Capítulo XXII: Desafío crucial

A veces, para Kaito Kuroba, la clase de deportes era algo más que una excusa para descansar el cerebro o descomprimir la gran energía que los chicos de su edad suelen acumular. A veces, podía ser una buena excusa para contemplar a Kumiko Uchida. Con sus binoculares recorría la impactante figura de la muchacha que practicaba vóley junto con sus compañeras. "Kumiko…", suspiraba Kaito mientras un hilo de barba se caía de su boca.

Todo iba bien hasta que un pelotazo rebotó poderosamente sobre su cabeza.

- Kaito, perdoname – se disculpó Aoko.

La clase de su amiga también estaba jugando al mismo deporte, pero Aoko no era tan "interesante" como Kumiko - ¿Kaito?- Su amigo permanecía en el suelo con un chichón enorme en la cabeza y los ojos dándole, vueltas denotando su mareo después del impacto. La chica se angustió y se arrodilló para tratar de ayudar a Kaito a ponerse pie:

- ¿Kaito? ¿Estás bien? ¡Respondé! – Lo zamarreó.

Kaito la apartó molesto y contestó:

- ¡Sos una bestia, Aoko! ¡Cómo te atrevés a golpearme así! - Comenzó a acariciarse en la zona donde había sido golpeado con lágrimas en los ojos.

- Perdón, Kaito – se disculpó ella dulcemente. – No lo hice apropósito – añadió luego chocando sus dedos índices.

Cuando se le pasó el mareo, el joven mago respondió:

- No te preocupes. Creo que ya me siento mejor…

Kaito quiso ponerse de pie, pero se mareó tanto que cayó nuevamente al piso. Aoko, quien ya se había levantado, torció la boca y lo ayudó a ponerse de pie.

- Perdoname, Kaito –. Ella notó que tenía colgado algo en el cuello – pero vos no deberías… ¿Qué estabas haciendo con esos binoculares? – Preguntó con desconfianza.

- Bueno… yo… - se le dificultaba pensar una excusa, ya que estaba muy preocupado pensando en que estaban tomados de las manos y eso lo hacía sentir un poco extraño.

- Estabas espiando mujeres de vuelta, ¿no es así? – Preguntó Aoko con una mirada que daba miedo, a la vez que soltaba a su amigo, quien volvió a caer sobre el suelo.

El chico atinó a llevarse su mano derecha a la nuca y dar una risita vergonzosa.

Ella frunció el ceño, se levantó la manga derecha de la camiseta que llevaba puesta y pensó en golpear a Kaito por tal descaro… pero decidió que lo mejor sería ignorarlo.

- Entonces, no me disculpo nada – comentó ofendida, levantó su mentón, mostrando orgullo. Se puso de pie y se marchó.

El joven mago, que adoraba molestar a su amiga, contratacó mientras esta se marchaba:

- Ey, Aoko, ¿por qué no volvés con tu equipo? Te sentaría bien hacer deporte para modelar un poco tu figura.

La adolescente enfureció de manera tal que volvió sobre sus pasos, tomó el balón con el que había golpeado a Kaito y comenzó a ejecutar violentos remates en dirección a su amigo. Pero, cuando se cansó de atacar, se dio cuenta de que él ya no estaba más ahí, sino que había un muñeco muy parecido a él completamente destrozado. "Kaito", murmuró con furia y apretando el puño.

El chico ya estaba de regreso en el salón de clases, con el diario del día bajo el brazo, para leer las novedades de la fecha. Se sentó en su pupitre y abrió el periódico para comenzar con su tarea. Recorrió velozmente los titulares vinculados con la economía, la política e internacionales. No tardó mucho en encontrar una jugosa información: su próximo trabajo.

"Kaito Kid: He adquirido recientemente el Gran Zafiro Luis XIV, que sé es de tu interés, y, a partir de hoy, esperaré en mi museo por ti. ¿Aceptás este nuevo reto?

Jirokichi Suzuki, consejero de la compañía Suzuki".

- ¿Otra vez estás leyendo sobre ese sarnoso ladrón? – Inquirió su compañero Hakuba, deseoso de hacerlo rabiar.

