usarlas. Al caer, el tacho perdió su tapa y se dejaron ver las cosas que habían en su interior: una montaña de papeles y una bolsa negra.
- Ai… ¿es normal que la gente tire algo como esto en la basura? – Inquirió sorprendida ante lo que acababan de encontrar.
- Creo que encontramos algo muy útil para el caso – aseguró la científica –. Lo mejor será que informemos de esto a Edogawa.
- Sí – respondió Ayumi.
- Así que se habían ido a arriba – les recriminó el profesor a los pequeños -. Estuve buscándolos un buen rato. La próxima vez que se escondan avísenme, por favor. Además, hubo un asesinato, no pueden ir revoloteando por ahí.
- Perdón, profesor – dijeron al unísono Genta y Mitsuhiko.
Conan salió del baño junto con Haibara y Ayumi y murmuró al oído de Agasa:
- Profesor, necesito que me ayude para que revele la verdad de este caso.
El cuerpo de la víctima ya había sido llevado a la morgue, los forenses que habían realizado las pericias se habían marchado y otros peritos estaban registrando ahora la mesa en donde había cenado Tabuchi. Los oficiales estaban acabando de anotar los testimonios (ya habían prestado declaración Agasa y los niños) para luego archivar todo en la comisaría. El inspector Yokomizo, ante el anuncio del profesor Agasa de que había resuelto el caso y encontrado al asesino, reunió en la escena del crimen a los tres sospechosos y dejó también que permanecieran Tsubasa, Mizuki y los niños de la Liga Juvenil con excepción de Conan, Haibara y Ayumi.
- Bien, profesor, díganos quién fue el culpable.
Conan, que estaba escondido en uno de los cubículos del baño de hombres, estaba listo para iniciar su relato cuando…
- La persona responsable del asesinato… - dijo Mizuki - … ¡es Chiharu Fujimoto! – Señaló a la mujer en cuestión.
- ¿Qué? – cuestionó Yokomizo.
- ¡Eso es una difamación! – Rugió Chiharu - ¡Yo amaba a Akira! Además, cuando llegué él ya había fallecido, ¿cómo es posible que yo haya sido la responsable de su muerte?
Mizuki rio. Después, miró al profesor con seguridad y ordenó:
- Dígales, anciano.
Agasa fulminó a la joven con su mirada por el adjetivo calificativo. Sin embargo, rápidamente empezó a mover los labios para dar forma al relato de Conan.
- Lo que Mizuki señala es correcto. Señorita Fujimoto, usted es la responsable del asesinato. Voy a explicar al resto cómo ha actuado usted para asesinar a su novio.
- ¡Adelante! Diga lo que quiera… Soy inocente – aseguró - estoy segura de que no podrá probar nada.
- Como decía. La señorita Fujimoto citó a su novio y a los otros dos sospechosos a este lugar por medio del teléfono del señor Tabuchi. Claramente ella sabía que su pareja había perjudicado a estos dos hombres y fue por eso que los citó. Logró que Tabuchi viniera ya que ella tenía su celular y fingió quedárselo por error. Seguramente le dejó un mensaje que decía algo así como: "Tengo tu teléfono. Reunámonos así podré regresártelo". Usted eligió este lugar y este horario deliberadamente sabiendo que habría pocas personas. Prosiguiendo con la línea del crimen, usted tardaba en presentarse por lo que Tabuchi no dudó en pedir algo para cenar. Seguro le indicó que cenarían por lo que él debía estar muy hambriento y ya que no se presentaba, decidió empezar a comer. Una vez que terminó su hamburguesa, era natural que fuera al baño. Comió algo que le dejaba las manos muy grasosas. Una vez allí, usted lo sorprendió. A él le pareció raro encontrársela ahí, pero usted no le dio tiempo para que dijera nada y lo besó. Mientras se besaban sacó la jeringa de su bolsillo y la clavó en su clavícula. De ese modo, evitó que él gritara, pero se apartó de usted de inmediato y retrocedió hasta caer sentado en la taza del inodoro y, como el efecto del veneno fue instantáneo, él murió en ese preciso momento.
