Capítulo XX: Viaje a Shizuoka VI: Objetivo: Merlot

Mizuki y Ayumi se encontraban de regreso en la habitación de la moza.

- Señorita, tengo su ropa – anunció la adolescente -. Ahora puede cambiarse. Le dije que se la dejaría intacta – sonrió y extendió sus manos para que tomara su atuendo.

- Está bien, gracias Mizuki – sonrió la pequeña de ojos claros y tomó las vestimentas.

- ¿Está usted mejor? – Le preguntó después.

- ¿Qué?

- De lo que le preocupaba – señaló.

- Ah, sí… No se preocupe. Estoy bien. Por cierto, Mizuki.

- ¿Sí? – Contestó.

- Sos una gran detective – sonrió.

La moza devolvió el gesto y cerró la puerta de su habitación tras de sí para otorgarle algo de intimidad a la pequeña. Bajó hasta la cocina por las escaleras y se colocó unos guantes de látex para así poder comenzar a lavar los platos sucios.

- Mizuki – la llamó Conan.

La moza hizo un gesto de cansancio, se volteó y protestó:

- ¿Es que me voy a ir a dormir al amanecer? – Puso los brazos en jarra y frunció el ceño. - Nadie me deja terminar con mi trabajo…

- Tranquila – la calmó Conan -. Yo mismo te ayudo si querés. Pero antes, quería preguntarte cómo fue que supiste que la novia de la víctima había sido la culpable.

- Bueno, a decir verdad, improvisé bastante hace unos momentos - admitió.

Conan la miró incrédulo.

- ¿Que… improvisaste?

- Sí - dio media vuelta y empezó a lavar los platos -. Yo supe que era la asesina en el momento en que chocamos. Su caracterización como varón fue bastante aceptable, pero ¿sabés? Pude observar cuando ella pagó que tenía manos de mujer, y cuando chocamos, observé sus manos y eran idénticas a las del muchacho. Así que, no sabía cómo, qué método había usado, nada… pero sabía, por sus manos, que ella era la asesina. Después, se me ocurrió que podría acorralarla con lo de la moneda de quinientos yenes que, afortunadamente, tenía guardada aparte. Pero me faltaba entender cómo se había producido el asesinato. Veo que ese viejo es muy buen detective.

Mizuki cerró la canilla, se volteó y se encontró con el pequeño con gafas que la miraba atónito.

- ¿Pasa algo, pequeño? ¡Ah, ya sé! – Se agachó para estar a su altura. - Te debe haber afectado mucho ver a aquel sujeto. No te preocupes. Tratá de pensar que era el malo de la película. Los pequeños siempre se alegran cuando muere el malo – sonrió despreocupada.

Conan rio para sí. "No, imposible. No sé qué habrá sucedido con los muchachos, pero no hay dudas de que esta chica no sospecha que sea Shinichi Kudo. Simplemente quería saber dónde estaba. Eso es lo más probable."

- Conan, por cierto.

- ¿Qué? – replicó.

- Cuando lo veas a Shinichi, por favor, decile que soy una gran admiradora de él y que si alguna vez lo desea, puede venir a comer. Decile que tiene una cena gratis para él y su novia.

Conan se sonrojó.

- Ey, ¿por qué te sonrojás? – Inquirió Mizuki. - ¿Acaso te gusta tu niñera?

- ¡Qué decís! – Exclamó avergonzado y se apartó de Mizuki dándose vuelta.

- ¿Vas a decírselo? – Preguntó nuevamente, esta vez como en forma de súplica.

- Sí – contestó Conan ofuscado.

- ¿Lo prometés? – Sonrió.

- Claro que sí, Mizuki – dijo esta vez de mejor forma y se volvió hacia ella un momento.

- ¡Gracias! Espero que venga pronto. Por cierto, ¿podrías ir a buscar a tu amiga? – Le pidió -. Olvidé que la dejé arriba. ¿Me harías ese favor?

- Claro.

Conan caminó hasta la escalera y cuando subió el primer escalón volvió la vista hacia la moza y dijo:

- Mizuki.

Ella, que permaneció en cuchillas, lo observó y contestó:

- ¿Querés que te indique dónde está, pequeño?

Conan arqueó una ceja y la miró con sarcasmo. Odiaba que Mizuki lo tratara como un bebé.

- Si Shinichi hubiera estado acá, te hubiera dicho que sos muy observadora - aseguró.

Mizuki se sorprendió al escuchar ese cumplido y después se puso muy feliz. Se levantó y respondió:

- ¡Gracias, Conan! Es la segunda puerta a la derecha.

Conan subió hasta la planta superior y se dirigió directamente hasta la puerta que la adolescente le había indicado. Con los nudillos de su mano izquierda dio dos golpes y después guardó sus manos en sus bolsillos esperando la respuesta de su amiga.

Ayumi abrió la puerta. Su amigo observó que vestía el atuendo con el que había ingresado al Morimoto's fast food. Su mano izquierda tomaba el picaporte de la puerta y la derecha sostenía las ropas que Mizuki le había entregado. Lo miraba sorprendida, como si tuviera algo raro en la cara.

- ¿Qué pasa, Ayumi? – Preguntó Conan.

Fue la primera vez que razonó que tenía parado enfrente de ella a Shinichi Kudo, pero empequeñecido.