- Bueno, vos deberías leer más sobre él, ¿no? Ya que no sos muy bueno haciendo tu trabajo, porque en todos sus enfrentamientos no conseguiste atraparlo – contestó Kaito con arrogancia.

- Hakuba tiene razón– interrumpió Aoko, molesta. – No deberías perder tu tiempo con ese ladrón.

- ¿Todavía seguís molesta por lo que sucedió en la clase de gimnasia? Qué inmadura – se quejó el joven mago.

- No… no es eso. Estoy muy molesta con Kaito Kid porque por su culpa mi papá no puede ir a verme jugar al vóley.

- ¿Por qué? – Preguntó Hakuba, con signos de preocupación.

- Porque tiene mucho trabajo por culpa de ese ladrón… Y…y… quería pedirte – miró a Kaito – si vos podrías ir a alentarme.

Kaito, pensando en el desafío, respondió:

- Perdón, creo que voy a estar ocupado ese día.

- Bueno, yo podría ser tu compañero Aoko – se inmiscuyó el detective inglés.

- ¿De vedad, Hakuba? – Contestó Aoko con el rostro iluminado.

- ¡Esperá! – Interrumpió Kaito - ¿Va a participar Kumiko Uchida del torneo? – Consultó.

La chica lo miró con desconfianza.

- Sí, pero y eso que…

- ¡Entonces sí voy! – Chilló.

Aoko torció la boca y aclaró algo preocupada:

- Pero es que… como se trata de un encuentro final tenemos que ir a otra escuela y no nos pueden acompañar muchas personas, porque es en un lugar bastante apartado y sólo habrá un micro para que vaya el equipo y algunas otras personas. El maestro nos dijo que debían ir dos personas por deportista y yo ya inventé a Keiko por lo que… solo puede acompañarme otra persona.

Las miradas del ladrón y del detective se encontraron y luego se dirigieron a la adolescente.

- ¡Yo voy con vos! – Exclamaron al mismo tiempo.

– Aoko me invitó a mí primero – protestó Kaito mirando con furia al detective.

- Pero vos te negaste – recriminó Saguru con un deje de superioridad – yo debería ser quien la acompañe. Además, a mí sí me interesa alentar a Aoko y no babosearme por la señorita Uchida – añadió.

- Pero a mí me lo pidió primero – insistió el mago frunciendo su ceño violentamente.

Aoko no sabía qué hacer y contemplaba confundida y un poco asustada su discusión, deseaba que se le ocurriera una solución. Quizás el profesor hiciera una excepción y dejara que ambos la acompañaran.

- Hay una sola forma de solucionar esto – se entrometió Keiko en la discusión, que había estado observándola, entretenida.

- ¿Qué creés que deberíamos hacer? – preguntó Aoko, expectante por hallar una solución.

- ¿Por qué no hacemos lo mismo que cuando necesitaste un acompañante para el concierto de 'Prince Prince'? – sugirió con una sonrisa.

Los tres adolescentes dibujaron una expresión cargada de decepción y sarcasmo porque esperaban una mejor alternativa.

- No, la última vez que sucedió eso Hakuba y Kaito no pudieron acompañarme – protestó la chica.

- Pero esta vez no te voy a fallar – prometió Kaito, muy seguro: pues el detective nunca había podido atraparlo…

- Por mí está bien – dijo Saguru demostrando seguridad – Probablemente veré a Kid si acepta el desafío de aquel anciano. Pero, esta vez, quisiera que Aoko y vos estén conmigo. Así nos aseguraremos de que nadie salga herido – le guiñó un ojo a Kaito.

El mago no lo podía creer. Aquel maldito tipo lo había puesto entre la espada y la pared. No podría decir que no porque se perdería de estar con Aoko y ella sospecharía de él; pero decir que sí lo involucraría probablemente en una complicada situación.

Con su mejor cara de póquer respondió:

- Por mí está bien. Será un honor ver cómo ese ladrón te humilla nuevamente.


Nota de la autora:

Para entender mejor algunas referencias de este capítulo les recomiendo leer el Manga de Magic Kaito.