Usted, entonces, limpió sus huellas del celular de su novio e hizo que él lo tocara y después lo dejó de regreso en su bolsillo. Luego, se sacó el cinturón que llevaba puesto y le hizo esas marcas con la intención de que se creyera que el culpable había sido un hombre. Más tarde, comenzó a cambiarse y salió por la ventana del baño, pero ¿qué haría con la ropa de hombre que había estado usando y la jeringa? Razonó, que, habiéndose cometido el crimen en el baño de los hombres, la policía no realizaría ninguna pericia inmediata en el baño de las mujeres a menos que hubiera alguna pista relevante ahí. Pues bien, abrió la ventana del baño de hombres y caminó hasta la que permitía el ingreso en el de las mujeres y en el tacho de basura colocó una bolsa con la ropa y la jeringa. Después de eso, entró al restaurante y se dirigió directo a Mizuki para preguntar por su novio. Ese fue su primer error. Usted se dirigió directamente a la moza sin dudarlo. Cuando una persona llega tarde y sabe que es esperada por otra comienza a mirar alrededor hasta encontrarla. Usted, como sabía que no encontraría a su novio, actuó de ese modo. Lo siguiente. Cuando escuchó el grito de Endo, siguió a Conan y a Mizuki sin pensarlo. Y según lo que observó Conan, usted abrazó a su novio de inmediato, como si supiera que estuviera muerto. Normalmente una persona trataría de hacerlo despertar, de buscar una ambulancia. Jamás al encontrar a un ser querido en esas condiciones una persona lo abraza y se resigna a pensar que ha muerto, todo lo contrario.
- Además – intervino Mizuki en la explicación del profesor. – cuando yo le pregunté por la novela que usted se había quedado viendo y por la que llegó tarde, no dio muchos detalles al respecto, sino que sólo me respondió con oraciones cortas y vacías. Curiosamente, dijo exactamente lo que mismo que aparece en el resumen del capítulo de hoy en internet. Su plan, era después de las investigaciones, retirar la bolsa del baño de damas y guardarla en su bolso para luego deshacerse de las pistas.
Chiharu rio.
- Qué bonito cuento se inventaron, pero… ¿tienen alguna prueba de lo que dicen?
- Por supuesto que sí - respondió Agasa, Chiharu abrió sus ojos de par en par – Ayumi y Ai, por favor, entren.
Las dos niñas entraron al cuarto de baño. Ayumi traía en sus manos las ropas que llevaba el muchacho adolescente que había bebido unos refrescos en la barra, mientras que Haibara una jeringa.
Chiharu volvió a reír.
- Eso no prueba nada. Inspector, cualquier persona pudo haber vestido esas prendas y haberlas arrojado. ¿Por qué habría de ser yo?
- Porque ese muchacho me pagó con una monedad quinientos yenes, Chiharu – aseguró Mizuki. –Y si estás dispuesta a realizarte una prueba que demuestre que tú no compartís las mismas huellas que ese muchacho, entonces sí te creeremos.
Chiharu no supo qué más argumentar. Las piernas le temblaban. Había sido descubierta. Completamente descubierta. Sin resistirlo, se quebró y confesó:
- ¡Está bien! – Sollozó - ¡Yo soy la asesina! ¡Yo maté a Akira!
- Pero… ¿Por qué lo hizo? – inquirió Mizuki.
- ¡Él me mintió! – Exclamó con furia - Yo me la pasaba todo el día trabajando para él. Se encontraba desempleado, había sido despedido de su último trabajo por haberse comprobado que fue sobornado para alterar los resultados de un análisis. ¡Jamás podría volver a trabajar de médico! Yo era su única fuente de dinero. Así que trabajaba y lo dejaba estar conmigo en mi casa. Cocinaba y limpiaba para él… ¿saben cómo me lo agradeció? Mientras yo trabaja, ¡él se acostaba con otra mujer! ¡Y gastaba mi dinero en regalos para ella! – Volvió a gritar. - Recientemente, me dejó diciendo que se iría a vivir con esa otra mujer… y yo… - comenzó a llorar – no podía permitir que él se fuera de mi lado. Yo lo seguía amando y si no podía ser mío, entonces no sería de nadie.
- Se equivoca usted – sentenció Mizuki mientras Chiharu la contemplaba de rodillas en el suelo – amar a otra persona implica saber dejarla ir y desear su felicidad, aunque no sienta más lo que sentía antes por nosotros. Es por eso… que usted no amaba Akira, sino que se había obsesionado con él, y como no podía tenerlo, usted simplemente lo mató.
Chiharu no pronunció ninguna otra palabra, sino que lloró con mayor intensidad.
Conan, sorprendido, escuchó atentamente todo lo que dijo Mizuki. No podía creerlo. Esa chica había deducido todo eso antes que él. ¿Y por qué no lo dijo? Entonces, ¿sabía que él era él?