- Nada – sonrió.

Después, dejó caer las ropas en el suelo, corrió hasta su amigo y lo abrazó.

- Voy a extrañarte mucho – dijo conmovida –. Espero que seas muy feliz en Brasil.

El pequeño con gafas se sonrojó.

- Gracias, Ayumi – articuló con dificultad.

Quiso decir algo más, pero no se le ocurrió qué. Era algo duro para él. Veía a Ayumi como si fuera una hermana menor y no quería herir sus sentimientos.

Ayumi después de un rato lo soltó y esbozó una sonrisa.

- Vayamos con los chicos al auto del profesor.

Conan asintió y juntos caminaron hasta ese lugar, no sin antes despedir a Mizuki que les dio a los dos pequeños un afectuoso abrazo. "¡No puedo creer que haya conocido a los de la Liga Juvenil de Detectives! ¡Son adorables!", los despidió. Conan se sintió extremadamente incómodo. Mizuki era demasiado cálida con los niños. Tsubasa también los despidió y los dos pequeños abandonaron el restaurante.

Pocos minutos después de esto, los niños y Agasa se encontraban de nuevo en el escarabajo amarillo del profesor en dirección a Shizuoka. Conan y Haibara esta vez se sentaron juntos en el asiento de adelante y el resto de los chicos permaneció atrás.

- ¿Pudiste averiguar qué les pasaba a los chicos? – Preguntó a Haibara, bajando cautelosamente la voz.

- Leyeron un cuaderno de la camarera que hablaba de vos – explicó Haibara. – O sea, de Edogawa y Kudo, que daba motivos por los que podías ser Kudo. No pude leerlo, pero al final de sus anotaciones ella acaba por decir que Kudo y Edogawa fueron vistos juntos, por lo que era imposible que ambos fueran la misma persona.

- Ya veo. Así que por eso se comportaban de ese modo. Qué suerte que no me descubrieron– suspiró.

- Que esto te sirva para ser más precavido – advirtió Haibara, en reclamo de las contantes imprudencias que tenía el niño.

- No te preocupes, Haibara. Ya no habrá necesidad de fingir más – aseguró contento –. Ahora que vas a crear la fórmula para el apotoxin 4869 todo va a volver a la normalidad.

- A veces creo que subestimás un poco las cosas – criticó Haibara.

Conan ignoró ese comentario y preguntó:

- ¿Te parece que Merlot vaya a hablarte pronto?

- Bueno… no dijo que fuera hacerlo, pero prácticamente insinuó que volveríamos a vernos – respondió Haibara intentando no alterarse al escuchar el nombre del hombre que no conseguía sacar de sus pensamientos.

Conan se moría por preguntar varias cosas sobre Merlot. Le resultaba increíblemente sospechoso. A diferencia de todos los miembros que había conocido, tenía un carisma espectacular. No era como Vermouth que siempre se mantenía seria y misteriosa. Aunque algo de misterio había en él, Merlot mostraba su espectacular sonrisa blanca y siniestra, que buscaba inspirar la confianza en los demás. Se preguntó qué podía ganar él ayudando a Haibara. Después pensó que quizás Merlot sería bueno al igual que Vermouth para disfrazarse. ¿Merlot no sería Bourbon tratando de reunir toda la información posible para después asesinar a todos? O quizás Merlot ya había muerto y Bourbon se había disfrazado de él para engañar a Haibara. Esas eran algunas posibilidades. Sacudió la cabeza y se retó a sí mismo por hacer conjeturas sin tener pistas. Sería difícil conseguir que la científica hablara. ¿Entonces que podía hacer?

- Haibara – la llamó. - ¿Todavía tenés el teléfono de Merlot?

- Sí, está anotado en la tarjeta que le dio al profesor. Pero dudo que siga usando esa línea.

- ¿Por qué? – Inquirió.

- Ya te lo dije. Merlot es una persona muy inteligente. Si siguiera usando esa línea podría ser peligroso. Lo que es extraño es que pudiera salir tan tranquilamente.

- ¿Qué tiene eso de raro? – Preguntó con inocencia.

- Cuando trabajaba en el laboratorio siempre me controlaban. Temían que vendiera mis ideas en algún otro lugar a sus espaldas o que robara información confidencial. A los miembros del laboratorio nos tenían más controlados que a sus propios ladrones y asesinos… - recordó con tristeza.

- ¿Merlot es un miembro imprescindible?

- Nadie es imprescindible ahí. Nadie es inmune. Aunque… escuché que Vermouth tenía algunos privilegios… pero… Jamás supe que Dai… que le dieran – se corrigió con disimulo – privilegios a Merlot.

- Ya veo.

- ¿Por qué de repente te interesás tanto en él? – Indagó la niña.

- Cuando volvamos a casa quisiera reunirme con él para conocernos mejor – dijo Conan en modo de pedido.

- ¿Acaso buscás que lo asesinen? – Replicó Haibara – Lo mejor será esperar a que él nos contacte. Si lo asesinan, estamos perdiendo a alguien muy importante para nuestro cometido.

Conan no dijo más nada dando por terminada la conversación. No le bastaba con recuperar su cuerpo, quería tener la certeza de que podía confiar en Merlot.