Capítulo XXIII: ¿Shiho Miyano?

Ai Haibara sonrió satisfecha y escribió unas observaciones en un anotador. A él no le hacía gracia, volver a ser Shinichi Kudo era algo verdaderamente doloroso… aunque cuando la transformación concluía, una sensación de felicidad lo invadía y olvidaba rápidamente el dolor.

Estaba sentado en una silla, con las manos en los bolsillos, y pendiente de las noticias en la televisión, cuando la niña de cabellos castaños lo interrumpió:

- Ponete esto – le ordenó mientras le ofrecía con su mano izquierda un termómetro.

Shinichi tomó el objeto, lo colocó en su boca y, después de un rato, se lo devolvió a la niña. El profesor había salido temprano y ambos habían quedado solos. Si no fuera por la televisión encendida, en el canal de las noticias, no habría otro ruido en la casa que las respiraciones de la niña y el adolescente. Haibara hizo otras anotaciones mientras que, con disimulo, inspeccionó al joven.

Era cierto que Kudo era prácticamente irresistible para cualquier mujer, alguna vez ella había sentido una fuerte atracción por él, pero siempre acababa por reprimirla ya que el corazón del detective tenía una dueña. Observaba el pijama verde que traía y su mirada perdida en la brillante pantalla, que captaba toda su atención. Lo veía ceñudo y con el semblante serio. Cuando terminó de escribir otros datos, le indicó secamente:

- Tenés que tomarte la temperatura cada vez que puedas e informarme al respecto. Si todo va bien, definitivamente habrás recuperado tu cuerpo.

Al percatarse que el detective no reparó en su comentario, Haibara dio un suspiro y caminó hasta donde se hallaba para descubrir qué era lo que le despertaba tanto interés.

"… Kaito Kid aceptó el desafío del consejero de la empresa Suzuki y aseguró que hará su presentación en el museo de la familia millonaria el 25 del corriente para adueñarse del Gran Zafiro Luis XIV".

- Ni lo pienses – advirtió la científica.

Shinichi contempló con un poco de horror la expresión de enfado de la científica, insinuándole con esa tenebrosa mirada que si se atrevía a desobedecerla, sólo cosas malas podía esperar. Quitó las manos de sus bolsillos e interrogó ofuscado:

- Pero si yo no lo hago, ¿quién lo va a atrapar?

Haibara dio una pequeña risa y lo miró con orgullo.

- Decime, ¿cuántas veces te enfrentaste a él?

El detective arrugó su rostro en una expresión de orgullo herido y enojo.

- No lo sé – respondió secamente.

- Varias veces – comentó ella, divertida. - ¿Y alguna vez lo atrapaste?

- No, pero… si tuviera otra oportunidad, ahora que tengo mi verdadero cuerpo.

- No esta vez.

Shinichi frunció el ceño y apagó el televisor. "Tonta Haibara", murmuró para sí volteando su rostro para ignorar a su interlocutora. La niña de cabellos castaños logró escuchar al detective y lo fulminó con la mirada. Después, fue hasta la mesa donde había dejado su mochila y comentó:

- ¿No deberías irte a la escuela? Seguro se va a poner muy contenta de verte.

Shinichi se puso de pie y se marchó hasta su casa, aunque antes de cerrar la puerta principal llamó a la científica:

- Haibara…

La niña, quien estaba de espaldas al detective, se volteó y se sonrojó por un momento. Kudo la estaba mirando de una manera muy fija, que la hacía incomodarse.

- Gracias por todo – afirmó y cerró la puerta tras de sí.

Cuando el adolescente se marchó un gran silencio se adueñó de la casa, aunque la científica no lo notó porque estaba muy sumida en sus pensamientos.

Ayumi Yoshida caminaba algo preocupada por las calles del distrito de Beika. Se dirigía hasta la casa de su amiga de ojos azules. Tenía la vista clavada al cemento y apretaba las manijas de su mochila, denotando su nerviosismo. Al igual que su compañera, algo apartada de donde estaba, estaba muy concentrada en sus cavilaciones y todo a su alrededor parecía haberse ido. Solo ella, el asfalto y sus pensamientos existían... O al menos fue así hasta que chocó con alguien.

- Ey, cuidado – advirtió un hombre de forma cordial. - ¿Estás bien?

- Oficial Takagi… - los ojos de Ayumi se iluminaron, pero por temor…

"¿Por qué se estará tardando tanto?", se quejó la científica, aunque satisfecha, porque eso le daría otra distracción a su mente, que no dejaba de pensar en un nombre, en un hombre…

Fue hasta la entrada, se sentó en el escalón y se colocó unos zapatos. Quizás Ayumi se había quedado dormida. O quizás se le había olvidado que habían acordado ir juntas a la escuela, aunque apartadas de Genta y Mitsuhiko para discutir algunos asuntos; tratar de hacerle entender algunas cosas y sumirla en un mundo imaginario en el que lo le había sucedido a ella y a Kudo era lo más normal del mundo y no suponía ninguna preocupación. Un miedo la invadió. Y si… ¿ellos lo habían descubierto? ¿Ayumi estaba en peligro?

Salió de la casa del profesor intranquila y caminó velozmente dos calles en dirección a la casa de los Yoshida. Cuando se topó con su amiga caminando tranquila, sana y salva, dio un suspiro, aliviada y esbozó una suave sonrisa. "Jamás me lo perdonaría si te pasara algo por mi culpa", pensó con angustia.


Ran Mouri sonreía y escuchaba con paciencia y entusiasmo los hilarantes relatos de su amiga Sonoko, que regresaba de ver a su novio Makoto Kyogoku.

- Ran, fue algo hermoso – comentó sonrojada y algo avergonzada – mi táctica funcionó a la perfección… Y Kyogoku me besó… - suspiró enamorada.

Ran rio para sí y se mostró contenta por su amiga. Sonoko, un poco cansada de hablar de sí misma y en plan de molestar a la karateka, comentó:

- Me pregunto si cuando se te declare, Shinichi te besará.

El rostro de la adolescente adquirió rápidamente un tono carmín y replicó con vergüenza:

- Sonoko...

- ¿Qué? Se ve desde la Luna que está enamorado de vos, Ran.

- Y no me extrañaría… - interrumpió la voz de un muchacho.

"Guau, es muy atractivo", pensó Sonoko mientras observaba al joven con interés. Ran, por su parte, inspeccionó al hombre que acaba de interrumpir su conversación con desconfianza. Era alto, de cabellos castaños y una amistosa mirada verde intensa. Los rasgos de su rostro eran suaves y alegres. Llevaba un traje de un color claro.

- Disculpe, pero ¿quién es usted? – Inquirió la karateca, un poco intimidada.

- Ah, un cliente – afirmó el extraño.

- ¿Perdón? – Repuso la joven.

- ¿Ran Mouri? – Insistió.

- Sí, pero… ¿por qué me busca? – Inquirió algo incómoda.

- Bueno… unas alumnas me han comentado que usted es la novia de Shinichi Kudo, ¿no es correcto?

- ¡Claro que sí! – Chilló Sonoko con intenciones de molestar a Ran.

- Sonoko… - la adolescente la miró con enfado –. Soy su amiga - se dirigió al muchacho.

- Escuché que él es un reconocido detective y quisiera contar con sus servicios – informó.

- Ya veo - respondió la chica de cabello largo – pero él se fue a resolver un caso y no sé cuándo va a volver.

- Qué pena – se lamentó el joven chocando la palma de su mano con su cabeza.

- Pero el papá de Ran es el famoso detective Mouri – intervino Sonoko. – También es muy prestigioso. Además – añadió con un tono seductor – yo misma he resuelto algunos casos también – rio con orgullo.

Él hombre esbozó una sonrisa cordial.

- Es usted muy amable, señorita. Pero verá, solo es Shinichi Kudo quien puede ayudarme porque conoce muy bien a la persona que estoy buscando.

- Y… ¿a quién está buscando? – interrogó Ran.

- Bueno… - la miró de manera siniestra – a Shiho Miyano, una amiga muy cercana de él.

- ¿Shiho Miyano? – Repitió la chica extrañada.

- Ah, ¿no te habló de ella? – Inquirió maliciosamente.

Ran frunció el ceño.

- No, no lo hizo – contestó mirándolo con seriedad.

- Bueno, son amigos muy cercanos… Quizás novios. Aunque eso sería extraño, teniendo en cuenta que afirman que vos lo sos… - repuso de manera provocadora.

Sonoko y Ran permanecieron calladas, aunque la hija de la millonaria familia Suzuki arremetió:

- ¿Y vos por qué buscás a esa tal Shiho Miyano? ¿Es que acaso es una exnovia tuya que te dejó?

El extraño sonrió, pero no dijo nada al respecto.

- Estoy seguro de que si fueran novios, él te lo hubiera dicho – afirmó después amablemente –. No te preocupes. Es una pena que no pueda reunirme con él. De veras esperaba que me ayudara a encontrar a mi hermana. Por cierto – cambió su tono de voz a uno más casual. - ¿Hacés karate? – Interrogó, luego de observar que Ran llevaba consigo su uniforme.

- Ah… sí.

- Sí, es capitana del equipo. Así que mejor no la molestes – aportó Sonoko.

- Ya veo… Bueno, será mejor que me vaya. Muchas gracias por su atención, señorita Mouri.

La karateca se sonrojó cuando el extraño tomó su mano y depositó un suave beso en la misma. Después, el hombre ignoró a Sonoko y se marchó con un paso tranquilo.

Las adolescentes esperaron a que se alejara unos metros, mientras lo seguían con la mirada y, cuando se aseguraron de que aquel sujeto estuviera lo suficientemente lejos, la de cabello corto comentó:

- ¡Vaya! ¡Qué cretino! ¿No te parece, Ran?

La chica se quedó paralizada, el encuentro con aquel sujeto la había dejado muy confundida e intranquila. Su principal preocupación en ese momento pasó a ser: ¿Quién era Shiho Miyano?

Shinichi se las arregló para entrar a su casa y vestirse con el uniforme de la escuela sin que Okiya Subaru se percatara de su presencia. De camino al instituto, no podía dejar de pensar en el desafío con Kid. ¿Cómo afrontarlo sin que Haibara lo supiera? Se detuvo frente a un restaurante para observar la portada de un periódico que leía uno de los clientes.

Supuso que Kid estaría en la primera plana, pero, a diferencia de lo que pensó, el nuevo desafío del ladrón de guante blanco ocupaba un lugar menor, en relación con el espacio que le habían dedicado a la búsqueda del famoso asesino en serie de Tokio. Un maniático que seguía a adolescentes para después raptarlas, violarlas y, finalmente, asesinarlas. Un ser humano abominable. Leyó que había abandonado su territorio habitual y había atacado a una joven en Osaka… el lugar donde vive Heiji Hattori ¡Un momento! ¡Heiji Hattori!

Shinichi sonrió y sacó su teléfono móvil del bolsillo de su uniforme.